Centro Virtual Cervantes

Obras de referenciaClásicos hispánicos

Enrique, fi de Oliva

InicioEnviar comentarios


Abreviaturas utilizadas

Subir



Después de todo esto passado habló la infanta doña Mergelina y dixo:
—Reyes, ya veis cómo el enperador vos ha dado por señor a Enrique fi de Oliva, esso mismo [f. 28v] otórgogelo yo, mas júrolo a Dios y a Santa María si todos a Enrique lealmente no aguardáis [347], [*] que a todos quantos de vosotros hallare y a vosotros mismos pienso hazer cruda [348] justicia.

E quando esto ovo dicho, levantóse Enrique en pie con su loriga vestida, y el almófar [349] por las espaldas, y la cofia [350] en la cabeça. Grande es de cuerpo y delgado en la cintura, y las espaldas complidas y muy hermoso en la cara, y muy bien hecho en todo por maravilla. Se despidió del emperador y la mano le besó, y fue a tomar por la mano a la infanta Mergelina diziendo:

—Señora, con vuestra gracia. Y rogad a Dios que vengamos con bien mucho aína.

Y dixo ella:

—Assí plega a Dios, amigo, ca si en otra manera ha de ser, no querría más bevir un día.

Y con mucho lloro lo encomendó a Dios. Y saliéronse a despedir de fuera de la ciudad.

Mas el almirante, como ombre apercebido, tenía allegadas sus gentes, ca serían bien sesenta batallas muy apuestas, y todos muy bien regidos [351] en la manera que havían de pelear. Y las quarenta batallas puso ante sí por los regir mejor. Y fuéronse a pelear los unos con los otros muy de rezio. Y de las gentes muchos fueron heridos.

Y Enrique esforçava [352] muy mucho a los suyos. Y los moros no lo podiendo sofrir, ovieron de dexar el campo y fuéronse yendo hazia la mar pensando que guarecerían [353] en sus navíos. Mas, no sabiendo cómo los christianos los havían tomado, halláronse muy burlados. [354] Y los christianos [*] fueron empós dellos en el alcance [355] hasta dentro en la mar, derrivando [*] y matando muchos dellos. [f. 29r] Assí que murieron muchas gentes, y los más dellos en tierra y dellos en la mar.

Y alcançó Enrique a Miranbel, el almirante, en la ribera de la mar y dos reyes con él, que lo ivan aguardando; a todos tres mató Enrique por su mano.

Tan grandes eran los polvos que unos a otros no se podían devisar, y los de Enrique perdiéronlo de vista y no sabían [*] a quál parte estava. Y hallóse solo en la ribera de la mar, y vio venir muchos moros y ninguno de su compañía.

Ívanse ya tornando de los suyos de cara [356] la ciudad. Y Mergelina supo de cómo havía vencido, y preguntó por Enrique, de cómo venían sin él. Y ellos dixeron que por [*] los grandes polvos que lo perdieran de vista y no sabían a quál parte fuera. Y dixo ella:

—¡Tornadvos alevosos, y idlo a buscar! Y a quantos sin él vinierdes, todos os haré ahorcar.

Y todos ovieron muy grand miedo de su señora, y más por el omenaje que le havían hecho a Enrique. Y tornáronlo todos a buscar con muy gran hemencia, [357] y halláronlo en la ribera de la mar. Y el rey de Sardeña [*] dixo:

—¡Por Dios, señor, por Dios! Que nos jugastes muy mal, que todos éramos en grand pensamiento porque assí vos apartastes de nosotros.

E dixo Enrique:

—Dexemos ya destas razones y mirad cómo está aquí muerto el almirante, el qual era señor destas gentes, y otros dos reyes que lo venían aguardando; por esso hazedlos desarmar, ca paréceme que tienen nobles guarnimentos.

Y decendieron y hizieron luego como Enrique man/dó. [f. 29v] Y en los guarnimientos del almirante hallaron piedras de muy grand virtud, y espada muy noble y muy tajante, [358] y una cinta de oro guarnecida [359] con piedras preciosas las quales eran muy nobles a maravilla. E tornáronse todos muy alegres a la ciudad.

Otro día en la mañana, quando el sol quería salir, los de la villa vieron a Enrique. Mucho alabaron con él el nonbre de Dios porque atán buen acorro les viniera por él.

Tan grande y tan apuesto era en todo, ca un codo [360] venía más alto que los otros reyes. Y fueron él y los reyes a decender al palacio do estava el emperador y la infanta. E dixo el rey de Sardeña: [*]

—Señores, ved aquí vuestro huesped Enrique, que mejor cavallero que él no nació en el mundo que assí sufriesse penas y afanes. Y comoquier que trabajo mucho haya pasado, viene tan rezio y tan alegre que da a entender que aún querría batallar; [361] y tened por bien que vamos a holgar a nuestras posadas, e después mandad cómo hagamos.


Subir

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Subir


El emperador y Mergelina dieron muchas gracias a Dios por el bien que le havía hecho, y loaron mucho a Enrique. Y Mergelina dixo a los reyes:

—Id a desarmar a Enrique en aquel palacio mayor, y después idvos a holgar a vuestras posadas, y vernéis luego porque tenemos de hazer otra cosa.

Aquel día fueron bien pensados y estuvieron de vagar. [362] Otro día de mañana los reyes con Enrique vinieron ante el emperador y dixeron:

—Enperador, señor, grand razón es que a Enrique deis grand galardón y grand honra, ca bien vos lo ha merecido. E bien vos dezimos verdad que bien cremos que mejor que él en el mundo no come pan.

Y el empera/dor [f. 30r] Manuel tomó a Enrique por la mano y púsolo a par de sí y dixo:

—Amigo Enrique, quiérovos preguntar si sois cavallero o sois por armar, que sabed que grand plazer he de vos alcançar en mi grand honra.

Respondió Enrique:

—Aún só por armar.

E dixo el emperador:

—Ceñirvos quiero la espada, a vuestra honra haré.

Mas grand vergüença ovo Enrique y dixo:

—Emperador, no lo tengáis a mal, que quando ove ganado el Sepulcro Santo y la Santa Vera Cruz y la puse sobre el altar, aconsejáronme ricos onbres que quando quisiesse ser cavallero que de encima de aquel altar tomase la espada, y que no quisiesse ser cavallero de otro onbre carnal. Y no quiero tomar de vos la espada, y no lo tengáis a mal.

E respondió la infanta Mergelina y dixo:

—Ruégovos, Enrique, quanto rogar vos puedo, que pues de mano de mi padre no os queréis ceñir la espada, que la queráis ceñir de mi mano, ca hija só de emperador y de emperatriz mucho honrada y de alto linaje, e yo tal só en mi cuerpo como el día que fui [*] nacida.

Enrique [*] ovo muy grand vergüença y dixo:

—Quiérolo hazer, infanta, porque vuestro ruego no quede menospreciado.

E Mergelina le ciñó la espada y dióle una pezcoçada, [363] como es costunbre de cavallería, y díxole:

—Niénbresevos, amigo, en las batallas que fuerdes cómo yo vos ceñí la espada.

E sonrióse Enrique y començóla de mirar y dixo:

—Infanta, señora, sacado me havéis de la costunbre de la tierra donde yo só nacido y natural, ca sabed que dueña que haze cavallero no da orejada [364] mas bésala [*] a todo su [*] plazer tres vezes.

Res/pondió [f. 30v] Mergelina y dixo:

—Amigo, no quiero que perdáis el uso de vuestra tierra. Por esso no quedará. Vos pedís tres besos, yo os quiero dar seis.

Y luego, ante todos, assí lo hizo sin ninguna vergüença.

E don Manuel, el emperador, mandólo luego asentar en su silla del imperio y santiguólo y bendíxolo. Y de aí mandó a los reyes y a quantos en la ciudad eran que lo recibiesen por señor. Y quando todos le ovieron fecho omenaje, pusiéronle la corona del inperio. E dixo Manuel, el emperador:

—Amigo, ya veis esta honra que vos he hecho, y porque sea [*] más conplida vos sois por casar y yo no tengo más de aquesta hija que después de mis días ha de heredar el imperio. Por esso os quiero casar con ella y daros el imperio, que bien creo que aunque [*] vos seáis bueno, que en tiempo del mundo no podríades mejor casar.

Respondió Enrique y dixo:

—Muchas gracias emperador, señor, por quanto bien y por quanta honra me hazéis que, comoquier que yo sea bueno y de buen linaje, lo que vos dezís es todo verdad.

Y las bodas fueron hechas muy grandes y muy complidas de alegrías. Y después que Enrique ovo estado allí un poco de tienpo con su muger, la enperatriz, estando una noche despierto en su cama, començó mucho a pensar en la traición que el conde Tomillas havía hecho a doña Oliva, su madre, diziendo entre sí que en mal punto él oviera nacido si él no lo vengasse, e que le parescía ser cosa muy mala ser él tan viejo y su madre no ser vengada, pues fue assí [f. 31r] desonrada y tan cuitada como él la havía dexado.

Y estando en este cuidado dio un grand sospiro. E Mergelina oyólo y dixo:

—Amigo, ¿qué havéis deste casamiento vuestro y mio? Si vos por aventura os havéis arrepentido, no lo deviérades hazer, ca yo vos di este imperio con seis reyes nuestros vassallos y todas las otras gentes que tenéis a vuestro mandar. Y si havéis tomado algún despagamiento [365] dezídmelo, de mí o de la tierra, y no me lo queráis negar.

Enrique como estava enojado no le quiso negar la verdad y dixo:

—Amiga, señora, de todo lo que vos dezís no tengo por qué tener algún pensamiento, ca mucho me tengo por bien casado con vos y por mucho honrado con este imperio que por vos tengo. [*] Mas estó pensando en cómo me partí muy niño de mi madre, la infanta doña Oliva, y con muy grand traición que le levantó el traidor del conde Tomillas y hízola partir del duque de La Rocha, mi padre; y tanto hizo que mi padre se uvo de casar con su hija Aldigón, por donde yo no quise más bevir de allí adelante si no tornavan a mi madre con mi padre y que la honrasse [*] assí como de ante solía. E vengaréme del [*] traidor del conde Tomillas.


Página anteriorPágina siguiente


 

Capítulo anterior: «De cómo se partió de Jerusalem Enrique...»
Subir
Capítulo siguiente: «De cómo después que Tomillas fue muerto...»

| Edición |

| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |

| Enviar comentarios |

Centro Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2002-. Reservados todos los derechos.