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Juan Caramuel
Architectura civil, recta y obliqua...



Descripción catalográfica



CARAMUEL LOBKOBITZ, JUAN

Architectura civil, recta y obliqua considerada y dibuxada en el templo de Ierusalen [...] promovida a suma perfeccion en el templo y palacio de S. Lorenço cerca del Escurial que invento con su divino ingenio, delineo y dibuxo con su real mano y con excessivos gastos empleando los mejores architectos de Europa erigio el Rey d. Phelipe II por don Iuan Caramuel Monje Cisterciense, Dotor y Professor de Santa Theologia en la Universidad de Lovayna y ahora

Arçobispo-Obispo de Vegeven, Conde de Zem, &c del Consejo de su Magestad &c.— En Vegeven: en la Emprenta Obispal, por Camillo Corrado, año de 1678.— [26], 24, 58, [2], 71, [45], [68]; [4], 88, 77, [11], 109, [11]; [8] p., [10] h. de grab., XLVII h. de grab., [60] h. de grab., XLI h. de grab.; Fol.

p. [5]: A su Alteza Real el serenissimo principe don Iuan de Austria, etc.; p. [6]: Refierese en general lo que se contiene en este libro; p. [7]-[17]: Orden de los tratados, articulos y secciones en que estos dos tomos se dividen; p. [17]: Rev. dom. d. Dominici Piatti, Abbatis Dissenbergensis et de hoc libro qua latino et qua hispano iudicium; p. [18]-[23]: Catalogo de los libros que tiene impressos o esta actualmente imprimiendo el Ill. y Rev. S. don Iuan Caramuel [...] recogio sus titulos D. Domingo Piatti, abbad disenbergense etc., letor de Philosophia y Theologia y vicario general que fue en el obispado de Campania; p. 1-2: Libros que ha de procurar tener en su bibliotheca un architecto; p. 3-24: Discurso mathematico de D. Ioseph Chafron ayudante de ingeniero mayor del exercito en el estado de Milan en alabanza del autor y estos tres ingeniosos tomos de recta y obliqua architectura.

Obra en tres tomos con portada y paginación propias.

Sig.: [ ]1, *2, *4, A4, A-C4, A-G4, H2, A-I 4, a-d4, e6, A-H4, I2, [ ]2, A-L4, A-L 4, M2, A-P4, Q2, [ ]4

Texto a dos columnas. Letra romana e itálica, griega y hebrea.

Portadas con viñeta xilográfica. Anteportada (tomo I) con grab. calc. arquitectónico que representa un pórtico apoyado en 4 columnas salomónicas coronado por escudo real.

En vuelto de portada escudo de don Juan de Austria. Grab. calc. con retrato de Juan de Austria firmado por Jo. Franciscus Bugattus en p. [3] (tomo I). Láminas calcográficas (tomo III) grabadas por Simon Durrellus, Franciscus Bugattus, Caesar de Laurentis. Inciales, gráficos y tablas xilográficas intercaladas en el texto.

Biblioteca Nacional R/24887. Encuadernación moderna en tela verde; en planos Super libros: «V. P. Biblioteca de Salvá»; Ex libris de la Biblioteca de Salvá en tinta roja en las hojas de guarda.

Bibliografía: Salvá 1872, II: núm. 2 563.—Zamora, 1947: 69.—Bonet Correa, 1980: 317.


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Comentario

Para entender el tratado de Architectura recta y obliqua de Juan Caramuel (Madrid, 1606-Vigevano, 1682) es necesario ubicarlo dentro de la vastísima producción de este fecundo polígrafo, que fue ante todo un generalista y nunca abordó un tema, cualquiera que este fuese, sin replantearse sus fundamentos teóricos desde todas las perspectivas posibles, algo muy característico de las mentes enciclopedistas del XVII, como Athanasius Kircher o Descartes, pero que en Caramuel llega hasta el paroxismo.

Caramuel se interesa y escribe sobre la lengua, la literatura en general y el teatro y la poesía en particular, la pedagogía, la criptografía, la filosofía y la teología, la historia y la política de su tiempo, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, las matemáticas, la física, la astronomía, etc. De este modo, la clasificación de su obra que realiza el abad Domingo Piatto, y que se incluye en este tratado de arquitectura (p. [18]-[23]), —obras que tratan temas tocantes a las litterae humaniores, obras de filosofía, libros morales y libros matemáticos—, resulta bastante simple y reduccionista porque, bajo un título como el del tratado de arquitectura que aquí nos ocupa, se esconde una obra de carácter enciclopédico, casi una historia de la humanidad, plagado de excursus, digresiones y anécdotas de gran interés para los historiadores de la ciencia y el pensamiento. Tanto desde el punto de vista del contenido como desde el punto de vista formal, la producción de Caramuel se convierte en paradigma de los gustos del barroco (Misiti, 2000). El tratado de Architectura recta y obliqua es un buen exponente de ello.

La obra está dividida en tres partes o tomos; los dos primeros incorporan diferentes tratados, divididos a su vez en artículos y secciones de variado contenido, que ilustran su preocupación por clasificar y ordenar la materia: el primer tomo se inicia con un tratado proemial en el que se explica la construcción del templo de Jerusalén. En los cuatro tratados siguientes considera todas las ciencias necesarias al arquitecto. En el segundo tomo explica la arquitectura recta y oblicua.

Desde el punto de vista arquitectónico el tratado de Caramuel es esencialmente especulativo, destinado no al maestro de obras o al aprendiz sino al lector entendido en los temas objeto de debate y, por tanto, difícil de llevar a la práctica (Bonet Correa, 1984, I: XXI), a pesar de que la materia está ilustrada con una serie de láminas calcográficas, que el autor prefiere agrupar en el último tomo, y cuya ordenación justifica al comienzo del tratado IX. Si hemos de creer la declaración que hace el autor en la epístola dedicatoria, él mismo se encargó de su diseño y tardó más de cuarenta años en hacerlas esculpir y grabar. En efecto, alguna lámina está fechada en 1664 (lám. 3, parte II). Aunque la mayoría no están firmadas, en algunas podemos leer el nombre de Simon Durrellus, Franciscus Bugattus y Caesar de Laurentis, los tres grabadores de origen milanés, activos en la época en que Caramuel imprime su obra (Thieme-Becker, 1986-1989: s.v.).


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El embrión de este tratado lo encontramos en la Mathesis Architectonica que Caramuel publicó en latín, tercera de las cuatro partes de su obra fundamental que se conoce como Cursus mathematicus (1667-1668), que amplió y tradujo al castellano para la edición definitiva que realizó en 1678. El autor escribe en su lengua materna porque desea ser entendido:

porque las Ciencias y Artes no solo tienen sus propios términos sino también sus propias lenguas y no llegará a ser entendido quien en Madrid hable alemán o resolviendo questiones de Philosophia tome los vocablos en la significación que les dieron Cicerón o Virgilio. (Tratado 1, artículo 2: «¿Por qué se ha escrito en Romance este libro?».)

La obra fue impresa en Vigevano, cerca de Milán, en la amplia imprenta que el episcopado había constituido para la impresión de obras objeto de su interés, y que Caramuel mantiene y reactiva con la edición de sus obras. En ese momento se encuentra al frente del taller el tipógrafo milanés Camillo Corrado que sabe interpretar con destreza los deseos de un autor que marca las directrices en lo que respecta a la presentación material de su producción y que son también evidentes en esta obra. Esto se advierte en primer lugar en la elección del formato: Caramuel opta por el tamaño folio, un formato de lujo.

Igualmente se advierte en la puesta en página del ejemplar: Caramuel distingue tipográficamente las divisiones a las que ha sometido el contenido. Cada parte o tomo tiene una portada propia, semejantes las tres entre sí, salvo en el diseño de la viñeta xilográfica que aparece al pie y que representa en los tres casos dos angelotes que sujetan un compás y una regla, instrumentos que simbolizan el pensamiento esencialmente matemático de Caramuel. Las rúbricas que introducen los tratados están escritas en letras capitales de mayor tamaño que aquellas que introducen las secciones y artículos. La alternancia de las letras iniciales busca también diferenciar las distintas partes del texto: las grandes letras iniciales decoradas están destinadas al comienzo de cada tratado; las iniciales decoradas de menor tamaño al comienzo de cada uno de los artículos en que subdivide cada tratado; por último las iniciales sencillas aparecen al comienzo de las secciones en que el autor divide cada artículo. Son de reseñar los elementos decorativos — probablemente de su propiedad— que utiliza en la letrería que decora la edición y que aparecen en otras ediciones realizadas en Roma, en Sant’Angelo y en Campania: iniciales decoradas con elementos pertenecientes al escudo de armas del obispo (escudo con leones rampantes y águilas coronadas) cuyo linaje está emparentado con la casa real danesa de origen bohemio (Misiti, 2000); una inicial que aparece en una sola ocasión (p. 1, tomo I) con el retrato del autor; inicial con el escudo episcopal (con báculo y mitra y escudo cuartelado en cruz, que lleva gallina en cuarteles 1 y 4 y hoces afrontadas); una serie de iniciales que representan la imagen de la Virgen de Montserrat cuya devoción se explica por su pertenencia a la congregación benedictina y su relación con el monasterio de Montserrat en Viena que fue reforzado con monjes de la abadía catalana del mismo nombre.


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El texto está tan jerarquizado en artículos y secciones que en los índices y tablas ya no son necesarias las remisiones a una paginación. Si no fuera así, sería imposible articular esta obra que carece de numeración correlativa, no ya entre sus tres partes, sino incluso entre los tratados en que se subdividen dichas partes, que presentan cada uno una paginación individual. Esta paginación independiente confiere a la obra gran flexibilidad a la hora de ordenar o modificar el material, sin que ello afecte a la edición. Para que el lector pueda comprender todo este material, el autor presenta índices de contenido que coloca al principio de la obra; tablas con las cosas más notables que se contienen en los tomos primero y segundo; asimismo incorpora índices que detallan el contenido de las láminas calcográficas.

Caramuel dedica su tratado de arquitectura al príncipe Juan José de Austria, poniendo de ese modo la obra bajo su protección. Pero Caramuel busca reforzar este favor haciendo acompañar el texto preliminar con el escudo de armas y el retrato de don Juan de Austria realizado por el grabador Francesco Bugatti. Por último, en una muestra de hipérbole, reitera la dedicatoria al mismo mecenas en cada uno de los tomos de la obra.

Un componente habitual de las ediciones del siglo XVII junto a la dedicatoria son las composiciones preliminares en verso y en latín en las que los amigos del autor hacen una alabanza de la obra. En este tratado Caramuel rompe con esta formalidad y en su lugar inserta en primer lugar el catálogo de sus obras que realiza el abad Domingo de Piatti. Este catálogo termina con la anécdota protagonizada por el cardenal de Harrach que en una visita al monasterio de Praga se quedó impresionado por la cantidad de libros escritos por Caramuel. Esta anécdota por su sentido elogioso logra idéntico efecto que una composición en verso. Le sigue el Discurso mathematico en alabanza del autor y estos tres ingeniosos tomos de recta y obliqua arquitectura, texto en castellano y en prosa realizado por su amigo D. Joseph Chafrón, de origen valenciano, matemático y militar ayudante de ingeniero mayor del ejército en el estado de Milán.

El ejemplar de la Biblioteca Nacional lleva las marcas de propiedad de Vicente Salvá. En el catálogo de su biblioteca (Salvá, 1872, II: núm. 2 563) lo describe de la siguiente manera: «como esta obra se encuentra difícilmente completa y en buen estado, describiré mi ejemplar que es muy bello y lo creo perfecto». Salvá no hace mención del retrato del autor que incluyen otros ejemplares. Se trata no obstante de un grabado realizado por el grabador Franciscus Bugattus en 1679 y añadido con posterioridad.

 

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