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Juan de Espinosa
Dialogo en lavde de las mugeres...



Descripción catalográfica

ESPINOSA, JUAN DE

Dialogo en lavde de las mugeres intitulado Gianecepaenos diviso en V partes. Interloqutores Philalites y Philodoxo / Compuesto por Ioan de Spinosa Gentilhombre de la Magestad Catholica…— Impresso en Milan: en la officina de Michel Tini, en el año del Señor 1580.— [8], 103 [i. e. 107], [5] h.; 4.º.— A-Z4, 2ª-2G4.
 

h. [2]r-[3]r: A la optima emperatriz Maria de Austria… Joan de Spinosa su Vasallo salud y perpetua felicidad; h. [3]v-[4]r: Joan de Spinosa al lector; h. [4]v: Autores citados en esta obra; h. [5]r-1r: Geronimo Serrano al lector. S.

Colofón. Registro de signaturas en colofón (h. [4]v) donde por equivocación se indica: «Todos son quinterniones &c». Error de foliación: h. 107 numerada como 103. En bl. h. 1v., 36v, h. [5] final.

Letra redonda e itálica.— Iniciales y viñetas xilográficas.— Frontispicio con grabado xil. del autor y la leyenda: «Virtute superanda».

Real Biblioteca I/C/74. Encuadernación en pasta con hierros dorados en orla de los planos y contracantos; lomo liso con filetes y losanges en hierros dorados; cantos y contracantos en hierros dorados; cortes dorados. Tejuelo marrón: DIALOGO EN LAUDE DE LAS MUGERES.

Bibliografía: BMSTC, III: 35.— EDIT16.


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Comentario

«Es bien sabido, aunque tenemos demasiada tendencia a olvidarlo, que un hombre del Renacimiento está lejos de conocer directamente todo aquello de lo que habla, y que puede citar a muchos autores sin haberlos leído» (Bataillon, 19832: 322). Las palabras de Bataillon son apropiadas para juzgar el Diálogo en laude de las mujeres de Juan de Espinosa, de nuevo un soldado que también quiso perdurar por la pluma en un siglo copioso de armas y de letras.

La cita nos permite también caracterizar un género revitalizado por los humanistas para expresar los ideales de la sociedad del momento: erudición, cortesía, doctrina impartida con amenidad y conciencia literaria. El caso de Espinosa no es una excepción en el acatamiento de tantos propósitos. Ni siquiera descuida la deuda venerable de la alegoría, que aquí alcanza al nombre de los dos conversadores: Philalithes, el amigo de la verdad y Philodoxo, inclinado a la opinión. De sus palabras compartidas se pretende que el lector aprenda a asociarse con la verdad.

A diferencia de los mejores diálogos humanistas, el de Espinosa nos convence menos por la exposición de los argumentos que por la predestinación de Philodoxo a creer en Philalithes. En ese sometimiento el Diálogo de Espinosa es deudor del viejo patrón de la Doctrina ad pueros erudendos, una estructura dialógica en la que el maestro responde a las preguntas del discípulo acerca de diversas materias.


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La gramática más difundida en el medievo, el Ars minor de Donato, se aviene con esa tentación didáctica que también prodigaron Raimundo Lulio o don Juan Manuel (Gómez Moreno, 1994: 198, 209). Pervivencia de las altercationes medievales es también una disputa sobre el agua y el vino que mantienen los dos locutores que exige la etimología de diálogo. Philodoxo, claro, acaba convertido al agua.

Juan de Espinosa, en la dedicatoria de su libro a la emperatriz María de Austria, nos ofrece el mejor compendio de lo que podemos esperar de las páginas de su Diálogo. Nos dice que va:

acompañado de verdaderas y exemplares hystorias y doctrina, sententias de philósophos, y autoridades de la scritura sagrada, todas endereçadas al fin de la virtud, en honrra y loor de las mugeres y particularmente en confusion de aquellos hombres que con preçipitosos deseos, çiega coditia y torpe ignorantia suelen airarse no solamente con las propias mugeres [...] mas aun con la divina providentia...

Para cumplimiento de ese anuncio Espinosa divide en cinco partes su diálogo «sin que razón alguna justifique esta división, ya que unas y otras se unen entre sí rompiendo la unidad del discurso [...] o enlazándose por medio de un doble tópico: cansancio del oyente / petición por parte de éste de continuar» (López Romero, 1996: 18). El carácter misceláneo que ya revelan las fuentes manejadas por el autor —las cuales se declaran a dos columnas antes de entrar en el texto (A4v)— preside también el desarrollo del diálogo.



Aunque López Romero (1996:18-19) reconoce una estructura lineal y otra funcional en el texto, no deja de advertir que «los temas parece que se le van ocurriendo al autor a medida que compone la obra y los introduce sin la menor preocupación por su relación con el todo». Refranes, sentencias, ejemplos de oprobio y de virtud, van poblando los parlamentos con una intención doctrinal evidente. La cuarta parte del texto es la que mejor se hermana con el título: un tratado sobre la educación de la mujer. Allí se compendian normas, de extracción popular y de extracción bíblica fundamentalmente, que convienen a los cuatro estados de la mujer: vírgenes, monjas, casadas y viudas. El Diálogo en laude de las mujeres, puede asociarse gracias estas páginas con la tradición representada por Fray Luis de León con La perfecta casada, con la Instrucción de la mujer cristiana de Vives, con los Coloquios matrimoniales de Pedro de Luxán o con el Tratado en loor de las mujeres de Cristóbal de Acosta. Tampoco faltaron ejemplos del género en Europa: a la literatura inglesa pertenecen The Christen State of Matrimony, de Bullinger, y Of Weddid men an Wifis and of Here Children also, de John Wiclif.

La fortuna editorial del Diálogo de Espinosa fue escasa. Es su única obra publicada, o mejor diremos conservada, porque en el prólogo al lector de este diálogo, advierte que tenía escrito otro titulado Micracanthos. Bataillon ha creído reconocer una ironía del autor en este título cuya etimología alude a una pequeña planta espinosa. La primera edición, estampada en Milán por Michel Tini es la exhibida. No es raro que apareciera en Italia porque el destino como soldado de Espinosa le llevó a pasar allí la mayor parte de su vida. Después de esta primera edición no volvió el Diálogo a las prensas hasta que José María Sbarbi lo incluyó en 1875 en el tomo segundo de su monumental El Refranero General Español. La tercera y cuarta ediciones son cosa de nuestros días, 1946 y 1996.

 

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