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Nicolás Antonio
Bibliotheca Hispana



Descripción catalográfica

ANTONIO, NICOLÁS

Bibliotheca Hispana Vetus, sive Hispanorum, qui usquam unquamve scripto aliquid consignaverunt, notitia. Completens scriptores omnes qui ab Octaviani Augusti imperio usque ad annum M. Floruerunt. [Tomo II... usque ab MD. floruerunt] / auctore D. Nicolao Antonio.¾ Romae: ex typographia Antonii de Rubeis, 1696.- 2 v. ([2], XL, [8], 410, [18], 286, [62]); Fol.- []2, [a]-f4, A-Z4, 2A-2Z4, 3A-3D4, 3E6, ¶4, 2¶5, A-Z4, 2A-2T4, 2V6.—Los dos tomos con antep. y port. propias.—Texto a dos col. 

Biblioteca Nacional 3-69377.—Encuadernación en pasta.

 

Bibliotheca Hispana Nova sive Hispanorum qui usquam unquamve sive latinÿa sive opulari... scripto aliquid consignaverunt notitia...: editorum atque ineditorum operum catalogum: duabus partibus continens... / authore D. Nicolao Antonio.— Romae: ex officina Nicolai Angeli Tinassii, 1672.— 2 v. ([82], 633; [2], 690 [i. e. 700] p.); Fol.— [ ]1, a6, b-h4, i6, A-Z4, 2A-2Z4, 3A-3Z4, 4A-4I4, K5; [ ]1, A-Z4, 2A-2K4, 2L6, 2M-2Z4, 3A-3Z4, 4A-4Q4, 4R6, 4S2.— Errores de pag.: de p. 499 retrocede a p. 490 (volumen II).— Texto a dos col.— Port. a dos tintas.— Front. calc.: «Theresia del Pó sculp.».

Real Biblioteca VIII/15 232-1 533.— Encuadernación  heráldica en pasta, con orla dorada sobre filete, las armas de España en ambas tapas. Lomo con seis nervios, cuajado. Doble tejuelo rojo. «N. ANTONIO/BIBLIOTHE/HISPANA» y «TOMO.I. / II.».— Guardas de aguas.— Exlibris ms. en v. de h. de grab. «Del convento de S. Andrés de Malaga», «Cajon A núm. 176».— Exlibris ms. en port. «Del Carmen Calzado de Antequera».

Bibliografía: BLH, II: 68.—  Benezit, E., 1960: VI: 731.— Fernández, José, 1987: 60-68.— Sánchez Mariana, Manuel, 1996.— Mestre, 1987: 3: 51, 358, 408, 506.— Mestre, 1998.


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Comentario

Aunque el propósito de Nicolás Antonio era el de emprender una bibliografía universal, la Censura universal o juicio crítico de todos los escritores antiguos y modernos, este intento, de raíz gesneriana, se terminó concretando en la primera bibliografía nacional retrospectiva. En la Bibliotheca Hispana se recogen los escritores españoles desde la época de Octavio Augusto (63 d. C.) hasta mediados del siglo XVII. Como bibliografía de bibliografías y fuente de catálogos y bibliotecas españolas de la época moderna, su obra tiene el mismo interés que como repertorio bibliográfico nacional.

El primer volumen que se publica es, precisamente, el segundo de la obra. La Hispana Nova aparece en Roma en 1672 y recoge los escritores españoles que florecieron a partir de 1500. La elaboración de la Hispana Nova, a base de noticias de primera mano y de ejemplares consultados directamente, es un modelo de buen hacer bibliográfico. Sus índices y suplementos demuestran sin equívoco el rigor del autor.

Muerto Nicolás Antonio se publica, en 1696 y también en Roma, el primer volumen, la Hispana Vetus. El cardenal Sainz de Aguirre, amigo y condiscípulo de Antonio costea una edición de la que se ocupa uno de los representantes del nuevo humanismo, Manuel Martí. La biografía del autor y las anotaciones corren de su mano.

La Nova y la Vetus, en dos tomos cada una, tienen diferentes organizaciones y en su concepción, Antonio busca dar la estructura idónea a la materia. En la Vetus la ordenación es cronológica, para trazar un panorama diacrónico de la literatura española: latina, visigótica, medieval. Hay un suplemento para escritores árabes, Bibliotheca arabico-hispana, otro de escritores sin fecha precisa, un índice de cronistas y uno onomástico.

La Nova, sin embargo, está ordenada alfabéticamente por el nombre propio del autor. Su contemporaneidad hacía innecesaria una ordenación temporal para la que no existía distancia histórica suficiente. Se complementa con suplementos de anónimos, escritores españoles, autores extranjeros, que escribieron en castellano o en algún otro idioma vulgar de España o de la India española, famosos con obras notables en español, o que trataron de España en sus libros.


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Los siete índices permiten recuperar a los autores por apellido, lugar de nacimiento, órdenes seculares (dignidades, canónigos, porcioneros y colegiales), órdenes regulares (en las que se incluyen las militares), cargos y dignidades eclesiásticos, cargos y dignidades civiles, y, por último, un índice de materias en el que el conocimiento se articula en veintitrés materias.

La obra de Antonio se interpretó con un carácter nacional desde la edición príncipe. El grabado alegórico con el que se adornan los dos volúmenes de la Nova —por su condición de tomo primero de la obra— no deja lugar a equívocos: España entronizada, el león y el escudo a sus pies, recibe de manos de Minerva la obra de Nicolás Antonio. La diosa de la sabiduría ha depuesto las armas —la égida, la lanza y el casco— para coronarse de laurel y, arrodillada, entregar los libros. Al fondo, una rica librería adornada con guirnaldas representa el conjunto de autores españoles referenciados por Antonio. La Fama sobrevuela anunciando con su trompeta el título de un libro que hace historia «Bibliotheca Hispana».

Teresa del Pò es la responsable de este aguafuerte barroco, portal de la obra. Teresa es una miniaturista y grabadora, formada, junto con sus hermanos Andrea y Giacomo, por su padre Pietro, pintor y grabador palermitano. Pietro del Pò, alumno de Domenichino en Nápoles, es, sobre todo, un conocido grabador al aguafuerte en Roma. En España se populariza a través de sus cuadros en pequeño formato, muy próximos a la miniatura. Teresa ingresa como miembro de la Academia de San Lucas en 1678. Sus aguafuertes siguen tan de cerca la escuela paterna que, con frecuencia, es difícil distinguirlos. Muere en Nápoles en 1716.

En un siglo, la Bibliotheca Hispana es una obra que se cotiza en el mercado librero. En Madrid, en 1772, se pagan mil doscientos reales por un ejemplar impecable, con las láminas sin recortar y bien encuadernado.

A pesar de sus inconsistencias —la heterogeneidad de fuentes empleadas hizo que la Vetus quedase superada y que la Nova diese lugar a algunos equívocos y errores, al haberse basado Antonio en noticias poco fiables— la calidad y la envergadura de la Bibliotheca Hispana era tal que la erudición dieciochesca consideró prioritario reeditarla. En el programa editorial de obras bibliográficas españolas de González Barcia (1673-1743) se encontraba, también, una nueva edición de las Bibliotecas de Nicolás Antonio. Las crónicas de Indias, los tres volúmenes del Epítome de la biblioteca oriental y occidental de León Pinelo sí vieron la luz; sin embargo, la obra de Antonio, que tenía el máximo interés, ya que Barcia había adquirido sus papeles a la familia de Antonio, no llegó a publicarse. A su muerte, en 1743, su biblioteca se dispersó considerablemente entre los libreros y la Real Biblioteca Pública. Los papeles de Nicolás Antonio fueron adquiridos por Francisco Guerrero quien los vendió a la Real Pública.


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El proyecto se vuelve a poner en marcha durante el reinado de Fernando VI, promovido por el confesor real y director Rávago, pero solo se consigue reeditar, corregida y actualizada, en el de Carlos III, gracias al tesón de Pérez Bayer, motor de la empresa. Con el orgullo de publicar una obra patria, propia del programa nacional de recuperación de fuentes, y como expresión de autoridad bibliográfica, la Real Biblioteca Pública avala y promueve esta magnífica edición.

La diferente organización de la Bibliotheca Hispana la interpretó con agudeza Mayans y Siscar, que supo entenderla como dos obras distintas e independientes y justificar la ordenación cronológica de la Vetus como solución a uno de los grandes problemas con los que se enfrenta el humanismo nacional, la revisión crítica de los «chronicones falsos»; el orden alfabético de la Nova obedece, sin embargo, a un principio de coherencia bibliográfica que obliga a organizarla según las bibliothecae, puesto que su función no es crítica sino informativa y referencial.

El trabajo, en el que se empeña la Real Biblioteca Pública desde tiempos de Rávago, se prolonga en el tiempo. Tomás Antonio Sánchez, Juan Antonio Pellicer y Saforcada y Rafael Casabón se encargan de actualizar la Nova. En 1784, el hermano de Gregorio Mayans se queja a Pérez Bayer, verdadero motor de la edición, de que, después de cincuenta años que se está trabajando en la publicación, la Hispana ha de editarse «como quiera que sea».

Efectivamente, treinta años antes, en 1751, Gregorio Mayans comentaba a Bayer que Mena estaba reuniendo noticias de libros para añadir a la Bibliotheca de Antonio. Aludía Mayans al proyecto del reconocido librero madrileño de editarla por suscripción, una fórmula dieciochesca al uso para publicar obras especialmente costosas, voluminosas y susceptibles, como era el caso, de darse por entregas. El proyecto remoloneaba en la Real Pública, en manos de «los lagartos que manejan los manuscritos i la Bibliotheca de Dn. Nicolás Antonio»; llegaron a correr rumores de que se estaba imprimiendo en Leipzig, anotada por Mayans.

En 1754, Martínez Pingarrón, bibliotecario de la Pública, se queja al erudito: «aqui hemos sentido mucho esta novedad i noticia, si fuere cierta, porque se opone a ciertas ideas próximas i que aún están secretas». En 1773 siguen los rumores. Ahora se trata de la traducción de la Hispana —algo que ha hecho recientemente la Fundación Universitaria Española— sobre la que corre la especie de que el rey ha concedido licencia de impresión a alguien ajeno a la Real Pública.

La realidad es que Manuel Benito Fidel de Aguilar se está encargando de pasar al español, exclusivamente, el prólogo de la Nova; lo editará en 1787. Al publicarse, por segunda vez, se invierte el orden cronológico en la aparición de la obra; Pérez Bayer lo asume como un fatum sinistrum y comenta con José Antonio Mayans, en 1785, que no le queda más remedio que permitir que la Bibliotheca Hispana salga «por los pies» y que el retrato de Nicolás Antonio se ponga al principio de la Nova.

 

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