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Ricardo Otheguy
Simplificación y adaptación en el español
de Nueva York |
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1. Simplificación y adaptación en las lenguas en
contacto
Las teorías que en los últimos años se han venido
elaborando sobre el contacto entre el inglés y las otras lenguas
de los Estados Unidos y el Canadá, tales como el español
y el francés, han utilizado como concepto centralizador de
sus esfuerzos descriptivos la idea de la simplificación
(Silva-Corvalán 1994: 207, Mougeon y Beniak 1991: 91). Además
de por su capacidad descriptiva, el concepto ha resultado útil
porque nos acerca a la posibilidad de una verdadera explicación
del fenómeno del contacto. La teoría de la simplificación
propone que entendamos la situación cognitiva de un hablante
bilingüe quien, enfrentado con los mayores esfuerzos de memoria
y recuperación estructural y léxica que exige el manejo
diario de dos lenguas, tiende a simplificar una o ambas. La teoría
de la simplificación, al presentar la relación entre
las dos lenguas desde el punto de vista del hablante bilingüe
empeñado en aligerar su carga cognitiva, enlaza los fenómenos
típicos del contacto lingüístico con otros rasgos,
también simplificadores, que caracterizan la adquisición
del lenguaje infantil, el aprendizaje de segundas lenguas y la formación
de los pidgins y las hablas criollas (Silva-Corvalán
1994: 207 y sigs., 213 y sigs.). |
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Pero a pesar de su gran utilidad, la teoría de la simplificación
resulta insuficiente como explicación del fenómeno del
contacto. Proponemos en el presente trabajo que, para entender los
cambios estructurales y léxicos que observamos en estas lenguas,
es necesario ampliar el concepto de simplificación, reconociendo
en los dialectos bilingües, además, la vigencia de un
proceso de adaptación social y lingüística.
Dentro del ámbito norteamericano, estudiamos el español
popular de la ciudad de Nueva York (abreviatura NYC), donde el español
manifiesta no sólo la gran variedad etaria y diastrática
de cualquier lenguaje urbano, sino también una muy poco corriente
variedad diatópica, al encontrarse dentro de la misma urbe
neoyorquina, en números muy significativos, hispanohablantes
procedentes de todos los países de Latinoamérica y de
España. Para completar un cuadro de extraordinaria heterogeneidad
lingüística, existen entre los hispanohablantes de NYC
grandes diferencias en cuanto al tiempo de residencia en la ciudad
y el grado de conocimiento y uso del inglés. Es precisamente
para entender esta compleja situación lingüística
neoyorquina que proponemos ampliar el concepto de simplificación,
apelando al paralelo biológico y demostrando la relevancia
para el estudio del contacto del concepto de adaptación.
Como en la adaptación biológica en general, en la adaptación
lingüística y social se conjugan altos índices
de ahorro cognitivo con cotas muy bajas de pérdida comunicativa
o social. Los cambios introducidos en el español popular de
NYC reducen la inversión de esfuerzo, sin que por esto haya
casi ninguna mengua estructural ni social. Dedicamos la mayor parte
de este artículo a demostrar la existencia del proceso de adaptación
en lo estructural, atendiendo luego, en la sección final, al
importante aspecto social que también reviste el tema y a la
luz que sobre él arroja el concepto de la adaptación.
Para ilustrar el proceso de adaptación estructural, estudiamos
los neologismos de origen inglés que, en elevadas cuotas, son
de uso diario en el español popular neoyorquino. Analizamos
su acoplamiento al sistema español, en especial en cuanto a
la categoría de género, y presentamos, desde la óptica
del principio de adaptación, nuevos datos sobre la relación
entre el ajuste estructural y las características funcionales
de estas palabras. |
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2. El corpus
Estudiamos los neologismos léxicos ingleses del español
en NYC sobre un corpus obtenido de 33 entrevistas sociolingüísticas,
de aproximadamente una hora de duración, realizadas con hispanohablantes
neoyorquinos, entrevistas que forman parte del amplio proyecto,
llamado por su título en inglés The City University
of New York (CUNY) Project on the Spanish of New York, iniciado
por Ana Celia Zentella, dirigido actualmente por ella y por el autor
del presente trabajo, y costeado por subvenciones otorgadas a Zentella
de la Rockefeller Foundation, a Zentella y a Otheguy por la propia
City University of New York y, principalmente, por la National Science
Foundation del gobierno federal estadounidense. Aunque no manejamos
para este artículo una muestra estratificada stricto sensu,
sí hemos buscado en nuestros informantes representatividad
con respecto a su origen dialectal y su asentamiento residencial
en NYC. Así, 13 de nuestros sujetos llegaron a NYC después
de los 20 años, y 13 son nativos de la Ciudad, quedando balanceada
la muestra con los seis restantes, tres de los cuales llegaron a
NYC de niños y cuatro de adolescentes. Escogimos a nuestros
informantes de entre las seis comunidades latinoamericanas con mayor
representación en NYC. En números correspondientes
a sus respectivas proporciones en esta población, contamos
en nuestra muestra con 13 puertorriqueños, seis dominicanos,
cinco mexicanos, cuatro colombianos, tres cubanos y dos ecuatorianos.
En las muestras de habla española de estos 33 informantes,
se encuentran 535 neologismos léxicos de origen inglés,
entre los cuales hay 477 nombres sustantivos, que conforman el corpus
del estudio. Ejemplos típicos son usos tales como:
- En el cuarto del niño hay un pool table.
- Regresé a mi viejo high school a hablar con los
maestros.
- Le metes un credit card y se abre.
Siguiendo las pautas de Poplack (1982: 10), desatendemos aquí
el penoso problema de distinguir cuándo y en cuáles
casos un extranjerismo se puede categorizar como préstamo,
y cuándo debemos considerarlo un simple intercalamiento o
cambio de código monoléxico, que es por naturaleza
asistemático, momentáneo y efímero. Usamos
para nuestro estudio todos los anglicismos nominales pronunciados
por los informantes, y los denominamos neologismos léxicos
ingleses (abreviatura NLI), sin distinguir entre los que son
frecuentes o de uso esporádico, ni entre los que encontramos
pronunciados en la entrevista con fonología española
adaptada, o con la pronunciación inglesa primitiva, ni entre
los de uso común entre todos o muchos informantes o los limitados
a unos cuantos de ellos. Sin embargo, y en contra de las pautas
de Poplack, sí exigimos, para permitir la entrada de la palabra
en el corpus, que no sea de uso común ni en Latinoamerica
ni en España. Los anglicismos de uso corriente en el español
general, o de uso corriente en alguno de los países de nuestra
muestra, razonamos, no se usan en NYC por contacto con el inglés,
sino muy probablemente porque llegaron ya a la urbe neoyorquina
de labios de los inmigrantes. Descartamos, por tanto, palabras tales
como cake, chance, closet, estándar, Internet, OK, lonchar,
y rolo. Aunque no sean todas ellas de uso común en
todos los países de la muestra, sí son lo suficientemente
corrientes en suficientes lugares como para dudar que su presencia
en el español neoyorquino sea consecuencia directa de contacto
con el inglés en NYC. (Tabla
1)
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La mayoría de los neologismos léxicos ingleses (NLI)
del corpus, así entendidos, constan de una sola palabra.
Pero también hemos recogido y cuantificado, otra vez siguiendo
a Poplack (1982: 9), frases nominales algo más complejas,
siempre y cuando esa complejidad adicional no vaya más allá
de:
a) un adjetivo o un modificador nominal, como por ejemplo
credit en la frase un credit card, o elementary
en la frase elementary school, o
b) frases ilativas formadas por sustantivos o frases nominales
del grado de complejidad aceptable según el criterio anterior,
como por ejemplo the daily word and the daily bread, o
c) listas de sustantivos que conforman una unidad léxica
estable, como por ejemplo drugs, rock'n'roll and love.
Todas las frases nominales de estos tipos que aparecen en las
entrevistas quedan incluidas y consideradas como NLI.
Por otra parte, hemos excluido del corpus todos aquellos sustantivos
o frases nominales de origen inglés que sean modificados
por (a) una frase preposicional, como un credit card with miles,
o por (b) una cláusula subordinada como un credit card
that gives you miles. Tampoco integran nuestro corpus, ni se
clasifican como NLI, (c) frases preposicionales sueltas como in
all fairness, ni (d) frases temporales como somewhere between
Manhattan and Brooklyn. A todas ellas las clasificamos como
intercalamientos o cambios de código, y por tanto no forman
parte de nuestra investigación. También hemos considerado
como cambios de código, y descartado de nuestro corpus, muletillas
inglesas tales como so y you know, que abundan mucho
en la lengua de nuestros informantes, pero que no entran dentro
del tema que nos ocupa.
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3. La adaptación
La idea de utilizar el concepto de adaptación para entender
el fenómeno del contacto lingüístico aparece ya
esbozada en los trabajos de Poplack sobre el español en NYC
(1983: 125), y ha cobrado nueva actualidad en la lingüística
general con los trabajos de Nettle (1999), quien propone un paralelo
entre la adaptación biológica y la lingüística.
Así como en la adaptación biológica un organismo
sobrevive en la medida que se ajusta a su medio, aumentando así
su capacidad reproductiva, la adaptación lingüística
postula que la introducción y supervivencia de elementos estructurales
en las gramáticas de las lenguas tiene que ver con la utilidad
cognitiva y comunicativa de esos elementos. Este concepto de utilidad,
que desempeña un papel de capital importancia en el estudio
de la adaptación, enlaza históricamente con el concepto
de rendimiento funcional de Martinet (1952: 8 y sigs.). Aunque
Martinet no proponía el rendimiento funcional como explicación
de la adopción por la lengua de nuevos elementos lingüísticos,
sí aportó pruebas de que la utilidad explicaba el fenómeno,
muy relacionado, de su conservación en las lenguas a través
de los siglos.
Dos preceptos fundamentales de la adaptación sirven de guía
en la elaboración de este estudio. Primero, recordamos el principio
según el cual la estructura es siempre, o en la mayoría
de los casos, una respuesta a exigencias funcionales. Segundo, hacemos
hincapié en la relación entre costos y beneficios, reconociendo
una tendencia económica en el cambio simplificador y adaptador,
que tiende a proceder mediante la obtención de grandes ahorros
en el costo de inversión estructural, combinados con pocas
pérdidas en el beneficio funcional. |
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Aplicamos el primer principio, que la estructura es una reacción
a la función, exponiendo a la luz el anverso de la imagen.
Tomamos hechos estructurales que se nos es dado observar en el español
en NYC, y siguiéndoles la pista, llegamos a descubrir nuevos
hechos funcionales que hasta ahora nos eran desconocidos. De esta
forma, aportamos no sólo nuevos conocimientos sobre esta variante
del español y sobre las lenguas en contacto en general, sino
que dejamos explicados los rasgos estructurales, al conectarlos con
nuevos y correspondientes datos funcionales. En nuestra aplicación
del segundo principio, el del análisis de costos y beneficios,
los costos se refieren a la carga cognitiva del hablante. En el cambio
simplificador, el ahorro cognitivo se obtiene eliminando o automatizando
y reduciendo a regla general elementos que de otra forma obligarían
al hablante a almacenarlos en su memoria. Los beneficios se refieren
a la realización selectiva de ese ahorro, escogiendo para reducir
el gasto cognitivo aquellas partes de la gramática donde la
reducción estructural conlleva el menor entorpecimiento de
la función comunicativa.
Al aplicar estos dos preceptos del cambio adaptador a los neologismos
léxicos ingleses (NLI), es fácil constatar que esta
porción del vocabulario nominal del español de NYC pasa
por un proceso de simplificación estructural, del que surge
un segmento del lexicón nominal carente de género gramatical.
Veremos que aunque los sustantivos autóctonos de nuestros informantes
son, como en todas partes, algunos masculinos y otros femeninos, los
NLI son prácticamente todos masculinos (el pool table, un
credit card, casi nunca la pool table, una credit card,
etc.). Con esto se realiza un gran ahorro cognitivo, al no haber necesidad
de registrar en memoria la categoría genérica a la que
pertenecen estos vocablos. Al comparar los NLI sobre los que se ha
realizado este ahorro, con el resto del léxico, de origen autóctono,
descubriremos que es precisamente entre los NLI que han quedado eliminadas,
o muy radicalmente reducidas, las funciones para las cuales son útiles
las categorías de género. Aparecen estos NLI agenéricos
en sintagmas donde se hace innecesario mantener la cohesión
discursiva entre palabras modificadas y sus modificadores, entre pronombres
personales anafóricos y sus antecedentes, entre pronombres
relativos y sus antecedentes, etc., funciones estas que, sin embargo,
sí se conservan en los sintagmas cuyos núcleos son sustantivos
autóctonos. La estructura genérica se descarta precisamente
allí donde las funciones discursivas del género han
quedado abandonadas. Así, la economía cognitiva de no
señalarles género gramatical a los NLI conlleva muy
pocas consecuencias negativas en cuanto a pérdida de funcionalidad.
Es fácil aducir situaciones análogas en el ámbito
biológico que se explican, de igual manera, haciendo uso del
concepto de la adaptación. Las especies de animales carentes
de ojos u órganos semejantes habilitados para la visión
(rasgo estructural), habitan frecuentemente en profundidades oceánicas
o interiores de cavernas donde la falta de luz hace que sea totalmente
imposible ver (rasgo funcional que explica la estructura). En muchos
animales, incluyendo el ser humano, las estructuras óseas de
gran tamaño y de superficie áspera, tienen como función
sujetar músculos que desarrollan gran fuerza al contraerse,
mientras que los músculos cuya función es generar fuerzas
menores, suelen encontrarse atados a estructuras óseas más
pequeñas y lisas, siendo el diferencial de fuerza muscular
la explicación de las diferencias estructurales en los huesos
correspondientes (Futuyama 1998, Lieberman 1998: 53). |
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4. Género gramatical en los neologismos léxicos ingleses
Es de todos conocido que, en cuanto al género de los sustantivos
de referente inanimado, el español impone una carga cognitiva
sobre el hablante, que no puede llegar a confiar totalmente en ninguna
regla de aplicación general, ni siquiera en la más amplia
de ellas, la que señala categoría femenina a muchas
de las palabras terminadas en /-a/. Pues aunque sustantivos como violín,
vaso, planeta, fuerte, etc. son masculinos, sustantivos con terminaciones
análogas como crin, moto, casa, suerte, etc. son femeninos.
La categoría de género es, en última instancia,
arbitraria y dependiente del esfuerzo de memoria. Entre nuestros informantes,
este patrón del español general se mantiene muy vigente
en el vocabulario autóctono, pero no sin embargo entre los
NLI, como muestran las tablas 2a
y 2b.
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Vemos en la
tabla 2a que, en datos del español general analizados por
Navarro Tomás, las proporciones entre sustantivos de uno u
otro género son del 45 vs. 55 por ciento. Una cala de nuestra
muestra, que registra el uso de tres de nuestros 33 informantes, arroja
resultados similares entre sus palabras autóctonas. Sin embargo,
cuando comparamos esta categorización genérica de los
sustantivos autóctonos del dialecto neoyorquino con la categorización
genérica de sus NLI, las diferencias saltan a la vista.
Vemos en la
tabla 2b que la gran mayoría de los NLI son masculinos.
Las cifras del estudio de Poplack, y las que hallamos en los NLI de
nuestros propios informantes, dan resultados casi idénticos.
Al ser todas las palabras del mismo género, la distinción
genérica queda, en esta porción del lexicón,
muy disminuida o eliminada.
Esta gran disminución de la categoría genérica
en el vocabulario de origen extranjero, y la asignación de
casi todos estos vocablos al género masculino, se observa en
otras lenguas en contacto. En los EE.UU., se notó claramente
en el noruego, así como en el italiano, en las épocas
en que estas lenguas de emigración estuvieron muy en contacto
con el inglés (Haugen 1969, Correa-Zoli 1973). En Asia Menor,
el griego, en contacto con el turco, ha pasado por un proceso muy
similar (Romaine 1995). Y aunque es normal que los extranjerismos
lleguen a ajustarse a la morfología del idioma receptor, hay
muchísimos casos de lo contrario. En los préstamos españoles,
franceses y bereberes pasados al árabe marroquí, Heath
(1989) ha estudiado, por ejemplo, la ausencia morfológica del
indicador árabe de especificidad. |
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Las cifras de la tabla
2a, que registran el género de las palabras autóctonas
del español en contacto, toman en cuenta todos los sustantivos
que aparecen en el corpus, ya sea que el sustantivo aparezca solo,
o acompañado de un artículo o adjetivo modificador.
Para determinar el género de estos sustantivos y realizar el
arqueo del que informa la tabla, el investigador no tiene más
que recurrir a su conocimiento de la lengua. Si por ejemplo la palabra
metro aparece en el sintagma se fue en metro, el investigador
la suma al listado de las masculinas, a pesar de que no va acompañada
ni de artículo ni de adjetivo que revele su género.
Pero este método no puede usarse para estudiar los NLI de los
que da cuenta la Tabla 2b, pues entre ellos se conoce la adscripción
de categoría genérica sólo en los casos en que
aparecen con artículo o modificador. Cuando encontramos el
NLI subway en la oración se fue en subway, no
sabemos a qué género pertenece. El género de
subway sólo lo conoceremos cuando veamos la palabra
en sintagmas como el subway, la subway, o como
subway sucio, subway sucia, etc. En los arqueos de la
tabla 2b,
tanto el de Poplack como el nuestro, se ha tenido en cuenta esta dificultad,
y sólo se analizan los NLI que aparecen con artículo
o modificador. Es por eso que en las cifras de la tabla quedan consignados
nada más que los 234 NLI que pudieron analizarse de esta forma,
y no la totalidad de 477 NLI de la muestra.
Para comprobar estos resultados de una forma más directa, nuestro
asistente Carlos Mota, le pidió a un grupo de 30 estudiantes
de secundaria, usando la forma vernácula entre jóvenes
hispanohablantes, que hicieran una lista de todas las palabras spanglish
que conocieran, y que las listaran con el artículo, para así
tener información directa de su categoría genérica.
Este enfoque experimental produjo resultados casi iguales a las estadísticas
nuestras y de Poplack, basadas en desgrabaciones. En el corpus de
Mota, 88 por ciento de los NLI son masculinos y, como en el caso de
Poplack, la asignación de género es consistente de un
informante a otro cuando varios usan el mismo NLI. Los tres corpus
concuerdan, por tanto, en que la distinción genérica
ha quedado casi eliminada entre los NLI, al clasificarse casi todos
con el mismo género masculino. |
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Conviene exponer ahora los detalles de dos procesos, uno fonológico
y el otro semántico, que evitan que las tasas de adscripción
de NLI a género masculino asciendan al cien por ciento. Primero,
un sistema independiente del ejercicio de la memoria hace que todos
los NLI terminados en /-a/ se clasifiquen como femeninos. Son estas
/-a/ finales de muchos NLI la asimilación fonológica
al español de la pronunciación primitiva de palabras
inglesas con terminación en schwa (vocal murmurada
o de apoyo), o con terminación en una schwa seguida de consonante
que se elide durante el proceso de asimilación. De esta forma
llegamos a esp. NYC la boila, la repocá, la espirian,
< ing. boiler, report card, experience. Es muy posible
que este proceso se haga extensivo a las palabras terminadas en
/-ay/, de donde suponemos se deriva la muy frecuente esp. NYC la
jai < ing. high, con referencia al high school
o escuela secundaria. Es obvio que el bilingüe llega a femeninos
como la boila aplicando una regla general, y no memorizando la categoría
genérica. Palabras femeninas como la boila no forman
parte, por lo tanto, de la materia prima del proceso morfosintáctico
automatizador y simplificador que caracteriza las lenguas en contacto,
sino que más bien quedan integradas, al acuñarse en
NYC, a un proceso que está ya automatizado en gran medida
en el sistema de lengua que los inmigrantes traen consigo de Hispanoamérica.
El segundo factor que hace que no todos los NLI sean masculinos
es el conocido patrón de correspondencia en español
entre el género del sustantivo y el sexo del referente cuando
éste es ser animado. Así encontramos esp. NYC una
losh < ing. lush mujer que hace consumo desmedido
de bebidas alcoholicas, una teenager, una school
aid y, fusionándose con el proceso de terminación
en /-a/, la principá o la principala < ing.
principal director/a de escuela. Más sin
embargo, es notable que aun este patrón, tan arraigado en
el sistema morfológico español, da señales
de debilitamiento en el español en NYC. Es corriente en NYC
escuchar referencias a las hembras con género masculino.
En nuestro corpus hallamos, por ejemplo, un social worker
y los midwives, y aunque no aparecieron en nuestras desgrabaciones,
son corrientes en NYC, con referencia a mujeres, el student teacher,
el baby sitter, el travel agent, etc. La renuencia de nuestros
informantes a clasificar a los NLI como femeninos, con la excepción
de los terminados en /-a/, se revela claramente cuando el informante
vuelve sobre sus pasos para repetir, una vez practicadas las reparaciones
necesarias, lo mismo que acaba de decir. En el ejemplo (1) tenemos
un hablante que utiliza el NLI social worker en masculino
refiriéndose a su propia madre y que luego, al parecer sintiendo
la necesidad de referirse a las mujeres según el sistema
español, regresa al español cambiando al femenino
(el número al final del ejemplo indica el informante):
(1) ¿Y tú mamá? Ella es un social worker,
una trabajadora social... 228D
En resumen, encontramos que aunque en el español en NYC
se mantiene la oposición genérica del español
general para las palabras autóctonas, los NLI son todos masculinos,
con la excepción de aquellos que terminan en una /-a/ o /-ay/,
o se refieren a hembras, aunque este último patrón
parece también estar ya muy erosionado.
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Estos resultados de nuestra investigación contradicen una opinión
muy generalizada entre los investigadores de lenguas en contacto,
según la cual en estas lenguas se asigna género a los
préstamos según el género de la palabra desplazada
por éste. Establecida a partir de observaciones informales
de Weinreich (1953: 45), la idea del llamado criterio analógico
en la determinación del genero de los préstamos ha venido
repitiéndose con base a datos de la misma índole, y
ha recibido también algún apoyo de algunas investigaciones
empíricas. Pero aun en el cuidadoso trabajo cuantitativo sobre
el español en NYC de Poplack que hemos citado en varias ocasiones,
un alto porcentaje, 78 por ciento, de las palabras que debieran ser
femeninas bajo el criterio analógico, resulta que aparecen
en su corpus como masculinas (1982: 18). En nuestros datos, aun pasando
por alto el problema de establecer cuál sería precisamente
la palabra autóctona que desplazaría el NLI, y pasando
por alto también el hecho que el NLI se suma en muchos casos
al vocabulario del bilingüe sin desplazar ninguna palabra, encontramos
claramente que el criterio analógico carece de justificación.
Hemos hallado en nuestros datos los masculinos los parties, el
swimming, el vegetable soup, un full-size bed, un pool table,
etc., aun cuando estos NLI desplazan supuestamente a femeninas las
fiestas, la natación, la sopa, una cama, una mesa. La única
excepción en el corpus es la liquor store, referente
a la tienda especializada en ventas de bebidas alcohólicas,
y quizá una deli, con referencia al típico
establecimiento de comestibles neoyorquino. Ambas podrían quizá
recibir su género remitiéndose analógicamente
a la palabra femenina tienda. Hemos encontrado también dos
usos femeninos de la high school, quizá por analogía
con escuela, aunque es de notar asimismo que el corpus contiene
cinco usos masculinos de el high school, y 24 usos del vocablo
sin modificación alguna en los cuales nos es imposible determinar
género. |
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5. La adaptación simplificadora y el género gramatical
El caso del género en NYC es típico de la simplificación
en situaciones de contacto. Un proceso que normalmente conlleva grandes
gastos de memoria se elimina o regulariza, produciendo ahorros de
carga cognitiva. El hablante continúa haciendo el gasto de
clasificación genérica en los vocablos autóctonos,
pero se lo ahorra en los NLI. La teoría de la adaptación
nos lleva a predecir que este diferencial de inversión estructural
deberá tener sus orígenes, y su explicación,
en una bifurcación correspondiente en el plano funcional.
En la construcción del enunciado en español, la concordancia
genérica, al indicar qué sustantivos han de acoplarse
con qué artículos, adjetivos, relativos y personales,
facilita el procesamiento de la emisión, y posibilita la reconstrucción
por parte del oyente de la forma del mensaje planteada por el hablante.
Esta concordancia gramatical, claro está, descansa a su vez
sobre la previa categorización genérica. Es así
que se entiende como función primordial del género el
servir de indicio de relaciones en el enunciado, contribuyendo de
esta forma al andamiaje textual que presta coherencia al discurso.
Esta funcionalidad cohesiva del género se manifiesta principalmente
en tres entornos:
- Los adjetivos en construcción con los sustantivos
;
- Los artículos en construcción con los sustantivos:
- Las frases nominales receptoras de referencia anafórica
por parte de demostrativos, pronombres personales y pronombres
relativos.
(2) A. la casa de ladrillo roja / la casa
es roja
B. la casa de ladrillo rojo / el ladrillo es
rojo
(3) A. El tan esperado premio
B. La tan esperada medalla
(4) A. ése que costó tanto dinero (el ladrillo,
el premio)
B. ésa que costó tanto dinero (la casa, la
medalla)
(5) A. el que costó tanto dinero (el ladrillo, el
premio)
B. la que costó tanto dinero (la casa, la medalla)
(6) A. lo perdí (el ladrillo, el premio)
B. la perdí (la casa, la medalla)
La teoría de la adaptación nos lleva a esperar que,
entre los NLI sobre los cuales se ha realizado el ahorro cognitivo,
la correspondiente pérdida de función, en este caso
la de mantenimiento de cohesividad en el discurso, será pequeña.
La predicción científica propone que al adentrarnos
en el corpus del español en NYC encontraremos la siguiente
situación:
- Los NLI, que no tienen género, se ven involucrados en
fenómenos cohesivos como los ilustrados en (2)-(6) con
mucha menos frecuencia que las palabras autóctonas que
conservan la oposición genérica.
Esta predicción general se hace operativa en las siguientes
cuatro predicciones específicas:
- Encontraremos menos ocurrencias de sustantivos con artículos
y adjetivos entre los NLI que entre las palabras autóctonas.
- Encontraremos menos ocurrencias de sustantivos con artículos
entre los NLI que entre las palabras autóctonas.
- Encontraremos igualmente menos ocurrencias de sustantivos
con adjetivos calificativos, determinativos, y predicativos entre
los NLI que entre las palabras autóctonas.
- Los antecedentes de referencias anafóricas realizadas
por demostrativos, personales y relativos serán en menos
casos NLI que palabras autóctonas
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5.1. Resultados de la predicción sobre sustantivos
sin artículos ni adjetivos
Nuestra expectativa es que emisiones como el número (7),
en el que el NLI aparece desprovisto de artículos o adjetivos
concordantes, serán corrientes, mientras que los casos como
el (8), en que el NLI aparece con algún modificador, serán
mucho menos frecuentes. La predicción propone, además,
que este patrón es privativo de los NLI, y no se da en las
palabras autóctonas, entre las cuales no hay predominio estadístico
de vocablos inmodificados.
(7) Caso corriente: NLI inmodificados
A. ¿Está yendo a la escuela? Sí, estoy en
college. 024C.
B. Pero ¿Qué pasó? Oh, no querían
no
son
allá, creen las muchachas algunas que
son high class. 117D.
C. Ah deja ver
Ah cuando yo fui a The Phillipines
yo fui a Phillipines mi amiga se iba casar y me dijo que
si yo quería salir en la boda y yo le dije que sí,
pues nosotros fuimos para Phillipines. 401P.
D. Regresé a mi viejo high school, fui con la Sra.
W., trabajé con ella como student field observer.
300E.
(8) Caso poco corriente: NLI modificados o con artículos
A. Regresé a mi viejo high school, fui con la Sra.
W., trabajé con ella como student field observer.
300E.
B. El cuarto del nene es grande. Tiene un full size bed.
Tiene un hockey, un juego de hockey de la mesa que se parece
como un pool table pequeño. Tiene la televisión,
el bureau de él. So, es bien grandecito.
403P.
C. Porque yo había oído en otro... que en otros
lados con... le metes un credit card y se abre, verdad,
porque si no están bien cerradas las dos... 301E.
D. Y yo dije, yo no puedo dormir en ese cot y yo tengo
la espalda mala y esos cot son bien mala. 405P
La predicción se puso a prueba con un arqueo estadístico
del que damos cuenta en la tabla
3.
La tabla
3 confirma nuestra predicción. Más de la mitad
(51 por ciento) de los NLI se usan sin artículos ni modificadores.
Para tener un punto de referencia y confirmar que los NLI desprovistos
de artículos y modificadores no representan simplemente una
preferencia general entre nuestros informantes por tales sustantivos,
comparamos la forma de aparición de los NLI con la de los
sustantivos autóctonos. La tabla indica que hay entre los
segundos una proporción mucho menor de aparición desprovista
de artículos o adjetivos (8 por ciento), confirmando que
la tendencia es privativa de los NLI.
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5.2. Predicción sobre los adjetivos
Podemos matizar algo más nuestras observaciones, haciendo
la comparación entre NLI y autóctonos en cuanto a
uso con adjetivos, de forma separada a la comparación de
su uso con artículos. Los resultados están en la tabla
4.
Vemos en la tabla
4 que nuestros informantes usan el 95 por ciento de los NLI
sin modificación adjetiva. Como punto de referencia, vemos
que, entre sustantivos autóctonos, la proporción de
uso sin adjetivo es mucho menor, el 76 por ciento. Nuestros informantes
mantienen la adjetivación como parte de su competencia lingüística,
pero la aplican casi con exclusividad a las palabras autóctonas,
rehuyéndola cuando se trata de NLI.
Una observación cualitativa sirve para corroborar el dato
estadístico. En el ejemplo (9), el hablante se muestra renuente
a combinar el NLI high school con el adjetivo católico,
y cambia a un sintagma hecho todo de material español, escuela
católica, pero luego, al parecer hallando que no puede
cumplir con su intención comunicativa sin la palabra high
school, cambia a un sintagma hecho por completo de material
inglés, Catholic high school.
(9) Em, en la escuela católica. Es que está en
una, em, high school ca
es una escuela católica
cató
eh, high school. High, Catholic high school.
180C.
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5.3. Predicción sobre los artículos
La siguiente precisión se obtiene analizando el uso de los
artículos separadamente del de los adjetivos. Como en cualquier
texto español, en nuestro corpus el uso del artículo
es incompatible con ciertos otros modificadores. Los sustantivos con
posesivos, demostrativos, o con menos o más antepuestos,
no admiten el artículo. En consecuencia, los cálculos
encaminados a comparar la proporción de sustantivos con artículo
entre los NLI y los autóctonos no puede tener en cuenta sintagmas
neológicos tales como su bachelor's degree, mi boss, menos
credits, menos trouble, y este dance, ni sus equivalentes
estructurales autóctonos su hermano, mi compañero
de trabajo, más líos, etc. Excluimos también
NLI que aparecen con el artículo en inglés, por ej.,
the Phillipines. Los resultados aparecen en la tabla
5.
La tabla 5
muestra que, de los más de 400 NLI que aparecen en entornos
donde es posible usar un artículo, 51 por ciento aparecen sin
artículo. Como punto de referencia, de entre los casi 400 sustantivos
autóctonos que se encuentran en este tipo de construcción,
una proporción mucho menor, el 21 por ciento, aparece sin artículo.
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5.4. Predicción sobre la referencia anafórica
Por si falta hiciera recordarnos que en lingüística, como
en cualquier otra ciencia, la naturaleza devela sus tesoros con gran
renuencia, nuestras predicciones sobre la referencia anafórica
no funcionaron.
La tabla 6
indica que, contra nuestras expectativas, hay muy poca diferencia
en la proporción de sustantivos receptores de referencia anafórica
entre los NLI y los autóctonos. Los NLI fungen como antecedentes
de pronombres personales y demostrativos en la misma proporción
(6 por ciento) que los autóctonos (7 por ciento).
El incumplimiento de nuestra predicción quizá se deba
en parte a que nuestros informantes, como indica la tabla, apenas
se ejercitan en la referencia anafórica, mencionando los referentes
sustantivos en más del 90 por ciento de los casos sólo
una vez, sin volver sobre ellos en una segunda referencia que los
convierta en antecedentes de pronombres. Esta renuencia al uso de
los sustantivos como antecedentes de referencia anafórica se
da por igual entre los NLI y los autóctonos. Una segunda posible
razón del fracaso de nuestra predicción es que la operatividad
del género entre los pronombres anafóricos es mucho
menor de lo que esperábamos, siendo éstos en su mayoría
masculinos o el clítico le / les que carece de marca de género.
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La tabla 7
muestra que, tanto cuando el antecedente es un NLI como cuando es
autóctono, la poca referencia anafórica que encontramos
no se realiza por medio de pronombres que alternen entre sus formas
masculinas y femeninas según el género del antecedente.
En el 90 por ciento de las escasas referencias anafóricas,
el pronombre anafórico es masculino o es el dativo le /
les. Los datos de la tabla
8 demuestran que la situación es prácticamente la
misma cuando separamos los datos de los sustantivos autóctonos
y los NLI.
No sabemos si el poco uso de la anáfora en este corpus de lengua
hablada, y su realización por medio de pronombres masculinos
o no marcados, cae fuera de los patrones de la lengua general, o si
la misma situación se encuentra en lengua hablada en situaciones
donde no hay contacto. Pero al menos entre nuestros informantes, bien
puede ser que la poca aplicación de la anáfora, y la
falta de pronombres femeninos, contribuya a eliminar la diferencia
funcional que sería de esperarse dada la diferencia estructural
genérica entre autóctonos y NLI. |
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6. Limitaciones
Dejando aparte el problema de los antecedentes de anáfora,
existen ciertas limitaciones en nuestro estudio que conviene señalar.
No hemos distinguido, dentro de nuestra categoría de NLI, los
préstamos establecidos en la lengua de nuestros informantes,
de los intercalamientos monoléxicos de uso momentáneo,
en gran medida porque, una vez puestos a trabajarla, hemos llegado
a abrigar serias dudas sobre la factibilidad de esta diferenciación.
Pero pudiera ser que, si separáramos de alguna forma los extranjerismos
menos asimilados bajo criterios de fonología y frecuencia,
de los préstamos más afincados en la lengua de nuestros
informantes, encontraríamos que existen diferencias en cuanto
a la adscripción de género. (La separación se
da como factible en Poplack, Sankoff y Miller 1988, y Barkin 1980
le adjudica importancia en cuanto a la asignación de género).
Sin embargo, el hecho de que nuestros informantes sólo hagan
femeninos a sus NLI cuando tienen terminación en /-a/ o /-ay/,
nos indica que, aun entre los préstamos más asimilados,
el léxico de origen inglés de estos hablantes carece
de género. Claro está que si, sobre la base de otro
corpus, se encontrara que la división entre préstamo
establecido e intercalamiento monoléxico momentáneo
es factible, y que los préstamos mantienen la categorización
genérica más que los intercalamientos, nuestra predicción
sería que la aparición de artículos y adjetivos
favorecería a los primeros más que a los segundos.
Una segunda limitación de nuestro estudio se halla en no haber
formalizado criterios para excluir los vocablos de amplia circulación
en los países de origen. La exclusión de cake, closet,
Internet, etc., se basa simplemente en nuestros conocimientos
del español general. Podríamos mejorar el estudio explicitando
criterios que guiaran de manera más formal la inclusión
y exclusión de ítems de origen inglés en nuestro
corpus de NLI.
Por último, el estudio adolece de la ausencia de hipótesis
sobre los mecanismos o las rutas que han servido para que las reducciones
funcionales lleven a los cambios estructurales. Nuestra presentación
se ha limitado a observar que, al igual que en la biología,
en la lingüística las consideraciones funcionales parecen
dar la clave para entender el cambio estructural, dándose el
ahorro en la estructura en aquellas zonas donde la pérdida
funcional es menor. Pero una feliz analogía, por útil
que sea, no es lo mismo que la explicitación de los pasos concretos
a través de los cuales la función provoca la estructura.
Además, nuestra analogía sufre también de ciertas
limitaciones. La comparación con los peces ciegos y videntes
es más ilustrativa que la del músculo y el hueso, pero
falla porque establece un paralelo entre organismos y palabras, cuando
en realidad la ecuación debería de ser entre los organismos
y los idiomas. El paralelo con la relación entre los huesos
y los músculos es menos gráfico, pero más exacto,
porque compara las palabras con subestructuras (los huesos de diferentes
clases) de distintos organismos. |
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7. Predicciones sobre adjetivos y artículos: Resumen
Las tres versiones de nuestra predicción se han visto confirmadas
con altos grados de confiabilidad. En proporciones muy superiores
a las que se encuentran con sustantivos autóctonos, nuestros
informantes usan los NLI desprovistos de adjetivos y artículos.
La confirmación de la predicción presta apoyo a la adaptabilidad
como concepto útil en la lingüística en general,
y especialmente como concepto regidor de elementos estructurales,
que aparecen aquí, como en el estudio de la biología,
como respuestas a consideraciones funcionales. Habiendo notado que
las diferencias de género se mantenían en el vocabulario
autóctono pero no en el de origen inglés, emprendimos
la búsqueda de los factores funcionales que, razonábamos,
tenían que estar induciendo esta diferencia estructural. Dado
que el género tiene su mayor aplicación funcional en
la concordancia de artículos y adjetivos, razonamos que los
NLI, que han descartado la distinción de género, tendrían
también que haber abandonado las funciones de concordancia.
El éxito de nuestras predicciones, basadas en un amplio corpus
de casi 500 sustantivos emitidos por más de 30 informantes,
demuestra que el enfoque adaptativo sirve para acercarnos a un verdadero
entendimiento de las lenguas de contacto. El ahorro estructural logrado
al desactivar la categoría genérica, se ha concentrado
precisamente en la zona del lexicón en donde no produce grandes
pérdidas comunicativas, puesto que es en esa zona, entre los
NLI, donde la función comunicativa del género, el sostenimiento
de la coherencia discursiva, no se está ejercitando. |
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Completamos esta parte de la presentación abundando sobre la
analogía biológica. La diferencia funcional en cuanto
a posibilidades visuales entre peces que habitan aguas translúcidas
y aquellos que nadan en la oscuridad de las profundidades oceánicas,
constituye la explicación de las diferencias estructurales
entre unos y otros. El proceso de selección natural ha llevado
a los primeros a invertir en un sistema de visión mientras
que los segundos son ciegos. Una diferencia funcional, la posibilidad
de ejercitar la vista en un elemento translúcido y de no poder
hacerlo en un elemento carente de luz es la explicación de
una diferencia estructural, el tener un sistema visual o carecer de
él. Igualmente, la diferencia funcional entre mantener la cohesión
discursiva por medio de la concordancia genérica o no mantenerla,
explica la diferencia estructural entre poseer o no poseer marca genérica.
Los sustantivos autóctonos participan en el sostenimiento de
la cohesión discursiva por medio de la concordancia con artículos
y adjetivos (equivalente a la posibilidad de ver en aguas translúcidas).
Respondiendo a esta oportunidad funcional, se realiza un gasto estructural,
dedicando a estos sustantivos el esfuerzo de memoria que resulta en
la categorización genérica (equivalente al gasto estructural
dedicado a la formación y sostenimiento de órganos videntes).
Los NLI no participan de la función de mantenimiento de la
cohesión discursiva (equivalente a los peces que no ven en
aguas profundas). Como reacción a esta limitación funcional,
se realiza un ahorro estructural en los NLI, despojándolos
de la categoría genérica (equivalente al ahorro estructural
realizado por los peces en los cuales se ha eliminado el sistema visual). |
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8. La adaptación social
Es necesario repetir, por ser ampliamente conocido sólo entre
los especialistas del tema, que los neologismos léxicos y estructurales
del español en NYC, como los de cualquier dialecto de contacto,
quedan explicados, en muchísimos casos, por la intención
comunicativa que los respalda. El bilingüe que usa vocablos ingleses,
que calca sus construcciones del inglés y que intercala emisiones
inglesas en su discurso español, actúa en numerosísimas
ocasiones añadiendo estos elementos a una competencia lingüística
española plena, que le permitiría, fuera del ambiente
bilinüe y bajo diferentes circunstancias, desempeñarse
haciendo uso exclusivo del español. La comprobación
más obvia de este aserto la vemos en los dobletes léxicos,
algunos de los cuales han aparecido en los ejemplos usados aquí
(social worker y trabajadora social, Catholic high
school y escuela católica). El hablante no usa el
NLI por desconocer la variante léxica española, puesto
que también usa ésta, sino porque la inglesa es más
idónea para sus fines comunicativos (abundamos en el tema en
Otheguy 1995, Otheguy y García 1993).
A estos usos, demostrativos de una ampliación del repertorio
lingüístico del bilingue, habrá también
que añadir, también en numerosísimos casos, los
que tienen necesariamente una explicación deficitaria. En éstos,
el bilingüe recurre a elementos del inglés porque su competencia
en español no le permite cubrir sus necesidades comunicativas.
En ambos casos, el resultado es un discurso que se separa de manera
casi constante en cuanto a fraseología, y en muchos otros también
en cuanto a la estructura, de las normas del español general.
Entre hispanohablantes que, en Latinoamérica y en España,
y aun en EE.UU., mantienen su adhesión a estas normas, este
discurso bilingüe puede ser de poco agrado y, en algunos casos,
convertirse en blanco de severas críticas. Encontramos que,
para este tema también, el concepto de adaptación y
los principios que hemos arriba esbozado, nos pueden acercar no sólo
a describir sino a explicar el fenómeno. |
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El concepto de economía, que es inherente a cualquier
modelo basado en la adaptación, incorpora no sólo la
idea de gasto cognitivo que hemos venido estudiando, sino también
la de costo social. Es así que igual que el ahorro cognitivo
de la pérdida de género se explica por las pocas consecuencias
funcionales que conlleva, el ahorro cognitivo de no mantener una separación
estricta entre las lenguas, y de mantener ambos canales abiertos durante
casi todas las emisiones, se explica por las pocas sanciones sociales
en contra de esta modalidad de uso de lengua. Pues por mucho que se
critique el discurso anglicado del hablante bilingüe de NYC desde
fuera de los EE.UU., la simple realidad social es que este discurso
goza de una aceptación casi total dentro de las comunidades
en las que opera la mayoría de los hispanohablantes. Cualquier
observador ecuánime podrá constatar, por poco que sean
de su agrado, que circula este discurso en las comunidades bilingües
con lo que es, desde el punto de vista del que lo encuentra molesto,
una casi total impunidad. Al no existir casi apoyo escolar o institucional
para el hablante del español popular de Nueva York, opera éste
sin que aquéllos de sus usos inducidos por el contacto con
el inglés que sean divergentes del español general (o
del español del país de origen), produzcan mayores costos
sociales. Bien sea que una mesa de billar forme parte del acervo
léxico del hablante, o que desconozca el vocablo por completo,
la realidad del caso es que la frase en el cuarto del niño
hay un pool table es natural y pasa totalmente inadvertida
en un ambiente en donde el léxico y la fraseología del
español general no tiene suficiente fuerza institucional y
académica como para competir con el del inglés. |
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La explicación adaptativa es obvia. El bilingüe realiza
un ahorro estructural al no separar los lexicones, o sea, al no decir
in the child's room there is a pool table al hablar en inglés
y en el cuarto del niño hay una mesa de billar al hablar
en español. Ese ahorro estructural, como el del género
que analizamos antes, se realiza de forma sumamente adaptativa en
lo que se refiere a consideraciones funcionales, en este caso la parte
de la funcionalidad que atañe a la sanción social. El
fusionar los dos lexicones, y registrar pool table para los
dos, no cuesta casi nada en NYC, porque no existe en NYC casi ningún
ambiente en que las normas del español general se conozcan
y cultiven lo suficiente como para que su violación represente
una mengua grave en la autoestima o en la opinión que del hablante
tengan los demás.
Quedan estos usos regidos, casi exclusivamente, por la capacidad lingüística
de los hablantes, en casi total ausencia de los dictámenes
normativos que, en otros ámbitos, recargan con los altos costos
de la crítica social cualquier uso que se desvíe de
las normas reinantes. Al hablar en español, al seleccionar
vocablos y encauzarlos en patrones morfosintácticos, el hablante
bilingüe puede regirse solamente por su competencia lingüística,
en la cual el ahorro cognitivo dictamina que la mejor estrategia consiste
en que las palabras, frases y estructuras españolas queden
homologadas en la mayor medida posible a las del inglés.
Es así que aquellos que se preocupan del español de
EE.UU. como fuerza centrífuga en el marco del mundo hispanohablante,
pueden plantearse, como tarea práctica, la necesidad de elevar
el precio social de esos usos divergentes. Esto podría resultar
de la creación de agentes normadores a gran escala que, en
Nueva York, pudieran divulgar conocimientos de alternativas disponibles
en el español general, en comparación con las cuales
pudieran los usos neoyorquinos empezar a incurrir el gasto de convertirse
en blanco de la crítica social. En ausencia de ese costo social,
las teorías adaptacionistas parecen sugerirnos que la tendencia
centrífuga tiene que continuar por su cauce normal. |
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