Y Enrique paró mientes fazia arriba, y no vio a la infanta porque luego se entró en la
torre. E luego Enrique desató el paño y halló las pieças de oro y dixo:¡O, Señor Jesuchristo!, bien sabes
quántas eran mis tierras y hazienda que yo gané y no las [*] quise por no mostrar alguna
codicia, y agora veo aqueste haver que me dan, y no sé quién por conortarme en mis
quexas y fatigas las quales yo conté, aunque ciertamente más quisiera yo un pan con que
tirase de mí esta hanbre que no quanto oro me pudieran aquí echar.
Y en esto Mergelina, la infanta, se
paró a oír lo que él dezía. Y mandó llamar a un senescal [296] que aí, en palacio, estava y
dixo:
Vé allí, al pie de la
torre, y hallarás un onbre desnudo en camisa al qual yo, estando a la ventana encima de
la torre, le oí dezir mucho de su vida, y según sus palabras que oí no me parece que es
hijo de algún ombre de baxa suerte, ante me parece que es onbre de muy alto linaje, y
porque gelo oí dezir. Y porque se está quexando mucho de hambre, traedlo lo más presto
[297] que pudierdes acá,
assí Dios vos bendiga.
Y el senescal puso luego por obra [f. 22r] lo que le mandó. Y entre
tanto decendió ella de la torre y fuésse al emperador Manuel, su padre, y contóle cómo
ella, estando encima de la torre viera aquel onbre pobre al pie de la torre, el qual
estava contando muchas penas y fatigas y llorando muy fuertemente, y cómo se nonbrava de
aquel alto linaje, y cómo havía embiado al senescal por él y que bien pensava que lo
trairía aína, al qual le mandaría traer delante de sí, e que le pedía por merced le
preguntase que quién era y que supiesse de su vida. E el emperador dixo:
Hija, bien veis vos que soy
muy viejo y cómo estó muy flaco, y assimismo cómo he perdido la hazienda y la vista,
que quarenta años ha que no vi sol ni luna. E si Dios quiere por su merced que a esta
grand quexa que nos viene a conquistar. Y si ombre de tan grand linaje, como vos dexistes
que se nombra, aquí fue venido, yo en mi lugar lo haría señor de todo mi imperio; e
sería contento de casarvos con él si él no es casado. Y, ¡por Dios!, si no havéis
enbiado por él, enbiad a muy grand priesa y sabed qué ombre es. Y en verdad vos digo que
si no lo halla que lo haré luego ahorcar. Y en tanto mandad que se alleguen todas las
gentes y se entren todos en la villa. E embiad muy apriesa mensajeros por los reinos de
nuestros vassallos [*] y
por todas las otras gentes porque ayamos acuerdo para haver consejo en esta guerra.
E el senescal que la infanta avía
embiado llegó al pie de la torre, en donde halló a Enrique por las señas que la infanta
le dixo. Y estava muy triste y sin plazer. Y díxole:
¡Ombre! Mi señora la
infanta [f. 22v] Mergelina vos
embía a rogar que vais a verla, y que haréis aí mucho de vuestro provecho. Y servos ha
mejor que no estar aquí que os mate alguno destos que vienen [*] contra la ciudad.
E respondió Enrique y dixo:
¡Por Dios!, dexadme estar
quedo, [298] que tanto he de
cuidado que no me nienbro de otra cosa salvo de mis conpañeros que tenía, porque son
idos a la villa anbos a dos [299]
a pedir pan por la grand hanbre que todos tres teníamos por la grand pena que pasamos. Y
si desnudo entrase en la ciudad, todos harían escarnio de mí, y no es mi persona para
parecer [300] assí, desnudo.
Y dixo el senescal:
Luego avéis de ir comigo, o
os tengo de dar con la vara, que en la mano tengo, un gran golpe.
Y Enrique ovo muy grand pesar del
senescal que assí era desmesurado, y porque no se desmesurase contra él, fuésse hazia
la cava [301] y saltó muy
ligeramente [302] de la otra
parte. Y como estava ayuno [303]
y muy cenceño [304] assí
saltó que el senescal quedó aí muy maravillado y muy espantado de cómo havía assí
saltado tan ligeramente, porque la cava tenía veinte pies en ancho y treinta en hondo. [305] Y bolvióse de cara Enrique
hazia el senescal y díxole:
A los ombres que avéis de
mandar heridlos si quisierdes, que si una arma toviese, veríades cómo me defendía de
vos.
Respondió el senescal y dixo:
Maldito seas de Dios porque
tal cava como esta, que la ciudad tiene que anparar, en tan poco la toviste de assí
salvalla [306] en un salto,
que no es apuesto a todos encavar [307]
la esperança. Mas si dentro, en la ciudad, te apaño, [308] yo te haré enforcar. [309]
A lo qual respondió Enrique
diziendo:
Esso no es en ti mas en Dios,
el qual me guardará. [f. 23r]
Y tornóse el senescal al emperador
y a la infanta y díxoles:
Señor y señora, yo hallé
el desnudo y roguéle de vuestra parte que viniese ante vos, y él me respondió
bravamente dándome a entender que no lo quería hazer. Y yo amenazélo con la vara que
llevava en la mano porque viniesse comigo; y él en tan poco me lo tuvo que se fue hazia
la cava y saltóla muy ligeramente de la otra parte. E tan grand salto le vi hazer que me
maravillé muy mucho; y bien pensava que no oviera moro ni christiano en el mundo que tan
grand salto pudiesse hazer. Y después que fue allende de la cava, hablóme bravamente
diziéndome que si alguna arma tuviesse que se defendiera de mí. |