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Hernán Cortés, «De insvlis nvper inventis Ferdinandi Cortesii ad Carolum V...», Coloniae, 1532.
La complejidad de la historia española durante la Edad Moderna es homóloga a la del resto de los estados europeos en este período porque, en gran medida, deriva de que la monarquía no responde tanto a un principio único de nacionalidad como al de composición étnica y política. Sin embargo, la singular
herencia imperial que recibe Carlos V la convierte en una realidad aparte dentro de los otros poderes territoriales estatales de Europa.

Apoyar o rechazar la política del Emperador divide a una Europa dominada por la casa de Habsburgo. Las campañas militares y la acción de la propaganda política hispana configuran el teatro europeo durante este período. Si el turco y la herejía protestante son el enemigo por antonomasia, consolidar la figura del Emperador y mover simpatías y voluntades en torno a la idea de imperio hispano, se identifican como objetivos claros de una operación de propaganda asistida por la imprenta y el tórculo. El periplo del príncipe Felipe por los principales estados que forman el imperio de su padre Carlos V es el mejor ejemplo de la rentabilidad que el poder político puede sacar de la imprenta, en este caso concreto, del libro ilustrado.


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El felicíssimo viaje..., como la mayor parte de estos textos, es un producto de política tipográfica imperial por su concepción y por su materialización, ya que para asegurar una puesta en página impecable, se recurre a los evolucionados talleres tipográficos y a la alta calidad artística de las escuelas de grabado extranjeros. El Spectaculorum in susceptione Philippi, impreso en Amberes en 1550, es el libro que mejor difunde la teatralidad de los arcos triunfales montados en esa ciudad para recibir al Príncipe. Bodas, cortejos fúnebres, o entradas reales de la casa real española, conforman, durante largo tiempo, el corpus de una literatura generadora de los más efectistas libros de arte italianos, franceses, alemanes y flamencos, que buscan ganar apoyos y consolidar una imagen áulica de la monarquía hispana.

La política imperial se materializa en un despliegue militar sin precedentes, creando un panorama sombrío y bélico rechazable para quienes, como los humanistas, consideran la división de Europa un fracaso político, y algunas de las intervenciones del emperador —el saco de Roma es el mejor ejemplo— puros actos vandálicos. Esta literatura crítica pone de manifiesto la diferencia que el humanismo establece entre el fiasco de una política imperial que supone la desmembración europea y el éxito de la figura del emperador que aúna la autoridad militar y moral y arbitra el poder civil frente al del papado. Entre los humanistas, no es unánime la condena de los excesos militares de Carlos V: junto a los hermanos Valdés, Juan Luis Vives o Erasmo, que condenan la guerra entre príncipes hermanos de fe, pero apoyan las acciones militares imperiales contra el Papa, están autores como Delicado, que no dudan en reflejar las consecuencias sociales de esas actuaciones.

Por otra parte, las intervenciones bélicas en los diversos países obligan a España a desarrollar un arte y arquitectura militares adaptados a muy diversos territorios y tipos de combate. Guerra de trincheras, batallas navales, asedios o confrontaciones en campo abierto, exigen la evolución del armamento y la preparación técnica de los cuadros militares. Las escuelas de formación, como la de Matemáticas creada por Felipe II en Madrid, o la de Fernández de Medrano en Bruselas, juegan un papel fundamental en la preparación de una carrera con futuro, la de las armas. De las prensas de Bruselas, Milán y Venecia saldrán textos de formación como el Arte militar de Bernardino de Escalante (1588), la Plática manual de artillería de Luis Collado (1592), o el Diálogo de la verdadera honra militar de Jerónimo de Urrea (1566).


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La biografía, rigurosa o fabulada, es otro género usado con finalidad propagandística. Los protagonistas de la historia política y militar se convierten en materia preferida de unos libros que pretenden darlos a conocer bajo sus mejores perfiles. Evidentemente, la vida del Emperador ocupa un lugar destacado en esta bibliografía, pero también la de quienes capitanean las campañas militares. Italia, Venecia en concreto, destaca como centro productor de estos libros, ligada al nombre de Alfonso de Ulloa, ponderado por Benedetto Croce como «mediador entre literaturas»; Ulloa, a través de su labor con el impresor Giolito di Ferrara, es una pieza fundamental para la difusión de literatura española en Italia.

Juan Cristóbal Calvete de Estrella, «El felicissimo viaie del mvy alto y mvy poderoso principe don Philippe», Anuers, 1552.En el mundo exterior de la Edad Moderna, América ocupa un lugar preeminente. Aunque el expansionismo territorial es consustancial a las monarquías desde la Edad Media, la colonización ultramarina revoluciona el escenario europeo a partir de 1492. El descubrimiento y, sobre todo, la conquista abren un debate político y moral y sirven, en la Europa protestante, como ejemplo del horror de las confesionalidades forzadas. La obra del obispo de Chiapa, Bartolomé de las Casas, se imprime en todos los países donde el conflicto religioso entre católicos y protestantes es candente. A lo largo del siglo XVII surgen numerosas traducciones a partir del original en latín, Regionum Indicarum. La versión francesa es la más difundida porque puede abastecer a varios mercados, en especial a un público lector muy sensibilizado por el tema como es el de Holanda. La obra suele ir acompañada de un aparato ilustrativo que refuerza el mensaje buscando alentar el rechazo a una religión violenta y cruel. Aspectos más amables de la aventura americana, la gesta de los héroes y el exotismo de las tierras desconocidas, se recoge y difunde por Europa en obras literarias, como La Araucana de Ercilla, que alcanzan un gran éxito. Historia y literatura comparten, también en esta ocasión, el interés por una misma materia y muchos de los textos que se producen, el caso de las crónicas de la conquista es el ejemplo más claro, pertenecen a un género impreciso.

Por otra parte, antigüedades y erudición, consideradas ciencias auxiliares de la historia, son un terreno bibliográfico común a Europa. La utilización del latín, lengua de uso para esta literatura, ensancha las posibilidades del mercado impresor y lector. La fortuna europea de autores como Caramuel, Antonio Agustín o Nicolás Antonio se debe, en gran medida, a estas causas.

Se recomienda la consulta de las secciones de Política, Religión y Literatura.

 

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