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GUEVARA, ANTONIO DE (O.F.M.)



Antonio de Guevara fue llevado por su padre, a la edad de trece años, a servir en la corte de los Reyes Católicos al príncipe Juan. Para él, nacido en la montaña de Santander, la corte fue el paraíso del placer y la despreocupación. La muerte del príncipe, de la reina Isabel y de su tío y protector, Ladrón de Guevara, le llevaron a tomar la decisión de abandonar la corte y retirarse a un convento. Ingresó en la Orden de San Francisco en Valladolid, y llegó a ser obispo de Mondoñedo.

La primera edición de Relox de Príncipes es la vallisoletana de Nicolás Thierry de 1529. El privilegio de diez años que Carlos V concede a Guevara para que se imprima en los reinos de Castilla considera libros «de mucha doctrina y provecho» los que le presenta su predicador y cronista, la traducción en romance de un libro llamado Marco Aurelio y el Relox de príncipes, una obra del propio Guevara. Francisco de los Cobos firma este privilegio en Burgos, el trece de diciembre de 1527. Para el reino de Aragón, se le concedió otro igual en noviembre del año siguiente, en Toledo. El privilegio para los reinos y señoríos de Castilla le fue renovado en 1537 por otros diez años.

«Emblema y metáfora», el título elegido por Guevara para este tratado misceláneo de orientación moral ofrecido al Emperador Carlos V, alude a la máquina por la que el hombre regula los actos de su vida y simpatiza con la afición del monarca al universo mecánico.

El Marco Aurelio circulaba por la corte ya en 1525. En el manuscrito de la Biblioteca de El Escorial, g. II.14, Guevara dice que el texto original lo había encontrado en la biblioteca de Cosme de Medici y que su labor había sobrepasado los límites de la traducción y había introducido sus propias reflexiones. El autor asegura que había empezado a trabajar el texto en 1518 y que años después, en 1524, Carlos V se lo solicitó para entretenerse durante una convalecencia. De hecho, las características físicas del manuscrito escurialense han llevado a Martín de Riquer y a Agustín Redondo a considerar que pudiera tratarse de esta copia de presentación. Aunque el autor se lamenta de que el texto le fue hurtado sin terminar y de que, incompleto, circuló por la corte y se dio a la imprenta, Blanco afirma que se trataba de una obra que presenta al Emperador concluida (Blanco, 1994: XIX). Se editó en 1528, bajo el título Libro áureo de Marco Aurelio, mientras Guevara preparaba la segunda redacción, titulada Relox de príncipes, que se dio a la estampa al año siguiente. Como se dice en el privilegio, se trata de dos obras diferentes, aunque en el Relox se contenga gran parte del Marco Aurelio.


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Se debe al impresor Germán Gallarde, que reedita el Relox en Lisboa, en septiembre de 1529, la confusión que ha llevado a considerar el Marco Aurelio y el Relox como una sola obra. Por una estrategia comercial, Gallarde cambia el título original del Relox y crea uno nuevo en el que los dos se unen: Libro del eloquentíssimo Emperador Marco Aurelio con el Relox de príncipes. El acierto editorial hizo que las obras se difundiesen por la imprenta europea bajo ese título, más o menos modificado. Menéndez Pelayo, aunque las distingue como obras diferentes, las cita como si se tratase de una sola, Marco Aurelio o Relox de Príncipes (Menéndez Pelayo, 1962: II: 111-117); su autoridad contribuirá a mantener la confusión.

La edición portuguesa de Gallarde introduce también otros cambios fundamentales que condicionan la fortuna editorial de estos textos. Al final del Relox se incluye en la edición lisboeta un apéndice con siete capítulos y nueve cartas del Libro áureo de Marco Aurelio, entre las que se encontraban las epístolas dirigidas a las cortesanas romanas, que Guevara había suprimido en la segunda redacción de este texto, es decir en Relox. El apéndice aparecerá, a partir de ese momento, en todas las ediciones, excepto en la valenciana de 1532.

La fortuna italiana de la obra de Antonio de Guevara está ligada al escritor zamorano afincado en Venecia, Alfonso de Ulloa, cuya labor como editor literario y traductor de textos españoles fue fundamental para la difusión de nuestros clásicos. Ulloa trabaja para varios impresores venecianos y la publicación de las obras de Guevara está repartida entre los talleres más importantes de la ciudad. Su traducción del Monte Calvario es la que más ediciones conoce en la ciudad durante el siglo XVI: Gabriel Giolito de’Ferrari (1555, 1556, 1557, 1558, 1559, 1560, 1562, 1564, 1565, 1570), Vincenzo Valgrisio y Baldassar Constantini (1565), Egidio Regazzola y Domenico Cavalcalupo (1571), Egidio Regazzola (1575). También lo imprime en Pesaro Bartolomeo Cesano, en 1557. Las cartas las edita con Vincenzo Valgrisio y Baldassar Constantini en 1557 y, después, con Valgrisio (1558, 1559) y con sus herederos (1575).

Bibliografía: Foulché Delbosc, 1915.— Guevara, Antonio de (O. F. M.), 1994: XI-LXXVII.

 

 

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