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Pedacio Dioscórides
Acerca de la materia medicinal...



Descripción catalográfica



DIOSCÓRIDES, PEDACIO

Pedacio Dioscorides Anazarbeo acerca de la materia medicinal y de los venenos mortiferos; traduzidos de lengua griega en la vulgar castellana & illustrado con claras y substantiales annotationes y con las figuras de innumeras plantas exquisitas y raras por el doctor Andres Laguna medico de Iulio III Pont. Max.— En Anvers: en Casa de Iuan Latio, anno 1555.— [8], 616, [24] p.: il.; Fol.

p. [2]: Dedicatoria al conde de Mélito, don Rui Gómez de Silva; pp. [3]-[8]: Epístola nuncupatoria dirigida al príncipe Felipe (Amberes, 25 sept. 1555). p. [1]: Breve declaración de los pesos antiguos que algunas vezes en la obra presente ocurren. pp. [2]-[3]: Explicación de algunos términos oscuros... por el orden del abc; p. [3]: fe de erratas; pp. [4]-[22]: Tablas universales de todos los nombres; p. [23]: Privilegios de impresión; p. [24] en bl.

Sig.: &4, A-4L4.

Letra itálica, romana, griega, tablas a dos y tres col.

Sin marca de impresor.

Portada arquitectónica con escudo real.

Grabados xilográficos.

Biblioteca Nacional R/8514. Encuadernación s. XVI en piel marrón, con decoración en dorado y restos de policromía para el escudo real de Felipe II que aparece en el plano superior; hierros dorados en el plano posterior y tres cartelas en las que se puede leer la leyenda DIVO PHILIPPO D. CAROLI V FILIO // BRITANIAE GALIAEQ. REGI // HISPAN. PRINCIPI OPT. MAX.; lomo con 6 entrenervios; broches.

Bibliografia: Peeters-Fontainas, 1965: núm. 349.—Tesoros, (1985): núm. 25.

 


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Comentario

Editio princeps de la traducción al castellano de la monumental obra sobre farmacopea Peri hyles iatrikes (De materia medica). La obra fue escrita por el griego Pedanio (y no Pedacio como han transmitido los textos) Dioscórides que ejerció como médico militar al servicio del emperador Claudio, lo que le permitió examinar por autopsia la mayor parte de las plantas y minerales que incluye en su obra.

El tratado tuvo gran éxito tanto entre los médicos bizantinos como en la Edad Media a través de las traducciones latinas y árabes. Sin embargo fue durante el Renacimiento cuando la obra alcanzó mayor difusión. La primera edición de la versión latina es de 1478 y fue impresa en Colle (Toscana) por Pedro Paduano.

La primera edición de la obra en griego es aldina y vio la luz en 1499. En España la primera edición en lengua latina data de 1518. La impresión fue realizada en Alcalá de Henares por Arnao Guillén de Brocar bajo la supervisión de Antonio de Nebrija.

Esta edición de Amberes con la traducción de Laguna que ahora comentamos es, por tanto, la primera edición en lengua castellana del De Materia medica de Dioscórides.

Para conocer las razones que impulsaron al insigne médico Laguna a realizar la traducción de tan magna obra, conviene leer detenidamente la epístola nuncupatoria que dirige al príncipe Felipe pp. [3]-[8]. En esta epístola el doctor Laguna dice que, al comprobar que la obra había sido trasladada ya a todas las lenguas —es decir, al latín, al árabe, al francés, al alemán y al italiano—, salvo al castellano, consideró una obligación dar a conocer la obra en España y paliar de ese modo la ignorancia en materia medicinal.


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La conciencia de su utilidad pública se revela además en la solicitud que dirige al futuro monarca para que provea con fondos regios un jardín botánico, al igual que hacen los príncipes de otros países y la universidad de Italia, que se precian de tener en sus tierras muchos y excelentes jardines con todo tipo de plantas. Siguiendo las recomendaciones de Laguna, el rey fundó el jardín botánico de Aranjuez y se preocupó de forma continuada de la organización y cuidado de los jardines reales y potenció los estudios sobre jardinería y botánica.

La obra está dividida en seis libros: los cuatro primeros tratan de la naturaleza de todas las plantas y la propiedad de algunos animales dedicados al uso de la medicina. El quinto trata de la variedad de los vinos y de toda suerte de minerales. El último trata de la historia de los venenos mortíferos y de todas aquellas fieras que arrojan su ponzoña. Laguna ha completado la obra original con comentarios de carácter científico y con figuras de todas las plantas sacadas a imitación de las vivas y naturales, que tuvo oportunidad de ver durante sus viajes por Londres, Metz, Bolonia, o de las que hizo traer de Grecia, Egipto y Asia Menor.

A lo largo de la obra se hace evidente no sólo su condición de médico sino además su formación humanista, de hombre de letras. En primer lugar hay que hacer referencia a su conocimiento del griego, ya que, como señala en la epístola, la traducción al castellano la realiza a partir del original griego. En segundo lugar, su método de trabajo y su proceder, explicado en una breve nota dirigida al lector en las páginas [3]-[4] del final, es propia de un filólogo.

Durante su estancia en Italia al servicio del Obispo de Coria, el cardenal don Francisco Bobadilla y Mendoza, helenista alumno del Pinciano, Laguna hizo acopio de textos griegos de la obra tanto impresos como de mano, entre los que figura el que le prestó su amigo Juan Páez de Castro, a quien agradece su generosa contribución. Laguna coteja los ejemplares para optar por la mejor lectura, que incluye en un aparato crítico en los márgenes con las variantes o lecturas en griego que pudieran suscitar discusión. Añade comentarios en los que vierte su saber enciclopédico. En la traducción demuestra un gran dominio de la lengua ya que en algunos casos ofrece la forma culta y la vulgar o popular (Alvar, 1991). Su formación filológica se aprecia también en la adición al fin de cada entrada de los nombres de cada planta en griego, latín, árabe, bárbaro («que es la lengua que usan para las boticas»), castellano, catalán, portugués, italiano, francés y tudesco, para lo que probablemente se sirve de las traducciones de la obra en esas lenguas. Para los términos en portugués recibió la colaboración del doctor Luis Núñez, médico de la reina de Francia, y de Simón de Sousa, a quien no duda en calificar de «espejo de boticarios y diligente escudriñador de los simples medicinales». Completa esta labor con la inclusión al final del tratado médico de unos apéndices, que demuestran su afán por hacer de la edición en castellano una obra útil y científicamente rigurosa: una breve declaración de los pesos antiguos (pp. [1]-[2]); un diccionario, en el que, por el orden del abc, incluye todos los vocablos oscuros inexistentes en castellano, que se vio obligado a utilizar en su discurso para evitar los circunloquios y la prolijidad (pp. [3]-[4]). Las aclaraciones que ofrece en este breve diccionario son del tipo siguiente: «acerbo, se dize lo muy áspero al gusto; [...] barbarismo, por la tosca manera de hablar; [...] cacochymia, por la malatia de los humores; [...] decoction, por cozimiento», etc. Por último incluye unas tablas universales de todos los nombres (pp. [4]-[22]).


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La edición fue costeada por el propio Laguna, quien dedicó la obra al príncipe Felipe, sin duda buscando su protección y apoyo. Encargó su realización al impresor belga Hans Laet. La complejidad de la mise en page fue elegantemente resuelta con la elección de diferentes tipos de letras que producen un efecto visual de gran calidad: romana gruesa de Tavernier, pica romana, pequeña romana, itálica inglesa, pequeña pica itálica, griega (Tesoros [1985]: núm. 25).

Laguna reconoce su deuda con la obra del médico sienés Andreas Mattiolo (véanse la epístola nuncupatoria y la explicación que precede a las tablas) puesto que utilizó para la ilustración de las plantas las figuras que ilustraban su edición veneciana de 1544. Laguna mandó esculpir todos sus dibujos, pero además añadió otros muchos que él mismo había realizado por observación directa y que no figuraban en la edición de su amigo. El ejemplar que se conserva en la Biblioteca Nacional está impreso en vitela y presenta todos los elementos decorativos iluminados a mano: la portada arquitectónica con el escudo regio p. [1]; las orlas que enmarcan la dedicatoria de la p. [2]; la epístola nuncupatoria pp. [3]-[8], las xilografías que representan las plantas, animales y minerales y que ilustran todo el libro pp. 1-616 y la magnífica encuadernación en piel con el escudo real policromado realizado por el impresor y encuadernador Christophe Plantin, Voet (1969-1972, I: 245-246) y Gonzalo Sánchez-Molero (1998: núm. 471) indican que este ejemplar fue concebido para el príncipe Felipe.

 

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