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Julián de Medrano
La Silva curiosa...



Descripción catalográfica


MEDRANO, JULIÁN DE
[SILVA CURIOSA]

La Silva curiosa de Julian de Medrano, cavallero navarro: en que se tratan diversas cosas sotilissimas, y curiosas, mui conuenientes para Damas, y Caualleros, en toda conuersation virtuosa, y honesta. Dirigida a la muy

Alta y Sernissima Reyna de Nauarra su sennora. Va diuidida esta silva, en siete libros diversos, el sujetto de los quales veeras en al tabla siguiente.— En Paris: Impresso en Casa de Nicolas Chesneau, en la calle de Santiago, à la insignia du Chesne verd, 1583.— [14], 448, [6] h.; 8.º.

â8, ê4, A-Z8, Aa-Ee8, Ff4, Gg2.

Biblioteca Nacional R/2307.— Encuadernación en pasta con hierros dorados. Tejuelo: Sylva/de/Medrano/Paris/1583.— GG1 invertido recto y verso.—Notas mss. entre líneas en todo el texto.

Bibliografía: BLH, XIV: 4 168.

Comentario

La variedad, que constituye un rasgo estilístico netamente renacentista, se amparó, para asomarse a los títulos de algunos libros de cosas diversas, en la etimología latina de la palabra silva (Vossler, 1941: 97-101). Otras veces fue un jardín o una floresta los que advertían con su nombre que las páginas que anunciaban eran una miscelánea. La ‘selva’ más famosa fue la de varia lección de Pedro Mejía (1540). Marcel Bataillon (19914: 637) la juzga un libro mediocre pero «uno de los grandes éxitos de librería del siglo XVI, un verdadero éxito europeo». Entre los jardines, el de flores curiosas de Antonio de Torquemada (1570) se impone sobre los demás cultivos de amenidad y curiosidades.

Antes de ser el nombre de un poema —resume Molho (1977: 46) el hábito de la varia lección— la silva designa, en español, una miscelánea: verso o prosa compilados al azar y entregados al lector sin que ningún orden aparente confiera a la obra su estructura.

La Silva curiosa de Julián de Medrano se acomoda a esas características enunciadas. En palabras de Mercedes Alcalá Galán (1998: 10-11)

participa de todos los principios genéricos aplicables a las misceláneas y cuenta con la particularidad de que su contenido es plenamente literario y ficcional [...] El uso del tópico del jardín en el que crecen diversas flores como sinónimo de obra de carácter misceláneo indica la voluntad de amenidad y cierta libertad de composición que puede acercarse a un tipo específico de improvisación en la escritura. El jardín —silva, vergel o floresta— no funciona como metáfora lineal; denota más bien la idea de un espacio amplio y plural en el que es posible mirar en distintas direcciones encontrando siempre variedad y sorpresa.

Medrano mismo no oculta su aprecio por el género y expone su elogio de la variedad:

Considerando que assí como la diversidad de colores conforta y delecta la vista, assí la variedad de discursos y materias curiosas recrea maravillosamente el espíritu (p. 155).

La variedad recomendada por Medrano en cosas «sotilíssimas y curiosas», según promete el título, fue tanta que en esta Silva cupo hasta una novela pastoril (pp. 157-194), la relación de un viaje (pp. 229-314) y una provisión de paremiología (pp. 85-155) y de cuentos (pp. 197-227) deudora principalmente de los relatos de Juan de Timoneda y de Juan Aragonés. «Nada menos que cuarenta y tres composiciones de la Silva son reproducciones exactas de otras tantas del Sobremesa y alivio de caminantes», suma Alcalá Galán (1998: 23) siguiendo números de Menéndez Pelayo (1943, III: 123). Una jubilosa exposición de epitafios completa el compromiso con la variedad. Sería un exceso ver en esa necrología irreverente un anticipo de la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters, pero las páginas del Manuscrito encontrado en Zaragoza (1804) de Potocki y, especialmente, la Relation de la découverte du tombeau de l’enchanteresse Orcavelle (1726) de Perron de Castera, pueden alegarse como herederas con menos sospecha de desorientación o de casualidad (Alcalá Galán, 1998: 16).


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La Silva de Medrano lleva el apellido de curiosa, lo cual no es una prolongación inconsciente del Jardín de Torquemada. El adjetivo es también deudor de la preceptiva clásica del prodesse et delectare. Lo «curioso», para un lector renacentista, va unido a lo extravagante, a lo insólito, a lo ingenioso y singular. El propio título de la obra, el anuncio de que en la Silva se contienen cosas «mui conuenientes para Damas, y Caualleros, en toda conuersation virtuosa, y honesta», declara su finalidad social y recreativa; es una apelación al público cortesano que, tras la lectura del libro, podrá adornar su conversación con los chistes, agudezas, cuentos y versos memorizados de las páginas del libro. Otra consecuencia más tuvo la distinción de curiosa con que se propagó esta Silva: en 1608, el impresor César Oudin corrigió y volvió a editar la obra de Medrano publicada por primera vez en 1583 por Chesneau. Al final del texto original añadió la Novela del curioso impertinente, tomada de la primera parte del Quijote de 1605. La elección es significativa también del rápido aprecio de Cervantes fuera de España; solo tres años después de la publicación del Quijote su éxito ya era un estímulo para editores animados a aumentar el deleite del lector con adiciones de su gusto. No debemos olvidar, por otra parte, que Oudin fue un gran divulgador de la lengua española (Le thresor...; Refranes...; Grammaire espagnolle...) y el primer traductor europeo del Quijote ([Quijote. Francés]; [Quijote]).

La historia editorial de la Silva curiosa comprende tres ediciones antiguas. La princeps es la de Nicolas Chesneau en París, 1583. Con pie de imprenta de Zaragoza, el nombre de Joan Escartilla como impresor y el año de 1580, circula otra edición rarísima que es en realidad un estado de la de Chesnau con falsificación de la portada y un cambio textual en las páginas 430-431 (Alcalá Galán, 1998: 3-5).

La de César Oudin de 1608 sigue el texto de la príncipe con algunas correcciones y con la adición comentada de la Novela del curioso impertinente. Ya en el 1878 la publicó José María Sbarbi precedida de un estudio y su versión, seguidora de la de Oudin, hace el volumen décimo de El refranero general español.

De Julián de Medrano sabemos lo poco que él dice de sí mismo en la Silva y lo apuntado por su última editora en el estudio que precede al texto (Alcalá Galán, 1998: 5-7). Por los prólogos que dejó escritos en 1583 podemos juzgarlo un hombre favorable a Francia. La magia y la profecía le fueron familiares. Es autor de otro libro raro, impreso también por Chesneau en 1583: Historia singular de seis animales, d’el Can, d’el Cavallo, d’el Osso, d’el Lobo, d’el Ciervo y d’el Elefante (1583). Menéndez Pelayo (1943, III: 122) lo acusa de superchería bibliográfica y rebaja la zoología del título. «Este libro —denuncia— no es más que un ejemplar, con los preliminares reimpresos, del libro Del Can y del caballo que había publicado en Valladolid el protonotario Luis Pérez en 1568». Al menos en la ficción de la Silva, Julián de Medrano peregrinó a Santiago. En el trayecto fue convirtiéndose al prodigio y a las artes mágicas.

 

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