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Jaime Olmedo Ramos
Lengua y escritura en Internet: tres décadas
de «red-acción» (1971-2001) |
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Tres décadas después del envío del primer correo
electrónico por Ray Tomlinson en el invierno de 1971 en Cambridge
(Massachusetts)1, nos encontramos
ante una realidad informática que ha modificado no sólo
determinados usos de la lengua escrita, sino que ha variado numerosos
modos de interrelación. |
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Recuerdo ahora quizá porque yo también me encuentre
exactamente en ese filo de la treintena qué opinaba Cánovas
de los treinta años. Relata Unamuno en un artículo titulado
«La bohemia espiritual» y publicado en Los Lunes
de El Imparcial en Madrid el 12 de agosto de 1912, «que
cuando se le hablaba a Cánovas de algún joven de ingenio
y facultades prometedoras [...] preguntaba al punto: ¿Qué
edad tiene?. Si le decían que veinticuatro o veintiséis
o menos de treinta años, se encojía [sic] de hombros
diciendo: ¡Esperemos!; mas si resultaba el joven
pasado de la treintena, pedía que se lo presentasen».
Cuando le preguntaban a Cánovas alguna vez por la razón
de esta conducta contestaba diciendo «cómo la experiencia
le había enseñado que los treinta años marcan
la edad crítica en España, y que muchos jóvenes
de quienes se esperan buenas cosas antes de esa edad, al pasar de
ella se arrutinan y apenas
sirven para cosa»2.
Como se ha dicho, en este 2001 se cumplen treinta años del
envío del primer correo electrónico. De estas tres décadas
de red-acción, se puede hacer hoy un balance aproximado;
es tiempo bastante para diagnosticar algunos indicios y no demasiado
extenso para tener que asumir algunos hechos ya como definitivos3.
De eso trataremos ahora, acotando algunas de las numerosas facetas
que entran en contacto con las nuevas realidades electrónicas
y procurando pautar algunas sendas aún poco desbrozadas.
Desde aquel primer mensaje QWERTYUIOP, «or something similar»,
recuerda Tomlinson, el abanico de documentos escritos que se
encuentra en Internet es tan amplio que alcanza desde la edición
electrónica de textos literarios hasta intervenciones sumamente
informales insertas en las dinámicas conversacionales de los
denominados chats. Entre estos dos extremos, caracterizados respectivamente
por la excelencia lingüística y por el coloquialismo más
espontáneo, se sitúan los foros y el correo
electrónico, que junto con la edición convencional,
periódica y científica4,
completan las principales manifestaciones escritas presentes en la
Red. |
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La utilización del soporte electrónico como material
de escritura es cada vez más generalizada. Según estimaciones
de International Data Corporation, cada día se envían,
sólo en Estados Unidos, unos 2 100 millones de mensajes de
correo electrónico, o cartas electrónicas, y se estima
que, en el año 2002, ese número se elevará a
8 000 millones. Cada vez hay más compañías que
viven hoy una cultura del correo electrónico: el elevado número
de mensajes es uno de los problemas que afrontan los trabajadores
de hoy. Estamos llegando al punto en el que lleguemos al trabajo,
leamos nuestros mensajes, los respondamos y nos vayamos a casa. Se
sabe, por ejemplo, que el 75 por ciento de la actividad de Internet
es sólo correo electrónico5.
En los próximos años, por tanto, el monitor de las computadoras
se habrá convertido si no lo ha hecho ya en el
principal soporte material de la escritura, sin necesidad de la presencia
subalterna de las máquinas impresoras. Cada vez es mayor la
gestión exclusivamente electrónica de los escritos,
y menor el número de impresiones, al contrario de lo que ocurría
en las primeras décadas de expansión informática.
Sucedía entonces algo semejante a lo ocurrido en los primeros
tiempos de la imprenta, en que se intentaba mantener el vínculo
con el soporte anterior, en ese caso los manuscritos, y se dejaban
espacios en blanco en los primeros incunables para que el miniador
ilustrara después una letra capital o colocara una rúbrica6.
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Sin embargo, no es sólo el soporte la única novedad
en el espacio electrónico. Todos los factores que participan
en el proceso comunicativo se ven afectados, en una u otra medida,
por las peculiaridades del entorno informático7.
Aunque las funciones asignadas por Jakobson a cada uno de estos factores
siguen ajustándose al modelo de predominancia enunciado en
aquella comunicación que cerró el congreso convocado
por la Universidad de Indiana en Bloomington en la primavera de 1958,
sí es cierto que hay desajustes con respecto al modelo tradicional8.
Por ejemplo, en cuanto al receptor, hoy se escribe a personas a las
que, hasta ahora, no se había hecho con tal frecuencia. Está
demostrado que los juegos de identidad y las conversaciones lúdicas
(chat) representan menos del tres por ciento de la interacción,
y que es el trabajo, la familia y los amigos reales los que representan
lo esencial de la actividad de comunicación electrónica.
Sin determinar cuál ha sido el proceso de causas que lo ha
originado, lo cierto es que en este nuevo entorno se han consolidado
determinados usos lingüísticos, ausentes de cualquier
otro escenario comunicativo y atingentes, en especial, a la lengua
escrita. Esta especificidad lingüística dentro del espacio
electrónico tiene que ver mayoritariamente con aspectos formales
de la escritura y con el caudal léxico especializado que viene
aparejado a las novedades científico-técnicas.
El tránsito entre la oralidad y la escritura se ha reducido
más que nunca, llegando incluso a cuestionarse el carácter
escrito de estos mensajes. Sin embargo, y aun con todas las peculiaridades
que quieran reconocerse, estamos ante textos escritos que, como tales,
deben participar de las convenciones de la lengua escrita y compartir
las normas generales adoptadas para otros soportes9.
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Esa aparente naturaleza peculiar de, por ejemplo, el correo electrónico,
ha hecho que florezcan en él nuevos usos tanto tipográficos10
como ortográficos. Tales creaciones, por oportunas que puedan
parecer, fragmentan la convención unitaria de la lengua escrita,
y antes de que se generalicen y se asienten estas prácticas,
conviene afirmar su carácter de textos escritos y reclamar
para ellos el mismo cuidado que para cualquier otro documento. Particulares
sistemas de abreviación11,
específicos usos de la letra mayúscula12,
relajación de las normas ortográficas, desaparición
sistemática de tildes13,
impropiedad en la puntuación e, incluso, simplificación
sintáctica con ausencia, casi por completo, de subordinación
y procesos morfológicos inusitados14
son hoy elementos fácilmente reconocibles en la escritura en
Internet. La cantidad de errores que se cuelan en cada uno de los
mensajes electrónicos ha llevado a la Escuela de Negocios de
la Universidad de Harvard a calificar el correo electrónico
como el «Triángulo de las Bermudas de la escritura».
Conceptos incluso como el de legibilidad se han modificado por completo
y se han alterado también los usos tipográficos como
el modo de resaltar las negritas o los subrayados15.
En el extremo informal y coloquial del abanico de textos esbozado
al inicio se está asistiendo a la aceleración de un
proceso de erosión de la lengua escrita que, sumado a la democratización
de los recursos informáticos, puede representar una contrariedad
idiomática seria si se generaliza fuera de los ámbitos
electrónicos específicos donde ha surgido. Hay quien
piensa que la «desescritura» podría ser una realidad
en ciernes16, aunque la
Real Academia Española a través de su vicedirector
Gregorio Salvador ha afirmado que el fenómeno «[n]o
tiene mayor importancia» y que «no pasa de ser un juego»17.
Esta democratización hará que la tecnología se
filtre por capilaridad en todas las capas sociales, incluso en las
menos favorecidas económicamente. Sirva un ejemplo: a principios
de los años 90, en el Reino Unido, un teléfono móvil
costaba, como mínimo 200 libras esterlinas; a finales de los
años 90, una empresa los regalaba al comprar un huevo de chocolate
que costaba cuarenta peniques18.
Según una encuesta de la compañía estadounidense
de investigación de mercado Ipsos-Reid, realizada en
más de treinta países revela que, en todo el mundo,
unos cuatrocientos millones de personas usan Internet diariamente
y que sólo en siete países el uso de Internet involucra
a más del cincuenta por ciento de la población: Suecia
(65 por ciento), Canadá (60 por ciento), Estados Unidos (60
por ciento), Holanda (57 por ciento), Austria (54 por ciento) y Suiza
(51 por ciento)19. |
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Hay que reparar, además, en que en la «sociedad red»
en acuñación de Manuel Castells20,
el lenguaje y su difusión son elementos fundamentales. Internet,
ante todo, ha reforzado el lenguaje escrito y la comunicación
mediante textos21. Sin
embargo, Internet no está sólo en esta revitalización
del uso escrito; la tecnología suma sus fuerzas y la telefonía
móvil viene a contribuir en la sinergia de una nueva escritura.
El nuevo diccionario SMS (Short Messages Service) publicado
por Ediciones B dice que las abreviaturas y emoticonos son válidos
tanto para el mensajeo como para la comunicación por
Internet; su finalidad es transmitir la información más
amplia a través de las abreviaciones más raquíticas
con tal de burlar la limitación de 160 caracteres por mensaje
de texto que imponen las compañías de telefonía
móvil22.
Todos los elementos descritos han irrumpido en Internet y en los soportes
electrónicos fomentados por la convicción de que se
pisa un terreno completamente nuevo y distinto a la escritura tradicional
en que nada constituye una deuda o un arrastre del pasado. Sin embargo,
la realidad no es tal. La antigüedad, por ejemplo, de la arroba
[@], el gran símbolo del ciberespacio es prueba evidente
de ello. Símbolo de origen latino (abreviación de ad),
resurgido en la Edad Media, fue usado frecuentemente, según
ha demostrado Giorgio Stabile, profesor de Historia de la Ciencia
en la Universidad La Sapienza de Roma, en un trabajo de investigación
para el Instituto Treccani23,
por los mercaderes venecianos del siglo XVI para representar la abreviación
de una unidad de peso y capacidad llamada ánfora, con
la misma medida de «un cuarto» significada por nuestro
arabismo arroba, la cuarta parte del quintal. Se comprueba,
por tanto, que el gran símbolo de la navegación virtual
tiene su ascendencia vinculada al comercio y a la navegación
verdadera, aquella que se hacía con veleros cargados de mercancías
exóticas de Oriente Medio.
Con el panel «Lengua y escritura en Internet: tres décadas
de red-acción» se intenta reflexionar sobre todos estos
elementos presentes de la lengua y la escritura en Internet, así
como hacer una valoración del pasado y tratar de atisbar su
evolución en el futuro24.
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Notas:
- McCarthy, Michael, «@: un símbolo
que viene de la Edad Media», en Cinco Días,
jueves 18 de noviembre de 1999, pág. 39. Es traducción
de artículo publicado con anterioridad en el The Wall
Street Journal.

- Unamuno, Miguel de, Inquietudes y meditaciones,
Madrid, Espasa-Calpe, 1975, (col. Austral, 175), pág. 17.

- Para cuestiones generales, véanse
las obras: Lévy, Pierre, ¿Qué es lo virtual?,
Barcelona-Buenos Aires, Paidós, 1999, (col. Multimedia,
10). Maldonado, Tomás, Crítica de la razón
informática, Barcelona-Buenos Aires, Paidós,
1998, (col. Multimedia, 9).

- El Anuario del Instituto Cervantes.
El Español en el Mundo 1999 (Madrid, Plaza & Janés-Círculo
de Lectores, 1999) dedicó la mitad de sus artículos
a estudiar algunas de estas manifestaciones editoriales. Se pueden
consultar las siguientes páginas de tal publicación:
Luis M. Plaza, Adelaida Román, Consuelo Ruiz y Elena Fernández,
«Presencia del español en la producción científica»
(págs. 23-64); Bernardo Díaz Nosty, «Las ediciones
digitales de la prensa diaria en lengua española»
(págs. 65-129), Pedro Maestre, «La utilización
de las diferentes lenguas en Internet» (págs. 187-239).
Asimismo, el Anuario correspondiente al año 2000
(Madrid, Plaza & Janés-Círculo de Lectores,
2000) también incluyó dos trabajos al respecto:
Marcos Marín, F. A., «La lengua española en
Internet», págs. 299-357; Martín Mayorga,
D., «El español en la sociedad de la información»,
págs. 359-374.

- Whelan, Jonathan, E-mail en el tr@bajo.
Evite los inconvenientes y explote el potencial, trad. de
Gloria Méndez, Buenos Aires, Prentice Hall, 2000.

- Sin embargo, la radicalidad del cambio
parece ahora mucho mayor. Así lo juzga George Steiner,
quien en una entrevista con motivo de la concesión del
Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades
2001 ha afirmado: «Recuerde esto: Internet supone una revolución
mucho mayor que la de Gutenberg. La imprenta hizo que la escritura
fuese más rápida y más barata, pero no la
transformó. Esta revolución, sin embargo, es mucho
más profunda. Y sólo estamos en el comienzo»
[En El Mundo, jueves 10 de mayo de 2001, pág. 52].
Cfr. también Eco, Umberto, «From Internet
to Gutenberg», conferencia pronunciada en The Italian
Academy for Advanced Studies in America, Nueva York, 12 de
noviembre de 1996. Puede encontrarse en: http://www.italynet.com/columbia/Internet.htm.
Véase también «I percorsi della mente virtuale.
Intervista a Umberto Eco» y «Gli archivi della memoria:
Da Pico al PC. Intervista a Ezio Raimondi», en Bollettino
dell’Università degli Studi di Bologna, maggio-giugno,
1993, núm. 3, págs. 4-10 (número especial
sobre «Informatica e Umanesimo»).

- Para cuestiones relacionadas e igualmente
importantes, véase el capítulo de Dan Adaszko, «Redefinición
de las esferas pública y privada a partir de la ampliación
del uso de Internet», en Cafassi, Emilio (ed.), Internet:
Políticas y comunicación, Buenos Aires, Editorial
Biblos, 1998, (col. Comunicación, Medios, Cultura, 3),
págs. 31-108.

- Véase Jakobson, Roman, «Lingüística
y poética», en sus Ensayos de lingüística
general, Barcelona, Ariel, 1984.

- La situación actual viene a añadir
nuevos matices tanto al proceso físico de la escritura
como a su constitución intelectual. Desde el primer verso
de la Ilíada donde se invoca el dictado de las Musas
para iniciar el relato de la cólera de Aquiles el Pelida,
hasta los actuales chats, la realidad es multiforme. La
obra clásica de Eric A. Havelock, The Muse learns to
write. Reflections on orality and literacy from Antiquity
to the Present (New Haven-Londres, Yale Univ. Press, 1986)
ha visto incrementarse con las nuevas tecnologías el objeto
de su estudio.

- La presencia de los denominados emoticonos
ha generado un sistema de expresión basado en la combinación
de signos de puntuación que intentan sustituir la expresión
redactada de afectos o estados de ánimo. La vigésima
segunda edición del Diccionario de la Lengua Española
que la Real Academia Española presentará en el marco
del II Congreso Internacional de la Lengua Española (Valladolid,
octubre de 2001) recoge ya esa entrada de la siguiente manera:
«emoticono. (Del ingl. emotion e icon).
m. Inform. Símbolo gráfico que se utiliza
en las comunicaciones a través del correo electrónico
y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente».
Hay diccionarios de informática que ya recogen apéndices
con algunos de estos emoticonos, también denominados smileys.
Así, por ejemplo, Parra, Eduardo, Diccionario de Internet,
Madrid, Editorial Noesis, 1997. Rincón, Antonio y Plágaro,
Julio M.ª, Diccionario conceptual de informática
y comunicaciones, Madrid, Editorial Paraninfo, 1998.

- Abreviaciones alfanuméricas que
juegan con la homofonía de números y sílabas
y con la representación fonética de los sonidos:
Salu2 (por saludos), 4u (por for you), xdon (por
perdón), A2 (por adiós), Bss (por
besos), K tl (por ¿qué tal?). Así
se ha recogido en publicaciones periódicas que han documentado
estos usos. El uso de la telefonía móvil y el envío
de mensajes ha favorecido la implantación de estos códigos
de abreviación entre los jóvenes. Véanse
los artículos: «Kdms n l mtro mñn a ls 6?»,
en El País, 24 de enero de 2000. Serra, Màrius,
«Gnracion wap», en La Vanguardia, jueves 15
de febrero de 2001, pág. 24. Véase también
el reportaje publicado en El País Semanal por Ana
Sánchez Juárez, «Un jeroglífico en
el móvil», el 18 de marzo de 2001, págs. 30-35.
Véanse, además, los diccionarios de SMS (Short
Messages Service) Qrs ablr? Pqño lbro d msj txt,
Barcelona, Ediciones B, junio 2001; es traducción de Javier
Guerrero del original inglés: Wan2tlk? Ltle Bk of Txt
Msgs, Michael O’Mara Books Limited, 2000; véase también
el Diccionario del castellano actual-SMS publicado por http://www.genie.es/].
La penúltima novedad respecto a la generalización
de expresiones alfanuméricas la constituye la leyenda que
acompaña al logotipo de Javier Mariscal escogido para la
candidatura de Madrid como sede olímpica en el 2012; de
nuevo se funden letras y números, jugando en este caso
con la inicial de la capital española y la inicial de mil:
2M12.

- Por ejemplo, los programas informáticos
para la gestión del correo electrónico (Outlook
Express de Internet Explorer y Netscape Communicator Messenger
de Netscape para plataformas de Windows y las específicas
o comunes para Apple Macintosh Eudora, Netscape Messenger
y ListSTAR) avisan de que en Internet las mayúsculas
se emplean para simbolizar que se está gritando.

- Por ejemplo, la Universidad de Valencia,
en unas páginas electrónicas sobre «El correo
electrónico. Una introducción» recomienda
expresamente lo siguiente: «En particular, evita poner ACENTOS,
EÑES, los simbolos ¿ y ¡ de principio de interrogación
y exclamación, y en general de todo carácter no
inglés. El 50% de los ordenadores del mundo aún
se arman un lío con esos caracteres: "María
Ibáñez" (bien escrito en tu pantalla), le puede
aparecer como "Mar%a Ib&?ez" a tus destinatarios».
(En: http://www.uv.es/ciuv/cas/correo/email.html#etiqueta).

- Por ejemplo la derivación mediante
el seudoprefijo e- es sumamente frecuente en la actualidad. Este
elemento procede de la abreviatura de electronic mail con que
se ha generalizado este sistema novedoso de comunicación:
e-mail. Mediante este elemento prefijo intenta crearse,
de modo muy económico, una sintagma abreviado que añade
el calificativo de electrónico al sustantivo al que se
suelda. Así e-comercio (por comercio electrónico),
e-turismo (por turismo electrónico), e-book,
e-business... El único prefijo español capaz
de asumir el sentido de esa e- es ciber- y sería
preferible su utilización en términos como cibercomercio,
ciberturismo. «La letra e se antepone prácticamente
a cualquier actividad o producto que se pueda convertir en electrónico.
[...]. El colmo del anglicismo comprimido es el término
e-zine, que significa revista electrónica (electronic
magazine)» [F. de Lis, Patricia, «Diccionario
para sobrevivir en la nueva economía»,
en El País, jueves 28 de diciembre de 2000, pág.
53, sección «Economía». Precisamente
la abreviatura e-mail ha provocado etimologías populares
en español y alguna lectio facilior que ha llevado a adaptarlo
con términos tan peregrinos como: emilio, amelia,
emilia, y sus correspondientes derivados: emiliar,
emiliado, etc. Véase el artículo de Serra,
Màrius, «E o no e», en La Vanguardia,
martes 24 de abril de 2001, pág. 20. Otro elemento curioso
es el uso de la arroba [@] como aglutinador gráfico de
los morfemas genéricos del español para indicar
una comunidad integrada por referentes de ambos sexos: alumn@s,
compañer@s, etc. La arroba, con su trazo que parece
amalgamar una a y una o, parece haber venido a satisfacer gráficamente
una errónea necesidad del idioma producto del olvido que
se hace del masculino como término no marcado. [«Ejemplificando
con las categorías del nombre en español, dentro
de la categoría género se establece
una oposición binaria privativa en la que el femenino,
término marcado, significa siempre ser de la especie
femenina, mientras que el masculino, término
no marcado, significa, bien ser de la especie masculina,
bien el concepto género sin distinción de
las especies». Pena, Jesús, «Partes de
la morfología. Las unidades del análisis morfológico»,
en Bosque, Ignacio y Demonte, Violeta, Gramática descriptiva
de la lengua española. Vol. 3. Entre la oración
y el discurso. Morfología, Madrid, Espasa Calpe-Fundación
Ortega y Gasset-Real Academia Española, 1999, (col. Nebrija
y Bello), pág. 4344, § 66.5.2].

- Asimismo, las aplicaciones informáticas
reseñadas en la nota 5 recomiendan usar asteriscos para
representar la negrita (*negrita*) y enmarcar mediante rayas bajas
una palabra que debería subrayarse (_subrayado_).

- Sandoval, Pablo X., «Aprender a
desescribir», en El País, domingo
10 de junio de 2001, sección «Nuevas tecnologías»,
pág. 29.

- «La RAE acepta el lenguaje de los
móviles y chats como «una adaptación
del español», en La Razón, jueves 5
de julio de 2001.

- Aronowitz, Stanley, Martinsons, Barbara
y Menser, Michael (comp.), Tecnociencia y cibercultura. La
interrelación entre cultura, tecnología y ciencia,
Barcelona-Buenos Aires, Paidós, 1998, (col. Multimedia,
7), pág. 3.

- «Un tercio del mundo industrializado
rechaza la Red», en ABC, sábado 16 de junio
de 2001, pág. 74.

- Castells, Manuel, «La red es el
mensaje», en ABC Cultural, 16 de junio de 2001, págs.
12-13, sección «Libros», entrevista realizada
por José María Martínez.

- Cfr. Nóbile, Nicolás,
«Escritura electrónica y nuevas formas de subjetividad»,
en Cafassi, Emilio (ed.), Internet: Políticas y comunicación,
Buenos Aires, Editorial Biblos, 1998, (col. Comunicación,
Medios, Cultura, 3), págs. 109-132.

- Los últimos datos confirman un
crecimiento desmesurado de las cifras de empleo de la telefonía
móvil: 18 000 millones de mensajes al mes en todo el mundo
(el 75 por ciento en Europa) y 20 millones de mensajes al día
procesados en nuestro país por las operadoras [«Móviles.
TV, logos y timbres disparan la fiebre de los mensajes»,
en El Mundo. Ariadn@, año II, núm.
54, jueves 12 de julio de 2001, pág. 9].

- Véase Dario Olivero, «Scoperta
lorigine del simbolo @ degli indirizzi e-mail», en
La Repubblica, 31 de julio de 2000.

- Para otras cuestiones generales, véanse
las obras: Lévy, Pierre, ¿Qué es lo virtual?,
Barcelona-Paidós, Paidós, 1999, (col. Multimedia,
10). Maldonado, Tomás, Crítica de la razón
informática, Barcelona-Buenos Aires, Paidós,
1998, (col. Multimedia, 9).

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