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Carlos Slim Telú
La comunidad hispana y las telecomunicaciones en EE.UU. |
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Me es muy grato y honroso participar en el II Congreso Internacional
de la Lengua Española. Como ingeniero y empresario soy un
hombre de números al que éstos le hablan más
que las letras, por lo que temo estar profanando este templo de
las letras y les pido disculpen esta intromisión.
El mundo hispano que tanto destacó en la era agrícola
como un gran productor de bienes primarios, se rezaga mucho en las
dos etapas de la era industrial. Gran productor minero y agrícola.
Durante la época colonial el oro y la plata de México
y Perú inundan el mundo y las monedas ahí acuñadas
son medio de pago hasta en el lejano oriente. La hermosa orfebrería
es abundante y variada.
Retrospectivamente sorprende la capacidad y el talento exploratorio
y los desarrollos tecnológicos para explotar las minas y
refinar los minerales. La actividad agrícola aporta al mundo
notables productos como el cacao (chocolate), el tamarindo, el picante,
frutas diversas, el jitomate, el tabaco, entre muchos otros) y es
líder productor en cantidad y en variedad a nivel mundial
de otros productos como el café, el azúcar, el chile
o picante, el tamarindo, el aguacate. Gran productor de granos y
carne y con una enorme y variada producción avícola.
La cultura hispana es rica, colorida y cálida. Las letras,
la filosofía, la música, el baile, la cocina, le literatura,
la arquitectura, la imaginación y la creatividad son sobresalientes
pero parece que los números, las ciencias, la ingeniería
y la mecánica no son nuestro fuerte.
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Amamos la libertad, la tolerancia y la pluralidad pero durante tres
cuartas partes del siglo XX la democracia fue
muy escasa y probablemente contribuyó a nuestro rezago económico.
Sociedades libres no muy disciplinadas quzá hasta un poco anárquicas
con gobiernos fuertes a veces dictatoriales que se resisten a la modernidad.
A la etapa mecánica de engranes, bandas, palancas movidas por
motores de vapor, así como la transportación marítima
y terrestre también de vapor, se inició nuestro atraso
que aumenta en la etapa electromecánica y el motor de combustión
interna. De alguna forma nos resistimos a la modernidad política
y económica.
Al término de la segunda guerra mundial se inicia la gran transformación
que se hace evidente en la última década del siglo XX.
En los países más desarrollados más gente se
ocupa en los servicios que la que se ocupa en la producción
de bienes desde los años 50 y la tecnología en su rápido
y continuo avance produce cada vez más bienes con menos trabajo
y el obrero va pasando de ser parte física de la producción
a manejar y supervisar a las máquinas como dice un amigo a
pastorearlas. De Chaplin en Tiempos modernos al pastor tecnológico.
Pasamos de lo electromecánico a lo analógico primero
y a la civilización digital después y al cumplirse
durante más de 25 años la ley de Moore (la memoria,
la velocidad y el costo de las computadoras se duplica o abarata cada
18 meses) la civiliación se transforma y entramos de lleno
a la nueva era de los servicios, terciaria, de la información
y el conocimiento, tecnológica, digital o tercera ola como
se le quiera bautizar.
En esta nueva civilización las telecomunicaciones son una especie
de sistema nervioso que permite el desarrollo de redes intercomunicadas
a la velocidad de la luz.
Pasamos así de la velocidad del caballo y del motor de vapor
en el siglo XIX a la velocidad del sonido en
la aviación y a la de la luz en las telecomunicaciones.
Son redes alámbricas y analámbricas, de cobre, coaxiales
y de fibra óptica, con radio, microondas o satélite.
Transmiten voz, datos y video.
En los años 90 la creación, expansión y destrucción
de empresas de tecnología y telecomunicaciones por su magnitud
y rapidez no tiene precedentes en la historia económica. Nuevas
empresas con ingresos reducidos y perdiendo dinero tenían en
los mercados financieros valores superiores a las grandes empresas
industriales y comerciales que encabezaron y promovieron la actividad
económica durante todo el siglo XX. Varios
billones españoles de dólares fue el incremento de valor
de estas empresas de la noche a la mañana y la destrucción
generalizada ha llevado solo unos meses.
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La historia se repite una y otra vez de un lugar a otro y la semejanza
entre lo que pasó y está pasando (se decía,
como siempre, que ahora era diferente) con los años veinte
es notable.
En 1929 David Jarnoff ofrece una entrevista al New York Times
y decía que «el mundo se mueve tan rápido
que es difícil mantenerse al ritmo de los tiempos».
A muchísimos sonará familiar el comentario. Pero la
depresión provocó que los prometedores desarrollos
tecnológicos y el expansivo consumismo murieran. Por ejemplo
la RCA, líder en el desarrollo y expansión de la radio
los números son también dramáticos: de un valor
por acción de 10 dólares en los primeros años
veinte llegó a más de 200 dólares en junio
de 1928. Durante la década no pagó dividendos a pesar
de tener muy buenas utilidades que reinvirtió contínuamente.
Con la depresión sus ventas bajaron de 176,5 millones en
1929 a 62 millones en 1933 y sus 15,9 millones de utilidades se
convirtieron en 582 000 dólares de pérdida. Espero
que los gobiernos del mundo especialmente los de Estados Unidos
y los del G-7 tengan la capacidad para evitar la segunda parte de
esta historia. Nuestra exclamación muy pronto será:
¡Regresa Keynes!
La recesión económica que se había generalizado
en todo el mundo y se acentuaba constantemente, a pesar de la atinada
política monetaria de EE.UU. buscando un aterrizaje suave
amenazaba con ser más prolongada y profunda de lo deseado
debido a la gran destrucción de riqueza por la fuerte disminución
del valor de las empresas, principalmente las tecnológicas,
iniciada en marzo del 2000, los problemas de la industria automotriz,
la reducción en las ventas de tecnología y de proveedores
de telecomunicaciones acentuadas por la insolvencia y dificultades
que iban teniendo varios de sus nuevos clientes. El aumento del
desempleo, los problemas de las empresas acereras y en general las
de bienes de consumo duradero, así como los precios deprimidos
de las materias primas. Los altos niveles de consumo privado por
encima del ingreso (ahorro negativo) se mantenían hasta el
11 de septiembre y gracias a ello y a las bajas tasas de intereses
numerosas empresas no estaban afectando su relación de precios
de mercado a utilidades se mantienen por encima de 22 veces superior
al promedio histórico de 15 a 16 a pesar de perspectivas
menores.
Los lamentables e irritantes hechos terroristas del 11 de septiembre
agudizaron los problemas económicos. Se contrajo violentamente
el consumo, la aviación, la hotelería, el turismo
y las actividades conexas se desplomaron de inmediato en USA y están
muy afectadas en todo el mundo. Aumentó rápidamente
el desempleo y las perspectivas de los próximos meses y trimestres
a partir del tercero de este año amenazan con crecimientos
negativos.
La política monetaria fue más agresiva y la tasa de
interés es la menor de los últimos 40 años;
es ya una tasa real negativa y se espera que todavía baje
más. La política fiscal se hizo también más
efectiva y plantea la devolución de impuestos a los causantes,
para fortalecer a consumidores y empresas, por aproximadamente 1%
del PIB en una política neokeynesiana que habrá de
ser más agresiva.
Abortar una recesión es muy difícil pero suavizarla
o salir de ella, no lo es si no se aplican las adecuadas políticas
monetaria y fiscal, como se está haciendo, especialmente
si se evita una fuerte crisis financiera.
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Iniciamos el siglo XXI con el pie izquierdo:
la economía mundial caminando a su peor situación en
70 años; además el terrorismo y la guerra contra éste
nos arrastran a la situación más incierta y vulnerable
desde la segunda guerra.
Pero la nueva civilización es irreversible, se caracteriza,
en lo económico, por la creciente creación de riqueza,
por la competencia, la eficiencia y la productividad gracias a la
tecnología, la globalización y a la apertura económica
que desplaza la producción de bienes a países menos
desarrollados, el desarrollo y explotación de mercados, el
combate a la pobreza pues ésta no es rentable, más y
mejor educación con la difusión de la cultura digital,
el valor del conocimiento y la creatividad. En lo político
democracia, libertad, pluralidad, derechos humanos, cuidado ambiental...
Después de esta primera etapa todavía en proceso de
destrucción y debilitamiento de las empresas de la nueva civilización
o de la nueva economía y con el panorama no muy claro vemos
destacar en el horizonte a empresas de EE.UU. como las antes llamadas
baby bells así como poco más de una docena de
otras empresas muy fuertes a pesas del golpe y habrá de darse
en el futuro no lejano acuerdos comerciales, reestructuraciones y
consolidaciones del que saldrán empresas fortalecidas y muchas
otras continuarán desaparecidas.
Europa, me parece, está atrás de EE.UU. con 5 ó
6 telefónicas fuertes aunque endeudadas un poco más
de lo conveniente y 3 ó 4 importantes empresas mundiales de
tecnología.
El mundo hispano entra al siglo XXI con dos
empresas de telecomunicaciones fuertes y reconocidas que concentran
su actividad en Iberia y Latinoamérica, asomándose apenas
al mercado hispano en EE.UU. pero con alianzas comerciales y asociaciones
que deben mejorar su posición en ese mercado.
Estas dos empresas sumadas cubren prácticamente al mercado
latinoamericano en telefonía alámbrica, en celular,
en datos e Internet, conexión y contenido (Terra, AOL-LA y
TISMN).
Competimos en Latinoamérica con dos empresas europeas y seis
de Estados Unidos pero el panorama favorece a Telefónica y
a Telmex; el reto sigue siendo el mercado hispano de EE.UU., que crece
constantemente en número y más en capacidad económica.
Es de destacar que la cultura, creatividad e imaginación de
nuestro mundo hispano son atributos que nos favorecen en esta nueva
civilización. |
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