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Juan de Mena
Las Trezientas...



Descripción catalográfica

MENA, JUAN DE
[OBRAS]

Las Trezientas d’el famissimo poeta Iuan de Mena; glosadas por Fernan Nuñez...; otras xxiiii coplas suyas, con su glosa; la Coronacion compuesta y glosada por el dicho Iuan de Mena; Tratado de vicios y virtudes, con otras cartas y coplas y canciones suyas...— En

Anvers: en casa de Iuan Steelsio, 1552 (impresso por Iuan Lacio)— [32], 830, [34] p.; 8.º.— Sig.: *8, A-Z8, 2A-2Z8, 3A-3I8.— Nombre de impresor en colofón.— Marca tip. en portada.

Biblioteca Nacional R/1179.— Encuadernación en pergamino.— Sello: «Biblioteca del Exmo. S. D. Ag. Durán».

Bibliografía: Gallardo, III: 3 010.— BLH, III: 3 729.— Peeters-Fontainas, 1965, II: 773.


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Comentario

La repetida presencia de los versos de Juan de Mena en copias manuscritas de los cancioneros de la época, la ininterrumpida edición de sus obras hasta finales del siglo XVI, los comentarios que filólogos como Hernán Núñez o el Brocense le dedicaron, son testimonio suficiente del lugar destacado que disfrutó Juan de Mena durante más de un siglo entre los poetas españoles (Pérez Priego, 1989: xiii). A fines del siglo XV Lucio Marineo Sículo lo elogiaba en su obra De rebus Hispaniae memorabilibus (cita de la versión castellana de 1530 en Gómez Moreno & Jiménez Calvente, 1994: xx-xxi):

Fue hombre muy leído en todas facultades, y especialmente en historia y poesía como por sus obras se manifiesta. Escrivió en su metro castellano, en tan alto estilo y tan elegante que quiso parescer a Vergilio en el latín, por donde alcançó gran renombre y fama inmortal […]. Porque demás del estilo muy excellente hallo también en ellas mucha doctrina, especialmente en el libro que llaman de Las trescientas

La primera intervención de Hernán Núñez en el texto de Mena tuvo lugar en la edición sevillana del Laberinto de Fortuna de 1499, en la que incluyó sus glosas. En el prólogo exponía su intención (en Kerkhof, 1984: 274):

[...] trabajé, ínclyto señor, de destruyr y alançar de aqueste labyrintho no uno mas muchos minotauros y monstros, los quales le hazían del todo inacessibile, quiero dezir, muchos vicios y depravaciones que la crassa ignorancia de los libreros en él avía cometido; las quales juntadas con la mayor diligencia que pude, muchos exemplares emendé y corregí [...]


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Núñez partió de una anterior edición de 1496 y manejó uno o más manuscritos. El resultado, con todo, responde en muchas ocasiones a su propia pluma y significa un alejamiento de la tradición manuscrita (Kerkhof, 1984). Seis años más tarde culminó su trabajo en una segunda edición corregida que se publicó en Granada. Además de retocar sus glosas, en el prólogo declara con respecto a las coplas de Mena que «se emendaron muchos lugares que estavan viciosos por defecto de malos escriptores» (A7v-A8v del ejemplar expuesto).

El caso es que el texto fijado por Núñez ha constituido la vulgata del Laberinto de Fortuna (Bataillon, 1951): conoció dieciséis ediciones y fue respetado por el Brocense, cuya versión anotada se editó por primera vez en 1582 (Gómez Moreno & Jiménez Calvente, 1994). En la publicación zaragozana de 1509 se le habían añadido veinticuatro coplas que, desde entonces y hasta las de Amberes de 1552, incluyeron todas las ediciones.

La obra de Mena fue básicamente difundida por la imprenta del siglo XVI como obra completa. La Coronación del Marqués de Santillana había conocido cuatro ediciones independientes, tres incunables de 1499 de Salamanca, Sevilla y Zaragoza, y una toledana de 1504; el resto de su historia editorial está ligada a la del Laberinto. Lo mismo sucede con las Coplas contra los pecados mortales, impresas por primera vez junto con la Vita Christi de Íñigo de Mendoza en 1483, y tan solo dos veces más de forma independiente (Palau, IX: 1-4).


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La edición de Amberes de Juan Steelsio (1552) se abre con la dedicatoria del editor Martín Nucio a Gonzalo Pérez, arcediano de Sepúlveda y secretario de Felipe II (*2r-*3v). Tras un elogio a Juan de Mena, comparado con Homero, expone el objetivo de su trabajo:

[...] cuyas obras [las de Mena] como oy en día se leyessen por descuydo y culpa y de los impressores muy corruptas y viciosas [...] trabajé, según mejor pude, [en] restituyrlas, cotejando y confiriendo los lugares depravados con exemplares antiguos, comunicándolos con hombres doctos y de grave juizio, y [en] imprimirlas en forma más cómmoda y polida que antes estavan.

Se imprimen en primer lugar las Trescientas o Laberinto de Fortuna, considerada por los lectores del siglo XVI como una obra maestra de la poesía castellana. Se trata de un poema narrativo, compuesto en coplas de arte mayor, cuya pretensión es exponer alegóricamente un ideal de conducta moral y política aplicable a la nobleza castellana de su tiempo y especialmente a Juan II, a quien va dirigida la obra (Kerkhof, 1997: 24-40). Un estilo marcadamente latinizante, tanto en las construcciones como en el léxico, caracteriza la composición (Lida de Malkiel, 19842: 233-322), como exigencia de la poética a la que obedece el arte mayor.


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Siguen las veinticuatro coplas añadidas a las Trescientas, con una justificación del editor para incluirlas: la petición de Juan II a Mena de que alcanzase el número de coplas correspondientes a todos los días del año, según había dejado escrito el comendador Hernán Núñez en el comentario a la última copla del Laberinto. El editor expresa la duda de que Juan de Mena hubiera sido el autor de esa ampliación.

Las páginas 604-605 del impreso reproducen las Coplas que hizo Iuan de Mena sobre un macho que compró de un fraile, reveladoras de la vena satírica del poeta que celebró Juan de Lucena en El diálogo de vida beata: «No cabe dubdar, Juan de Mena, si contigo nos enbolvemos iremos bien motejados» (Gómez Moreno & Jiménez Calvente, 1994: xxxiv).

En la página 609, con portada propia, da comienzo la Coronación del Marqués de Santillana junto con el Comentario en prosa del mismo Juan de Mena. Cincuenta y una coplas reales componen la Coronación. El poema fue escrito para homenajear al marqués de Santillana, símbolo del caballero virtuoso por haber dado un impulso a la Reconquista con la toma de Huelma en 1438.


 

Sigue el epígrafe Tractado de vicios y virtudes..., que corresponde a la composición conocida como Coplas contra los pecados mortales o Debate de la Razón contra la Voluntad. Creación de los últimos años de su vida, las Coplas están imbuidas de ascetismo. Su mensaje moral se ajusta perfectamente a la forma de debate y a un estilo sobrio. La muerte del poeta le impidió dar fin a la obra. En el prólogo [p. 742-744] fray Jerónimo de Olivares explica que tras los intentos fallidos de Gómez Manrique y Pero Guillén («gran rrobador») por terminar adecuadamente la composición, el propio Juan de Mena, salido de «entre aquellos que beatitud esperan», se le apareció para conminarlo a que culminara la obra inacabada. Y tan cumplida fue la visita que el aparecido acabó siendo huésped permanente del visitado: «Entonces a mi oreja llegado con un aliento que todo me penetró, informándome de muchas cosas, otro hombre me fizo; y con tanta fuerça, que no fue en mí dexar de poner en obra su querer».

El impreso se cierra con casi una decena de composiciones líricas del poeta: canciones y decires amorosos, y poesías de circunstancias.

 

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