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El español en las redes
globales
José Antonio Millán
Editor electrónico. Director del Proyecto
Centro Virtual Cervantes
España
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En chino World Wide Web
se traduce como «la red de diez mil dimensiones en el cielo y en la tierra» (Communications,
1997). Cada lengua reacciona a su manera ante las nuevas realidades que irrumpen en su
universo.
En esta intervención voy a referirme a cinco
aspectos muy distintos, aunque complementarios. El primero se podría titular El español sobre la red: ¿cómo es la lengua española que se usa para
hablar sobre la Malla Mundial? El segundo (El español de la red)
tratará sobre las posibles variantes del español propiciadas por la difusión en las
redes. El tercero (El español con la red) estudia cómo van a influir
en el futuro del castellano las tecnologías lingüísticas que propicia la
digitalización. El cuarto (El español en la red) trata de la
cuantificación. Para acabar, en El español para la red y una red para el
español, indagaré sobre el futuro del español en la Internet. Como conclusión propondré muchas preguntas y un mínimo programa de
acción [1]. |
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El
español sobre la red
Un primer efecto de la Internet sobre el español
es común a todas las nuevas tecnologías. Su vocabulario base proviene del inglés, y su
inserción en la lengua provoca tensiones ya conocidas. Por empezar por el principio, la
denominación inglesa World Wide Web es afortunada en varios aspectos:
semánticamente (triunfalista, globalizadora), por su llamativo acrónimo (el zigzag www),y
su fácil abreviatura (web). En castellano peninsular se usa con cierta frecuencia
la traducción parcial erigida en antonomasia, reforzada por la mayúscula: «la
Telaraña», y más infrecuentemente «Telaraña Mundial». Telaraña no tiene
buenas connotaciones en español (abandono, poca entidad, ofuscación), pero éstas pueden
empalidecer ante el brillo de modernidad y tecnología que proviene del nuevo uso; cosas
más difíciles se han visto [2].
Pero lo que está más extendido es el préstamo
directo web (pronunciado [güeb], y escrito normalmente sin cursiva). Este crudo
barbarismo podría fácilmente triunfar: tiene a su favor el prestigio general del inglés
en el área técnica, y otro factor nada desdeñable: su brevedad, tanto en tiempo
(rapidez de emisión) como en espacio (tipográfico) [3]. |
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Pues bien: el nombre de la red es
sólo el principio. De un total de unas setenta palabras y siglas recogidas entre las que
se utilizan en la Internet [4], que incorporé como
glosario a un artículo publicado recientemente (Millán, 1996b), un tercio estaban
directamente en inglés, entre ellas todas las siglas y acrónimos (URL, módem). Entre
las palabras españolas más frecuentemente usadas se contaban muchas cuya traducción
más simple es idéntica a la palabra de origen («acceso», «dominio», a partir de access,
domain); otras eran calcos semánticos («bajar», «navegación»); en unos pocos
casos, usos especializados de palabras usadas en otros ámbitos («portada», «charla»);
había algún híbrido de raíz inglesa y desinencia castellana (surfear); por
último, estaban las palabras técnicas hace décadas presentes en español («baudio»,
«bit»).
El problema que se plantea no es distinto en
origen al que hubo con áreas como el deporte o con otros campos técnicos: el aluvión de
palabras inglesas debe ser digerido de alguna manera por nuestra lengua. Aquí caben todas
las opiniones, desde la reacción purista hasta la entrega incondicional. Véase como
ejemplo de esta última postura una declaración de intenciones del editorial de una
revista española especializada en la Internet: |
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[...] cómo soluciono la papeleta que se me
plantea para hablar de una acción tan cotidiana en la vida del cibernauta como es el
linkar (algo así como el zapear para el televidente)? ¿De qué otra manera voy a llamar
yo a ese desplazamiento compulsivo del cursor sobre la página web? ¿Enlazar? ¡Seamos
serios, por favor! [...] Y explíquenme por qué tendría que renunciar [...] a buscar
parientes del omnipresente «correo electrónico» para no aburrirles a ustedes repitiendo
siempre los mismos vocablos. ¿Es que mailear o e-mailear tienen que proscribirse por ser
hijos naturales de la lengua de Shakespeare reconvertidos al castellano? (Web,
1996)
El principal problema viene ahora dado por la
capacidad del medio: si la lengua hablada no tiene más influencia que en el círculo de
oyentes, si los medios de comunicación tienen por lo general una cierta conciencia
lingüística y una toma de postura (aunque pueda ser hacia el barbarismo, según acabamos
de ver), lo que ocurre con la red es que como sabemos cualquiera puede
convertirse en editor en una página web, o en corresponsal en grupos de
noticias, listas de distribución, etc. Por otra parte, es bien sabido que uno de los
grandes contenidos de la red es el tema de la propia red [5],
por lo que podemos prever que estos términos gozarán de muy amplia difusión. |
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Se ha recalcado muchas veces que
en la diferente adaptación de términos extranjeros al español tenemos uno de los
factores de divergencia lingüística entre los países hispanohablantes, y en el caso de
la red nos encontramos ante un nuevo foco de desigualdades. Por ejemplo, la palabra ingles
browser se puede ver recogida como «visor», «explorador», «hojeador»,
«navegador»
Las opciones terminológicas nacionales,
institucionales o incluso personales pueden multiplicarse, en detrimento de la unidad de
la lengua. Ya lo señalaba hace diez años Fernando Lázaro, acerca de cómo adaptar hardware
y software:
[...] dado el carácter convencional que poseen
las palabras, vale más un mal acuerdo que el desorden y la diversificación. Estamos a
tiempo de conseguir, en este punto, una solución aceptable en todo el ámbito del idioma,
a poco que ayude la publicidad de los ordenadores, y si los informáticos hispanohablantes
cooperan (197: 423-4)
Aunque quizás en el mismo medio que causa el
problema se pueda hallar la solución: ¿por qué no aprovechar las ventajas de
comunicación que son connaturales a la Internet para discutir y poner en común las
distintas posibilidades que se abren ante la comunidad hispanohablante? [6] |
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El
español de la red
Si hasta ahora nos hemos centrado más en las
opciones que se abren ante los agentes particulares que se mueven en la Internet, aquí
debemos abordar el siguiente problema: ¿qué estrategia lingüística van a utilizar
quienes quieran acceder a toda la comunidad hispanohablante? Por su propia naturaleza, la
Web es un vehículo de comunicación general (global, como se dice ahora), y
quienes quieran llegar a todos los hablantes de español, ya sea para distribuir noticias,
vender servicios, transmitir propaganda o cualquier otro fin, van a tomar decisiones que,
como veremos, tendrán gran influencia sobre el futuro de nuestra lengua.
Un caso próximo, y que nos acerca a nuestro
tema, es el de la lengua que usan programas informáticos y documentación técnica
extendidos por todo el mundo:
cada vez más, los grandes fabricantes de
maquinaria, electrónica, informática y productos para el consumo de todo el mercado
hispanohablante comienzan a ver conveniente el abaratamiento de costes en la producción
de instrucciones y documentación de sus productos mediante el empleo de una sola versión
española para todo el mercado hispanoamericano. (Castro, 1996)
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La mencionada versión del
español es lo que se suele conocer como «español neutro», y que quizás merecería
más llamarse «español común». Cada denominación recalca un aspecto: el propósito
del emisor es, efectivamente, que la variante resulte neutra (es decir, no marcada
respecto al lugar de procedencia) para cualquier oyente del ámbito hispano; el medio para
lograrlo, es escoger los términos que son comunes a las distintas variantes
nacionales. Para Pennycook, esta neutralidad no es sino un espejismo:
se considera que una vez que el inglés se ha
desprovisto en cierto sentido de sus contextos culturales originales (sobre todo
Inglaterra y América) ahora es un medio de comunicación neutral y transparente (1994:9).
Por último, tendríamos la denominación
«español internacional», que es, por ejemplo, la que usa Unamuno en una declaración de
principios sobre la que habría que meditar.
hay que hacer el español internacional con el
castellano, y si éste ofreciese resistencia, sobre él, sin él o contra él (apud
Lázaro, 1997: 166).
La opción de utilizar una variante generalizada
no es algo exclusivo del sector informático: por ejemplo, las grandes editoriales
norteamericanas que publican libros de texto en español se ven en la misma necesidad. Sin
embargo, lo que ocurre en el terreno informático es que las opciones terminológicas que
toman las empresas mejor situadas tienen un efecto multiplicador: quienes deseen
crear programas y materiales compatibles con Microsoft seguirán también sus propuestas
terminológicas. Una de las consecuencias más visibles de esta invisible, pero
auténtica, política lingüística de Microsoft es la opción, mayoritariamente
extendida en la documentación escrita, de usar los anglicismos mouse o PC en vez
de sus equivalentes locales. |
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[...] en gran parte de Hispanoamérica se utiliza
la palabra «computadora», mientras que en España se suele usar «ordenador». Microsoft
(que, como es lógico, intenta hacer productos que se vendan en el mayor número de
lugares) va a optar salomónicamente por no utilizar ninguna de las dos formas, sino
«equipo» o «PC» (las siglas inglesas de «personal computer»)... (Millán, 1992)
El resultado es que se nos está imponiendo lo
que en 1992 llamé «una norma de facto».
[...] podemos pasar por alto lo que diga la Real
Academia respecto al uso de un término y optar libremente por no aplicar sus
recomendaciones, pero poco podemos hacer si Apple o Microsoft deciden utilizar un término
español que nos disguste (Castro, 1996).
Hay quien ve en esto un factor positivo, de
unidad: «[el español neutro surge de una] intención nada altruista, sino comercial,
que, sin embargo, va en beneficio de nuestra lengua y nuestra cultura...» (el mismo
Castro, 1996). Pero eso es algo que queda por demostrar...
Este español «dictado» por intereses
corporativos es el que tiene las mayores posibilidades de triunfar en la red como ya
ha triunfado en los manuales técnicos y programas, si no hay algún tipo de
intervención editorial o institucional de algún país hispanohablante (o de una unión
de varios de ellos) que apoye otras variedades. |
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El
español con la red
La digitalización propicia todo un conjunto de
técnicas aplicadas a las lenguas naturales. Mientras que en otros contextos la entrada
lingüística debe digitalizarse previamente (en el caso de las emisiones sonoras, textos
impresos, etc.), la Web se basa en texto digital. Esto tiene muchas consecuencias
importantes.
A continuación examinaremos dos técnicas de
base lingüística que amplían y facilitan el uso de la red.
Traducción automática
Existe un número creciente de programas que
pretenden traducir directamente páginas de la Telaraña. Aunque su propósito confeso no
es dar una «auténtica traducción», sino tan solo pistas para quienes desconocen una
lengua, los resultados son frecuentemente deficientes, hasta llegar muchas veces a la
caricatura:
Sede de idioma extranjero y Otros
Recursos
de Lenguaje sobre el Web
El Web es un grande emplazamiento
para encontrar un numero increible de web de idioma extanjero pagina y recursos de
lenguaje. Nosotros agregaremos a esta pagina regularmente, tan visita frecuentemente.
Usted puede uniforme nos enviar su Web site favorito de idioma extranjero [7].
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El texto anterior es la
«traducción» de:
Foreign Language Sites and Other
Language
Resources on the Net
The Web is a great place to find an incredible
number of foreign language web pages and language resources. Well be adding to this
page regularly, so visit often. You can even send us your favorite foreign language Web
site [8].
¿En qué medida estos programas de traducción
automática (que además de traducir páginas pueden también aplicarse al correo
electrónico) van a influir de forma significativa sobre la calidad del español en la
red? Y otra pregunta: ¿su desarrollo, y el control de calidad sobre nuestra lengua,
estarán en manos de países hispanohablantes, o seremos sólo consumidores de estos
productos?
¿Cuál será su importancia económica? Por
ejemplo, ¿en qué medida van a sustituir a la intervención de agentes humanos?, digamos
en el mundo empresarial. Pensemos en la posibilidad de que una empresa confíe su
correspondencia en español con empresas españolas o hispanoamericanas a programas de
traducción, por línea o en soportes locales. Para la empresa podrá significar sin duda
en un abaratamiento del coste; pero muy probablemente a costa de un descenso notable en la
calidad de la lengua utilizada.
Agentes inteligentes |
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La gran extensión de la Internet
hace que uno de los sectores estratégicos del futuro inmediato sean los programas para
rastrear automáticamente la información. Son los «agentes inteligentes»: los knowbots
o softbots [9] que practican lo que se
conoce como minería de datos (data mining). El conjunto de tareas que pueden
ejercer los agentes es «prácticamente ilimitado: filtrado de información, recuperación
de información, gestión de correo, agenda de citas, selección de libros, películas,
música.» (Maes, 1994).
Alguna de estas tareas exigen una tecnología que
depende estrechamente de la lengua, tanto por la entrada de los datos (las demandas
explícitas del usuario), como por el universo lingüístico que el agente debe explorar
para cumplir con su misión. Son concebibles muy pronto agentes a los que se pueda
encomendar la detección de noticias o artículos relacionados con determinados temas.
Más allá de la simple búsqueda formal de palabras clave, estos agentes deberán
desarrollar finura para acceder a la información pertinente, para resumirla y ponderarla
en función de su interés para el demandante. También deberán tener la capacidad de aprender
a partir de la acogida que tengan por parte de quien encargó la información. |
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¿Quién desarrollará estos
agentes en español, para que la comunidad hispanohablante tenga a su disposición esta
poderosa herramienta? Esto con respecto a nuestros propios usuarios, pero, ¿quién se
preocupará de que los agentes orientados a un público anglohablante sobrepasen los
límites lingüísticos del inglés y tomen en cuenta la información de servidores en
otras lenguas, por ejemplo, la nuestra? ¿Cómo lograremos que nuestros contenidos
técnicos, científicos, culturales no sean opacos al resto del mundo?
El
español en la red
¿Cuánto español hay en la
Internet?
La cuantificación lingüística en la red es un
campo incipiente, pero tiene gran importancia estratégica. Para conocer el peso de
nuestra lengua en la red se podrían explorar dos aspectos: a) el número de personas de
una lengua con acceso a Internet y b) el contenido de materiales en esa lengua en la suma
de ordenadores interconectados que constituye la red. Un tercer criterio posible, cuántos
servidores de Internet se encuentran en países que hablan una determinada lengua, no es
muy ilustrativo. Por ejemplo, el pujante francés de Quebec desaparecería, al considerar
a Canadá dentro del grupo «inglés». Igualmente, muchas páginas en español radican en
servidores situados en Estados Unidos y Canadá [10].
El problema de los espejos (ordenadores que replican en puntos de gran demanda
como EEUU el contenido de servidores de otros países) complica aún más la
cuestión. Por último, infinidad de máquinas de todos los países presentan contenidos
en inglés. |
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Respecto a los usuarios, se
pueden considerar dos factores: el número de máquinas con acceso a la red y el número
de usuarios por máquina. Este oscila entre cinco, que sería la media en países
avanzados, y hasta treinta (Soler, 1996), como podría ser el caso de muchos puntos de
Latinoamérica. Cuántos ordenadores tienen acceso a Internet es un dato sobre el que se
ofrecen versiones tan variadas, no sólo para España y Latinoamérica, sino incluso para
EE.UU., que carecen de cualquier utilidad analítica, por lo que nos centraremos en la
otra posibilidad.
Si nos fijamos en los materiales, el
procedimiento de evaluación debería primero detectar contenidos en español. El estudio
clásico sobre el tema (Pimienta, 1996) se centró, para el español y el francés, en
palabras propias de esas lenguas y con baja posibilidad de hallarse en otras. En segundo
lugar, hay que localizar dichas palabras en el conjunto de la red y cuantificar sus
apariciones. Pimienta utilizó los servicios del buscador Altavista, la principal
fuente de indización de la red, pero que suele dejar sin indexar muchos servidores con
contenidos en lengua española.
Para Pimienta (1996) el inglés es usado en la
red unas 20 veces más que el francés, y éste dos o tres veces más que el español.
Como mucho esto puede suponer que a principios del año pasado un 1,5 por ciento de la red
estaba en español (asignando a las otras lenguas un peso igual al de la suma francés
más español, lo cual no parece excesivo: véase la estimación inmediata). |
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En marzo de este año realizamos
una encuesta, también vía Altavista. A diferencia de la estadística de Pimienta, que se
basaba en palabras de valor cultural, nosotros hemos escogido palabras vacías, más
fiables para el tipo de datos puramente cuantitativos buscados, siempre evitando la
polisemia con voces de otros idiomas. El resultado [11]
ofrece un 2 por ciento de español en la WWW (corregible al alza, si es que se
confirma el sesgo pro-inglés de Altavista) [12]. De
acuerdo con estos datos, desde el estudio de Pimienta el español habría avanzado más
que el francés, y el inglés habría crecido en relación a ambas lenguas. Sorprende
también la pujanza del alemán. A falta de otras cifras [13],
podríamos repartir de esta forma la presencia idiomática en la Internet:
| Lengua |
Porcentaje |
Puesto |
| inglés |
89,1 |
1º |
| francés |
3,1 |
2º |
| alemán |
3,1 |
2º |
| español |
2 |
3º |
| italiano |
0,7 |
4º |
| otras |
2 [14] |
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Tabla 1: Peso de las principales lenguas en Internet
a marzo de 1997 (fuente: elaboración propia)
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Hasta que no haya un observatorio
propio de la Internet en español, no podremos contar con datos fiables sobre nuestra
presencia en las redes [15]. Pero de estos datos
podemos concluir un programa de interés: nuestra lengua ocupa un tercer lugar en la red,
a inmensa distancia del primero, el inglés, pero muy cerca de los dos que están en
segundo lugar. Conseguir un segundo puesto es algo posible, pero ¿con qué objeto? |
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El español para la red y una red para el español
Hace pocos meses una periodista preguntaba a un
experto sobre la Internet:
¿Qué mueve todo esto, la cultura o el
dinero?
La cultura es una hélice que produce mucha espuma, pero no hace avanzar el barco
(Ruiz de Elvira, 1996).
Yo creo, sin embargo, que la cultura es no ya la
hélice, sino la misma ola sobre la que avanza esta corriente. Soler (1997) ha señalado
la importancia del tráfico cultural en la red. Es también evidente que los países
hispanohablantes somos depositarios de unos elementos culturales que son apreciados por
los países más desarrollados. ¿Qué podemos hacer?
Por una parte, podríamos acceder a los recursos
que otros han creado (que en muchos casos son recursos de nuestra propia cultura [16]). Como escribía hace un año: |
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Cierto que ésta es una posición más
parasitaria que creativa, pero se puede suponer que tendrá efectos indudables de
redistribución de recursos, paliará diferencias en el acceso a bienes culturales, y
probablemente contribuirá a extender una ideología igualitaria. Por ejemplo: los
investigadores situados en la periferia, los que están alejados de los centros de poder
científico podrán tener la oportunidad de acceder a los recursos de su comunidad más
privilegiada. La educación también puede beneficiarse de las posibilidades del contacto
electrónico (Millán, 1996a).
El programa, por tanto, es claro: hay que
extender y democratizar el acceso a la Internet en todo el ámbito hispanohablante.
Los hispanohablantes, ¿nos limitaremos a ser
espectadores pasivos y consumidores en el nuevo mercado (como previene Marcos Marín,
1996)? Como dice Trejo Delarbre:
De la misma manera que en la economía, en las
ciberredes somos [los países latinoamericanos] más importadores que exportadores. Ello
crea, entre otros, problemas culturales y de soberanía (1996:118)
¿Cómo defender nuestra cultura? Luchando por
incorporar nuestros contenidos a la Internet, y educar a nuestros ciudadanos en el nuevo
medio; pero, ¿durante cuánto tiempo más éste seguirá siendo abierto y gratuito? Ya se
empieza a configurar una «segunda Internet» de los países desarrollados, que podría
vetar el acceso a los países menos afortunados: el ancho de banda, los servidores, son
recursos limitados, y bien podrían decidir limitarlos para su uso interno. Si hacemos el
esfuerzo de entrar en las redes, ello podría coincidir con el crepúsculo de la
reciprocidad. ¿No sería, entonces, mejor dirigir nuestras inversiones a medios de
almacenamiento local, ya fueran libros o CD-ROM? |
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Probablemente no: incluso como
medio de comunicación entre países hispanohablantes, la Internet tiene potencialidades
muy beneficiosas. Por poner un ejemplo cercano: la mitad de las referencias
bibliográficas utilizadas en esta ponencia están disponibles en la «telaraña», y
varias solamente en ella: esa es la tendencia general en muchos campos del saber.
Disciplinas muy variadas, no necesariamente técnicas, como la literatura medieval o la
historia contemporánea, ya hacen un amplio uso de la red para sus debates internos o sus
publicaciones. Las instituciones científicas se están replanteando los medios para
contactar con su público, por ejemplo: las revistas electrónicas [17]. En un plazo brevísimo y para muchas disciplinas, ahora
mismo la posibilidad de moverse en el mundo de las redes será equivalente a las
destrezas básicas que venía manejando el mundo ilustrado: alfabetización, manejo de
fuentes bibliográficas, capacidades de consulta en bibliotecas, etc.
Pero además, ofrecer nosotros mismos nuestra
propia cultura en las redes implicará darle la forma que nosotros queramos, y obtener la
ventaja de saber quiénes y por qué y para qué acceden a ella [18]. Los beneficios para la comunidad internacional de hispanistas pueden
ser muy grandes en el nuevo medio (Cruz Piñol, 1996). |
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Estamos en un momento histórico
que puede hacer coincidir una comunidad lingüística y cultural con una comunidad virtual
unida por los lazos impalpables de la red. Mi postura es que debemos construirla, no sólo
para no quedar privados de los beneficios que podemos obtener, sino para aumentar la
comunicación entre nosotros y para asomarnos al mundo de la manera que queramos.
Conclusión:
Un programa de acción
Preguntas
¿Nos encontraremos con que Internet se ha
convertido en una fuerza unificadora de la lengua española? ¿Y a quién servirá esa
unificación? ¿a intereses empresariales o a la voluntad de los hispanohablantes? La
introducción de técnicas de traducción automática y la capacidad de difusión ampliada
que suponen las redes, ¿irán en detrimento de la unidad y de la calidad de nuestra
lengua? |
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Los hispanohablantes, ¿nos
limitaremos a ser espectadores pasivos y consumidores en el nuevo mercado o seremos
capaces de desarrollar nuestra propia industria del idioma? ¿O será cierto que la
demanda cultural de la red acogerá la oferta de los países hispanohablantes? Pero, en
este caso, ¿quién será el beneficiado? Conviene recordar que ha habido otros momentos
de gran expansión de la cultura española que reportaron beneficios sobre todo fuera de
nuestras fronteras lingüísticas [19].
¿Qué hacer?
Como en otros muchos terrenos, el primer paso es
tener una información fiable, cuantitativa y cualitativa, sobre qué está pasando.
Debería existir un «Observatorio de la presencia del español en Internet». Para ello
debería contar con potencia indexadora propia (una suerte de Altavista que apuntara a
máquinas con contenido español) [20]. Tendría que
tener en cuenta no sólo páginas WWW, sino también listserv, news, gopher,
wais... Habría además que desarrollar una metodología refinada para detectar y
analizar las páginas españolas. |
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Esta indexación puede tener
consecuencias muy positivas para el estudio de nuestra lengua. Constituiría un corpus
dinámico sobre el estado del español, con variantes de todos los hispanohablantes de la
red, con independencia de en qué país estuvieran situados. Además, aportaría
información sobre las tendencias y demandas de la información en la red y permitiría
ajustar las respuestas.
Y paralelamente a la información, la acción:
las principales instituciones privadas y oficiales que están en la cadena de producción
de cultura tienen la posibilidad de proyectar su actividad dentro de la red. Las
instituciones oficiales que velan por nuestra lengua tienen también un terreno
privilegiado de actuación.
Por último, ningún proyecto en la red será
completo si nuestros investigadores, estudiantes, periodistas, nuestros hablantes, no
tienen una oportunidad real de acceder a ella.
¿Cuál puede ser el resultado del crecimiento de
nuestra lengua en el máximo medio de comunicación de la actualidad? Extender fuera de
nuestras fronteras idiomáticas nuestra actividad cultural o científica y levantar la
imagen de nuestra lengua en el mundo. Los beneficios directos e indirectos de esta
presencia pueden ser muchos: si nuestra lengua se hace con un segundo lugar en la red (lo
que es perfectamente posible), muchas páginas de otras lenguas tendrían que incorporar
una traducción española, del mismo modo que hoy cualquier página con deseos de
difusión tiene versión inglesa [21].
Ójala el próximo Congreso Internacional de la
Lengua Española pueda ver la presentación de muchas de estas realidades. |
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Referencias
En las direcciones de sitios de la MMM prescindo
de la parte «http://», que se debe entender al comienzo de cada localizador.
Bibliografía
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neutro», ponencia presentada en el Congreso Anual de la ATA, 5 de noviembre de 1996,
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telecomunicaciones», Actas del Cuarto Congreso de hispanistas de Asia, Seúl
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XIII (en la red como www2.echo.lu/info2000/eu/projects.html)
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Lázaro Carreter, F. (1997), El dardo en la
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- (1996b), «Palabras enredadas», en El país
semanal, 20 de octubre.
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Pimienta, Daniel (1996), «La
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como www.funredes.org/funredes/html/francais/francow.htm)
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mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes, Madrid, Fundesco
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Localizadores
100hot: http://www.100hot.com/
Altavista: http://www.altavista.com/
Altavista en castellano: http://ww.altavista.magallanes.net/
Español Urgente: http://www.efe.es/lenguaes/lenguaes.asp?nivel=ppr
Globalink: http://www.globalink.com/resources.html
Terra: http://wwww.terra.es/
Ozú: http://ww.ozu.es/ |
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NOTAS: |
| 1.
Agradezco a Xosé Castro, Javier
Martínez, Rafael Millán y Joaquín Soler la discusión de muchas de las
ideas aquí contenidas, cuya responsabilidad última, por supuesto, es sólo mía.
2. Alguna extensión
tiene el uso de Malla, y he visto escrito también Maraña. Obsérvese que
una adaptación posible de WWW sería «Máxima Malla Mundial», o MMM, sigla que resulta
ser la inversión gráfica de la inglesa [en la presentación pública de la ponencia en
Zacatecas, esta modesta propuesta terminológica fue bien acogida: agradezco el apoyo de
Horacio Reggini (Argentina) y su inclusión en la Mesa Redonda Plenaria por parte de
Rebeca Barriga (México)]. ¿Qué tal todo un espacio hispanohablante de conexiones
http://MMM?
3. No hay que desdeñar
en absoluto este factor, que explica el triunfo de determinadas opciones en la prensa
escrita. Una ganancia de espacio, incluso en pequeña medida, explica el avance de botica
frente a farmacia en la sección «Madrid» de El país a partir de
comienzos de 1996.
4. Creo que la forma más
precisa es exactamente ésta: «la Internet», siempre con artículo, y en femenino (se
sobreentiende red).
5. Según una de las
clasificaciones de páginas visitadas más fiable, 100hot (para las direcciones de
sitios de la «telaraña», véase al final el apartado «Localizadores»),
de los 100 sitios más visitados a comienzos de marzo de 1997, unos cuarenta eran de
contenidos directamente relacionados con la Web, con programas o con ordenadores.
6. Ya hay algún paso en
esta dirección, como el departamento de Español Urgente de la agencia EFE, y los
planes del Centro Virtual Cervantes, del Instituto Cervantes.
7. Sic, por uso de
mayúsculas, acentos y todo lo demás.
8. Se trata de la
versión española de la portada de la compañía de traducción Globalink,
realizada por el propio programa (octubre 1996).
9. A partir de los
constituyentes iniciales de knowledge (conocimiento) y software
(programación) y la sílaba final de robot. 
10. De unos 90 sitios
«latinos» de éxito (100hot latino) revisados a principios de marzo de 1997, más
de dos tercios estaban situados en servidores de instituciones de países que no tienen el
español como lengua oficial. |
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11.
Para el inglés: and en 262 millones de documentos; para el francés, et
en 9 millones (posible colisión con el latín, probablemente despreciable); para el
italiano che en casi 2 millones y para el español el en 6 millones (hay
documentos ingleses con presencia de El Dorado y otra toponimia hispana con el artículo,
probablemente también despreciable); para el alemán und en 9 millones de
documentos.
12. Otros (Soler, 1997)
apuntan también al 2 por ciento «como mínimo» para el español, aunque sin aportar
fuente.
13. Ningún dato
aportan, a pesar de sus títulos, ni el informe La lengua española en las autopistas
de la información (Fundesco, 1996), ni El español en Internet (Marcos Marín,
1996).
14. Atribuiremos al
resto de las lenguas un peso similar al del español.
15. Para recorrer el
universo de la «telaraña» en español, de momento podemos contar con índices como donde,
y buscadores como ozú y olé, pero ninguna indexación sistemática.
16. Por ejemplo, un
analizador morfológico de verbos españoles en Canadá: el Comp-jugador.
17. Para la política de
creación y difusión de publicaciones científicas en el ámbito hispanohablante, véase
Puig (1996).
18. La creación de
comunidades de usuarios, más que la recuperación directa de capital, es el beneficio
real de las actividades en la red (Electronic Publishing, 1996).
19. Sobre todo en los
siglos XVI y XVII: «Parece paradójico que en la época de mayor desarrollo de la cultura
española, considerando ésta en su sentido más amplio, que conlleva la expansión de su
presencia en Europa, la industria editorial española no contribuyera directamente a esta
expansión. Son los editores de otros países europeos quienes la llevan a cabo [...] Este
contrasentido que ofrece la existencia de una producción artística e intelectual
apetecida en Europa y la ausencia de una irradiación editorial desde España se explica
por la ausencia de una industria editorial fuerte, bien capitalizada, que abarque los
principales centros europeos del comercio del libro» (Moll, 1994: 499).
20. No basta con que se
trate de un Altavista con interfaz en castellano (ver Altavista castellano), sino
de uno que tenga en cuenta los servidores con contenidos castellanos. Hay un principio de
acuerdo entre Altavista y TPI (compañía del grupo Telefónica) que podría desembocar en
este fin.
21. Igual que la
actividad viajera de los hispanohablantes conduce a que los cajeros automáticos de
cualquier país presenten menús en español. |
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