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Descripción catalográfica
ERCILLA Y ZÚÑIGA, ALONSO DE
[ARAUCANA]La Araucana de don Alonso de Erzilla y Cuñiga. Gentil
Hombre de su Magestad, y de la boca de los Serenissimos Principes de Ungria. Dirigida a la
S.C.R.M. del Rey Don Phelippe nuestro Señor. En Anvers: en casa de Pedro Bellero, 1575. [Al final]:
«Tipis Theodori Lyndani». [6] h., 333 p., [6] h.
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| 12.º
A-P12. Port. con marca tipográfica. Biblioteca Nacional R/8388.
Encuadernación en pasta con hierros dorados.
Exlibris de Ricardo Heredia
y Livermoore.
Bibliografía: Peeters-Fontainas,
1965, I: 389. BLH,
IX: 4 803. |
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Comentario
En
1569, en el taller madrileño de Pierres Cossin, fue impresa por primera vez la primera
parte de La Araucana. La distancia espacial y temporal con respecto a los hechos en
ella narrados, le había permitido a Alonso de Ercilla reelaborar el material acopiado en
el escenario americano hasta dotarlo de la forma poética y el propósito último
pretendidos (Lerner, 1993:
16-18). El éxito de la publicación no se vio defraudado por el que obtuvieron la segunda
parte, en 1578, reimpresa ese mismo año, y la tercera, ya en 1589. Ese mismo año, y de
nuevo al siguiente, se publicaron las tres partes juntas. De carácter póstumo es la
versión más extensa del poema, aparecida en 1597; Alonso de Ercilla había muerto en
Madrid en 1594. Del inmediato éxito editorial dan cuenta las cifras: se contabilizan
dieciocho ediciones de La Araucana hasta 1632 (Pierce, 19682;
Aquila, 1975).
La obra también interesó fuera de nuestras fronteras. En Amberes la primera parte fue
impresa por Pedro Bellero, en 1575; la primera y la segunda en 1586; y el conjunto del
poema en 1597 (Peeters-Fontainas,
I: 389-391). Asimismo, en Lisboa se dio a conocer en fechas tempranas: en 1582 la
primera parte, y en 1588 la segunda. La siguiente edición del poema de Ercilla en Europa
fue la de Perpiñán, en 1596. |
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La
buena acogida de La Araucana era acorde al aprecio que mereció la épica culta en la segunda mitad del siglo XVI,
considerada el género literario de mayor dignidad (Blecua, 1980: 430). Una
vasta producción en español de poemas épicos de tema religioso, histórico y literario
da testimonio de esta preferencia (Pierce, 19682
y 1985). A ello
contribuyó sin duda la difusión de autores épicos clásicos, en particular Virgilio y
Lucano, así como la recreación renacentista del género llevada a cabo por Ariosto en el
Orlando Furioso, vertida al español por Jerónimo de Urrea en 1549.Dentro de la
tradición de su género, y en especial con respecto al Orlando Furioso, La
Araucana se revela como un poema novedoso por el hecho de tratar sucesos
contemporáneos al narrador. En treinta y siete cantos, en octavas reales, se narra la
conquista española de las tierras araucanas dentro del territorio que hoy ocupa Chile. La
empresa abarcó los gobiernos de Pedro de Valdivia y García Hurtado de Mendoza, a quien
el propio Alonso de Ercilla acompañó hasta territorio chileno, en 1557. El autor tuvo
presente la norma reconocida por los cronistas de las historias verdaderas de Indias, que
exigía adtestatio rei visae, la verdad de lo visto y lo vivido (Albarracín-Sarmiento,
1974). Él mismo advierte de este compromiso en el prólogo:
[...] este libro [...] porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra
y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel, y en
pedazos de cartas, algunos tan pequeños que apenas cabían seis versos, que no me costó
después poco trabajo juntarlos.
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Los
acontecimientos históricos están iluminados por el designio providencial de la empresa
americana. Ercilla reconoce la codicia que mueve a algunos españoles, especialmente a
Valdivia, tanto como la incuestionable dignidad del araucano Caupolicán. Pero los
protagonistas y sus actos están subordinados al nuevo orden que impone la presencia
europea en el Nuevo Mundo. El carácter de los araucanos, calificado con el latinismo
«indómito», no evita el triunfo español. Todo el poema se convierte en una exaltación
del imperio; la dedicatoria a Felipe II insiste en este propósito. El poeta, cortesano y
gentilhombre del rey, cultivador de las armas y las letras, asume el papel de cantor
oficial. De este modo se justifica la inclusión de episodios históricos alejados del
territorio americano: San Quintín (canto XVIII), Lepanto (canto XXIV) y campañas de
Portugal (canto XXXVII), que sirven de excusa para justificar la guerra según el derecho
internacional (Lerner,
1993: 24-26).Los siglos posteriores a la publicación de La Araucana, hasta
el XIX, han subrayado su carácter de documento histórico; las
menciones geográficas, culturales y bélicas no han sido puestas en duda. Sin embargo, la
visión del poeta y las advertencias del moralista se imponen a la crónica de los hechos
(Albarracín-Sarmiento,
1974). Acontecimientos ficticios de carácter fabuloso, insistencia en los tópicos
del género acerca del heroísmo de los vencidos sea cual sea el bando,
descripción minuciosamente cruenta de las batallas que recuerda a Lucano,
recursos retóricos entre los que destaca el símil de la tradición grecolatina, afán
por enriquecer el léxico a base de cultismos, latinismos e indigenismos, delatan al poeta
por encima del cronista y justifican la trascendencia del poema. Un poeta que, revestido
del halo del vate, tiene el privilegio de comprender la verdad que oculta la historia. |
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El éxito de Ercilla fue inmediato entre los lectores cultos. Cervantes lo celebra en la Galatea
(1585) y dedica a La Araucana un juicio elogioso en el escrutinio de la biblioteca
de don Quijote (I, 6):
Todos estos tres libros [La Araucana, La Austríada, de Juan Rufo, y El
Monserrate, de Cristóbal de Virués], dijo el cura, son los mejores que en verso
heroico en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de
Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España.
El poeta fue también elogiado por Lope de Vega en el Laurel de Apolo (1630).
Alonso de Ercilla fue un soldado que supo perdurar como poeta. Logró combinar las
novedades de la épica de Ariosto (la ausencia de héroe único y unidad de acción, la
mezcla de materias, el metro, etc.), con la tradición clásica de Virgilio y de Lucano.
Enriqueció su lengua literaria con otros poetas latinos, como Ovidio, y castellanos, como
Juan de Mena y Garcilaso. El resultado fue una obra épica que descuella en su género y
que inaugura una serie de poemas épicos de tema americano. Su trascendencia fue tanta que
algunos episodios de La Araucana se filtraron en el romancero y llegaron a hacerse
teatro (Lerzundi, 1978
y 1979). |
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