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Descripción catalográfica
| VILLALÓN, CRISTÓBAL DE Gramatica
Castellana: Arte breve y compendiosa para saber hablar y escrevir en la lengua castellana
congrua y deçentemente / Por el liçençiado Villalon. En Anvers: En casa de
Guillermo Simon, a la enseña del Abestruz, MDLVIII. [43] h.; 8.º. A-E8,
F4.
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| En
port. grab. xil. con la marca del impresor y la leyenda «Dulcia mixta malis». I/B/107
bis. Enc. pergamino rígido, cortes en rojo; tejuelo rojo en lomo. En portada, exlibris
ms.: Nasarre.
Bibliografía: Viñaza,
Conde de la, 1893: 116. Palau, 366 912. Peeters-Fontainas, 1965: 1
375. García,
Constantino (ed.), 1971. BICRES, I: 406. |
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Comentario Publicada
en Amberes en el mismo año en que veía la luz el breve método de Gabriel Meurier
titulado Coniugaisons, regles, et instructions, y tan solo tres años después de
la pionera Útil y breve..., la Gramática
Castellana de Villalón testimonia una vez más la prioridad de Flandes en la
difusión internacional de la lengua española. No en vano uno de sus hijos más ilustres,
el emperador Carlos, nacido en Gante, fue el primero que se vio en la obligación de
instruirse en esta lengua (Lope
Blanch [ed.], 1998: VI).
La Gramática de Villalón, sin embargo, no es estrictamente un método
lingüístico para extranjeros, sino que, en la línea de las gramáticas renacentistas,
que mejor que ninguna representa la de Nebrija, y frente a la que se define, pretende
reparar el agravio que sufre su lengua natural en relación a las clásicas hebrea, griega
y latina. Hasta ese momento, a juicio del autor, solo estas tres habían gozado del
privilegio de ser sometidas a artificio, y de ello derivaba su alta estima. Lamenta que,
reuniendo su lengua condiciones más que
suficientes para acomodarse a Arte, no haya habido ingenios que acometiesen esa tarea, ya
que Nebrija, si bien fue el primero en esta labor humanista, no alcanzó el fin deseado,
sino que, trató en ella cosas impertinentes y no hizo más que traducir la gramática
latina, y así «queda nuestra lengua según común opinión en su prístina barbaridad»
(Gramática, A2v).
En cuanto a los orígenes, la lengua castellana comienza con los Reyes de Castilla y
León; con Alfonso X el Sabio tuvo un momento de esplendor, pero es en la edad de
Villalón cuando realmente alcanza su cima:
en la cual [esta nuestra edad] es venida a tanta polideza y perfeçion que si la
quisiessemos cotejar con la de oy ha quinientos años hallaremos tanta ventaja y
differençia cuanta puede ser entre dos lenguas diferentes. (Gramática, h.
A3v-A4r.)
Además
de esta circunstancia, en su tiempo concurre otra que mueve a Villalón a sujetar con
reglas y leyes su lengua: el aprecio que en todas las naciones se profesa hacia las
lenguas vulgares y su cultivo por sabios que podrían expresarse con elegancia de estilo
en latín. A este general afecto por las lenguas propias, a la castellana se suman los de
todas las naciones:
El Flamenco, el Italiano, Ingles, Françes. Y aun en Alemania se huelgan de la hablar,
aunque se presume que sea alguna parte de causa ver que el nuestro Emperador Carlos se
preçia de Español natural. (Gramática, A4r)
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Con el ánimo de engrandecer su
nación, exhorta a los lectores, al final del «Prohemio», a que
con especulacion se pongan a considerar esta nuestra intinçion trabajando todos a
corregir y açertar aquello en que yo falté: porque en fin hagamos con nuestra
posibilidad del estudio de todos juntos una cosa con que enoblezcamos nuestra lengua y
naçion. (Gramatica, A4v; véase también García, Constantino
[(ed.), 1971: XVI-XXI])
Concluido el «Prohemio», muestra de la tradición laudatoria de la lengua
española, del que hemos extractado buena parte de lo dicho hasta aquí, Villalón entra
en materia. Divide la obra en cuatro libros, que se ocupan, respectivamente, de la
naturaleza del nombre, del verbo con sus conjugaciones y accidentes, de la composición de
las cláusulas y oraciones, y, finalmente, de la ortografía.
La
voluntad, declarada en el «Prohemio», de separarse de la gramática latina aparece de
nuevo enunciada en el apartado siguiente, si bien debe admitir la terminología impuesta
por la larga y autorizada tradición gramatical, que «aunque sea ansi verdad que
pretendemos dar arte para el puro castellano muy desasido del Latin no nos podremos del
todo escusar de nos aprovechar de algunos nombres y vocablos de la lengua Latina» (fol.
A5).
El resultado final, sin embargo, nos revela una clasificación tradicional, con algunas
originalidades o avances, como por ejemplo la negación de la declinación del nombre en
casos. En palabras de García
([ed.], 1971: XXXIII) «nos parece, pues, esta opinión
de Villalón un paso adelante en la separación de la gramática del vulgar de la del
latín, superando así a Nebrija, a Valdés y al anónimo de
Lovaina de 1555 que conservan los casos». Por mencionar una originalidad más, la
simplificación de los tiempos verbales, que reduce a tres, es otro rasgo que aparta a
Villalón de Nebrija y de la tradición latina. El examen comparativo del tratamiento del
paradigma verbal en los dos gramáticos puede verse en García ([ed.], 1971:
XXXVIII-XXXIX).
El ejemplar de la Real Biblioteca reproducido en esta exposición perteneció a Blas Antonio de Nassarre
Fériz, que fue Bibliotecario Mayor entre 1735 y 1751. |
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