|
|
José Miguel Abad
Silvestre
La evolución de la edición en lengua
española |
|
Tres son los factores que más influyen actualmente en la evolución
de la edición en lengua española:
El primero es el desarrollo del idioma español como lengua
internacional, algo que no creo necesario exponer ante este auditorio.
Este fenómeno nos obliga a ser conscientes de que cada vez
editamos para más gente y alcanzamos más países.
Es un hecho indiscutible la expansión de nuestra lengua por
todo el mundo y se calcula que hoy en día la hablan del orden
de 355 millones de personas.
Al mismo tiempo, hemos de tener presente también que nuestro
idioma ha sufrido un problema de regionalización. Los medios
de difusión masivos especialmente la televisión
han usado y abusado del modismo y del lenguaje coloquial para acercarse
más al público. Ello llevó a un idioma que había
mantenido un alto grado de unidad a iniciar una tendencia clara hacia
la regionalización. Debemos considerar, pues, muy positivo
el esfuerzo de coordinación que han realizado las academias
de la lengua de nuestros países en los últimos años.
El segundo factor es el desarrollo de las nuevas tecnologías
y soportes para la edición. Ahora bien, en el mundo de la publicación
este hecho se ha producido de manera diferente y actúa distintamente
según el tipo de libro del que hablemos.
En un extremo estaría la edición literaria, para la
que el libro electrónico, por ejemplo, no ha aparecido más
que de manera simbólica, y en el otro la edición profesional,
donde ya hay sectores especializados compilaciones legales y
jurisprudencia, por citar algunos que han superado el soporte
en papel. Entre ambos extremos quedan las grandes obras de referencia,
las enciclopedias, que, aunque mantienen invariable el soporte en
papel, necesitan con más frecuencia de elementos complementarios;
estos elementos pueden ser de carácter audiovisual (vídeos),
electrónico (CD-ROM o DVD) e incluso on-line (actualizaciones
por Internet). |
|
Cuál será la evolución real de los nuevos soportes
electrónicos, es algo que todavía está por ver,
pero es evidente que más pronto o más tarde otro
de los interrogantes es el momento en que ello suceda será
significativa en mayor o menor grado.
El tercero de los factores es el de la famosa globalización,
que en nuestro caso no consiste sólo en la internacionalización
de los mercados pues hoy en día todos los grandes grupos
internacionales tienen ambiciosos proyectos en lengua española,
sino también en la globalización del mundo de los contenidos.
Hasta ahora los subsectores del mundo de los contenidos eran mundos
estancos y cada uno de ellos editores, productores musicales
y audiovisuales, operadores de televisión, creadores de software,
etc. competía dentro de su propio subsector. Hoy en día
existen creadores de software que hacen lo mismo que los editores;
por ejemplo, Microsoft con su enciclopedia Encarta. Crean obras
en CD-ROM para las que necesitan, además de los materiales
editoriales de base propios de toda enciclopedia, elementos audiovisuales
que pueden ser la base de programas o canales temáticos de
televisión; elementos de audio, como fondos musicales y reproducción
de voces; imagen fija, como las fotografías; imagen real, de
reportajes o de ficción, como puede ser el cine; e, incluso,
dibujos animados.
Como se comprenderá, cada uno de estos tres nuevos factores
que están influyendo en el mundo de la edición nos lleva
a buscar objetivos diferenciados por caminos propios. Sin embargo,
los tres producen un efecto común, pues el enorme incremento
de la competencia que han provocado obliga a la creación de
empresas con entidad suficiente como para competir o especializarse
de manera clara.
Es evidente que, al ampliarse el mercado en lengua española,
deberemos dar cumplida respuesta a sus necesidades, y para ello necesitaremos
tener catálogos más amplios (por el incremento de la
diversidad de clientes en muchos más países), con mayor
número de ediciones locales, a fin de hacer frente a la regionalización
de la lengua. Necesitaremos producir series más grandes para
conseguir economías de escala y, sobre todo, será necesario
establecer redes comerciales potentes en todos y cada uno de los países
donde queramos introducir nuestras obras. |
|
También parece claro que si las obras de referencia y profesionales,
que son una parte importante de la edición en lengua española,
precisan progresivamente de más elementos audiovisuales complementarios,
las inversiones irán aumentando a su vez.
Creo que para todos es manifiesto que el costo de textos y fotografías
únicos elementos que componían hasta ahora este
tipo de obras no bajará en absoluto y, además,
se verá incrementado notablemente por los elementos audiovisuales
que se agregarán (rodajes en imagen real, dibujos animados,
música, voz en audio, etc.).
Ni que decir tiene que la consolidación de la competencia de
los grandes grupos editoriales internacionales, unida a la que proviene
de otros subsectores del mundo de los contenidos, obligará
a las empresas a potenciar su actividad si pretenden hacer frente
a dicha competencia.
Vaya por delante, para que nadie se alarme, que no creo que las mal
llamadas editoriales independientes vayan a desaparecer, y digo mal
llamadas porque a fin de cuentas todas, o casi todas, lo son. Creo
que son independientes Anagrama o Tusquets, pero también Santillana
o Planeta, aunque editen bajo muy diversas marcas. Por ejemplo, yo
puedo garantizar, por experiencia propia, la independencia de Seix
Barral o de Destino, pues al frente de ellas siempre ha habido directores
generales y editores con total libertad en su trabajo. Sin embargo,
no pienso crear una polémica con esto, ya que al final todo
se reduce a una discusión nominalista.
Resumiendo, en mi opinión la diferencia que importa es la que
hay entre editoriales generales y editoriales especializadas. Las
generales son aquellas que tienen como objetivo la edición
de todo tipo de libros (literatura, ensayo, referencia, grandes publicaciones,
profesional, etc.), y su comercialización a través de
todo tipo de canales (librerías, marketing directo, vendedores,
kioscos, fascículos, on-line, etc.). Estas editoriales,
por la propia mecánica de mercado, han creado marcas editoriales
y empresas de comercialización hasta convertirse en verdaderos
grupos de empresas. |
|
La variedad de sus productos no les ha permitido desarrollarse en
un mismo centro de edición, ya que muchas veces no es aconsejable
la utilización de la misma marca, y dado que los equipos profesionales
de edición poseen especializaciones totalmente diferentes.
Las grandes diferencias entre los sistemas de comercialización
de las distintas obras tampoco les han permitido trabajar con una
única red comercial, por lo que han seguido evolucionando hacia
lo que se conoce como grandes grupos editoriales. Éstos, junto
a la empresa matriz, están constituidos por gran cantidad de
empresas filiales o sellos editoriales que, en base a equipos profesionales
especializados, producen libros de muy distinto tipo. Además,
en estos grupos se integran empresas comerciales tan distintas como
distribuidoras al retail, o de venta directa, clubes del libro,
marketing directo...
Dentro de estos grupos hay una serie de actividades editoriales, tales
como la edición de grandes enciclopedias, o comerciales, como
la venta a crédito o clubes del libro, que requieren una fuerte
inversión. Esta inversión es imposible para las editoriales
especializadas (las que otros llaman independientes), que,
lógicamente, cuentan con menos medios, al menos a corto plazo.
Estas actividades, por lo tanto, han quedado como actividades exclusivas
para las grandes. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que, en el
seno de estos grandes grupos, existen también editoriales especializadas
que compiten directamente con las llamadas independientes.
En el caso de los grandes grupos los tres factores expuestos al principio
obligan y lo harán más en el futuro a realizar
grandes inversiones en contenidos multimedia, sistemas informáticos
para acceso y atención al cliente, redes comerciales, etc.,
que, inevitablemente, conducen a un proceso de concentración,
no sólo en los campos de los mercados nacionales y las áreas
idiomáticas, sino también a escala internacional. Este
proceso, sin embargo, no se ha acabado, sino que no ha hecho más
que iniciarse, y en el futuro será cada vez más acelerado.
Nuestras grandes empresas editoriales o grandes grupos, como se les
quiera llamar, deberán crecer para poder hacer frente a las
inversiones necesarias, pero hemos de tener en cuenta que en cada
mercado, en nuestro caso área idiomática, sólo
podrán subsistir como máximo, siendo optimistas, cuatro
o cinco actores. Si contamos los dos o tres grandes grupos españoles,
los grupos internacionales que están operando a través
de empresas de origen español, más otros grandes grupos
internacionales que ya están aquí, aunque en menor medida
y lo que quede por venir, parece obvio que hay más candidatos
que plazas, por lo que la competencia será dura; la lucha será
feroz para ocupar esos escasos espacios. |
|
Para vencer en esa competencia será necesario desarrollar grupos
con más recursos económicos, lo cual se conseguirá
mediante reinversiones, ampliaciones de capital, fusiones, etc.; resumiendo,
habrá de recurrirse al mercado de capitales para adquirir los
recursos necesarios, aún a costa de perder, en muchos casos,
el carácter de empresa familiar que las haya caracterizado
anteriormente, como ya ha sucedido en los últimos años.
Tales grupos deberán contar con apoyos en medios de comunicación
que aseguren su respaldo mediático; tener capacidad de innovación
y desarrollo, fundamental en el futuro del mundo de los contenidos;
y ser mucho más internacionales, a fin de amortizar sus productos
en más mercados.
Decía que, en mi opinión, el proceso de concentración
y desarrollo de los grandes grupos editoriales no ha hecho más
que empezar e irá en aumento en el futuro. Para llevar a cabo
este desarrollo se necesitará potenciar en grado sumo los equipos
humanos; se precisarán más gestores de nivel elevado,
equipos de I+D muy poderosos y un número mucho mayor de intelectuales
especializados en la edición. Por todo ello, un reto que tenemos
pendiente es la formación de todos estos profesionales, que
serán la clave del futuro.
Teniendo en cuenta lo anterior, ¿por qué he dicho antes
que nadie se alarme, que las llamadas editoriales independientes no
van a desaparecer? Pues lo he dicho porque lo creo firmemente. El
propio Ministerio de Cultura lo ha confirmado, pues recientemente,
según sus datos, el pasado año el número de pequeñas
editoriales aumentó un 8,7%, y su producción lo hizo
en un 12%, lo que no hace más que reafirmarme en mi opinión.
Lo que no podrá subsistir es una editorial generalista que
aborde varios tipos de edición y varios canales sin una dimensión
mínima. Por el contrario, tendrán futuro aquellas editoriales
que, con unos objetivos claros, se centren únicamente en un
área idiomática y, a veces, incluso, en un solo país;
pero sobre todo han de elegir un tipo de producto y de comercialización,
y centrarse en él.
Podría poner muchos ejemplos, tanto de tipo de libros como
de comercialización, que han hecho que una editorial especializada
tenga un futuro brillante. Podría hablar, por ejemplo, de una
editorial dedicada a libros de ajedrez que vende sus productos por
un canal de venta directa con una base de datos especializada. Sin
embargo, voy a hablarles del ejemplo más evidente de lo que
se ha dado en llamar editoriales independientes: las editoriales literarias.
|
|
En nuestro país tenemos casos de editoriales literarias con
una dilatada y brillante historia. Emprendieron un camino serio y
profesional que, de seguir así, les permitirá tener
un claro futuro. Prestigiando una marca se han especializado en una
línea editorial basada en un tipo de literatura muy claramente
definida. Son muy exigentes en su cumplimiento y la han comercializado
en los puntos de venta y a través de los sistemas adecuados
con una política editorial y comercial consecuente. Esto tiene
futuro.
Editoriales literarias de vanguardia y exigentes existirán
siempre, aunque sean independientes. Es evidente que están
en desventaja para competir con otras similares enclavadas en grandes
grupos, pues estas últimas gozan de mayores redes de comercialización,
mayor presión en el punto de venta, mayores estructuras de
servicios, más recursos económicos; pero también
las pequeñas editoriales literarias gozarán de claras
ventajas: mayor coherencia editorial al estar más personalizadas
las decisiones, menores gastos de superestructura, una mejor imagen
ante sus clientes, etc.
La relación personal autor-editor en la edición literaria
ha sido y será siempre un elemento sustancial de la misma;
por lo tanto, la existencia de la figura editor-propietario en la
editorial literaria será siempre una ventaja frente a las filiales
de los grandes grupos, que por razones obvias carecen de esa figura.
Habitualmente, los grandes grupos ponen al frente de sus editoriales
a profesionales de primer nivel que poseen atribuciones suficientes
como para poder representar la figura de editor-propietario. Pero,
lógicamente, el autor cree que no es así y no tiene
seguridad en la permanencia de aquel profesional al frente de la empresa.
Le preocupa especialmente que no tenga poder suficiente para tomar
la última decisión y, sobre todo, que debido a directrices
del grupo en que está integrada la empresa puedan cambiarle
el interlocutor en cualquier momento.
Hemos oído hablar muchas veces de las dificultades que tienen
estas empresas ante el tiburoneo de los competidores pertenecientes
a grandes grupos. Creo que esta acusación es injusta, aunque
no voy a negar que en ocasiones han perdido autores al no poder hacer
frente a las ofertas económicas de los grandes. Esto
es así, pero es la inevitable competencia que funciona en ambos
sentidos. También ha habido grandes grupos que han perdido
autores significativos al no poder darles lo que les ofrecían
los independientes; por ejemplo, una atención personalizada
por parte del editor, entendido como la cúpula de la empresa
y no como un profesional integrado en una macro-organización.
|
|
No nos equivoquemos. No recuerdo ningún gran grupo que haya
llevado a cabo una política de agresión contra una editorial
independiente en países de lengua española, aunque sí
ha sucedido en otros ámbitos. En 30 años de actividad
en este negocio he podido presenciar en otros países, en otras
zonas lingüísticas, grupos editoriales, líderes
en su mercado, que han desarrollado una política de enfrentamiento
permanente con los pequeños editores literarios independientes
que existieran anteriormente o que pudieran surgir, hasta hacerlos
desaparecer o bien integrarlos en su organización.
En otros mercados, la política ha sido la de consentir la existencia
de los editores literarios siempre que se mantengan dentro de unas
reglas de juego muy estrictas que les permiten editar nuevos autores
únicamente en ediciones de tapa dura y con tirajes limitados,
para ceder luego los derechos de las ediciones populares a los grandes
grupos.
Por el contrario, en nuestro país nunca he visto a ninguno
de los líderes sucesivos de nuestro sector dedicado a la persecución
sistemática de los editores literarios. Nunca he visto a ninguno
que haya destinado una partida importante de su presupuesto anual
a perseguir a los autores de los editores independientes para evitar
su consolidación. Tampoco nadie ha pretendido nunca fijar unas
reglas de juego que les impidan llegar al mercado masivo a través
de las ediciones populares.
Si un gran grupo persiguiera como objetivo la desaparición
de los independientes, destinaría cantidades significativas
a hacer ofertas irresistibles a todos sus autores hasta hacer desaparecer
a la pequeña editorial literaria. Los grandes grupos pueden
permitirse el lujo de perder ese dinero durante dos o tres años,
ya que pueden compensarlo con beneficios obtenidos en otras áreas.
Pueden haberse hecho ofertas por algún libro o autor, en algunos
casos desmesuradas, por un error de quien las ha hecho o quizás
de quien ha sido el perjudicado de todo habrá,
pero nunca un ataque sistemático.
Esto es cierto, y todos conocemos casos de editores que han realizado
ofertas que aparentemente no tenían sentido por la nueva obra
de algún autor. Pero también es cierto que la mayoría
de estos autores publicaban anteriormente en editoriales de los grandes
grupos, lo que demuestra la existencia de un probable error de valoración
de un original del que nadie estamos exentos dentro de
las leyes de la libre competencia, y no de la voluntad de perjudicar
a los editores independientes. |
|
Sin embargo, también puedo asegurar que ha habido muchos casos
en los que los grandes grupos no han presentado ofertas por un libro
a fin de no perjudicar en exceso a una editorial en situación
complicada, y sobre todo para evitar inflacionar inútilmente
el valor de una obra, cuando se tenía la convicción
de que presentar la oferta sólo llevaría al editor anterior
a elevar la suya, aproximándola, pero manteniendo al autor
en su sello.
Los grandes grupos no han hecho eso porque sean chicos buenos, sino
porque no era bueno para nadie. A ellos les conviene la existencia
de editores independientes sólidos porque crean mercados de
nuevos lectores, descubren nuevos valores literarios, crean nuevas
tendencias; en fin, ensanchan, y mucho, el mercado.
El equilibrio medioambiental del mundo de la edición requiere
necesita que el autor tenga una amplia gama de editores
a quien ofrecer su obra; que pueda elegir entre las poderosas máquinas
criticadas por despersonalizadas de los grandes grupos
y la atención personalizada criticada por falta de medios
de promoción y distribución de los editores independientes.
La existencia de estos últimos es imprescindible para que haya
los suficientes autores en el mundo de la edición, para que
todos los jóvenes valores tengan un cauce para darse a conocer.
Mientras los grandes grupos sólo sigan haciendo ofertas a autores
de editores independientes por interés propio y nunca por perjudicar
a otro; mientras sigan defendiendo políticas colectivas por
ejemplo, la del precio fijo, que a lo mejor no son las más
convenientes para ellos, pero sí para el conjunto del sector
y de la cultura; y si los editores independientes no exageran sus
críticas a la existencia y actuación de los grandes
más allá de lo lógico, como hasta ahora, existe
espacio para todos.
En el futuro necesitamos pocos pero grandes grupos editoriales con
gran capacidad de inversión, de I+D y de internacionalización,
junto a editores especializados o independientes muy rigurosos con
sus catálogos, más concentrados en sus sistemas de venta
y más fuertes en lo que podríamos llamar, sin ningún
tono despectivo, sus nichos.
Si todos hacemos bien nuestros deberes, los tendremos. |
|
|
|
|
|