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Televisión internacional, lengua
internacional
Raúl Ávila
Profesor del Centro de Estudios
Lingüísticos y Literarios del Colegio de México.
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La televisión ha ido ampliando su
espacio. De las grandes ciudades ha pasado a las pequeñas, y de éstas a los pueblos.
Penetra en casas de todos los estratos sociales, bajo la única condición de que cuenten
con corriente eléctrica. En América
y con esto digo Hispanoamérica, para que no se apropien del nombre otros
países, incluso las minorías étnicas escuchan televisión en español en sus
aldeas, casi siempre situadas en lugares de difícil acceso. |
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Todo esto ha sido posible gracias
a la capacidad de conexión y difusión de la televisión y de los medios en general. Las
comunicaciones electrónicas han rebasado los límites nacionales[1] y han hecho realidad especialmente la televisión
la idea de la aldea global, en la cual como ya planteaba McLuhan[2] cada individuo se encuentra presente en cada rincón del
mundo. En ese espacio sin límites todo parece ser parte de nuestra cultura y, dentro de
ella, la lengua es fundamental. Mediante ella comentamos e interpretamos todos los demás
productos culturales, incluida la propia lengua. Además, una lengua une a todos los que
la hablan, los identifica como miembros de la misma comunidad lingüística.
La lengua española es el vehículo de
comunicación de casi 380 millones de personas.[3]
Cuando uno viaja por los países hispanohablantes confirma lo obvio: aunque no conozcamos
a la gente, conocemos sus palabras, y conocen las nuestras. Esa es la condición básica
de la comunidad idiomática: la posibilidad de establecer la comunicación no sólo con
los conocidos, sino también con los desconocidos. Las preocupaciones sobre la posible
diversificación del español que surgieron en el siglo pasado, difícilmente se sostienen
en la actualidad. |
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El analfabetismo se ha reducido
considerablemente, lo que permite que cada vez más personas lean libros, revistas y
diarios. Además ahora son frecuentes los viajes por diferentes medios y tenemos
comunicación instantánea por teléfono, fax, oredenador, radio y televisión. Todos
estos hechos se sustentan en una lengua que facilite la comunicación oral y escrita. Por
eso de manera consciente o inconsciente todos deseamos y buscamos mantener una
lengua estable, que se enriquezca y modifique, pero sin perder su unidad esencial.
La
televisión, el español y los críticos
La televisión divierte, informa y preocupa. En
la actualidad la gente está informada de bailes y bodas, de héroes o villanos de
telenovelas, del mercado de valores de diferentes ciudades, de guerras y secuestros, o de
quién ganó en las elecciones. Además, recibimos ese caudal de información en nuestros
propios hogares, de manera casi instantánea en relación con los acontecimientos. Por eso
la televisión preocupa, tanto por el contenido de los mensajes que sale del ámbito
de este texto como por el lenguaje en el que se expresan. |
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En cuanto al lenguaje, la actitud
más general parece ser la de crítica. Un erudito mexicano considera que «la
televisión, en efecto, es el punto en que confluyen todos los elementos contaminantes del
habla cotidiana, todos los giros vitandos, todas las vulgaridades»[4]. Y continúa con una advertencia sobre «el peligro que corre,
no sólo nuestra lengua en bocas que no tienen interés alguno en conocerla mejor, sino el
público que recibe, casi como una comunión, los mensajes que se le quieren trasmitir. A
mayor influencia de personas mal preparadas, corruptoras del lenguaje, mayor riesgo de
infección en el habla de los telespectadores».[5]
La televisión española parece ofrecer un
panorama semejante, pues en su lenguaje se han encontrado «violencias, anomalías,
deformaciones, barbarismos, neologismos, alteraciones, extranjerismos, etc»[6]. e incluso se han escrito libros, como Teleperversión de la
lengua, cuyos autores se quejan de «la incompetencia lingüística de los
periodistas, especialmente de los que trabajan en la televisión», ya que «una vez
cometido el error ya no hay manera de enmendarlo antes de que llegue a oídos del oyente o
telespectador»[7]. Y algo semejante se dice de la
televisión venezolana, en un libro cuyo título es suficientemente explícito: El
pobre lenguaje de la televisión.[8] |
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Todas estas actitudes, por
supuesto, se explican en la medida en que la lengua es de todos, y como consecuencia todos
tenemos derecho a opinar sobre su uso. Afortunadamente hay personas sensatas que matizan
sus opiniones[9]. En todo caso, la crítica se
justifica, además, si se considera la influencia de la televisión y el hecho de que
para bien o para mal promueve y difunde los usos del lenguaje.[10]
Sin embargo, los excesos en la búsqueda de un
purismo sin bases pueden causar inseguridad en quienes de una o de otra manera
utilizan el español en los medios. Esa actitud, casi de angustia, es la que parecen
reflejar las palabras de un periodista colombiano. En su país, dice, «nos agobian los
purismos, los arcaísmos, los barbarismos, los galicismos, los anglicismos, los cultismos,
que centenares de espontáneos con ojos de lince y lupa de Sherlock Holmes persiguen,
acosan, cazan y, por último, exhiben como trofeos». Y continúa señalando que, ante esa
situación, mejor sería no hablar ni escribir: «en boca cerrada no entran moscas. Pero
resulta que nuestra tarea es mantener la boca abierta y bien abierta para
comunicar hechos e ideas».[11] |
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Lo anterior muestra la necesidad
de ubicar la posición de los críticos. Sus opiniones enfrentan varios problemas en
relación con los usos que consideran desviantes o divergentes, como prefiero
llamarlos. El primero de ellos consiste en que, cuando se habla de usos divergentes, no se
dice explícitamente con respecto a qué modelo. Cuando se dice, se toma como referencia
la norma castellana, lo que implica un nuevo problema, pues esa variante no es la única
e, incluso, resulta minoritaria desde el punto de vista demográfico.
Los modelos son otros en la realidad. Habrá que
considerar la norma general o hispánica[12]
que se construye entre todos, especialmente a través de los medios y plantear
las convergencias o divergencias en relación con ese modelo. |
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A partir de la norma hispánica
es necesario considerar como divergentes, entre otros, no sólo los mexicanismos,
colombianismos o argentinismos lo que ya se hace sino también los españolismos
vocablos de uso exclusivo en España, que no se indican en el Diccionario de la
Real Academia Española (DRAE)[13]. La
idea que he planteado en investigaciones anteriores[14] no es sólo mía. La ha propuesto también un
colombiano, el ex presidente Belisario Betancurt, quien en una discusión privada,
según cita Gossain[15] «exigió que en lo
sucesivo el diccionario ponga también una señal que diga españolismo, cuando se
trate de palabras que sólo se emplean en España».
Esto evitaría la posición glosocéntrica del DRAE,
que considera de uso general palabras como piso, que convive con las más generales
departamento o apartamento; o americana[16], que está en desventaja, desde el punto de vista
demográfico, frente a chaqueta o saco[17].
Esa actitud glosocéntrica lleva a comparaciones que consideran arcaísmo la forma
mexicana jalar que en otras partes se dice halar o tirar de
pero que, en cambio, no clasifican de igual manera vosotros cantáis. En América
esa forma de segunda persona plural está en desuso y, comparativamente, además de españolismo,
sería un arcaísmo de España.[18] |
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Otro problema que se presenta en
relación con la bibliografía que he citado al respecto, es que ninguno de los
investigadores ofrece un método confiable para decidir en qué medida el lenguaje de la
televisión es pobre o desviante[19]. En
general esas investigaciones se basan en datos recogidos al azar con el propósito de
encontrar errores, pero no aciertos divergencias pero no convergencias[20]. Por ejemplo, un investigador encontró 500 errores en el
lenguaje de la televisión de Venezuela.
Para encontrarlos, nos dice, «se ha utilizado en
todos los casos la observación directa y casual de los programas de toda índole
trasmitidos por las diferentes televisoras, sin una metodología preestablecida»[21]. Otro investigador, en relación con las
violencias de la televisión española, considera suficiente decir al lector que «todo el
material que aquí traemos a colación lo hemos recogido durante los diez últimos años,
aproximadamente, un tanto al azar».[22] |
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Noticias
internacionales: convergencia y divergencia
Frente a las opiniones que he comentado, los
hechos parecen ser diferentes. En 1993 se presentó el proyecto «Difusión Internacional
del Español por Radio, Televisión y Prensa» (DIES-RTP), durante el X congreso de la
Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL)[23]. Dentro de ese marco, las investigaciones se sustentan en
métodos estadísticos mediante los cuales se recogen de manera aleatoria muestras de cada
tipo de programa.
En México hemos investigado los programas
informativos o noticiarios de televisión de difusión internacional en español que
difunden CNI[24], Eco y NBC[25]. Por otra parte, en España se analizaron los de TVE 1[26]. De cada uno de esos cuatro informativos se
recogieron, mediante un procedimiento aleatorio, más de 10,000 palabras gráficas, lo que
nos permitió formar un corpus de casi 50.000 palabras[27].
A continuación se obtuvieron Ämediante un programa de cómputo[28] A los vocablos o entradas de diccionario que se utilizaron en
cada informativo. |
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Esos vocablos se clasificaron, de
acuerdo con las fuentes consultadas[29], en dos
grandes grupos: a) sin filiación o sin marca, es decir, vocablos de uso general
hispánico; y b) con filiación o marcados, es decir, hispanoamericanismos,
mexicanismos, latinismos y helenismos, y otros vocablos que no encontramos en las fuentes,
o no documentados. Los resultados muestran lo siguiente:[30]
Los vocablos sin filiación o de uso general
hispánico[31] iban del 98'7 por ciento (CNI) al
99'5 por ciento(Eco). Complementariamente, los vocablos con filiación iban de un máximo
de 1'3 por ciento a un mínimo de 0'5 por ciento. Estos datos se refieren al nivel de la
lengua, y no del discurso o del texto, y suponen darle igual peso a cada uno de los
vocablos. Si, en cambio, se ven las frecuencias de uso el número de apariciones de
los vocablos y sus variantes en los textos, es decir, las palabras gráficas los
porcentajes cambian. A nivel de discurso, las palabras marcadas o no generales más las no
registradas en las fuentes van de 0'12 por ciento (Eco) a 0'27 por ciento (CNI). Eso
quiere decir que, si uno escucha Eco, encontrará apenas 12 palabras en cada 10.000 que no
corresponden a la norma hispánica. |
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Muchas de esas palabras marcadas,
además, son de uso general, como zapatista relacionado con el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, que surgió en México en enero de 1994. Esa palabra es
mexicanismo sólo por su origen, pues se usa incluso en alemán, francés, inglés y otras
lenguas, y es el único que encontramos en las muestras. Las voces de uso regional son, en
realidad, muy pocas. Entre ellas encontramos los hispanoamericanismos desocupación,
dirigencia, panel, piocha, rubro, varado (CNI); zacate y refresquería
(Eco); bordo, chaparrón, falencia[32]
(NBC). También apareció berza (en TVE 1, en lugar de col, palabra de uso
más general), que puede considerarse un españolismo. Todos esos vocablos están
registrados en el DRAE o en otros diccionarios generales del español, de manera
que es posible consultar esas fuentes para saber los significados.
Otras voces, como los adverbios adecuadamente,
supuestamente y posiblemente están bien formadas, aunque no aparezcan
registradas en las fuentes que consultamos. Tampoco aparecen registradas las palabras incosteable,
irrestricto, narconacionalismo. Por otra parte, en TVE 1 se encontraron coche
bomba, antiterrorista e ilegalizar, términos no registrados en el DRAE.
Todos estos vocablos están formados dentro del espíritu de la lengua, y se pueden
comprender sin problema. El conflicto se presenta por el hecho de que en español
según parece está prohibido crear neologismos lo que no sucede en
otras lenguas como el inglés, el alemán o el sueco. |
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Los extranjerismos, finalmente,
se reducen a unos pocos, casi todos dentro del ámbito deportivo. Si se consideran sólo
los no incluidos en el DRAE, los que recogimos fueron: grand prix, look[33], manayer, nocáut, noquear, ring y rugbi
(CNI); raid (ingl. ride)[34], okey
(Eco), fast track[35], faul, jit y rankin
(NBC); pénalti (CNI, Eco); rock (CNI, NBC) y set (Eco, NBC). Si, por
otra parte, no se consideran por ser usuales los extranjerismos que se
incluyen en otros diccionarios generales del español, como los anteriores[36], sólo quedarían okey, que es prácticamente
universal; grand prix, expresión francesa que puede considerarse como nombre
propio; fast track, que se utilizó de manera especializada y se traducía con
frecuencia al español (v. n. 35); raid , que está registrado[37], jit, término del beisbol[38], y look.
En cuanto a la pobreza del lenguaje de la
televisión, nuestras investigaciones muestran, de nuevo, una situación distinta. La
densidad de los programas informativos llega, en promedio, a casi 69 palabras diferentes
por cada 100 de texto[39]. Si se proyecta esta
densidad y se considera un texto de 100.000 palabras gráficas, se obtienen cerca de 5.000
vocablos[40]. Esto indica una riqueza léxica
activa del emisor y no del receptor muy alta, y cercana a la que se puede encontrar en
ensayos de escritores de prestigio. Además, la televisión no debería aumentar esa
densidad en sus textos: una densidad más alta haría difícil la comprensión por parte
del auditorio. |
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En lo que respecta a la
pronunciación[41], hay básicamente tres normas
hispánicas, que llamo a , b y g . Se pueden diferenciar suficientemente a partir de la
ausencia o presencia de los fonemas /z/ y /s/[42].
De acuerdo con esto, en la norma a no se pronuncia el fonema /z/, pero sí el fonema /s/
en toda posición, como en /sapátos/; en la norma b no se pronuncia el fonema /z/, y el
fonema /s/ se aspira en posición final de sílaba o de palabra, como en /sapátoh/; y en
la g se pronuncian /z/ y /s/ en toda posición, como en /zapátos/.
Dentro de cada una de esas normas hay otros
aspectos que a veces se escuchan por televisión y que, a grandes rasgos, describo a
continuación. En la norma a se relajan las vocales, aunque con muy poca frecuencia, sobre
todo en contacto con /s/, como en /sapátos/. En la norma b la aspiración de /s/
es menos frecuente que en el habla cotidiana; el fonema /j/ [43] se pronuncia un poco abierto, como en /káha/; y el
fonema /d/ en terminaciones cono /ado/ se relaja o se pierde: /kansádo/; y en los
programas de algunos países se escuchan sonorizaciones ocasionales de consonantes, como
en /sapátoh/[44]. En la norma g,
como en la b , se relaja la consonante en la terminación /ado/; y se simplifican en
ocasiones algunos grupos consonánticos, como /ks/ Äexperto, por ejemplo, se
pronuncia /espérto/, y concepto suena en ocasiones /konsékto/. Por otra parte, el
fonema /y/ es tenso en algunas variantes de g , sin llegar al ensordecimiento que se
escucha en el habla cotidiana de algunos países de Suramérica.[45] |
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En resumen, la pronunciación de
las tres normas sigue esencialmente el modelo escrito, con excepción de la letra v,
que suena igual que la b, tal como la pronuncian los hispanohablantes nativos[46]. la letra ll , que se pronuncia como /y/;
y el fonema /z/, que no se pronuncia en Hispanoamérica.
En lo que respecta a la sintaxis, las
investigaciones apenas se inician. En todo caso, un ejemplo de lo que podría encontrarse
es el de Colombia[47]. En los informativos de ese
país se encontró con cierta frecuencia el hipérbaton como recurso expresivo. También
se detectaron, con menos frecuencia, algunos usos no académicos de preposiciones y
pronombres, concordancias inadecuadas y casos de falta de cohesión, sobre todo por
elipsis. |
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En nuestras propias
investigaciones hemos analizado, en cambio, la longitud de los enunciados, de acuerdo con
en el número de palabras que contiene cada uno[48].
Esta longitud se correlaciona con la mayor o menor complejidad de la oración, y puede dar
una idea en ese sentido. La longitud promedio de los que encontramos en los programas de
noticias iba de 18'5 palabras gráficas en CNI, a 29'5 en Eco y NBC. Entre estos valores
se situó TVE 1, con 24'4 palabras gráficas en promedio por enunciado.
Un enunciado extenso implica un mensaje más
difícil de comprender. Los resultados anteriores aunque todos están dentro de lo
aceptable para este tipo de texto muestran que algunos informativos deberían
reducir la longitud de sus enunciados[49], pues
así lograrían una mejor comprensión por parte del auditorio. |
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Variación y alternativas
Como toda lengua viva, el español que, además,
se extiende por una amplia geografía tiene variantes que se reducen en la punta de la
pirámide social y en los medios de comunicación y se hacen mayores en la base. Los
viajeros saben bien que siempre es posible establecer la comunicación cara a cara, bajo
la condición de aprender un poco y adaptarse al país donde vayan.
En cambio, los escritores y todos los que se
dirigen a un público internacional desde sus oficinas o estudios no tienen la posibilidad
de recibir una retroalimentación inmediata. Son ellos los que tienen la necesidad y la
responsabilidad de utilizar un lenguaje que comprendan sus lectores o su auditorio. |
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Las decisiones que puedan tomarse
en cuanto a la variación del español deberían hacerse no sólo a partir de los
diccionarios basados en la modalidad castellana. Se trataría de utilizar la norma
hispánica o general, que se sustenta en el uso de toda la comunidad hispanohablante. Los
medios de alcance internacional podrían basarse en datos demográficos para decidir, en
el caso del léxico, qué palabra es la más usual en los países hispánicos.
Se ha planteado recientemente la posibilidad de
hacer un análisis demolingüístico que supere la pura descripción del léxico y
considere el auditorio potencial en un país, una región o un grupo de países. La
demolingüística, además, incorpora criterios de distribución de los vocablos en los
países hispanohablantes[50]. Las variantes que
presento a continuación ejemplifican esta posibilidad:[51]
auto (11: 36.49% CR, PN, CU, RD,
PR, PE, BO, PA, UR, CH, AR); carro (10: 60.19% MX, GU, CR, PN, CU, RD, PR,
CO, VE, PE); coche (4: 51.37% ES, MX, PA, AR); máquina (2: 5.81%
CU, RD). |
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dirección (1: 24.85%
MX); guía (2: 3.32% RD, PR); manubrio (3: 22.19% VE,
CH, AR); manivela (1: 0.93% CR); timón (7: 28.57% GU, EL, PN,
CU, RD, CO, PE); volante (12: 79.78% ES, MX, RD, PR, EC, VE, PE, BO, PA, UR,
CH, AR).
chapa (4: 17.27% CU, PA, UR, AR);
matrícula (6: 33.75% ES, CU, PR, VE, PE, UR); patente (3: 16.68%
UR, CH, AR); placa (13: 65.59% MX, GU, EL, CR, PN, RD, PR, EC, CO, VE, PE,
BO, UR); tablilla (1: 1.19% PR).
Como puede advertirse en el primer ejemplo, auto
(o automóvil) es utilizado en 11 países es el término mejor
distribuido, con 36'49 por ciento de la población. Le siguen carro, que se
usó en 10 países, aunque con más población (60'19 por ciento); coche y, por
último, máquina. La opciones serían auto, por su mejor distribución y
porque, aunque resulta de uso formal en otros países como México, no tiene problemas de
comprensión; y a continuación, carro[52] o
coche. |
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En el segundo ejemplo, la
selección clara es volante, y no dirección, guía, manubrio, manivela o
timón. Volante se usa en 12 países (79'79 por ciento de la población). Sin
embargo, aunque se pudiera comprender en los demás países, resultará de
nuevo rebuscado, por su poca frecuencia. El término que sigue en dispersión y
población, timón, en países como México tiene un sentido especializado, pues
sólo se usa para el de lanchas o barcos.
La placa o la matrícula resultan
las mejores alternativas en el tercer caso, tanto por distribución como por población.
No obstante, cabe señalar que cualquiera que sea la selección, puede tener consecuencias
para la interpretación en los países donde no se usa[53].
Por ejemplo, placa en La Habana significa 'losa de concreto', y por eso la del
carro se llama chapa, que en México hace referencia a la de la puerta la
cual se conoce como yale en La Habana.
A partir de estos planteamientos se podrían
tomar decisiones con bases objetivas.[54] |
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Sin embargo como he
mostrado, la complejidad de la lengua hace necesario considerar también los valores
denotativos y connotativos de las voces en cada país, y sus consecuencias en la
interpretación del auditorio. Por eso considero que la televisión sólo puede aspirar a
que las voces que seleccione o difunda sea comprendidas no necesariamente
usadas por el auditorio, de manera que formen parte de su léxico pasivo.[55]
En cuanto a la pronunciación, si se considera el
número de producciones y doblajes que la utilizan, la más difundida es la norma a
/sapátos/, seguida por la b /sapátoh/. Estos dos tipos de pronunciación son, además,
los predominantes desde el punto de vista demográfico en los países hispánicos. La
norma g , como sabemos, sólo se utiliza en programas producidos o doblados en España y
resulta, demográficamente, la minoritaria. En todo caso, esas tres variantes fonéticas
son válidas y aceptables, en mayor o menor grado, por el auditorio hispánico. Lo que
importa es que como dijo un lingüista cuando uno escucha a alguien hablar por
televisión no sabe a veces de dónde es. |
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Esto muestra que los
profesionales del medio se esfuerzan por evitar los matices regionales, lo que favorece la
comprensión, la aceptación y la unidad de la lengua. Aparte de esto, en las tres normas
se presenta con frecuencia la dislocación acentual. Este recurso, que sirve para
enfatizar las palabras importantes, deja de funcionar si se utiliza en exceso.[56]
Por lo que toca a la sintaxis, he señalado que
algunos informativos utilizan enunciados un poco extensos, que convendría reducir en
cuanto al número de palabras. Por otra parte, la variación sintáctica es muy poca.
Ciertamente hay casos en los que se observan usos alternativos. En esas circunstancias las
decisiones podrían tomarse a partir de dos criterios: el primero sería citar las fuentes
que describen el estado de lengua con respecto al cual una determinada expresión es
divergente. Esto, sin embargo, favorecería a la modalidad castellana, ya que es la mejor
descrita. Además, ese modelo no lo es ya en la actualidad para todo el mundo de habla
española, como lo han señalado incluso varios lingüistas españoles.[57] |
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El segundo criterio se basa en el
uso actual y general. Ante dos variantes, habría que decidir como en el caso del
léxico cuál es la más frecuente y más extendida. De esta manera, por ejemplo, si
la mayoría «piensa que...», y la minoría piensa de que...», habría que seguir
pensando que tiene mayor aceptabilidad no usar la preposición.
He tratado de mostrar que las opiniones de la
mayoría de los críticos no parecen tener sustento objetivo. El vocabulario de los
programas de noticias internacionales de la televisión está dentro de la norma
hispánica general. Las voces que podrían considerarse marcadas o con filiación son muy
pocas. En lo relativo a la pronunciación, argumenté que las tres normas que se escuchan
en los informativos son adecuadas y corresponden al uso culto del lenguaje cotidiano de
las áreas donde se emplean. En cuanto al texto mismo, consideré que hay pocas
divergencias en lo que se refiere a la sintaxis. |
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También comenté que en algunos
casos los enunciados podrían resultar demasiado largos para la comprensión por parte del
auditorio. Además propuse que, en cualquier caso de variación, se tomen decisiones a
partir de fuentes bibliográficas explícitas; o que se considere la difusión y el peso
demográfico de cada variante. De esta manera se evitarían las opiniones ideologizadas o
glosocéntricas.
He argumentado que la televisión busca, por sus
propios intereses, utilizar un lenguaje que pueda ser comprendido por el auditorio
internacional. Por eso no parece necesario exigirle que lo haga. La idea es otra: se trata
de apoyar a los medios en la toma de decisiones en cuanto al uso del español. Al mismo
tiempo, es necesario insistir en la responsabilidad que tienen en ese sentido.
La norma hispánica como he comentado
se tendrá que hacer entre todos, sin predominio de ninguno. Esa norma general siempre
tendrá variantes mayores en el habla cotidiana que en el lenguaje de los
medios y, como en toda lengua viva, se modificará para adecuarse a las nuevas
realidades, que no son las mismas para todos los países hispánicos. Por eso, en vez de
pensar en una norma unitaria, habría que promover la unidad esencial dentro de la
variedad. Los modelos del bien hablar están dentro de cada país o cada región[58]. Esos modelos son el sustento de la norma
general, los que la nutren y fertilizan. |
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Será necesario ampliar nuestras
investigaciones para abarcar todos los demás tipos de programas, sobre todo los que se
basan en improvisaciones, ya que en ellos podría encontrarse una mayor divergencia
lingüística. En todo caso, la variación es inevitable y como he dicho
enriquecedora. Incluso sería conveniente que la televisión utilizara un lenguaje más
variado. Esto podría lograrse si se recurre a la sinonimia, pero no sólo a la
tradicional, la que aparece en los diccionarios de sinónimos.
La idea es que se utilicen los sinónimos
relacionados con la variación geográfica, como los que he mostrado antes. También
sería deseable que como Luis Buñuel en sus películas las telenovelas y
otros programas mostraran la variación social del lenguaje. De esta manera el auditorio
ampliaría su conocimiento de la lengua, y advertiría que su complejidad supera las
recopilaciones o los diccionarios convencionales. |
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No debería ser motivo de
sorpresa el que la televisión utilice y difunda un lenguaje homogéneo en su cobertura
internacional. El italiano se extendió por todo el país gracias a ese medio, que logró
lo que no pudo hacerse mediante los textos impresos o la radio. La televisión, al
difundir y consolidar el italiano como lengua nacional[59],
coincidió con los intereses del estado[60]. En la
actualidad la televisión y otros medios de difusión masiva han rebasado esos límites.
Ahora sus intereses lingüísticos para ceñirme al tema que me ocupa
coinciden con los de un grupo de países. Por eso la televisión en español requiere no
sólo una lengua común, sino también de una norma hispánica estable y la fomenta,
a veces sin pretenderlo.
Se ha discutido mucho la herencia que dejó
España en América. Lo único que no se ha discutido es la lengua, mediante la cual se
discute todo lo demás. Desde el siglo pasado, tras la independencia de los países
hispanohablantes, se planteó la necesidad y además el derecho de aceptar la
herencia de la lengua, bajo la condición de que fuera una lengua emancipada cuya unidad y
transformación se hiciera entre todos. Se buscaba el consenso, y no la imposición de un
solo modelo[61]. Superada la divergencia inicial,
se buscó, a fines del siglo xix y principios del xx, la convergencia lingüística[62]. época en la cual específicamente en
1898 dejó de haber colonias españolas en América. |
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Esa es la situación en la
actualidad, y se comprueba en el uso del español en los medios. Por eso habría que
insistir en que la televisión tiene muchas posibilidades de promover una lengua uniforme
en lo esencial que, a la vez, continúe en desarrollo para incorporar los cambios
necesarios para expresar las ideas nuevas. De esta manera, las veinte naciones hispánicas
podrán mantenerse unidas a través del español. Quizás, recordando el anterior año 98,
podría pensarse en 1998 como el año de la lengua española, y del primer centenario de
la comunidad hispánica. |
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NOTAS:
1. Véase lo que dice en
ese sentido G. C. Staple en su art. "Bitlash: the new digital ecology - protecting
local information space in a borderless world" (26th Annual Conference,
International Institute of Communications, Osaka, Japón, 12 - 14 sept. 1995), p. 2.
(Fotocopia).
2. McLuhan, Marshall, The
Gutenberg galaxy The making of typographic man (New York, The New American
Library, 1969), p. 43
3. De acuerdo con los
datos que ofrece el "1996 cuadro de la población mundial del Population Reference
Bureau, Washington, 1996 [junio].
4. De la Peña, E. ,
"El lenguaje de la televisión", en La política lingüística de México,
2ª parte (México, Comisión para la Defensa del Idioma Español, 1982), p. 21.
5. Dela Peña, art. cit.,
p. 22.
6. Fernandez, J. A,
"La fonología en la televisión española: violencias fonéticas", Revista
de Dialectología y Tradiciones Populares, 1988, núm. 43, p. 249.
7. Fontanillo, Enrique y
Ma. Isabel Riesco, Teleperversión de la lengua, Barcelona, 1990. Lo que cité
arriba está en el prólogo, escrito por V. Romano.
8. Gonzalez, Eddie, El
pobre lenguaje de la televisión, Maracaibo, Editorial Maraver, 1988. |
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9. Entre
otros, Alvar, Manuel, "Medios de comunicación y lingüística", Lingüística
Española Actual, XII (1990), pp. 151-173. Me parecen asimismo adecuados los
planteamientos de Manuel Casado Velarde en su art. "El lenguaje de los medios de
comunicación" (en M. Seco y G. Salvador, coords., La lengua española, hoy,
Madrid, Fundación Juan March, 1995, pp. 153-164). Sin embargo, no puede evitar el juzgar
desde su propia modalidad idiomática cuando critica la pronunciación de la x como
ks antes de consonante: "Como es sabido, [?] la pronunciación normal culta de
los dos fonemas representados por esa letra (k y s) sólo se realiza en
posición intervocálica o final: examen [eksámen], fax [faks], mientras
que se reduce a un solo fonema, /s/, cuando precede a una consonante: extorsión
[estorsión]". Conviene señalar que en la norma culta de otros países, como
México, la x se pronuncia ks ante consonante, como en [ekspérto]. La
reducción, en cambio, resulta de uso popular o rural.
10. Por ejemplo, en Cuba
se usa el término mexicano merolico (vendedor callejero que se ubica en un sitio y
pregona su mercancía ante la gente que lo rodea), popularizado por una telenovela
mexicana. También se utiliza la (o el) paladar para designar a los
restaurantes de quienes trabajan por su propia cuenta, por influencia de una telenovela
brasileña (doblada al español).
11. Son las palabras de
Darío Arizmendi Posada, director del Servicio Informativo Caracol, en su intervención en
la mesa redonda "La lengua española y los medios audiovisuales", Actas del
Congreso de la lengua española, Sevilla, 1992 (Madrid, Instituto Cervantes, 1994), p.
156. V. asimismo los comentarios de Juan Gossain en la misma mesa redonda (p. 167), quien
reitera otras opiniones sobre lo que considera el pobre lenguaje periodístico.
12. El planteamiento de
una norma lingüística hispánica también ha sido hecho por J. M. Lope Blanch en su art.
"El español de América y la norma lingüística hispánica", en su libro Nuevos
estudios de lingüística hispánica (México, UNAM, 1993), pp. 127-136.
13. Real Academia
Española, Diccionario de la lengua española, 21ª ed., Madrid, 1992.
14. Véanse mis
artículos: "La lengua española en América cinco siglos después", Estudios
Sociológicos, El Colegio de México, X: 30 (1992), p. 690; y "La lengua
española en el quinto 92 y el primer 98", Actas del IV Congreso Internacional de
"El español de América", 7 al 11 de diciembre de 1992, t. 1 (Santiago de
Chile, Universidad Católica de Chile, 1995), p. 496: allí hablo de castellanismos o
iberismos. |
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15. En su
intervención en la mesa redonda que hubo en Sevilla sobre los medios audiovisuales (ver
nota 11), p. 169. El mismo Gossain cita a "los especialistas de Bogotá", y a G.
Haensch lexicógrafo alemán que ha hecho estudios muy extensos sobre el español de
América quienes tienen una posición similar. Haensch considera que en esa actitud
de la Academia "aún subsisten residuos de ideología eurocentrista" (Gossain, ibid.).
16. El DRAE remite
en americana a chaqueta, lo cual indica que esta voz es más general, pero
reitero no señala que americana sea un españolismo.
17. He hablado más
extensamente de esto en mi artículo citado "La lengua española en el quinto
92...", p. 690.
18. En América, como es
bien sabido, sólo se usa vos cantás, que corresponde a la segunda persona del
singular. Este tipo de expresiones tiene también variantes, y se extienden desde
Argentina hasta el estado mexicano de Chiapas. Por otra parte, cabe señalar que un
arcaísmo no lo es para quienes lo usan.
19. He comentado esto en
detalle en mi artículo "El lenguaje de la radio y la televisión: primeras
noticias", II Encuentro de Lingüistas y Filólogos España - México, Salamanca,
1991 (Salamanca, Junta de Castilla y León - Universidad de Salamanca, 1994), pp.
101-117.
20. La excepción, aunque
sólo para el lenguaje de diarios impresos, es B. H. Hernando, "Lexicometría del
lenguaje periodístico", Lingüística Española Actual, XII (1990), pp.
215-241.
21. E. González, op.
cit., p. 118.
22. J. A. Fernández, art.
cit., p. 250. De todo esto he dado noticia previamente, en mi art. cit. "El lenguaje
de la radio y la televisión...". |
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23. La
coordinación general del proyecto, a mi cargo, se realiza en El Colegio de México.
Actualmente están asociados, a través de instituciones universitarias, los siguientes
países o regiones: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, España
(nacional, Andalucía y Canarias), EE. UU. (California), México, Perú, Puerto Rico,
República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Recientemente, en febrero de este año de 1997
Panamá decidió asociarse al proyecto, a través del Círculo Lingüística Ricardo J.
Alfaro. Véase además mi art. cit. "El lenguaje de la radio y la
televisión...".
24. Con información de
CBS.
25. Las muestras, de las
que hablo más adelante, fueron recogidas en las siguientes fechas: Eco, enero de 1995;
NBC, julio de 1995; y CNI, mayo de 1996.
26. Los resultados que
ofrezco sobre los informativos de TVE 1 fueron obtenidos por la Profesora Loreto Florián,
de la Universidad de Alcalá de Henares, asociada a DIES-RTP. Las muestras se recogieron
en enero de 1992. La Profa. Florián estuvo en El Colegio de México como investigadora
visitante a fines de 1996. Los programas de TVE 1 que se grabaron son de difusión
nacional. He utilizado sus datos por ser los únicos disponibles y porque en las
transmisiones internacionales de España se utilizan también las noticias de TVE 1. Parto
de la suposición de que no habría gran variación entre las transmisiones nacionales y
las internacionales.
27. De cada noticiario se
recogieron aleatoriamente 10 unidades de texto de 1.000 o más palabras gráficas. De esta
manera, para cada informativo se recogieron 10.000 o más palabras.
28. El programa Exegesis
(IBM de México - El Colegio de México, ed. actualizada, 1997). El programa lo utilizan
todos los investigadores asociados al proyecto DIES-RTP. Así aseguramos un tratamiento
homogéneo de los datos lingüísticos, y una comparación adecuada de los resultados.
29. Además del DRAE,
se utilizaron otros diccionarios generales del español, así como diccionarios de
americanismos y otros especializados, e incluso diccionarios de otras lenguas. Para una
bibliografía completa, ver mi art. cit. "El lenguaje de la radio y la
televisión...".
30. El análisis léxico
y estadístico fue hecho por Gerardo Aguilar Zéleny, lingüista de El Colegio de México,
que colabora en DIES-RTP. El procedimiento de análisis y recopilación de muestras está
descrito en mi art. cit. "El lenguaje de la radio y la televisión...".
31. No cuento con los
resultados de TVE 1 al respecto, ya que es necesario previamente delimitar los
españolismos o regionalismos de uso exclusivo en España. |
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32. Falencia,
en el sentido del contexto, es un argentinismo: "Las oportunidades se sucedieron,
sacando a relucir las falencias del cuadro [de futbol]". Corresponde a la
acepción tercera del DRAE .
33. Apariencia:
"Eligió un look estilizado para el otoño".
34. La voz inglesa ride
se pronuncia comúnmente [raid] en español, en el sentido de 'llevar a alguien en un
vehículo gratuitamente'.
35. En español, vía
rápida, en relación con el Tratado Norteamericano de Libre Comercio que se
estableció entre México, Estados Unidos y Canadá en 1993, y la forma en que se aprobó,
mediante el fast track.
36. Todos aparecen
registrados en ALONSO Martín, Diccionario del español moderno (Madrid, Aguilar,
1982), bajo las voces fault, noc-aut, manager, noquear, penalty, rock and roll,
ranking, ring, rugby y set (de tenis). Y o usé una transcripción mas
apegada a la pronunciación y a la ortografía españolas.
37. Santamaría, F. J, Diccionario
de mejicanismos (Porrúa, México, 1959), bajo la voz raid.
38. En Santamaría, op.
cit., no aparece jit, pero sí jitazo en el sentido de 'dar un batazo',
lo que equivale a 'dar un jit'.
39. Incluyo aquí los
datos de TVE 1, que no consideré en el análisis de regionalismos.
40. Véase Avila, R:
"Lengua hablada y estrato social: un acercamiento lexicoestadístico", Nueva
Revista de Filología Hispánica, México, t. 36 (1988), especialmente pp. 144 a 146. |
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41. Me
baso en la serie de programas "Cadena de las Américas", que se transmitió en
1992 a lo largo de seis meses, y en la cual participaron todos los países hispánicos con
excepción de Cuba. Para este país me apoyo en los que he escuchado yo mismo en la ciudad
de La Habana, y en los comentarios de colegas de las facultades de Comunicación y de
Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Para España me baso también en mis
propias observaciones de otros programas.
42. Por limitaciones
tipográficas, y para hacer más asequible la información a los lectores no
especializados, no utilizo la transcripción fonológica técnica. En el caso que menciono
arriba, el fonema /z/ se escribe con c antes de e, i, y con z
en los demás contextos. El fonema /s/ en Hispanoamérica como sabemos
corresponde a las letras anteriores y a la s.
43. Fonológicamente se
escribe /x/. He decidido en este texto utilizar /j/ para evitar confusiones.
44. De nuevo, por
limitaciones tipográficas no he ofrecido la transcripción adecuada. La pronunciación
sonorizada de las consonantes sordas /p t k/ las acerca al de /b d g/, pero no llega a la
sonorización total en la televisión. Los países donde se escuchan esas sonorizaciones
son, sobre todo, Chile y Cuba.
45. En Argentina o
Uruguay se llegan a escuchar, sobre todo en el habla no cultivada, pronunciaciones sordas
de las letras y, ll , como en la palabra calle, que se escucha
[káshe]. Este tipo de pronunciación difícilmente se escucha en los programas de
televisión de esos países. |
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46. Con
la excepcion de algunos locutores, enajenados por el fetichismo de la letra y por la
suposición de que, si la v se pronuncia en otras lenguas como el inglés, el
francés, el italiano o el portugués, debe pronunciarse también en español. Cabe
señalar, además, que en inglés la diferencia entre b y v no es siempre
labial versus labiodental, sino tensa versus floja. Por eso en inglés
se escribe Havana y no Habana, pues se acerca más a la pronunciación
normal de la b en español: fricativa bilabial.
47. Ver el resultado de
las investigaciones que hizo Marina Parra en colaboración con Carolina Mayorga, en el
documento Difusión internacional del español por radio, televisión y prensa
(Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de
Estudios Sociales, 1995), pp. 151 ss.
48. Un enunciado, para
nuestros propósitos, es un segmento de texto autosuficiente semánticamente. Está
delimitado por puntos, signos de interrogación o de exclamación, y siempre empieza con
letra mayúscula. De acuerdo con esto, el enunciado puede o no coincidir con la oración
gramatical. Este tipo de análisis se hace automáticamente, mediante el programa de
cómputo Exegesis, ya citado. También puede hacerse mediante un procesador de
textos, como Word Perfect. En ese programa al enunciado le llaman sentence
en inglés, y oración en español. Mi texto completo sin las notas
tiene un promedio de 21 palabras por enunciado, y una densidad promedio de 71 palabras
diferentes por cada 100.
49. Compárense con lo
que obtuvimos en Tiempo nublado, de Octavio Paz. En ese ensayo la longitud promedio
del enunciado fue de 30 palabras. Esto es adecuado para un texto escrito, que se puede
volver a leer cuantas veces uno desee, pero no para un texto que se va a escuchar. |
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50.
Comenté con el Profesor Hiroto Ueda sobre esta posibilidad en el verano de 1996. Ueda me
hizo ver que estaba desarrollando la idea. Más adelante me envió un artículo sobre el
tema, por correo electrónico. La idea, de acuerdo con Ueda, es "realizar un
análisis demolingüístico de la variación léxica con el fin de determinar el grado de
representatividad de cada variante. Se trata de comprobar la amplitud de uso de cada voz
dentro de la comunidad total de la lengua española. Este análisis se basa en la
distribución de las voces por una parte, y los datos demográficos, por otra. El grado de
uso de una voz determinada puede ser concebido como el porcentaje de sus usuarios dentro
de toda la comunidad de la lengua". Cf. H. Ueda, "Análisis demolingüístico
del léxico variable español" (no publicado).
51. Las voces están
ordenadas alfabéticamente. Entre paréntesis aparece el número de países, el porcentaje
en relación con la población hispanohablante, y la sigla de cada país. En ocasiones
aparece el mismo país en diferentes voces, ya que se tomaron en cuenta las segundas
respuestas, o las de varias ciudades. Tomé los ejemplos de VARILEX: Variación Léxica
del Español en el Mundo, coord. por H. Ueda y T. Takagaki (Tokio, Univ. de Tokio,
1993); y del art. cit de H. Ueda, "Análisis demolingüístico..." Soy asesor
científico de ese proyecto y por eso señalo, junto con los coordinadores, que los datos
que se ofrecen forman parte de un informe, y no de una publicación definitiva. Las siglas
corresponden a los siguientes países (entre paréntesis, en orden alfabético): AR
(Argentina), BO (Bolivia), CO (Colombia), CR (Costa Rica), CU (Cuba), CH (Chile), EC
(Ecuador), EL (El Salvador), ES (España), GU (Guatemala), MX (México), PA (Paraguay), PE
(Perú), PN (Panamá), PR (Puerto Rico), RD (República Dominicana), UR (Uruguay), VE
(Venezuela).
52. Cabe advertir que carro
tiene un valor general y puede designar incluso al camión: "Ya llegó el carro
de la basura" se escucha tanto en la ciudad de México como en la de La Habana.
53. He expuesto
ampliamente este tipo de problemas en mi art. "Variación léxica: connotación,
denotación, autorregulación", Anuario de Letras, México, 1997. (En prensa).
54. He iniciado, junto
con Hiroto Ueda, el diseño de un programa de cómputo que incluirá los datos de la
variación léxica que he ejemplificado. Los medios tendrán así información inmediata
para ponderar qué vocablo es el conveniente. |
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55. Por
otra parte, el conocimiento de otros usos puede conducir a cambios en un país. Por
ejemplo, en México se dice camión por autobús. Actualmente los locutores
de radio y televisión por influencia de los programas de otros países
fluctúan entre camión, camión de pasajeros, autobús e incluso autobús
de pasajeros (frente a camión, y también camión de carga).
Probablemente se estabilicen en autobús (de pasajeros, como en los demás países
hispánicos) y camión (de carga).
56. Por ejemplo, mis
enunciados anteriores se leerían así: "...en lás tres nórmas se présénta cón
frécuencia lá díslocación ácentual. Este récurso, que sírve para énfatizar lás
pálabras ímportantes...".
57. Cf., entre otros,
ALVAR, M, "Prolegómenos a unas lecciones sobre las lenguas de España", en M.
Alvar (coord.), Lenguas peninsulares y proyección hispánica (Madrid, Fundación
F. Ebert, 1986), pp. 13-14; y G. Salvador, Lengua española y lenguas de España,
2a. ed. (Barcelona, Ariel), pp. 124-125. Véase también lo que dice J. M. Lope Blanch en
su art. cit., p. 131: "Aún hoy no falta quienes ven en la norma castellana la
modalidad superior de nuestra lengua [...] Pero no es ésta la opinión de los más; muy
por el contrario, la mayoría de los hispanohablantes ilustres filólogos entre
ellos incluidos tienen ideas más democráticas": «No hay más remedio que
admitir que el habla culta de Bogotá, de Lima, de Buenos Aires o de México es tan
aceptable como la de Madrid. La realidad lingüística postula, para la lengua hablada
culta, una pluralidad de normas», ha escrito, muy sensatamente, Angel Rosenblat".
58. Coincido con lo que
dice J. M. Lope Blanch en su art. "La elección de una norma lingüística válida
para los medios de comunicación", en su libro Nuevos estudios de lingüística
hispánica (México, UNAM, 1993), p. 119: "Ninguna de ellas, por alto que sea el
prestigio de que goce, podría tener la pretensión de identificarse con esa norma
hispánica ideal. Ninguna de las normas existentes, en efecto, es 'ideal', o sea,
perfecta desde el punto de vista de la historia y de la lógica gramatical. Ninguna
podría, en consecuencia, aspirar a imponerse a las demás". |
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59. En
Italia había y hay, aunque en menor número muchos dialectos e incluso varias
lenguas. El italiano como lengua nacional, de acuerdo con Tullio de Mauro, sólo consigue
extenderse por todo el país gracias a la televisión: "I modelli linguistici
irradiati dalla televisione raggiungono una forza di immediata penetrazione ignota ad ogni
altro tipo di transmissione e fissazione di segni linguistici". Véase su libro Storia
linguistica dell'Italia unita (Roma, Editori Laterza, 1983), p. 121.
60. He planteado esto en
forma más extensa, en relación con Italia y otros países, en mi art. "A rádio e a
televisão e o desenvolvimento de normas linguísticas nacionais e internacionais",
que se publicará en la Revista Internacional de Língua Portuguesa, Lisboa. Allí
también me refiero a la importancia de la televisión para difundir una o varias lenguas
en diversos países de Europa, Asia y Africa.
61. Los planteamientos
fueron hechos por Esteban Echeverría en 1847, de acuerdo con la cita que hace G. L.
Guitarte en su art. "Del español de España al español de veinte naciones: la
integración de América al concepto de lengua española", en El español de
América. Actas del III Congreso Internacional sobre el español de América, Valladolid,
3 a 9 de junio de 1989 (Salamanca, Junta de Castilla y León, 1991), p. 76.
62. Véase, en ese
sentido, el art. cit. de Guitarte, pp. 80 ss. |
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