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Jorge de Montemayor
Segundo Cancionero...



Descripción catalográfica

MONTEMAYOR, JORGE DE
[CANCIONERO]

Segundo Cancionero de George de Montemayor [...] dirigido al Illustrissimo Señor Gonçalo Fernandez de Cordova, Duque de Sessa…— En Anvers: en casa de Iuan Lacio, 1558.— [8], 252 h.; 12.º.— A10, B-X12, Y10.
 

A1: Port. con esc. heráldico.— Texto en cursiva. Títulos de los capítulos en redonda.— A2: Dedicatoria del autor.— A4: George de Montemayor al… Duque de Sessa. Soneto.— A4v: Al lector.— A5v: Don Ludovicus de la Cerda, celeberrrimo poetae Georgio à Monte maiore.— A6: Tabla.— A8: Comiença la segunda parte de las Obras de Iorge de Montemayor.— f. 144: Montemayor a un hombre que hazia muchas coplas y sonetos muy malos… Epistola.

Biblioteca Nacional R/ 5967.— Encuadernación en piel con hierros dorados en frío, ¿Diego Hurtado de Mendoza?.— Olim: 128-8.

Bibliografía: Peeters-Fontainas, 1965, II: 802-803.— BLH, XV: 1 866.


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Comentario

La vocación poética de Montemayor fue una constancia que no le abandonó ni cuando cultivó la ficción novelesca de la Diana, que además de novela pastoril puede leerse como una «especie de arte poética en la que aparecen desde villancicos hasta la complicada sextina» (Blecua, 1980: 430). Fue un lector precoz de la Biblia y su estancia en los palacios no le apartó de tan piadosa costumbre (Martins, 1946: 401).

En los salmos, sospecha Bataillon (19914: 608), sintió una grave música y fue «el primero, sin duda, que intentó hacerla cantar en castellano con el ritmo nuevo del endecasílabo». Cuando ejerció de traductor eligió al «excelentissimo poeta Mossen Ausias March», —tal como lo menciona al frente de las ediciones—, y a la hora de glosar prefirió las coplas de Jorge Manrique, que versionó en tres ocasiones. Su obra poética es una ilustración de los diferentes metros que a mediados del XVI se usaban en España. Para López Estrada (1954b: xviii) representa el «complejo gusto de un hombre del Renacimiento español».

El Cancionero de Montemayor, publicado por primera vez en Amberes en 1554 con el título de Las obras de George de Montemayor repartidas en dos libros, divide temáticamente su poesía: la primera parte es profana e integra versos de toda especie, cancioneriles, villancicos glosados y composiciones de gusto italianizante. Son poemas fundamentalmente amorosos y afines a los empleados en la Diana. La segunda parte, encabezada en la edición con el título de Las obras de Devoción de George de Monte mayor (portada tras fol. 74), incluye poesía en la tradición de fray Ambrosio de Montesino, «y difiere poco de las que constituyen el Cancionero espiritual anónimo publicado en Valladolid en 1549» (Bataillon, 19914: 608). Acentos inequívocos de Savonarola pueden hallarse tanto en su paráfrasis del Pater Noster (fols.191r-206v) como en la Devota exposición del Psalmo Miserere mei Deus (fols. 208r-246v). Entre las dos partes del Cancionero aparecen tres autos representados en los maitines de la noche de Navidad, «a cada nocturno un auto» y dedicados al «Sereníssimo Príncipe de Castilla» (fols. 166v-173r). La edición más moderna de este Cancionero, debida a Ángel González Palencia (1932), sigue el texto de un rarísimo ejemplar de la Biblioteca Nacional que perteneció al bibliófilo Usoz. En una anotación manuscrita sobre la guarda inicial se nos ofrece una sucinta biografía del poeta: «This edition was printed during the life time of the author, Jorge de Montemayor, portuguez, poeta conocido, músico de la capilla de Carlos V y soldado valeroso, que perdió la vida en el Piamonte, año 1561».


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En 1558 se publicó en Amberes una nueva edición de los versos devotos del Cancionero, también «en casa de Iuan Latio». En el privilegio concedido al autor para la impresión se le llama «criado de la Serenísima princesa de Portugal».
El libro está dedicado a Jerónimo de Salamanca, procurador en Cortes por Burgos. Las líneas iniciales de la dedicatoria dejan ver que Montemayor ya era sospechoso de religión (Menéndez Pelayo, 1943, II: 256) y procuró amparar su obra devota en la teología de hombres doctos de Flandes y del Colegio de San Gregorio de Valladolid, que habrían purificado al autor de algunos yerros. Bataillon (19914: 608) advierte que la mención en la dedicatoria del Colegio de San Gregorio de Valladolid no es casual y que el sentimiento religioso de Montemayor «deja ver un hondo parentesco con el de un Carranza o el de un Luis de Granada».

El tomo de los versos devotos fue prohibido por la Inquisición al año siguiente de haber sido impreso y figura en el Índice de Valdés de 1559 (p. 59) y en el de 1570 (p. 103). No volvió a estamparse. El Cancionero de versos profanos, en cambio, corrió mejor suerte y se editó hasta siete veces en el siglo (BLH, XV: núms. 241-249), a pesar de que hoy sea «un libro de la más extraordinaria rareza» (Menéndez Pelayo, 1943, II: 257).

Los versos devotos de Jorge de Montemayor son un olvido procurado por la Inquisición. Para Bataillon (19914: 608) «el tesoro de poesía que había descubierto [en la Biblia] permanecerá inexplorado hasta que aparezcan los Nombres de Cristo de Luis de León».

 

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