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Fernando de Rojas
Celestina (Alemán)



Descripción catalográfica

ROJAS, FERNANDO DE
[CELESTINA. Alemán]

Ain Hipsche Tragedia von zwaien liebhabenden Mentschen ainem Ritter Calixstus und ainer Edeln junckfrawen Melibia genant...— In Augspurg: durch Sigismund Grymm Doctor unnd Marx Wirsung, 1520.— [154] h.: il.; 4.º.
 

A-S8, T4, V6.— Pie de imprenta tomado de colofón.

UCM Res. 285.— Encuadernación en pergamino moderno; corte ms.: «Celestina».— Exlibris ms. «De la librería del Collegio Imperial de la Compañía de Jesús».

Bibliografía: Ex-Libris Universitatis, 2000.—Die Celestina, 1984, (ed. facsímil).

Comentario

La Tragicomedia de Calisto y Melibea es, acaso, la obra literaria más prestigiosa de nuestras letras, únicamente precedida por el Quijote. Su fortuna, por otra parte, como no deja de apreciarse desde las cabales celebraciones de aquella fábula en las prosas de Moratín y Blanco White, hasta las últimas reflexiones destinadas a la obtención de un afinado texto crítico, «va de la mano con el arraigo de la tipografía en España, y también por ahí con el nacimiento de la literatura moderna» (Rico, 2000: 223-241).


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La Celestina fue un texto en permanente evolución desde su mismo nacimiento: con el título de Comedia, anónima y con una extensión de dieciséis actos, apareció en Burgos, en la imprenta de Fadrique de Basilea hacia 1501 (Martín Abad, 2001: 1 337). El año de 1499 se ha postulado tradicionalmente como fecha de nacimiento de esta edición, pero ya Norton (1966) dudaba que la simple presencia de un taco xilográfico con la marca del impresor y el año de 1499 sobre una hoja que no es del papel originario que se empleó en la impresión, sino una reproducción facsimilar de una hoja anterior, fuera suficiente prueba para fechar esta edición en ese año, y menos aún cuando se comprueba que la misma marca con la misma fecha de 1499 aparece en ediciones posteriores, hasta al menos el 1 de noviembre de 1501.

Según esas viejas cuentas ahora nuevamente refutadas por Jaime Moll (2000a), Pedro Hagenbach habría impreso en 1500 y en Toledo una nueva versión de la Comedia que volvería a reproducirse en Sevilla un año después con las notables adiciones de la carta de «El autor a un su amigo», donde con laboriosa modestia se resuelve la génesis del texto como un trabajo vacacional, y las once octavas acrósticas que revelan el nombre de Fernando de Rojas como autor de esa aparente diversión.

Jaime Moll (2000a: 22), teniendo en cuenta que el único ejemplar conocido de la edición burgalesa está manipulado, juzga que las alegadas diferencias textuales entre esa edición y las de Toledo (1500) y Sevilla (1501) son imaginarias:

no hay nada que se oponga a la existencia [en la edición de Burgos] de un cuaderno preliminar, sin signatura, incluso con páginas en blanco [...] En cuanto al final, el cuaderno m podía tener pliego y medio o dos pliegos conjugados. Si se pudiese analizar la hoja m3 para ver si se raspó su signatura —a no ser que fuese facsímil dicha hoja— y el resultado fuese positivo, creemos que sería una prueba de que está falto el cuaderno m.

La Comedia «primitiva» en dieciséis actos, se transformó, probablemente entre 1500 y 1502, en Tragicomedia de veintiún actos —los cinco añadidos se insertan en el acto catorce—, con adiciones y supresiones en el texto original y con un prólogo más largo que el de las ediciones de Toledo y Sevilla. La edición de Jorge Coci (Zaragoza, 1507) representa en España el primer testimonio de esa Tragicomedia, pero no es el más antiguo: un año antes, el impresor Eucario Silber publicó en Roma una Tragicomedia en veintiún actos, «traducta de spagnolo in italiano idioma» por Alfonso Ordóñez, «nel mille cinquecento cinque appunto» (fol. T8). Se trata, pues, de un testimonio basado en una impresión española anterior al menos en dos o tres años a la de Jorge Coci (Scoles, 1961: 155-217).


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Por otra parte circulan hasta seis ediciones que en la última estrofa de los versos de Proaza alegan variablemente los nombres de Sevilla, Toledo y Salamanca, además del año de 1502 como señas de identidad editorial. De la falsedad de estos datos se ha ocupado convenientemente Norton (1966: 141-156), que retrasa la aparición de tales ediciones a la década de 1511-1520; en el caso de la cuarta impresión sevillana y de la salmantina aleja la geografía de su nacimiento hasta la ciudad de Roma. Se admite, con todo, que pudiera haber existido una edición de «Sevilla, 1502» de la que descendiesen las refutadas por Norton. En cuanto a la exactitud del texto, la Tragicomedia de Valencia, a cargo de Juan Joffré en 1514, es considerada como la más rigurosa y está en la base de numerosas ediciones críticas modernas (cf. Marciales, 1985; Severin & Cabello, 1987; Botta, 1994). De esta impresión valenciana se infiere además la existencia de una supuesta edición de Salamanca, 1500, que para muchos críticos representaría la primera de la Tragicomedia en veintiún actos.

Si la historia editorial de la Tragicomedia de Calisto y Melibea es dilatada, su fortuna como texto inspirador de nuevas obras es casi interminable. Basta revisar las minuciosas páginas que Menéndez Pelayo (1943, III: 433-458 y IV) dedica a la influencia, cuando no a la directa imitación de la obra de Rojas, para percatarse de que la gravitación de la Celestina pertenece, como el Quijote o Hamlet, a ese género de creaciones milagrosas que llevan una vida independiente de las letras, un camino que empieza por dilatar las prensas para contaminar los diccionarios con un nuevo adjetivo, que prosigue por ensanchar el refranero comprometido con la ilustración de las debilidades humanas y que acaba por convertirse en un emblema moral que condensa una de las variedades del destino aciago: el de la vejez miserable de fortuna y pródiga en arterías.


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Pero de forma más inesperada o más secreta, la voz de Celestina se nos impone sin haberse anunciado previamente, porque a diferencia del príncipe Hamlet o del hidalgo don Quijote, la voz que hoy es acreditación unánime de la alcahuetería se asomó tarde con su nombre propio por el título. Lo hizo por primera vez en una edición sevillana de Cromberger, aparecida hacia 1518-1520, y se presentó además en compañía, si no en competencia, de los reglamentarios amantes que desde 1499 venían dando título a la Comedia. La novedosa ampliación, Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina, consolidó el hábito —que probablemente ya fue común entre los primeros lectores y que humanistas como Giraldi Cinthio o Vives confirman en sus escritos— de cifrar en el único nombre de Celestina la Tragicomedia de Fernando de Rojas. La edición de Nicolas Barbou de París en 1542 y la de Plantino de 1595 insisten en esa predilección, que ya era un reclamo editorial: por primera palabra del título imprimen el nombre de Celestina.

La fortuna europea de la tragicomedia de Rojas fue precoz en Italia. A la primera traducción publicada en 1506, en Roma, siguieron hasta once impresiones más, casi todas en Venecia y Milán, solo en el Quinientos. De una traducción italiana procede la alemana de Grimm y Wirsung, publicada en Augsburgo en 1520, reimpresa con algunos cambios en 1533 ó 1534 (González Agejas, 1894: 78-103; Wolf, 1895: 99-123; Die Celestina, 1984). Ambas son ediciones rarísimas y justamente famosas por la calidad de sus xilografías, atribuidas por Dodgson (1980: 151) a Hans Weiditz, grabador procedente de Estrasburgo. Al menos cuatro de los grabados utilizados por Grimm y Wirsung —que fueron los primeros editores de los dibujos de Weiditz— acabaron en manos del impresor H. Stayner, que los empleó trece años después en la segunda edición del texto, publicada también en Augsburgo (Ex-Libris Universitatis: 288). Wirsung declara que su traducción procede del lombardo, lo cual permite suponer que trabajó sobre una de las impresiones de Milán de 1514 ó 1515, a no ser, advierte Menéndez Pelayo (1943, III: 414), que «[Wirsung] considerase como parte de Lombardía a Venecia, donde declara haber pasado algunos años y adquirido el conocimiento de la lengua». El ejemplar exhibido es único en España y el exlibris manuscrito que lo vincula a la biblioteca de los Estudios de San Isidro de Madrid, sugiere la posibilidad de que llegase a la Península de la mano de un jesuita alemán.

La traducción francesa seleccionada (Paris: Nicolas Barbou, 1542), reproduce la primera versión al francés de la Celestina publicada en París, por Nicolas Cousteau en 1527 y reimpresa en Lyon en 1529 por Nourry. Se conocen diversas emisiones de la edición de Barbou en las que los ejemplares varían en la indicación del nombre y dirección del librero que los vende (Brunet, 1860-1865, I: col. 1721). Impresa en caracteres góticos, con una puesta en página abigarrada, muy celosa de aprovechar el papel y de abstenerse de «poner en la margen los interlocutores, que de passo en passo van hablando» —según la conveniencia reclamada por Alfonso de Ulloa al frente de la edición veneciana de 1553 para distinguir la impresión de «comedias» de las demás prosas—, la traducción impresa por Barbou reúne buena parte de las demandas que cabe exigir a una impresión destinada a venderse a poco precio y en gran número.


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La edición de Giolito de’ Ferrari, Venecia, 1553, corregida por Alfonso de Ulloa —un auténtico difusor de cultura española en Italia (Rumeu de Armas, 1973; Lievens, 2002)—, viene a combatir la inconveniencia de muchas ediciones de la Tragicomedia que el corrector declara haber visto en España, en Flandes y «en otras partes», cada una de ellas dada al mundo «oppressa de dos faltas muy principales: la una mal corregida, y sin ninguna orthographia, [...] y la otra, siendo comedia como lo es, que la hayan impresso no como comedia, sino como historia, o otra cosa semejante» (fol. Aiiv). El texto impreso por de’ Ferrari según este dictamen de Ulloa es, efectivamente, un modelo de claridad tipográfica que no niega la deuda contraída con la mejor tradición editorial de las comedias de Plauto y de Terencio, «impressas con muy gentil orden», una obligación condicionada por la naturaleza formal del teatro clásico, cuya escritura en verso demanda la distinción inequívoca de las líneas y exige que «donde acaba el uno [de hablar], no prosigue allí luego el otro, sino que comiença nuevo renglón con el nombre a fuera» (fol. Aiiv).

Fiados de la octava de Alonso de Proaza impresa al final de esta edición italiana de la Tragicomedia, podemos deducir que el texto corregido por Alfonso de Ulloa es deudor de una de las supuestas ediciones sevillanas de 1502, tal vez de alguna de las impresas en realidad en Roma con material procedente del taller de Cromberger (Norton, 1966: 150-152).

El ejemplar de la Tragicomedia impresa por Giolito de’ Ferrari conservado en la Real Biblioteca, se sirve en la encuadernación de un pergamino que antes protegió un «Tomus Sextus» de alguna de las obras de Janus Gruterus. Aún es legible el nombre del filólogo holandés en la parte superior del tejuelo por mano de Henry Teller, bibliotecario a las órdenes del conde de Gondomar (1567-1626) (Michael & Ahijado, 1996; Andrés Escapa & Rodríguez Montederramo 1998). Es muy posible, pues, que esta edición haya pertenecido a la librería particular de don Diego Sarmiento de Acuña, en cuyo catálogo de 1623, escrito por el propio Teller, figuran hasta cinco obras de Gruterus (BNM ms. 13593, fols. 78v, 116r, 132r-v).

La edición veneciana tiene la particularidad —recogida ya en la portada del impreso— de añadir tras la Tragicomedia una disertación de Alfonso de Ulloa sobre la pronunciación de la lengua española dirigida al lector de lengua italiana y un vocabulario bilingüe de voces y expresiones extraídas del texto de Rojas. En la dedicatoria al impresor, a quien se menciona como inspirador del encargo, se advierte que la Tragicomedia de Calisto y Melibea es «obra muy copiosa de vocablos no comunes ni manifiestos a muchas personas que la leen (porque por dezir la verdad, es en nuestro Idioma lo que las novellas de Iuan Boccacio en el Thoscano)» (fol. *iiv). El glosario de Ulloa, que casi alcanza las novecientas voces, es, en palabras de Amado Alonso, «un plagio descarado a la Introducción de Francisco Delicado, Venecia, 1533» (Nieto Jiménez, 1991: 253).

El ejemplar seleccionado, procedente de la Real Biblioteca, está anotado por una mano del XVI que entre líneas traduce en italiano palabras y expresiones del original. Acaso esa riqueza de vocabulario declarada por Ulloa haya motivado también que, en 1599, la Spanish Grammar de Richard Percyvall (London, E. Bollifant), ilustre su sección de «Words, Phrases, Sentences and Prouerbes» con ejemplos procedentes de la Celestina, que, por otra parte, fue el primer libro español traducido al inglés en una injusta adaptación publicada en la década de 1530 (Menéndez Pelayo, 1943: 419). Los ejemplos verbales de la Tragicomedia alegados en la Gramática de Percyvall remiten a la edición de Amberes publicada por Plantino en 1595. Esta impresión prescinde de la última octava de Proaza que los impresores usaban para declarar el año y el lugar de edición. Con todo, el texto de la Tragicomedia editado por Plantino termina con el In hac lachrymarum valle ausente de la edición inaugural de Fadrique de Basilea (Burgos, ca. 1501) y es deudor de las primeras ediciones en veintiún actos de la Tragicomedia, salvo en el conveniente cambio de iniciar el título con el nombre de Celestina.

 

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