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 LOS PROBLEMAS DE LA EDICIÓN DE TEXTOS

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La edición de textos históricos
Germán Orduña. Universidad de Buenos Aires


La edición de textos históricos en español debe ser considerada en el marco más amplio de la edición de los textos en español.

A este panorama más amplio se atiende en el reciente volumen que Romance Philology (1991) dedicó al tema1 y en los estudios publicados en los 11 volúmenes aparecidos de Incipit (Buenos Aires) desde su fundación en 19812, así como las ponencias leídas en Verona, en 1981, para el Congreso de la Asociación de Hispanistas italianos, y publicadas en 19823.

Para una síntesis de la historia de la edición crítica de textos en español me remito a lo que expuse en el volumen de Romance Philology citado.

La brevedad del tiempo asignado a la ponencia y las recomendaciones sobre objetivos y elaboración de ponencias4 hechas por los organizadores del Congreso determinan que esta exposición adopte más la forma de un documento de trabajo que la de un análisis pormenorizado de los problemas específicos que plantea la edición de un texto histórico en español, aunque no podremos prescindir totalmente de referencias a ese contexto necesario.

Parece oportuno definir qué entendemos por textos históricos: una serie heterogénea de documentos que van desde las cartas y documentos de cancillería o notariales hasta las crónicas o historias redactadas según el arte que estos géneros implican. Dada la variedad del corpus podrían separarse dos grupos:

A) Documentos (cartas, documentos de cancillería, documentos notariales, censos, informes)

B) Literatura histórica (anales, cronicones, crónicas, historias).

Cada grupo implica una factura de elaboración distinta; pero los que se reúnen en el grupo B) suponen necesariamente una elaboración que sigue una normativa de creación literaria.


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I.1. No obstante, en una primera etapa de trabajo, los textos de ambos grupos tienen problemas comunes. Uno de ellos —básico— es el de la transcripción del texto. No siempre se ha realizado con el cuidado y la exactitud requeridas. Frecuentemente se ha confiado a amanuenses que trabajaban a destajo o actualmente, a alumnos o contratados que transcriben en el teclado de una computadora una ingente masa de caracteres.

Esta tarea manual y aparentemente subalterna, es la fundamental y clave en la edición de un texto histórico; no sólo porque requiere un alto grado de capacitación, sino porque el dilatado contacto con el texto permite relevar datos del documento (notas marginales, acotaciones, marcas, correcciones) que pueden ser preciosos para el proceso de edición del mismo. Una correcta edición requiere que el filólogo o historiador encargado de la preparación del texto sea quien realice personalmente la tarea de transcripción.

Es inexcusable una referencia que comprende a los grupos A) y B) a nivel paleográfico. La tarea de transcripción de documentos de cancillería o notariales tiene más apoyatura teórica que la que se ocupa de textos del grupo B): literatura histórica. Los tratados de paleografía, los manuales que reúnen abreviaturas, se han confeccionado exclusivamente sobre documentos oficiales, de archivo, dejando de lado los scriptoria o escuelas de copistas literarios, que son los que copiaron las crónicas y las historias. Sólo se da la excepción bien conocida del scriptorium regio alfonsí. Cabría aquí pedir a los paleógrafos un estudio especial de la materia escriptoria literaria y un acuerdo, p. ej., sobre la normativa de transcripción de las sibilantes.

En este mismo rubro se advierte la necesidad de contar con repertorios de abreviaturas, especialmente en el caso de nombres de pila, cuya variedad de abreviaciones se registran insatisfactoriamente en las listas incluidas en los Manuales de Paleografía conocidos.

La tarea de transcripción debe ser completada con la tarea de corrección o control del texto transcripto. El auge del uso de los medios electrónicos ha aumentado la necesidad del control de la transcripción, precisamente por la seguridad con que luego puede operarse con un texto que se supone exento de los errores de copia en las distintas impresiones sobre las que puede trabajarse. La experiencia indica que ese control o corrección no debe hacerse sobre pantalla sino sobre una impresión, para posteriormente llevar la corrección a pantalla. Cumplida satisfactoriamente esta etapa trabajosa, los medios electrónicos alivian al editor de las ansiedades sobre posibles errores posteriores de mecanografiado. De todos modos, la impresión final debe ser cuidadosamente controlada en la operación mecánica, para evitar saltos automáticos de línea o reacondicionamiento no ordenado de caracteres.


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1.2. La edición del texto. Por la problemática que plantean, los textos históricos constituyen un rubro específico en el campo de la ecdótica. Entendemos que esta problemática surge cuando se trata de la restauración o de la edición crítica de una obra histórica, ya que respecto de la edición de documentos notariales o emanados de la cancillería regia sólo cabría efectuar la recomendación de hacer de ellos una edición paleográfica o transcripciones rigurosamente controladas y anotadas convenientemente, de manera de dar a los investigadores la información más completa y segura evitando con ello la consulta directa del manuscrito, salvo en casos de compulsa erudita.

La anotación pertinente de los documentos (referencias de procedencia o relación con otros documentos editados, comentario histórico, lingüístico o geográfico) y la elaboración de índices de nombres propios, de lugares y temático son instrumentos críticos que podemos pedir a quienes abordan estas laboriosas empresas, al servicio de los investigadores que utilicen la edición documental. Recordamos como ejemplo la edición utilísima del llamado Libro Becerro de las Behetrías5 con un volumen dedicado a índices de personas, de lugares, de conceptos y pesas, monedas y medidas, además de 14 mapas.

1.2.1. Hay un tipo de textos que ocupan una franja límite entre los documentos y el grupo B), que preferimos ubicar entre los de la literatura histórica porque, en su redacción, responden a un proceso de elaboración que los constituye en géneros bien caracterizados: nos referimos a las leves y fueros. Estos textos legales están inscriptos en una compleja y rica tradición textual en la que se puede establecer un sistema de derivaciones, influencias y contaminaciones para conocer el cual no basta el método de comparar los textos en vista de las ideas e instituciones. Para ellos se requiere el manejo de la metodología filológica y el conocimiento de los avances de la ecdótica. Un ejemplo de buen método puede verse en la edición del Fuero de Úbeda6, para la cual se hace una evaluación de los métodos de crítica textual conocidos, desde Lachmann hasta G. Contini, sin desdeñar a Bédier y Dom Quentin, pero no tratando de adaptar el texto a un método, sino buscando en la frecuentación de los problemas propios de la familia de textos, las claves para descubrir paulatinamente los procedimientos metodológicos válidos para el caso específico del texto a editar. Así el editor advierte que en el caso de los textos legales, «la transmisión textual se ha llevado a cabo en un contexto histórico que no podemos perder de vista y que, como para la Crónica General se ha mostrado, es importante» (pág. 54).

La observación de Gutiérrez Cuadrado —a cargo de la edición— es de interés, pues muestra que, en esencia, los problemas editoriales de los textos legales son los mismos que los de los textos de literatura histórica y que para superar la mera transcripción restaurada del mejor manuscrito es imprescindible conocer la tradición textual completa del texto mismo y de los textos vinculados a él, dentro de la peculiar modalidad de la transmisión de los textos históricos, en los que es frecuente el cotejo, la contaminación, la refundición, la anotación marginal, muchas veces inclusiva.

En un estadio intermedio editorial está, p. ej., el texto del Espéculo alfonsí, como lo expone claramente Robert A. MacDonald en su edición del ms. M. Para llegar a la edición crítica del Espéculo se deberá contar con la transcripción fidedigna de las otras obras jurídicas alfonsíes.

Debemos reconocer que los fueros han merecido una especial dedicación de los editores, porque han sido considerados, además de su valor histórico, como testimonio lingüístico de importancia. En principio publicados por historiadores (recordamos la Colección de Fueros Municipales y Cartas Pueblas de Tomás Muñoz, Madrid, 1847) y posteriormente, a principios del s. xx, por lingüistas, paleógrafos e historiadores del Derecho7 se advirtió la necesidad de la colaboración entre historiadores, paleógrafos y lingüistas en una misma edición8. Aunque en principio no se hace más que sumar el estudio parcial de cada especialista, parece conveniente, dada la complejidad de los materiales, el trabajo conjunto de un filólogo y un historiador del derecho, como se da en la espléndida edición del Fuero de Úbeda (1979), donde además se agrega un estudio paleográfico.

Algo más debemos señalar, que importa a la edición misma, en este corpus tan especial que es el de los Fueros: la vinculación evidente o dependencia directa de unos fueros con respecto de otros anteriores ha permitido constituir «familias», como la Conquense; eso determinó que en muchos casos la edición se hiciera con textos enfrentados de varios fueros, en columnas paralelas o en franjas (caso de los Fueros de Zamora y de Salamanca) hasta llegar a la «edición sinóptica» de los Fueros de Alcaraz y de Alarcón, publicada por Jean Roudil (1968)9.

La historia tan particular de la redacción de los Fueros y su brevedad, facilitan este tipo de «edición sinóptica», que además de imponerse como necesidad textual es posible en términos editoriales y conveniente para los estudios lingüísticos. Jean Roudil la ha aplicado a un texto jurídico, la Suma de los nueve tiempos de los pleitos de Jacobo de Junta, el de las Leyes, con el fin de respetar la personalidad de cada una de las versiones de una tradición textual, lo que lleva al análisis minucioso de las variantes gráficas, además de las léxicas y de las secuenciales. El propósito es desplegar la materia lingüística del texto en el proceso de su transmisión. Así considerada, la edición sinóptica luce en todos sus valores y potencialidades; es válida aunque sea incongruente con los métodos y objetivos «normales» de una edición crítica.

La edición de un texto jurídico, o específicamente, de un fuero, plantea al editor el difícil problema de fijar un texto que vive en refundiciones y variantes múltiples, como el texto de un romance, en la tradición oral. El editor debe decidir entre elegir la mejor versión —lo que permite una buena lectura del contenido jurídico—, la edición sinóptica, que podríamos calificar como edición múltiple de los testimonios, y la edición crítica, que intenta reconstruir el texto de una de las versiones.

La «edición sinóptica» es factible para textos no muy extensos como es el caso de los Fueros. Pretender extender la edición de todas las versiones a un texto cronístico como la Crónica General o la Crónica de Pedro I y Enrique II del Canciller Ayala implica un esfuerzo sobrehumano e imposible económicamente. Para obviar estas dificultades materiales se ha propuesto, utilizando los avances de la electrónica, la edición bajo forma de un disquete en el que se contendría la ingente masa textual de una obra en todas sus variantes manuscritas, que el lector consultaría por libre elección, haciéndolas aparecer en la pantalla del monitor. Para un determinado segmento textual, podría disponer simultáneamente, todas las versiones o los textos emparentados. Bernard Cerquiglini 10 llega a formular el juicio siguiente:

«He aquí una actividad propiamente editorial, de gran amplitud, indispensable y jamás realizada, para la cual sólo la informática nos da los medios y, sin duda, la idea.»

Entendemos que es un juicio apresurado porque lo que se propone es editar un útil instrumento de trabajo, pero no la edición de un texto. El lector o el oyente medieval no leyó u oyó simultáneamente todas las versiones de un texto: bueno o malo, auténtico o contaminado o deturpado, dispuso de un texto. Hoy pretendemos ofrecer al lector contemporáneo un texto legible, precedido de una completa información sobre la historia del texto, sus testimonios, índices, glosarios, notas pertinentes y las variantes útiles para el lector erudito. Aún podría acompañarse un disquete con todas las versiones, con un programa para visualizar los segmentos semejantes; pero no podemos echar al olvido más de un siglo de trabajo de la filología románica tras una solución opinable que el mismo Roudil calificó con prudencia como «edición sinóptica experimental»11.


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II. Las crónicas e historias12

La «literatura histórica» de textos en español necesita ediciones críticas. Algunas obras cuentan con ediciones eruditas —enriquecidas con notas históricas y referencias a los varios testimonios conocidos—, que datan de la época de la Ilustración y muchas de ellas se deben a iniciativas y proyectos auspiciados por la Real Academia de la Historia a fines del s.
XVIII13, divulgadas en parte, en la BAE; textos sobre los que ha trabajado la investigación histórica hasta hoy.

Ya en el s.
XX, el magisterio de don Ramón Menéndez Pidal, en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, significó un aporte valioso para la aplicación de una metodología filológica actualizada en la edición de documentos y literatura histórica. Así la edición de los Fueros leoneses hecha por Américo Castro y Federico de Onís en 1916 y la de la Crónica de los Reyes Católicos de Mosén Diego de Valera, que publicó Juan de Mata Carriazo en 1927, como Anejo VIII de la RFE, antecedente de la «Colección de Crónicas Españolas» que Carriazo publicó en la década del 40.

Una cuidadosa descripción de todos los Mss. conocidos, un elaborado estudio histórico-documental, la selección de un texto base, que se editaba con las variantes notables a pie de página: hasta hace unos pocos años, estas fueron las cualidades de las buenas ediciones del s.
XX. En verdad, era la metodología aplicada por don Ramón a la edición de la Primera Crónica General, publicada en 190614 , a la que la reimpresión de 1955 sumará el estudio sobre las fuentes de cada capítulo.

Cuando Antonio G. Solalinde publica en 1930 la Primera Parte de la General Estoria15, escribe en la Introducción el mejor estudio textual que la filología hispánica haya llegado a elaborar sobre los mediados del siglo, integrado por una descripción codicológica exhaustiva, una evaluación comparativa de los 9 Mss. disponibles para la Primera Parte, en los que aplica con inteligencia el método de Dom Quentin, aun cuando declara que su edición no es una edición crítica. Dice esto porque transcribe el ms. A, procedente de la cámara regia y, a pesar de manejar los otros testimonios, no ha realizado el estudio de las fuentes. Describe extensamente su experiencia quentiniana que lo lleva a advertir que, al comenzar la clasificación provisional de los manuscritos, sólo encontró en A pequeños errores subsanables; pero realizado el cotejo de A con los otros Mss., ha comprobado errores y omisiones importantes, por lo que resolvió reunir en el repertorio de variantes aquellas que tienen valor para el establecimiento futuro de un texto crítico. Aunque no lo aplica en la constitución del texto, llega a construir un estema bien fundamentado.

Antonio G. Solalinde es el representante más destacado de la crítica hispánica de textos históricos en la etapa pre-ecdótica que llevamos hasta 1950.

La renovación moderna de la metodología de edición de los textos de «literatura histórica» en castellano se produce alrededor de los años 60 por la labor pionera de Luis Felipe Lindley Cintra y el empuje e inteligencia de Diego Catalán. El primero había renovado los estudios de la escuela de Menéndez Pidal al hacer un vasto y profundo examen de las relaciones entre los testimonios de la tradición de la Crónica General de España en los ss.
XIII y XIV, que lo llevó a establecer la prioridad del texto portugués de la Crónica General de España de 134416. Por su parte, Diego Catalán nos revela en la Presentación de la Crónica General de España de 134417, cómo es necesario renovar de raíz la metodología de edición, aun cuando haya largos estudios y trabajos previos realizados:

«Pero cuando después de difíciles negociaciones, obtuvieron los, microfilms de los originales, se convencieron de que era necesario prescindir de las copias modernas y leer nuevamente por entero los manuscritos, bien sobre fotografías, bien sobre los originales18.»   

Después de 60 años de trabajo interrumpido, pero siempre reanudado, era necesario retomar los testimonios nuevamente y cotejarlos en el marco referencial de toda la tradición manuscrita de la Crónica General, recurriendo además para la restitución del texto, a las fuentes cronísticas utilizadas. El trabajo de Diego Catalán se constituye en modelo de la metodología a aplicar, con sus debidas adaptaciones, a la edición crítica de la crónica castellana a fines del s. XX. Esa metodología había tenido anticipos en los estudios sobre la Estoria de España que Diego Catalán publicó en 196219 y tendrá aplicación en la Crónica del Moro Rasis (1974) y en la Gran Crónica de Alfonso XI (1977).

La metodología consiste básicamente en un demorado y profundo trabajo en la etapa de la recensio, en la que se hace el relevamiento y descripción codicológica y textual de cada uno de los testimonios; a esto se suma un estudio de la tradición del texto manuscrito y de los proyectos editoriales, si los hubo, con los que se integrará lo que puede llamarse la «historia del texto». La colación de variantes, siguiendo las normas de la Ecdótica20, en el marco de las referencias aportadas por la historia del texto, proporcionará las bases científicas para establecer los criterios de edición. Sobre estos estudios previos, las normas de constitución del texto crítico serán las apropiadas a ese texto en las condiciones en que hoy es posible estudiarlo.


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Conclusión

 Reiteramos que los textos históricos en castellano requieren hoy una edición crítica21. Siguiendo a J. Gutiérrez Cuadrado22 diremos que «los criterios sobre una edición crítica pueden ser distintos, pero creemos que una edición o es crítica, o está hecha sin criterios». Cuando por razones editoriales atendibles, como es el caso de las ediciones del Hispanic Seminary de Madison-Wisconsin23, se publiquen textos ciñéndose a un solo manuscrito, que no se empleen prácticas eclécticas indiscriminadas incluyendo lecciones arbitrariamente24, sino que el lector pueda estar seguro de que el texto del ms. seleccionado se reproduce fielmente.

Otro caso es el de la edición que se constituye sobre un texto de base, para el que la metodología aconsejable es la del Seminario Menéndez Pidal, con aplicación atinada de la normativa ecdótica.

Finalmente, el editor puede optar por la restitución del subarquetipo que es posible constituir en una tradición manuscrita tardía como la que, excepto el caso de los testimonios procedentes del scriptorium alfonsí, es norma general para la Crónica castellana.

El ingente trabajo editorial que aún está por realizarse requiere una apoyatura documental y de referencia que será ayuda valiosísima para la constitución del texto: Glosarios, índices de nombres, títulos y cargos, listas de topónimos y mapas con ubicación de lugares desaparecidos o despoblados, itinerarios regios. Trabajos hay dispersos en revistas o publicaciones, en donde su existencia es insospechable y que es necesario ubicar, reunir y reeditar con ordenados repertorios de referencias; otros que sistemáticamente habría que abordar. El final del siglo nos debe encontrar en condiciones óptimas documental y metodológicamente para la edición de textos históricos en español25.


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Notas:
  1. Ronzance Philology, XLV, 1, August 1991 (Univ. of California Press). Espec. págs. 73-101.Volver al texto
  2. Incipit, Buenos Aires (Seminario de Edición y Crítica Textual), desde 1981. Un panorama histórico y comprehensivo en vol. X, págs. 17-43.Volver al texto
  3. Edotica e testi ispanici (Verona, 18-20 de junio de 1981). Verona, Università degli Studi di Padova, 1982.Volver al texto
  4. «Observaciones» sobre la «Elaboración de ponencias» (Pabellón de España, s. a.): «La extensión de la ponencia no debe superar los 10 folios», «sería conveniente que los trabajos se orientaran a los aspectos fundamentales que, en un futuro próximo, deben ser estudiados profunda y sistemáticamente», «sería muy conveniente que las ponencias no se detuvieran en detalles nimios o polémicos, ni se remontaran innecesariamente hacia la historia de los problemas», «en la redacción de las ponencias debería intentarse una armonía entre el respeto a las investigaciones realizadas hasta el presente y la imprescindible búsqueda de nuevas vías que supongan un avance en la investigación de la lengua española».Volver al texto
  5. Gonzalo MARTÍNEZ DÍEZ, Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico, con índices y mapas, 3 vols., León, 1981 (Col. «Fuentes y Estudios de Historia Leonesa», núms. 2426).Volver al texto
  6. Fuero de Úbeda. Estudio preliminar de Mariano Peset y Juan Gutiérrez Cuadrado, estudio paleográfico de Josep Trench Odena. Edición y notas de Juan Gutiérrez Cuadrado. Valencia, Universidad - Secretariado de Publicaciones, 1979.Volver al texto
  7. Fuero de Guadalajara, por Hayward KENISTON (1924), Fueros Leoneses (Zamora, Salamanca, Ledesma y Alba de Tormes) por Américo CASTRO y Federico DE ONÍS (1916), Fuero de Estrella, por J. M. LACARRA (1927), Fueros de Aragón por Gunnar TILANDER (1937).Volver al texto
  8. El Fuero de Madrid lleva nota preliminar de Rafael Lapesa (1932 y 1963); en el Fuero de Coria hace el estudio histórico-jurídico José Maldonado y Fernández del Torco y la transcripción y fijación del texto, Emilio Sáez (1949), en Los Fueros de Sepúlveda, la edición crítica, Emilio Sáez y el estudio lingüístico y vocabulario, Manuel Alvar (1953).Volver al texto
  9. Les Fueros d'A1caraz et d'Alarcon. Edition synoptique avec les variantes du Fuero d'Alcaraz. Introduction, notes et glossaire par Jean Roudil. T. I: Introduction et texte. T. II: Glossaire, tableau de concordances et index. Paris, Klincksieck, 1968, 2 vols. (Bibliothèque française et romane. Série B: Textes et documents, nùm. 6).Volver al texto
  10. Bernard CERQUIGLINI, «La paraphrase essentielle de la culture scribale», CHLM, 14-15 (1989-1990), pág. 16.Volver al texto
  11. Véase la nota de G. ORDUNA en Incipit, VI (1986), págs. 103-105 y la reseña, en el mismo volumen.Volver al texto
  12. Para la caracterización de la «crónica» y la «historia» nos remitimos al trabajo de Bernard GUENÉE, «Histoire et chronique. Nouvelles réflexions sur les genres historiques au Moyen Age», en La Chronique et l'Histoire au Moyen Age, textes réunis par Daniel Poirion, Paris, Presses de l'Université, 1982, págs. 3-12. Volver al texto
  13. Nos referimos a la «Colección de las Crónicas y Memorias de los Reyes de Castilla».Volver al texto
  14. Primera Crónica General. Estoria de España que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289. Publicada por Ramón Menéndez Pidal. Tomo I. Texto, Madrid, Bailly-Bailliere e hijos, 1906 (NBAE, 5).Volver al texto
  15. ALFONSO EL SABIO, General Estoria. Primera Parte. Edic. de Antonio G. Solalinde, Madrid, 1930 (Centro de Estudios Históricos).Volver al texto
  16. Crónica Geral de Espanha de 1344. Edição crítica do texto português por Luis Filipe Lindley Cintra. Vol. I, Lisboa, 1951.Volver al texto
  17. Edición crítica del texto español de la Crónica de 1344 que ordenó el Conde de Barcelos, don Pedro Alfonso. Preparada por Diego Catalán y María Soledad de Andrés en el Seminario Menéndez Pidal de la Universidad de Madrid. Año de 1970. Madrid, Gredos, 1971 (Fuentes Cronísticas de la Historia de España, II).Volver al texto
  18. Op. cit., pág. X.Volver al texto
  19. Diego CATALÁN, De Alfonso X al Conde de Barcelos. Cuatro estudios sobre el nacimiento de la Historiografía romance en Castilla y Portugal. Madrid, Gredos, 1962.Volver al texto
  20. Al referirnos a la Ecdótica, pensamos en la preceptiva neolachmanniana surgida de la escuela italiana por el magisterio de Giorgio Pasquali (1934) y Gianfranco Contini (1935-1990) y que, en español, divulgó el Manual de crítica textual, de Alberto Blecua (1983).Volver al texto
  21. Hemos experimentado largamente esta metodología integrada con distintos procedimientos, según las etapas y materiales a tratar, con motivo de la edición crítica de las Crónicas de los Reyes de Castilla. La aplicación pura del método neolachmanniano hubiera desembocado en un texto disparatado dada la coexistencia de dos versiones que se han contaminado esporádicamente. La descripción textual, la collatio externa de los testimonios y las investigaciones para la historia del texto permitieron ordenar los testimonios en grupos homogéneos, en los que la metodología ecdótica neolachmanniana podía aplicarse con resultados óptimos y seguros. La entidad misma de los testimonios impide optar por un texto base: el único objetivo posible es la restitución del subarquetipo del cual procede toda la tradición conocida.Volver al texto
  22. Fuero de Úbeda, cit., pág. 44, n. 46.Volver al texto
  23. Los textos están destinados a constituir el corpus para elaborar el DOSL (Dictionary of Old Spanish Language).Volver al texto
  24. Nos referimos a la Corónica del rey don Pedro. Edición y estudio por Constance L. Wilkins y Heanon M. Wilkins, Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1985, donde además de continuar con la arbitraria división del texto hecha modernamente, se interpolan inconsecuentemente las variantes anotadas al margen del ms. A-14 por Zurita, dándolas como correcciones marginales del copista. Ocasionalmente se adoptan lecciones de otros manuscritos, a su vez contaminados, a pesar de las severas declaraciones de los responsables de la edición en cuanto al respeto de las lecciones del único manuscrito elegido.Volver al texto
  25. El uso inteligente de la computación para la 4.ª edición del BOOST, que encabeza el prof. Charles B. Faul haber, dará un instrumento más seguro para la ubicación de manuscritos así como la serie de discos de ADMYTE ofrecerá, por medios electrónicos, el acceso a manuscritos y primeros impresos que hoy son sólo accesibles en las grandes bibliotecas de Occidente. Los medios electrónicos han hecho posible la «limpieza» en pantalla del texto en códices seriamente perjudicados por manchas.Volver al texto
 

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