|
|
Milton Mariano Azevedo
La enseñanza del español en los programas
de la Universidad de California
en países hispanohablantes |
|
Este trabajo propone una reflexión en el contexto más
amplio del papel de la lengua española en Estados Unidos
sobre las necesidades pedagógicas de los estudiantes de origen
hispano de la Universidad de California1
y en particular de los que participan en los programas de los centros
de estudios que aquella universidad mantiene en países hispanohablantes
(Costa Rica, Chile, España y México). Por razones demográficas
que se comentarán a continuación, el número de
los alumnos de origen hispano tiende a aumentar en los varios campus
de la universidad, aumento ése que se refleja particularmente
en los departamentos de español. Pese a que no hay estadísticas
detalladas, sirva como botón de muestra el hecho de que en
el Departamento de Español y Portugués del campus de
Berkeley, de los 54 estudiantes inscritos en un major (especialización
principal) en español, veintiséis, o sea casi la mitad,
son «de origen o cultura mexicana o latinoamericana»2.
Es razonable esperar que dicho aumento se refleje, en los próximos
años, en las matrículas de los centros de estudios en
el extranjero. De éstos, los más numerosos son los ubicados
en España, donde hay tres centros autónomos (Barcelona,
Madrid y Granada), responsables por programas de un semestre o un
año en siete universidades (Barcelona, Autónoma de Barcelona,
Complutense, Alcalá, Carlos III, Granada y Córdoba),
además de un programa de verano de cuatro semanas en Cádiz.
En México hay tres centros (Universidad Nacional Autónoma
de México, Universidad San Nicolás de Hidalgo, en Michoacán,
y el Instituto de Tecnología de Monterrey). En Chile hay dos
centros (Universidad de Chile y Pontífica Universidad Católica,
ambas en Santiago), y en Costa Rica hay un centro en la Universidad
de Costa Rica en San José (además de un programa de
biología en Monteverde). En los planes de estudios de estos
centros tienen un papel fundamental las asignaturas de lengua española,
destinadas a mejorar la comprensión de la lengua e incrementar
la capacidad comunicativa, oral y escrita, de los estudiantes, que
suelen tener entre uno y dos años de instrucción formal
en español. Una modalidad de enseñanza son los llamados
core courses, o sea, asignaturas impartidas por docentes contratados
directamente por el centro de estudios. Otra modalidad consiste en
asignaturas organizadas, específicamente para los estudiantes
californianos, por la universidad a la que está adscrito el
centro.
El aumento de estudiantes hispanos en California se relaciona con
el incremento inmigratorio, sobre todo desde México, y en menor
grado desde otros países hispanoamericanos. |
|
Los mexicanos constituyen actualmente el mayor grupo de origen inmigrante,
que en California ha tenido un aumento del 52% en diez años
(de 2,5 millones en 1990 a 3,5 millones en 2000), y corresponden aproximadamente
al 44% de la población hispana del estado, la cual incluye
un 10% de personas originarias de otros países hispanoamericanos.
Como consecuencia del aumento de la presencia hispana, la lengua española
se proyecta, tanto en California como en el escenario nacional, como
segundo idioma en número de hablantes, después del inglés,
lo cual hace de Estados Unidos el cuarto país hispanohablante
del mundo, después de España, México y Argentina3.
Se ha calculado que actualmente el 25,7% de los residentes de California
emplean el español como idioma familiar (en comparación
con 10,5% de la población del país). En encuestas recientes,
69,0% de los residentes han declarado hablar el inglés bien
o muy bien (compárese con 71,9% en todo el país), mientras
que 31% declaran no hablar el inglés bien, o sencillamente
no hablarlo (comparados con 28% en el país)4.
Pese a ese incremento, no hay que pensar que el español esté
a punto de competir con el inglés, que además de desempeñar
un papel predominante en la vida pública, sigue siendo idioma
mayoritario y lengua de contacto entre los distintos grupos lingüísticos
del país. Sin embargo, se trata de un fenómeno cultural
que a la larga podrá tener profundas implicaciones sociolingüísticas,
dado que el peso demográfico de los hispanohablantes actualmente
representados, en distintas proporciones, en todos los estados de
la Unión permite poner el idioma español en una
categoría distinta a la de las demás lenguas que se
estudian en las escuelas y universidades. En California, particularmente,
resultaría difícil justificar la clasificación
del español como idioma extranjero en el sentido estricto
del término, pero al no tener el mismo rango que el inglés,
habría que considerarlo entonces un tertius quid con
peso específico, resultante de un proceso social único
en la historia del país. Esta circunstancia plantea una serie
de cuestiones sobre el lugar del español en la sociedad y,
en particular, sobre los objetivos de los planes de enseñanza
del idioma y asimismo los contenidos y metodología de las asignaturas.
Entre los estudiantes de origen hispano nos interesan particularmente
los que tienen el español como lengua materna y el inglés
como segundo idioma (aunque éste sea a menudo la lengua dominante),
y que son, por lo tanto, bilingües, aunque haya mucha variación
respecto al dominio real de cada idioma. Constituyen minoría
los que, habiendo llegado a Estados Unidos después de cursar
estudios primarios o secundarios en su país de origen, demuestran
un dominio seguro de la variedad estándar del idioma. La mayoría
de los alumnos que, independientemente de su lugar de nacimiento,
han crecido en los Estados Unidos, han sido escolarizados principalmente
en inglés (aunque hayan participado en programas bilingües
de variable eficacia), y aunque utilicen el español como idioma
familiar, no suelen dominarlo a nivel académico. |
|
Hay dos factores que caracterizan al colectivo de hispanohablantes
de California, y del sudoeste norteamericano en general. Uno es la
presencia de rasgos lingüísticos ajenos al estándar
internacional, sea debido a la supervivencia de arcaísmos (encontrados
además en ambientes rurales de otros países), o a tendencias
evolutivas de la lengua. Como ejemplos de esos rasgos se pueden citar
los siguientes. Hay regularización del paradigma verbal del
subjuntivo mediante el desplazamiento del acento (hable, háblemos;
ponga, póngamos), acompañada a veces de
diptongación de la vocal temática (pueda, puédamos;
piense, piénsemos). Se usan asimismo participios
regularizados (abrir > abrido) o basados en la raíz
de la primera persona (niego > niegado, puedo
> puedido, supe > supido). Coexisten formas
de la lengua estándar con variantes populares, como las terminaciones
-tes / -stes de la segunda persona singular del pretérito
(contaste / contastes, contates; pusiste
/ pusistes, pusites). El léxico incluye formas
consideradas dialectalismos respecto a la norma internacional (muchas
de las cuales son usadas por hablantes de nivel sociocultural bajo
en otras partes del mundo hispano), como asina, muncho,
cuasi, abuja, agüela. Los estudios sobre
sintaxis señalan cierta tendencia simplificadora. Por ejemplo,
en una investigación5
realizada en Los Ángeles se encontró que los informantes
de tercera generación usaban oraciones subordinadas el cincuenta
por ciento menos que los de la primera generación. Otro estudio6
sobre la misma comunidad reveló un descenso en el empleo del
subjuntivo a lo largo de tres generaciones de informantes7.
El otro factor, por lo demás esperable, dada la predominancia
del inglés, es la influencia de este idioma, como condicionante
de un bilingüismo no equilibrado y factor de modificación
del español a todos los niveles. Abundan los anglicismos léxicos
más o menos adaptados, como la breca < ing. break
freno, la clocha < ing. clutch embrague,
el bil < ing. bill factura, un seivin
< ing. savings bank banco de ahorros, deliverar
< ing. deliver repartir, entregar (mercancía),
guachar < ing. watch mirar, vigilar.
También son frecuentes las traducciones literales como casa
corte < ing. court house tribunal, estar
supuesto de < ing. be supposed to deber,
correr por oficina < ing. run for office concursar
un cargo electivo, viaje redondo < ing. round trip
viaje de ida y vuelta. Son habituales los casos de extensión
semántica, en los que una palabra española adquiere
el significado de una voz inglesa parecida, como argumento
< ing. argument discusión, bloque
< ing. block manzana, carpeta < ing.
carpet alfombra, permite < ing. [drivers]
permit carnet de conducir, aplicar <
ing. apply solicitar, hacer una petición,
realizar < ing. realize darse cuenta (de).
Hay, por fin, el codeswitching, modo de comunicación
habitual entre los hispanohablantes norteamericanos, que consiste
en alternar los dos idiomas a lo largo de la conversación,
originando frases como Pues va a tener un niño - shes
going to have a baby - el mes que viene; [P.: ¿Adónde
vas?] Voy a Sproul Hall - to file my study list; Hay que esperar a
que se seque - y mañana - we paint it - another coat - y ya
está; No way que me deja hablar, man, no way8.
Sintaxis: se trata, desde luego, de procesos lingüísticos
perfectamente normales, que se hallan en el origen de habla híbrida
llamada spanglish, que empieza a recibir cierta atención
a nivel académico9.
|
|
Para ayudar a los alumnos de origen hispano a alcanzar sus objetivos
académicos, parece esencial tener en cuenta sus características
sociolingüísticas, no sólo en la enseñanza
en el ámbito departamental, sino también en la instrucción
impartida en los centros de estudios en el extranjero. Puesto que,
en un contexto universitario, de lo que se trata es de desarrollar
el dominio de la lengua a nivel académico, hay que ofrecer
unas asignaturas que tomen como punto de referencia la competencia
lingüística real de los alumnos, ayudándoles a
ver que su habla tradicional, amén de respetable como medio
de comunicación familiar y comunitario, es compatible con la
variedad académica estándar, aceptada internacionalmente
como vehículo de comunicación a nivel culto. Pero esta
compatibilidad es justamente esto, compatibilidad, y exige que los
alumnos tomen conciencia de que les resulta ventajoso aprender a manejar
un registro alto en situaciones, como la académica, que así
lo requieren. Hay que incluir en esas asignaturas, además,
información sobre los procesos de dialectalización,
cambio y variación sociolingüística por los que
ha pasado el idioma en Estados Unidos, para ayudarles a entender las
causas de la especificidad de su manera de hablar.
Al planificar la instrucción en los centros en el extranjero,
hace falta tener en cuenta que los estudiantes norteamericanos están
habituados a una pedagogía interactiva, que favorece la participación
activa en trabajos de clase, a la vez que rechaza la asistencia pasiva
a las clases puramente teóricas. Además, la escasa atención
dispensada a la enseñanza de la gramática como tal en
los programas escolares, permite que lleguen a la universidad sin
apenas tener nociones formales sobre la estructura de las lenguas
que hablan. Debido a eso, las clases de teoría gramatical les
resultan de poca utilidad si no están acompañadas de
oportunidades para utilizarlas en prácticas comunicativas.
Respecto a la diferenciación de las cuatro capacidades de emplear
la lengua, es decir, la comprensión auditiva, la expresión
oral, la comprensión de la lectura y la capacidad de escribir,
hay un contraste entre los estudiantes hablantes nativos de inglés
y los hispanohablantes. Estos últimos, al poseer ya un buen
dominio de la fonología, por lo general llevan cierta ventaja
a los primeros. Por lo tanto, hay que diferenciar la enseñanza,
creando oportunidades para que los angloparlantes desarrollen su capacidad
de comprensión auditiva, pieza clave de cualquier desarrollo
posterior, mientras que los hispanohablantes se beneficiarían
de unos estudios sobre las características específicas
del español estándar, contrastándolo con el español
hablado en Estados Unidos.
También habría que tener en cuenta los niveles iniciales
de proficiencia para determinar qué se puede esperar de los
alumnos en las quince semanas que dura una asignatura. Desde luego,
su proficiencia al final del curso, tanto oral como escrita, no debe
ser evaluada según los mismos criterios empleados para los
estudiantes del país, que siempre han recibido instrucción
en español. En esas clases de español, lo que cuenta
no es la perfección, sino el perfeccionamiento, que debe ser
visto como algo gradual. |
|
Respecto a los contenidos y modelos lingüísticos de la
enseñanza, habría que considerar que en Estados Unidos,
la mayoría de los profesores y alumnos que tienen el español
como lengua materna provienen de un ambiente familiar hispanoamericano.
Los caribeños, en particular, ya sean cubanos, cubanoamericanos
o puertorriqueños, están presentes en la docencia de
lengua y literatura, y a medida que más mexicanoamericanos
accedan a los programas de posgrado, es de esperar que tienda a aumentar
su participación en el profesorado, y seguramente pasará
lo mismo con personas originarias de otros países hispanoamericanos.
Por otra parte, en su mayoría los profesores originalmente
angloparlantes han aprendido a hablar español según
el modelo hispanoamericano y no en el peninsular. Todo eso parece
esperable, puesto que al estar Estados Unidos geográfica y
culturalmente ubicado en el continente americano y sujeto al influjo
creciente de inmigrantes de Hispanoamérica, la modalidad hispanoamericana
de la lengua es la más difundida, no sólo en la sociedad
en general sino también en la radio y la televisión.
Ello quiere decir que, para el hispanohablante de Estados Unidos,
la identificación lingüística con Hispanoamérica
es un elemento fundamental de su caracterización cultural,
que habría que tener en cuenta en las decisiones sobre la metodología
de la enseñanza, no sólo a nivel departamental, sino
también en los programas en el extranjero.
Considerando los objetivos de estos programas, parece deseable que
los docentes tengan conocimientos de lingüística aplicada
a la enseñanza de idiomas y sepan utilizar una metodología
activa, capaz de maximizar la interacción, tanto entre el profesor
y los alumnos como entre los mismos estudiantes, permitiéndoles
practicar el idioma y recibir el feedback necesario para mejorar su
competencia lingüística. También es deseable que
los docentes sepan analizar los problemas de aprendizaje relacionados
con la influencia fonológica, morfosintáctica, o léxica
del inglés10, y
que tengan nociones de dialectología y sociolingüística
suficientes como para reconocer la legitimidad de formas de lenguaje
corrientes entre los hispanohablantes estadounidenses, para quienes
su peculiaridad lingüística, como quedó dicho,
constituye un componente de su identidad cultural11.
Es fundamental considerar dichas formas como rasgos normales del habla,
que se pueden utilizar positivamente como punto de referencia para
incrementar el dominio de la lengua, a la vez que se incorporan a
la competencia activa alternativas léxicas o sintácticas
correspondientes a un registro más amplio. En fin, sería
razonable incorporar a la instrucción informaciones sobre la
variación lingüística, no sólo en el área
de ubicación de cada centro de estudios, sino en el mundo hispanohablante
en general, presentándose la lengua desde una perspectiva internacional.
Dado que la mejor manera de asegurar los resultados es definir claramente
los objetivos, sería deseable divulgar en un documento de trabajo
los objetivos deseados, las características lingüísticas
de los alumnos y la metodología que se considere recomendable,
proporcionándose así a los docentes de los centros en
el extranjero una idea del perfil académico de sus alumnos
y lo que se puede esperar de ellos. Quizá de esta manera se
logren crear y mantener condiciones para garantizar que esos estudios
de lengua, combinados con otros aspectos culturales de la estada en
un ambiente hispanohablante, contribuyan a la adquisición de
un elevado grado de proficiencia en varios registros comunicativos. |
|
Apéndice: Sugerencias bibliográficas de Pedagogía,
Sociolingüística y Dialectología para la Enseñanza
del español como segunda lengua
Alvar, Manuel (dir.). 1996. Manual de dialectología
hispánica. El Español de América. Barcelona:
Editorial Ariel.
Amastae, J. y Elías-Olivares, L. (orgs.). 1982. Spanish
in the United States: Sociolinguistic Aspects. Cambridge: Cambridge
University Press.
Barrutia, Richard y Schwegler, Armin. 1994. Fonética y Fonología
Españolas. 2.ª ed. New York: John Wiley & Sons.
Beardsley, Theodore S. Jr. 1982. «Spanish in the United States».
Word, 33, 15-28.
Bergen, J. J. (org.). 1990. Spanish in the United States: Sociolinguistic
Issues. Washington DC: Georgetown University Press.
Bjarkman, Peter C. y Hammond, Robert M. (eds.). 1989. American
Spanish Pronunciation. Theoretical and Applied Perspectives. Washington
DC: Georgetown University Press.
Dalbor, John B. 1997, Spanish Pronunciation. Theory and Practice.
Fort Worth: Holt, Rinehart and Winston.
Elías-Olivares, Lucía et alii. 1985. Spanish
Language Use and Public Life in the United States. The Hague:
Mouton.
Hernández Alonso, César (org.). 1992. Historia y
presente del español de América. Madrid: Junta de
Castilla y León.
Montes Giraldo, José Joaquín. 1995. Dialectología
general e hispanoamericana. Orientación Teórica, Metodológica
y Bibliográfica. 3.ª ed. Bogotá: Instituto
Caro y Cuervo.
Penny, Ralph. 2000. Variation and Change in Spanish. Cambridge:
Cambridge University Press.
Peñalosa, Fernando, 1980. Chicano Sociolinguistics. A brief
introduction. Rowley, Massachusetts: Newbury House Publishers.
Quilis, Antonio y Fernández, Joseph A. 1992. Curso de fonética
y fonología españolas para estudiantes angloamericanos.
14.ª ed. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Rivers, Wilga M., Azevedo, Milton M. y Heflin, William H. Jr. 1988.
A Practical Guide to the Teaching of Spanish. 2.ª ed.
Chicago: National Textbook Co.
Sánchez, Rosaura. 1983. Chicano Discourse: Socio-historic
perspectives. Rowley, Mass.: Newbury House Publishers.
Silva-Corvalán, Carmen. 1992. «El español actual
en Estados Unidos». En Hernández Alonso (org.), Historia
y presente del español de América, Madrid: Junta
de Castilla y León, 827-856.
Stavans, Ilan. 2000. «The Gravitas of Spanglish». Chronicle
of Higher Education, Section The Chronicle Review (October 13),
p. B7.
Stewart, Miranda. 1999. The Spanish Language Today. London
y New York: Routledge.
Valdés, Guadalupe y Geoffrion-Vinci, Michelle. 1998. «ChicanoSpanish:
The Problem of the Underdeveloped Code in Bilingual Repertoires».
Modern Language Journal.
Whitley, M. Stanley. 1986. Spanish/English Contrasts. Washington
DC: Georgetown University Press |
|
Notas:
- Integran la Universidad de California nueve
campus autónomos, a saber Berkeley, Davis, Santa Cruz,
Los Angeles, Santa Bárbara, Irvine, Riverside, San Diego
y San Francisco (éste dedicado a las ciencias médicas).

- Información proporcionada por la
secretaría del Departamento de Español y Portugués
del campus de Berkeley.

- La presencia hispana en Norteamérica
remonta a principios del siglo XVI: en 1512,
Juan Ponce de León descubre la Florida, y en 1519 los españoles
exploran el sur de Texas, las Carolinas, la Bahia de Chesapeake,
y fundan una colonia en Peñíscola (hoy Pensacola,
Florida). Sin embargo, al firmarse el Tratado de Guadalupe-Hidalgo
por el que Estados Unidos adquirió en 1846 su actual
Suroeste, o sea unas 530 000 millas cuadradas del terrritorio
al norte del Río Bravo, desde Nuevo México hasta
California no pasaban de unos cien mil los hispanohablantes
que vivían en toda aquella región.

- Datos citados en San Francisco Chronicle,
6 de octubre de 2001, A1-A10.

- Gutiérrez, Manuel. 1990. «Sobre
el mantenimiento de las cláusulas subordinadas en el español
de Los Ángeles». En Spanish in the United States:
Sociolinguistic Issues. J. J. Bergen (org.). Washington DC:
Georgetown University Press, 31-38.

- Ocampo, Francisco. 1990. «El subjuntivo
en tres generaciones de hablantes bilingües». En Spanish
in the United States: Sociolinguistic Issues. J. J. Bergen
(org.). Washington DC: Georgetown University Press, 39-48.

- En grabaciones realizadas con estudiantes
de Berkeley se han encontrado oraciones como No podía
pagar el fee [la matrícula] antes que
su papá le mandaba el dinero; No creo que él viene
mañana; Espero que tú sales bien en eso como es
tu deseo.

- Ejemplos del archivo del autor.

- El spanglish ha sido objeto de una
asignatura en Amherst College. Véase El País
Digital (http://www.elpais.es/,
3 de septiembre de 2000) y también Stavans 2000.

- Véanse el apéndice, «Sugerencias
Bibliográficas»: Dalbor 1997, Barrutia y Schwegler
1994, Quilis y Fernández 1992 y Whitley 1986.

- Sobre el tema de la identidad cultural
de los alumnos, considerado en el contexto del programa Socrates,
pero extensivo, mutatis mutandis, a otros programas internacionales,
véase Santamaría-García, Carmen, «Socrates
Intensive Programmes: A Rewarding Intercultural Experience».
En Seebauer, Renate (org.), Vom Europa-Project zum Projekt
Europa. Vienna: Mandelbaum, 2001.

|
|
|
|
|
|