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Joaquín Garrido
Medina
Hispano y español en Estados Unidos
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A tres nuevas hispanas
Introducción: cuestiones básicas
«Si usted no habla español, puede quedarse rezagado»,
decía hace poco el titular en primera plana en español
de un diario nacional estadounidense de lengua inglesa (USA Today,
9 mayo 2001). A continuación añadía la traducción
entre paréntesis: «If you dont speak Spanish, you
might be left behind». El correspondiente artículo, de
Deborah Sharp, informaba sobre el enorme aumento del estudio de la
lengua española en los Estados Unidos («Spanish study
booms in USA»), hasta el punto, se añadía, de
que el español había dejado de ser una «lengua
extranjera». La noticia seguía a la publicación
del nuevo censo de los Estados Unidos, con el conocido dato del aumento
de 57,9 por ciento de la población «hispánica»
en los últimos diez años, hasta alcanzar hoy un total
de 35,3 millones, el 12,5 por ciento de la población estadounidense.
«Hablar español está haciéndose más
una necesidad que una cuestión de elección en muchas
partes del país», escribía la periodista de USA
Today, como consecuencia del «aumento de población
hispana en los Estados Unidos en la última década»
(«With the surge over the past decade in the Hispanic population
in the United States, speaking Spanish is becoming more of a necessity
than a choice in many parts of the country»). |
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Este incremento plantea varias cuestiones acerca de la situación
de la lengua española en los Estados Unidos. La primera y fundamental
cuestión es la demográfica, con la importante información
que provee el nuevo censo. El segundo aspecto básico es la
constitución de un grupo político y social dentro de
la comunidad estadounidense, caracterizado frente a otros grupos como
pueden ser los definidos por el censo («blancos», «negros»,
«asiáticos»), si bien el censo sigue el criterio
de distinguir entre «raza» y «origen hispánico
(hispanic)».
La tercera cuestión es la propia autodefinición de esta
comunidad, calificada de «hispana», «hispánica»,
«latina», y, en menor medida, por otros términos,
con sus correlatos en la lengua inglesa. La cuarta cuestión
es el uso de la lengua española por los miembros de esta comunidad.
Para algunos, solo la lengua es común, al mismo tiempo que
hay datos heterogéneos con respecto a su uso y difusión.
El censo ofrece un primer avance con la indicación de que de
los 230 millones mayores de cinco años, hablan español
en casa 17 millones, y de ellos ocho millones «no hablan inglés
muy bien». Para otros, la importancia de la cultura
común es tal, que solo como residentes en Estados Unidos han
podido ser conscientes de su pertenencia a una comunidad más
amplia que la propiamente nacional de su origen, mexicano, portorriqueño,
cubano o de otra procedencia americana o española. La lengua
es así instrumento a la vez que espejo de afirmación
de la propia identidad y de difusión de la propia cultura.
La quinta cuestión, centrada en la enseñanza de la lengua
española al público en general en los Estados Unidos,
y su mencionado aumento exponencial, conduce de forma obligatoria
a plantear, como conclusión, las orientaciones de la política
lingüística que se debe llevar a cabo con respecto al
español, tanto en la comunidad de hablantes originarios de
esta lengua como entre la población general de los Estados
Unidos. El objetivo central de esta política lingüística
es que ser hispano suponga cada vez más ser hispanohablante,
y que así mismo el español se difunda como segunda lengua
entre otros grupos culturales y políticos de los Estados Unidos
de manera generalizada. |
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Demografía
Como es sabido, en diez años ha aumentado espectacularmente
la población de origen hispanohablante en los Estados Unidos.
La comparación de las cantidades del censo de 1990 y del de
2000 es esclarecedora (Tabla
1).
Estos datos, traducidos porcentualmente, muestran un importante crecimiento,
de más del cincuenta por ciento, en estos diez años
(Tabla 2).
Este enorme crecimiento, y el correspondiente porcentaje de 12,5,
superan así anteriores expectativas (por ejemplo, las expuestas
por Morales en 1999, página 243, de un 11,4 por ciento para
el 2000, y de un 11 por ciento en 1997; ibídem, página
244; o los cálculos de Veltman de 1988, página 102,
que estimaban para el 2000 entre 16 y 18 millones, justamente la mitad
de los 33 millones del censo). Para el 2050, como recuerda Villa (2001:
6), la Oficina del Censo calcula unos 98 millones de «hispanos»,
de ellos unos 82 millones de hispanohablantes. |
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Los principales estados en cuanto a la población de origen
hispanohablante son, en millones de habitantes los que ilustra la
Tabla 3.
Los porcentajes de habitantes de origen hispanohablante con respecto
a la población total son los que aparecen en la Tabla
4.
Una primera manera de ordenar estos datos consiste en clasificar por
número de habitantes de origen hispanohablante dichos estados
(Tabla 5).
Según esta tabla
5, el estado de mayor importancia es California, y es Nevada el
de menor población. Sin embargo, es más representativo
ordenar los estados según el porcentaje de población
de origen hispanohablante (Tabla
6).
Los datos porcentuales ponen de manifiesto la existencia en los Estados
Unidos de una región de presencia hispánica importante,
el Sudoeste. Está constituida por los estados de California,
Nuevo México, Tejas y Arizona, así como Colorado (Tabla
7). |
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Esta región del Sudoeste formaba parte de la gran extensión
que los Estados Unidos conquistaron a México en la guerra concluida
con el tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. A ella se añade,
históricamente, el sur de Colorado, colonizado también
a mediados del siglo XIX desde el norte de Nuevo
México (siendo San Luis el primer asentamiento permanente,
en 1851; cf. Bills y Vigil 1999, página 48). Nuevo México
fue, entre los territorios arrebatados a México, el último
en ser declarado estado, entre otros motivos por la importante presencia
y protesta hispánica ante «el prejuicio anglo»
(manifestada mediante las «juntas de indignación»,
que ha estudiado Gonzales en 2000). Como observa Solé (1975:
11), «el aislamiento social del grupo [...] es el factor capital
que explica el fenómeno de la perdurabilidad del español
en el Sudoeste». Este aislamiento fue especial en el caso de
Nuevo México. Como ha observado el escritor nuevomexicano Sabine
Ulibarrí (2001, página 1), «España fundó
esta colonia y se olvidó de ella y la perdió».
El desierto y las montañas aislaron el actual Nuevo México
del resto de la Nueva España, a pesar del Camino Real de Tierra
Adentro, que lo unía a Zacatecas. Hoy día, el total
de los habitantes del Sudoeste de origen hispanohablante es más
de veinte millones, más de la mitad de los treinta y cinco
del total de los Estados Unidos (Tabla
8).
El resto, de casi quince millones, se concentra principalmente en
Nueva York, Florida e Illinois, que suponen la mitad de esta otra
población (Tabla
9). |
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Como es sabido, hay importantes comunidades de origen portorriqueño
en Nueva York, cubano en Miami, y mexicano en Chicago. El origen
principal de estos habitantes es México (como ya observaba
para el censo de 1990 Silva-Corvalán en 2000, página
81, señalando para el total de Estados Unidos más
de un sesenta por ciento de origen mexicano, seguido de un doce
por ciento portorriqueño y casi cinco por ciento de origen
cubano). Y de los 30,5 millones de estadounidenses nacidos fuera
del país, cerca del 29 por ciento, es decir, 8,8 millones,
provienen de México (según datos de la «Encuesta
Suplementaria del Censo 2000»). El Servicio de Naturalización
e Inmigración estima en unos siete millones el número
de inmigrantes sin documentación, y otros expertos, como
Jeffrey Passel, del Urban Institute, aumentan la cifra a 8,5 millones,
de ellos más de la mitad mexicanos. Frente a las otras zonas
con alta población hispanohablante de origen inmigrante,
la peculiaridad del Sudoeste consiste, especialmente en Nuevo México,
en la existencia de una población que ha mantenido la lengua
desde la llegada de los primeros españoles al territorio,
es decir, desde antes de pertenecer a los Estados Unidos.
En resumen, se puede observar lo siguiente:
a) El crecimiento de la población de origen hispanohablante
ha sido en los últimos diez años muy considerable.
El factor fundamental de este crecimiento es la inmigración
mexicana.
b) Esta población se concentra en las grandes ciudades
de Nueva York, Chicago y Miami, así como en el Sudoeste
de los Estados Unidos, principalmente en California y Tejas.
c) El Sudoeste muestra la mayor proporción de población
de origen hispanohablante, especialmente el estado de Nuevo México.
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Grupo político
El grupo de los ciudadanos de origen hispanohablante, de diferentes
procedencias geográficas, tampoco es uniforme en sus opciones
políticas. Una prueba más de ello son las elecciones
municipales de Los Ángeles de junio de 2001. La ciudad, según
el censo, tiene la siguiente composición en cuanto a las
tres minorías mayoritarias, de negros, blancos e hispanos
(la cuarta minoría, de «raza asiática»,
es de 369 254 ciudadanos, aproximadamente el 10 por ciento del total)
(Tabla 10).
El ganador de las elecciones no fue el candidato de la minoría
mayoritaria, Antonio Villaraigosa: como escribe el periodista de
The Dallas Morning News Rubén Navarrete (reproducido
en el Albuquerque Journal, 10.6.2001, página B2),
para los votantes negros el otro candidato, que no era negro, tenía
el mérito de no ser latino y, además, los votantes
hispanos se dividieron.
Son continuas las menciones en los medios de comunicación
al impresionante crecimiento de la población de origen hispanohablante,
como la ya citada de USA Today. En la revista Imagen
(publicada en Nuevo México, en Albuquerque,) del mes de septiembre
de 2001 se puede leer:
«Al empezar el nuevo milenio los latinos estamos en una
posición destacada. Nuestro número en aumento explosivo,
nuestra fuerza económica y política son prometedores».
En las mismas páginas se lee:
«Nosotros los latinos [...] debemos celebrar, preservar
y promover nuestra lengua. La lengua española de nuestros
antepasados muestra una fuerza y una resistencia que nos representa
como pueblo».
En realidad, estas líneas están publicadas en inglés:
«As we begin the new millennium Latinos are now
in high profile. Our exploding numbers, our economic and political
surge provides promise for the future» (editorial, Imagen,
septiembre 2001, página 28).
«We Latinos [...] must celebrate, preserve, and promote our
language. The Spanish language of our ancestors reveals a strength
and endurance that is representative of us as a people» (Robert
D. Martínez, «Pride and Heritage», Imagen
septiembre 2001, página 25).
Se trata de un ejemplo más de la conciencia de grupo político
y social relevante en el escenario político estadounidense
y, al mismo tiempo, de una muestra de que la lengua ha dejado de ser
el rasgo constitutivo de este grupo, tan importante. |
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Definición del grupo
Si la lengua no es el rasgo definitorio de este grupo social y político,
¿cuál es? Hay dos factores, uno interno y otro externo,
que lo definen. El interno es la existencia de una cultura común,
de raíz hispánica, presente más allá de
la lengua. Autores literarios y medios de comunicación (en
español pero también en inglés), fiestas y tradiciones
religiosas o gastronómicas, todo ello es común frente
a la tradición estadounidense. En términos de Gómez
Dacal (2001: 171), este grupo comparte «una zona de intersección»
en «su herencia cultural». Esta tradición cultural
hispanoamericana cobra sentido al enfrentarse a la angloamericana.
Parte importante de esta tradición es religiosa. Como ejemplo,
la mencionada población de San Luis, la más antigua
de Colorado, situada al norte de la frontera con Nuevo México
y cercana a la misma cordillera de las montañas de Sangre de
Cristo, reza en inglés pero canta los himnos religiosos en
español. Y los himnos tradicionales de la Semana Santa nuevomexicana,
los «alabados», reciben la atención actualmente
de estudios escritos en inglés, como el de Ray John de Aragón,
titulado Hermanos de la Luz/ Brothers of the Light (Heartsfire,
Santa Fe 1998).
El factor externo que da cohesión al grupo es la existencia
en los Estados Unidos de grandes grupos sociales y políticos
que son producto de la incorporación de población de
diferentes orígenes al conjunto estadounidense. El Censo 2000
del gobierno federal estadounidense refleja esta realidad producto
de la historia, mediante sus seis categorías de «raza»:
blanca, negra o africana americana, india americana o nativa de Alaska,
asiática, nativa hawaiana y otros isleños del Pacífico,
y otras razas. Esta última categoría, de otras razas
(«some other race»), permite al censado añadir
ulterior información, por ejemplo marroquí, sudafricano,
mexicano, cubano, portorriqueño, etc., según las explicaciones
del propio censo, pero también y sobre todo «chicano»,
denominación que no aparece como tal en el censo, y que sin
embargo es preferida por muchos y muchas, como muestra la obra dirigida
por Galindo y Gonzales en 1999, titulada Speaking Chicana (La
chicana que habla). |
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El Censo 2000 considera el origen hispánico y la raza como
conceptos diferentes. En su análisis de la población
hispana (citado arriba), el Censo 2000 distingue entre «solo
blancos» y «hispánicos o latinos (de cualquier
raza)». Y, por otra parte, la etiqueta de «hispano»
(«Hispanic» en inglés) permite al ciudadano identificarse
como estadounidense de un grupo (frente a los «Anglos»,
sean blancos o negros), y no como un extraño al país,
con etiquetas como «mexicano», «cubano», etc.
En Nuevo México la categoría del censo de «other
Hispanic» ha sido la más numerosa, con los siguientes
porcentajes.
Como observa Lloyd Jojola en la primera plana del Albuquerque Journal
de 19 de mayo de 2001, el número de censados en la categoría
de «otros hispanos» ha aumentado espectacularmente en
la pasada década (un 74 por ciento), mientras que el número
de quienes se declaran «mexicanos» prácticamente
es el mismo en diez años, con un 0,4 por ciento de aumento
(lo cual no corresponde a los datos del aumento de población
por inmigración mexicana). Y también en todo Estados
Unidos ha aumentado la respuesta genérica, de decir «Im
Spanish», «Im Latino», «Im Hispanic»,
de manera que, concluye el periodista, «la tendencia podría
relacionarse con la integración».
Los datos del censo obligan a constatar una nueva realidad política:
del mismo modo que blancos y negros son grupos políticos y
sociales diferentes, los «hispanos o latinos» («Hispanics
or Latinos») del Censo 2000 constituyen el nuevo grupo importante
en la población estadounidense. En lugar de definirse por su
origen, hacia el pasado, se definen por su posición relativa,
frente a otros grupos, principalemente los «anglos», blancos
o negros, en el presente y hacia el futuro. |
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Uso del español
Hay acuerdo generalizado en que, por una parte, decrece el uso del
español entre los ciudadanos estadounidenses de origen hispanohablante,
y, por la otra, en que la inmigración, mexicana principalmente,
está haciendo aumentar la presencia del español hablado
en los Estados Unidos.
Por otra parte, se produce con frecuencia en la segunda generación
de hispanohablantes establecidos en los Estados Unidos lo que Silva
Corvalán (2000: 103) denomina un español «que
parece tener un sabor diferente», con expresiones
en inglés, calcos léxicos y uso de ambas lenguas en
el mismo turno de habla. En sus diferentes grados, estos estilos característicos
de situaciones familiares e informales reciben el nombre de espanglish,
también, como recuerda Villa (2001: 3), «pocho»,
«mocho», e incluso «cubonics». En un coloquio
celebrado en la primavera del 2001 en el Instituto Cervantes de Nueva
York, Odón Betanzos, presidente de la Academia Norteamericana
de la Lengua, calificó el espanglish de «mezcla
deforme y alterada», mientras que Ilán Stavans, del Amherst
College, lo presentó como «nuevo idioma», producto
de la creatividad de un sector demográfico en transición
entre culturas y lenguas; para Humberto López Morales, todavía
no se había precisado con exactitud en qué consistía
dicho fenómeno (cf. Molinero 2001). Según refiere Molinero
(que por su parte intervino acerca de la traducción), Stavans
dio ejemplo en su propia intervención: «No se puede ningunear
la realidad lingüística de los hispanos in this country.
Estamos ante una generación que no pide disculpas for the language
they are using». También Villa (2001) usa intencionadamente
ambas lenguas, desde el título de su artículo, «A
millennial reflection sobre la nueva reconquista», hasta la
dedicatoria: «Se les dedica este trabajo a todos mis alumnos
que piensan que Spanglish is just some street slang»[«el
espanglish es simplemente un argot callejero»]. Y, como ejemplo
adicional, junto a despedidas como «Ahí te miro»se
oye a menudo también «Ahí te guacheo»[del
inglés «watch», observar], correlativas de «See
you»y otras fórmulas del inglés (cf. «Nos
vemos», etc.).
Al mismo tiempo que se da la tendencia a constituir un grupo político
común, de «hispanos», existe también la
orientación particularista «de defensa de las variantes
dialectales del lugar de origen», en palabras de Morales (2001,
página 275), lo que contribuye a dificultar la adopción
de una variedad común, apropiada para la comunicación
externa a la familiar y más local. |
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Es significativo que el Censo 2000 tabule la presencia de la lengua
española «en el hogar»: se trata de usos no académicos,
y su crecimiento se debe a las primeras generaciones de inmigrantes
hispanohablantes (véase Bills, Hernández Chávez
y Hudson 1995, Silva-Corvalán 2000, Solé 1990). Tan
solo el grupo de origen cubano muestra una tendencia diferente, como
expone López Morales (2000: 56), al comparar los datos de Solé
(1979), Ramírez (1992) y Castellanos (1990): la especial situación
política de exilio contribuye al sentimiento de cubanidad y
a su mantenimiento.
La percepción del fenómeno es justamente la contraria
en la opinión pública estadounidense: «El inglés
segunda lengua para cada vez más gente» («English
Second Tongue For a Growing Number»), se subtitula un artículo
de la Associated Press del 6 de agosto de 2001, escrito por
Genaro Armas, acerca de los datos publicados de la «Encuesta
Suplementaria del Censo 2000». En los jóvenes de cinco
a diecisiete años, el 18 por ciento estudia en inglés
pero habla otra lengua en casa, frente al 14 por ciento del Censo
2000. Y de ellos, cerca de 7 de cada 10 habla español. Las
dos terceras partes de ese grupo hablan inglés muy bien, frente
a la mitad del grupo de 18 a 64 años que habla español
en casa. Esta diferencia en el uso del inglés indica la tendencia:
los jóvenes que declaran hablar muy bien el inglés son
más numerosos que los mayores. En palabras de Silva-Corvalán
(2000: 109), «es obvio que el uso del español declina
a través de las generaciones». |
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Enseñanza de la lengua
La lengua española se ha convertido en la primera lengua extranjera
aprendida en los Estados Unidos, así como en la segunda lengua
mayoritaria en los casos de comunidades bilingües. Como lengua
extranjera, ha superado al francés y a las demás lenguas
en todos los niveles de enseñanza; incluso en Louisiana el
número de alumnos de secundaria que aprenden español
es superior al de francés, como observa Gómez Dacal
(2000: 182). En los programas de educación bilingüe, el
objetivo suele ser integrar al alumno en la enseñanza en inglés,
desde la enseñanza en la lengua materna, española. Hay
críticos a esta enseñanza bilingüe por exceso y
por defecto.
La crítica por exceso consiste en realizar la tarea de enseñar
en español y no en inglés, como parte de la conocida
iniciativa de «solo inglés». Hay quien ha llegado
a afirmar que «es un delito» no enseñar bien el
inglés, como Ron Unz, director de la asociación «English
for the Children», de Palo Alto, que consiguió que se
celebrara el referéndum que acabó con la enseñanza
bilingüe californiana en 1998 («If the schools are failing
to teach English, its a crime», declara Unz en el mencionado
artículo de prensa escrito por Genaro Armas). |
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La crítica por defecto se basa en que la enseñanza bilingüe
acaba inexorablemente en el inglés, como ha señalado
Richard Griego (profesor universitario y promotor de una escuela independiente
pública «charter school», totalmente en español)
en un coloquio sobre la enseñanza del español celebrado
en septiembre de 2001 en el Instituto Cervantes de Albuquerque. Con
ello acaba perdiendo el dominio efectivo de la lengua española
en el ambiente educativo y profesional.
La realidad de la enseñanza del español como lengua
extranjera y en parte como segunda lengua, es decir, a hablantes de
inglés, es más prometedora. Como escribe Barbara Probst
Salomon en El País (de 20 de mayo de 2001), «hay
un número sin precedentes de estadounidenses con un legado
no hispano que están siendo expuestos a todos los aspectos
de la cultura española». En palabras de Julio Ortega
(en El País de 27 de diciembre de 2000), «el español
es una lengua cada vez menos extranjera»; dicho en inglés,
«Spanish no longer considered a foreign language
by many in USA» («El español ya no es lengua
extranjera para muchos en EE.UU.», en el titular del citado
artículo de USA Today en su segunda página).
Hace un año, en el Senado estadounidense ante el comité
de asuntos gubernativos se oyeron testimonios acerca de lo poco preparados
que estaban los estadounidenses monolingües para el comercio
internacional pero también para la guerra global y el espionaje,
según se lee en el citado artículo de USA Today.
El mundo monolingüe estadounidense está cobrando conciencia
de su situación: en palabras de Probst Salomon, los estadounidenses
«Estamos aburridos de nuestra historia de blancos, anglosajones
y protestantes». La mayoría de las instituciones impulsan
ahora la pluralidad cultural, que señala la escritora
se ha asociado a lo hispánico, unido a la cultura negra y la
asiática. |
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Conclusión: política lingüística
En este ambiente estadounidense de «pluralidad cultural»
hay una oportunidad para la cultura española. Es importante,
como señala Probst Salomon, que los escritores y políticos
españoles «aborden esta sorprendente transformación
social que está motivada por el idioma español; si no,
España se convertirá en un espectador en lugar de participar
en ella». Como observa Gómez Dacal (2000: 154), «Con
o sin cooperación de terceros países (los de habla española,
en general, y de España, en particular), el futuro del español
en Estados Unidos está asegurado». Esta contribución
se está llevando a cabo, tanto en la red como en la realidad,
mediante la actuación del Instituto Cervantes y la Real Academia
Española, como es evidente en las presentes circunstancias.
Como he escrito anteriormente (Garrido 2001), el objetivo de la política
lingüística del español es doble: su difusión
interna, entre los estadounidenses de origen hispanohablante, y su
difusión externa, entre los angloparlantes. Para ello hay que
insistir en el español como lengua de cultura y actividad económica
tanto de España como de México, de Venezuela como de
Argentina, de Perú como de Cuba, pero también de Estados
Unidos, entre otros países. Es decir, se trata de insistir
en que la lengua española es europea pero sobre todo americana.
Ampliando lo que escribió Andrés Bello hace ya más
de un siglo y medio en el título de su gramática, el
español es una lengua «destinada al uso de los americanos»:
los del Sur y del Centro, pero también, hoy y mañana,
los del Norte. |
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