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Introducción
El español
en EE.UU. se puede describir desde varias perspectivas: (1)
lenguas y dialectos en contacto, (2) una lengua con usos diferenciados
en la sociedad y en el ambiente familiar, (3) una lengua con gran
variabilidad (dialectos, sociolectos, etnolectos), (4) una lengua
que se relaciona con distintos grados de bilingüismo, (5) una lengua
que se ve desplazada a través del tiempo por la fuerza y poder del
inglés y (6) una lengua que sobrevive y adquiere importancia por
razones demográficas y económicas.
La presencia
del español en la sociedad estadounidense se manifiesta como radiaciones
de la lengua en forma «horizontal» y «vertical»
(Wardhaugh, 1987). La radiación «horizontal» se observa
a través de los espacios geográficos (California, Texas, Iowa, Atlanta,
Miami, el barrio Bronx en Nueva York,) y determinados grupos sociales
(los escolares, los comerciantes, los inmigrantes, los hispanos
bilingües de segunda o tercera generación). La radiación «vertical»
afecta a los diversos sectores sociales de la comunidad (la política,
la educación, la cultura, la religión, los medios de la comunicación,
la industria, el marketing y los negocios). El contacto entre
lenguas siempre supone un tipo de «conflicto lingüístico»
(Nelde, 1995). En el caso del español frente al inglés en los EE.UU.,
el inglés figura como la lengua dominante con mayor prestigio social
y potencial económico, lo cual influye la forma y los usos del español,
los niveles de bilingüismo, las actitudes lingüísticas y la política
educativa. En resumen, la sociedad estadounidense se refleja o se
revierte en el español como lengua minoritaria.
Este trabajo
se aproxima al español desde el punto de vista de (1) la identificación
cultural y los usos del español, (2) los usos del español en contextos
sociales, (3) el dominio lingüístico y la competencia comunicativa,
(4) los rasgos lingüísticos del español en los EE.UU., (5) las actitudes
lingüísticas hacia el español y el inglés, (6) el español en el
ambiente familiar, (7) los registros lingüísticos y la importancia
del español y (8) el desarrollo lingüístico entre los hispanohablantes.
Identificación
cultural y los usos del español
Los datos del
Censo Nacional del año 2000 revelan que hay 37 millones de personas
(13 % de la población) que se identifican con la comunidad hispana,
lo cual hace a los EE.UU. el quinto país más numeroso después
de México, España, Colombia y Argentina. Algunos datos del censo
del año 1990 indican que el 74% de la población hispana reside en
cinco estados (California, Texas, Nueva York, Florida e Illinois).
El 77% de la población ha nacido en países hispanos y el 44% ha
residido en los EE.UU. durante sólo 10 años o menos. El 58%
de los hispanos tienen una edad mayor de 18 años y tienen
empleo fijo. El poder económico del grupo sobrepasa los 228 billones
de dólares y los mercados más lucrativos se encuentran en
Los Ángeles, Nueva York y Miami. Los ingresos de la familia
hispana han aumentado de $14,712 en 1980 a $29,500 en 1996.
La identificación
con el grupo hispano no necesariamente está relacionada con el uso
de la lengua o un cierto dominio de la lengua. La conexión
entre la procedencia hispana o latina con el uso del
español como lengua materna (¿Qué idioma hablan en
casa? ¿Qué hablan tus padres, abuelos y hermanos y qué hablas
tú?) tampoco indica un determinado dominio de la lengua en
cuanto a los diversos aspectos que comprenden la noción de competencia
comunicativa en sus diversas manifestaciones: competencia gramatical,
competencia sociolingüística, competencia pragmática y competencia
textual (Canale y Swain, 1980; Bachman, 1990, Ramírez, 1995). Según
datos del Censo de 2000 el 10,7 % de la población que se identifica
con el grupo hispano declara hablar español en casa.
Por otra parte,
esta cifra no incluye a los niños hispanos menores de cinco años.
Los usos del
español en contextos sociales
Los conceptos
de diglosia (el uso habitual de dos lenguas para cumplir
distintas funciones comunicativas, Ferguson, 1959) y de dominos
sociolingüísticos (contextos sociales e institucionales donde
predominan el uso de una variedad o de un idioma, Fishman, 1965)
son relevantes para establecer los usos del español en los EE.UU.
En el caso de los dominios como «casa», «barrio»,
«recreo», «trabajo», «medios de comunicación»
y «gobierno» se pueden observar usos diferenciados del
español, el inglés y ambos idiomas (alternancia de códigos o variedades
mixtas) según la clase social (media u obrera), la zona geográfica
(rural o urbana) y la generación (primera, segunda o tercera) (Sánchez,
1983).
El inglés se
tiende a emplear en los contextos «formales» (gobierno,
educación, trabajo) como el principal medio de comunicación entre
los diversos grupos etnolingüísticos. El español, en cambio, se
utiliza en los dominios más «informales» (casa, vecindad,
negocios relacionados con la comunidad hispana, recreo) y en actividades
sociales de grupo (fiestas, bailes, ceremonias religiosas, reuniones
familiares).
En determinados
dominios sociolingüísticos, el uso del español ante el inglés puede
ser afectado por varios factores (Grosjean, 1982; Fasold, 1984;
Ramírez, 1992). Entre éstos figuran (1) la localidad del encuentro
(casa, oficina, trabajo, escuela, tienda), (2) los participantes
(amigos, parientes, personas desconocidas o de distintos rangos
sociales o profesiones o habilidades lingüísticas), (3) los temas
en la discusión (familia, deportes, política, tecnología), (4) el
tipo de locución (saludo, pregunta, orden, cumplido) y (5) el propósito
del encuentro (conversar, dar una orden, marcar diferencia social,
excluir a alguna persona). Al nivel individual, el uso del español
o las distintas variedades lingüísticas (español estándar, español
popular, español mezclado con inglés), se ve afectado por factores
como (1) el dominio de la lengua, (2) la edad, (3) el sexo,
(4) la generación, (5) la educación, (6) la profesión, (7) el estatus
económico (9) las actitudes lingüísticas y (10) el historial lingüístico
de cada individuo (Grosjean, 1982; Hoffmann, 1991). En un estudio
sobre el comportamiento sociolingüístico entre adolescentes hispanos
de diez ciudades, los factores de localidad (Albuquerque,
Chicago, Miami, Nueva York, San Antonio, etc.), lugar de nacimiento
(EE.UU., México, Puerto Rico, etc.), grupo etnolingüístico
(cubano, méxico-americano, puertorriqueño, etc.) y sexo (femenino,
masculino) influyeron los usos del español y del inglés en distintos
contextos sociales (Ramírez, 1991).
El dominio
lingüístico y la competencia comunicativa
El dominio
del español se manifiesta en distintas maneras: (1) a través de
las cuatro destrezas de la lengua (comprensión, habla, lectura y
escritura), (2) los componentes de la lengua (pronunciación, gramática,
vocabulario, semántica) y (3) los usos de la lengua (estilos, registros,
actos de habla y contextos sociolingüísticos). El dominio de la
lengua también se puede caracterizar por medio de niveles de
proficiencia global. Silva-Corvalán (1988) establece, a través
de un continuo lingüístico, cinco grados de competencia en español:
(1) esencialmente monolingüe en español, (2) dominio superior del
español ante el inglés, (3) bilingüe con un dominio equilibrado
en ambos idiomas, (4) dominio superior del inglés ante el español
y (5) dominio emblemático del español.
Attinasi (1979)
también ha identificado cinco distintos grupos lingüísticos entre
la comunidad puertorriqueña de Harlem en Nueva York. Los grupos
se clasifican según el grado de bilingüismo. Se encuentran (1) bilingües
con un alto grado de alternancia de códigos y préstamos del inglés,
(2) bilingües que de vez en cuando utilizan construcciones en las
que hay alternancia de códigos o mezcla con el inglés, (3) bilingües
con un mínimo porcentaje de préstamos del inglés, (4) monolingües
en español y (5) monolingües en inglés.
Los niveles
de proficiencia lingüística también se pueden definir de
acuerdo con el manejo de ciertos componentes de la competencia
comunicativa, siguiendo el modelo de ACTFL (1989, 1999). El
modelo de ACTFL incluye varios componentes de la comunicación:
(1) las funciones de la lengua (narrar, describir, preguntar, enumerar),
(2) los contextos sociales (formal, informal, ordinarios), (3) los
temas (asuntos personales, familia, comida, recreo, trabajo, temas
abstractos o discusiones sobre asuntos académicos), (4) las dificultades
en comunicarse con los distintos interlocutores (nativos en la lengua,
personas acostumbradas a comunicarse con hablantes que disponen
de pocos recursos lingüísticos) y (5) las formas textual (palabras,
oraciones, párrafos, discurso limitado o extenso).
Tomando en
cuenta el modelo de ACTFL, el bilingüe hispanohablante que tiene
un dominio superior del español ante el inglés tiene una capacidad
comunicativa para discutir diversos temas en distintos contextos
sociales y con diferentes interlocutores. El bilingüe con mayor
dominio del inglés sólo puede discutir algunos temas en determinados
contextos sociales con interlocutores bilingües empleando un código
restringido en muchos casos. Este tipo de bilingüe no puede mantener
la conversación en español al nivel de «discurso prolongado»,
ya que el habla normalmente se produce dentro de la extensión de
un «párrafo» o al nivel de la «oración».
El hispano con dominio emblemático del español tiende a comunicarse
a nivel de «palabras», valiéndose de fórmulas verbales,
palabras rutinarias o expresiones para identificarse o mostrar solidaridad
cultural con el grupo hispano.
Rasgos
lingüísticos del español en los EE.UU.
Se encuentra
una gran heterogeneidad de variedades de habla entre la población
hispana. Esta variación se observa a través de los dialectos
(el habla de una zona geográfica: Argentina, Colombia, Cuba,
El Salvador, España, México, Puerto Rico, Perú, Venezuela), los
sociolectos (el habla de un grupo de personas según la clase
social: alta, media, obrera, profesional, rural, urbana) y los ideolectos
(el habla al nivel de individuo: el español de una abuela monolingüe
de Albuquerque, el español de un universitario bilingüe de Texas,
el español de un abogado cubano de Miami, el español de Jennifer
López, etc.).
El español
del suroeste se ha caracterizado desde el punto de vista de un continuo
lingüístico: español estándar < > español popular<
> español mezclado< > caló< > inglés chicano<
> inglés estándar (Elías-Olivares y Valdés,
1982). El español estándar corresponde a una variedad que
registra escaso número de localismos, aproximándose a la variedad
escrita. El español popular contiene una serie de desviaciones
de la variedad estándar en cuanto a los distintos aspectos de la
lengua (fonología, morfosintaxis, léxico).
El español
mezclado y el caló contienen elementos del inglés (préstamos,
calcos, interferencias gramaticales); El caló además incluye
jerga asociada con el pachuco, el habla de personas delincuentes
en zonas fronterizas como El Paso, Tucson y ciudades como Los Ángeles.
El inglés chicano contiene elementos del español a nivel
de pronunciación, palabras o expresiones que manifiestan cierta
identificación cultural. Sánchez (1983) contrasta el español del
suroeste dentro de un marco de tres variedades principales: español
estándar< > español popular urbano < > español popular
rural. Cada variedad se diferencia por una serie de rasgos lingüísticos
además de contar con varios estilos o registros de
habla (informal, familiar, íntimo).
La variación
lingüística en la comunidad puertorriqueña de Nueva York se ha caracterizado
dentro de una tipología poliglósica que abarca las variedades estándares
escritas del español y del inglés, además de las distintas variedades
vernáculas o dialectales de ambos idiomas (Pedraza, Attinasi y Hoffman,
1980). El modelo permite la clasificación de aquellos hablantes
que no dominan las variedades estándares del español o el inglés,
pero que hablan un dialecto del inglés puertorriqueño además de
un dialecto del español de la isla, ya sea urbano o rural. El puertorriqueño
nacido en Nueva York puede hablar un inglés que se aproxima al estándar
y tener un dominio del español mezclado con el inglés. El puertorriqueño
educado en la isla que llega a Nueva York domina el español estándar
de la isla y una de las variedades locales, ya sea rural o urbana.
Su inglés puede verse influido por el español y ser clasificado
como una de las variedades dialectales mezcladas con alternancia
de códigos.
El contacto
entre el español y el inglés puede ocurrir en todos los niveles
del sistema lingüístico —fonológico, sintáctico y lexicón—. En
el plano sintáctico, por ejemplo, el inglés puede influir (1)
en el orden de palabras (El nuevo maestro es de San Diego.
< «The new teacher is from San Diego»), (2) en
el cambio de funciones de elementos gramaticales (Te cortaste
tu dedo con el cuchillo que tenías en tu mano. < «You
cut your finger with the knife that you had in your hand.»),
(3) en la desaparición de categorías obligatorias (Personas buscan
rebajas. < «People shop for bargains.»), (4)
en la fusión de dos formas en una [ser/estar] (Ella es
buena persona. Ella es enferma. < «She is a
good person. She is ill.») y (5) en la transferencia de formas
verbales (Pasó un día cuando estaba caminando pa’ la casa.
>«It happened one day when I was walking home.»).
En el plano léxico, la influencia del inglés se manifiesta en la
tendencia de aceptar inicialmente palabras de contenido o significado
cultural (nombre, verbos, adjetivos) antes de incorporar palabras
con funciones gramaticales (conjunciones, preposiciones, pronombres)
(Ramírez, 1998; Silva-Corvalán, 1989).
La incorporación
de préstamos del inglés al español se revela por medio de distintos
procesos o mecanismos de adaptación lingüística como en el caso
de la (1) adaptación fonológica (football>fútbol, sweater>suéter,
yard> yarda, switch> suiche, bunch> bonche),
(2) adaptación morfológica (lunch box>lonchera, to type>
taipiar, to catch>quechar, welder>güeldeador),
(3) adaptación o extensión semántica (application>aplicación
[solicitud], to attend> atender [asistir], question >
cuestion [‘pregunta’]) y (4) traducciones o calcos (round
trip > viaje redondo, washing machine > máquina
de lavar [‘lavadora’], to have a good time> tener un buen
tiempo [‘pasarlo bien’ o ‘divertirse’].
El intercambio
de dos lenguas o la alternancia de códigos por parte del mismo
hablante es un fenómeno común en poblaciones bilingües (Milroy
y Muysken, 1995). En ciertos casos, la alternancia ocurre en el
marco de una misma oración (Leo un magazine. No vamos
a ir al game tonight porque todavía no hemos comprado los
tickets. So you haven’t decided lo que vas a hacer
este weekend?). En otros casos, la alternancia
se observa en el conjunto de un grupo de oraciones ( [It’s
on the radio. A mí se me olvida la estación.], [I
just stopped. I mean, it wasn’t an effort that I made. ¿Qué
voy a dejar de fumar porque me hace daño?], [Porque allí
hay cashew. You don’t like them.]).
Cuando la alternancia de códigos ocurre en el marco de la misma
oración esto puede afectar al sustantivo, a la frase nominal o verbal,
a la subordinación o al uso de expresiones idiomáticas. La alternancia
puede ser de tipo «etiqueta» (Ave María, which
English? ), marcadores del discurso (Well…, So,
qué vas a decirle a tu madre?), interjercciones (Válgame,
why are you so angry?, Híjole...), y citas textuales
(Y un día cuando la conocí, me dice: Oh, my dear, mi hija
estaba en el baile en Knott’s Berry Farm.). Existe un
tipo de graduación en cuanto a la frecuencia o presencia de ciertos
fenómenos de alternancia, desde el tipo etiqueta, el más frecuente,
seguido por la alternancia dentro de la misma oración, después los
cambios a nivel de la frase y, por último, los cambios a nivel de
palabra (Poplack, 1980). La dinámica de la alternancia de códigos
se ve afectada por varios factores, incluyendo la competencia lingüística
de los hablantes, la edad, la generación, el sexo, la localidad
y la situación comunicativa.
Actitudes lingüísticas
hacia el español y el inglés
El concepto
de actitudes lingüísticas (Fishman, 1972) ha sido adoptado
por los sociolingüistas para referirse a la reacción evaluativa
o sentimientos hacia el uso de la lengua. El concepto incluye actitudes
hacia el idioma (el francés tiene sonidos supuestamente más agradables
de escuchar que los sonidos broncos del alemán), hacia unos
rasgos lingüísticos (puelta por puerta, ajuera
por afuera, semos por somos), hacia las distintas
variedades de la lengua (el español Buenos Aires vs. el español
de Bogotá o de Sevilla) o hacia el idioma como marcador de
grupo (el quechua como la lengua de los campesinos y el castellano
como la lengua de los criollos en Lima, Perú).
Los estudios
sobre las actitudes lingüísticas entre los hispanohablantes han
investigado las opiniones o creencias acerca de (1) los usos del
español en la sociedad, (2) las variedades del español en el suroeste,
(3) la alternancia de códigos y (4) el español como símbolo de unidad
cultural, marcador de identidad hispana o instrumento para proyectar
orgullo hispano o latino. Las actitudes lingüísticas a veces
se manifiestan a través de las propias palabras del hablante: «fue
culpa mía de no aprender más por no poder como se dice, apreciar
la idioma hasta que la entré a colegio» [un estudiante
de California]; «dicen que no es español, dicen que está
muy americanada que it’s too Americanized esta, esta lengua de nosotros…estos
muchachos no hablan correcto español, ¿cómo les vamos a enseñar?»
[un estudiante de Texas] (Sánchez, 1983).
El valor o
la importancia del español se ha investigado considerando la lengua
como un instrumento para realizar propósitos instrumentales
(conseguir un trabajo, cumplir una meta escolar, escalar en la profesión)
o integrativos (tener más amigos hispanos, comunicarse con
distintas personas de procedencia hispana, participar en actividades
de la comunidad hispana). Las actitudes varían entre los hispanohablantes
en los EE.UU. Por ejemplo, el valor que asignan algunos adolescentes
al español, visto como un instrumento «para cumplir metas
profesionales», es superior en Miami que en el Bronx o en
San Antonio. En cambio, el español «para tener más amigos
hispanos» es más importante en Los Ángeles que en Miami o
San Antonio (Ramírez, 2000). Las actitudes sobre el español en el
sur de Texas, por ejemplo, se han mantenido constantes a través
de las últimas dos décadas, desde 1982 hasta 2000 (Mejías, Anderson-Mejías
y Carlson, 2003). No se han observado cambios significativos
en ninguna de las cuatro dimensiones: (1) comunicación (empleo el
español para comunicarme con mis padres, parientes y amigos), (2)
instrumental (empleo el español porque me ayuda a ganar más dinero
en mi trabajo), (3) sentimental (empleo el español porque es una
lengua muy bella) y (4) tradiciones, cultura (empleo el español
para mantener mis valores tradicionales).
Los hispanohablantes
tienden a manifestar diferentes actitudes hacia las variedades del
español. En ciertos estudios sobre el español del suroeste entre
adolescentes hispanos, se ha observado que las actitudes son más
favorables con las variedades que se aproximaban al español estándar
(el español estándar mexicano; el español con algunos rasgos dialectales
o locales). En cambio, las actitudes son menos favorables cuando
se trata de variedades con problemas gramaticales o rasgos del inglés
(el español con desviaciones sintácticas, morfológicas y fonológicas;
el español que mezcla o alterna con el inglés) (Ramírez, 1992).
Los juicios lingüísticos se ven afectados por tales factores como
la zona geográfica, el lugar de nacimiento y el sexo del informante.
Los adolescentes
hispanohablantes tienden a evaluar su propia variedad de español
favorablemente. Califican su español «bueno» «claro»,
«útil», «familiar» y «sencillo».
Cuando se les pide que indiquen «dónde se habla buen español»,
ellos responde con el siguiente orden de preferencia en cuanto a
variedades nacionales: España (45%), México (27,5%) y Puerto Rico
(14,2%). Por otra parte, cada grupo hispano (cubano, méxico-americano,
puertorriqueño) mantiene un cierta lealtad lingüística a su comunidad.
El grupo cubano (Miami) menciona a Cuba y a Miami como los lugares
donde se habla «buen» español. El grupo puertorriqueño
(Bronx y Amsterdam) cita a Puerto Rico y a Nueva York, mientras
que el grupo méxico-americano (San Antonio, Albuquerque y Los Ángeles)
nombra a México y a Nuevo México. El grupo cubano también menciona
a países como Costa Rica y Colombia, lo cual indica una sensibilidad
a otras variedades de la lengua. Desde el punto de vista del estatus
social relacionado con variedades del español, algunos dialectos
cuentan con más prestigio y a otros se les asigna menos valor social.
Parece ser que los hispanohablantes que estudian español como una
asignatura en las escuelas secundarias, tienden a valorar el español
peninsular más favorablemente que las variedades o dialectos que
se hablan en Hispanoamérica o en los EE.UU. (Ramírez, 2000).
El español
en el ambiente familiar
El desarrollo
de la competencia lingüística y el logro en cuanto al grado de bilingüismo
se ven influidos a gran escala por el contexto socio-cultural (Gardner,
1985). El ambiente familiar y de la comunidad condiciona las creencias,
los valores, y las actitudes entre los niños, lo cual puede afectar
la motivación de aprender una lengua o dialecto y desarrollar la
competencia comunicativa dentro del sistema escolar. El ambiente
lingüístico en los hogares hispanos corresponde a ciertos tipos
o patrones de comunicación entre los familiares. Zentella (1988),
por ejemplo, ha documentado cuatro distintos patrones de comunicación
en los hogares puertorriqueños de Nueva York:
Patrón
uno: Los padres o adultos encargados de los niños hablan español
exclusivamente entre sí y a los niños; éstos responden a los adultos
en español y hablan español e inglés entre ellos (26% de una muestra
de19 familias).
Patrón
dos: Los padres o encargados emplean el español entre sí y
al dirigirse a los niños, pero a veces uno de los adultos utiliza
el inglés al comunicarse con los niños; los niños responden a
los adultos en ambos idiomas, prefiriendo el español con los adultos
y el inglés entre hermanos (47%).
Patrón
tres: Los padres o encargados emplean el inglés entre sí y
con los niños. Uno de los adultos a veces utiliza el español al
dirigirse a los niños; los niños entienden el español, pero responden
en inglés y usan el inglés entre hermanos (16%).
Patrón
cuatro: Los padres o encargados alternan entre el inglés y
el español y emplean préstamos del inglés al hablar entre sí y
al dirigirse a los niños que comienzan a hablar; esta situación
corresponde a parejas jóvenes, de 20 a 30 años de edad, que han
nacido y se han criado en Nueva York (11%)
El uso del
español y la orientación cultural de la familia hispana refleja
distintas consideraciones lingüísticas. Schecter y Bayley (1997)
documentan ciertas prácticas culturales entre algunas familias méxico-americanas
de California y Texas. Cada una de las cuatro familias adopta ciertas
estrategias para confrontar la realidad sociolingüística que le
rodea:
La familia
Villegas (San Francisco, California): Adaptarse desde la élite
de México al mundo del hispano en EE.UU.
- Inscribir
a la hija en una escuela que exige rigor académico.
- Confrontar
«un español muy pobre» en la escuela, la comunidad
y los medios de comunicación.
- Establecer
estrategias para combatir la pérdida del español (Hablar solo
español en casa); participar en actividades escolares y en la
enseñanza del español a los niños de origen mexicano en los
niveles de educación básica (K-4).
La familia
Hernández (San Ignacio, California): Mantener valores tradicionales
en cuanto al idioma y la cultura
Instituir
un ambiente organizado en casa con tareas y obligaciones para
cada miembro de la familia.
Crear
oportunidades para emplear el español, aunque el padre tiene
poco dominio del español y los niños se comunican mayormente
en inglés.
Continuar
con los fuertes lazos culturales que mantienen con los familiares
de México; se tiene en mente mandar al hijo mayor a hacer sus
estudios en una escuela secundaria en México y a la vez vivir
con la abuela materna.
La familia
Torres (San Antonio, Texas): Restaurar el uso y domino del español
Emplear
el español más en casa y en distintas situaciones sociales.
Los padres fueron educados en inglés y ellos emplearon el inglés
exclusivamente con la hija con el fin de facilitar la transición
a la escuela.
Adoptar
estrategias concretas para combatir la pérdida del español;
las actividades incluyen «lecciones» sobre el español
semanalmente, discutir las telenovelas y emplear el español
exclusivamente un día por semana.
Asistir
a servicios religiosos en español, teniendo en cuenta que la
escuela no hace casi nada para facilitar el mantenimiento del
español.
La familia
Báez (San Antonio, Texas): Mantener la cultura hispana y crear
un estado de conciencia acerca de la relación entre la cultura
y el idioma
- Promover
entre los hijos un estado de conciencia para que aprecien su
herencia hispana que se manifiesta a través de la música, la
comida y las tradiciones culturales.
- Participar
en encuentros familiares intergeneracionales aunque presenten
dificultades debido a las distintas habilidades del español
entre los familiares.
- Intentar
apreciar más profundamente la conexión entre la competencia
comunicativa en español y la continuidad cultural hispana.
El uso del
español en el ambiente familiar conlleva consecuencias en el rendimiento
escolar. Lambert y Taylor (1996) concluyeron que la situación socio-económica
de la familia afecta al desarrollo lingüístico y al logro académico
entre los niños. Según el estudio, las madres cubanas en Miami de
«clase obrera» motivaron a sus hijos para que aprendieran
bien el inglés para poder tener mayor éxito en la escuela y en la
sociedad. Sin embargo, la política lingüística familiar de «no
desarrollar el español» en casa, no se relacionó con mayor
rendimiento escolar. Las madres de «clase media», en
cambio, facilitaron el desarrollo del español en casa, lo cual sí
se vio asociado con un mayor rendimiento escolar. Esta contradicción
es importante, porque en el caso de las madres de «clase obrera»,
el desarrollo del inglés se manifestó con una pérdida del español
(bilingüismo de tipo «sustractivo»). El uso de español
en casa por las madres de «clase media» no se manifestó
negativamente en el desarrollo de la competencia comunicativa en
inglés por parte de los hijos (bilingüismo de tipo «aditivo»).
Los investigadores alegan que los jóvenes hispanohablantes tendrán
muchos años para desarrollar la competencia en inglés en los distintos
contextos sociales e institucionales, incluyendo el mismo proceso
de escolarización.
Los registros
lingüísticos y la importancia del español
Los usos del
español y del inglés en la sociedad estadounidense responden, en
parte, al estatus de la lengua y las funciones que desempeña el
idioma en el país. Los registros (estilos de la lengua según el
contexto) para asuntos formales, técnicos y académicos se realizan
principalmente a través del inglés. Los textos de este registro
incluyen documentos legales, libros escolares, artículos en revistas
académicas, informes oficiales de comisiones, entre otros. Los registros
para asuntos menos formales y relacionados con temas de interés
local o personal se efectúan mayormente en inglés y algunos de ellos
se llevan a cabo en español. Los textos representativos de este
registro consisten de cartas de negocios, libros con temas literarios,
informes en los medios de comunicación, noticias locales en la radio
o televisión. Para los registros que se consideran de nivel «bajo»,
los programas en la televisión, las revistas para un público hispano,
las cartas para asuntos personales y las conversaciones entre amigos
se pueden elaborar en español (Valdés y Geoffrion-Venci, 1998).
La importancia
del español en los EE.UU. ha ido evolucionando en los últimos años.
Por un largo período, el español se ha visto como un problema
en la sociedad, las escuelas, el sistema político y la vida familiar.
Algunas personas han insistido que el uso del español debe de plantearse
dentro de la política de los derechos humanos, los cuales
hay que respetar con unos derechos lingüísticos que permitan el
uso del español en distintos contextos sociales. Desde 1998, el
español empieza a valorarse como un recurso lingüístico nacional,
que tiene un papel importante que desempeñar en la defensa y seguridad
del país, en los asuntos diplomáticos y en el comercio (Peyton,
Ranard y McGinnis, 2000). Este movimiento nacional considera al
hispanohablante por crianza (heritage speaker) un estudiante
ideal para participar en un plan educativo dedicado a desarrollar
la competencia comunicativa a altos niveles de dominio de la lengua,
al nivel superior o al nivel distinguido siguiendo
los criterios de ACTFL (Malone, Rifkin, Christian y Johnson, 2003).
Al mismo tiempo,
el español se utiliza en los EE.UU. como un instrumento de mercadeo
para acercarse a la comunidad hispana en el país. La América de
Wall Street cada vez se ve más inclina a vender servicios y productos
por medio del español. Esto implica una extensión del español escrito
a diversos tipos de textos anteriormente reservados para el inglés
(anuncios, directivos, folletos, informes del gobierno, instrucciones
en productos comerciales, libros, revistas y señales). Además, se
observa una radiación dramática del español a través de los medios
de comunicación (CNN en español, CBS Telenoticias, Univisión y Telemundo).
Desarrollo
lingüístico entre los hispanohablantes
El desarrollo
de la competencia comunicativa entre los hispanohablantes dentro
del marco escolar implica considerar una serie de decisiones relacionadas
con la planificación lingüística. Según Rubin (1973) un plan
lingüístico debe de realizarse a través de cuatro etapas: (1) selección
de objetivos (identificar las metas lingüísticas, determinar el
uso, dominio y actitudes al nivel del individuo y de la comunidad),
(2) desarrollo de materiales y recursos didácticos (recoger información
y materiales de otros proyectos, incorporar recursos de la comunidad
y de los países de habla hispana, preparar materiales para cumplir
metas lingüísticas específicas), (3) implementación del plan (efectuar
el plan lingüístico con un sistema de evaluación para valorar cada
objetivo (desarrollo de la competencia comunicativa oral y escrita;
desarrollo de la competencia textual, desarrollo de la competencia
sociolingüística) y (4) evaluación del plan (determinar hasta qué
punto se han cumplido los objetivos del plan, reformular los objetivos,
cambiar los materiales, recursos y métodos de instrucción, si es
necesario). La planificación lingüística también se puede dirigir
a la población adulta en la comunidad hispana, como sería el caso
de programas de alfabetización en español para adultos inmigrantes
(Ramírez, 1994).
Hay que recordar
que la planificación escolar para desarrollar la competencia comunicativa
entre hispanohablantes incluye factores lingüísticos y extralingüísticos
(Valdés, 2000). Algunos factores son de tipo afectivo (la motivación
para ampliar el repertorio lingüístico en español, las actitudes
lingüísticas hacia variedades del español y del inglés, cambios
en la identidad cultural); otros se relacionan con asuntos sociolingüísticos
(la lengua en el ambiente familiar, los usos del español en la sociedad
y los cambios demográficos que afectan la continuidad o el desplazamiento
del español).
Actualmente
no existe un plan coordinador a nivel nacional o estatal para desarrollar
la competencia lingüística en español entre los hispanohablantes
de los Estados Unidos. Existen asignaturas en la escuelas secundarias
y universidades para enseñar español a los hispanohablantes. También
hay programas bilingües en las escuelas elementales en las cuales
se emplea el español como idioma de transición para llegar a una
instrucción monolingüe en inglés. Uno de los retos más recientes
en la política educativa es como valerse de los recursos lingüísticos
entre la población estudiantil hispana para desarrollar una competencia
comunicativa en español a altos niveles de proficiencia (niveles
en la escala de ACTFL al grado de «superior» o «distinguido»).
El planificar un desarrollo lingüístico en español a altos niveles
de competencia comunicativa supone tomar en cuenta una series de
asuntos pedagógicos: (1) ¿Cómo se enseña el español para
que se mantenga?, (2) ¿Cómo se enseña la variedad estándar
de español?, (3) ¿Cómo se amplia el repertorio lingüístico
entre hispanos bilingües?, (4) ¿Cómo se transfieren habilidades
lingüísticas del inglés al español? (Valdés, 2000). Las respuestas
a estas preguntas son complejas ya que envuelven temas relacionados
con el ambiente familiar, los usos del español en contextos sociales,
las actitudes lingüísticas hacia el español y el inglés, la política
educativa y la importancia del español en la sociedad estadounidense.
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