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Juan Boscán y Garcilaso de la Vega
Las obras de Garcilasso de la Vega



Descripción catalográfica

BOSCÁN, JUAN & GARCILASSO DE LA VEGA
[OBRAS]

 

Las obras de Garcilasso de la Vega.— [Amberes, Martin Nucio, 1544].— [13], 298, [1] h. ; 12.º— A2, * 2-12, A-Z12, 2A-2B12.

Pie de imprenta tomado del colofón. En port, 1597.— Esc. tip. en port. con dos cigüeñas: «Tvtissima virtvs pietas homini».— A1, portada y A2, dedicatoria de M. Nucio, añadidas, con otro tamaño y otro tipo de letra.— Falta *1.— *2 2.ª hoja del prólogo.— *2 v. tabla.— *6 v. Conversión de Boscán.— f. 1: Las obras de Boscan y algunas de Garcilasso de la Vega repartidas en quatro libros. A la Dvquesa de Soma.— f. 2: «Al muy ilustre Señor Don Ivan de Eredia Martin Nucio. De Anvers, a 15 de Enero de 1556».— f. 219: Fin de las obras de Boscan— f. 219 v: Libro qvarto. Obras de Garcilasso de la Vega.— f. 298 v: Fin de las obras de Garcilasso de la Vega.— f. 299, Colofón: Estas obras de Ivan Boscan y algunas de Garcilasso de la Vega acabaronse de imprimir en casa de Martin Nvcio en el año de mil quinientos y cuarenta y cuatro en el mes de diziembre.— Letra redonda.— f. 299 v. Esc. tip. xil.

Biblioteca Nacional R/13515. Encuadernación renacentista en piel con hierros. Adornos dorados. Lomo: «Obras de Boscan y Garcilasso». Sello: «Pascual de Gayangos». Folios A1 y A2, de otro tamaño y otra letra. f. 299 papel deteriorado, especialmente en colofón.

Bibliografía: Peeters-Fontainas, 1965, I: 144.— BLH, VI: 5 081.


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Comentario

El colofón de la edición de Amberes seleccionada (Martin Nucio, 1544), advierte del siguiente empeño:

Estas obras de Iuan Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, además que hay muchas añadidas que hasta agora nunca fueron impressas son también corregidas y emendadas de muchas faltas que por descuydo de los officiales en las impressiones se hallaron, de manera que van agora mejor corregidas, más complidas y en mejor orden que hasta agora han sido impressas.

La preocupación filológica del editor Martin Nucio no es banal. La suya fue una edición importante; lo fue por la abstención de algunos yerros, como él asegura, incluso de paginación, que se habían iniciado con la edición príncipe de Carles Amorós en Barcelona un año antes, y que había perpetuado la del impresor Pedro de Castro, en Medina del Campo, unos meses después. Pero la de Martin Nucio también fue una edición afortunada por contener catorce composiciones nuevas atribuidas a Boscán, entre ellas la Conversión y el Mar de Amor (Menéndez Pelayo, 1945, X:137).Tanto peso tuvo esta edición, que fue la base de numerosas impresiones posteriores: diez años después de la primera, el impresor original, Carles Amorós, se sirvió de la de Nucio, con sus enmiendas y adiciones —excepto las piezas XXV y XXVI del libro primero—, para volver a publicar a Boscán. Ese mismo año de 1554, vio la luz otra edición señera salida de los talleres de Giolito de’ Ferrari y preparada por Alfonso de Ulloa (Rumeu de Armas, 1973), que en la dedicatoria vuelve a hacer evidente que deturpar la poesía de Boscán fue siempre un estímulo de filólogos:

La qual obra, como el auctor no la pudo dar a luz en sus días, por causa de atajarle la muerte antes que él la reformasse para ponella en estampa, fue impressa después que Dios le llevó para sí; y dado que los que la hizieron impremir se movieron con buen ánimo, y la corrigieron en la verdad de la letra, todavía en muchas partes no quedó tan limada como convenía y el auctor la diera. Por lo qual, deseando yo que el tal libro lo viesse el mundo bien corregido y apuntado, assí por la affición que yo tenía al auctor, como por hazer lo que devo por el bien común en el officio que en esta ínclita ciudad tengo entre manos, tomé este trabajo, y allende desto lo he hecho imprimir en letra excellentíssima.


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Por último, el propio Nucio volvió sobre la poesía de Boscán y Garcilaso, en 1556, con una nueva edición corregida, según advertencia del prólogo:

Hallar se ha también en esta impressión alguna mudança en la manera de escrivir de lo que hasta agora se ha usado, la qual no he usado sacar a luz hasta que fuesse aprovada de muchos hombres doctos y ábiles en la lengua castellana, cuya aprobación me dio alas para comunicarla.

La obra poética de Boscán está asociada en las imprentas a la de Garcilaso, desde que en 1543 las prensas barcelonesas de Amorós, «en uno de los libros mejor pensados y cuidados del renacimiento español» (Clavería Laguarda, 1995: x), cumplieran el deseo de Boscán de imprimir las obras de su amigo tras las suyas. Las prensas vinieron a prolongar sobre el papel una compañía que, para la historia literaria, prescribe algunos encuentros memorables, como la reunión granadina de 1526, en la que Navaggiero invita a Boscán a escribir en metro italiano algunas fatigas eruditas: en 1533 Garcilaso y Boscán revisan juntos en Barcelona la traducción de Il cortigiano, y alguna literatura inmortal, como la Epístola que el doce de octubre envió Garcilaso a Boscán desde Aviñón, y los dos sonetos que Boscán dedicó al soldado tras su muerte. La amistad sobre el papel duró más que la de la corta vida, como conviene al poeta. Boscán y Garcilaso compartieron veintiuna ediciones entre 1543 y 1597 y volvieron a reunirse siete veces más entre 1569 y 1600 (Clavería Laguarda, 1995: x). Los separó, parcialmente, Francisco Sánchez de las Brozas, que con su edición de Garcilaso en 1574 inauguró una de las polémicas eruditas más interesantes del Siglo de Oro (Clavería Laguarda, 1995: xiii).

Para Menéndez Pelayo (1945, X: 135-136) «los versos de Boscán se imprimían y vendían a la sombra de los de Garcilaso, que les hacían juntamente un favor con su compañía, y un disfavor con la comparación que forzosamente provocaban». Caravaggi (1973) ha dedicado un libro a probar que la dureza de los versos de Boscán es una recriminación injusta y que la elegancia y la perfección formal con que tradujo al castellano la obra de Castiglione bastarían para refutar toda acusación de incompetencia en el buen uso del idioma. En el juicio de su poesía nos advierte que Boscán, por la misma naturaleza de su poética,

una vez superada la concepción lúdica del arte que sigue predominando en los ambientes cortesanos de la época humanística, tiende a explotar el modelo petrarquesco en el ámbito de las posibilidades estilísticas ya experimentadas con éxito en otras zonas de la cultura hispánica.


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El petrarquismo de Boscán —un rasgo estético innegable pero no exclusivo—, como también el de Garcilaso, es una transición retórica hacia la voz propia, una voz que no fue ajena a la herencia de los poetas de cancionero del siglo XV, y en cuyo concierto con las voces italianas no podían faltar algunas asperezas. Es difícil resumir esta tensión con palabras más acertadas que las de Rafael Lapesa (19682):

Una idea viva de las varias corrientes que confluyen en la poesía de Boscán y Garcilaso: clasicismo, petrarquismo y formas italianas, herencia de cancionero e influjo de Ausias March se ofrecen imperfectamente amalgamadas en la obra del barcelonés; también aparecen todos en la de Garcilaso, que acierta a engastar en acordes armoniosos las voces disonantes.

Leer juntos a Boscán y a Garcilaso es una reparación del pensamiento erudito, un recordatorio de que la imitatio, la de la Naturaleza o la de los grandes maestros que la habían interpretado antes, puede ser una forma de progreso literario. «Hemos de imitar, dicen, a las abejas», escribió Séneca, que a su vez estaba recordando una abeja modélica de Aristófanes (Lázaro Carreter, 1979). Reunir en un solo tono las voces escuchadas y acertar a proclamarlas con una nueva voz es el destino de algunos poetas. El Brocense encontró en los versos de Garcilaso ecos de Petrarca, de Horacio, de Virgilio; reconoció acentos de Ovidio y de Tibulo; desveló lecturas de Ariosto y de Tasso. Nada de la voz plural de aquel soldado, «fácil, varia, elegante», sería hoy escuchada sin el compromiso de Boscán, el poeta que le había iniciado, el amigo que entregó a las prensas el testamento literario de un caballero que supo vivir al modo ejemplar de los héroes, esforzado en el amor y copioso en la aventura. Y detenerse para cantarlo.

 

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