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El idioma español y la
sociedad de la información
Daniel Martín Mayorga
A.C. Relaciones Institucionales Telefónica
de Argentina
Argentina
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La presentación del área
temática «Las nuevas tecnologías» debería, quizá, estar precedida de una
presentación de su coordinador, que es quien les habla. Les ahorraré el trámite.
Sólo voy a señalar, porque hace al caso, que mi
formación y la manera como me gano la vida no guardan ninguna relación con la
lingüística, o la filología, o la literatura, aunque sí con la tecnología. Esto no
violenta el espíritu del congreso, ya que siempre se pensó en un foro donde
especialistas de diversas disciplinas expusieran, desde cada óptica particular, su
visión sobre la lengua española y su futuro. |
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Sin embargo, impone un poco, no
siendo del gremio, dirigirse a un auditorio tan selecto que, además, ayer tuvo la
ocasión de escuchar ¡nada menos! a tres premios Nobel. Pero haremos un
esfuerzo para superar la turbación, ya que soy un convencido de que el idioma que
hablamos nos interesa al común de las personas tanto como a los filólogos. La lengua en
la que modelamos nuestros pensamientos y con la que damos forma en la mente a lo que,
verbalmente o a través de un texto, los demás nos comunican, me parece fascinante,
deslumbrante, perturbadora... y así seguiría, agotando los sinónimos que proporciona el
diccionario incluido en el procesador de textos de mi computadora: espléndida,
maravillosa, atrayente, seductora, sugestiva, hechicera, mágica, alucinante.
Parafraseando a Cabrera Infante cuando decía que
el (idioma) español era algo demasiado importante como para dejárselo a los españoles,
podemos añadir que la lengua es demasiado importante como para dejársela a los
lingüistas. La lengua es de todos; todos tenemos derecho a quererla tanto como los
afortunados supongo que viven en relación profesional con ella.
Sirva este preámbulo sensiblero para dulcificar
un poco lo que sigue, más prosaico y tecnológico. Entremos, pues, en materia. |
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Lo que generalmente se conoce
como sociedad de la información, esto es, la existencia conjunta de redes de
comunicaciones de alcance mundial y recursos informáticos potentes, capaces de captar y
generar información, y de almacenarla, procesarla, transmitirla o difundirla en tiempo
real, ha llegado en el último cuarto de este siglo a niveles desconocidos en la historia
de la humanidad, y está modificando enormemente los comportamientos económicos, sociales
y culturales de los países y los ciudadanos.
Esta sociedad de la información, a la que
también podemos referirnos usando el término globalización por más que, en
parte, sea mezclar causa con consecuencia no es una evolución, sino una revolución
de parecida importancia a las quiebras que en otras épocas determinaron discontinuidades
en el modo de vida de todas las personas, aun de las que en principio parecían quedar
fuera de estos movimientos.
Globalizaciones, en un sentido amplio, ha habido
muchas a lo largo de la historia; lo que pasa es que se las denominaba de diferente
manera. Ya en el siglo XVI, con el comienzo de la era de los descubrimientos, se creó el
primer teatro de operaciones de dimensión planetario, lo que afectó dramáticamente a
países y civilizaciones que, en unos casos Inglaterra, Holanda iniciaron su
despegue económico y, en otros, como muchos pueblos que habitaban América, África y
parte de Asia, fueron desmantelados por la conquista y la esclavitud. Era un modelo de
globalización que hoy conocemos como Colonialismo. |
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En el siglo XIX, los adelantos en
las comunicaciones y la Revolución industrial dieron otra capa más de uniformidad a la
cultura y economía mundiales. Hegel, en La filosofía del derecho, había intuido la
necesidad que tenía la sociedad liberal de expandirse más allá de sí misma, y Marx, en
el Manifiesto comunista, redondea la idea y registra el fenómeno: compete a todas las
naciones, bajo pena de extinguirse, adoptar el modo burgués de producción, introducir lo
que se suele llamar civilización; es decir, volverse ellas mismas burguesas. En una
palabra, crear un mundo a su propia imagen.
Y llegamos a las vísperas del siglo XXI. A una
velocidad infinitamente mayor, la actual globalización también está creando un mundo a
imagen y semejanza suya. Hace mucho que nos empezaron a hablar de la aldea global, pero es
ahora cuando realmente nos damos cuenta de que estamos viviendo en ella[1]. Desde cualquier lugar del planeta se puede acceder, con los
medios que la informática y las telecomunicaciones ponen a nuestra disposición, a
cualquier lugar donde esté la información que requerimos. No hay tiempo ni distancia:
sólo hay o no hay información. |
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La relación entre información y
lenguaje es, por otra parte, directa. Así que se puede afirmar que el idioma crece
en uso, en importancia cuando la información lo hace. Y en lo que ésta
influye o condiciona el desarrollo social y económico, el idioma, subsidiaramente,
también lo hace. El aumento exponencial de la información circulante no se ha dado por
igual en todos los soportes idiomas, sino en uno, el inglés, muy por encima
de los demás. Por eso, aunque el crecimiento ha sido tan fuerte que todas las lenguas se
han beneficiado en términos absolutos, cuando se analiza relativamente, se observa una
creciente desigualdad en las cuotas de influencia que cada idioma ocupa.
En esta Área Temática nos hemos propuesto como
objetivo analizar la situación de la lengua española frente a las nuevas condiciones
creadas por la sociedad de la información. Habitualmente mantenemos con el idioma una
relación sentimental, porque está unido a nuestra más profunda identidad. Pero la
lengua también es una industria, un bien económico, y de este modo es como aquí vamos a
considerarla. Con esta premisa, a lo largo de las siguientes sesiones vamos a entrar en el
detalle. Permítanme que ahora les adelante no ya la letra, tampoco el espíritu, pero sí
las líneas maestras que en su momento dibujamos para fijar los contenidos de las
ponencias, de manera que el área temática mantuviera una coherencia de fondo y forma. |
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Conviene, sin embargo, comenzar
advirtiendo que se ha huido deliberadamente de la tentación de desarrollar aquí un
catálogo de las denominadas industrias de la lengua. El propósito de nuestra área
temática es menos descriptivo, más amplio, pues tiene que ver con el entendimiento de
las relaciones entre nuestro idioma español y la sociedad de la información; y ya hay y
habrá otros foros más adecuados para el tratamiento concreto de aquellas industrias.
Con esta salvedad, las líneas maestras que
anteriormente anunciábamos son:
la actual penetración del inglés en el
lenguaje cotidiano, con la tecnología y los medios de comunicación como caballo de
Troya, y la importancia de este efecto en el uso del español. Es la ponencia de Lucila
Pagliai, filóloga e investigadora de la Universidad de Buenos Aires.
la adecuación de la lengua española para
su uso en los nuevos servicios de comunicaciones y las redes globales, como Internet. A
esto se referirá principalmente José Antonio Millán, madrileño, filólogo
especializado en la edición multimedia. |
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la situación presente y
futura del sector mundial de las telecomunicaciones y entretenimiento; y,
específicamente, el papel que las empresas y grupos económicos de los países
hispanohablantes están dispuestos a jugar en él. Es la ponencia de José Luis Martín de
Bustamante, ingeniero español, con una larga experiencia internacional en
telecomunicaciones.
Además, Horacio Reggini, argentino, historiador
de las comunicaciones, abundará en la relación entre la técnica y las humanidades, y
Luis Fernando Lara, prestigioso filólogo mexicano, disertará sobre redes de
terminología.
Con estos mimbres, y algunos más que corren por
su cuenta, los ponentes van a trenzar una descripción de la situación y una propuesta de
sugerencias. Se trata de que, ante la realidad de esta sociedad de la información,
nuestro idioma salga lo mejor parado posible, minimizando los inconvenientes y
aprovechando al máximo las ventajas.
Y subrayaremos las sugerencias, porque creemos
que es imprescindible una actitud activa. La tecnología y los servicios, como han
demostrado sobradamente, evolucionan a mucha más velocidad de la que somos capaces de
asimilar. Y es la lengua la que tiene que salir al paso de la tecnología; no al revés.
Es la lengua la que debe conocer y seleccionar los recursos que el actual desarrollo
tecnológico ofrece. |
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Pero, a primer golpe de vista,
uno diría que estos recursos se están utilizando con extraordinaria timidez. Y quizá,
por ridículo que parezca, ello se deba a prejuicios que ¡todavía! existen
entre algunos círculos del humanismo fundamentalista: de cuando en cuando, se pueden oír
o leer comentarios apocalípticos sobre los peligros de la insidiosa tecnología, entre
los que estalla, antes que ninguno, la inminente desaparición de los libros, inmolados en
el ara del progreso por la mano de la multimedia. Como contrapartida, dicho sea de paso,
están los que ven el progreso técnico con demasiados buenos ojos, y creen que con tener
enchufadas las máquinas el trabajo se hace solo.
En nuestra opinión, la lengua española tiene
mucho que ganar si utiliza adecuadamente los recursos que la tecnología pone a su
alcance. Pero, importa insistir, es el idioma el que ha de saber atraer hacia sí y
moldear de acuerdo a sus propias necesidades las herramientas que el desarrollo
tecnológico produce. La tecnología tiene ya «muchos novios» y mira displicentemente lo
poco que pueden ofrecerle los magros presupuestos educativos y culturales.
A donde, en definitiva, nos gustaría ir a parar,
es a colaborar desde esta área temática en la redacción, real o virtual, del Manifiesto
de Zacatecas, que debería ser el borrador o la base de un plan estratégico para la
promoción y defensa del idioma español, a varios años vista, recogiendo las principales
sugerencias que con motivo de este Congreso surjan. |
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Hablamos de plan estratégico,
aun a sabiendas de que ello puede parecer excesivamente frío a determinados paladares,
acostumbrados a una relación más cálida con el idioma. Pero nos queremos mantener en
nuestro propósito de tratar a la lengua como bien económico. Y sentimos, nos parece, que
nuestro idioma, en este aspecto, está totalmente exento de planificación. Y es mucho
más difícil llegar a un fin confiando en el azar que intentando anticiparse, definiendo
claramente unos objetivos y programando en función de estos las acciones estratégicas y
los proyectos y trabajos que se precisen.
Todo ello ha de hacerse partiendo del
conocimiento preciso del entorno en el que nos movemos y de las tendencias mundiales que
nos influyen. Pues bien, ayudar a entender este entorno es otra manera de definir el
objetivo de nuestra área temática.
Déjenme poner un ejemplo: una herramienta
clásica del análisis estratégico es el conocido método de resaltar las fortalezas,
debilidades, oportunidades y amenazas. Para quienes no estén familiarizados con este tipo
de sistematizaciones, tan caras a esos modernos templos del saber que son las escuelas de
negocios, aclaremos que no se pierden mucho: se trata simplemente de una versión más
elaborada, pretenciosa y, desde luego, menos literaria de aquella lista de males y bienes
que elaboró Robinsón Crusoe para animarse un poco cuando comprobó que estaba solo en la
isla. |
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En el caso que nos ocupa, nuestra
lengua, en este entorno globalizado, tiene las siguientes fortalezas que la benefician
comparativamente frente a otros idiomas:
es la cuarta lengua más hablada del mundo
estamos viviendo en ella[2], pero en la
práctica ocupa el segundo lugar en importancia como instrumento de comunicación, tras el
inglés,
es un idioma uniforme, a pesar del alto
número de países en que se habla,
carece de un centro hegemónico y tiene
gran continuidad geográfica,
la lengua española está fuertemente
introducida en dos de los principales focos políticos y económicos mundiales: la Unión
Europea y Estados Unidos[3],
el idioma español es el sustento de una
cultura prestigiosa y una literatura que está entre las más reconocidas en cualquier
periodo histórico,
los países en que se utiliza la lengua
española comparten parecidos valores sociales y culturales, |
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algunas empresas de
telecomunicaciones y medios de comunicación de países hispanohablantes están entre los
más importantes del mundo. Por ejemplo, Televisa, Telefónica, Grupo Clarín, etc.
Igualmente, el sector dispone de excelentes profesionales, si bien desigualmente
repartidos en la amplia geografía de los países hispanohablantes.
Del mismo modo, la lengua española se habla en
países que salvo excepciones presentan las siguientes debilidades:
poco peso en el concierto mundial de la
informática, las telecomunicaciones y el sector de los contenidos, con fuerte dependencia
del exterior,
escaso nivel de acceso a los servicios e
infraestructuras de telecomunicaciones e información, que además tienen tarifas elevadas[4],
falta de recursos económicos para aplicar
a la planificación y al crecimiento,
desigual nivel educativo, y con las
humanidades en retroceso[5],
ausencia de cultura técnica en gran parte
de la población,
desequilibrios territoriales, bajo nivel
de desarrollo social y problemas de desempleo, especialmente entre jóvenes, |
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escaso desarrollo de
materiales lingüísticos básicos (diccionarios, gramáticas, corpus lexicográficos,
etc.),
ausencia de coordinación en las
políticas de estandarización y normalización, así como en las estrategias de
desarrollo del sector,
y escasa conciencia de la relevancia
económica del idioma.
Un cambio tan importante como el que está
ocurriendo comporta grandes oportunidades para la promoción del idioma español, pero
también fuertes riesgos. Estas amenazas son:
incertidumbre económica y falta de
recursos para el desarrollo en los países hispanohablantes[6],
el poco peso en investigación y
desarrollo y la gran dependencia tecnológica de estos países,
la imposición de nuevas tecnologías, que
no siempre son las más adecuadas, por quienes las desarrollan (normalmente, el origen es
anglosajón),
el desarrollo y la puesta en marcha de
nuevos servicios es, muchas veces, más rápida que su normalización técnica y
adecuación al ordenamiento legal,
la dualización de la sociedad, con el
mantenimiento de grandes bolsas de la población con poco acceso a los recursos
tecnológicos, |
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de los contenidos, y la
dudosa participación en los grandes consorcios que se formen de capitales de países de
nuestro ámbito[7],
escaso nivel de cooperación entre las
instituciones de nuestros países interesadas en el idioma.
Sin embargo, la situación ofrece oportunidades :
crecimiento económico de la región, por
encima de la media internacional[8],
y desarrollo social en aumento: extensión
a los hogares de los beneficios de la tecnología.
incremento constante del peso de la lengua
española en el mundo y, en concreto, en muchos de los países más importantes[9].
el actual desarrollo de los mercados
mundiales de la información, que permite crecientes facilidades para acceder a ella[10]. |
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Hasta aquí, un primer borrador
de este análisis de situación, que presentamos como modesta contribución al debate. A
última hora del jueves, una vez hayan desfilado ponentes, comunicantes y demás
asistentes y participantes al congreso, estaremos en disposición de ampliar o reducir
estas listas de fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades; y enmendar o confirmar
las hasta aquí señaladas.
Voy a terminar, y siempre queda bien hacerlo con
una cita de Ortega y Gasset, mucho más políticamente correcta, como ahora se dice, que
alguna de las anteriores. Viene a cuento de la gran diferencia que observamos cuando
comparamos nuestra actitud frente a la lengua o al negocio de la lengua, que tanto
da con la de los dos principales países anglófonos. Cualquiera que maneje
diccionarios se da cuenta de que la variedad, calidad y abundancia de los ingleses no
tiene correlato en los españoles. Si de métodos de enseñanza hablamos, qué decir sin
sonrojarnos: los cursos de inglés que se venden en todo el mundo son producidos y
distribuidos desde Inglaterra o Estados Unidos, mientras que se estudia español con
manuales de dudosa calidad editados frecuentemente en el propio país de venta. ¿Cuántos
cursos de inglés buenos están disponibles en Internet ? Docenas. ¿Y de
español ? Yo, al menos no conozco ninguno... y he encontrado hasta de latín, ¡pero
preparados por universidades norteamericanas! |
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Esto es lo que cualquier profano
puede ver. Me temo que especialistas como los presentes en este congreso prolongarían
hasta el infinito la lista de agravios. Y eso que Ortega, en el prólogo del diccionario
enciclopédico abreviado de Espasa-Calpe Argentina, ya nos había avisado: la Enciclopedia
nació cuando un editor propuso a Diderot traducir y completar un diccionario
enciclopédico inglés. Difícil será que a toda grande obra continental no se le
encuentre un precedente inglés.
Es un fenómeno que, no sé por qué, no ha sido
antes subrayado, siendo como es tan palmario lo que he llamado la «precedencia normal de
las Islas Británicas sobre el continente». Los ingleses han llegado antes que los
continentales a casi todas las cosas. Lo han hecho sin brillantez, porque el inglés evita
lo brillante, lo mismo que otros lo buscan; pero el caso es que son siempre los primeros
en palpar lo por venir. |
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NOTAS: |
| 1.
En Estados Unidos, más de la mitad de la población trabaja en alguna actividad
relacionada con la información; en España. un tercio. Fuente: Fundesco.
2. Es hablado por 350
millones de personas; aproximadamente el 8 por ciento de la humanidad. Pero de cada 9
hispanohablantes, sólo uno es español. Dentro de la Unión Europea ocupa el quinto
lugar.
3. En Estados Unidos hay
27 millones de hispanos (10 por ciento de la población). En Los Ángeles, un tercio de
los habitantes lo son. Es la comunidad de más rápido desarrollo, con unas tasas de
crecimiento entre 3 y 5 veces superior al resto: para el 2010 los hispanos serán la
minoría mayor en Estados Unidos, con 41 millones según las proyecciones. Para el 2050,
uno de cada cuatro norteamericanos será hispano. Hay más de 400 periódicos y 230
revistas en español, con una tirada de 20 millones de ejemplares (1995). En 1990 la
tirada era de 9 millones. Fuente: Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP).
En lo que respecta a TV, Univisión (la cadena más grande), que llega al 13 por
ciento de los hogares norteamericanos, ocupa la décima posición en importancia en el
país. En segundo lugar y en el puesto duodécimo de la relación general está
Telemundo, que se ve en el 10 por ciento de los hogares. Tanto en las escuelas públicas
como en las universidades, el español es el idioma más estudiado, con porcentajes del 24
y 46 por ciento, respectivamente que doblan al segundo (francés). Fuente: Consejo
Norteamericano de Enseñanza de Lenguas Extranjeras. La importancia económica de
industria de la lengua hispana en Estados Unidos es superior a la de cualquier país
hispanohablante, con la excepción, quizá, de España.
4. Latinoamérica está
entre las regiones del mundo peor situadas respecto a las tecnologías de la información.
Por ejemplo, la media de teléfonos cada 100 habitantes está por debajo de 10, cuando en
la Unión Europea se llega a 47 y en Estados Unidos a 60. Respecto a Internet, los
valores, en el mismo orden y siempre cada 100 habitantes, son 0,07, 2,33 y 11,25. Y en lo
que se refiere a ordenadores personales, no hay estadísticas fiables en muchos países
por el escaso parque existente, pero en ningún caso la media de la región alcanzaría
1,5 unidades cada 100 habitantes, frente a los 12 de Europa y los 30 de Estados Unidos.
Fuente: Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de
Telecomunicaciones. |
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5.
El pasado febrero se presentó en Madrid, firmado por doscientas personalidades de la
cultura española, el Maitifiesto en Defensa de las Humanidades Clásicas. Este
documento aboga por la reforma de los planes de estudio, de manera que las humanidades
recuperen el protagonismo perdido.
6. El Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) evaluó en 60 mil millones de dólares las necesidades de inversión
en infraestructuras para la región en los próximos años. Como se trata de inversión
básica (carreteras, agua, saneamientos, etc.) y no considera las infraestructuras de
telecomunicaciones, es fácil deducir la dificultad de allegar recursos a estos fines.
7. En marzo de 1997 se
produjo el lanzamiento del canal de noticias en español de la CNN, que está previsto
llegue, en principio, a casi cuatro millones de hogares de América Latina.
8. Efectivamente, el
crecimiento económico de los países de Iberoamérica y el Caribe se situó en un 3,1 por
ciento en 1996, y se espera un 5 por ciento para el año en curso, lo que está por encima
de la media internacional. Sin embargo, estas cifras son consideradas insuficientes: para
generar el desarrollo social que la región precisa se necesitaría por lo menos llegar al
7 por ciento. Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo.
9. Según un estudio de la
Unión Latina dado a conocer en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Agosto
1996), el español es el único idioma del mundo que crecerá sustancialmente en número
de hablantes de aquí al 2010.
10. Lo previsto para el
período 1995-2000 es que el volumen del mercado de la información en el área
latinoamericana se duplique, y en el período 1995-2005 se cuadruplique. La parte más
activa del sector serán las comunicaciones móviles, y la telefonía básica mantendrá
el liderazgo en cuanto a volumen de ventas. Fuente: Asociación Hispanoamericana de
Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones. |
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