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La investigación
dialectal sincrónica en Hispanoamérica: presente y futuro
Humberto López Morales.
Universidad de Puerto Rico |
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0. Introducción
La investigación dialectal en Hispanoamérica tiene tras sí una larga historia que nos
es bien conocida, por lo menos hasta finales de la década del 601. De entonces acá, la tarea de historiar y analizar esa labor es
algo más compleja, pero no difícil, aunque es objetivo ajeno al presente trabajo.
Nuestras consideraciones aquí deben partir de una exposición diáfana del concepto de dialectología,
y consecuentemente, del de dialecto. Sin embargo, ni el uno ni el otro se prestan a
ser presentados sin que medien discusiones, rechazos, al menos en parte, de propuestas
epistemológicas ya muy asentadas, y valoraciones conflictivas de parámetros especificadores. Varios centenares de páginas se han escrito sobre esta cuestión y no es
asunto de revivirlas.
Diré, sin el menor intento de polémica, que parto de la base de que un dialecto es un
sistema comunicativo virtual, pero realizable, condición esta que lo aparta de la lengua.
Rechazo abiertamente el que los dialectos estén constituidos por conjuntos de fenómenos
peculiares: hacerlo así trivializa la disciplina, acercándola peligrosamente al folklore
más epidérmico. Esos sistemas que son los dialectos se oponen a las lenguas en
varios puntos; en primer lugar, son realizables, es decir, tienen hablantes. Desde este
punto de vista, todo hablante es un hablante dialectal, mientras que nadie habla la
lengua, etiqueta teórica (llena de imprecisiones, además) que rinde su tributo a la
comunicación cotidiana: usar una lengua implica necesariamente el uso de uno de sus
geolectos.
Otros factores, apenas discutibles desde la sincronía, son la dependencia, la parcialidad
y la menor extensión, siempre marcados con valor positivo en el caso de los dialectos. Lo
del prestigio, la funcionalidad limitada y la mutua inteligibilidad necesita de múltiples
matizaciones. Cuando no se veía con claridad la existencia de estratificaciones
sociolectales dentro de determinadas sintopías, se explicaba que se pensara en los
primeros factores para oponer dialecto a lengua, pero hoy que tanto camino se ha andado ya
en esa dirección, se sabe que los sociolectos altos de tales espectros son prestigiosos y
carecen de limitación alguna para cualquier tipo de comunicación, dentro y fuera de
comunidades de habla específicas. Lo de la mutua inteligibilidad para reconocer dialectos
que pertenezcan a la misma lengua es arma de doble filo; a pesar de los reiterados
intentos por dotar a este parámetro de una metodología analítica objetiva, los factores
heurísticos que tarde o temprano aparecen en esas consideraciones no son
convincentes. Aquí la historia y hasta diversos factores sociales y políticos (!)
adquieren una responsabilidad inusitada que, técnicamente, no se sostiene.
Dentro de este marco teórico, que podría parecer a algunos amplio en exceso y que está
lejos del consenso de los investigadores, van ensambladas las consideraciones y
sugestiones que siguen. |
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1. Bibliografía
El último y más solvente de los trabajos bibliográficos sobre dialectos
hispanoamericanos es el de Carlos Solé (1990). Es verdad que sus objetivos desbordan
(pero no con mucho) el de los estudios dialectales, y es verdad también que la amplitud
geográfica, por un lado, y el extenso período estudiado, por otro (1920-1986) hacen de
esta bibliografía un instrumento limitado, aunque imprescindible.
No es necesario encarecer aquí los beneficios de los recuentos bibliográficos, sobre
todo en un continente como el nuestro en el que la incomunicación científica sigue
siendo una constante. Hay que aplaudir, por tanto, los esfuerzos institucionales e
individuales por actualizar nuestros saberes bibliográficos, aunque estos se limiten a
pequeñas (y no tan pequeñas) parcelas de geografía.
En este sentido me complace anunciar la publicación para principios de 1993
de los dos primeros cuadernos bibliográficos de la colección El español
de América que patrocina la Asociación de Lingüística y Filología de la América
Latina (ALFAL): Argentina, Uruguay y Paraguay, cuaderno 4, preparado por Nélida
Donni de Mirande, Adolfo Elizaincín y E. Coll, y Germán de Granda respectivamente, y
Las Antillas, cuaderno 3, preparado por H. López Morales. La empresa no ha hecho más
que comenzar; quedan pendientes la publicación de otros ocho cuadernos ya en
proceso de elaboración constituidos, además del primero de Generalidades, a cargo
de Carlos Solé, y del último, de Índices por: el 2. América Central, el 5. Colombia y
Venezuela, el 6. Ecuador, Perú y Bolivia, el 7. Chile, el 8. Estados Unidos, y el 9.
México.
Será obra, como todas las de este tipo, que tendrá lagunas (esperemos que pocas, dado el
trabajo in situ de los especialistas que la elaboran) y que avejentará pronto. Es
necesario, por lo tanto, que se revise y se ponga al día cada diez años como período
máximo.
Estos Cuadernos bibliográficos, primeros de una serie de tres, no deben, en modo
alguno, desalentar otros trabajos bibliográficos, sobre todo los repertorios críticos y
comentados, y mejor aún, los estudios monográficos que ofrezcan un status
quaestionis.
Trabajo en principio paralelo son los índices de revistas. No se trata, sin embargo, de
una duplicación de esfuerzos. Los Cuadernos tienen fechas límite
específicas y recogen fundamentalmente investigaciones dialectales. Nuestras revistas
especializadas ¿llegaremos a tener alguna vez un inventario exhaustivo?
muchas de ellas desconocidas más allá de los límites nacionales (e incluso regionales),
traen artículos de otras disciplinas lingüísticas o referidos a épocas que escapan al
interés de los Cuadernos.
Tres revistas hispanoamericanas el Anuario de Letras (México), la Revista
Argentina de Lingüística y el Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua
Española fueron completamente despojados para el primer número del Índice
de revistas que publica cada dos años la ALFAL, como boletín suplementario de su
revista Lingüística. El proyecto ha pasado ahora a la Universidad de Alicante,
donde ya se prepara el segundo número. Es empresa que no debe decaer bajo ninguna
circunstancia. |
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2. Colecciones de corpora
Es bien conocido el Proyecto de estudio coordinado de la norma culta de las grandes
ciudades del mundo hispánico, gracias al informe último aparecido en formato de
libro de su creador, Juan M. Lope Blanch (1986)2.
Un aporte importante de dicho proyecto es la publicación de los llamados «materiales
para el estudio», que reproducen un número determinado de textos. Aunque existe una gran
variedad entre el tipo de entrevista, la proporción que estas alcanzan en las
publicaciones y los criterios de transliteración, los materiales americanos publicados ya
(México, Caracas, Santiago, Bogotá, Buenos Aires, Lima y San Juan3) constituyen un relevante conjunto de corpora para el
análisis de la morfosintaxis y del léxico de este sociolecto en muy diferentes puntos
del hemisferio.
Un proyecto, patrocinado por la ALFAL y por la Universidad de Las Palmas, ha seleccionado
una muestra textual paralela de todos los materiales publicados y de los que aún
permanecen inéditos (La Habana y La Paz) y los está reproduciendo en soporte magnético4. Las siete horas que integran cada unidad
urbana están estructuradas de la
siguiente
manera.
Para lograr tal uniformidad y facilitar con ello las operaciones estadísticas de
cualquier comparación ha habido que renunciar a varios tipos de entrevista (la
secreta, la formal, etc.) y trabajar con la más común; la abierta, de tema libre, hecha
con intervención del entrevistador (de 30 minutos cada una, aproximadamente), la única
selección que nos permitían hacer los materiales publicados; con todo, en tres casos ha
sido necesario solicitar textos inéditos para completar algunas celdas. Este material
estará disponible a partir de abril de 1993, y esperemos que muy pronto puedan estar
también las concordancias de todos los materiales, que estarán igualmente accesibles,
pero en microfichas.
En algunas de estas ciudades de momento, solo en México (Lope Blanch, 1976)
se ha recogido otro corpus de norma popular, pero, dadas las exigencias de la
investigación dialectal actual, se prefiere trabajar sobre corpora que representen
una estratificación social más rica. Lo ideal sería llegar a reunir un conjunto de megacorpora,
al estilo del de Ottawa, diseñado por Shana Poplack (1988), el más completo de los
varios corpora canadienses, pero el costo quizás fuera excesivo para las
tambaleantes y misérrimas dotaciones de nuestros centros e institutos de investigación
lingüística. Sin duda un punto intermedio, plausible y con muchas posibilidades de
éxito, sería el modelo de Caracas, recomendado en su comunicación a este encuentro por
Carmen Silva Corvalán. La Comisión de Sociolingüística de la ALFAL, coordinada por
Paola Bentivoglio y Mercedes Sedano, las diseñadoras del corpus venezolano, tiene
entre sus prioridades más inmediatas la de orientar y ayudar a todos los interesados en
la confección de tales materiales, cuya utilidad extraordinaria no necesita de
encarecimientos5. |
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3. Dialectología 1. Geolingüística
3.1.1. Atlas de pequeño dominio
La situación de la investigación geolingüística en Hispanoamérica es muy
heterogénea: existen zonas como Puerto Rico que cuentan con trabajos minuciosos y hasta
excelentes para su época (Navarro Tomás, 1948, pero el levantamiento de datos se llevó
a cabo en el año académico 1927-28), mientras que otras muchas,
lamentablemente se encuentran por completo inexploradas. Con excepción del gran
atlas colombiano, producto de la titánica institución que es el Instituto Caro y Cuervo,
ningún otro país de América cuenta con un atlas nacional, porque el trabajo, ejemplar,
de Berta Elena Vidal de Battini (1964) para la Argentina, no puede considerarse en rigor
un atlas lingüístico. Existen atlas de fronteras más limitadas que las nacionales, pero
son pocos (Cárdenas, 1967; Araya, 1968); Araya, et alii (1968), y este último
inconcluso, aunque no han faltado muchas buenas intenciones, que no han pasado de eso6.
En estos momentos se trabaja en el Atlas de México, del que ya ha salido su primer
volumen (Lope Blanch, 199l), en el de Costa Rica, en el de Cuba, en el de Venezuela, el
del norte de Chile, en el de la Argentina y en el del Uruguay7 . Es de desear que algunos de estos trabajos lleguen a buen puerto,
y que otros desfallezcan o sean completamente replanteados, como el calamitoso proyecto
cubano, anclado en un pasado remoto e insolvente8.
También sería deseable que fructificaran las investigaciones geolingüísticas en otros
puntos de posible gran interés, pero ahora sería aconsejable esperar a la culminación
del gran Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, y planificar los nuevos trabajos a
partir de aquí, refinando y particularizando cuestionarios, estrechando redes y, por
supuesto, manejando todas las técnicas modernas del computer ploter, que
facilitan, agilizan y abaratan la producción cartográfica. Dentro de muy poco se
dispondrá de un excelente modelo, que convendría imitar: el Atlas Lingüístico de
Castilla-La Mancha (García Moutón y Moreno, 1988), extraordinario desde muchos
puntos de vista.
3.1.2. Atlas de gran dominio
Hay grandes esperanzas puestas en el Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, que se
está llevando a cabo bajo la dirección de Manuel Alvar y de Antonio Quilis. (cf. Alvar,
1991 para una exposición de principios y de metodología). Sobre un cuestionario
preparado ad hoc se encuestan puntos de todo el continente; los datos relativos a
Las Antillas, en cuya recogida intervino, además de los directores, María Vaquero, ya
están completamente cartografiados y constituyen el material del primer volumen. El
levantamiento de datos de la América Central está terminado, y se encuentra
avanzadísimo el de Ecuador y el de Bolivia; en estado intermedio, el de Perú, donde ha
colaborado Rocío Caravedo. En diciembre y enero de 1993 se iniciarán los de Chile y se
dará un gran impulso a los de la Argentina. En la primavera de 1993 comenzará la
recogida en México, con la ayuda de un equipo local.
Aunque ningún mapa ha salido todavía de la imprenta, ya son varios los trabajos
publicados con datos de estas encuestas: vid. Quilis (1991) para un estado de la
cuestión; añádase, Vaquero (1986, y 1988 en prensa a y b).
Este Atlas reviste una importancia sobresaliente; tal es así, que a pesar de
trabajar con redes amplísimas como corresponde a un trabajo de esa naturaleza
no son pocos los fenómenos del español americano, inéditos hasta ahora, que están
haciendo su aparición; tampoco son desdeñables los casos de modificación total de
antiguas isoglosas, trazadas eso sí un poco en el aire, sin fuerte apoyo
empírico como en este caso. Nadie sabe qué sorpresas ni cuántas esperan al
estudioso del español de la otra orilla del Atlántico con la culminación de este
preciado atlas, ni qué fisonomía tendrá cuando esté concluido el riguroso peinado a
que se está sometiendo el continente, en una obra sin precedentes en la cartografía
mundial9.
El proyecto, que sin duda llegará a su culminación, merece todo tipo de ayudas y el
concurso de cuantos esfuerzos sean necesarios. |
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3. Dialectología 2. Estructura de los dialectos
3.2.1. Fonología
3.2.1.1. A pesar de que el citado proyecto de la norma culta dispone de
un amplio corpus oral, las investigaciones fonéticas (y fonológicas) que han sido hechas
hasta la fecha sobre estos materiales son muy limitadas. El cuestionario que debe ser
cumplimentado está concebido en términos descriptivos, con una especie de simbiosis de
estructuralismos y dirigido a la actuación lingüística; es sumamente exhaustivo y
riguroso, por lo que daría pie para la confección de inventarios de fonemas, de su
alofonía respectiva, de neutralizaciones y de otros fenómenos. Una buena base, sin duda,
para lanzarse después por otros derroteros teóricos, si fuera este el caso. El fomento
de tales estudios sería, por lo tanto, doblemente beneficioso.
3.2.1.2. Los estudios de fonética acústica (en general, y los que
trabajan sobre norma culta) son abrumadora y exquisita minoría. Todavía los elementos
segmentales han recibido alguna consideración (como el vocalismo sanjuanero, trabajo
ejemplar de María Vaquero en prensa, hecho sobre más de mil espectrogramas),
pero otros factores suprasegmentales, excepción hecha de algunos estudios porteños,
están aún a la espera de atención.
Si una pequeña cala como la realizada por Antonio Quilis (1986) con la entonación
mexicana y puertorriqueña (añade en la comparación datos de Madrid y, en menor medida,
de Las Palmas) ha dado frutos muy apreciables, es de imaginar que trabajos sistemáticos y
coordinados terminen por hacernos conocer la realidad acústica de los dialectos
hispanoamericanos.
Se comprende que este tipo de análisis necesite de instrumental especializado, cuya
obtención depende de factores ajenos a la ciencia (en la mayoría de las ocasiones). No
creo, sin embargo, que ello sea obstáculo insalvable. Aunque aún no ha sido completado
el inventario de laboratorios de fonética (y de los equipos que los integran) de
Hispanoamérica labor que lleva a cabo la ALFAL ya sabemos que en varias
partes del continente y, claro está, en muchos centros universitarios de los Estados
Unidos, como el de Provo (Utah) se dispone de equipo moderno y accesible, previo acuerdos
y pequeños convenios. Aquí más que nunca se impone la colaboración intercontinental,
más que eso, internacional, porque sería muy sorprendente que los laboratorios
españoles no se mostraran entusiasmados ante este tipo de cooperación; en algunos casos
(Alcalá de Henares, Las Palmas) me consta que las puertas están bien abiertas desde
ahora mismo.
3.2.1.3. A partir de la década del 70, la proliferación de enfoques en
el estudio fonológico de los dialectos hispanoamericanos ha sido considerable. Varios
volúmenes recientes han reemplazado (o han intentado reemplazar) a los modelos
tradicionales de análisis, ofreciendo diversos y estimulantes panoramas teóricos: sirva
de ejemplo las antologías de artículos clave y las colecciones de actas de simposios y
congresos (López Morales, 1978; Morales y Vaquero, 1979; Morales, 1980, Scavnicky, 1980;
Alba, 1982; Núñez Cedeño et alii, 1986 Hammond y, Resnick, 1988; y Bjarkman y
Hammond, 1989).
La etapa estructuralista de estos estudios fonológicos puede considerarse cerrada en
1975, aunque bien es verdad que los pocos trabajos inspirados en Praga y en el formalismo
norteamericano no fueron ni numerosos ni influyentes. Fracasada la aventura
neoestructuralista de Saporta y Contreras (1962) pocas avenidas de interés quedaban
disponibles. La nueva época tiene su antecedente más notable en el estudio de James
Harris (1969) sobre el dialecto de la ciudad de México, en el que aplica las bases
teóricas y los instrumentos analíticos introducidos por sus maestros, Noam Chomsky y
Morris Halle. No es que no haya habido antes otros intentos de hacer fonología generativa
aplicada a los dialectos hispanoamericanos, cf. Saporta (1965) y su alumna Sableski
(1965), que trabaja con el español panameño pero las propuestas de esta última no
lograron mantenerse (vid. López Morales, 1976).
En honor a la verdad debe especificarse que el trabajo de Harris fue sometido también a
serias críticas, en general, debido al excesivo abstraccionismo de la teoría ortodoxa;
el capítulo breve, pero intenso protagonizado por la llamada fonología
generativa natural, traída al español americano por Juan Hooper (1973, pero publicado en
1976) hizo tambalear seriamente el futuro del modelo estándar, sobre todo, tras los
estudios de Rafael Núñez Cedeño y de Tracy D. Terrell. Por otro lado, las nacientes
tendencias de la moderna sociolingüística variacionista y sus propuestas de revisión de
los postulados chomskyanos (cf. López Morales, 1985), ganaron adeptos que pronto se
unieron al concierto de voces, cada vez más potentes, que actuaban bajo la batuta de
William Labov. Las controversias entre generativistas y variacionistas tuvieron desde
temprano su mejor escenario en el Caribe hispánico, en el marco de los simposios de
dialectología de esa región, iniciados en 1976 en la Universidad de Puerto Rico. Quien
acuda a las actas citadas con anterioridad, las encontrará parcialmente documentadas.
A pesar de toda la actividad desplegada en estas últimas décadas por la fonología
generativa, muy poco fue lo conseguido, al margen de una leve mezcla de adecuación
descriptiva, muy deudora del estructuralismo norteamericano y de serias intenciones
explicativas de los modelos transformatorios. Este período, casi periclitado del todo,
sirve de preludio a una nueva etapa de revisión radical y auténtica de modelos teóricos
previos, etapa caracterizada por el nacimiento de los enfoques no segmentales o lineales
en el análisis fonológico.
Ahora que puede pasarse revista al trabajo generativista realizado entonces, se echa de
ver que, con demasiada frecuencia, consistían en utilizar datos lingüísticos
procedentes de nuestros dialectos para ponerlos al servicio de mecanismos explicativos,
adjuntos a una visión teórica dada. Con todo, se trataba de intenciones más plausibles
que los enjutos (y en ocasiones enclenques) esquemas estructurales, que se contentaban con
reordenar y volver a reordenar datos muy conocidos ya de acuerdo a ciertos prerrequisitos
metodológicos de superficie.
Los nuevos aires, por el contrario, construyen y rechazan modelos con el objeto de buscar
una adecuación explicativa satisfactoria y no con el mero fin de justificar un enfoque
teórico específico. Las ondas expansivas de los nuevos marcos que tratan de salvar
viejas deficiencias, como la total desatención a la sílaba, por ejemplo son
elocuentes y variadas: Stampe (1979), sienta las bases de la nueva fonología natural;
Leben (1979), las de la fonología suprasegmental; Kahn (1979), las de la fonología
métrica; Clements y Keyser (1983), las de la llamada fonología CV (consonantes-vocal) y
Mohanan (1986), las de la fonología léxica. Desde estas fechas de publicación, y aun de
antes, cuando estos trabajos circulaban inéditos, los nuevos modelos propuestos eran
sometidos a ampliaciones, refinamientos y modificaciones. Los seguidores no se hicieron
esperar, y casi de inmediato varios dialectos hispanoamericanos entraron en escena
especialmente los caribeños como populares objetos de análisis; los nombres
de Bjarkman, Guitart, Hammond, Harris y Núñez Cedeño, aparecen repetidamente en las
bibliografías actuales.
Se observará que todos los protagonistas hispánicos de esta nueva época ejercen su
docencia en universidades norteamericanas; el eco de sus interesantes discusiones
los del alargamiento vocálico compensatorio ante /s/ elidida, por
ejemplo es, hasta el momento, prácticamente nulo en Hispanoamérica, donde las
posturas que ganan terreno poco a poco son las del variacionismo sociolingüístico: así
ocurre en los trabajos fonológicos realizados en Puerto Rico, la República Dominicana,
Venezuela, Perú, Chile y la Argentina.
Se pensará que dado el grado de indigencia informativa que aún hoy nos caracteriza, al
menos para múltiples zonas dialectales, es un tanto banal que nos preocupemos por
teorías que se mueven, además, en altos niveles de especulación. Todo depende, por
supuesto, de las concepciones sobre lo que es la teoría lingüística de la que se parta,
y de las preferencias inductivas o hipotético-deductivas que el investigador establezca
en su trabajo.
Es muy cierto que sin datos (preferiblemente novedosos) no hay nada que hacer, pero es
cuestión de preguntarse cuán exitoso podría ser cualquier intento de describir, ordenar
y clasificar esos datos sin una teoría previa que comience por definir qué datos son los
que deben centrar el análisis. Los saberes teóricos son previos y necesarios, aun en
aquellos casos en los que se persigue alcanzar solo un nivel de descriptivismo, sin
mayores implicaciones. Pero las nuevas teorías, fundamentalmente emanadas de los Estados
Unidos, son salvo las excepciones de siempre desconocidas o ignoradas (a
propósito) en grandes parcelas de nuestro mundo hispánico y no sólo el americano.
No es cuestión, desde luego, de abrazarse al último modelo por lo que implique de
novedad; lo esencial es conocerlo para, a posteriori, decidir si vale la pena
adscribirse a él. No deja de resultar un tanto desconcertante revisar trabajos de fechas
cercanas a nosotros y encontrar en ellos andamiajes teóricos muy endebles o una mera
acumulación de información, que resulta difícil o imposible de manejar para propósitos
comparativos.
En este punto, la principal recomendación es informarnos sobre las teorías fonológicas
vigentes, de qué nos ofrecen y de si esas ofertas satisfacen nuestras necesidades y
expectativas. Si ese no es el caso, sigamos con Praga o con el formalismo norteamericano;
siempre sabremos interpretar lo que esos trabajos significan y qué podemos aprovechar de
ellos. Contra lo que prevengo es gastar energía, tiempo y esfuerzo en una colecta
atomista por lo peregrinos que estos datos pudieran resultar. Si no nos sentimos con
fuerza para adelantar mecanismos explicativos, describamos bien los datos de acuerdo a una
teoría conocida; siempre serán valiosos y estimables.
Creo, sin embargo, que una buena parte de la fonología de los dialectos hispanoamericanos
no puede ser explicada satisfactoriamente desde dentro de la dialectología pura, sino a
través de un análisis sociolingüístico, y no me refiero exclusivamente a los casos de
cambios lingüísticos en marcha. De momento, el estatuto de la llamada dialectología
social es asunto controvertido, y no conviene entrar aquí en tal polémica. |
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3. Dialectología 2. Estructura de los dialectos
3.2.2. Morfosintaxis
Si la fonología, que tras la lexicografía ha sido la más favorecida de las disciplinas
lingüísticas (en cuanto a cultivo se refiere) presenta un panorama un tanto desolador
(no incluyo aquí los estudios sociolingüísticos), es fácil imaginarse la perspectiva
que se contempla al acercarnos a la morfosintaxis.
3.2.2.1. Dentro de esta realidad un tanto precaria destacan los estudios
de la norma culta. México, seguido de San Juan son las ciudades más estudiadas en cuanto
a la morfosintaxis, pero son excepciones a la regla. La mayoría del caudal que ofrecen
estos corpora continúan inutilizados, convertidos en terra incognita.
Aquí la recomendación más enérgica va en dos direcciones: primero, continuar (o
iniciar, según sea el caso) las investigaciones en esta línea, y segundo, tratar de
publicar lo ya estudiado, hacerlo accesible a los colegas interesados. Recuérdese que el
material del que hablamos puede utilizarse, no solo para satisfacer las tímidas demandas
del Cuestionario (finalidad que en ocasiones se torna poco atractiva), sino para
explorar y reflexionar desde cualquier ángulo teórico, pero sobre una buena base
empírica.
No ignoro que el acceso a la letra impresa se hace cada día más difícil y costoso, y
que pocos centros disponen de las facilidades editoriales de la UNAM o del Instituto Caro
y Cuervo. Sin embargo, existen otros medios de reproducción más asequibles, sin olvidar
las revistas especializadas, que podrían acoger en sus páginas una buena parte de esa
información.
3.2.2.2. Si excluimos algunos estudios de lenguas en contacto, es poco
al margen de las universidades norteamericanas la investigación realizada
partiendo de algunos de los modelos más actuales: ahí está la nueva versión, del
estado de la cuestión de los estudios sintácticos basados en el tercer gran modelo
chomskyano de Margarita Suñer (1990). De nuevo aquí parece haber sido la
sociolingüística la que ha conseguido más adeptos en Hispanoamérica; díganlo si no
las páginas de la comunicación de Silva Corvalán a este mismo encuentro, a pesar de que
su objetivo no sea el de ofrecer un recuento (y mucho menos exhaustivo) de este quehacer.
Las causas de semejante desinterés, incluso por un modelo como el de rección y ligamento
que a mi juicio rescata el tremendo entusiasmo despertado por el modelo
estándar, tienen que ver con dos puntos importantes. El primero va unido al pragmatismo
imperante por lo común en la investigación lingüística hispanoamericana, poco dada a
recibir con beneplácito teorías exóticas cuya finalidad práctica no se vea de
inmediato y diáfanamente. La segunda es la ausencia de difusión en nuestro continente
(excepción hecha de Brasil) de los nuevos rumbos del pensamiento gramatical. ¿Cuántos
conocen, por ejemplo, el manual introductorio de Francesco DIntrono (1985), publicado en
Caracas, siendo como es un esfuerzo serio y logrado por hacer accesible el modelo de
principios y parámetros?
Se argumentará y acertadamente que son razones ajenas a la lingüística y,
en ocasiones, hasta a la vida de la cultura en general, las que impulsan estos vacíos:
libros desconocidos, escritos en lenguas no accesibles, caros, difíciles de conseguir, y
un largo etcétera.
Creo que nunca se lamentará lo suficiente la desaparición del Programa Interamericano de
Lingüística y Enseñanza de Lenguas (PILEI), sobre todo por los espléndidos seminarios
de actualización que celebraba con cada uno de sus congresos. La ALFAL, que está lejos
de contar con el sólido soporte económico de que disfrutó el PILEI, ha empezado, aunque
con modestia, a tratar de revivir esa tradición; cualquiera que haya ojeado la segunda
circular de nuestro próximo congreso veracruzano verá allí el testimonio de este
propósito.
Cuando se revisan algunos trabajos recientes y se descubre en la Caracas de hoy la
existencia de estructuras oracionales insólitas «Yo vivo es en Caracas» no
documentadas con anterioridad, uno se pregunta si de no tratarse de un neologismo,
todavía nos aguardan muchas más sorpresas de este tipo. Y uno se pregunta, además, si
es que las investigaciones no han sido exhaustivas, o han carecido del suficiente apoyo
empírico. Si a esto añadimos, no ya carencias metodológicas sino desamparo teórico, la
conclusión es que queda muchísimo por hacer en el estudio de la morfosintaxis de los
dialectos hispanoamericanos. ¿Qué pautas deberían guiar esos trabajos? Creo que las
dictadas por la colaboración continental: temas comunes que ahora solo se vislumbran con
timidez, como el retroceso de las formas de subjuntivo, el reajuste aspectual de los
tiempos de pasado, el avance del sujeto explícito en construcciones de infinitivo, la
creciente frecuencia de núcleos perifrásticos de frases verbales, la anteposición o
posposición del sujeto, los distintos patrones en el uso de clíticos, para mencionar
solo unos pocos ejemplos. Verdad es que ya existen estudios, algunos excelentes, sobre
todos estos problemas, pero están limitados a dialectos específicos. Son trabajos que no
nos permiten saber si se trata de comportamientos idiosincráticos particulares o sí, por
el contrario son modificaciones globales que van camino de modificar aspectos importantes
de la gramática española. |
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3. Dialectología. 3. Lexicografía
Aunque un estudio a fondo y actualizado del trabajo lexicográfico en
Hispanoamérica está por realizar, sabemos que los esfuerzos por
confeccionar diccionarios de regionalismos han sido muchos y reiterados.
Un recuento historiográfico puntual nos hablaría de la ingente cantidad
de entusiasmo y dedicación desplegado por muchos hombres inquietos y
curiosos desde el siglo XIX
hasta hoy.
3.3.1. La amplia colecta, sin embargo, no puede dejar satisfecho al
lexicógrafo de nuestros días: concepciones teóricas (en el caso de que las haya habido)
trasnochadas, metodologías tambaleantes y recursos limitadísimos son las razones de que,
a pesar de las docenas de volúmenes, nuestra información léxica de los dialectos de
Hispanoamérica sea completamente insuficiente.
Más de un proyecto colectivo por llegar a producir un gran diccionario de
hispanoamericanismos ha naufragado con mayor o menor estrépito: el de Hamburgo, el del
Instituto de Lexicografía Hispanoamericana Augusto Malaret, por ejemplo.
Por fortuna, estas catástrofes no han impedido el nacimiento de nuevas aventuras
lexicográficas, igualmente ambiciosas: el Proyecto de Ausburgo sigue adelante con paso
firme bajo la dirección de Günther Haensch; esperemos que su jubilación docente no lo
aparte de estos derroteros. Los impresionantes ficheros alemanes se nutren a diario de la
información de un escogido grupo de colaboradores hispanoamericanos que trabajan en
diccionarios de sus respectivos países. Haensch ha expuesto, en multitud de artículos y
comunicaciones a congresos, todo lo relativo al proyecto que tiene, entre otras muchas, la
ventaja de ser una investigación coordinada y actualizada científicamente.
Como en toda obra colectiva, el proyecto general está en muy diversas etapas de
elaboración: el diccionario colombiano está a punto de salir de las prensas del
Instituto Caro y Cuervo, el manuscrito del uruguayo ha sido terminado recientemente, el
chileno y el argentino se encuentran muy avanzados, pero otros muchos no han pasado de las
etapas iniciales de la colecta. Es proyecto encomiable que debe ser apoyado con
entusiasmo.
3.3.2. Al margen del proyecto de Ausburgo la labor lexicográfica
hispanoamericana se ha desempeñado con vaivenes y altibajos: desde el meritísimo Diccionario
de venezolanismos (del que solo disponemos del primer volumen) elaborado por María
Josefina Tejera (1983) sobre papeletas reunidas durante años por el Instituto de
Filología Andrés Bello (muchas de ellas, de puño y letra de Ángel Rosenblat) hasta el
modestísimo Diccionario de voces coloquiales de Puerto Rico, de Gabriel Vicente
Maura (1984).
Los problemas principales a los que se ha enfrentado la investigación (y a los que
enfrentará en lo futuro) son de diverso orden. Grave es, sin duda, lo relativo a la
selección de unidades lexicográficas para las nomenclaturas, grave porque no parece
haber acuerdo sobre el concepto de hispanoamericanismo en general, y de los
diferentes -ismos en particular (peruanismos, cubanismos, bolivianismos, etc.);
grave, porque en la mayoría de estos trabajos es asunto que ni siquiera aparece planteado
como problema, como algo que merite reflexión y estudio. Las consecuencias inmediatas de
esta ausencia de definición ha sido la acumulación de muchos materiales misceláneos y
de clasificación inaceptable. Las definiciones ad usum coinciden en afirmar con la
Academia Española que un (hispanoamericanismo) es «un vocablo, acepción, locución,
giro o modo de hablar subrayo propio, peculiar y privativo de un
determinado lugar de América», y los diccionaristas, por su parte, de manera cuasi
dogmática, parecen haber establecido ciertos parámetros para delimitar sus -ismos,
pues la mayoría suele trabajar con el uso, privativo según creen, de determinado país,
la dispersión diatópica (dentro de este), el grado de cultura de quienes emplean los
términos y el lugar de origen de los vocablos.
En realidad este último parámetro debería ser el adecuado; el origen de un término es
lo único importante; todo lo demás es circunstancial, pues en nada afectan la
nacionalidad de un vocablo las peripecias de su migración, su apogeo o desuso, o su
asentamiento en determinados sociolectos. Casi todos estos diccionarios tienen el mismo
pecado original: dan por ecuatorianismo, pongo por caso, ciertos lemas sin comprobar que,
por su origen, lo sean realmente. Claro que este tipo de investigación no es fácil de
llevar a cabo (quizás tampoco sea importante) ni siquiera acudiendo a modernas técnicas
lexicométricas. Salvo en muy contados casos, la extraordinaria difusión diatópica de
los lexemas conspira contra esta tarea. No son excepcionales los casos en que el
lexicógrafo cree estar en presencia de un término, digamos nacional, que sin
embargo, se usa intensamente en otros sitios.
Al margen de problema tan crucial se encuentran otros nada desdeñables: los relacionados
con la preparación de las microestructuras. La lexicografía actual es tan exigente,
rigurosa y compleja en este sentido que prácticamente imposibilita el trabajo aficionado,
o al menos, lo convierte en anacronismo reprobable desde la fecha misma de su publicación10.
3.3.3. Salvo excepcionesnunca mejor dicho que honrosas por
estos rumbos ha caminado nuestra lexicografía; una de las más ilustres ha sido la de
Augusto Malaret (1917, 1937). El diccionarista no habla de puertorriqueñismos sino
de «provincialismos de Puerto Rico»; el título mismo de su diccionario muestra el intento
de recoger aquellos términos usados en el país, independientemente de su origen y de
accidentes más o menos fortuitos, como su expansión diatópica. Tan pronto como se abre
este diccionario se ve que la intención de su autor no fue la de confeccionar un
catálogo léxico de voces de Puerto Rico, en el sentido de autóctonas, y mucho
menos de exclusivas (aunque también las hay), sino más bien la de recoger aquellas que
tenían vigencia en esa comunidad de habla, aunque fuesen compartidas por otras
comunidades americanas o con algunas regiones españolas, pero que no pertenecieran al
léxico oficial. Aquí por fuerza han de convivir términos oriundos y en
apariencia de vida circunscrita a las fronteras del país, que no serán muchos, con
otros de más amplio radio vital y pasaporte foráneo.
Es la misma postura que siguen hoy los proyectos lexicográficos computarizados de nuestro
continente, que rechazan efectuar la colecta de las pocas docenas de voces estrictamente
nativas y van en busca de la norma léxica local.
La léxico-estadística no es nueva en Hispanoamérica: de 1952 son los dos volúmenes del
Recuento de vocabulario de Puerto Rico, realizados bajo la dirección de Ismael
Rodríguez Bou. Esta y otras empresas léxicas emanadas del Consejo Superior de Enseñanza
tenían fines pedagógicos: perseguían describir la norma léxica, conocer el vocabulario
de los escolares, sus logros y sus desconocimientos, con el fin de que la escuela pudiese
planear con bases objetivas el aprendizaje del léxico materno.
Pero desde 1964, año inaugural de la serie The Romance Languages and their Stuctures, cambió
el instrumental metodológico de estos trabajos; fiel a las posturas de Alphonse Juillang,
aunque con revisiones y refinamientos, es el Léxico básico del español de
Puerto Rico de Amparo Morales (1986). Desde otros planteamientos teóricos y con
fórmulas muy diferenciadas se desarrolla el proyecto de Diccionario del español de
México, que elabora un equipo dirigido por Luis Fernando Lara (1974, 1987). Ambos
trabajos, únicos hasta ahora en Hispanoamérica11
persiguen objetivos paralelos: descubrir los pocos miles de vocablos que integran la
competencia léxica de la comunidad.
Se trata de trabajos que revisten cierta urgencia, dada la polifuncionalidad (no solo
satisfacer demandas de conocimiento dialectal) que revisten. Invitamos a todos los
interesados a aprovechar la experiencia, la bibliografía, el programa computacional y la
ayuda que el Instituto de Lingüística de Puerto Rico puede proporcionar en este sentido.
La descripción de la norma léxica dialectal (generalmente se trata del sociolecto alto)
incluye el estudio de la estructura genética de ese vocabulario: léxico patrimonial,
hispanoamericanismos (criollismos, indigenismos) más préstamos antiguos (afronegrismos)
y modernos (galicismos, italianismos, anglicismos, etc.). Aunque, si bien no abundan
tampoco son escasos, los estudios lexicográficos o no de esta última
naturaleza, los que van en busca de la densidad de esos elementos en la norma dialectal,
suelen arrojar resultados elocuentes, desde luego muy alejados de las interminables listas
de muchos diccionarios que, por el contrario, persiguen como objetivo principal ofrecer
nóminas exhaustivas de indigenismos, afronegrismos, etc., independientemente de su
dispersión diatópica y, sobre todo, de su delimitación cronológica12.
3.3.4. Desde luego que estos mismos análisis pueden ser efectuados,
conjuntamente con los de estructura morfológica y semántica, sobre otros tipos de
recuento. Me refiero a los Léxicos de la norma culta, por una parte, y a los
léxicos disponibles, por otra.
Los léxicos de la norma culta forman serie con los diccionarios de frecuencia,
aunque sus bases teóricas y sus aparatos metodológicos difieran sustancialmente. Se
trata en todo caso de cómputos de unidades presentes en la actuación lingüística, bien
esté manifestada a través de texto corrido, bien en forma de respuestas a un
cuestionario. Los léxicos publicados ya (México, San Juan y Santiago) y los que aún
esperan turno para la imprenta (Caracas)13
van constituyendo un corpus léxico apreciable, sobre el que ya se han efectuado
varios estudios, principalmente de anglicismos (Lope Blanch 1979; López Morales, 1987).
Los léxicos disponibles tratan de sacar a la superficie las unidades almacenadas en el
lexicón mental; están integrados por palabras que la comunidad de habla conoce, pero que
no actualiza en un discurso a menos que el tema lo permita. Son unidades que poseen muy
poca estabilidad estadística, y que, por lo tanto, no suelen aparecer en los léxicos
básicos, y según los casos tampoco en los cuestionarios. Se obtiene gracias
a la aplicación de pruebas asociativas en torno a un conjunto de determinados centros de
interés. La utilidad que estos instrumentos tienen para la dialectología está lejos de
albergar alguna duda seria, aunque como los léxicos básicos sirvan también
a otras disciplinas (sociolingüística, lingüística aplicada a la enseñanza de
lenguas, etnolingüística, psicolingüística).
De momento, solo el Léxico disponible de Puerto Rico está en proceso de
preparación para la imprenta, pero se encuentra muy avanzado el de la República
Dominicana, que lleva a cabo Orlando Alba14.
Aunque ya se dispone de otros muchos trabajos de disponibilidad léxica, se trata de
recuentos parciales, muy limitados a ópticas específicas, alejadas de la descripción
dialectal. Hoy la aplicación de instrumentos estadísticos cada día más
refinados a los materiales de base, se ha simplificado drásticamente, debido a la
generosidad de Juan López Chávez y su equipo de la Universidad Nacional Autónoma de
México, que procesa sin costo alguno esos materiales, suponiendo que su edición y
codificación hayan sido efectuadas según los requerimientos de un programa especial que
da cuerpo a la fórmula de Strassburger-López Chávez para los cálculos de los grados de
disponibilidad. |
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3.4 Dialectología comparada
Esta etapa de la investigación dialectal constituye un auténtico desideratum, todavía
lejos de concreciones, si se exceptúan las calas aisladas que se han producido.
El elemento más favorecido en estos trabajos es el léxico, aunque también pueden
anotarse algunos títulos aislados que manejan construcciones sintácticas de la norma
culta; entre estos se encuentran varios artículos de Lope Blanch sobre la
«estructura del
habla» (cláusulas y oraciones), iniciados en 1980, una serie de pequeñas monografías de
De Mello en etapa de publicación, el trabajo sobre el dequeismo de Erica García (1986) y
poco más.
Los análisis léxicos comparativos ya realizados son el de López Morales (1991) sobre el
campo léxico-semántico del cuerpo humano en La Habana, Santiago los Caballeros y San
Juan, y el de Orlando Alba (1991) sobre indigenismos y afronegrismos en las tres Antillas
mayores. El primero ha utilizado el material procedente del cuestionario léxico de la
norma culta, al que se le han aplicado las fórmulas de dispersión y uso de Morales
(1986); el resultado de esta cala es de gran interés para la delimitación del léxico
común a los tres ciudades y, también, del vocabulario discrepante.
Otro tanto hace Alba, pero esta vez partiendo del resultado de estudios previos (salvo el
de vigencia de afronegrismos en Santiago, que realizó expresamente para esta
comparación); por tanto, hereda algunas deficiencias de muestras y de subjetivismo en
cuanto a criterios estadísticos de demarcación. Como cala aproximativa su valor es
apreciable.
El único gran proyecto, todavía en etapa de elaboración, es el del Léxico español
básico (título provisional) que preparan en Las Palmas Humberto López Morales y
José Antonio Samper. Está hecho sobre frecuencias de las unidades léxicas aparecidas en
los distintos corpora de los materiales para el estudio de la norma culta; sobre
ellas, se aplican fórmulas de dispersión y uso. Esperamos que los resultados del
proyecto arrojen luz sobre el léxico compartido al menos en este sociolecto
por las comunidades de habla hispánica a ambos lados del Atlántico. Se trata de la
presentación de materiales básicos, sobre los que podrán elaborarse múltiples
monografías. |
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4. Conclusiones
Las conclusiones de este somero examen del quehacer presente de la dialectología
sincrónica hispanoamericana y de las sugerencias de perspectivas futuras no pueden ser
más breves. Es necesario finalizar los grandes proyectos emprendidos y diseñar nuevas
investigaciones al amparo de marcos teóricos solventes y con metodología rigurosa. Es
cierto que esto ya se hace en buena medida, pero no me refiero a empeños individuales y
aislados, sino a empresas colectivas (o al menos coordinadas) más ambiciosas. Solo la
coherencia de los trabajos nos permitirá establecer las comparaciones pertinentes y tan
necesarias.
Confiemos en que el trabajo de todos y la voluntad institucional puedan aunarse para
lograr una gran meta: que el español de América deje de ser paulatinamente ese «ilustre
desconocido» de que hablaba Lope Blanch hace casi un cuarto de siglo. |
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Notas:
- Pienso fundamentalmente en el famoso volumen colectivo, el
IV, Ibero American and Caribbean Linguistics, de la Serie Current Trends in
Linguistics, donde se encuentran importantes recuentos informativos de Eugenio
COSERIU, Juan M. LOPE BLANCH y Yakov MALKIEL, estos de carácter general, más detallados
aportes monográficos de varios especialistas.
- El trabajo llega hasta 1986; lamentablemente un informe
ultimísimo, el de 1992, no ha salido de la imprenta todavía, pero estará a punto de
aparecer.
- Véase en la bibliografía LOPE BLANCH, 1971; BENTIVOGLIO,
1979; RABANALES y CONTRERAS, 1979; OTÁLORA DE FERNÁNDEZ y GONZÁLEZ, 1986; BARRENECHEA,
1987; CARAVEDO, 1989, y MORALES Y VAQUERO,1990.
- Hago referencia únicamente a los corpora
hispanoamericanos, pero en el Proyecto también están presentes Madrid, Sevilla y
Las Palmas. Los materiales de las dos primeras ciudades ya están publicadas: ESGUEVA y
CANTERO, 1981; PINEDA, 1983; en breve aparecerán los de Las Palmas (editados por J. A.
SAMPER et alii).
- Debe mencionarse también la pequeña colección de textos
orales (con sus transliteraciones), Muestra de hablas hispanoamericanas, que
actualmente prepara la ALFAL; se trata de un conjunto de casetes de una hora de duración
(30 minutos por cada lado), donde aparecen cuatro voces (dos hombres y dos mujeres; una
culta y otra popular; quince minutos cada una) de hablantes de capitales de
Hispanoamérica, pero su propósito principal es servir de apoyo didáctico a cursos sobre
el español de América.
- Los proyectos de Chile, Uruguay y Costa Rica, fraguados en
New York, desde la cátedra de Navarro Tomás en Colombia University (1943-1948) nunca
llegaron a realizarse; otro tanto ocurrió con los de Cuba, Nicaragua y El Salvador (vid.
SANCHÍS GUARNER, 1953).
- Véase, en la bibliografía: FONTANELLA DE WEINBERG
(1992), KOVACCI (1987), GARCÍA RIVERÓN (1991) y NAVARRO CORREA (1974).
- Confróntese el trabajo de H. LÓPEZ MORALES,
«Apuntaciones críticas sobre el Atlas Lingüístico de Cuba», en prensa.
- La historia me autoriza a usar esta expresión, ya que el
proyectado Atlas Lingüístico de Hispanoamérica que en su día imaginara NAVARRO
TOMÁS desde New York no pasó de ser una quimera. Aquel proyecto partía de una
concepción muy diferente a éste: realizar un gran conjunto de atlas de pequeño dominio,
para luego proceder a la síntesis. Pero de ellos, ya se ha visto, sólo se terminaron los
de Puerto Rico y Jalisco.
- No hago aquí referencia a los
recuentos monográficos (acrónimos, topónimos y antropónimos, léxico marinero,
industrial, de deportes, voces de germanía, ictionimia, zoonimia, jerga estudiantil,
«arcaísmos», etc.), que también ofrecen abundante colecta; son de una notable riqueza
informativa. Es trabajo que debe encarecerse y fomentarse, mucho mejor si fuera
acompañado de una metodología solvente. Pero aunque no fuera este el caso, serían
también bienvenidos.
- No incluyo en esta nómina, aunque
carece de interés, el llamado Léxico básico del español escrito de la República
Dominicana (vid. GONZÁLEZ et alii, 1983), cuya base estadística, curiosa y
heterogénea, no permite adscribirlo a ninguna corriente teórica reconocida.
- No faltan, desde luego, estudios que
persigan esa misma finalidad la de llegar a saber el grado de vitalidad de cierto
tipo de elementos léxicos, pero salvo el de LOPE BLANCH sobre indigenismos (1969), están
hechos sobre materiales de cuestionarios, construidos ad hoc: LÓPEZ MORALES
(1971), ALBA (1976), VAQUERO (1981) y poco más.
- En España ya se han publicado los de
Madrid (cf. TORRES MARTÍNEZ, 1981) y Granada (SALVADOR SALVADOR, 1992) y en proceso de
preparación para la imprenta, el de Las Palmas (SAMPER et alii, 1993). Sevilla,
por su parte, ha salvado un volumen con el léxico de las Encuestas del habla urbana de
Sevilla.
- La contrapartida española de estos
trabajos la constituyen, hasta el presente, la investigación de Pedro BENÍTEZ sobre la
Comunidad de Madrid y la de Gran Canaria de José Antonio SAMPER et alii; ambos en
proceso de edición.
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