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Nicolás Kanellos
La literatura hispana de los Estados Unidos y el mercado
del libro |
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A. El gran mercado potencial para libros en español
En los años más recientes se ha notado una incursión
cada vez mayor de las editoriales españolas en los Estados
Unidos. Esta expansión por medio de alianzas con editoras estadounidenses
y por sus propias distribuidoras responde al gran crecimiento de la
población hispano parlante residente en los Estados Unidos. |
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Hoy, ese país se puede considerar el quinto de habla hispana
en el mundo. En 10 años, sólo México tendrá
una población hispana más grande que la de los Estados
Unidos. Los hispanos hoy representan la minoría étnico-racial
más grande de los Estados Unidos, con más de 35 millones
de habitantes, y se estima que esta cifra oficial del censo no refleja
una población adicional de posiblemente hasta dos o tres millones
más de habitantes indocumentados.
Para el año 2050, el número de hispanos en los Estados
Unidos representará la cuarta parte de la población
total de la nación. Para ese entonces, los habitantes de origen
mexicano en EE.UU. igualarán al 80% de la población
de México. Los Ángeles es la segunda ciudad mexicana
más grande; Nueva York, la ciudad puertorriqueña más
grande; Miami, la segunda ciudad cubana.
Estas cifras también implican datos de mercadotecnia que especifican
el poder adquisitivo de los hispanos en los miles de millones de dólares,
su nivel de educación, sus hábitos de lectura y el consumo
de material informativo y cultural. Los siguientes datos explican
la gran atracción para las editoriales que producen libros
en castellano. Existen alrededor de 500 periódicos hispanos
en los Estados Unidos con una circulación cercana a 11 millones
de lectores. Existen alrededor de 550 emisoras de radio en español,
cifra que representa un aumento del cien por ciento en los últimos
diez años. Hay tres redes televisivas en español, tres
o cuatro más que se inician en estos días, incluyendo
una red de compra o subasta por televisión. Además,
hay centenares de programas en inglés o español que
se difunden por medio de estaciones locales no hispano parlantes,
pero sí dirigidos a la comunidad hispana. El motivo de lucro
no es el único en la creación y difusión de programación
hispana: uno de los programas más difundidos es el de la Cámara
de Comercio Hispana de los Estados Unidos, una asociación sin
fines de lucro, cuyo programa llega a los setenta mercados más
importantes. (Se puede observar el mismo fenómeno en el mundo
editorial: la casa editorial hispana más grande de los Estados
Unidos opera sin fines de lucro, Arte Público Press, un programa
asociado con la Universidad de Houston.) |
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Hay alrededor de 150 librerías españolas, la mayoría
pequeñas y especializadas. Mayormente sobreviven por su relación
con los distritos escolares que tienen dificultad en conseguir libros
en español. En adición, hay alrededor de 150 librerías
religiosas cuya clientela es la hispano parlante. Dada la población
hispana tan inmensa y la escasez de librerías generales capacitadas
para llegar a ese gran público, en una nación donde
el costo de las comunicaciones es tan alto como la competencia comercial,
cualquier intento de distribución del libro por venta directa
tendrá barreras considerables.
Por otra parte, hay un sector del público lector que cada día
es más grande y potencialmente revolucionario en cuanto a un
posible mercado para el libro escrito en castellano. La educación
bilingüe español-inglés se imparte a millones de
estudiantes de la escuela primaria, y ha gozado de tanto éxito
que ha habido una reacción de nativistas anglosajones y de
segunda o tercera generación de euro americanos que quieren
eliminarla e imponer una ley declarando el inglés como idioma
oficial de los Estados Unidos. No se podrá resolver este problema
de índole esencialmente política, y no pedagógica,
hasta que los hispanos adquieran suficiente poder político,
un poder que se corresponde con su poder demográfico y votante.
Será inevitable ceder ese poder a los hispanos como será
inevitable extender el uso del castellano a todas las esferas de la
vida del país. Mientras que las grandes corporaciones que compiten
por comunicarse con sus clientes hispanos en español dentro
de los Estados Unidos, la integración de las economías
de Canadá, México y los Estados Unidos, y futuras integraciones
con las economías iberoamericanas tendrán que convertir
el desprestigiado castellano en lengua franca en las Américas
y dentro mismo de los Estados Unidos.
El hecho de que más de un millón de estudiantes universitarios
estudian lengua y literatura en castellano cada año apoya este
futuro inevitable. El castellano es el idioma «extranjero»
que se le enseña a más del ochenta por ciento de los
estudiantes de idiomas. La enseñanza del castellano en el currículum
universitario y en las secundarias también ha tenido tanto
éxito que muchos departamentos de francés, alemán
y latín se han visto sin alumnos suficientes, y muchos han
clausurado sus programas de estudios avanzados o han desaparecido.
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B. Problemas actuales en el desarrollo del mercado
Si el poder demográfico y adquisitivo del hispano es atractivo
para la difusión del libro en castellano en los Estados Unidos,
hay otros factores que representan barreras para tal difusión.
La mayoría de los hispanos son menores de 21 años de
edad y no tienen el poder adquisitivo para comprar libros directamente,
ni el poder para influenciar a los compradores para las librerías,
las escuelas y las bibliotecas, aunque sí consumen impresos
en castellano en las escuelas y las bibliotecas públicas, pero
no necesariamente de su preferencia o elección. El hábito
y el gusto de buscar y comprar un libro en castellano hasta ahora
es ajeno a la mayoría de ellos, sencillamente porque el libro
hispano está ausente de su medio ambiente: su casa y su vecindad.
Además la institución de más poder, la escuela,
sólo valoriza fuentes escritas en inglés como fidedignas
y activamente propagandiza el consumo de información sólo
en inglés. En las instituciones primarias y secundarias el
castellano sigue siendo «la lengua de la pobreza»; hasta
las clases de educación bilingüe sirven de transición
al inglés y no para el mantenimiento del idioma nativo de los
estudiantes. Comúnmente esta transición se cumple después
de dos o tres años en el sistema bilingüe, cuya meta es
preparar a los alumnos para seguir los demás años de
su educación en clases que se impartirán sólo
en inglés.
Estamos hablando de la población escolar que tiene acceso al
libro hispano por medio de las instituciones educativas y culturales.
Pero, la mitad de los estudiantes hispanos abandonan la escuela antes
de terminar sus estudios de secundaria. Se supone que esta población
se ausenta del potencial mercado para el libro hispano. |
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La gran mayoría de la población hispana es de clase
obrera con bajo nivel de ingresos y de educación formal.
Se supone que en el orden de valores y prioridades, su sueldo se
destina a las necesidades vitales de vivienda y comestibles, y que
lo que sobra para el ocio se destina a la música y el deporte,
sin mencionar el alcohol. (Sobre esta suposición, muy común
en el mundo editorial, entre otros mundos comerciales, tendré
que hacer unas distinciones más adelante).
A pesar de la alta tasa de deserción escolar y del predominio
de la clase obrera entre los hispanos en los Estados Unidos, no
se sabe con ninguna certeza la verdadera tasa de analfabetismo.
La falta de escolaridad no necesariamente indica analfabetismo,
ya que el castellano, por tener un sistema ortográfico más
fonético que el inglés y otros idiomas, es mucho más
fácil de leer y de aprender a leer. Hay posiblemente millones
de hispanos en los Estados Unidos sin educación formal que
leen el castellano. No se debe subestimar el valor de los pocos
años de educación recibida en la patria, ni el poder
del autodidacta en un medio ambiente letrado y tecnológicamente
avanzado. Tampoco se debe subestimar la habilidad de transferir
el concepto y las destrezas aprendidos en la escuela al castellano
jamás estudiado. Además, como muchos de los hispanos
son inmigrantes ansiosos por mejorar la situación económica
de sus familias, creen en el poder de la educación para mejorar
el futuro de sus hijos y, por eso, después de proveer vivienda
y nutrición para sus hijos, la prioridad es la educación
de los mismos. Todo esto es por decir que sí hay un gran
mercado potencial para el libro en castellano, sobre todo si toma
en cuenta las siguientes implicaciones derivadas de la clase y la
cultura de los hispanos en los Estados Unidos:
1) La relevancia étnica, social y lingüística
del material. El material debe proveer información y valor
de acuerdo con la cultura del inmigrante, su nacionalidad y dialecto
nacional, sus menesteres en el país adoptivo.
2) Las necesidades de sus hijos para progresar en la escuela y
subir en la escala social en los Estados Unidos.
3) La conveniencia o facilidad de compra o préstamo. El
material debe estar disponible en las tiendas y supermercados
y centros de asistencia frecuentados por los hispanos, no en las
grandes librerías de cadena que no se extienden a los hispanos.
4) Los medios más candentes para promover las ventas entre
los hispano parlantes son, primero, la radio, y segundo, la televisión.
Hasta ahora no se ha probado la eficacia de promover la lectura
por medio de los periódicos hispanos. Pero ni uno ni el
otro medio ha resuelto el problema de la falta de libreros hispanos
y lugares de compra.
Si lo anterior es complicado, lo es mucho más la fragmentación
del mercado hispano. Los hispanos representan un grupo heterogéneo
en los Estados Unidos que, más o menos, reproducen las bases
étnicas, lingüísticas y raciales d sus distintos
países de origen. Representan:
1. Distintos grupos étnicos y dialectos nacionales.
2. Variados niveles socio-económicos, aunque predomina
la clase obrera.
3. Están dispersos en distintas regiones y ciudades de
los Estados Unidos.
4. Ni siquiera todos hablan el mismo idioma, por la pérdida
del castellano entre los jóvenes y el avance del inglés
como primera lengua.
Hay distintos problemas en acceder a este mercado con el libro
en castellano:
1. Falta la infraestructura de promoción del libro en
español: reseñas y entrevistas en los periódicos,
revistas, televisión, radio, etc., ferias del libro en
castellano, capital para anunciar los libros en los medios de
comunicación...
2. Faltan vías de distribución: casas distribuidoras
nacionales con fuerza de vendedores, casas de mayoreo, libreros
Las distribuidoras nacionales y regionales y las casas
de mayoreo manejan poco el libro en castellano, y de la parte
que sí manejan, 20-25% es para Puerto Rico; estas casas
carecen de compradores competentes en español, manejan
mucho material importado y prefieren no bregar con las editoras
pequeñas en los Estados Unidos que producen material en
español. El efecto es que estas distribuidoras sirven como
un filtro contra el libro minoritario, el libro escrito y producido
por los hispanos en los Estados Unidos y que mejor cumple con
los requisitos bosquejados arriba.
3. Las librerías en general, y las de cadena en particular,
casi no ofrecen libros en español y, cuando sí lo
hacen, es mediante una sección paupérrima que se
dedica a diccionarios, unos libros infantiles y una muy limitada
sección de autores hispanoamericanos del Boom y
de best sellers traducidos del inglés. No han hecho
ningún esfuerzo de promoción para atraer al hispano
a la librería, concretando su prejuicio de que el hispano
no lee ni compran es capaz de escribir y crear literatura digna
de leer.
4. El librero y el distribuidor hispanos se dedican más
que nada a importar libros y se benefician del dólar fuerte
en su compra de libros en el exterior, lo cual produce un perjuicio
económico en contra de libros producidos por la industria
editorial hispana en los Estados Unidos por sus costos de producción
altos; esto también perjudica la circulación y la
venta de libros escritos por hispanos en los Estados Unidos basados
en su propia cultura. Como estos libreros son los mismos que abastecen
con libros en español a muchas escuelas y bibliotecas públicas,
este perjuicio económico es reflejado en la escasez del
libro hispano de EE.UU. en estas instituciones. Pero, claramente
me refiero a instituciones que sienten las necesidad de comprar
libros en español o libros que reflejen la cultura hispana
minoritaria; hay muchas instituciones, que deben servir a los
hispanos y, sin embargo, no hacen nada para obtener el libro hispano.
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C. Conclusiones
Todo lo anterior tiene el efecto de disuadir al editor en los Estados
Unidos de publicar libros en castellano. Las casas editoriales no
se pueden dar el lujo de publicar libros para un mercado no bien
definido, organizado y servible por ahora.
Con esto, quisiera poner fin a uno de los estereotipos vigentes
en cuanto a los hispanos en los Estados Unidos, el de que ya no
escriben en castellano, tomando el ejemplo de nuestra casa editorial,
Arte Público Press. Un 40% del material sometido para publicación
está escrito en lengua castellana. Pero nosotros no podemos
editar más de un 10% de nuestros libros en la lengua de Cervantes.
Porque no podemos darnos el lujo de almacenar libros que no podemos
promocionar y vender por las mismas razones expuestas arriba. Si
publicáramos más libros en castellano, les aseguro
que se someterían aún más manuscritos en castellano.
Éste ha sido el panorama actual del libro en español
en los Estados Unidos. Hoy en día existe una asociación
comercial para la industria del libro en español, se reúne
bajo el auspicio de Book Expo America cada año y principalmente
se dedica a promover el crecimiento del mercado para el libro en
español en los Estados Unidos. Los editores, distribuidores
(mayormente importadores), publicistas y algunos libreros de la
asociación mayormente están interesados en la venta
de libros en español sin ningún otro motivo que el
beneficio comercial. En su mayoría se trata de libros que
resultan sencillamente una traducción de la cultura escrita
anglosajona al castellano sin reflejar en lo más mínimo
la cultura de las comunidades hispanas en los Estados Unidos. Es
un mercado que estos representantes de la industria han definido
como una extensión de la cultura popular en inglés
representada en televisión, cine, música y best
sellers de género romántico, policiales y thriller.
También difunden la traducción de libros pedagógicos
de toda índole. En síntesis, se cree que al público
hispano se le puede ofrecer sólo traducciones y, en cuanto
a la literatura comercial, se cree que se le puede promocionar el
mismo material, con frecuencia de poca calidad, que se le entrega
al lector angloparlante. Nadie en el grupo cuestiona el imperialismo
cultural de sus decisiones. Representa la misma lógica que
opera en la exportación de material cultural estadounidense
para el resto del mundo.
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En la última década ha habido alianzas entre editores
españoles y las grandes editoras comerciales de Nueva York
para importar y distribuir libros escritos por autores españoles
en nuestras comunidades hispanas de los Estados Unidos. Mayormente
lo que se ha ofrecido es una serie de obras por autores españoles
desconocidos en nuestras comunidades con el efecto, otra vez, de negar
y silenciar la existencia de nuestra cultura y nuestros autores locales.
Ha sido otra expresión del colonialismo yanqui en combinación
con el colonialismo español borrando la cultura autóctona
con cánones, modelos y valores foráneos. No insisto
mucho en esto porque, por una parte, soy partidario de la distribución
de cualquier tipo de libro en castellano. Por otra parte, el experimento
ha fallado en grande, ya que su ejecución no ha implementado
los requisitos expuestos arriba.
Lo que proponemos en Arte Público Press es el desarrollo de
la comunidad hispana de los Estados Unidos mediante el fomento editorial
de su arte, historia y cultura tanto en inglés como en español.
Algunos de nuestros autores tomarán la palabra en esta mesa
redonda. Para conocer mejor nuestros libros, les ruego que lean nuestro
catálogo o consulten nuestra página de Internet. |
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