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Isabel de Polanco
Global y local en la estrategia del Grupo Santillana
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Hay una premisa comúnmente aceptada en el mercado de la edición,
y es que no hay editorial, editorial viva, sin un proyecto cultural.
Por contra, a los grupos que integran varias editoriales hay una tendencia
a definirlos por lo económico, cuando no por lo puramente instrumental,
como la posibilidad de generar sinergias entre sus partes. Vaya por
delante que creo que no es necesariamente así. Voy a contarles,
con un punto de subjetivismo, sin duda, la experiencia en nuestro
Grupo, Santillana, y el modo de dar respuesta a nuestra vocación
editorial.
El hecho de trabajar con varias editoriales, cada una de las cuales
tiene su especialización y su línea, y que además
operan en países distintos, introduce una mayor complejidad,
por supuesto. Pero eso no quiere decir que la aspiración o
la posibilidad sea limitarse a gestionar, con criterios puramente
económicos, un mosaico de empresas, y ofrecer unas cifras consolidadas
al Consejo de Administración y a los accionistas. Por el contrario,
creo que una organización editorial tendrá ventajas
si cuenta con varias líneas o especialidades que se complementan
entre sí, con la lógica condición de que se desarrollen
internamente cada una de ellas con su coherencia. |
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El desafío de editar en lugares distintos, la otra complicación,
igualmente se basa en hacer compatibles dos principios necesarios:
la atención a las diferencias culturales, a la diversidad,
a la distinta personalidad; y el esfuerzo de llegar con cada obra,
con cada autor, a más lectores, proponiéndoselo a nuevos
lectores, haciendo que lo descubran.
Y todo ello de forma que sea económicamente viable. La edición
no es el reino de la utopía, ni una actividad subvencionada.
Sus inversiones y sus gastos operativos deben cubrirse con los ingresos
que generan sus ventas. No hace tanto tiempo, Giulio Einaudi decía
en una entrevista en El País que perder dinero en una
editorial es perder libertad, libertad de editar, libertad
de elegir. Añadía que puede haber algún título
que se elija sabiendo que será deficitario, con tal que sean
excepciones y que el conjunto navegue en aguas económicamente
sanas. El compromiso con el proyecto cultural debe hacerse compatible
con su supervivencia y deseablemente con su desarrollo.
En estas coordenadas se desarrolla la tarea editorial. A partir de
ahí, cada empresa elige sus opciones. La nuestra principal
es editar en el mundo del español, en dos grandes líneas:
la educativa, con textos, idiomas y libros de referencia; y la edición
general, publicando narrativa, pensamiento y ensayo, no ficción
y libros infantiles y juveniles. ¿Cómo tratamos de llevar
cada línea editorial, respondiendo a una visión general
y, a la vez, a la realidad y propuestas locales? |
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Empiezo por las ediciones para la educación. Lo más
visible es justamente su diversidad, su ajuste a los planes de estudio
locales, tanto nacionales como a veces de orden más reducido
de departamento, estado o provincia. Esa diversidad no
viene dada solamente por los contenidos y por las diferencias léxicas
de nuestra lengua común, sino por elementos culturales propios,
que actúan como si se tratara de un espejo coloreado
que refleja realidades más o menos generales con distintos
tonos y énfasis. Por eso la escuela, reflejo de la realidad
y la cultura de cada comunidad, tiene rasgos que la diferencian. Y,
sin embargo, nuestras diversas ediciones tienen también rasgos
comunes. Desde los más generales e inspiradores, como son la
preocupación por dar información actual y relevante
en cada disciplina, hacerlo con buen diseño didáctico
en el lenguaje, en su ordenación y el tratamiento gráfico,
hasta explicitar unos valores que constituyen hoy la referencia de
las mejores metas educativas. Pero también compartimos tendencias,
soluciones y recursos, a cuyo afinamiento y comunicación entre
nuestras editoriales dedicamos un presupuesto más que razonable.
Lo que nos permite disponer de bancos de actividades para cada
disciplina, o un archivo de esquemas gráficos, muy didácticos,
o un repertorio fotográfico numeroso y expresivo del mundo
iberoamericano.
Esta bipolaridad, calidad general de los materiales de enseñanza,
de una parte, y ajuste a las características y requisitos locales
donde evidentemente juegan también aspectos comerciales
y de precio se dan igualmente en los materiales para la enseñanza
de idiomas. Por eso, si nuestra industria editorial pretende liderar
la especialidad de enseñanza del español, habrá
de hacer un gran esfuerzo. Por supuesto inversor, pero a la vez de
presencia y de ajuste a las reglas y mentalidad de cada mercado. No
basta, lamentablemente, con unos buenos cursos y el posible prestigio
de nuestras marcas españolas. Y, por cierto, en la mayor parte
de los mercados, no digamos en los americanos, receptores del español
Estados Unidos y Brasil demandan las formas léxicas
del español americano y contenidos culturales del conjunto
de nuestro ámbito hispano. |
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La edición general es abierta, no instrumental como la destinada
a la enseñanza. Sólo está marcada por las reglas
de cada especialidad, e incluso éstas conviene cuestionarlas
de tanto en tanto, porque la creatividad, la novedad que produce impacto,
es algo circunstancial con ella. La editorial literaria de nuestro
Grupo, Alfaguara, opera en la práctica totalidad del ámbito
de nuestra lengua. Está cumpliendo la vocación de llegar
a los lectores de lo que calificó Carlos Fuentes como Territorio
de la Mancha; por supuesto, incluyendo en su catálogo a
creadores de todos los países, y haciendo buena parte de las
ediciones en ellos. La condición abierta y mestiza de nuestra
lengua y de la cultura que hacemos y compartimos, se expresa en el
plan editorial de cada una de nuestras Alfaguaras, con títulos
locales, con los procedentes de otras casas, americanas y española,
más las comunes y obligadas por su relevancia, ya sean
en español o traducciones. Por supuesto que además se
hace distribución, en pequeñas cantidades, de la mayor
parte del fondo, pero la clave es el plan que elaboran los editores,
discutiendo, valorando, conservándolo. Así como lo que
viene detrás de una publicación, que es una comunicación
eficaz, desde la editorial, claro está, pero muy especialmente
la que se basa en la presencia y participación del autor. No
se pueden dejar los libros huérfanos de ese calor y presencia...
Con este mismo principio funcionamos en Taurus y en Aguilar, con una
diferencia interesante y reveladora, pues cada obra y el conjunto
de un catálogo, seleccionan también sus lectores. Mientras
Taurus conservó la fidelidad de sus lectores en México
y Argentina incluso mejor que en España, las obras de actualidad
de Aguilar viajan con mayor dificultad, de forma que, en una
buena proporción, podríamos decir que hacen catálogos
locales. |
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Los libros infantiles y juveniles abundan en ejemplos de éxitos
locales que son difícilmente aceptados por los chicos y chicas
de otros lugares. No crean que Harry Potter ahora, o nuestros
Pequeño Nicolás o Pequeño Vampiro
son lo más representativo. Las situaciones porteñas
de los estupendos libros de Elsa Bornemann, o el mundo del barrio
de Carabanchel de Manolito Gafotas, se leen con dificultad en México,
por citar ejemplos reales. Quizá haciendo buena la célebre
anécdota del editor mexicano que recibió a un escritor
que le agradecía la cantidad de traducciones que le había
conseguido en los más variados idiomas y países de Europa.
Y, a la vez, se lamentaba del escaso éxito que conseguía
en España, a lo que el editor, resignado, replicó: Es
que en España no tengo quien le traduzca.
Los libros en español no se traducen al español, por
lo que niños y jóvenes, más apegados a formas
coloquiales, extrañan más las otras formas coloquiales
que vienen de los otros países hispánicos. Hay en esta
edición un mayor peso local que, sin embargo, se rompe con
obras que consiguen ser universales prácticamente desde su
aparición. Esa imprevisibilidad de la difusión en la
literatura infantil tiene mucho que ver con la capacidad de una obra
para acercar personajes, situaciones, valores, a ese lector maravilloso
que se inicia.
Me gustaría cerrar estos comentarios con unas últimas
reflexiones. |
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En primer término, con lo que puede resumir el carácter
multipolar de la edición en nuestra área idiomática.
No hay o mejor dicho, no es lo fundamental una dialéctica
España / América Latina. La realidad se define más
bien por un conjunto de polos editoriales, con sus creadores y sus
lectores, que tienen rasgos comunes y rasgos diferenciales. Y así
sucede que la narrativa argentina, por ejemplo, tiene las mismas o
mayores dificultades para encontrar lectores en México que
en España. Si lo vemos así, nuestros planes editoriales
y de actuación deben construirse con fuerte interlocución
desde esos polos.
Después, resumiendo en dos principios el funcionamiento de
una editorial dentro de un grupo. Debe haber, por parte de los editores
que lo dirigen, un fuerte compromiso con el proyecto, y una elevada
dosis de iniciativa que se comparta: en la interpretación del
catálogo, de las obras a publicar, en la atención a
los lectores. Así como lograr que haya información abundante,
rápida, con buena circulación, desde los datos
y aspectos económicos y comerciales a las valoraciones de lo
que se puede editar o conviene editar o cómo promoverlo. La
cantidad de información y el grado en que es compartida se
constituyen en indicadores claves de la salud de una organización,
y, por tanto, de sus expectativas de éxito.
Y por último, expresar un modo de estar en los mercados editoriales
del área. No es sólo ajustarse a su realidad, lo que
incluye aguantar las crisis de consumo, consecuencia de crisis económicas.
A veces es aconsejable invertir por encima de lo que un mercado puede
dar a corto plazo, pues la aportación al conjunto y la evolución
de éste pueden justificarlo. |
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