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Descripción catalográfica
ESQUILACHE, FRANCISCO DE BORJA Y ARAGÓN,
PRÍNCIPE DE, VIRREY DEL PERÚNapoles recuperada por el rey don Alonso /
poema heroico de don Francisco de Borja Principe de Esquilache, conde de Mayalde,
comendador de Azuaga, de la Orden de Santiago, Gentilhombre de la Camara de Su Magestad.
En Amberes: En la emprenta plantiniana de Baltasar
Moreto, 1658. XXIIII, 398, [2] p.; 4.º- *4, **4, ***4,
A-Z4, 2A-2Z4, 3A-3D4.
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| Pp.
xix-xxiiii: Al lector. Colofón en p. [1] final. Marca tip. en portada.
En bl. p. ii y p. [2] final. Letra redonda e itálica. Iniciales xil.;
viñetas xilográficas al final de cada uno de los doce cantos. Real Biblioteca
IX/4389. Encuadernación en tafilete color tabaco con filetes en seco; lomo con
nervios y decoración en hierros dorados; cortes jaspeados. Sello en tinta roja:
«Exlibris Car. Mar. de la Condamine».
Bibliografía: Gallardo,
II:1 438. Peeters-Fontainas,
1965, I: 139. BLH,
VI: 4 999. Catálogo XVII:
90. |
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ComentarioDon Francisco de Borja y Aragón, Príncipe de
Esquilache (1581-1658), como el conde de Rebolledo, es uno de
tantos representantes de la nobleza que en la España moderna supieron alternar el
servicio al rey con el cultivo de las musas. Gili y Gaya (1947a:
5) nos ofrece un buen resumen de su biografía:
Ocupó cargos palatinos y políticos importantes; fue poeta notable, moralista y
protector de las bellas letras. Desde 1615 a 1621 fue virrey del Perú; en Lima se
conserva todavía el recuerdo de las instituciones docentes fundadas durante su gobierno.
Escribió una curiosa Relación que el Príncipe de Esquilache hace al Sr. Marqués de
Guadalcázar sobre el estado en que deja las provincias del Perú (B. J. Gallardo, Ensayo
[...], t. II, págs. 111-117). Al regresar a España, dedicó a la Literatura el ocio que
su abolengo y riqueza le permitían; recopiló las poesías de su mocedad que le
parecieron dignas de publicarse, escribió nuevas obras en verso y en prosa, y desde 1638
hasta su muerte fue dándolas a la imprenta.
Nápoles recuperada por el rey Alfonso V es una muestra de épica culta,
considerada en su tiempo como el género de mayor dignidad. Más de doscientas obras se
adscriben a esta empresa poética, que conoció un desarrollo extraordinario en la segunda
mitad del XVI. Sus fuentes principales de estructura, temas y estilo
proceden de Virgilio, Lucano y Ariosto (Pierce, 19682).
Garcilaso, especialmente con su pasaje sobre las hazañas de la casa de Alba en la Égloga
II y la descripción del locus amoenus de la Égloga III, suministró
también determinados tópicos que repetirá la poesía épica. Alberto Blecua (1980:
430) nos recuerda que la lengua poética de Garcilaso «constituye la armazón literaria
sobre la que Urrea y Hernández de Velasco llevan a cabo sus muy difundidas traducciones
de Ariosto y de Virgilio». |
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El poema épico de Esquilache, escrito en octavas reales y dividido en doce cantos, exalta
la figura de Alfonso V el Magnánimo, conquistador de Nápoles. El autor lo cantó como
heroico en oposición, si debemos creer la defensa que hace de su tema, de cuantos en
Italia proponían personajes más antiguos, o la conveniencia de cantar sucesos que
hubiesen transcurrido en tierras remotas de Asia o de África. Contra esos reparos, que
nacen de la prescripción como modelo del Orlando, Esquilache pudo haber alegado
La
Araucana o la Austriada cuyas páginas agrandan
asuntos contemporáneos a los autores. Para replicar, don Francisco de Borja prefirió en
cambio las razones familiares: «siendo la casa de los príncipes de Esquilache
descendientes del rey don Alonso, no fuera razón que buscara héroe mendigado,
teniéndole grande de puertas adentro» (Prólogo al lector).
El
trasfondo napolitano, con todo, contaba ya con un precedente épico ilustre cuando
Esquilache publicó su poema. En 1516 el clérigo sevillano Alonso Hernández había
publicado su Historia Parthenopea, versión heroica y contemporánea de los hechos
del Gran Capitán en el reino de Nápoles. La herencia del poema de Alonso Hernández dio
también para la épica de la Napolisea de Francisco Trillo y Figueroa, publicada
en Granada en 1651. Para esas fechas Francisco de Borja tenía concedidos diez años de
Privilegio de impresión del poema heroico para el reino de Castilla (Madrid,1649) y para
el de Aragón (Zaragoza, 1651). Él mismo autorizó por carta a Baltasar Moreto para que
pudiese imprimirlo; además de esta licencia del autor, Moreto tuvo un Privilegio
particular del rey, despachado por el Consejo de Brabante en Bruselas en 1657, que le
permitió publicar la obra. El poema circuló en forma manuscrita antes de darse a la
imprenta y en el prólogo al lector, Esquilache no deja de lamentar las consecuencias:
«aunque se imprime aora, ha muchos años que está escrito y visto por personas, que se
pudieron aprouechar de lo que yo primero tuue trabajado en él» (p. xix). |
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En esta cadena de deudas, a él hubieron de servirle también los Hechos y dichos del
rey don Alfonso escritos por Antonio Becadelli, el Panormitano, puestos en lengua
castellana por Juan de Molina e impresos en Burgos en 1530. Casi los menciona
explícitamente en el prólogo al lector cuando advierte en defensa de su protagonista que
«de las excelencias, hechos y dichos deste príncipe han escrito los extranjeros tantos
libros y elogios, que ellos satisfarán por mí».Respecto a su teoría estética es
destacable la declaración que puso al frente del poema, porque entra en conflicto con la
de otro cultivador de la épica culta, Luis Zapata. Esquilache, tras alegar la autoridad
de Virgilio y de Séneca, de Suetonio y de Aulo Gelio en defensa de la claridad del estilo
un bien olvidado en su siglo que «nace de la presunción de la ignorancia, que
juzga que lo que ella no alcanza es de tan superior estimación que es corta toda alabanza
que en su calificación se gastare», declara:
También aborrecí con particular cuidado los hipérboles imposibles, porque son de
grave culpa en lo épico; y la razón es clara, porque si consiste su ser en la imitación
de lo natural, no puede haber semejante error como proponer a la imitación un objeto que
por su naturaleza es increíble y por su disposición ridículo» (Prólogo al lector).
Compárese con la poética que alentó los cincuenta cantos del Carlo Famoso de
Luis Zapata, una abrumadora crónica rimada de los hechos de Carlos V desde 1522 hasta su
muerte: «Entre la verdad de esta historia mezclé muchos cuentos fabulosos, y muchas
fábulas, por deleytar y cumplir con la poesía». Homero, Lucano y Sannazaro le asisten
en esta hazaña de la imaginación, que en las digresiones ¾relatos
de la conquista de Méjico y Perú, escenas mitológicas, cabalgadas aéreas del mago
Torralba y un célebre combate entre gatos y ratones¾ parece
deberle vicisitudes a la novela bizantina. |
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Don Francisco de Borja y Aragón alcanzó el
prestigio entre sus contemporáneos y las reimpresiones de sus obras poéticas a lo largo
del XVII fueron notables (BLH, VI: núms. 4989-4997). En el XVIII López de Sedano admitió las poesías de
Esquilache en los tomos cuarto, octavo y noveno de El Parnaso Español. En esas
páginas lo juzga a la altura de Garcilaso, de Fray Luis, de los Argensola fue
discípulo de Bartolomé Leonardo, de Quevedo, del conde de Rebolledo. «En
contraste con tan desmesurada estimación, hoy es un escritor olvidado» (Gili y Gaya, 1947a:
5). El descrédito ha sido progresivo: el propio don Cayetano Rosell (1854:
XV), editor de Nápoles recuperada para la Biblioteca de Autores Españoles,
se sintió inseguro de elogiarlo abiertamente:
El lenguaje, sin embargo, es fácil; la versificación corre con cierta fluidez, propia
de una pluma experta en toda suerte de combinaciones métricas; y aunque el estilo es
confuso, los periodos embrollados, y la forma favorita, o por mejor decir exclusiva del
autor, era la antítesis, no llega uno a exasperarse con su lectura.
Cervantes, en el Viaje del Parnaso (Madrid, 1614), nos dejó este aprecio de don
Francisco de Borja:
Tú, el de Esquilache Príncipe, que cobras
de día en día crédito tamaño,
que te adelantas a ti mismo y sobras,
serás escudo fuerte al grave daño,
que teme Apolo con ventajas tantas,
que no te espere el escuadrón tacaño.
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