Centro Virtual Cervantes

Obras de referenciaCongresos de la lengua

Congreso de Sevilla

Inicio



 INVESTIGACIONES SINCRÓNICAS

Congreso de Sevilla
 

La investigación dialectal sincrónica en Hispanoamérica: presente y futuro
Humberto López Morales. Universidad de Puerto Rico

 
0. Introducción

La investigación dialectal en Hispanoamérica tiene tras sí una larga historia que nos es bien conocida, por lo menos hasta finales de la década del 601. De entonces acá, la tarea de historiar y analizar esa labor es algo más compleja, pero no difícil, aunque es objetivo ajeno al presente trabajo.

Nuestras consideraciones aquí deben partir de una exposición diáfana del concepto de dialectología, y consecuentemente, del de dialecto. Sin embargo, ni el uno ni el otro se prestan a ser presentados sin que medien discusiones, rechazos, al menos en parte, de propuestas epistemológicas ya muy asentadas, y valoraciones conflictivas de parámetros especificadores. Varios centenares de páginas se han escrito sobre esta cuestión y no es asunto de revivirlas.

Diré, sin el menor intento de polémica, que parto de la base de que un dialecto es un sistema comunicativo virtual, pero realizable, condición esta que lo aparta de la lengua. Rechazo abiertamente el que los dialectos estén constituidos por conjuntos de fenómenos peculiares: hacerlo así trivializa la disciplina, acercándola peligrosamente al folklore más epidérmico. Esos sistemas que son los dialectos se oponen a las lenguas en varios puntos; en primer lugar, son realizables, es decir, tienen hablantes. Desde este punto de vista, todo hablante es un hablante dialectal, mientras que nadie habla la lengua, etiqueta teórica (llena de imprecisiones, además) que rinde su tributo a la comunicación cotidiana: usar una lengua implica necesariamente el uso de uno de sus geolectos.

Otros factores, apenas discutibles desde la sincronía, son la dependencia, la parcialidad y la menor extensión, siempre marcados con valor positivo en el caso de los dialectos. Lo del prestigio, la funcionalidad limitada y la mutua inteligibilidad necesita de múltiples matizaciones. Cuando no se veía con claridad la existencia de estratificaciones sociolectales dentro de determinadas sintopías, se explicaba que se pensara en los primeros factores para oponer dialecto a lengua, pero hoy que tanto camino se ha andado ya en esa dirección, se sabe que los sociolectos altos de tales espectros son prestigiosos y carecen de limitación alguna para cualquier tipo de comunicación, dentro y fuera de comunidades de habla específicas. Lo de la mutua inteligibilidad para reconocer dialectos que pertenezcan a la misma lengua es arma de doble filo; a pesar de los reiterados intentos por dotar a este parámetro de una metodología analítica objetiva, los factores heurísticos —que tarde o temprano aparecen en esas consideraciones— no son convincentes. Aquí la historia y hasta diversos factores sociales y políticos (!) adquieren una responsabilidad inusitada que, técnicamente, no se sostiene.

Dentro de este marco teórico, que podría parecer a algunos amplio en exceso y que está lejos del consenso de los investigadores, van ensambladas las consideraciones y sugestiones que siguen.

Subir

1. Bibliografía

El último y más solvente de los trabajos bibliográficos sobre dialectos hispanoamericanos es el de Carlos Solé (1990). Es verdad que sus objetivos desbordan (pero no con mucho) el de los estudios dialectales, y es verdad también que la amplitud geográfica, por un lado, y el extenso período estudiado, por otro (1920-1986) hacen de esta bibliografía un instrumento limitado, aunque imprescindible.

No es necesario encarecer aquí los beneficios de los recuentos bibliográficos, sobre todo en un continente como el nuestro en el que la incomunicación científica sigue siendo una constante. Hay que aplaudir, por tanto, los esfuerzos institucionales e individuales por actualizar nuestros saberes bibliográficos, aunque estos se limiten a pequeñas (y no tan pequeñas) parcelas de geografía.

En este sentido me complace anunciar la publicación —para principios de 1993de los dos primeros cuadernos bibliográficos de la colección El español de América que patrocina la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina (ALFAL): Argentina, Uruguay y Paraguay, cuaderno 4, preparado por Nélida Donni de Mirande, Adolfo Elizaincín y E. Coll, y Germán de Granda respectivamente, y Las Antillas, cuaderno 3, preparado por H. López Morales. La empresa no ha hecho más que comenzar; quedan pendientes la publicación de otros ocho cuadernos —ya en proceso de elaboración— constituidos, además del primero de Generalidades, a cargo de Carlos Solé, y del último, de Índices por: el 2. América Central, el 5. Colombia y Venezuela, el 6. Ecuador, Perú y Bolivia, el 7. Chile, el 8. Estados Unidos, y el 9. México.

Será obra, como todas las de este tipo, que tendrá lagunas (esperemos que pocas, dado el trabajo in situ de los especialistas que la elaboran) y que avejentará pronto. Es necesario, por lo tanto, que se revise y se ponga al día cada diez años como período máximo.

Estos Cuadernos bibliográficos, primeros de una serie de tres, no deben, en modo alguno, desalentar otros trabajos bibliográficos, sobre todo los repertorios críticos y comentados, y mejor aún, los estudios monográficos que ofrezcan un status quaestionis.

Trabajo en principio paralelo son los índices de revistas. No se trata, sin embargo, de una duplicación de esfuerzos. Los Cuadernos tienen fechas —límite específicas y recogen fundamentalmente investigaciones dialectales. Nuestras revistas especializadas— ¿llegaremos a tener alguna vez un inventario exhaustivo?— muchas de ellas desconocidas más allá de los límites nacionales (e incluso regionales), traen artículos de otras disciplinas lingüísticas o referidos a épocas que escapan al interés de los Cuadernos.

Tres revistas hispanoamericanas —el Anuario de Letras (México), la Revista Argentina de Lingüística y el Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española— fueron completamente despojados para el primer número del Índice de revistas que publica cada dos años la ALFAL, como boletín suplementario de su revista Lingüística. El proyecto ha pasado ahora a la Universidad de Alicante, donde ya se prepara el segundo número. Es empresa que no debe decaer bajo ninguna circunstancia.

Subir

2. Colecciones de corpora

Es bien conocido el Proyecto de estudio coordinado de la norma culta de las grandes ciudades del mundo hispánico, gracias al informe último —aparecido en formato de libro— de su creador, Juan M. Lope Blanch (1986)2. Un aporte importante de dicho proyecto es la publicación de los llamados «materiales para el estudio», que reproducen un número determinado de textos. Aunque existe una gran variedad entre el tipo de entrevista, la proporción que estas alcanzan en las publicaciones y los criterios de transliteración, los materiales americanos publicados ya (México, Caracas, Santiago, Bogotá, Buenos Aires, Lima y San Juan3) constituyen un relevante conjunto de corpora para el análisis de la morfosintaxis y del léxico de este sociolecto en muy diferentes puntos del hemisferio.

Un proyecto, patrocinado por la ALFAL y por la Universidad de Las Palmas, ha seleccionado una muestra textual paralela de todos los materiales publicados y de los que aún permanecen inéditos (La Habana y La Paz) y los está reproduciendo en soporte magnético4. Las siete horas que integran cada unidad urbana están estructuradas de la siguiente manera.

Para lograr tal uniformidad —y facilitar con ello las operaciones estadísticas de cualquier comparación— ha habido que renunciar a varios tipos de entrevista (la secreta, la formal, etc.) y trabajar con la más común; la abierta, de tema libre, hecha con intervención del entrevistador (de 30 minutos cada una, aproximadamente), la única selección que nos permitían hacer los materiales publicados; con todo, en tres casos ha sido necesario solicitar textos inéditos para completar algunas celdas. Este material estará disponible a partir de abril de 1993, y esperemos que muy pronto puedan estar también las concordancias de todos los materiales, que estarán igualmente accesibles, pero en microfichas.

En algunas de estas ciudades —de momento, solo en México (Lope Blanch, 1976)— se ha recogido otro corpus de norma popular, pero, dadas las exigencias de la investigación dialectal actual, se prefiere trabajar sobre corpora que representen una estratificación social más rica. Lo ideal sería llegar a reunir un conjunto de megacorpora, al estilo del de Ottawa, diseñado por Shana Poplack (1988), el más completo de los varios corpora canadienses, pero el costo quizás fuera excesivo para las tambaleantes y misérrimas dotaciones de nuestros centros e institutos de investigación lingüística. Sin duda un punto intermedio, plausible y con muchas posibilidades de éxito, sería el modelo de Caracas, recomendado en su comunicación a este encuentro por Carmen Silva Corvalán. La Comisión de Sociolingüística de la ALFAL, coordinada por Paola Bentivoglio y Mercedes Sedano, las diseñadoras del corpus venezolano, tiene entre sus prioridades más inmediatas la de orientar y ayudar a todos los interesados en la confección de tales materiales, cuya utilidad extraordinaria no necesita de encarecimientos5.

Subir

3. Dialectología 1. Geolingüística

3.1.1. Atlas de pequeño dominio

La situación de la investigación geolingüística en Hispanoamérica es muy heterogénea: existen zonas como Puerto Rico que cuentan con trabajos minuciosos y hasta excelentes para su época (Navarro Tomás, 1948, pero el levantamiento de datos se llevó a cabo en el año académico 1927-28), mientras que otras —muchas, lamentablemente— se encuentran por completo inexploradas. Con excepción del gran atlas colombiano, producto de la titánica institución que es el Instituto Caro y Cuervo, ningún otro país de América cuenta con un atlas nacional, porque el trabajo, ejemplar, de Berta Elena Vidal de Battini (1964) para la Argentina, no puede considerarse en rigor un atlas lingüístico. Existen atlas de fronteras más limitadas que las nacionales, pero son pocos (Cárdenas, 1967; Araya, 1968); Araya, et alii (1968), y este último inconcluso, aunque no han faltado muchas buenas intenciones, que no han pasado de eso6.

En estos momentos se trabaja en el Atlas de México, del que ya ha salido su primer volumen (Lope Blanch, 199l), en el de Costa Rica, en el de Cuba, en el de Venezuela, el del norte de Chile, en el de la Argentina y en el del Uruguay7 . Es de desear que algunos de estos trabajos lleguen a buen puerto, y que otros desfallezcan o sean completamente replanteados, como el calamitoso proyecto cubano, anclado en un pasado remoto e insolvente8. También sería deseable que fructificaran las investigaciones geolingüísticas en otros puntos de posible gran interés, pero ahora sería aconsejable esperar a la culminación del gran Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, y planificar los nuevos trabajos a partir de aquí, refinando y particularizando cuestionarios, estrechando redes y, por supuesto, manejando todas las técnicas modernas del computer ploter, que facilitan, agilizan y abaratan la producción cartográfica. Dentro de muy poco se dispondrá de un excelente modelo, que convendría imitar: el Atlas Lingüístico de Castilla-La Mancha (García Moutón y Moreno, 1988), extraordinario desde muchos puntos de vista.

3.1.2. Atlas de gran dominio

Hay grandes esperanzas puestas en el Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, que se está llevando a cabo bajo la dirección de Manuel Alvar y de Antonio Quilis. (cf. Alvar, 1991 para una exposición de principios y de metodología). Sobre un cuestionario preparado ad hoc se encuestan puntos de todo el continente; los datos relativos a Las Antillas, en cuya recogida intervino, además de los directores, María Vaquero, ya están completamente cartografiados y constituyen el material del primer volumen. El levantamiento de datos de la América Central está terminado, y se encuentra avanzadísimo el de Ecuador y el de Bolivia; en estado intermedio, el de Perú, donde ha colaborado Rocío Caravedo. En diciembre y enero de 1993 se iniciarán los de Chile y se dará un gran impulso a los de la Argentina. En la primavera de 1993 comenzará la recogida en México, con la ayuda de un equipo local.

Aunque ningún mapa ha salido todavía de la imprenta, ya son varios los trabajos publicados con datos de estas encuestas: vid. Quilis (1991) para un estado de la cuestión; añádase, Vaquero (1986, y 1988 en prensa a y b).

Este Atlas reviste una importancia sobresaliente; tal es así, que a pesar de trabajar con redes amplísimas —como corresponde a un trabajo de esa naturaleza— no son pocos los fenómenos del español americano, inéditos hasta ahora, que están haciendo su aparición; tampoco son desdeñables los casos de modificación total de antiguas isoglosas, trazadas —eso sí— un poco en el aire, sin fuerte apoyo empírico como en este caso. Nadie sabe qué sorpresas —ni cuántas— esperan al estudioso del español de la otra orilla del Atlántico con la culminación de este preciado atlas, ni qué fisonomía tendrá cuando esté concluido el riguroso peinado a que se está sometiendo el continente, en una obra sin precedentes en la cartografía mundial9.

El proyecto, que sin duda llegará a su culminación, merece todo tipo de ayudas y el concurso de cuantos esfuerzos sean necesarios.

Subir

3. Dialectología 2. Estructura de los dialectos

3.2.1. Fonología

3.2.1.1. A pesar de que el citado proyecto de la norma culta dispone de un amplio corpus oral, las investigaciones fonéticas (y fonológicas) que han sido hechas hasta la fecha sobre estos materiales son muy limitadas. El cuestionario que debe ser cumplimentado está concebido en términos descriptivos, con una especie de simbiosis de estructuralismos y dirigido a la actuación lingüística; es sumamente exhaustivo y riguroso, por lo que daría pie para la confección de inventarios de fonemas, de su alofonía respectiva, de neutralizaciones y de otros fenómenos. Una buena base, sin duda, para lanzarse después por otros derroteros teóricos, si fuera este el caso. El fomento de tales estudios sería, por lo tanto, doblemente beneficioso.

3.2.1.2. Los estudios de fonética acústica (en general, y los que trabajan sobre norma culta) son abrumadora y exquisita minoría. Todavía los elementos segmentales han recibido alguna consideración (como el vocalismo sanjuanero, trabajo ejemplar de María Vaquero —en prensa—, hecho sobre más de mil espectrogramas), pero otros factores suprasegmentales, excepción hecha de algunos estudios porteños, están aún a la espera de atención.

Si una pequeña cala como la realizada por Antonio Quilis (1986) con la entonación mexicana y puertorriqueña (añade en la comparación datos de Madrid y, en menor medida, de Las Palmas) ha dado frutos muy apreciables, es de imaginar que trabajos sistemáticos y coordinados terminen por hacernos conocer la realidad acústica de los dialectos hispanoamericanos.

Se comprende que este tipo de análisis necesite de instrumental especializado, cuya obtención depende de factores ajenos a la ciencia (en la mayoría de las ocasiones). No creo, sin embargo, que ello sea obstáculo insalvable. Aunque aún no ha sido completado el inventario de laboratorios de fonética (y de los equipos que los integran) de Hispanoamérica —labor que lleva a cabo la ALFAL— ya sabemos que en varias partes del continente y, claro está, en muchos centros universitarios de los Estados Unidos, como el de Provo (Utah) se dispone de equipo moderno y accesible, previo acuerdos y pequeños convenios. Aquí más que nunca se impone la colaboración intercontinental, más que eso, internacional, porque sería muy sorprendente que los laboratorios españoles no se mostraran entusiasmados ante este tipo de cooperación; en algunos casos (Alcalá de Henares, Las Palmas) me consta que las puertas están bien abiertas desde ahora mismo.

3.2.1.3. A partir de la década del 70, la proliferación de enfoques en el estudio fonológico de los dialectos hispanoamericanos ha sido considerable. Varios volúmenes recientes han reemplazado (o han intentado reemplazar) a los modelos tradicionales de análisis, ofreciendo diversos y estimulantes panoramas teóricos: sirva de ejemplo las antologías de artículos clave y las colecciones de actas de simposios y congresos (López Morales, 1978; Morales y Vaquero, 1979; Morales, 1980, Scavnicky, 1980; Alba, 1982; Núñez Cedeño et alii, 1986 Hammond y, Resnick, 1988; y Bjarkman y Hammond, 1989).

La etapa estructuralista de estos estudios fonológicos puede considerarse cerrada en 1975, aunque bien es verdad que los pocos trabajos inspirados en Praga y en el formalismo norteamericano no fueron ni numerosos ni influyentes. Fracasada la aventura neoestructuralista de Saporta y Contreras (1962) pocas avenidas de interés quedaban disponibles. La nueva época tiene su antecedente más notable en el estudio de James Harris (1969) sobre el dialecto de la ciudad de México, en el que aplica las bases teóricas y los instrumentos analíticos introducidos por sus maestros, Noam Chomsky y Morris Halle. No es que no haya habido antes otros intentos de hacer fonología generativa aplicada a los dialectos hispanoamericanos, —cf. Saporta (1965) y su alumna Sableski (1965), que trabaja con el español panameño— pero las propuestas de esta última no lograron mantenerse (vid. López Morales, 1976).

En honor a la verdad debe especificarse que el trabajo de Harris fue sometido también a serias críticas, en general, debido al excesivo abstraccionismo de la teoría ortodoxa; el capítulo —breve, pero intenso— protagonizado por la llamada fonología generativa natural, traída al español americano por Juan Hooper (1973, pero publicado en 1976) hizo tambalear seriamente el futuro del modelo estándar, sobre todo, tras los estudios de Rafael Núñez Cedeño y de Tracy D. Terrell. Por otro lado, las nacientes tendencias de la moderna sociolingüística variacionista y sus propuestas de revisión de los postulados chomskyanos (cf. López Morales, 1985), ganaron adeptos que pronto se unieron al concierto de voces, cada vez más potentes, que actuaban bajo la batuta de William Labov. Las controversias entre generativistas y variacionistas tuvieron desde temprano su mejor escenario en el Caribe hispánico, en el marco de los simposios de dialectología de esa región, iniciados en 1976 en la Universidad de Puerto Rico. Quien acuda a las actas citadas con anterioridad, las encontrará parcialmente documentadas.

A pesar de toda la actividad desplegada en estas últimas décadas por la fonología generativa, muy poco fue lo conseguido, al margen de una leve mezcla de adecuación descriptiva, muy deudora del estructuralismo norteamericano y de serias intenciones explicativas de los modelos transformatorios. Este período, casi periclitado del todo, sirve de preludio a una nueva etapa de revisión radical y auténtica de modelos teóricos previos, etapa caracterizada por el nacimiento de los enfoques no segmentales o lineales en el análisis fonológico.

Ahora que puede pasarse revista al trabajo generativista realizado entonces, se echa de ver que, con demasiada frecuencia, consistían en utilizar datos lingüísticos procedentes de nuestros dialectos para ponerlos al servicio de mecanismos explicativos, adjuntos a una visión teórica dada. Con todo, se trataba de intenciones más plausibles que los enjutos (y en ocasiones enclenques) esquemas estructurales, que se contentaban con reordenar y volver a reordenar datos muy conocidos ya de acuerdo a ciertos prerrequisitos metodológicos de superficie.

Los nuevos aires, por el contrario, construyen y rechazan modelos con el objeto de buscar una adecuación explicativa satisfactoria y no con el mero fin de justificar un enfoque teórico específico. Las ondas expansivas de los nuevos marcos —que tratan de salvar viejas deficiencias, como la total desatención a la sílaba, por ejemplo— son elocuentes y variadas: Stampe (1979), sienta las bases de la nueva fonología natural; Leben (1979), las de la fonología suprasegmental; Kahn (1979), las de la fonología métrica; Clements y Keyser (1983), las de la llamada fonología CV (consonantes-vocal) y Mohanan (1986), las de la fonología léxica. Desde estas fechas de publicación, y aun de antes, cuando estos trabajos circulaban inéditos, los nuevos modelos propuestos eran sometidos a ampliaciones, refinamientos y modificaciones. Los seguidores no se hicieron esperar, y casi de inmediato varios dialectos hispanoamericanos entraron en escena —especialmente los caribeños— como populares objetos de análisis; los nombres de Bjarkman, Guitart, Hammond, Harris y Núñez Cedeño, aparecen repetidamente en las bibliografías actuales.

Se observará que todos los protagonistas hispánicos de esta nueva época ejercen su docencia en universidades norteamericanas; el eco de sus interesantes discusiones —los del alargamiento vocálico compensatorio ante /s/ elidida, por ejemplo— es, hasta el momento, prácticamente nulo en Hispanoamérica, donde las posturas que ganan terreno poco a poco son las del variacionismo sociolingüístico: así ocurre en los trabajos fonológicos realizados en Puerto Rico, la República Dominicana, Venezuela, Perú, Chile y la Argentina.

Se pensará que dado el grado de indigencia informativa que aún hoy nos caracteriza, al menos para múltiples zonas dialectales, es un tanto banal que nos preocupemos por teorías que se mueven, además, en altos niveles de especulación. Todo depende, por supuesto, de las concepciones sobre lo que es la teoría lingüística de la que se parta, y de las preferencias inductivas o hipotético-deductivas que el investigador establezca en su trabajo.

Es muy cierto que sin datos (preferiblemente novedosos) no hay nada que hacer, pero es cuestión de preguntarse cuán exitoso podría ser cualquier intento de describir, ordenar y clasificar esos datos sin una teoría previa que comience por definir qué datos son los que deben centrar el análisis. Los saberes teóricos son previos y necesarios, aun en aquellos casos en los que se persigue alcanzar solo un nivel de descriptivismo, sin mayores implicaciones. Pero las nuevas teorías, fundamentalmente emanadas de los Estados Unidos, son —salvo las excepciones de siempre— desconocidas o ignoradas (a propósito) en grandes parcelas de nuestro mundo hispánico y no sólo el americano.

No es cuestión, desde luego, de abrazarse al último modelo por lo que implique de novedad; lo esencial es conocerlo para, a posteriori, decidir si vale la pena adscribirse a él. No deja de resultar un tanto desconcertante revisar trabajos de fechas cercanas a nosotros y encontrar en ellos andamiajes teóricos muy endebles o una mera acumulación de información, que resulta difícil o imposible de manejar para propósitos comparativos.

En este punto, la principal recomendación es informarnos sobre las teorías fonológicas vigentes, de qué nos ofrecen y de si esas ofertas satisfacen nuestras necesidades y expectativas. Si ese no es el caso, sigamos con Praga o con el formalismo norteamericano; siempre sabremos interpretar lo que esos trabajos significan y qué podemos aprovechar de ellos. Contra lo que prevengo es gastar energía, tiempo y esfuerzo en una colecta atomista por lo peregrinos que estos datos pudieran resultar. Si no nos sentimos con fuerza para adelantar mecanismos explicativos, describamos bien los datos de acuerdo a una teoría conocida; siempre serán valiosos y estimables.

Creo, sin embargo, que una buena parte de la fonología de los dialectos hispanoamericanos no puede ser explicada satisfactoriamente desde dentro de la dialectología pura, sino a través de un análisis sociolingüístico, y no me refiero exclusivamente a los casos de cambios lingüísticos en marcha. De momento, el estatuto de la llamada dialectología social es asunto controvertido, y no conviene entrar aquí en tal polémica.

Subir

3. Dialectología 2. Estructura de los dialectos

3.2.2.
Morfosintaxis

Si la fonología, que tras la lexicografía ha sido la más favorecida de las disciplinas lingüísticas (en cuanto a cultivo se refiere) presenta un panorama un tanto desolador (no incluyo aquí los estudios sociolingüísticos), es fácil imaginarse la perspectiva que se contempla al acercarnos a la morfosintaxis.

3.2.2.1. Dentro de esta realidad un tanto precaria destacan los estudios de la norma culta. México, seguido de San Juan son las ciudades más estudiadas en cuanto a la morfosintaxis, pero son excepciones a la regla. La mayoría del caudal que ofrecen estos corpora continúan inutilizados, convertidos en terra incognita.

Aquí la recomendación más enérgica va en dos direcciones: primero, continuar (o iniciar, según sea el caso) las investigaciones en esta línea, y segundo, tratar de publicar lo ya estudiado, hacerlo accesible a los colegas interesados. Recuérdese que el material del que hablamos puede utilizarse, no solo para satisfacer las tímidas demandas del Cuestionario (finalidad que en ocasiones se torna poco atractiva), sino para explorar y reflexionar desde cualquier ángulo teórico, pero sobre una buena base empírica.

No ignoro que el acceso a la letra impresa se hace cada día más difícil y costoso, y que pocos centros disponen de las facilidades editoriales de la UNAM o del Instituto Caro y Cuervo. Sin embargo, existen otros medios de reproducción más asequibles, sin olvidar las revistas especializadas, que podrían acoger en sus páginas una buena parte de esa información.

3.2.2.2. Si excluimos algunos estudios de lenguas en contacto, es poco —al margen de las universidades norteamericanas— la investigación realizada partiendo de algunos de los modelos más actuales: ahí está la nueva versión, del estado de la cuestión de los estudios sintácticos basados en el tercer gran modelo chomskyano de Margarita Suñer (1990). De nuevo aquí parece haber sido la sociolingüística la que ha conseguido más adeptos en Hispanoamérica; díganlo si no las páginas de la comunicación de Silva Corvalán a este mismo encuentro, a pesar de que su objetivo no sea el de ofrecer un recuento (y mucho menos exhaustivo) de este quehacer.

Las causas de semejante desinterés, incluso por un modelo como el de rección y ligamento que —a mi juicio— rescata el tremendo entusiasmo despertado por el modelo estándar, tienen que ver con dos puntos importantes. El primero va unido al pragmatismo imperante por lo común en la investigación lingüística hispanoamericana, poco dada a recibir con beneplácito teorías exóticas cuya finalidad práctica no se vea de inmediato y diáfanamente. La segunda es la ausencia de difusión en nuestro continente (excepción hecha de Brasil) de los nuevos rumbos del pensamiento gramatical. ¿Cuántos conocen, por ejemplo, el manual introductorio de Francesco D’Introno (1985), publicado en Caracas, siendo como es un esfuerzo serio y logrado por hacer accesible el modelo de principios y parámetros?

Se argumentará —y acertadamente— que son razones ajenas a la lingüística y, en ocasiones, hasta a la vida de la cultura en general, las que impulsan estos vacíos: libros desconocidos, escritos en lenguas no accesibles, caros, difíciles de conseguir, y un largo etcétera.

Creo que nunca se lamentará lo suficiente la desaparición del Programa Interamericano de Lingüística y Enseñanza de Lenguas (PILEI), sobre todo por los espléndidos seminarios de actualización que celebraba con cada uno de sus congresos. La ALFAL, que está lejos de contar con el sólido soporte económico de que disfrutó el PILEI, ha empezado, aunque con modestia, a tratar de revivir esa tradición; cualquiera que haya ojeado la segunda circular de nuestro próximo congreso veracruzano verá allí el testimonio de este propósito.

Cuando se revisan algunos trabajos recientes y se descubre en la Caracas de hoy la existencia de estructuras oracionales insólitas —«Yo vivo es en Caracas»— no documentadas con anterioridad, uno se pregunta si de no tratarse de un neologismo, todavía nos aguardan muchas más sorpresas de este tipo. Y uno se pregunta, además, si es que las investigaciones no han sido exhaustivas, o han carecido del suficiente apoyo empírico. Si a esto añadimos, no ya carencias metodológicas sino desamparo teórico, la conclusión es que queda muchísimo por hacer en el estudio de la morfosintaxis de los dialectos hispanoamericanos. ¿Qué pautas deberían guiar esos trabajos? Creo que las dictadas por la colaboración continental: temas comunes que ahora solo se vislumbran con timidez, como el retroceso de las formas de subjuntivo, el reajuste aspectual de los tiempos de pasado, el avance del sujeto explícito en construcciones de infinitivo, la creciente frecuencia de núcleos perifrásticos de frases verbales, la anteposición o posposición del sujeto, los distintos patrones en el uso de clíticos, para mencionar solo unos pocos ejemplos. Verdad es que ya existen estudios, algunos excelentes, sobre todos estos problemas, pero están limitados a dialectos específicos. Son trabajos que no nos permiten saber si se trata de comportamientos idiosincráticos particulares o sí, por el contrario son modificaciones globales que van camino de modificar aspectos importantes de la gramática española.

Subir

3. Dialectología. 3. Lexicografía

Aunque un estudio a fondo y actualizado del trabajo lexicográfico en Hispanoamérica está por realizar, sabemos que los esfuerzos por confeccionar diccionarios de regionalismos han sido muchos y reiterados. Un recuento historiográfico puntual nos hablaría de la ingente cantidad de entusiasmo y dedicación desplegado por muchos hombres inquietos y curiosos desde el siglo
XIX hasta hoy.

3.3.1.
La amplia colecta, sin embargo, no puede dejar satisfecho al lexicógrafo de nuestros días: concepciones teóricas (en el caso de que las haya habido) trasnochadas, metodologías tambaleantes y recursos limitadísimos son las razones de que, a pesar de las docenas de volúmenes, nuestra información léxica de los dialectos de Hispanoamérica sea completamente insuficiente.

Más de un proyecto colectivo por llegar a producir un gran diccionario de hispanoamericanismos ha naufragado con mayor o menor estrépito: el de Hamburgo, el del Instituto de Lexicografía Hispanoamericana Augusto Malaret, por ejemplo.

Por fortuna, estas catástrofes no han impedido el nacimiento de nuevas aventuras lexicográficas, igualmente ambiciosas: el Proyecto de Ausburgo sigue adelante con paso firme bajo la dirección de Günther Haensch; esperemos que su jubilación docente no lo aparte de estos derroteros. Los impresionantes ficheros alemanes se nutren a diario de la información de un escogido grupo de colaboradores hispanoamericanos que trabajan en diccionarios de sus respectivos países. Haensch ha expuesto, en multitud de artículos y comunicaciones a congresos, todo lo relativo al proyecto que tiene, entre otras muchas, la ventaja de ser una investigación coordinada y actualizada científicamente.

Como en toda obra colectiva, el proyecto general está en muy diversas etapas de elaboración: el diccionario colombiano está a punto de salir de las prensas del Instituto Caro y Cuervo, el manuscrito del uruguayo ha sido terminado recientemente, el chileno y el argentino se encuentran muy avanzados, pero otros muchos no han pasado de las etapas iniciales de la colecta. Es proyecto encomiable que debe ser apoyado con entusiasmo.

3.3.2. Al margen del proyecto de Ausburgo la labor lexicográfica hispanoamericana se ha desempeñado con vaivenes y altibajos: desde el meritísimo Diccionario de venezolanismos (del que solo disponemos del primer volumen) elaborado por María Josefina Tejera (1983) sobre papeletas reunidas durante años por el Instituto de Filología Andrés Bello (muchas de ellas, de puño y letra de Ángel Rosenblat) hasta el modestísimo Diccionario de voces coloquiales de Puerto Rico, de Gabriel Vicente Maura (1984).

Los problemas principales a los que se ha enfrentado la investigación (y a los que enfrentará en lo futuro) son de diverso orden. Grave es, sin duda, lo relativo a la selección de unidades lexicográficas para las nomenclaturas, grave porque no parece haber acuerdo sobre el concepto de hispanoamericanismo en general, y de los diferentes -ismos en particular (peruanismos, cubanismos, bolivianismos, etc.); grave, porque en la mayoría de estos trabajos es asunto que ni siquiera aparece planteado como problema, como algo que merite reflexión y estudio. Las consecuencias inmediatas de esta ausencia de definición ha sido la acumulación de muchos materiales misceláneos y de clasificación inaceptable. Las definiciones ad usum coinciden en afirmar con la Academia Española que un (hispanoamericanismo) es «un vocablo, acepción, locución, giro o modo de hablar —subrayo— propio, peculiar y privativo de un determinado lugar de América», y los diccionaristas, por su parte, de manera cuasi dogmática, parecen haber establecido ciertos parámetros para delimitar sus -ismos, pues la mayoría suele trabajar con el uso, privativo según creen, de determinado país, la dispersión diatópica (dentro de este), el grado de cultura de quienes emplean los términos y el lugar de origen de los vocablos.

En realidad este último parámetro debería ser el adecuado; el origen de un término es lo único importante; todo lo demás es circunstancial, pues en nada afectan la ‘nacionalidad’ de un vocablo las peripecias de su migración, su apogeo o desuso, o su asentamiento en determinados sociolectos. Casi todos estos diccionarios tienen el mismo pecado original: dan por ecuatorianismo, pongo por caso, ciertos lemas sin comprobar que, por su origen, lo sean realmente. Claro que este tipo de investigación no es fácil de llevar a cabo (quizás tampoco sea importante) ni siquiera acudiendo a modernas técnicas lexicométricas. Salvo en muy contados casos, la extraordinaria difusión diatópica de los lexemas conspira contra esta tarea. No son excepcionales los casos en que el lexicógrafo cree estar en presencia de un término, digamos nacional, que sin embargo, se usa intensamente en otros sitios.

Al margen de problema tan crucial se encuentran otros nada desdeñables: los relacionados con la preparación de las microestructuras. La lexicografía actual es tan exigente, rigurosa y compleja en este sentido que prácticamente imposibilita el trabajo aficionado, o al menos, lo convierte en anacronismo reprobable desde la fecha misma de su publicación10.

3.3.3. Salvo excepciones—nunca mejor dicho que honrosas— por estos rumbos ha caminado nuestra lexicografía; una de las más ilustres ha sido la de Augusto Malaret (1917, 1937). El diccionarista no habla de puertorriqueñismos sino de «provincialismos de Puerto Rico»; el título mismo de su diccionario muestra el intento de recoger aquellos términos usados en el país, independientemente de su origen y de accidentes más o menos fortuitos, como su expansión diatópica. Tan pronto como se abre este diccionario se ve que la intención de su autor no fue la de confeccionar un catálogo léxico de voces de Puerto Rico, en el sentido de autóctonas, y mucho menos de exclusivas (aunque también las hay), sino más bien la de recoger aquellas que tenían vigencia en esa comunidad de habla, aunque fuesen compartidas por otras comunidades americanas o con algunas regiones españolas, pero que no pertenecieran al léxico oficial. Aquí por fuerza han de convivir términos oriundos y —en apariencia— de vida circunscrita a las fronteras del país, que no serán muchos, con otros de más amplio radio vital y pasaporte foráneo.

Es la misma postura que siguen hoy los proyectos lexicográficos computarizados de nuestro continente, que rechazan efectuar la colecta de las pocas docenas de voces estrictamente nativas y van en busca de la norma léxica local.

La léxico-estadística no es nueva en Hispanoamérica: de 1952 son los dos volúmenes del Recuento de vocabulario de Puerto Rico, realizados bajo la dirección de Ismael Rodríguez Bou. Esta y otras empresas léxicas emanadas del Consejo Superior de Enseñanza tenían fines pedagógicos: perseguían describir la norma léxica, conocer el vocabulario de los escolares, sus logros y sus desconocimientos, con el fin de que la escuela pudiese planear con bases objetivas el aprendizaje del léxico materno.

Pero desde 1964, año inaugural de la serie The Romance Languages and their Stuctures, cambió el instrumental metodológico de estos trabajos; fiel a las posturas de Alphonse Juillang, aunque con revisiones y refinamientos, es el Léxico básico del español de Puerto Rico de Amparo Morales (1986). Desde otros planteamientos teóricos y con fórmulas muy diferenciadas se desarrolla el proyecto de Diccionario del español de México, que elabora un equipo dirigido por Luis Fernando Lara (1974, 1987). Ambos trabajos, únicos hasta ahora en Hispanoamérica11 persiguen objetivos paralelos: descubrir los pocos miles de vocablos que integran la competencia léxica de la comunidad.

Se trata de trabajos que revisten cierta urgencia, dada la polifuncionalidad (no solo satisfacer demandas de conocimiento dialectal) que revisten. Invitamos a todos los interesados a aprovechar la experiencia, la bibliografía, el programa computacional y la ayuda que el Instituto de Lingüística de Puerto Rico puede proporcionar en este sentido.

La descripción de la norma léxica dialectal (generalmente se trata del sociolecto alto) incluye el estudio de la estructura genética de ese vocabulario: léxico patrimonial, hispanoamericanismos (criollismos, indigenismos) más préstamos antiguos (afronegrismos) y modernos (galicismos, italianismos, anglicismos, etc.). Aunque, si bien no abundan tampoco son escasos, los estudios —lexicográficos o no— de esta última naturaleza, los que van en busca de la densidad de esos elementos en la norma dialectal, suelen arrojar resultados elocuentes, desde luego muy alejados de las interminables listas de muchos diccionarios que, por el contrario, persiguen como objetivo principal ofrecer nóminas exhaustivas de indigenismos, afronegrismos, etc., independientemente de su dispersión diatópica y, sobre todo, de su delimitación cronológica12.

3.3.4. Desde luego que estos mismos análisis pueden ser efectuados, conjuntamente con los de estructura morfológica y semántica, sobre otros tipos de recuento. Me refiero a los Léxicos de la norma culta, por una parte, y a los léxicos disponibles, por otra.

Los léxicos de la norma culta forman serie con los diccionarios de frecuencia, aunque sus bases teóricas y sus aparatos metodológicos difieran sustancialmente. Se trata en todo caso de cómputos de unidades presentes en la actuación lingüística, bien esté manifestada a través de texto corrido, bien en forma de respuestas a un cuestionario. Los léxicos publicados ya (México, San Juan y Santiago) y los que aún esperan turno para la imprenta (Caracas)13 van constituyendo un corpus léxico apreciable, sobre el que ya se han efectuado varios estudios, principalmente de anglicismos (Lope Blanch 1979; López Morales, 1987).

Los léxicos disponibles tratan de sacar a la superficie las unidades almacenadas en el lexicón mental; están integrados por palabras que la comunidad de habla conoce, pero que no actualiza en un discurso a menos que el tema lo permita. Son unidades que poseen muy poca estabilidad estadística, y que, por lo tanto, no suelen aparecer en los léxicos básicos, y —según los casos— tampoco en los cuestionarios. Se obtiene gracias a la aplicación de pruebas asociativas en torno a un conjunto de determinados centros de interés. La utilidad que estos instrumentos tienen para la dialectología está lejos de albergar alguna duda seria, aunque —como los léxicos básicos— sirvan también a otras disciplinas (sociolingüística, lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, etnolingüística, psicolingüística).

De momento, solo el Léxico disponible de Puerto Rico está en proceso de preparación para la imprenta, pero se encuentra muy avanzado el de la República Dominicana, que lleva a cabo Orlando Alba14. Aunque ya se dispone de otros muchos trabajos de disponibilidad léxica, se trata de recuentos parciales, muy limitados a ópticas específicas, alejadas de la descripción dialectal. Hoy la aplicación de instrumentos estadísticos —cada día más refinados— a los materiales de base, se ha simplificado drásticamente, debido a la generosidad de Juan López Chávez y su equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México, que procesa sin costo alguno esos materiales, suponiendo que su edición y codificación hayan sido efectuadas según los requerimientos de un programa especial que da cuerpo a la fórmula de Strassburger-López Chávez para los cálculos de los grados de disponibilidad.

Subir

3.4 Dialectología comparada

Esta etapa de la investigación dialectal constituye un auténtico desideratum, todavía lejos de concreciones, si se exceptúan las calas aisladas que se han producido.

El elemento más favorecido en estos trabajos es el léxico, aunque también pueden anotarse algunos títulos aislados que manejan construcciones sintácticas de la norma culta; entre estos se encuentran varios artículos de Lope Blanch sobre la «estructura del habla» (cláusulas y oraciones), iniciados en 1980, una serie de pequeñas monografías de De Mello en etapa de publicación, el trabajo sobre el dequeismo de Erica García (1986) y poco más.

Los análisis léxicos comparativos ya realizados son el de López Morales (1991) sobre el campo léxico-semántico del cuerpo humano en La Habana, Santiago los Caballeros y San Juan, y el de Orlando Alba (1991) sobre indigenismos y afronegrismos en las tres Antillas mayores. El primero ha utilizado el material procedente del cuestionario léxico de la norma culta, al que se le han aplicado las fórmulas de dispersión y uso de Morales (1986); el resultado de esta cala es de gran interés para la delimitación del léxico común a los tres ciudades y, también, del vocabulario discrepante.

Otro tanto hace Alba, pero esta vez partiendo del resultado de estudios previos (salvo el de vigencia de afronegrismos en Santiago, que realizó expresamente para esta comparación); por tanto, hereda algunas deficiencias de muestras y de subjetivismo en cuanto a criterios estadísticos de demarcación. Como cala aproximativa su valor es apreciable.

El único gran proyecto, todavía en etapa de elaboración, es el del Léxico español básico (título provisional) que preparan en Las Palmas Humberto López Morales y José Antonio Samper. Está hecho sobre frecuencias de las unidades léxicas aparecidas en los distintos corpora de los materiales para el estudio de la norma culta; sobre ellas, se aplican fórmulas de dispersión y uso. Esperamos que los resultados del proyecto arrojen luz sobre el léxico compartido —al menos en este sociolecto— por las comunidades de habla hispánica a ambos lados del Atlántico. Se trata de la presentación de materiales básicos, sobre los que podrán elaborarse múltiples monografías.

Subir

4. Conclusiones

Las conclusiones de este somero examen del quehacer presente de la dialectología sincrónica hispanoamericana y de las sugerencias de perspectivas futuras no pueden ser más breves. Es necesario finalizar los grandes proyectos emprendidos y diseñar nuevas investigaciones al amparo de marcos teóricos solventes y con metodología rigurosa. Es cierto que esto ya se hace en buena medida, pero no me refiero a empeños individuales y aislados, sino a empresas colectivas (o al menos coordinadas) más ambiciosas. Solo la coherencia de los trabajos nos permitirá establecer las comparaciones pertinentes y tan necesarias.

Confiemos en que el trabajo de todos y la voluntad institucional puedan aunarse para lograr una gran meta: que el español de América deje de ser paulatinamente ese «ilustre desconocido» de que hablaba Lope Blanch hace casi un cuarto de siglo.

Subir

Bibliografía

ALBA, Orlando (1976): «Indigenismos en el español hablado en Santiago [de los Caballeros, República Dominicana]», Anuario de Letras, 14: 71-100.

______ (ed.) (1982): El español del Caribe: Ponencias del VI Simposio de Dialectología, Santiago de los Caballeros, Universidad Católica Madre y Maestra.

______ (1991): «Mortandad léxica en el Caribe hispánico: indigenismos, afronegrismos», comunicación presentada al I Congreso Internacional sobre el español en contacto con otras lenguas, Los Ángeles, University of Southern California.

ALVAR, Manuel (1991): «Proyecto del Atlas Lingüístico de Hispanoamérica», en Estudios de Geografía Lingüística, Madrid, Paraninfo, 439-456.

ARAYA, Guillermo (1968): Atlas lingüístico-etnográfico del Sur de Chile (ALE SUCH), preliminares y cuestionario, Valdivia, Universidad Austral de Chile.

______ et alii (1968): Atlas lingüístico-etnográfico del Sur de Chile (ALESUCH), vol. I, Valdivia, Universidad Austral de Chile.

BARRENECHEA, Ana María (ed.) (1987): El habla culta de la ciudad de Buenos Aires. Materiales para su estudio, 2 vols., Buenos Aires, Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas «Dr. Amado Alonso».

BENTIVOGLIO, Paola (ed.) (1979): El habla culta de Caracas: Materiales para su estudio, Caracas, Universidad Central de Venezuela.

BJARKMAN, Peter C. y Robert M. HAMMOND (eds) (1989): American Spanish Pronunciation. Theoretical and applied perspectives, Washington, D.C., Georgetown University Press.

CARAVEDO, Rocío (ed.) (1989): El español de Lima. Materiales para el estudio del habla culta, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú.

CÁRDENAS, Daniel (1967): El español de Jalisco, Anejo LXXXV de la RFE, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

CLEMENTS, G. N., y S. J. KEYSER (1983): CV Phonology: A generative theory of the syllable, Cambridge [MA], MIT Press.

COSERIU, Eugenio (1968): «General Perspectives», en Ibero Arnerican and Caribbean Linguistics, vol. IV de los Current Trends in Linguistics, ed. por T. Sebeok, The Hague-Paris, 4-62.

D’INTRONO, Francesco (1985): Sintaxis y semántica de la lingüística generativa: el modelo gramatical GB, Caracas, Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.

ESGUEVA, Manuel, y Margarita CANTARERO (eds.) (1981): El habla de la ciudad de Madrid: Materiales para su estudio, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

FONTANELLA DE WEINBERG, María Beatriz (1981): El español de América, Madrid, Colecciones MAPFRE 1492.

GARCÍA, Erica (1986): «El fenómeno (de) queísmo desde una perspectiva dinámica del uso comunicativo de la lengua», en las Actas del II Congreso Internacional sobre el español de América, editadas por José Moreno de Alba, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 46-65.

GARCÍA MOUTON, Pilar, y Francisco MORENO (1988): «Proyecto de un Atlas Lingüístico (y etnográfico) de Castilla-La Mancha», en Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, ed. por M. Ariza, A. Salvador y A. Viudas, Madrid Arco/Libros, 1461-1480.

GARCÍA RIVERÓN, Raquel (1991): «El Atlas Lingüístico de Cuba», Lingüística Española Actual, 13: 199-221.

GONZÁLEZ, Santiago, Antonio CABANES y Francisco GARCÍA (1982): Léxico de la lengua escrita de la República Dominicana, Santo Domingo, Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña.

HAMMOND, Robert M., y Meluyn RESNICK (eds.) (1988): Studies in Caribbean Spanish Dialectology, Washington, D.C., Georgetown University Press.

HARRIS, James W. (1969): Spanish Phonology, Cambridge [MA], MIT Press.

HOPPER, Joan (1976): An introduction to Natural Generative Phonology, New York, Academic Press.

KAHN, D. (1979): Syllabe-based generalizations in English Phonology, New York, Garland Press.

KOVACCI, Ofelia (1987): Documentos del Predal Argentino. 2. Atlas Lingüístico-Antropológico de la República Argentina, Buenos Aires.

LARA, Luis Fernando (1987): «Características del corpus del español mexicano contemporáneo», en las Actas del I Congreso Internacional sobre el español de América, editadas por H. López Morales y M. Vaquero, San Juan, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.

______  (1974): y R. HAM CHANDE: «Base estadística del Diccionario del español de México», Nueva Revista de Filología Hispánica, 23: 245-267.

LEBEN, W. (1979): Suprasegmental Phonology, New York, Garland Press.

LOPE BLANCH, Juan M. (1969): «Hispanic Dialectology», en Spanish American and Caribbean Linguistics, vol. IV, de los Current Trends in Linguistics, ed. por T. Sebesk, The Hague-Paris, 106-157.

______ (1969): El léxico indígena en el español de México, México, El Colegio de México.

______  (ed.) (1971): El habla de la ciudad de México: Materiales para su estudio, México, Centro de Lingüística Hispánica, UNAM.

______ (ed.) (1976): El habla popular de la ciudad de México: Materiales para su estudio, México, Centro de Lingüística Hispánica, UNAM.

______ (1979): «Anglicismos en la norma lingüística culta de México», en Investigaciones sobre dialectología mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 183-192.

______ (1980): «La estructura del habla culta en Puerto Rico y en México», Homenaje a Ambrosio Rabanales, número especial del Boletín de Filología, 32: 807-815.

______ (1986): El estudio del español hablado culto. Historia de un proyecto, México, Instituto de Investigaciones Filológicas.

______ (1991): Atlas lingüístico de México, vol. I, México, El Colegio de México.

LÓPEZ MORALES, Humberto (1971): «Indigenismos en el español de Cuba», en Estudios sobre el español de Cuba, New York, Las Americas Publishing Co., 51-61.

______ (1976): «¿Es posible una dialectología transformativa?», en Actas del III Congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina, eds. por HLM, Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, 179-188.

______  (ed.) (1978): Corrientes actuales en la dialectología del Caribe hispánico: actas de un simposio, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico.

______  (1985): «Lingüística y dialectología», Cuadernos de Filosofía y Letras (UNAM), 3: 99-108.

______  (1987): «Anglicismos léxicos en el habla culta de San Juan de Puerto Rico», Lingüística Española Actual, 9: 285-303.

______  (1991): «Muestra de léxico panantillano: el cuerpo humano», en Investigaciones léxicas sobre el español antillano, Santiago de los Caballeros, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, 45-80.

MALKIEL, Yakov (1968): «Hispanic Philology», en Ibero American and Caribbean Linguistics, vol IV de los Current Trends in Linguistics, ed. por T. Sebesk, the Hague-Paris, 158-228.

MAURA, Gabriel Vicente (1984): Diccionario de voces coloquiales de Puerto Rico, San Juan, Editorial Zemí.

MOHANAN, K. P. (1986): The theory of lexical phonology. Dordrecht, Reidel.

MORALES, Amparo (ed.) (1980): Actas del VII Simposio de Dialectología del Caribe Hispánico, número especial del Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 8:2.

______  (1986): Léxico básico del español de Puerto Rico, San Juan, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.

______  y María VAQUERO (eds.) (1979): Actas del III Simposio de Dialectología del Caribe Hispánico, número especial del Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 7:1.

______ (eds.) (1990): El habla culta de San Juan. Materiales para su estudio, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico.

NAVARRO CORREA, Manuel (1974): En torno a un atlas lingüístico venezolano, Carabobo, Universidad de Carabobo.

NAVARRO TOMÁS, Tomás (1984): El español en Puerto Rico. Contribución a la geografía lingüística hispanoamericana, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico.

NÚÑEZ CEDEÑO, Rafael, et alii (eds.) (1986): Estudios sobre la fonología del español del Caribe, Caracas, La Casa de Bello.

OTÁLORA DE FERNÁNDEZ, Hilda, y Alonso GONZÁLEZ (eds.) (1986): El habla de la ciudad de Bogotá. Materiales para su estudio, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo.

PINEDA, Miguel Ángel (ed.) (1983): Encuestas del habla urbana de Sevilla: Nivel culto, Sevilla, Facultad de Filología de la Universidad.

POPLACK, Shana (1989): «The care and handling of a Mega-corpus: The Ohawa- Hull French Project», en Language change and varialion, ed. por R. Fasold y D. Schiffrin, Arnsterdam, John Benjamins, 411-451.

QUILIS, Antonio (1986): «Entonación dialectal hispánica», en las Actas del I Congreso Internacional sobre el español de América, ed. por H. López Morales y M. Vaquero, San Juan, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 117-164.

______ (1991): «Situación actual del Atlas Lingüístico de Hispanoamérica», Lingüíslica Española Actual, 13: 269-271.

RABANALES, Ambrosio, y Lidra CONTRERAS (eds.) (1979): El habla culta de Santiago de Chile. Materiales para su estudio, vol. I, Anejo 2 del Boletín de Filología, Santiago, Universidad de Chile.

SABLESKI, J. A. (1965): A generatine phonology of a Spanish dialect, Seattle, University of Washington Press.

SALVADOR SALVADOR, Francisco (1991): Léxico del habla culta de Granada, Granada, Universidad de Granada.

SANCHIS GUARNER, M. (1953): La cartografía lingüística en la actualidad y el Atlas de la Península Ibérica, Palma de Mallorca.

SAPORTA, Sol (1965): «Ordered rules, dialect differences and historical processes», Language, 41: 218-224.

SAPORTA, Sol, y Heles CONTRERAS (1962): A phonological grammar of Spanish, Seattle, University of Washington Press.

SCAVNICKY, G.E. (ed.) (1980): Dialectología hispanoamericana: estudios actuales, Washington, D.C., Georgetown University Press.

SOLÉ, Carlos (1990): Bibliografía sobre el español de América, 1920-1986, 2.ª ed., Bogotá, Instituto Caro y Cuervo.

STAMPE, D. L. (1979): A dissertation on Natural Phonology, New York, Garland Press.

SUÑER, Margarita (1990): «Sintaxis y semántica del español en la década de los ochenta: el modelo de principios y parámetros», Lingüística, 2: 86-120.

TEJERA, Maria Josefina (1983): Diccionario de venezolanismos, Tomo I (A-I), Caracas: Universidad Central de Venezuela-Academia Venezolana de la Lengua.

TORRES MARTINEZ, José (1981): Encuestas léxicas del habla culta de Madrid, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

VAQUERO, María (1986): «La lengua española en Curaçao, Trinidad, St. Thomas y St. Croix, Materiales del Atlas Lingüístico de Hispanoamérica», Español Actual, 46: 11-19.

______ (1988): «El léxico agrícola en el español de Puerto Rico», Lingüística Española Actual, 10: 255-268.

______  «Palabra de Puerto Rico», Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (en prensa a).

______ Palabras de Puerto Rico, San Juan, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (en prensa b).

VIDAL DE BATTINI, Berta (1964): El español de la Argentina, Buenos Aires, Consejo Nacional de Educación.


Subir


Notas:
  1. Pienso fundamentalmente en el famoso volumen colectivo, el IV, Ibero American and Caribbean Linguistics, de la Serie Current Trends in Linguistics, donde se encuentran importantes recuentos informativos de Eugenio COSERIU, Juan M. LOPE BLANCH y Yakov MALKIEL, estos de carácter general, más detallados aportes monográficos de varios especialistas.Volver al texto
  2. El trabajo llega hasta 1986; lamentablemente un informe ultimísimo, el de 1992, no ha salido de la imprenta todavía, pero estará a punto de aparecer.Volver al texto
  3. Véase en la bibliografía LOPE BLANCH, 1971; BENTIVOGLIO, 1979; RABANALES y CONTRERAS, 1979; OTÁLORA DE FERNÁNDEZ y GONZÁLEZ, 1986; BARRENECHEA, 1987; CARAVEDO, 1989, y MORALES Y VAQUERO,1990.Volver al texto
  4. Hago referencia únicamente a los corpora hispanoamericanos, pero en el Proyecto también están presentes Madrid, Sevilla y Las Palmas. Los materiales de las dos primeras ciudades ya están publicadas: ESGUEVA y CANTERO, 1981; PINEDA, 1983; en breve aparecerán los de Las Palmas (editados por J. A. SAMPER et alii).Volver al texto
  5. Debe mencionarse también la pequeña colección de textos orales (con sus transliteraciones), Muestra de hablas hispanoamericanas, que actualmente prepara la ALFAL; se trata de un conjunto de casetes de una hora de duración (30 minutos por cada lado), donde aparecen cuatro voces (dos hombres y dos mujeres; una culta y otra popular; quince minutos cada una) de hablantes de capitales de Hispanoamérica, pero su propósito principal es servir de apoyo didáctico a cursos sobre el español de América.Volver al texto
  6. Los proyectos de Chile, Uruguay y Costa Rica, fraguados en New York, desde la cátedra de Navarro Tomás en Colombia University (1943-1948) nunca llegaron a realizarse; otro tanto ocurrió con los de Cuba, Nicaragua y El Salvador (vid. SANCHÍS GUARNER, 1953).Volver al texto
  7. Véase, en la bibliografía: FONTANELLA DE WEINBERG (1992), KOVACCI (1987), GARCÍA RIVERÓN (1991) y NAVARRO CORREA (1974).Volver al texto
  8. Confróntese el trabajo de H. LÓPEZ MORALES, «Apuntaciones críticas sobre el Atlas Lingüístico de Cuba», en prensa.Volver al texto
  9. La historia me autoriza a usar esta expresión, ya que el proyectado Atlas Lingüístico de Hispanoamérica que en su día imaginara NAVARRO TOMÁS desde New York no pasó de ser una quimera. Aquel proyecto partía de una concepción muy diferente a éste: realizar un gran conjunto de atlas de pequeño dominio, para luego proceder a la síntesis. Pero de ellos, ya se ha visto, sólo se terminaron los de Puerto Rico y Jalisco.Volver al texto
  10. No hago aquí referencia a los recuentos monográficos (acrónimos, topónimos y antropónimos, léxico marinero, industrial, de deportes, voces de germanía, ictionimia, zoonimia, jerga estudiantil, «arcaísmos», etc.), que también ofrecen abundante colecta; son de una notable riqueza informativa. Es trabajo que debe encarecerse y fomentarse, mucho mejor si fuera acompañado de una metodología solvente. Pero aunque no fuera este el caso, serían también bienvenidos.Volver al texto
  11. No incluyo en esta nómina, aunque carece de interés, el llamado Léxico básico del español escrito de la República Dominicana (vid. GONZÁLEZ et alii, 1983), cuya base estadística, curiosa y heterogénea, no permite adscribirlo a ninguna corriente teórica reconocida.Volver al texto
  12. No faltan, desde luego, estudios que persigan esa misma finalidad —la de llegar a saber el grado de vitalidad de cierto tipo de elementos léxicos, pero salvo el de LOPE BLANCH sobre indigenismos (1969), están hechos sobre materiales de cuestionarios, construidos ad hoc: LÓPEZ MORALES (1971), ALBA (1976), VAQUERO (1981) y poco más.Volver al texto
  13. En España ya se han publicado los de Madrid (cf. TORRES MARTÍNEZ, 1981) y Granada (SALVADOR SALVADOR, 1992) y en proceso de preparación para la imprenta, el de Las Palmas (SAMPER et alii, 1993). Sevilla, por su parte, ha salvado un volumen con el léxico de las Encuestas del habla urbana de Sevilla.Volver al texto
  14. La contrapartida española de estos trabajos la constituyen, hasta el presente, la investigación de Pedro BENÍTEZ sobre la Comunidad de Madrid y la de Gran Canaria de José Antonio SAMPER et alii; ambos en proceso de edición.Volver al texto
 

Subir
| La lengua española: unidad y diversidad |

| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |

| Enviar comentarios |

Centro Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2003-. Reservados todos los derechos.