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Ángel Ruiz Zúñiga
Lenguas, ciencias y tecnologías en el actual
escenario histórico |
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En las ciencias y las tecnologías el peso del inglés
ha sido relativamente mayor que en otras dimensiones sociales, debido
no solo a las urgencias epistemológicas de comunicación
internacional de las comunidades científicas, sino al papel
de los EUA en la construcción tecnológica y científica
del escenario que vivimos (no sólo en los procesos de creación
propiamente, sino también en su organización, infraestructura
y financiación). Un proceso que se dio desde antes que terminara
la segunda guerra mundial, pero con mayor intensidad en el período
de la guerra fría. Aquí hay razones de peso histórico.
Ahora bien, en palabras de L. Pagliali durante el I Congreso Internacional
de la Lengua Española, en Zacatecas: «... su imperio
por el momento avasallante deriva de problemáticas
conocidas para los sociolingüistas: el grado de vitalidad, cohesión,
expansión, difusión y penetración de una lengua
depende del prestigio que, para propios y ajenos, tenga la cultura
de la cual es portadora»1.
Varios elementos se han sumado para dar ese prestigio a la
lengua de Shakespeare. Debe subrayarse como un vector decisivo de
lo que hasta hoy ha sucedido como algo normal: el uso del inglés
en su comunicación como un acuerdo colectivo tácito
en las comunidades científicas y académicas, tanto en
sus principales medios de comunicación (revistas, editoriales,
libros, Internet) como en sus reuniones internacionales. Un segundo
factor más reciente debe añadirse: el papel de los EUA
en dos de las más decisivas megatecnologías del
momento, la informática y la telemática, que ha catapultado
esa preponderancia, por lo menos en un primer momento. Las comunicaciones
más decisivas socialmente, pero dentro del mundo del computador
(dos tecnologías íntimamente ligadas a la comunicación:
corazón de la lengua), poseen el sello del inglés. Pcs
o Macs, IBM o Dell, Microsoft, Yahoo o Netscape, Internet I
o II, nos refieren inmediatamente a nombres y términos que
moldean nuestro tiempo y que están inscritos en el horizonte
como factores edificantes del futuro. A esto debe añadirse,
más allá de la ciencia, el enorme papel de los norteamericanos
en la televisión, cine, videojuegos, en las actividades de
entretenimiento, cuyo impacto en la conciencia y la cultura generales
ha sido extraordinario.
La dimensión más relevante en la evaluación de
la presencia en las ciencias ha estado hasta ahora relacionada con
las publicaciones, su realización y uso. Y aquí el dominio
del inglés es radical y creciente, y, como contrapartida, la
presencia del español, por ejemplo, no sólo es débil
sino también lo es de manera decreciente; lo que se aplica
también para varias lenguas, entre ellas el alemán,
francés, e italiano. Un reciente estudio del CINDOC2
de España, incluido en el Anuario 19993
del Centro Virtual Cervantes, ofrece una visión clara de esto
a partir del estudio de varias bases de datos muy representativas,
tanto en ciencias naturales como en las sociales y en las mismas humanidades.
Las tablas que nos permitimos reproducir son autoevidentes con relación
a la proporción de trabajos en inglés (Tabla
1 y Tabla
2).
Y la tendencia histórica apunta a consolidar aún más
esta situación. |
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Cada vez más la mundialización de la construcción
científica o, si se quiere, la naturaleza misma de las comunidades
científicas, es radical y casi absolutamente internacional.
Y, por eso, aunque demografía, tecnología y economía
empujen el lugar social de otras lenguas en el territorio de las ciencias,
no se puede esperar nada distinto a una gran influencia de la lengua
anglosajona en estas comunicaciones trasnacionales.
La preponderancia del inglés ha tenido algunas consecuencias
negativas para la construcción de la ciencia en entornos no
anglosajones. En esencia ha representado una situación de desventaja
para los investigadores de lengua materna no anglosajona con relación
a los angloparlantes: recursos y esfuerzos adicionales para expresar
y comunicar trabajos en inglés, mayores dificultades para los
no anglosajones para consignar o expresar los trabajos que si se hiciera
en su lengua materna, dificultades adicionales de publicación:
es más difícil lograr la publicación científica
si no es en inglés (de nuevo ventajas para los angloparlantes),
dificultades mayores para una proyección, evaluación
o reconocimiento internacionales de los trabajos no consignados en
inglés, menores posibilidades para aportar en los términos
y definiciones que desarrolla la ciencia y la tecnología moderna,
no necesariamente por ausencia de producción científica,
sino simplemente por razones extracientíficas, los países
e investigadores no anglosajones poseen menos recursos para influir
en el establecimiento de las pautas o reglas editoriales de publicación,
los países anglohablantes y los investigadores de los mismos
han estado colocados en una posición privilegiada frente a
otras naciones o investigadores de otras culturas. Estos asuntos invocan
opiniones o posiciones diversas y complejas. Por ejemplo, Axel Kahn,
quien fuera jefe redactor de la revista Médecine/Sciences
de París: «Nuestra lengua materna es la única
que dominamos suficientemente como para utilizar todas las sutilezas
necesarias para elaborar una obra creativa de calidad, en el campo
de las ciencias como en literatura, buena filosofía. La incapacidad
de pensar en ciencia con la ayuda del incomparable instrumento que
es la lengua materna puede dar lugar a uno de dos resultados: un desmedro
en la creación, o la adopción del inglés como
una equivalencia más o menos completa de la lengua materna»4.
Con mayor énfasis, Michel Bergeron: «Publicar en inglés,
para un francés, un alemán o un portugués es
una cosa... pensar en inglés es otra. Los individuos pueden
difícilmente organizar su pensamiento y expresarlo en una lengua
extranjera con toda la firmeza y sutilezas necesarias. A menudo he
citado a Sigmund Freud, quien jamás habría podido escribir
su obra magistral en la lengua de Charcot, uno de sus maestros. Por
otra parte, me siento muy molesto con aquellos que escriben solamente
en inglés científico, sean anglófonos o francófonos,
porque ese latín pedestre daña el completo desarrollo
del pensamiento creativo. Lejos de convertirse en bilingües,
numerosos científicos se han transformado en mediolingües...»5.
Y aquí estamos tocando con nuestras manos el corazón
de este asunto. ¿Cómo se pueden enfrentar las dificultades
derivadas de la adopción del inglés en las ciencias?
¿Será posible colocar el español como una lengua
internacional en las ciencias y la tecnología? ¿Cuáles
serían los esfuerzos que habría que realizar socialmente
en esa dirección? O, por otra parte, ¿es posible pensar
en otro tipo de estrategia? ¿Será conveniente y positivo
asumir el lugar actual del inglés como un hecho y buscar una
alternativa distinta que preserve nuestra cultura y espacios apropiados
para nuestra lengua? Es necesaria la perspectiva más amplia
para abordar esta disyuntiva con lucidez y pertinencia. |
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1. Las lenguas en nuestro escenario
El lugar y la relevancia de una lengua se establecen siempre como
expresión de un contexto sociohistórico; invocan, entonces,
las variables de la política, de la economía, las tecnologías,
la guerra, la demografía, la cultura. El siglo XX
colocó al inglés como lingua franca, al igual
que en otras épocas lo fuera el latín. Después
de la segunda guerra mundial el proceso se dio de manera constante,
persistente, decisiva. para bien o para mal, en términos geopolíticos,
militares, en ciencias y tecnología, absolutamente en el mundo
no comunista pero también a su manera en el soviético,
la referencia central de la segunda mitad del siglo XX
fueron los EUA, contribuyendo a que en las relaciones internacionales
(políticas, económicas, científicas), la lengua
anglosajona se volviera el idioma internacional por excelencia. Este
proceso se intensificó de una manera particular con la caída
del mundo soviético y la guerra fría. En una misma dirección
ha pesado la globalización o mundialización de la vida,
propulsada más decididamente con la caída de la guerra
fría (una vigorosa internacionalización adicional, ayudada
precisamente por el uso de computadoras y telecomunicaciones, medios
tecnológicos con fuerte sello norteamericano). Hay una clara
relación entre el carácter de esta internacionalización
de nuestra época y la relevancia del inglés: ésta
es nuestra primera premisa6.
No obstante, por el otro lado, este peso extraordinario del inglés
como lengua de comunicación internacional no debe provocar
una generalización indebida, su influencia ha dependido y depende
del lugar geográfico, político, cultural: no ha sido
la misma en Europa o Asia o en América, por ejemplo; en la
Europa multilingüe, donde el francés y el alemán
fueron otrora poderosas lenguas de comunicación internacional,
el papel del inglés ha sido diferente que en América
Latina.
En pleno siglo XXI, las condiciones sociohistóricas
que colocaron a los EUA en una posición privilegiada internacionalmente
no existen de la misma forma. No es que ese país haya dejado
de ocupar un papel dirigente en todas las variables clave que han
construido nuestra época. Precisamente, la caída del
comunismo soviético dejó al mundo con la superpotencia
norteamericana como triunfadora, sin más. Pero en la arena
política y militar, el mundo no se simplificó; de varias
maneras, es mucho más complejo. Hay muchos protagonistas internacionales,
nacionales, regionales, con diferentes pesos y fortalezas en lo militar
o económico, y también en lo cultural, que juegan en
la ecuación del futuro. La Unión Europea o Japón
son una referencia obligada, pero también están China,
Rusia, los Tigres Asiáticos y América Latina, y otras
culturas o naciones, todos significativos por razones o en dimensiones
diferentes. ¿Qué empujan estos cambios? ¿Una
perspectiva de retroceso del inglés? ¿Afirmación
de otras lenguas como idiomas internacionales?
La discusión debe ponerse en la dimensión cultural más
general: la lengua ha sido un instrumento esencial edificante de la
nacionalidad y la identidad cultural. Hasta ahora el destino y la
evolución de la lengua han estado asociados a calidades, fortalezas
o debilidades de la cultura de los pueblos que la han hecho su sustento.
Nacionalidad, cultura y lengua casi como términos intercambiables.
Pero las cosas ya no son iguales. Nuestra época tiende a romper
estas identidades, de muchas maneras. Estamos ante un asunto no estrictamente
lingüístico o reducidamente cultural, es algo más
complejo que invoca política, sociología, psicología
e incluso filosofía. Llámese como se llame, vivimos
un período de transición, de transformación
o ruptura con las categorías y paradigmas de la modernidad,
entre ellos el Estado-Nación y, por eso, de la naturaleza y
fronteras de las nacionalidades. Como afirmábamos hace poco:
«Todo parece señalar que estamos en presencia de algo
más que un cambio del período de la guerra fría,
o de siglo; se trata de un cambio de época, que se edifica
desde hace algún tiempo. Aunque no es posible saber con exactitud
cuál es el destino de lo que a primera vista aparece como una
época convulsa, desordenada y llena de incertidumbre, lo real
es que estamos en medio de la transición: de lo que ya no es,
pero de lo que tampoco llega a ser. Tener conciencia de este hecho
es importante. Todas las fronteras entre épocas han sido tiempos
de incertidumbre, contradicción, entusiasmo y temor, contraposición
de anhelos, expectativas e ideas: en particular, nutridos por las
paradojas de quienes miran hacia atrás y aquellos que lo hacen
hacia delante. Nunca se debe perder de vista esto. La transitoriedad
de nuestro tiempo condiciona los desarrollos internacionales, nacionales,
colectivos e individuales. Y lo que se deriva de ello: la transitoriedad
general del momento que atraviesa la humanidad es el escenario general
en que se mueven todos los procesos particulares y locales, todas
las otras transiciones»7.
No importa que con la globalización en los últimos años
se hayan multiplicado las naciones8
(experiencias no vividas y sentimientos de afirmación cultural
vistos como necesarios en varias partes del mundo), la
perspectiva histórica de largo plazo no parece escaparse de
estas transformaciones y rupturas: internacionalización y mundialización.
En este escenario se empuja la homogenización cultural aunque,
también, a pesar de los cortejos de imposición y reducción,
se abren nuevos espacios de posicionamiento cultural. |
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En nuestra opinión, lo que el nuevo escenario empuja no es
una declinación del inglés en las relaciones internacionales
ni su sustitución por otras lenguas fuertes. Es posible que
las nuevas condiciones permitan un equilibrio, mejores condiciones
para las lenguas nacionales no anglosajonas, e incluso en ciertos
casos una mayor presencia internacional de otras, pero la preponderancia
del inglés debe verse como un resultado histórico del
siglo anterior que se quedará en la sociedad que tenemos enfrente,
y que se intensificará de muchas maneras. No obstante, no se
debe subvalorar los límites, los alcances, y las posibilidades
de las otras lenguas que se usan en el planeta, y su potencial influencia
en la configuración de la cultura global del futuro. Y, por
eso, hay que prepararse inteligentemente para ese decurso y reconceptuar
los criterios que en el pasado sustentaron el sentido y las perspectivas
de la lengua nacional.
Antes de seguir, dejemos clara nuestra opinión: un planeta
con culturas más globalizadas y menos locales y con una lengua
que nos una más que nos separe no debería verse con
malos ojos ni en contradicción con el respeto y el desarrollo
de las culturas y los pueblos. Es cierto que, de varias maneras, la
globalización que vivimos afecta o modifica las culturas y
lenguas nacionales, como el francés, el alemán, o el
español, u otras más locales, pero hay que tener cuidado
en no caer en abstracciones. ¿Acaso las culturas son estáticas,
rígidas, aprisionadas en compartimentos estancos, autárquicas?
Todo lo contrario: son realidades en movimiento, dinámicas,
que interactúan inevitablemente y se pueden renovar, enriquecer
y modernizar precisamente a partir de esos contactos e interacciones.
Pero además no debe olvidarse que la mayoría de nuestros
países son el resultado de fusiones, a veces frágiles,
mal hechas, o impuestas, de varias culturas, lenguas, costumbres,
religiones, símbolos, signos. El uso de una misma lengua no
supone necesariamente una identidad cultural, si es que esto existe.
Por ejemplo, el español es común a España e Hispanoamérica,
comunidades separadas geográficamente. Su uso es un poderoso
elemento de convergencia cultural. Pero no puede olvidarse que hay
diferencias étnicas, económicas, sociales, culturales,
nacionales, no sólo entre ambos mundos ni dentro del Viejo
Mundo, sino dentro del mismo Nuevo Mundo que habla español.
Hay otras lenguas que han sido las propias, cohabitan y que han formado
parte medular de la cultura de estos países. Eso implica que
hay más cosas, dimensiones, que el uso de la lengua española,
por más importante que ésta sea en la edificación
cultural y las referencias colectivas. Pero, además, las sensibilidades,
las idiosincrasias y los patrones de interpretar la realidad y la
relación con el entorno no son los mismos. A las diferencias
del entorno natural y de las etnias hay que añadir historias
diferentes que se reflejan en las representaciones culturales. Por
eso, conviene hablar más bien de varias culturas que conviven
y se influencian mutuamente.
Volvamos a nuestro punto: lo que debe analizarse en nuestro escenario
es si las modificaciones que experimentan nuestras lenguas debilitan
o aumentan las posibilidades de decisión y escogencia, las
oportunidades, y la libertad de los individuos. Ha sido persistente
en la historia intelectual, y también política, la colocación
de categorías colectivas, transindividuales, por encima y tantas
veces en contra del ser humano de carne y hueso. Hace unos años
con relación al marxismo hacíamos una observación
enfática sobre esto: «Si algo debe repetirse hasta la
saciedad en nuestros tiempos, es que el hombre no es ni una categoría
abstracta ni apenas un pedazo semiautónomo de una especie o
comunidad. Lo que existen son los individuos concretos, con sus necesidades
materiales, sentimientos, angustias, convicciones, decisiones y actos.
Es cierto que se vive en colectividad, y también es cierto
que no existen, a la larga, perspectivas separadas de las comunidades
o la especie que conformamos. Esta situación impone relaciones
y lazos transindividuales; impone conductas especiales. Pero el individuo
sigue siendo el único punto válido de referencia última.
Ha sido común (¡y no sólo en el marxismo!) edificar
una categoría absoluta de hombre y poco después
dirigirla contra el individuo, contra el hombre. En el nombre del
hombre y las leyes de la historia se han cometido
gigantescos crímenes contra la humanidad. Para hacer una referencia
epistemológica: no me cansaré de repetir la conveniencia
de introducir en el pensamiento social y político una buena
dosis de nominalismo, hacer desaparecer una buena cantidad de universales
y volcarse hacia lo individual y concreto»9.
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Y en una búsqueda razonable del respeto y fortaleza de la cultura
y lengua propias hay que tener además otro cuidado: no caer
en los pecados del nacionalismo. Es cierto que los estados nacionales
han sido importantes en la historia del planeta, un medio de defensa
y cohesión colectivas y, sin duda, mucho de la cultura de los
últimos siglos ha llevado sello y motivación nacionales.
Pero hay que tener una visión integral. ¿Acaso no impusieron
los estados nacionales una lengua y una cultura contra pueblos o etnias
más débiles, regiones independientes, sofocando su expresión
y desarrollo, con consecuencias que hoy todavía vivimos? Muchas
de las fronteras que hoy tenemos no responden ni a la cultura ni a
la etnia ni a la religión, sino a razones políticas,
militares o económicas, a la agresión de uno u otro
signo. América ofrece un ejemplo muy vívido (con relación
a las culturas indígenas), o el África, pero también
lo hace la misma Europa, cuna del Estado-Nación. Buena parte
de los conflictos que hoy ponen en zozobra el planeta obedece a circunstancias
de esa naturaleza. Pero, además: ¿acaso los estados
nacionales no han promovido también el chauvinismo, instrumento
odioso de separación de los individuos, fuente de guerras,
de muerte y destrucción? Con Octavio Paz: «El nacionalismo
puede ser destructor o creador. Ha sido el origen de muchas tiranías
y el responsable de las guerras de la edad moderna. También
le debemos casi todas nuestras instituciones, entre ellas la mayor
de todas: el Estado-nación. La lengua, la literatura, las artes,
las costumbres y, en fin, todo lo que llamamos cultura, sin excluir
a la misma ciencia, es la consecuencia de un hecho básico,
primordial: las comunidades humanas, las naciones. Newton y Shakespeare
son impensables sin Inglaterra, como Petrarca y Galileo sin Italia
o Racine y Descartes sin Francia»10.
Esto es vital para entender el pasado, pero sobre todo el futuro que
tenemos encima.
La época que vivimos, amén de sus contradicciones, ofrece
nuevas oportunidades de libertad y afirmación para todos los
pueblos grandes o pequeños, y, en muchos casos, mejores que
las que han ofrecido hasta ahora varios Estados nacionales. En contra
de lo que se afirma en algunos medios intelectuales o contestatarios,
de pertinaz filiación maniqueísta, con la mundialización
hay condiciones y medios que deben usarse para promover acciones internacionales
en la justicia, la salud, el comercio y en la batalla contra las imposiciones
culturales, étnicas, religiosas o idiomáticas, en el
respeto, la tolerancia, y la valorización positiva de las diferencias
y la heterogeneidad, que nunca podrán desaparecer. De igual
manera, es posible beneficiar de muchas maneras la otra gran batalla,
que debe darse con idéntica intensidad: impedir que las diferencias
conspiren contra la paz, la armonía y la felicidad de la humanidad.
Hay que repensar la cultura y la lengua de cada pueblo, con respeto
e inteligencia, en una dirección de los nuevos tiempos globalizadora
y una vocación internacionalista, apuntalando y afirmándose
en las dimensiones positivas de lo que existe, en busca del fortalecimiento
de los mejores valores de la especie y su mejor decurso. Tenemos en
todo esto un llamado a actitudes pragmáticas y a una óptica
humanista. De nuevo, se trata de subrayar las culturas como
instrumentos sociales para el progreso de los individuos, de su libertad
y oportunidades, y no de colectivos definidos por imperativos abstractos
o ficciones ideológicas, que limitan sus oportunidades y sus
espacios. |
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¿Cuáles son las perspectivas de las lenguas en este
escenario? Siempre dentro de una dirección casi inexorable
de globalización e internacionalización, hay varios
factores que posibilitan la recolocación y la expansión
de otras lenguas, y sobre todo su respeto: entre ellos, la demografía,
la tecnología moderna, la democracia y la economía.
En primer lugar, el debilitamiento de las fronteras favorece un mayor
interés en el aprendizaje de otras lenguas. Si la perspectiva
es un mundo cada vez más interdependiente, intercomunicado,
aquellos individuos en posesión de más lenguas estarán
en mejores condiciones para lograr éxito en sus vidas. Esto
también se aplica a los países que afirmen el multilingüismo.
En segundo lugar, algo que se asoma como evidente: las necesidades
del mercado obligan cada vez más a los productores y comerciantes
a manufacturar y ofrecer sus productos en los idiomas locales, lo
que es cada vez más fácil de realizar con las nuevas
tecnologías y con las facilidades de comunicación. Pero
el escenario actual encierra cosas aún más relevantes:
la expansión económica o social de algunos pueblos (Japón,
China, Alemania, América Latina o Corea, por ejemplo) sólo
puede asegurar mayores espacios para sus lenguas propias. Económicamente
se vive una multipolaridad. Esto generará posicionamientos
diversos. No obstante, quienes sean más fuertes económica
y socialmente tendrán más oportunidades para influir
en el decurso cultural. Hay en todo esto una fractura Norte-Sur, entre
países altamente desarrollados y los subdesarrollados. En tercer
término, aunque no compartamos el criterio de un decurso final
e inexorable de la historia que, cual teleología, ya ha sancionado
la democracia como premisa política (Fukuyama11),
es evidente que en la segunda parte del siglo XX
se dieron importantes progresos en la adopción de regímenes
democráticos, en la ampliación de libertades ciudadanas,
y en las oportunidades para la expresión individual y colectiva.
Éste es un factor muy importante que contribuye a mejorar las
posibilidades de expresión y comunicación en cultura
y lengua para muchos pueblos. La imposición dictatorial siempre
ha conspirado contra la cultura. En cuarto lugar: la expansión
demográfica de un pueblo, dentro o fuera de sus fronteras geográficas
o políticas, aumenta el lugar y la importancia sociales de
sus lenguas. Esto debe señalarse con relevancia. También
pesan las diferencias en los ritmos de su expansión: un crecimiento
poblacional mayor de una comunidad con relación a otra condiciona
la influencia de sus lenguas entre sí, de sus perspectivas,
aunque las situaciones pueden ser complejas. Un magnífico ejemplo
de esto, en el bloque americano, es la expansión demográfica
del mundo hispanohablante. La relación entre el número
de hispanoparlantes y angloparlantes en América ha variado
en las últimas décadas sustancialmente a favor de los
primeros. El asunto es tal que los EUA no sólo tienen al sur
del Río Grande un gigantesco continente de habla castellana,
sino que, dentro de sus fronteras, los hispánicos se convertirán
en poco tiempo en la minoría más grande del país,
y, a diferencia de otras minorías en ese país, preservando
en mucho sus orígenes y su lengua. Más que eso, preservando
sus lazos con el Sur. En este sentido juega la expansión de
las comunicaciones (teléfonos, media, transportes, etc.). Sin
duda, es significativa la presión que ejerce en el peso de
ambas lenguas del continente una masa poblacional tan grande y además
creciente. Y, por supuesto, se trata de un factor que, más
allá de la lengua, afecta muchas otras dimensiones de la cultura
y la vida colectiva. ¿Qué puede esperarse? Un mayor
uso y expansión del español en esta zona del planeta,
pero en un mundo que subraya el papel del inglés: puesto de
otra manera, una viva interrelación de influencias entre las
comunidades hispanoparlantes y anglosajonas. Para los latinoamericanos
es indispensable el inglés para manejar el mundo que vivimos,
y para los angloparlantes (por economía, convivencia y cultura)
se plantea una relación cada vez más intensa con la
cultura hispánica, latina y con el español. En último
término, el incremento en las posibilidades tecnológicas
para comunicarse (transporte, teléfono, Internet, etc.) también
abre oportunidades para una expansión en el uso de las culturas
y las lenguas, si se entiende bien la perspectiva histórica.
Por ejemplo, hay cada día mayores progresos en la traducción
automática, lo que hace prever la posibilidad para que un texto
escrito en un idioma pueda enviarse-comunicarse automáticamente
en otro idioma de acuerdo al deseo de quien lo envía o de quien
lo recibe. Es decir, por ejemplo, un artículo escrito en inglés
originalmente que se envía a un destinatario hispanoparlante
en castellano. Libros por ejemplo en alemán o italiano que
se pueden leer en cualquier otra lengua deseada a través de
la tecnología sofisticada de la Red. Y no se trata sólo
de textos de naturaleza pública o impersonal, también
en la comunicación simple e íntima la tecnología
puede soslayar las diferencias idiomáticas y favorecer la interrelación.
Y no se excluye en todo esto la comunicación hablada: las tecnologías
de reconocimiento de voz y traslación a formas escritas en
formato electrónico ya son altamente eficientes. Es posible
pensar en una traducción casi simultánea por medio de
la computadora y la telemática. Las posibilidades para que
haya selección de uso de lengua por parte de los individuos
aumentan en todos los niveles. Por ejemplo, ¿acaso no es posible
obtener ya, con la misma tecnología DVD, por ejemplo,
películas subtituladas o dobladas en varios idiomas, a decidir
por el usuario? Lo que tenemos por delante en lontananza: hablar o
escribir en una lengua y ser escuchado o leído en cualquier
otro idioma. Si la tecnología fomenta todas estas posibilidades,
sólo puede esperarse que esto influencie algunas de las condiciones
o reglas de la comunicación internacional. En particular, habrá
que examinar la relación entre el inglés y las otras
lenguas. La Sociedad de la Información y el Conocimiento que
tenemos encima, y a pesar de la poderosa y excesiva influencia del
mundo anglosajón, apuntala grandes posibilidades en el respeto
y el uso de las lenguas de cada nación. |
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Ahora bien, el impacto de las nuevas tecnologías es mucho más
amplio que el de solamente permitirnos mejores medios de interrelación,
hay un salto cualitativo: una modificación en las posibilidades
de comunicación humana en todos los niveles y dimensiones.
Las fronteras de la lengua hablada o escrita, en el mundo digital
y telemático se traspasan radicalmente para poder incluir de
manera integrada imágenes, sonidos, referencias cruzadas, memorias
archivadas y otras sensaciones virtuales por medio de los múltiples
instrumentos multimedia de que ya disponemos. No se trata de sólo
una traducción de lengua hablada o escrita, es algo con muchas
mayores potencialidades para la construcción de importantes
aspectos de la vida social humana. Para algunos se trata de la creación
de un nuevo espacio-tiempo social, como lo han sido el campo y la
ciudad, refiere a «una dimensión que se añade
a las definiciones del mundo postindustrial, es lo que Nicholas
Negroponte llama el ser digital: el paso social, tecnológico,
cultural de la organización atómica a la
digital en la construcción y comunicación
del saber. El imperio del bit»12.
Una de las características de este nuevo «tercer entorno»,
como le llama Javier Echeverría13,
es no sólo su superposición sobre los otros, el rural
o el urbano, sino su impacto sobre ellos, fracturando formas de relaciones
colectivas. Este nuevo entorno es muy rápido, agresivamente
envolvente. Las consecuencias son muchas: si el planeta, digital,
informatizado y telemático, enfatiza lo virtual o reticular
y debilita la ubicación espacio-temporal, más y más
actividades girarán alrededor del bit y la computadora, de
la telecomunicación, y por ende de la naturaleza de contactos
y relaciones que establecen. Por ejemplo, menos contactos físicos
o directos, y más relación a distancia, mejor dicho:
sin distancia. La ausencia de lugar físico y geográfico
empuja una internacionalización mayor, y por ende una influencia
más amplia de las condiciones en que la comunicación
internacional se realice.
Entender ese contexto no puede eximirnos de saber también que
la apropiación, uso y potenciación de los nuevos instrumentos
cognoscitivos, y no sólo los que refieren directamente al nuevo
entorno, así como la posición de las naciones
se dan de una manera desigual, y que, sin mecanismos de regulación
o acción internacional, sólo pueden reproducir algunas
tendencias peligrosas de nuestra sociedad: disparidad, segregación,
fragmentación y exclusión. Hay tendencias fuertes hacia
el monopolio y la concentración. Por un lado: se ha dado un
fortalecimiento del espacio del sector privado en la investigación
en ciencias y tecnología. Por ejemplo: «la parte de las
patentes del sector público en biotecnología vendidas
bajo licencia exclusiva al sector privado aumentó del 6% en
1981 a más del 40% en 1990»14.
Y, en segundo término, esto se da a la par de concentraciones
de capital, que son por supuesto necesarias para poder realizar las
fuertes inversiones requeridas. En la tabla
3 se puede notar el crecimiento extraordinario de fusiones y adquisiciones
realizadas en tres sectores tecnológicos claves entre 1988
y 1998. En 1995, para que se tenga una idea: el ingreso conjunto de
20 empresas de telecomunicaciones e información superaba el
billón de dólares15. |
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La tabla 4
nos revela la concentración en algunas de las empresas de alta
tecnología.
En la Internet, otro ejemplo, hemos tenido una situación desigual:
en 1988 el 88% de los usuarios de esta Red procedían de los
países industrializados (un 50% de Norteamérica), mientras
en el Asia meridional menos del 1%. Los datos abundan: «En los
Estados Unidos hay más computadores que en el resto del mundo
combinado, y más computadores per cápita que en ningún
otro país. El 99% del gasto mundial en tecnología de
la información corresponde solo a 55 países»16.
Es apenas natural que se use el inglés en un 80% de la red.
Socialmente las diferencias también se perciben: el 30% de
los usuarios de Internet posee un título universitario17.
¿Y las patentes de propiedad intelectual? El 97% son de los
países industrializados y además: «Más
del 80% de las patentes que se han otorgado en países en desarrollo
pertenecen a residentes de países industrializados»18.
Con datos más recientes, dos tablas nos muestran las diferencias,
una con relación al número de usuarios, otra de servidores
(Tabla 5
y Tabla 6).
Son indudables las desigualdades, pero más que asociadas a
los parámetros de lengua, pasan de nuevo por la fractura entre
Norte y Sur. No obstante ese escenario, la dinámica que apreciamos,
aunque siempre dentro del Norte, es que las proporciones cambian.
Si bien en 1998, el 50% de los usuarios de Internet que había
en el mundo eran de los EUA, es significativo que este porcentaje
esté variando: Computer Industry Almanac preveía
un 42% en el 2000 que coincide con nuestros datos, y IDC Research
prevé que de los 500 millones de usuarios que habrá
en 2003 Europa superará a los EUA con unos 170 millones de
internautas19.
Sin embargo, no necesariamente eso conduce al predominio de otras
lenguas.
Las ciencias y las tecnologías son herramientas cada vez más
importantes y decisivas; el asunto es decididamente implacable: nadie
podrá escapar de la búsqueda de alternativas y estrategias
nacionales e internacionales de desarrollo científico-tecnológico,
con o sin diferencias. Debe tenerse claro, sin embargo, que son asuntos
determinados por el comportamiento social más general. Su destino
dependerá de la política y la conducción internacional
y nacional que asumamos.
Si resumimos este escenario de realidades y voluntades, pensamos que
el planeta se mueve en dirección hacia un universo que, aunque
vaya a tener un persistente dominio del inglés en los contactos
internacionales, tendrá nuevas oportunidades para el respeto
y el progreso de su variedad multilingüe y multicultural. Sin
embargo, todo dependerá de una conjura de protagonistas sociales,
nacionales e internacionales, cuyo destino no está preestablecido.
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2. El español, las ciencias y la tecnología
¿Es posible debilitar la preponderancia del inglés en
las ciencias? ¿Se puede convertir el español en una
lengua internacional fuerte en las ciencias? Sobre esto último
hay opiniones muy decididas, por ejemplo: «El español
podría ser realmente una lengua internacional si se realizaran
los esfuerzos oportunos para que así fuera, lo que equivale
a decir si se considerara la rentabilidad de la inversión lingüística»20.
Con relación al francés, el Consejo Superior de la Lengua
Francesa, afirma más o menos la misma posición: «Para
que el francés siga siendo un idioma de comunicación
internacional, es conveniente favorecer su difusión y buscar
conservar su lugar en sectores sensibles, particularmente en la vida
científica y en los organismos internacionales»21.
No obstante este tipo de opiniones, pensamos que hay varias condiciones
que empujan hacia una respuesta negativa para ambas interrogaciones.
Una conjunción de circunstancias históricas y
no sólo políticas o económicas condujo
a esa preponderancia, y hay otras que explican el lugar menguado del
español: no es posible pensar que el lugar del español
en el mundo científico sea mayor cuando no hemos tenido, para
empezar, un significativo desarrollo en la producción en ciencias
y tecnologías por parte del mundo hispanohablante22.
El posicionamiento de las lenguas en ciencias y tecnología
en nuestro tiempo ha dependido del lugar social y la fortaleza de
éstas y, en particular, del número y la calidad de las
investigaciones y los investigadores en los países. Las debilidades
históricas del mundo hispanohablante en ciencias pesan, y eso
explica, en otro orden de cosas, por qué algunas otras naciones
no anglosajonas están en mejores condiciones y aparece su lengua
consignada de una manera más relevante que el español.
Aquí entramos con una desventaja de partida.
¿Puede cambiar drásticamente esta situación de
precariedad científica y tecnológica en los siguientes
años? Aquí, más que lugar para la especulación,
lo que hay que subrayar es la necesidad. Que nuestras culturas y la
lengua española puedan posicionarse mejor en el futuro dependerá
del progreso de nuestros países en su conjunto, en su economía,
política y en el lugar social de la ciencia y la tecnología.
En la nueva época el desarrollo del conocimiento es medular.
Esto refiere a varios planos: la naturaleza de nuestras economías,
la educación, la formación científica y técnica,
el lugar y características de las tecnologías, las calidades
de la cultura nacional, la conciencia colectiva de todo esto. ¿Cuántos
recursos se destinan a la investigación científica?
¿Cuánta ciencia y tecnología usan o producen
nuestras empresas? ¿Cómo se integran las universidades,
con el Estado y la industria? ¿Educación y ciencia?
Y también: ¿cuál es el estado de la internacionalización
en la construcción de las ciencias en nuestras naciones? La
proporción y rapidez con que se coloquen nuestros resultados
científicos en el torrente internacional23,
la prontitud y eficacia con que se absorban socialmente los que se
generen por doquier y el grado de interconexión internacional
que tengamos en la construcción en ciencias y tecnologías,
será vital en esa dirección. Y eso mismo, a como están
las cosas en este momento histórico, favorece el lugar del
inglés. |
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Un progreso en el espacio social de las ciencias y tecnología
y la participación de más y mejores científicos
hispanoparlantes, dotaría de mejores condiciones sociales para
el uso y la presencia del español. Pero no hay que alejarse
de la realidad: aun si ahora se multiplicaran estos números,
es poco probable que aumentara drásticamente el uso internacional
del español en ciencias. Hay cada vez más oportunidades
para negociar que las revistas y editoriales, por ejemplo, abran mayores
espacios a trabajos en español o que estas mismas favorezcan
traducciones, pero serán los mismos científicos e intelectuales
los que buscarán colocar sus trabajos en inglés. Estamos
frente a un hecho histórico que se aplica para todas las lenguas
y naciones, español o alemán o chino: el inglés
es hoy la lengua de las ciencias y este hecho sólo puede incrementarse.
Aquí en lugar de tapar el Sol con el dedo gordo hay que tomar
al toro por sus cuernos. En las ciencias no hay más remedio
que asumir al inglés como un instrumento esencial, inevitable,
para la comunicación internacional. Éste no es un tema
fácil para quienes no somos angloparlantes, porque lengua invoca
cultura y nacionalidad, valores colectivos, y podría engendrar
sentimientos negativos de entrada. La modernidad nos educó
bien en esto. El inglés al fin y al cabo puede ser visto como
la lengua de una nación extranjera, y de una que en algunos
casos, como en varias partes de América Latina, estableció
sus deseos políticos muchas veces por medio de la imposición
y las armas. Hay historia, pero también sensaciones y sentimientos.
Se deben adoptar la conciencia y las políticas que mejor puedan
permitir el desarrollo de nuestros países, y hay que seguir
toda la línea. Por eso, si pensamos que este escenario
sancionó al inglés como lengua internacional, con gran
lucidez lo que habría que hacer en las naciones hispanohablantes
sería fomentar su manejo más amplio y eficaz, en dirección
de algo así como una vigorosa formación bilingüe
en todos los niveles educativos. Hay que fomentar la superación
del mediolingüismo del que habla Bergeron, hacia un manejo
prácticamente bilingüe. ¿Qué podemos esperar
de una estrategia así? En perspectiva, si esto se lograra ampliamente,
en un par de generaciones nuestros países estarían con
mejores capacidades para participar en la comunidad internacional
con una gran fuerza y múltiples oportunidades de proyección
y comunicación en todo el planeta. Debemos insistir: nuestros
interlocutores no son sólo las naciones angloparlantes, sino
el mundo en general. Si restringimos nuestra formación en esa
lengua, debilitamos nuestra proyección en todo el planeta.
Esta estrategia puede proporcionarnos una riqueza adicional, una ventaja,
para nuestros ciudadanos, y un instrumento valioso para lograr competitividad
y promover un mayor progreso de nuestros pueblos. ¿No valdrá
la pena diseñar consciente y lúcidamente un esfuerzo
colectivo con esta perspectiva?24.
Es claro que una dirección semejante trasciende el marco específico
de las ciencias, y plantea interrogantes, retos, exige conceptos,
métodos, políticas culturales más amplias. Y
por supuesto supone buscar las acciones que equilibren las cosas en
el desarrollo y la vigencia de nuestras culturas y lengua. |
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Reconocer el lugar del inglés en la comunicación internacional
no significa la imposibilidad de una potenciación o posicionamiento
justo de nuestra cultura en el planeta. De lo que se trata es de pulsar
las teclas correctas dentro de este escenario. Más que rechazar
o intentar cerrar espacios al inglés, lo que sería la
dirección errónea, se trata de afirmar, expandir y proyectar
positivamente nuestra cultura y nuestra lengua, ocupando espacios
sociales y colectivos reales en ciencias y cultura. En ese
sentido, en particular, se requiere una posición más
agresiva en los intercambios cognoscitivos y académicos internacionales
con presencia del español (promoción de reuniones, publicaciones,
redes, bases de datos, etc. con uso del español), en la proyección
y estímulo a las creaciones en español, a la colaboración
internacional entre países hispanoparlantes, etc., en la promoción
de una cultura entre los mismos investigadores hispanohablantes que
publican en inglés (por ejemplo de ofrecer versiones en español),
a la promoción de la cultura hispana en las otras culturas,
etc. Y aquí llegamos a otra inflexión importante para
aumentar toda su influencia: ¿por qué no aumentar con
inteligencia y energía los esfuerzos destinados a llevar nuestra
cultura al inglés? Nadie desconoce que la colocación
de nuestros productos culturales en inglés no es tarea fácil,
pues la lengua ha sido la columna vertebral de la construcción
cultural. Aquí lo que se plantea es una separación entre
cultura y lengua, y, es inevitable, tiene que haber pérdidas,
incluso distorsiones propias de toda traducción. Pero, globalmente,
el hacerlo permite potenciar internacionalmente nuestra creación,
nuestra cultura y también nuestra lengua de muchas maneras
(ya no el paso de la lengua a la cultura sino el contrario: de la
cultura a la lengua). Lo contrario debilita su lugar. Nuestras sociedades
requieren hacer un esfuerzo grande de colocación de nuestras
publicaciones, obras, legado científico, en el lenguaje internacional.
En el mismo sentido, es fundamental crear mecanismos nacionales e
internacionales para que nuestros investigadores puedan tener traducidos
en inglés sus trabajos para colocarlos rápidamente en
la corriente internacional. Para los intelectuales que no se expresan
bien en inglés eso sería un gran apoyo. La proyección
y la retroalimentación internacionales de nuestros trabajos
son indispensables.
¿Cuáles son los espacios propios que debería
tener nuestra lengua materna en las ciencias? ¿Cómo
defender en ese contexto nuestra cultura de imposiciones vertebradas
a partir del dominio del inglés? ¿Qué conducta
o qué modificaciones habría que tener en nuestra lengua
para adaptarnos a ese contexto? Hay que tomar en cuenta las diferencias
entre las ciencias, sus medios privilegiados, y la relación
que mantienen con el inglés, para explorar las opciones reales
del español, para definir las dimensiones más apropiadas,
las que tienen posibilidades de éxito. En primer lugar, las
ciencias naturales o matemáticas por la naturaleza de su objeto
de estudio enfatizan la comunicación internacional universal,
y por lo tanto han favorecido el inglés. Es difícil
que resultados relevantes en física o matemática o biología
no se comuniquen en los medios usuales dominados por el inglés.
Aquí es posible pensar en el español para propósitos
intermedios, o trabajos de circulación más restringida,
mientras se mejoran para ser colocados en inglés. También
trabajos que están orientados hacia la solución de problemas
locales ya sean nacionales o de interés común para varios
países hispanoparlantes. En las ciencias sociales, muchos de
los asuntos estudiados se desarrollan en contextos culturales específicos
y su interés en muchas ocasiones es local, nacional, cultural,
y por lo tanto éstos no tendrán necesariamente que enfatizar
la comunicación en inglés. Pero si refieren a asuntos
de interés universal o general inevitablemente se colocarán
en inglés. Al igual que con las naturales y matemáticas
hay lugar para trabajos preparatorios, incompletos, o vinculados a
situaciones de naturaleza local. Los estudios comparativos entre culturas
o regiones, o los temas locales de interés internacional, habrá
que colocarlos en inglés. |
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Con relación a la ciencia, además, convendría
hacer otra distinción, más o menos retomando la clásica
epistemológica entre contexto de justificación y contexto
de descubrimiento (Reichenbach)25,
entre contexto de comunicación y contexto de construcción
teórica. Con ella queremos enfatizar con la primera la dimensión
en que se comunican los resultados, se valoran o acreditan en el seno
de la comunidad científica (con criterios, instrumentos, etc.),
y con la segunda el proceso de creación, construcción,
o descubrimiento del conocimiento. En la primera, especialmente para
las ciencias naturales y matemáticas, intervienen con mayor
fuerza los vectores que condicionan la comunicación en el escenario
histórico que vivimos y, por eso, el inglés, y algunas
lenguas fuertes, pueden ocupar un papel más relevante. En la
segunda dimensión, alrededor de individuos o grupos de base
nacional o local, las lenguas propias deberían jugar un papel
relevante. No obstante, hay que señalar que con los cambios
decisivos en la naturaleza de la construcción científica,
cada vez más por medio de redes internacionales, los vectores
y parámetros internacionales juegan también aquí.
Los teoremas en las matemáticas, por ejemplo, antes creación
individual o de equipos locales, ahora tienden a ser resultados colectivos
internacionales. Y por eso también aquí el inglés
es significativo. Lo que esta distinción nos permite consignar
es una interrelación entre lenguas nacionales y el inglés,
con papeles y sentidos diferentes.
Para ir al asunto clave, es necesario señalar la relevancia
de la relación entre lengua, ciencia y educación. La
construcción científica en una nación no debe
verse como un proceso aislado de un entorno social específico.
Se encuentra en general dentro de la cultura nacional donde
la lengua es central pero, también, y esto es decisivo:
dentro de la educación. La ciencia en un país empieza
por la formación que se recibe. Y la educación tiene
que establecerse esencialmente sobre la lengua de la nación,
su cultura y su etnia. La educación y la formación científica
en Iberoamérica, por ejemplo, amén de preparar para
un mundo globalizado donde el inglés u otras lenguas tradicionalmente
fuertes en ciencias son importantes, debe poder afirmarse en el español
o el portugués o incluso, en varios países, en otras
lenguas autóctonas. Y esto obliga a absorber y trasladar con
eficiencia lo que se produce en ciencias y cultura en general en el
planeta a nuestras lenguas. Hay una doble vía. Un esfuerzo
sostenido de traducción y creación de mecanismos para
el acceso rápido en español de trabajos de diversos
tipos sería muy importante. En algunos campos el tamaño
del mercado hispanohablante lo promueve fácilmente, pero en
ciertas disciplinas esto no resulta igual. Habría que dirigir
esfuerzos específicos en ese sentido. Y esto no refiere a traducir
al español obras escritas solamente en inglés, ni tampoco
solo a trabajos recientes. Dentro de la perspectiva de la historia
de las ciencias y las técnicas, por ejemplo, hay todavía
trabajos relevantes de los que no existen traducciones en nuestra
lengua y que son relevantes para la formación de nuestros investigadores
científicos. [Las Disquisitiones Arithmeticae de Gauss,
originalmente en latín, para ofrecer un ejemplo, las logramos
poner en español hace apenas 6 años, y hoy es un instrumento
usado en varias partes del mundo hispanoparlante para la formación
de matemáticos en la teoría de los números]26.
Pero no se trata de promover traducciones mecánicas, acríticas,
es importante introducir procesos de deconstrucción
o reconstrucción, para usar esa jerga, tamizar y añadir
de acuerdo a las condiciones o necesidades de nuestras culturas.
En un orden convergente con lo anterior, debe subrayarse el uso del
español en la divulgación, información y formación
general en ciencias y tecnologías para nuestras poblaciones
hispanoparlantes. También aquí se puede inscribir una
política lingüística por ejemplo en el sentido
de intelectualización de una lengua estandarizada, es
decir, la mayor o menor facilidad que existe para realizar en ella
formulaciones precisas y rigurosas y, si es necesario, abstractas;
esta intelectualización tiene uno de sus pilares en la terminología,
que es uno de los ámbitos en que nos encontramos más
desasistidos los hispanohablantes... «Carecemos de una institución
que oriente eficaz y compartidamente la creación terminológica
en España y en la América de habla española;
hecho para el que no existen graves problemas de índole teórica,
pero que exige una política lingüística
bien orientada que facilite la creación paralela de voces técnicas
en los distintos países de habla hispana»27.
|
|
Esta relación entre lengua y culturas propias, ciencia, educación
e información debe verse como un requisito para despertar la
creación y el amor por el saber: un puente esencial entre la
conciencia cultural que heredamos o tenemos y la construcción
internacional y universal del conocimiento. Pensamos que una gran
parte de las acciones que tenemos por delante para hacer progresar
el espacio de las ciencias y la tecnología y para adecuar el
lugar de nuestra lengua materna está en el territorio de la
educación. Aquí, de nuevo, subrayamos una afirmación
de cultura y lengua maternas y formación en inglés,
dentro de una perspectiva más bien inscrita en el multilingüismo.
En esta discusión no hay que perder las perspectivas, el segmento
de la población en nuestros países y en el mundo que
es partícipe o está en contacto directo con las ciencias
y la tecnología no es muy grande, mientras que aquel al que
se dirigiría la educación, la divulgación o la
información científico-tecnológica es toda la
población. Los espacios sociales que ocupan entonces la lengua
y cultura propias aquí son cuantitativa y cualitativamente
superiores.
Las posibilidades tecnológicas de la sociedad de la información
y el conocimiento influenciarán notablemente la comunicación
en las ciencias y las tecnologías. Hay aquí un nuevo
mundo, que impondrá sus reglas en las siguientes décadas.
Mientras que los medios impresos y la comunicación hablada
han sido fundamentales hasta ahora, el mundo electrónico ha
puesto a la disposición de la comunicación científica
y tecnológica una nueva perspectiva. Más y más
resultados se comunican por medio de redes electrónicas, las
investigaciones se vertebran a través de las mismas, y los
contactos físicos, otrora decisivos, adquieren un nuevo relieve.
No hay que esperar días y semanas por el correo o semanas y
meses para reunirse a hablar e intercambiar los trabajos. Las redes
electrónicas permiten una proximidad y una cotidianidad que
hace unos años no eran posibles. El trabajo en equipo, regular
y diario, es posible dentro de este mundo digital y telemático
por encima de las distancias físicas y geográficas.
Esto no sólo es un asunto de comunicación, sino también
de la construcción del conocimiento: se potencia la participación
de investigadores y científicos dentro y fuera de los países.
Muy en especial se apuntala la internacionalización de la práctica
científica con ritmos y dimensiones no vistos jamás.
Se multiplican las posibilidades de contacto, se aceleran los tiempos,
y se desarrolla lo que debería poderse llamar una auténtica
y permanente revolución cognoscitiva. Hay una virtualización
radical, creciente, en los productos y los medios de la construcción
científica: revistas, papers, conferencias (teleconferencias),
diálogos, recursos, etc. La publicación impresa con
relación a la electrónica, con relieve para las ciencias
naturales y matemáticas, es como la carreta con relación
al automóvil. Es evidente lo que se impondría socialmente.
Si tomamos en cuenta una perspectiva de progreso en las traducciones
automáticas, y las múltiples posibilidades de este entorno,
debemos suponer que esta transformación del contacto y la comunicación
científicos, que apuntala una mayor internacionalización,
dejará espacios a las lenguas maternas de los investigadores.
La tecnología posibilita un mayor uso de las lenguas y culturas
no anglosajonas, aunque no automáticamente. Aquí hay
trabajo que hacer. |
|
En esta tesitura hay que interpretar bien el escenario. La nueva sociedad
basada en la información y comunicación, subraya particularmente
los medios: el lugar de nuestra cultura dependerá de la fuerza
y calidad de la tecnología para colocar sus materiales en el
flujo de comunicación. Al igual que en su momento la capacidad
y técnicas para colocar libros y revistas fue un factor relevante,
hoy lo es ese conjunto de capacidades tecnológicas para poner
resultados y materiales en formato electrónico-telemático.
Esto por supuesto no sustituirá la necesidad de una base fuerte
en ciencias y tecnología (para apenas empezar a hablar de posicionamiento),
pero ofrece oportunidades para acompañar y propiciar su desarrollo.
Tener conciencia de esto obliga a comprender con lucidez la naturaleza,
perspectivas y límites, de la nueva realidad, y, por supuesto,
replantea muchas de las acciones a realizar. Se trata de concentrar
política y recursos económicos, inteligencia y trabajo
en esta dirección. Aquí las tareas son muchas porque
el mundo hispano se ha quedado rezagado de una manera general tanto
en el lugar social de las microcomputadoras como en el uso de la Red.
De los 364 millones de ordenadores que consigna Computer Industry
Almanac había en 1998, por ejemplo, España tenía
5,71 millones y México 4,60 millones, ocupando las posiciones
11 y 15 respectivamente de los 15 países que contenían
el 79% de todos esos ordenadores28.
España está por debajo de la media europea en el uso
de ordenadores en el hogar. En cuanto a Internet, no hay países
hispanohablantes que figuren entre los 15 primeros con una mayor densidad
de usuarios con relación a la población [los primeros:
Islandia 320,3 de cada mil personas, Finlandia (305,4), Noruega (304,1),
y Suecia (289, 8); y resulta interesante notar que ninguno de esos
países tiene como lengua materna el inglés]29.
Otro dato sobre la débil penetración de nuestros países
en Internet, que nos impacta, es el del número de páginas
web en español y otras lenguas y aquellas en inglés.
Esto se consigna en la tabla
7.
Si vamos a los reclamos de ese contexto digital y telemático,
el posicionamiento de las culturas hispanohablantes referirá
no sólo a mejorar la formación de la lengua, a ofrecer
más y mejores recursos, libros, opciones de publicación
o comunicación, sino a colocarse significativamente en el nuevo
espacio-tiempo social. Esto, por supuesto, implica no sólo
poner obras en español, en la Red, o ampliar los mecanismos
de contacto, ni tampoco colocar simplemente traducciones al inglés
para su proyección mundial, también significa adaptarse
a las demandas multimedia y, por eso, fortalecer los mecanismos tecnológicos
que soportan ese nuevo espacio. Aquí, sin duda, se plantea
el concurso multidisciplinario y transdisciplinario, que debe incluir
lingüistas, creativos en imagen, informáticos, técnicos
en electrónica, lógicos, físicos, y muchos otros
en un nuevo decurso científico, tecnológico y cultural
(hay decisiones políticas y económicas en todo esto).
Es interesante que aquí se abren las vías para una convergencia
entre humanidades, ciencias y tecnologías, de una manera radical.
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|
No quiero dejar por fuera un asunto muy importante en todo esto: la
magnitud y el lugar del mundo hispanoparlante. Se trata de una población
tan grande repartida en varias latitudes geográficas, que integra
comunidades en países altamente desarrollados, así como
en diferentes estadios de desarrollo, con grandes recursos y diversidades
culturales de gran riqueza. Es esencial apuntalar la colaboración
en este mundo en todas las dimensiones de expresión y comunicación
en que las culturas de origen hispánico y el español
se pueden expandir: planes de posicionamiento en la cultura internacional,
en las ciencias y las tecnologías, en la construcción
cognoscitiva y en los procesos educativos, informativos, formativos
y, específicamente, con gran énfasis en el desarrollo
digital y telemático que exige el nuevo escenario. Precisamente,
porque la naturaleza de las nuevas tecnologías y la mundialización
misma potencian nuevas posibilidades y perspectivas en la expansión
de todas las culturas, es necesario subrayar esta dimensión.
Por más que el inglés sea la lengua internacional de
las ciencias, hay espacios muy amplios, nacionales, regionales e internacionales
que el español puede y debe ocupar; espacios mucho mayores
que en el caso de otras lenguas, como, por ejemplo, el alemán,
el italiano o el francés. El tamaño y la ubicación
sí importan. Hay posibilidades, entonces, para una coparticipación
internacional amplia con miras a una estrategia de desarrollo y posicionamiento
culturales. Me parece importante subrayar en esa dirección,
y sin subestimar otras opciones, la necesidad de crear un triángulo
virtuoso entre España, Hispanoamérica y la comunidad
hispanoparlante en los Estados Unidos30,
que permitiría orientar como perspectiva esfuerzos
(entre el Norte y el Sur y entre continentes separados) en busca del
progreso de las culturas y pueblos de influencia hispánica,
donde hay dimensiones que trascienden por supuesto lo relativo a la
lengua común.
En resumen: si logramos ampliar nuestro espacio real en ciencias y
tecnologías, en su formación, creación, generación,
uso y proyección, si multiplicamos radical y lúcidamente
la presencia de nuestra cultura en el planeta, y si potenciamos nuestra
inserción en el nuevo entorno en el que estamos, entonces
estaremos en posición de influir más en las condiciones
y las pautas que definen la publicación y la proyección
internacionales de ciencias, pero algo más que eso: habremos
avanzado en la defensa, expansión, renovación y enriquecimiento
de los legados culturales que hemos heredado. |
|
Retomemos ahora la discusión global: hay varias tendencias
que convergen en el planeta. Por un lado, la uniformidad y homogenización
de parámetros, culturas y lengua. Una mundialización
con un fuerte componente occidental y particularmente norteamericano.
Por el otro, en un mundo lleno de diferencias y desigualdades, un
vector que posibilita rescatar la afirmación local, nacional,
étnica y religiosa, a veces en pugna y contrapuesto a la forma
en que se ha llevado a cabo la globalización de algunas de
las principales variables de la vida del planeta. ¿Qué
va a prevalecer? Para algunos está inscrita en el futuro una
confrontación y choque de culturas (Huntington)31.
Pensamos que hay medios y oportunidades superpuestos a las dimensiones
sociopolíticas y económicas, culturales en sentido clásico,
derivadas de las tecnologías: aquellas que precisamente fundamentan
la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Están
abiertas las puertas para permitir que la irreversible internacionalización
y mundialización de nuestro tiempo se pueda realizar con respeto
a las culturas y las lenguas autóctonas, con un equilibrio
armónico entre los reclamos de una vida cada día más
globalizada e internacional, y la preservación de las raíces
heredadas por etnia, religión, o lengua, fundamentos de las
nacionalidades en la modernidad (un equilibrio entre el lexus
y el olivo, para usar la metáfora de Thomas Friedman). Pero
aquí lo que tenemos es un choque de tendencias, con recursos
que pueden ser usados en un sentido u otro y con intereses o voluntades
que suelen ser antagónicos. Como en todo momento social e histórico,
hay sumas vectoriales cuya resultante depende de muchos elementos,
y en particular de la conciencia y la acción positiva y lúcida
de los individuos y pueblos. Aunque pensamos que existen elementos
fuertes que apuntan en el largo plazo hacia una cultura global
que integre lo valioso de las culturas locales y nacionales, nadie
puede negar que durante mucho tiempo se requerirá ejercer con
audacia y decisión la defensa y el fortalecimiento de espacios
colectivos (lengua, tradiciones, religión, y cultura), aunque
con base en la realidad de este escenario, sus hechos y tendencias.
Bien que mal, aquí hay política y ésta refiere
al arte de lo posible. Por eso, en el nuevo escenario, quien no interprete
bien los signos y no se dote de la lucidez y la acción apropiadas
en el tiempo y el tempo adecuados, estrategia y táctica,
solo podrá ocupar un lugar rezagado y débil en la configuración
del futuro. |
|
Notas:
- Cf. Pagliali, L.: Comunicación
al I Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas
(México), 1997. Citado por Ángel Martín Municio:
«El español y la ciencia», en Anuario 1998,
Centro Virtual Cervantes, 1999. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_98/martin/.

- Centro de Información y Documentación
Científica y Consejo Superior de Investigaciones Científicas
de España.

- Plaza, Luis M.; Román, Adelaida;
Ruiz, Consuelo; Fernández, Elena: «Presencia del
español en la producción científica»,
en Anuario 1999, Centro Virtual Cervantes, 1999. Referencia
electrónica: http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_99/
cindoc/.
- Le Monde, 13 de abril de 1989. Citado
por Michel Bergeron en: «Las lenguas nacionales en las publicaciones
científicas», en Cetto, Ana Maria/Hillerud, Kai-Inge:
Publicaciones Científicas en América Latina,
México: ICSU, UNESCO, UNAM, AIC, FCE, 1995, p. 157.

- Cf. Michel Bergeron: «Las
lenguas nacionales en las publicaciones científicas»,
en Cetto, Ana Maria/Hillerud, Kai-Inge: Publicaciones Científicas
en América Latina, México: ICSU, UNESCO, UNAM,
AIC, FCE, 1995, p. 157.

- Política, guerra y economía
pesan, en fin, en la historia, pero en todo esto no se deben olvidar
las calidades propias del inglés: lengua sencilla, flexible,
integradora, adaptable, características favorables a su
expansión.

- Cf. Ruiz, A.: El siglo XXI
y el papel de la universidad, San José, Costa Rica:
EUCR-CONARE, 2001, p. 72.

- Un dato sobre la fragmentación y
la emersión de tendencias nacionales al caer la guerra
fría: a principios de los años 90, había
casi más de tres veces Estados que unos sesenta años
antes. Cf. Kennedy, Paul: Hacia el siglo XXI.
Plaza & Janés Editores, S.A. España, 1995, pp.
502.

- Cf. Ruiz, A.: Ocaso de una utopía,
San José, Costa Rica: EUCR, 1993. P. 179-180.

- Cf. Paz, Octavio: Itinerario.
Fondo de Cultura Económica, Segunda reimpresión,
México, 1995. Pág. 144.

- Cf. Fukuyama, Francis: The end
of History and the Last Man. New York: Avon Books, 1993.

- Cf. Ruiz, A.: El siglo XXI
y el papel de la universidad, San José, Costa Rica:
EUCR-CONARE, 2001, p. 144.

- Véase el libro de Javier Echeverría:
Los Señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno.
Barcelona, España: Ediciones Destino S. A., 1999.

- Véase: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, PNUD: Informe sobre desarrollo humano
1999, Madrid, España: Mundi-Prensa Libros, S.A., 1999,
p. 67.

- Véase: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, PNUD: Informe sobre desarrollo humano
1999, Madrid, España: Mundi-Prensa Libros, S.A., 1999,
p. 67.

- Véase: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, PNUD: Informe sobre desarrollo humano
1999, Madrid, España: Mundi-Prensa Libros, S.A., 1999,
p. 62.

- Véase: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, PNUD: Informe sobre desarrollo humano
1999, Madrid, España: Mundi-Prensa Libros, S.A., 1999,
p. 62.

- Véase: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, PNUD: Informe sobre desarrollo humano
1999, Madrid, España: Mundi-Prensa Libros, S.A., 1999,
p. 68.

- Información tomada del artículo
de Daniel Martín Mayorga: «El español en la
Sociedad de la Información», en Anuario 2000,
Centro Virtual Cervantes, 2000. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/martin/.

- Marcos Marín, F.: «El español,
lengua internacional», en Lengua española, hoy. Fundación
Juan March, Madrid, 1995. Citado por: Ángel Martín
Municio: «El español y la ciencia», en Anuario
1998, Centro Virtual Cervantes, 1999. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_98/martin/.

- Lettre du Conseil Supérieur et
de la Délégation générale à
la Langue Française. Les Brèves, n.º
2, 3ème trimestre, 1995. Citado por Ángel Martín
Municio: «El español y la ciencia», en Anuario
1998, Centro Virtual Cervantes, 1999. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_98/martin/.

- Por ejemplo, según datos del BID
en 1988, de 3 350 421 trabajos científicos que se publicaron
en el mundo en esa década, sólo 35 031 eran de América
Latina (un porcentaje de 1,045%), y de éstos el 30,1% correspondieron
a Brasil. Cf. Burgos, Mario: «Evaluación internacional
de la producción científica de América Latina»,
en Cetto, Ana Mari /Hillerud, Kai-Inge: Publicaciones Científicas
en América Latina, México: ICSU, UNESCO, UNAM,
AIC, FCE, 1995.

- Según Gaillard, alrededor de un
60% de los artículos científicos de América
Latina se publicaban en revistas locales, de circulación
débil y fuera de la corriente internacional. Cf. Gaillard,
J.: «La Science du tiers monde est-elle visible?»,
La Recherche, 20: 636-640, 1989.

- Debería analizarse con cuidado
la experiencia de algunas naciones en esa dirección, como
algunos países europeos del norte o asiáticos, para
extraer lecciones, visualizar aciertos y errores.

- Cf. Reichenbach, Hans: Experience
and Prediction: An Analysis of the Foundation of Science.
Chicago, USA: University of Chicago Press, 1961. Usamos la distinción
como recurso práctico en este trabajo; no desconocemos
las debilidades de la misma. Pueden verse en ese sentido las críticas
famosas de Paul Feyerabend en Contra el método.

- Las Disquisitiones Arithmeticae
de Carl Gauss: traducción al español realizada por
A. Ruiz con H. Barrantes y M. Josephy, Academia Colombiana de
Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Bogotá, Colombia,
1995.

- Cf. Pascual, José A., en
Marqués de Tamarón, El peso de la lengua española
en el mundo, Universidad de Valladolid, 1995. Citado por:
Ángel Martín Municio: «El español y
la ciencia», en Anuario 1998, Centro Virtual Cervantes,
1999. Referencia electrónica: http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_98/martin/.

- Información tomada del artículo
de Daniel Martín Mayorga: «El español en la
Sociedad de la Información», en Anuario 2000,
Centro Virtual Cervantes, 2000. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/martin/.

- Información tomada del artículo
de Daniel Martín Mayorga: «El español en la
Sociedad de la Información», en Anuario 2000,
Centro Virtual Cervantes, 2000. Referencia electrónica:
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/martin/.

- En esa perspectiva, países como
México y Cuba, podrían jugar un papel muy relevante.

- Huntington dice: «Mientras la primacía
occidental se irá erosionando, mucho de su poder simplemente
se evaporará y el resto será difuminado sobre una
base regional entre varias civilizaciones fundamentales y sus
Estados más importantes». Cf. Huntington,
Samuel: The clash of civilizations and the remaking of world
order. New York: Touchtone, 1997, p. 82.

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