|
Tecnología, Internet y español:
Flujo de influencia y dependencia
José Manuel de Pablos
Universidad de La Laguna
|
|
| |
En ciertos sectores hay una
preocupación latente sobre la influencia que las nuevas tecnologías de la información
tienen sobre el lenguaje, el español en nuestro caso. Con el actual baño telemático, Internet centra la atención de
los sectores aludidos y las críticas caen sobre la red de redes, por la dependencia que
dicen que sufre la lengua desde el inglés, al ser aquella el idioma predominante en la
red.
La pregunta, por tanto, es si hay realmente una
incidencia negativa surgida a partir del establecimiento de nuevas tecnologías de la
información sobre la calidad del lenguaje empleado en los medios de información,
españoles, en nuestro caso y objeto de estudio. Sobre esta cuestión, ésta otra:
¿Internet es en verdad esa especie de diablo que va a acabar con el castellano en el
marco de la globalización y todos acabaremos entregados al idioma «oficial» de la red
de redes? |
| 
|
Parece que con estos dos
problemas, claramente delimitados y planteados ciertamente entre algunos sectores de la
población, localizado en la Academia, por tanto, tenemos materia suficiente para tratar
de averiguar qué hay de cierto en la creencia o sospecha indicada y bastante bien
aceptada: que las nuevas tecnologías de la información actúan de forma negativa entre
la población en materia de lenguaje y que Internet poco más o menos ha venido a dar la
puntilla al toro del español.
Como a todo problema a investigar, hay que
enfrentarle su hipótesis; la nuestra que trataremos de desarrollar habla de
que las tecnologías son meros instrumentos o métodos que utiliza la persona para
realizar viejas tareas con mayor comodidad, menos esfuerzo, mayor productividad y menor
tiempo. La influencia que toda esa novedad pueda tener sobre un idioma dependerá por
tanto de la mayor o menor sensibilidad que los usuarios de la nueva tecnología posean
ante la primera de sus técnicas de comunicación, que es su lengua materna. O sea, la
calidad lingüística de su producto final (en el caso de las industrias culturales
basadas en el idioma, en la comunicación) dependerá de la aplicación que cada actor
comunicativo ponga en sus funciones. Este empeño es indudable que tendrá una dependencia
cerrada de sus conocimientos, esto es, de su educación.
Aquí, un castizo diría que hemos llegado a «la
madre del cordero». La educación elemental y primera es el centro de acción de toda
incidencia en el actual mal uso de la lengua española que se contempla con tanta
frecuencia en los medios de comunicación españoles de fin de milenio. Hay una falta de
formación que llega de las etapas más frescas de la educación y acompañará sus
consecuencias de por vida a la persona. Si ésta se dedica a la información en un medio
de comunicación social, con mucha frecuencia transcenderán sus limitaciones y sus
lagunas. |
| 
|
Problemática
Los matices que diferencian entre sí palabras
semejantes y dadas a la confusión entre los maltratantes del idioma
Por eso es una pena que en tantas ocasiones se
presente un lenguaje aplanado, como si la expresión hubiera perdido esa característica
tan enriquecedora. Junto a ello nos encontramos con tanta frecuencia con el torpe empleo
de voces a las que se les quiere dar un significado diferente al que de verdad poseen, en
una pirueta que lejos de enriquecer el idioma implica un desconocimiento completo del
léxico que se emplea. Uno de los ejemplos lo encontramos en el empleo de la voz argumento
para referirse a recurso.
Así, escuchamos o leemos que un equipo de
fútbol va a presentar sus mejores argumentos en el partido del domingo y los lectores,
telespectadores o radioyentes quedan obligados a interpretar lo que aquel profesional de
la comunicación ha querido decir. De esta manera se va poblando el idioma de pretendidas
acepciones nuevas que no son tales, porque una acepción ha de cumplir con la norma
mínima y elemental de serlo, y no de ser el producto de un uso incorrecto por personal
desconocimiento de sus más básica herramienta diaria de trabajo, que es el lenguaje. |
| 
|
Lo peor de estos casos es la
filosofía de la complaciente Academia española o de algunos de sus más cualificados
componentes, que con tanta frecuencia aceptan y dan legalidad a estas actividades
idiomáticas. Parece haber quedado lejos el respeto debido al clásico lema del
prototipógrafo de Zaragoza; en sus trabajos magníficos, Ibarra añadía lo de dar brillo
y esplendor a un idioma que ayudaba a fijar. Lo que hoy se fija es otra cosa, sin brillo
ni esplendor en ocasiones.
El mal ejemplo del uso de la voz argumento
lo podemos encontrar con mucha frecuencia, con el consiguiente aplauso de la Academia
oficial, mas no de la academia universitaria. La voz oportunista y oportunismo
pierde su carácter peyorativo cuando el senado de sabios del lenguaje agrupado en el
equipo del español urgente de la Agencia Efe[1]
santifica el mal uso del idioma y escriben[2], en paso
previo a su inclusión en el DRAE: «Se acepta el uso que se está haciendo en el
lenguaje deportivo de esta palabra con el sentido de «saber aprovechar las
oportunidades»; «... destacando la habilidad de Saura y el oportunismo de
Welz...».[3] |
| 
|
Pues a eso me refiero cuando
decía que se trata de limar los matices del idioma, de aplanarlo y, por tanto, de hacerlo
menos bello, porque si oportuno y oportunista son la misma cosa (pasa igual con reyes y
soberanos; curso y temporada), una de las dos voces me sobra y debe estar claro que si el
lenguaje ha originado con el tiempo dos palabras parecidas pero de significado tan
diferente, hacerles perder ahora ese matiz diferencial es una forma de empobrecimiento,
que parte de la ignorancia de quien sin pudor, por su desconocimiento, las emplea en
público y en un medio de comunicación.
Lo peor de este empleo público es que afecta a
las áreas menos formadas de la sociedad, hasta el punto de llegar a influir justo hasta
en un comité de sabios que parecen estar para vigilar el uso correcto del idioma y no
para ceder con tanta tranquilidad ante la última muestra de un analfabetismo mediático
que encuentra tanta complacencia en un débil grupo de asesores del lenguaje, quienes es
evidente que en puntos como el señalado no están cumpliendo con su deber, de lo que de
su superior conocimiento se ha de esperar.
El episodio relatado de oportuno y oportunismo[4] concluirá cuando la Academia decida establecer una
tercera acepción haciéndolas iguales, aplanando el idioma una vez más. Este
igualamiento se acomodará en una errónea manera de entender el papel de la Academia
Española, al que se deberían rebelar las academias hispanoamericanas, aunque sólo fuera
por la incapacidad para disponer de un diccionario definitivo al que añadirle voces
nuevas o actualizaciones, pero sin la rémora de errores que se repiten en una edición
tras otra. |
| 
|
Es ya casi un chiste en
Hispanoamérica, al que la Academia parece no querer atender: en la definición del color
amarillo hay una referencia al limón[5], cuando en
algunos países, como Colombia, los pequeños limones de consumo más generalizado maduran
y siguen manteniendo un color verde que llama la atención por su intensidad, sin una mota
de amarillo. Esta realidad, este chiste que se achaca a Gabriel García Márquez, esta
manifestación de los errores de la que debería ser una obra sin imperfecciones tan
indiscutibles como ésta, se mantiene como una muestra no sé si de incompetencia, de
centralismo o de soberbia de tipo académico. ¿Es que los preparadores y responsables del
DRAE no saben que el limón no sirve para apoyar la idea de la entrada amarillo?
El DRAE es un recital de despropósitos
y algunas de sus incorporaciones son escandalosas y parecen fruto del variopinto personal
que ocupa en ocasiones sus doctos sillones sin méritos académicos de especie alguna,
más allá de sus valores individuales, su alcurnia, su simpatía personal, sus amistades,
sus relaciones, su posición en el mundo de la influencia madrileña.
Veamos cuatro de sus últimos ingresos: a)
un autor de prólogos, esposo de una figura de la aristocracia española, mecenas
cultural, el marido de la duquesa de Alba; b)un autor de chistes que los publica
en el diario conservador ABC, usuario del idioma en frases ingeniosas y
simpáticas que no superan las tres líneas de texto, gran animador de cualquier tipo de
reunión y a quien se le desconoce cualquier aportación o estudio sobre el idioma, el
humorista Antonio Mingote, excelente persona; c y d) el director de ABC
de finales de los 90, Luis María Anson, gran profesional del periodismo y autor de varios
ensayos o libros de cierta aceptación popular, quien podría ser un digno candidato en
cualquier momento, mas, para equilibrar su incorporación, los académicos hacen el juego
malabar de nombrar igualmente a un representante del diario El País, el de más
venta en Madrid y de gran influencia social, para lo que se deciden por su
director-fundador, Juan Luis Cebrián, autor de unas pocas novelas de éxito relativo y
apoyado por ser quien era cuando las publicó, de quien se dice que jamás había
imaginado llegar a la Academia, cuya entrada es un producto químico de equilibrio y
sospecha de que sin tal equilibrio se podrían recibir críticas de uno u otro periódico.
|
| 
|
La Academia, así, ayuda al
empobrecimiento y el error, tal es el caso de las acepciones de voces como telefoto[6] o ecologista y ecologismo[7], estas últimas de tanto éxito en el castellano desde que un
servidor la importó desde el francés a finales de la década de los setenta y tan mal
presentada una y otra voz en el DRAE de 1992.
En ecologismo, con la duda de la
situación del hombre en la naturaleza; en ecologista, la absurda segunda
acepción de esas afirmaciones que cercenan los matices del idioma que aquí estamos
criticando y que hace a ecologista sinónimo de ecólogo, que es tan absurdo como
decir que socialista fuera «persona que profesa la sociología como ciencia», que es lo
que aseguran que significa ecologista referente a la ecología, quien profesa la ecología
como ciencia, lo cual es un error, lamentablemente con algunos precedentes en la obra de
la Academia Española, que tal vez arreglen el duque de Alba, Mingote o Cebrián.
Sería de agradecer que la Academia llegue a
entender estos errores o, al menos, acepte las sugerencias presentadas en su secretaría
general en mano por personas que hacen constar algunos de estos tropezones y que en
algunas cuestiones saben más que los señores académicos oficiales. No sé si la
burocracia digiere esta «intromisión» de personas del exterior, pero lo cierto es que
algunos de los errores advertidos se mantienen en el diccionario. |
| 
|
La facilidad
del mimetismo para asumir malos ejemplos o la exageración y búsqueda de matices
inexistentes, de sinónimos desajustados.
Cuando un actor mediático incorpora una nueva
voz con sentido o una acepción nueva y aceptable, estaremos sin duda ante un innovador
del idioma, un genio, figura siempre plausible y deseada. No sucederá tal cosa cuando la
nueva voz es una estupidez[8] fruto de la incultura y la
acepción nueva lo es del desconocimiento del léxico original de partida.
Sobre este particular, en mi reciente libro Errores
del texto periodístico[9] dejo algo bien claro, la
necesidad de que la persona bien formada ha de huir como de los vicios y malas compañías
del recurso facilón de emplear acepciones sin sentido, de hacer extensiones ridículas de
voces legitimizadas por el uso antiguo y canónico. En ese sentido, a mí no se me
ocurriría utilizar la voz álgido para referirme a un momento crítico, ni
empleo términos como cumbre[10], colectivo
como sustantivo[11], ni escribiría de los soberanos
de España, porque soberano sólo lo es el rey (en Inglaterra, la reina) y no él y su
esposa[12]. |
| 
|
Digo y hago tal cosa por respeto
los significados clásicos, no por purismo anacrónico y sin sentido, porque en el
lenguaje se ha de ser innovador (yo lo fui al traer a nuestra lengua las voces ecologista
y ecologismo) y a la vez apostar por los valores canónicos y clásicos del léxico, sin
caer en el populismo[13] de aceptar toda corrupción
de la lengua, tal y como sucede en este fin de siglo.
Me causa pavor ver con qué facilidad (y silencio
de la Academia) se tuerce el significado de la voz siglo y ya se anuncia el nuevo
milenio para el primer día de enero del año 2000. Molesta leer la voz epidemia
aplicada a las vacas locas inglesas, como me sorprendió el uso que de ese término
«epidemia» daba un preclaro miembro de la Academia Española en la tercera
página de ABC cuando se produjo una epizootia en caballos andaluces en vísperas
de la Exposición Mundial de Sevilla, en 1982.
Me causa estupor tanta ligereza y tanta dosis de
mimetismo, de copiar y aceptar lo primero que se escucha o se lee. Leer la voz epidemia
aplicada a la epizootia de las vacas locas en la última página del diario madrileño El
País[14], periódico de referencia, ¿cómo se
ha de interpretar? Como falta de cultura, de escasos conocimientos de léxico de
profesionales de la información y de comentaristas avezados, columnistas de página de
cierre o del establecimiento de la filosofía del «todo vale»... antes de que el DRAE[15] haga iguales las voces epizootia y epidemia[16] , en su supuesto afán laminador, haciendo honor a su
aparente nuevo lema, «Acepta, vulgariza y lamina». |
| 
|
A las empresas
no les importa la pureza del lenguaje sino la cuenta de resultados.
Esto es lo que me dijeron en un almuerzo con
varios pequeños empresarios de comunicación. Me lo dejaron muy claro, ante mi cara de
asombro: «Hacer que los diarios aparezcan limpios de erratas[17] y faltas de ortografía tiene un precio, que es el mantenimiento
de equipos de correctores en la nómina fija del periódico. El coste de ese sistema de
control es superior al coste negativo que en imagen tiene un diario, así que se asume ese
peligro cierto, porque es más barato». Aquello que me comunicaban con gran frescura un
grupo de pequeños empresarios, en un coloquio sobre las fórmulas para reflotar el diario
Ya, de Madrid, debe ser así, no se debe poner en duda, porque los ejemplos lo
confirman por doquier.
Si me quedara duda, sólo tendría que estudiar
los textos del diario español El País, tan lleno de erratas y errores en las
formas de presentación más variadas[18]. En ese
sentido, no hace falta ser un genio para comprobar cuáles son los tres tipos más
generalizados de quejas de los lectores del citado periódico, el diario de prestigio y de
referencia en el panorama del castellano en España: |
| 
|
Los problemas de todo tipo
de falta de conexión entre títulos y textos correspondientes.
El mal empleo de fotos de archivo, con una
ligereza que causa pavor, con episodios que van desde la hilaridad al (posible) juzgado de
guardia.
Los errores y faltas de ortografía más
escandalosos.
Les citaré unas pocas de esto último, por lo
demás denunciadas por sus propios lectores y asumidas desde la columna dominical del
defensor del lector[19], así que no estoy aquí
sacando nada nuevo y oscuro a la luz: preveyendo por previendo[20]; andaron, varonesa, manteniéndo, esperándo, despejándo,
incurriéndo, apuntálando[21], en apenas 40 líneas de
un mismo artículo, con lo cual el comunicante se pregunta[22].
¿Es posible que con la tecnología avanzada de hoy un diario no cuente con un corrector
de textos que evite por lo menos erratas que avergonzarían a un niño de escuela?. No
hacemos comentarios. |
| 
|
A estas sensatas críticas de una
lectora, responde el director del periódico[23]: «El
País tiene un servicio de corrección por el que deben pasar todos los artículos que se
producen con cierta antelación» (opinión, cartas), así como los editoriales[24] y la primera página. Creo que en estas zonas del
periódico hemos conseguido un nivel razonable[25]. Es
en las informaciones del día, y sobre todo en las de última hora, donde los sistemas de
control y edición no funcionaban adecuadamente. Estamos estudiando la posible
implantación[26] de un sistema de autocorrección».
Unos meses más tarde, el defensor del lector, al
hacer un balance de su actuación[27] escribe: «(...)
un buen 60 por ciento de ellas [se refiere a las quejas de lectores] se ha referido al
modo de escribir de nuestros redactores. Les duelen a los lectores las faltas de
ortografía, de gramática, el descuido en los textos de un diario que ellos consideran de
prestigio (...)» y añade: «Siguen preguntándose cómo es posible que el periódico no
cuente con filtros de corrección de los textos». |
| 
|
Mi comentario al respecto es que
es muy lamentable que se permita, se tolere ese decaimiento en un diario actual que ha
sido tan importante en la transición española a la democracia, que tan notables
servicios ha prestado a la libertad de expresión, editado por una empresa, Prisa,
que de forma paradigmática apareció en el pobre panorama mediático español de la
década de los setenta, y ayudó con su ejemplo de entonces a modernizar. Para muchos
periodistas, entre los que me incluyo, fue un auténtico periódico modelo. Tal vez la
diversificación y el poder adquirido por los mentores (Polanco y Cebrián) los haya
animado a ocuparse de otras empresas, hasta formar un formidable imperio mediático,
tolerante con los problemas aquí señalados en El País, insignia de tantas
cosas.
Creo, con el defensor del lector, en el
palimpsesto de su título dubitativo («¿Hay menos errores que antes en El País»),
que no estamos ante un problema tecnológico sino de formación y sensibilidad de los
creadores de textos. No parece pertinente la afirmación de Mario Wolf[28] cuando asegura: «Como consecuencia de la difusión de las
nuevas tecnologías de la información, [aparece] una especie de simplificación de la
escritura, una estructura uniforme de creación y redacción de los fragmentos
periodísticos». E insiste: «Los sistemas de edición, con su funcionalidad respecto de
las exigencias de modificar, colocar, extraer y unir partes de textos, inducen formas de
escritura modulares por paquetes de información».[29]
Todos los casos contemplados son producto de la
falta de formación (o curiosidad) del autor [me duele aquí usar la palabra periodista,
generalizar, porque lo he sido y me siento tal]. Pero, si en el presente los periodistas
académicos españoles reciben una mejor formación, lo que es indudable, como nunca antes
en la historia, ¿cómo puede suceder tal situación? Sólo encuentro tres tipos de
explicación: |
| 
|
a) el divismo de muchos
informadores, colocados a la altura de estrellas o con esa meta, les anima a creer que una
coz al vocabulario o a la gramática[30] puede ser una
muestra de originalidad, de genio.
b) ese divismo no les deja ver la realidad de
unas normas de uso y empleo de su lenguaje, primera tecnología a dominar, no sólo a
conocer de lejos.
c) lo que son meras erratas se podrían resolver
en los periódicos por el sencillo procedimiento de pasar sus textos por el corrector
automático de su ordenador, que encontramos en los más sencillos programas de
tratamiento o creación de textos.
Aquí volvemos a encontrar cuatro casos:
c.1- su soberbia profesional les impide «ponerse
en manos» de una máquina.
c.2- algunos jefes de redacción recomiendan a
sus redactores que no se use el diccionario informático, «para que los redactores pongan
más atención a su trabajo».
c.3- simplemente, no saben que existe esa
magnífica herramienta puesta al servicio del usuario en el sistema informático que
están empleando.
c.4- sencillamente, el periódico en cuestión no
dispone de controles informáticos de la calidad del texto o no tiene instalados
diccionarios informáticos, como hemos visto en las declaraciones del director del diario El
País. |
| 
|
Insistimos en esa situación en
ese periódico, de una empresa que posee un servicio de informática capaz de originar un
programa específico para la transferencia automática de los textos creados en su sistema
industrial de composición periodística al formato necesario para colocar los mismos
textos en la edición telemática del diario, en ficheros htm.
A las empresas, en su gran mayoría, resumimos
con el epígrafe de este tercer apartado, no les interesa demasiado la calidad del texto
de sus mensajes, sino la cuenta de resultados y sucede que un texto más limpio va a
implicar un sobrecoste «innecesario» que quitaría parte de brillantez a las cuentas de
fin de ejercicio.
Temores de que Internet sea
negativo para el castellano o cualquier otra lengua
Sin entrar en categorías de lenguas por su
presencia en el planeta ni insistir en la clara relación idioma-poder económico, que da
valor por ejemplo al idioma francés y al alemán, sobre todo, veamos, entonces, algunos
aspectos de la relación entre Internet y el español. |
| 
|
Hay que entender que la red
interconectada, como toda tecnología emergente, será buena o mala según las
aplicaciones que le presten los operarios que la manejan. Por tanto, estamos ante la
teoría de la neutralidad de la tecnología. Por lo general, los peligros que se ven ante
cualquier nueva tecnología de la información parte de los nacionalistas (incluso cuando
no se acepte o no se sepa ese carácter por parte de los que se atrincheran ante lo
emergente), preocupados por las impurezas que les van a llegar por medio del nuevo
vehículo de comunicación.
En el congreso de la AIMCR/AIERI celebrado en
Guarujá (Brasil) me llamó poderosamente la atención los temores manifestados por dos
profesores coreanos que se lamentaban de la influencia, perniciosa, según ellos, que
podría originar en la población de su país la llegada de señales de televisión del
exterior, de Japón y desde la otra Corea.
Ese temor a la contaminación espiritual y
mediática es, sin duda, la teoría que prohibe oficialmente en Cuba la existencia en
domicilios particulares de antenas parabólicas para captar señales televisuales de los
satélites y las mismas ansias que acelera la imaginación y origina que se «fabriquen»
antenas caseras de lo más insólito, de muy pequeño tamaño y de fácil desmontaje si
alguien llama a la puerta. El nacionalismo, entonces, va a ser el primero de los enemigos
de una red interconectada que haga del mundo una aldea mediática como soñó McLuhan. La
misma situación de Corea y Cuba, pero a la inversa, se da paradójicamente en Marruecos,
donde no dejan pasar visitas oficiales españolas[31]
para solicitar la ampliación de la señal televisual de las emisoras públicas hispanas
para que llegara al país magrebí, para que se pudieran ver las corridas de toros y los
partidos de fútbol. |
| 
|
A nadie se le esconde que
Internet es todo lo contrario a nacionalismo, de ahí las veladas críticas a algunos de
los peligros potenciales de la red de redes por parte de algunos sectores, portavoces o
individuos del nacionalismo militante de algunos lugares donde este sentimiento chico
está muy arraigado. No es ningún secreto que la mayor parte de los textos que podemos
encontrar en la red están redactados en inglés, por la sencilla razón de que en los
países de esa lengua están más avanzados en telemática[32]
y han invertido más riqueza, han destinado mayores recursos en la gran
herramienta-soporte que nos ocupa y han ideado la programación universal que da vida a
las redes interconectadas.
Pero nada evita que haya servidores en cualquier
otra lengua, por muy minoritaria que ésta sea. No hay autoridad o imperio que prohiba o
evite que haya representación de quien así lo desee en la red. No hay tarifas por entrar
en la gran feria telemática. No hay privilegios para unos sectores sobre otros, más
allá de los recursos que hayan colocado en la red de redes, de los que se podrán
beneficiar quienes los pusieron pero también nosotros y los demás: quien los puso y
quien, erróneamente, no ha invertido más allá de sus necesidades más elementales. La
aldea global es más global que nunca hasta el presente y no se ha de pagar por circular
por sus calles, por entrar en sus palacios informativos, con las excepciones que siempre
hay. La sinergia puede ser uno de los provechos más directos de la estancia en la Red. |
| 
|
No está en Internet el concepto
marginativo de «los otros», como siempre subyace en todo tipo de pleito vecinal,
racista, xenofóbico. Por eso es de extrañar quejas y lamentos «contra el pensamiento
único» que puede establecerse desde la red de redes y llega a decirse que la red puede
convertirse en un medio de uniformización cultural,ya que se entiende que es un agente de
primer orden para imponer el inglés. También que, al parecer, ayuda a imponer la forma
anglosajona de ver las cosas, «más concretamente, de la forma de ver las cosas de un
puñado de ciudadanos privilegiados de Estados Unidos», como he leído en algún sitio.
¿Demagogia o adivinanza? ¿Temor o prospectiva? ¿Apocalipsis o no integración?
Es cierto que en Internet hay una inmensa
cantidad de información en lengua inglesa, pero es igualmente cierto que hay un gran
número de servidores en otras lenguas, tal es el caso del idioma castellano, por citar
uno que conozco. Esto es así, hasta el punto de que podemos estar horas y horas navegando
por la red de redes sin salirnos de páginas Web (sólo hablo aquí de esta
modalidad telemática) redactadas en lengua cervantina. Excuso decir en qué idioma se
redactan los mensajes de correo electrónico entre hispanohablantes.
Nadie nos obliga a entrar en los servidores en
lengua inglesa, única causa penosa a partir de la cual podríamos hablar con toda razón
del pensamiento único y de una influencia negativa de algún tipo de imperialismo
cultural. Mientras no suceda tal cosa, el peligro denunciado solamente es una ensoñación
nacionalista, en busca de lobos donde no los hay en las condiciones actuales. |
| 
|
Cualquier imposición invasiva
sólo es posible si el invadido queda abatido, sin fuerzas ni medios para sacudirse la
invasión y el consecuente expolio a que será sometido; pero este extremo no pasa en
estos momentos con Internet, como sucedió en todos los territorios adonde llegaron los
descubridores[33] europeos o los adelantados de los
reyes de Castilla e hicieron «préstamos culturales», o sea, impusieron su lengua y sus
creencias, «civilizaron» a los nativos salvajes, hicieron todo tipo de cruzada y
comercializaron con aquellos seres humanos. Cuando no entendían su lengua, eso que
hablaban era una algarabía[34], que es voz castellana
para referirse a la lengua árabe que no entendían los adelantados de la cristiandad
militante e invasora, en su forma de nacionalismo sagrado.
Hay que conocer igualmente que un puñado de
ciudadanos estadounidenses verdaderamente privilegiados son los primeros que han apostado
y han roto las posibles cadenas de la Red, desde privilegiadas posiciones sociales e
intelectuales, tal y como ha ocurrido en numerosos campus en toda la Unión: han sido
rebeldes y solidarios, que no comulgan con el gatesismo[35]. Que haya otros privilegiados norteamericanos que piensan de
otra manera es lógico, pero la partida, hasta el momento, mientras la Red es más joven,
o sea, más débil, no la están ganando los gatesistas. |
| 
|
Igualmente, me asusta, pero poco,
que Internet se entienda y se califique de «agente de primer orden» para la imposición
de la lengua inglesa. Si así lo fuera, ¿no habrían aparecido ya muchas academias que se
dedicarían a explotar la Red para dar cursos de cualquier tipo de idioma? En modo alguno
Internet es un agente de algo que no sea el desarrollo de la comunicación; otra cosa
será la función que los usuarios y las organizaciones den a esa nueva forma de soporte
de la información.
Hay que entender qué es la telemática, sólo
una herramienta a nuestro servicio; y qué Internet, sencillamente, de ahí su alteza, un
nuevo soporte de información: tal vez el último, el más ligero[36], donde según nuestras posibilidades de desarrollo y avance de
los conocimientos podremos hacer buenas o malas cosas, como crear nuevos medios
informativos en forma de radio escrita, los llamados incómodamente periódicos
electrónicos o diarios digitales[37] o
perder el tiempo como un autista ante una pantalla iluminada sin sentido.
Los temores de este tipo son los mismos que
originaron en todo tiempo, desde el medievo, el Simedie o síndrome medieval al
avance de la ciencia y la tecnología, que con Internet se presenta de variadas maneras,
algunas de las cuales hemos visto en este texto. |
| 
|
Conclusiones
1. No hay razón de dependencia ni de mayor
influencia de Internet sobre el vigor del español, idioma que tendrá en la red de redes
el protagonismo que los agentes sociales y culturales decidan establecer. El ejemplo del
Instituto Tecnológico de Monterrey (México) con una amplia conexión entre sus
diferentes campus y las lecciones impartidas a distancia, dentro y fuera de México[38], es un paradigma que muestra que el español puede
funcionar en la Red como cualquier otro idioma, como el inglés.
2. Muchos de los males del actual periodismo que
se hace en la prensa española obedecen al desinterés de las propias empresas de
comunicación por poner al servicio de los redactores todos los recursos informáticos
para la mejor limpieza de los textos y a la desaparición de los recursos humanos (parejas
clásicas de correctores y atendedores) que han hecho siempre de control de calidad en los
textos periodísticos antes de su impresión definitiva.
3. Que en el tiempo en que la mayoría de los
periodistas reciben mayor formación académica aparezca menos limpieza en la generalidad
de la redacción hace suponer que existe un problema de infraestructura formativa,
anterior a la llegada de los estudiantes a la universidad. |
| 
|
4. A todo lo anterior se suma una
falta de atención o de interés por la limpieza del texto periodístico, en un ambiente
donde el mimetismo facilita que los errores se reproduzcan sin demasiada resistencia.
5. El papel de la Real Academia Española
debería ser fundamental, al menos como agente controlador o informador de la calidad,
pero es lamentable ver que lejos de respetar y ajustarse al antiguo lema del
prototipógrafo Ibarra («Fija, limpia y da esplendor») parece haberse asociado con el
populismo de aceptar lo que sea con tal de que lo hable el vulgo, abrigada con un nuevo
lema, «Acepta, vulgariza y lamina». |
 |
NOTAS: |
|
|
| 1.
En el comité de sabios del español urgente figuraban a finales de la
década de los 80 los académicos españoles Manuel Alvar, Fernando Lázaro Carreter,
Valentín García Yebra y Luis Rosales.
2. Manual del
español urgente de la agencia Efe, 4ª y 5ª ediciones corregidas y aumentadas,
páginas 139 y 189 respectivamente, de 1986 y 1989.
3. En mi libro Errores
del texto periodístico (Colección Global de Comunicación, Editorial Rosaljai,
Barcelona, 1997) me extiendo ampliamente sobre este vocablo y el error (admisible para
algunos académicos, como acabamos de ver) de igualar oportuno y oportunismo.
4. Todavía ambas
palabras mantienen en el DRAE de 1992 sus definiciones clásicas, sin confusión
entre una y otra, sin la pérdida del carácter peyorativo de oportunismo.
5. La última
edición del DRAE, la de 1992, señala que amarillo es un adjetivo empleado para
hablar "del color semejante al del oro, el limón, la flor de la retama, etc."
Es evidente que los colombianos que ven que sus limones siempre son verdes se ríen del DRAE
o, por el contrario, podrán entender que "verde es amarillo académico..."
6. Una de las
acepciones de telefoto, según el DRAE equivocado, es la de foto tomada
con un teleobjetivo, cuando telefoto es no más que una foto transmitida (en esta
acepción dice el DRAE que transmitida a distancia: es evidente que si no hay
distancia no puede haber transmisión.)
7. Cuando
castellanizamos las voces ecologismo y ecologista y la gente del movimiento, allá por
década de los 70, a sus finales, no llegaba a entender el matiz diferenciador de que iban
cargados, decíamos esto que sigue y entonces todo el mundo entendía y aceptaba:
"Ecólogo es a ecologista lo que sociólogo a socialista". Casi 20 años
después, la Academia comete el error que se trató de evitar hacia 1977, de acuerdo con
lo que parece ser su lema nuevo, abandonado el de Ibarra: "Aceptemos todo uso vulgar
y laminador que haga populista nuestra situación ante el español", "Acepta,
vulgariza y lamina".
8. El caso más
reciente en España se ha dado a través de la emisora privada de televisión Antena 3 y
las intervenciones de un humorista llamado Chiquito de la Calzada, que ha sembrado su
vocabulario de palabras mal pronunciadas, a la que le faltan letras o se las añade,
cuando no "inventa" voces nuevas sin sentido ni base alguna, pero que al poco
tiempo las acepta una gran cantidad de personas. Es evidente que estamos ante un fenómeno
de influencia social de los medios y acaba siendo una situación pasajera, que duda lo que
la popularidad del personaje en cuestión, aunque en el caso que nos ocupa lleva ya cuatro
años en pantalla, con una influencia contundente y perversa en las capas más populares
de la población, que no dudan en repetir modos "graciosos" de cocear el idioma.
(Lo más grave del asunto lo extraigo de una entrevista que le hacen a este personaje en
uno de los programas amarillos de la actual cadena privada española, llamado Efecto F,
el viernes día 13 de marzo de 1997, cuando asegura que, en efecto, el Rey de España usa
algunas de sus "palabras" o hace algunos de sus gestos y que en cierta ocasión
fue contratado para actuar en una fiesta privada en la residencia particular de Juan
Carlos de Borbón).
9. Vid 3.
10. A pesar de la
nueva 3ª acepción del DRAE.
11 A pesar de la
nueva 6ª acepción del DRAE, ambas en línea con lo criticado más arriba.
12. Con frecuencia,
sobre todo en las crónicas de los viajes de los reyes de España, se encuentra este mal
empleo de la voz soberanos. Invito a los lectores a que comprueben las crónicas
de cualquier viaje de los reyes para su comprobación. Lo sintomático y preocupante del
asunto es que, ¿los periodistas que van en el séquito real, son de los mejores y más
veteranos o los más jóvenes e inexpertos? Parece evidente que son los más maduros, los
mejor formados, algunos de los cuales no dudan en referirse a los "soberanos" de
España y hacen la voz en cuestión sinónima de reyes, lo que es incorrecto... al menos
hasta que la Academia ceda ante el error y cumpla con su nuevo lema, "Acepta,
vulgariza y lamina".
13. Palabra, por
cierto, desconocida para el DRAE, lo mismo que la acepción criminal de la voz
"paseo", aquella empleada durante la saca y desaparición de presos o ciudadanos
detenidos en sus domicilios a altas horas de la madrugada en períodos de revueltas.
14. En la década
de los 90, cuando se habla de la epizootia de las vacas locas británicas, se encuentra
repetidas veces el uso inadecuado y tan incorrecto de una palabra por otra. Por ejemplo,
en el artículo de Rosa Montero aparecido en la última página de El País
(Madrid), en su edición del 26 de marzo de 1996: "Por supuesto que hay que seguir
luchando contra el sida, contra el agujero del ozono, contra esta epidemia del ganado que
acaba enfermando a los humanos".
15. Debe estar al
caer, ya me lo ha dicho un especialista en diccionarios.
16. En mi libro Errores
del texto periodístico me extiendo en el mal empleo repetitivo de la voz epidemia por
epizootia.
17. En la
actualidad de la presencia informática en las redacciones, la voz errata no
tiene sentido, porque una errata en un error de tipo formal que comete el teclista de un
texto ajeno, sin supervisión por el autor, lo que ya prácticamente no sucede en los
textos informativos o de personal colaborador del medio, que crea, compone, sus propios
textos en su ordenador y en esa creación queda patente la teoría del primer impulso; por
tanto, errata hoy es sinónimo de error en la mayoría de las ocasiones. Errata es voz
menor y disculpable cuando es tal errata, no cuando es simple error del autor. |
|
18.
Remito a los interesados a mi ponencia «El mal entendimiento de la tecnología
informática aplicada a la redacción de periódicos. El caso de El País», en
las actas del «II Congreso La Lengua y los medios de comunicación: oralidad, escritura,
imagen», convocado por el Departamento de Filología Hispánica y celebrado en la
Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, del 25 al
29 de marzo de 1996, en Madrid.
19. Hago esa
interrogante porque se han dado varios episodios en ese espacio dominical donde el
supuesto defensor del lector ha vejado a algunos de los comunicantes, por el mero hecho de
ser jóvenes estudiantes de periodismo o por parecerle necesario al funcionario del diario
que en un momento determinado ocupa ese puesto y a quien le ha molestado sensiblemente lo
que la persona de la calle ha dicho sobre la actuación de algunos de sus compañeros. Ha
funcionado el dogmatismo interno y el gremialismo. Véase el trabajo «Un aprendiz de
periodista y un corresponsal veterano» (El País, Madrid, domingo, 18 de febrero
de 1996, página 16 ).
20. Edición del
31.XII.95, p. 14.
21. En la columna
del defensor del lector «¿Cómo se explican tantos errores de ortografía?», del
domingo día 26 de marzo de 1995, página 14.
22. Artículo
citado en (19).
23. Jesús Ciberio,
en el artículo citado en (19).
24. Las negritas
son nuestras, para destacar lo que parece una norma no aplicada con el rigor que se ha de
suponer: en el editorial del domingo 31-XII-1995, página 12, encontramos dos errores
mecanográficos y una falta de ortografía: "interpetación", por
"interpretación", 1ª columna, línea 17; "son del tal
envergadura" por "son de tal envergadura" (1ª col, lín. 22) y
"oblígados" por "obligados" (2ª col, décima línea
por abajo). Todo esto, en un ejemplar en cuya página 14 el defensor del lector titula su
artículo con una pregunta entre interrogantes, tal y como desaconseja cualquier lección
sobre periodismo: «¿Hay menos errores que antes en El País?», lo que viene a
demostrar, en todo caso, que lo pone en duda, que tiene razones para esa duda.
25. Las negritas
son nuestras, para preguntarnos con el lector si puede hablarse de niveles razonables en
diarios con enorme potencial económico y todas las posibilidades tecnológicas para
implementar cualquier tipo de control de calidad en su proceso editorial y de producción.
26. Que una de las
tres cuestiones más criticadas por los lectores que se dirigen al periódico se pueda
resolver con el establecimiento de un corrector ortográfico y todavía se hable de él
como una posibilidad ("posible implantación"), sólo demuestra desinterés por
solucionar el grave problema planteado. O falta de confianza en que sólo sea un problema
que se pueda arreglar con el establecimiento de un diccionario informático.
27. "Un año
después", 19-XI-1995, pág. 14.
28. WOLF, Mario, Modelos
periodísticos de la transición, Telos / 28, de XII - II de 1991, p. 13.
29. Ib.
30. Hemos referido
algunos casos del periódico El País, pero más grave hubiera parecido la situación si
hubiéramos recogido ejemplos malos de televisión o de algunas de las emisoras punteras,
como la cadena SER.
31. He sido testigo de
tal petición, cuando viajé a Marruecos como periodista en el primero de los viajes
oficiales del rey de España, a principios de la década de los 70.
32. Telemática
es neologismo original del profesor español Luis Arroyo.
33. Es evidente que
un descubridor será quien descubra para la humanidad entera algo no conocido, como una
vacuna para combatir una enfermedad o los efectos de los llamados rayos X, pero muchas
veces se da ese nombre a simples aventureros históricos o conquistadores que se limitaron
a invadir territorios perfectamente conocidos por los habitantes tradicionales de tal
suelo, que son "descubiertos" de esa manera para los pueblos que escribieron la
historia y dan la categoría de descubridores a los personajes aludidos.
34. Algarabía
es voz castellanizada a partir del árabe al-'arabyya. En español significa
"lengua o escritura ininteligible" y "griterío confuso de varias personas
que hablan a un tiempo", o sea, como hacen los árabes...: "Manera de hablar
atropelladamente y pronunciando mal las palabras", cuando no "enredo,
maraña", mientras en árabe, su versión original, que también recoge el DRAE,
significa precisamente "lengua árabe": un ejemplo de adaptación racista del
lenguaje. Esta voz sigue en línea con las acepciones racistas apuntadas en el diccionario
actual (1992) de la Real Academia Española, como baladí, que explico en mi libro Errores
del texto periodístico, citado en 3.
35. Gatesismo
y gatesistas, en alusión a Bill Gates, dueño de Microsoft, el hombre
más rico del mundo, y su "filosofía" informática.
36. Véase Del
plomo a la luz - el nuevo periódico, de José Manuel de Pablos. Col. La quinta
columna; Centro de la Cultura, La Laguna (Tenerife), 1992.
37. Remito al
lector interesado a mi artículo «La información enlínea: la telemática al
servicio de la información escrita», en Unicarta / 78, revista de la Universidad de
Cartagena (Cartagena de Indias, Colombia), diciembre de 1996, pp. 5 a 12.
38. Algunos
estudiantes de la Universidad Tecnológica de Cartagena de Indias (Colombia) reciben
clases de un curso del tipo magister en español vía Internet desde algunos de
los numerosos campus del Tecnológico de Monterrey, en México, ejemplo de los aspectos
muy positivos que se pueden originar a partir de las posibilidades de la red de redes. |
|
|
|
|