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Congreso de Valladolid


II Congreso Internacional de la Lengua Española
 


Ramón Cerdà Massó
Castellano y catalán en Cataluña y en las Islas Baleares

Nota previa: utilizo el término castellano y no español porque así se identifica la lengua a la que nos referimos en:
  1. La mayor parte de la bibliografía manejada.
  2. El habla espontánea de Cataluña y Baleares.
  3. La Constitución Española de 1978.
Amén de que es el castellano el estándar lingüístico que realmente actúa en Cataluña y Baleares.

El presente texto está concebido, según las indicaciones recibidas, como una presentación introductoria de los aspectos más sobresalientes y a la vez más propicios al debate que se abrirá en la correspondiente mesa redonda sobre el tema previsto. Debo señalar que se trata de una selección entre una multitud de posibilidades, donde:
  • Aplico discrecionalmente el interés dialéctico como criterio único. Admito, pues, que eligiendo determinados aspectos, descarto otros acaso tanto o más importantes a juicio de otros, que acaso aparezcan, o no, en la discusión.

  • Los aspectos elegidos son, a su vez, presentados de un modo indicativo, sin entrar en pormenores.

  • Pretendo creer que los planteamientos expuestos, erróneos o discutibles, son estrictamente lingüísticos y factuales, y se basan en la observación o en testimonios relativamente fidedignos. Trataré de distinguir entre lo meramente anecdótico y lo sintomático procurando atenerme a lo general y a lo generalizable.

  • Como es lógico, lo más importante de esta experiencia se desprenderá sin duda de lo que pueda llegar a aprender escuchando otros puntos de vista.

  • Expongo todos los datos a título estrictamente personal.
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2. Datos para una primera aproximación

2.1. Veamos, ante todo, un sucinto mapa de cómo los romanistas suelen representar el territorio de la lengua catalana y sus aledaños inmediatos.

Lo primero que llama la atención es la falta de correspondencia entre las fronteras lingüísticas y las político-administrativas. Se debe, como todo el mundo sabe, a que estas fronteras reflejan realidades distintas de distintos momentos históricos.

Así, el dominio lingüístico del catalán rebasa la frontera francesa y los límites regionales de Aragón, mientras que, por el contrario, cede el territorio del Valle de Arán (donde se habla aranés, una variante del Occitano), en el extremo noroccidental de Cataluña, y una extensa franja irregular en la zona interior de la Comunidad Valenciana.

Los datos reales, incluso en abstracto, son harto más complejos, desde luego. Ante todo porque, en consonancia con las fronteras estatales, la parte que corresponde a España tiene como lengua oficial el castellano —según establece la Constitución de 1978— y la que corresponde a Francia tiene como lengua oficial el francés, de acuerdo con la Constitución francesa de 1958. Con la diferencia de que en Cataluña y en Baleares el español es cooficial con el catalán, en tanto que en Francia, el catalán carece de estatuto de oficialidad en su territorio histórico, el Rosellón, denominado Departamento de los Pirineos Orientales.

A todo ello hay que añadir la particularidad de que en el Valle de Arán coexisten aranés, catalán y castellano en régimen de cooficialidad. Sólo hay una excepción en la que el catalán tiene (todavía) carácter oficial en exclusiva: el Principado de Andorra, producto de azarosos tratados entre Francia y España.

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2.2. A partir de aquí, paso a considerar tan sólo los territorios asignados por la organización: Cataluña e Islas Baleares. Hagamos, en primer lugar, un breve recordatorio del respectivo marco legal que delimita allí el uso del castellano y del catalán.

Para Cataluña:
Estatuto de Autonomía de Cataluña (1979)
Artículo 3.º
1) La lengua propia de Cataluña es el catalán.
2) El idioma catalán es el oficial de Cataluña así como también lo es el castellano, oficial en todo el Estado español.
3) La Generalitat garantizará el uso normal y oficial de los dos idiomas, adoptará las medidas necesarias para asegurar su conocimiento y creará las condiciones que permitan alcanzar su plena igualdad en lo que se refiere a los derechos y deberes de los ciudadanos de Cataluña.

Ley de Normalización Lingüística de Cataluña (18 abril 1983).
Ley 16/1990 sobre el régimen especial del Valle de Arán (13 julio 1990).
Ley de Normalización Lingüística de Cataluña (7 enero 1998).
Para las Islas Baleares:
Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares (1983)
Artículo 3.º
La lengua catalana, propia de las Islas Baleares, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial, y todos tienen el derecho de conocerla y utilizarla.

Ley de Normalización Lingüística (abril 1986)
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2.3. Los territorios de referencia tienen la extensión en quilómetros cuadrados señalada en el cuadro 1.

A partir del padrón elaborado por el INE de 1998, la población de estos territorios alcanza las cifras del cuadro 2.

Una de las principales peculiaridades de Cataluña y Baleares frente a la gran mayoría de comunidades autónomas de España consiste en que una importante proporción de esta población procede de otras comunidades y se distribuye de un modo diferente entre Cataluña y Baleares, lo que provoca a su vez no pocas repercusiones lingüísticas, como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de todo el informe (cuadro 3 y cuadro 4).

Obsérvese que, si bien la proporción global de población nacida fuera de Cataluña y Baleares es semejante, hay una importante diferencia en el flujo de llegada, pues mientras en Cataluña la inmigración desciende drásticamente a partir de la década de los setenta y sobre todo de los ochenta, en Baleares se mantiene de un modo mucho más estable hasta la actualidad. Esto significa que la proporción de población foránea reciente es mucho mayor en Baleares, lo que sin duda redunda en un grado mucho menor de conocimiento del catalán. Este factor puede verse muy influido, además, por otros elementos, sobre todo por el índice de población más o menos flotante (española o extranjera) y por los tipos predominantes de profesión en las respectivas poblaciones, como veremos, o podremos colegir, más adelante.

Desde luego, podríamos emprender una considerable cantidad de indagaciones. Teniendo en cuenta la orientación y el talante de la mesa redonda del congreso, voy a considerar como punto inicial de partida algunos de los datos estadísticos que se ofrecen sobre todo en Siguán (99) y en el Institut Català d’Estadística (Idescat). Dividiremos el empeño en tres partes:
  • Justificación de los procedimientos.

  • Ensayo de prospectiva lingüística. Análisis e interpretación de los datos estadísticos.

  • Hipótesis sobre el futuro.
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3. Justificación de los procedimientos

3.1. Los datos estadísticos ofrecidos por las fuentes citadas constituyen sin duda un punto de partida máximamente objetivo y generalizable. Hay que señalar, sin embargo, que, a pesar de todo, adolecen, a mi juicio, de ciertos inconvenientes e insuficiencias de distinto valor, generalmente no imputables a sus autores. Entre ellas:
  1. A menudo discrepan en los fundamentos y enfoques, por lo que es casi imposible cruzar datos de distintas procedencias. Como mínimo, no coincide el año del censo o el tamaño y la distribución de las muestras.

  2. Sus planteamientos son a veces excesivamente vagos y desperdician datos de considerable importancia (como al pedir la preferencia por la prensa en castellano o en catalán sin tener en cuenta la diferencia de oferta mediática en una y otra lengua, o al tratar de establecer la lengua predominante de quienes hablan catalán en sus relaciones con amigos sin tener en cuenta la lengua predominante de estos amigos).

  3. Mezclan, o alternan sin distinción, cuestiones objetivas (como el número de hijos o el año de nacimiento) con preguntas subjetivas probablemente mediatizadas por el disimulo (la adscripción a una tendencia política o la opción de voto en unas elecciones) o por el simple deseo de quedar bien (la importancia atribuida a aprender idiomas y, presumiblemente, el grado declarado de competencia sobre el catalán).

Un primer asunto fundamental reside en lo que se entiende por catalán y por castellano (o español). Ambos términos se contraponen sin más a lo largo de casi todas las obras cuando, en realidad, deberían tenerse en cuenta, por lo menos, las siguientes precisiones:

Por castellano (o español) se entiende ante todo la variante estándar emanada de la Real Academia Española y materializada, para el gran público, sobre todo en su manifestación televisiva. Las demás variantes que se apartan más o menos de ella quedan como elementos residuales en vías de una asimilación más o menos inmediata, en especial gracias a la escolarización.

En cambio, lo que se entiende por catalán (y valenciano) es una entidad reconocidamente diversa; tanto que no falta quien puede hasta poner en duda si se trata o no de un grupo suficientemente unitario de variantes. Como los respectivos Estatutos de Autonomía de Cataluña y Baleares utilizan el término catalán, algunos dan por sentado que se trata de algo común y al mismo tiempo diferenciado con respecto del valenciano, que es el término utilizado en el Estatuto de la Comunidad Valenciana. Otros tratan de explicar esa diferencia justamente al revés (en Siguán [99, 14] se precisa que de los encuestados en Baleares, un 40% prefirió aludir a su lengua como mallorquín, un 8%, menorquín y un 2%, ibicenco. Hay que puntualizar que estos porcentajes, sin contrastar con los datos globales, reflejan más bien la proporción de la procedencia de los encuestados. Por lo demás, se ha afirmado que, frente a lo que ocurre en la Comunidad Valenciana, la falta de una denominación lingüística unitaria e identificativa para todas las Baleares —pues no existe o no ha prosperado el término balear u otro análogo— ha facilitado la aceptación de catalán para el conjunto).


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3.2. Como adopto un punto de vista estrictamente lingüístico, según he advertido desde el principio, acaso hay que aclarar también que en la distribución dialectal del catalán en su conjunto, la variante (grosso modo) del valenciano y de Lérida guardan más similitud entre sí que, por ejemplo, esta última con la de Gerona. Aquellas dos variantes pertenecen al catalán occidental y ésta al catalán oriental, que comprende además el rosellonés y el barcelonés. Si, por otro lado, se tiene en cuenta la intercomprensión espontánea dialectal (al margen de usos léxicos peculiares), sucede que un balear entiende sin dificultad a un catalán y a un valenciano, un catalán entiende con cierta dificultad a un balear y sin dificultad a un valenciano, mientras que un valenciano entiende sin apenas problemas a un catalán pero encuentra dificultad en entender a un balear. Por motivos seguramente no exentos de relación con esto, cuando valencianos, catalanes y baleáricos hablan castellano, sus acentos originarios se hacen, respectivamente, de menos a más patentes —siempre en la pronunciación espontánea—.

Así que, mutatis mutandis, es como si en castellano admitiéramos distintas normas, como el burgalés, el toledano y el andaluz y, en algún caso, hasta se homologaran con alguna denominación oficial propia.

En resumen, cuando las personas preguntadas dicen castellano (o, por última vez, español), se refieren sólo a la variante estándar o, para decirlo de un modo todavía más realista, a aquella que en toda España la gente escucha en la radio o en la TV sin que le llame la atención la procedencia lingüística del locutor o locutora. De otro modo, habría que considerar la procedencia concreta de las personas nacidas fuera de Cataluña y Baleares y ponderar en consecuencia sus respuestas; lo que no se hace porque, además de introducir una casuística harto difícil de manejar, los rasgos originarios tienden a desaparecer pronto y raramente se propagan a la siguiente generación.

Una prueba de que el modelo es sobre todo televisivo se halla en que tienden a desaparecer tanto del castellano como del catalán aquellos vocablos y expresiones que se refieren a objetos y actividades (repostería casera, agricultura...) que carecen de réplicas televisivas, es decir, que no suelen aparecer en las programaciones habituales de la televisión.

Finalmente, cuando se dice catalán en Cataluña y Baleares, no sólo se hace referencia a variantes diversas por razones territoriales, como hemos dicho, sino también a registros que pueden ser considerablemente distintos. El catalán de la calle, por ejemplo, dista mucho más que el español del respectivo modelo televisivo, y no digamos del estándar diseñado por el Institut d’Estudis Catalans —generalmente reconocido al menos en Cataluña y en las Baleares—. El habla coloquial está a menudo tan plagada de castellanismos de todos los tipos que, de nuevo mutatis mutandis, pondría los pelos de punta hasta a los miembros menos puritanos de la RAE (véase, si no, Cortiella 81).


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4. Ensayo de prospectiva lingüística. Análisis e interpretación de datos estadísticos

El punto de partida estadístico es que el castellano se encuentra por doquier tanto en Cataluña como en Baleares. Sólo se exceptúa de ello algún analfabeto terminal y los turistas, que en ningún caso son objeto de consulta en las encuestas. Por ello no hay cuadros disponibles exclusivos para el castellano, sólo hay que proyectar sobre los datos aducidos el principio de que se halla siempre presente.

Entre los múltiples aspectos de estudio que caben, tomaremos el de sentar hasta qué punto se modificará la coexistencia entre castellano y catalán en un futuro más o menos inmediato dentro de Cataluña y las islas Baleares. Se trata de un ensayo meramente tentativo de prospectiva lingüística, una actividad que se está perfilando cada vez más como una variante de la sociolingüística con caracteres propios.

Un ensayo de prospectiva implica nada menos que un intento de sentar un vaticinio. Esto por sí solo constituye un principio acientífico, a menos que precisen con firmeza y modestia los supuestos y las expectativas. En nuestro caso, es imposible prever qué suerte correrán las lenguas del mundo sin tener en cuenta cómo van a modificarse las condiciones en un medio que varía de un modo cada vez más apremiante. Todo el mundo habla de globalización y de los cambios que promoverá en todos los ámbitos de la vida social y privada, con la implantación de tecnologías que acelerarán la emergencia de poderes económicos particulares capaces de menoscabar los estados y con ellos difuminar, si no diluir, todo tipo de frontera nacional, cultural y lingüística. En este escenario, coinciden no pocos analistas, durante el presente siglo la humanidad experimentará una pérdida de lenguas que alcanzará hasta el 90% de las existentes, mientras discrepan —por dificultades de identificación o de terminología— en establecer cuántas hay en la actualidad.

Aquí no pretendo llegar ni mucho menos tan lejos. En lugar de ello, introduciré un listado selecto, abreviado y compactado de parámetros que servirán para evaluar las condiciones actuales y diagnosticar, a través de síntomas directos e indirectos, las perspectivas de futuro —siempre que las condiciones no cambien drásticamente— para la coexistencia entre castellano y catalán en Cataluña y Baleares. Más o menos al estilo de un sistema experto.

De paso, tendremos la oportunidad de observar que entre Cataluña y Baleares hay importantes diferencias que pueden aumentar todavía en un futuro próximo.

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5. Listado de parámetros

5.1. Preliminar: Lengua única/coexistente

En España el castellano ocupa extensos territorios como lengua única, en tanto que, en Cataluña y Baleares, el catalán sólo vive en condiciones de coexistencia con el castellano.

5.2. Factores lingüísticos

5.2.1. Distancia tipológica. Castellano y catalán pertenecen a ramas históricamente afines como lenguas románicas occidentales. El esfuerzo requerido para la intercomprensión y el aprendizaje de la otra es mínimo en términos relativos; en mi estimación particular, sólo es un poco más grande al requerido para salvar la distancia actual que existe entre castellano y gallego. Vale la pena señalar, sin embargo, que, desde el punto de vista fonológico, castellano y catalán (sobre todo la variante balear) son dos mundos muy diferenciados.

5.2.2. Número relativo de hablantes. Como hemos dicho, en Cataluña y Baleares todos sus habitantes tienen un dominio funcional pleno del castellano. Para el catalán, en cambio, los datos disponibles arrojan una casuística bastante más compleja. Ante todo hay que sentar una distinción decisiva entre conocimiento y uso de la lengua. Veamos ante todo el primero (cuadro 5).

Estos datos, que revelan que más de una quinta parte de los catalanes y casi un tercio de los baleáricos no hablan catalán, adquieren mayor precisión si se tienen en cuenta factores como la edad (cuadro 6) y el tamaño del municipio donde viven los encuestados (este último dato lo considero más adelante; cuadro 11).


Aquí nos hallamos ante otra importante diferencia entre Cataluña y Baleares. Como se ve, hay un aumento sostenido de la competencia en catalán en Cataluña debida, sin la menor duda, a la escolarización. A su vez, el aumento que experimenta la franja de más de 65 años y el descenso en la anterior se debe, sin duda también, al desenlace de la guerra civil de 1936-39, al menos a juzgar por mi propia experiencia.

Por su parte, las Baleares presentan un claro descenso de competencia en las franjas de 25-34 y 35-44. Ello se debe, como hemos visto antes, a un índice de inmigración relativamente estable, casi inexistente en Cataluña, debido sobre todo a las explotaciones turísticas masivas, que allí tienen una incidencia mayor en el conjunto de la población (cuadro 4).

en cuanto al uso real de las lenguas, distinguiremos de nuevo entre los datos absolutos y los relativos a la edad de los encuestados (cuadro 7).

La distinción entre las alternativas es como sigue: catalán es la respuesta de quienes afirman conocerlo y además utilizarlo como lengua preferente; bilingüe se refiere a quienes no manifiestan ninguna preferencia; castellano + catalán son quienes saben catalán y utilizan preferentemente el castellano, en tanto que castellano sólo son los que no saben catalán y, por tanto, utilizan exclusivamente el castellano. Esto significa que el castellano se emplea espontáneamente bastante más que el catalán, pues alcanza el 43% y el 47% en Cataluña y Baleares, frente al 41% del catalán.

Ello no obsta para que los valores totales de las tres primeras respuestas arrojen un saldo mínimamente favorable al catalán (cuadro 8).

en efecto, sumando la primera respuesta con la cuarta del cuadro 7, queda una diferencia mínima, de 51 frente a 49 (28 + 21) en Cataluña y de 58 frente a 54 (25 + 29) en Baleares, favorable al catalán.

La comparación de franjas de edad entre ambas comunidades ofrece de nuevo similitudes y diferencias (cuadro 9).

Entre las primeras, el descenso constante de catalanohablantes más jóvenes. Aunque la franja todavía no lo refleja por completo, parece que en Cataluña la escolarización se ha traducido en un conocimiento mayor del catalán pero no del uso, que es muy favorable al castellano (45% frente a 31%). Esto se confirma por el aumento que ha experimentado el bilingüismo y el conocimiento del catalán (castellano + catalán) a costa de su desconocimiento (castellano solo).

Los datos de Baleares son todavía más favorables al castellano, no sólo por el descenso en el uso del catalán entre los más jóvenes, que ha pasado de la mitad a menos de un tercio, sino también por el mantenimiento de valores para el castellano y el bilingüismo. Sólo ha aumentado claramente el conocimiento del catalán, pero de nuevo no se ha traducido en uso. La diferencia se explica, a mi juicio, por el índice sostenido de inmigración.


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5.2.3. Diferenciación dialectal. Hemos dicho ya que este dato pasa inadvertido en el castellano de Cataluña y Baleares salvo en casos excepcionales. Es muy presumible que un andaluz que cecee, pongamos por caso, procurará ocultar o disimular este rasgo (o cualquier otro que le margine del modelo televisivo) más o menos igual que si estuviera en cualquier otra parte de España —excepto en la suya, por supuesto—.

A su vez, tanto en Cataluña como en Baleares hay variantes claramente reconocidas y con distintos grados de autoestima y prestigio. Así, por ejemplo, un barcelonés puede viajar y hasta instalarse en Mallorca sin variar apenas su propia variante (al menos de un modo consciente), lo que a veces puede inducir a los locales a recurrir al castellano. Por el contrario, los baleáricos que viajan o se instalan en Barcelona tratan de adaptarse cuanto antes al barcelonés (giren sa llengo, suelen decir) o bien pasan directamente al castellano. Gracias a la presencia de la televisión autonómica catalana en Baleares y a la familiarización con su estándar, hay claros indicios de que el reconocimiento espontáneo de la intercomunicabilidad va en aumento al menos desde la perspectiva balear.

5.2.4. Cohesión dialectal. La intercomunicabilidad espontánea para los castellanohablantes es absoluta. Para el catalán, como acabamos de decir, es más fácil para los baleáricos que para los catalanes del Principado, en condiciones de reciprocidad.

5.2.5. Territorialidad definida. No hay diferencias ni obstáculos aparentes en las dos lenguas.

5.2.6. Territorialidad compacta. No hay diferencias ni obstáculos aparentes en las dos lenguas. En principio, entre todos los cuadros examinados, parece que las comunidades castellanohablante y catalanohablante conviven en forma imbricada, en el sentido de que no habitan en zonas diferenciadas ni tienen ocupaciones distintas y, además, mantienen una relación continua y estable entre ellas. Al menos en principio, repito, los cuadros no revelan nada en contra —sólo la observación directa podría percibir otra imagen—. Analicemos, sin embargo, los siguientes datos relativos sólo a Cataluña procedentes del Institut Català d’Estadística (cuadro 10).

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Como se ve, si clasificamos los lugares de nacimiento en función del índice de desconocimiento del catalán (más detalladamente en el más alto), se observa que, si bien el conjunto total de personas que ignoran el catalán es, en apariencia, relativamente bajo, no hay más que observar que la comunidad andaluza y extremeña, esto es, más de un 16% de la población de Cataluña, registra un índice de desconocimiento muy destacado con respecto al promedio. A mi juicio, esto sólo puede interpretarse como un indicio de que estas comunidades tienden a habitar y convivir en forma concentrada y relativamente impermeabilizada —dos aspectos que no tienen por qué coincidir—. Lo que equivale a admitir que sí existe cierta territorialidad entre los nacidos fuera de Cataluña, como también existe, en forma bien clara, entre los nacidos en Cataluña, sobre todo en zonas rurales, como veremos un poco más abajo.

No creo que haga falta insistir en que el índice de desconocimiento del catalán por parte de los extranjeros, en el cuadro 10 —que alcanza un resultado de casi el 18%—, ofrece una interpretación distinta de la que hago para la comunidad andaluza y extremeña. Los extranjeros (al menos los consignados en el cuadro) tienen muy diversas procedencias y se distribuyen, con toda probabilidad, de un modo disperso por la sociedad catalana aunque repito, seguramente propendan a disociarse en un par de subgrupos principales: uno que habita más bien en zonas urbanas y ocupa puestos laborales relativamente bien cualificados, y otro de asentamiento más disperso y dedicado a ocupaciones sin cualificación. Hay que tener muy presente que este último subgrupo de extranjeros no hace más que aumentar a un ritmo sin precedentes —sobre todo entre magrebíes, los llamados subsaharianos y latinoamericanos— y que en poco tiempo dará lugar a comunidades más o menos cohesionadas y compactas que ejercerán sin duda una influencia social, cultural y lingüística cada vez más notoria. Baleares acusa, por su parte, una afluencia masiva de residentes comunitarios, sobre todo alemanes, que tienden a formar grupos igualmente compartimentados y considerablemente estancos.

No consta que nada de todo esto haya sido tenido en cuenta en las encuestas sociolingüísticas practicadas, a juzgar por los datos que manejamos, pero, en cualquier caso, ese momentáneo 18% del cuadro ya constituye una prueba irrefutable de que el catalán es innecesario para vivir en Cataluña (en Badia 01 se sostiene que es imposible vivir en Cataluña sólo con el catalán). Observemos ahora la distribución relativa por áreas rurales y urbanas (cuadro 11).

La única interpretación que se desprende de estos datos es que el catalán queda relegado cada vez más al ámbito rural, mientras que el castellano se manifiesta como una lengua que va implantándose por las zonas urbanas. A este propósito debo insistir en que tanto en Cataluña como en las Baleares, pero sobre todo en las Baleares, existe una población flotante más o menos estacional que puede decuplicar al menos el tamaño de ciertos municipios, lo que requeriría establecer como mínimo una diferencia radical al menos entre zonas costeras (o turísticas) y zonas interiores (o agrarias...).

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5.2.7. Existencia de un estándar. Para el castellano existe un estándar histórico, en el sentido de que se ha implantado desde siglos atrás, por razones de hegemonía política, sin solución de continuidad. El estándar académico no es más que una homologación oficial de este estándar.

Para el catalán, en cambio, el estándar es reciente (de principios de siglo), pues constituye el resultado de una planificación de tipo académico que se encuentra todavía relativamente lejos de ser reconocido y aun conocido. Los modelos televisivos guardan, sobre todo en la pronunciación —pero también en la morfología y el léxico—, el sello inequívoco de las respectivas variantes comunitarias, que hasta los telespectadores menos dotados advierten de inmediato. Aun así, todo el mundo recuerda que la aparición de la televisión autonómica en Cataluña tuvo una incidencia decisiva en la creación de un sentimiento popular de que el catalán era una lengua capaz no sólo de ser empleada en un serial, sino también de expresar cualquier cosa, sin ningún límite reconocible.

5.2.8. Existencia de institución académica única/múltiple. El estándar castellano tiene un solo modelo indiscutible, el académico. Para el catalán, en cambio, existen distintas instituciones académicas y aun disidencias individuales entre hablantes de un cierto nivel cultural. Por ello, para muchos catalanohablantes escribir en catalán requiere todavía un considerable sobreesfuerzo de atención correctora más allá de la expresión libre, mientras que los hablantes comunes tanto de Cataluña como de Baleares pueden —y hasta suelen en ciertas franjas sociales— pasar por alto las normas y recomendaciones del estándar.

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5.2.9. Índice de integración

Los datos del cuadro 12 reúnen sin duda el resultado de varios factores. En conjunto, lo más común es que con el tiempo se produce, al menos, una asunción de la lengua catalana por parte de las personas procedentes de otras comunidades y el reconocimiento de que no constituye ningún obstáculo para sobrellevar una vida social plena. Los valores más desfavorables de Baleares se explican seguramente porque el catalán balear es, sobre todo en diseño fonológico, relativamente más distante. Para evaluar de un modo fehaciente estos resultados y sus diferencias habría que cruzarlos con el tipo de profesión que ejercen los encuestados, pues lógicamente no se requieren iguales competencias lingüísticas a un pastor, a un pinche de cocina o a un juez que a un taxista, a un camarero o a un empresario.

En cualquier caso, los cuadros aducidos no permiten alcanzar ninguna información sobre el índice de integración lingüística por parte de quienes han nacido fuera de Cataluña y Baleares. Habrá que contar, en todo caso, con otros datos atingentes más o menos directos para obtener indicios algo más seguros. Uno de ellos puede ser el cuadro 13.

Se advierte que, por una parte, el índice de desconocimiento ha descendido con el tiempo —aunque, como vimos en el cuadro 4, afecta a muchas menos personas— y, por otra, que este índice se reduce drásticamente a lo largo de los primeros 5 ó 10 años de estancia y que se mantiene muy estable a continuación (salvo en el parámetro 1986), de modo que quienes no aprenden catalán durante los primeros años deciden seguir así. Se supone, por lo demás, que estos datos solapan hablantes comprendidos en tramos cronológicos distintos haciéndoles saltar en diagonal hacia abajo y hacia atrás. Así, por ejemplo, los llegados en 1986 quedan entre los de cinco años atrás en 1986, entre los de 5-10 años en 1991 y entre los de 10 años atrás en 1996; y el hecho de que pasen del 35,4% al 15,8% y de éste al 13,2% puede deberse no sólo a que han aprendido catalán, sino también a que se han marchado o han fallecido.

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Uno de los índices en apariencia levemente favorables a la integración se desprende del cuadro 14.

Mientras en Cataluña aumenta un poco el uso familiar del catalán y en Baleares desciende bastante, en ambas comunidades se afianza el uso indistinto de las dos, sin duda como fórmula de compromiso cuando los miembros de la pareja no coinciden en el uso. Esta última situación, sin embargo, sólo se hace, a mi juicio, verosímil cuando la pareja tiene hijos, es decir, cuando hay más de dos interlocutores. Veamos qué datos existen para esa eventualidad (cuadro 15).

Desde luego, la casuística puede ser bastante compleja, sobre todo a la vista de los datos que arroja Cataluña, donde los datos para las parejas hacen pensar que son básicamente mucho más monolingües entre sí que con los hijos. Pero a partir de los datos del cuadro nada impide que haya un máximo de padres catalanohablantes emparejados con madres castellanohablantes, y viceversa, y que entre las parejas competencialmente bilingües predomine un poco el uso del catalán y mucho más el de ambas lenguas en la comunicación con los hijos. Baleares ofrece una imagen algo más estable, aunque no exenta de iguales interpretaciones, con un saldo muy levemente favorable, inapreciable, para el catalán. Se advierte que allí hay más parejas mixtas de origen no castellano ni catalán y que, salvo excepciones, renuncian a su lengua originaria al comunicarse con los hijos. O que, simplemente, se negaron a contestar.

El balance sobre la integración al catalán es indiscutiblemente pobre, en consonancia con el resultado de otros parámetros.

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5.2.10. Factores actitudinales

Constituyen un nutrido grupo de datos diversos que revelan los sentimientos de los hablantes hacia la lengua propia y del otro e indirectamente vienen a reflejar una medida bastante ajustada sobre las perspectivas de futuro. Una buena parte de estas actitudes se encuentra en la aceptación, rechazo o indiferencia con respecto al estándar lingüístico. Para el castellano existe una actitud óptima, como ya hemos indicado. Para el catalán, en cambio, la situación es poco halagüeña a causa de que el estándar es relativamente reciente, hay cierta renuencia o puro desconocimiento ante él y, la peor consecuencia, no se ha materializado en un modelo televisivo, popular, bien definido; lo que probablemente no sería necesario, si los demás factores fuesen favorables (es éste, en verdad, un asunto sumamente peliagudo).

Otro importante aspecto actitudinal, en consonancia con los anteriores, se encuentra, dicho muy sucintamente, en la utilización de la lengua en distintos registros comunicativos: solemne, académico, coloquial, vulgar... De nuevo, el castellano los ocupa todos, pero no así el catalán, cuyo estándar parece haber sido diseñado sólo para usos formales. Desde luego, no por esto —pues sería una grosera aberración creerlo—, sino por distintas razones económicas y socioculturales, el caso es que una extensa gama de manifestaciones espontáneas de la juventud u orientadas hacia ella se expresa en castellano.

Un tercer aspecto actitudinal, probablemente el más básico, se refiere a la estima propia y ajena, es decir, al prestigio absoluto o relativo que se atribuye a la lengua propia frente a la del otro. Es donde se producen a menudo mayores discrepancias entre el comportamiento explícito y el implícito. No he encontrado datos estadísticos sobre ello, pero no creo equivocarme si afirmo que, al menos en el caso de los nativos, tanto castellanohablantes como catalanohablantes se afirman plenamente en su respectiva condición, condición que se reconocen, además, recíprocamente. Sin embargo, una experiencia propia y contrastada que se extiende a lo largo de más de cincuenta años me permite afirmar también que la gran mayoría de catalanohablantes renuncian instintiva y sistemáticamente al uso de su lengua en cuanto hablan con interlocutores castellanohablantes perfectamente conocidos, que llevan mucho tiempo afincados en Cataluña y dan pruebas constantes de comprender el catalán. Ello implica, por descontado, que el interlocutor castellanohablante da igualmente por sentada esta situación que constituye, básicamente, una mera continuación de las condiciones comunicativas que se dieron cuando este castellanohablante se instaló en Cataluña y Baleares.

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5.3. Factores sociopolíticos y económicos

5.3.1. Estatuto político

Hay una diferencia fundamental entre estatuto exclusivo y estatuto compartido, es decir, entre el castellano, la lengua que constitucionalmente deben conocer todos, y el catalán, la lengua que es cooficial con el castellano en los territorios de Cataluña y Baleares, donde es considerada lengua propia. En términos prácticos esto supone que en Cataluña y Baleares es posible vivir sin emplear otra lengua que el castellano, mientras es imposible vivir exclusivamente en catalán. La diferencia constituye una invitación permanente a prescindir del catalán como instrumento comunicativo por razones de mera funcionalidad. En estas condiciones, el catalán sólo puede mantenerse gracias a otros factores socioeconómicos y culturales.

5.3.2. Estatuto institucional o estamentario. Es el terreno donde la legislación vigente tiende a cumplirse escrupulosamente y donde castellano y catalán coexisten en igualdad aparente. Las principales diferencias, a veces notorias y siempre favorables al castellano, al menos sobre el papel, suelen originarse en el ámbito de competencias administrativas no traspasadas. No guardo ningún dato sobre esto.

5.3.3. Estatuto económico. Siendo el castellano imprescindible para todo, la presencia y el conocimiento del catalán es dispar. Su empleo en rótulos callejeros es notorio, pero no así en marcas y etiquetas de productos. Los datos de los encuestados sobre la importancia de saber catalán en diversas circunstancias permiten obtener interesantes observaciones. En efecto, veamos unas estimaciones globales sobre el mismo asunto inversamente planteado, es decir, el conocimiento del catalán como atractivo (cuadro 16) y su ignorancia como desventaja (cuadro 17).

En teoría deberían coincidir los resultados, al menos tendencialmente, de modo que la primera respuesta de 16 debería ser igual a la suma de las dos primeras respuestas de 17, mientras que la segunda respuesta de 16 debería coincidir con la tercera de 17. Pero al introducir un poco más de detalle, ya se estima que, si bien saber catalán es ventajoso para una apreciable mayoría, sobre todo en Cataluña, esa ventaja es muy pequeña. Por la misma razón, la tercera respuesta de 17 es más contundente que la segunda de 16.

Estos últimos datos se completan con mayor detalle para Cataluña en el cuadro 18.

Donde lo más destacable, a mi juicio, es que quienes más aprecian la ventaja de saber catalán son, paradójicamente, quienes no lo hablan...


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5.3.4 Estatuto educativo, mediático, cultural, religioso...

Este conjunto de apartados requeriría, desde luego, un espacio muy superior al que hemos utilizado hasta aquí en toda la presentación sumaria de aspectos temáticos. Lo vamos a introducir por medio de algunos datos indicativos tomados directamente de encuestas y otros testimonios directos.

En primer lugar dos datos que subrayan la decisiva influencia que ejerce la escolarización en el aprendizaje —no necesariamente en el uso— de las lenguas. (cuadro 19)

En Cataluña estos datos seguramente variarán todavía más a favor de la escuela a medida que se manifiesten los resultados de la escolarización. De paso, la diferencia en la primera respuesta entre Cataluña y Baleares en éste y en el cuadro 20 sugiere que los emparejamientos familiares mixtos se doblan a favor de Baleares.


Aquí se pone de manifiesto que la escuela ha sido tradicionalmente la vía de entrada del castellano entre los catalanohablantes, hasta el punto que se hace casi impensable que otras alternativas, salvo la familiar, puedan haberla suplido.

A su vez, las preferencias sobre la lengua vehicular en la enseñanza se manifiestan como se recoge en el cuadro 21 en función de la predominancia lingüística de los encuestados.

Nos hallamos ante otra importante discrepancia entre las dos comunidades. Aunque en ambas el resultado ponderado sobre el conjunto de la población apoye mayoritariamente el empleo equilibrado de las dos lenguas, los resultados conjuntos son abrumadoramente favorables al catalán en Cataluña o, para ser más exactos, muy claramente desfavorables al empleo prioritario del castellano como lengua vehicular.

Para no rebasar ya más los límites de lo razonable, no aduzco datos actualizados sobre la oferta mediática y cultural (literatura, cine, teatro...), que son en conjunto muy superiores en castellano, hasta el punto de que no pocas veces, no siempre, la diferencia pasa de una producción económicamente autosuficiente, y a lo mejor hasta boyante, a una producción únicamente subvencionada con dinero público. Ver, en todo caso, Etxebarria (95, 266-77, 302-3).

En cuanto al estatuto religioso del catalán, me limitaré a señalar un detalle, sólo inconexo en apariencia y acaso sorprendente, que rebasa, a mi juicio, la categoría de la anécdota y se inscribe en la de síntoma generalizable, a juzgar por observaciones similares en otras comunidades con dos lenguas oficiales. Y es que el inequívoco apoyo de la Iglesia Católica a favor de la cultura y la lengua autóctonas, tanto en Cataluña como en Baleares, se manifiesta en una clara predominancia de esquelas mortuorias escritas en catalán en una prensa escrita exclusivamente, o casi, en castellano. Es decir, muchos lectores que leen diariamente el periódico sólo en castellano, se despiden —o los despiden— en catalán. Confiemos en que no sea un síntoma premonitorio.

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5.3.5. Proyección exterior y tecnológica

Sólo por razones de oportunidad cuando al principio he utilizado la expresión hegemonía política para justificar la implantación de la lengua castellana he pasado por alto mencionar que esa hegemonía es al propio tiempo el resultado y el motor de otras hegemonías tales como la hegemonía militar, económica, demográfica, cultural y tecnológica, para mencionar sólo algunas de las más notorias. Todo, ya, a escala mundial. Lo que se traduce lógicamente en un impulso que se autoalimenta sin cesar.

Aun así, de todo esto no parece deducirse necesariamente, dicen los expertos que las culturas y las lenguas se vean abocadas a comportarse o bien como depredadoras o bien como presas. Hay numerosos factores en liza y situaciones que han experimentado derivas y desenlaces bien diversos (cf. Siguán 92, 01). en todo caso, el estatuto del castellano —ahora erigido, sí, en español—, no puede ser más prometedor. Su proyección exterior cultural e institucional (como la del Instituto Cervantes) es incluso requerida con insistencia por sus beneficiarios potenciales, que no hacen más que aumentar en todo el mundo. Todo ello se traduce también en la producción incesante de productos de alta tecnología informática capaces de multiplicar todavía más aquella proyección.

A falta de un mercado a gran escala detrás, el catalán carece, desde luego, de autoproyección. Su presencia fuera de sus territorios se debe más bien a razones culturales y académicas, y a una voluntad propia. Su mercado interior, el único disponible, sin embargo, exhibe un dinamismo considerablemente superior —sólo en términos relativos, claro— al de la mayoría de comunidades españolas y de muchos países hispanos. Resumo estos extremos señalando, por un lado, que en la dirección cultura.gencat.es/llengcat/informat/index.htm puede consultarse una relación de productos y aplicaciones informáticas en catalán y que, a falta de otros indicios más detallados, la presencia de las lenguas del mundo en Internet en datos de junio de 2000 se recoge en el cuadro 22.

El catalán figura en penúltimo lugar, por delante todavía del turco, en esta lista de veinte lenguas, todas ellas —salvo precisamente el catalán, dicho sea de paso— con estado propio. También de paso, es de destacar no sólo la predominancia del inglés, sino también la diferencia tan sustancial que le separa del japonés, que ocupa tan sólo el segundo lugar en este rango.

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6. Hipótesis sobre el futuro

La cuestión es si se conservará la coexistencia entre castellano y catalán en Cataluña y Baleares. Hablando en plata, si el catalán podrá o no sobrevivir. Al menos de un modo intuitivo, nuestros encuestados tienen una visión optimista, a juzgar por los datos del cuadro 23 y del cuadro 24.

Diez o veinte años son muy poco, desde luego. Tal vez no. En todo caso, esta visión contrasta claramente con la de algunos especialistas y observadores realmente autorizados, quienes opinan, por el contrario, que el catalán sufrirá un serio detrimento como lengua funcional y que, en un plazo mayor, a lo sumo al cabo de tres o cuatro generaciones, se habrá convertido en un mero testimonio académico y folklórico. El razonamiento puede simplificarse del siguiente modo: para garantizar el conocimiento de una lengua es imprescindible que sea utilizada y para que sea utilizada es imprescindible que sea necesaria para vivir o, al menos, para vivir mejor (en cualquiera de los sentidos que cabe imaginar en mejor). De momento, parece evidente, a juzgar por los datos examinados más arriba, que esta última premisa ya no se cumple para el catalán, ni en Cataluña ni en Baleares.

Dejo abierta la cuestión, por si aparece algún punto de vista optimista.

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Bibliografía sumaria

Badia, J. et alii (2001) És possible viure en català? Angle Editorial, Barcelona.

Cerdà, R. (1998) Tagengo kokka to Gengo no kyozon [La nación plurilingüe y la coexistencia de lenguas], Henyo suru bunka to dento [Cultura y tradición en transición], Supein no Shakai [La sociedad española], Waseda Libri Mundi, Tokyo.

Cortiella i Martret, A. (1981) Vocabulari de barbarismes, Caixa d’Estalvis de Catalunya, Barcelona.

Etxebarria Arostegui, M. (1995) El bilingüismo en el Estado Español, Ediciones FVB, Bilbao.

García de la Concha, V. (coord.) (1986) El castellano actual en las comunidades bilingües de España, Junta de Castilla y León, Salamanca.

Siguán, M. (1992) La España plurilingüe, Alianza, Madrid.

Siguán Soler, M. (1999) Conocimiento y uso de las lenguas, CIS, 22, Madrid.

Siguan, M. (2001) Bilingüismo y lenguas en contacto, Alianza Ensayo, Madrid.

Valle, J. del & Gabriel-Stheeman, L. (2001) Lengua, neocolonialismo y monarquía, Quimera, 204, junio 2001, pp. 8-19.

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Algunas direcciones útiles

Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): http://www.cis.es/

Generalitat de Cataluña, recursos informáticos en catalán:
http://cultura.gencat.es/llengcat/informat/index.htm

Gobierno Balear, información estadística: http://www.caib.es/fcont.htm

Institut Català d’Estadística (IDESCAT): http://www.idescat.es/

Institut National de la Statistique et des Études Économiques (INSEE): http://www.insee.fr/

Instituto Nacional de Estadística (INE): http://www.ine.es/
 
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