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 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Congreso de Sevilla
 

Sobre los estudios de etimología española
Germán Colón. Universidad de Basilea


1. Aspectos metodológicos

Etimología es el estudio del origen de los vocablos. El conocimiento de ese origen ha dado un vuelco epistemológico en el último siglo, por el afinamiento de los instrumentos de indagación, desde la entrada de la ciencia neogramática y positivista en las disciplinas lingüísticas. Además ahora «etimología» ya no es sólo búsqueda gratuita de la procedencia física de los vocablos (CANNA FERULA > cañaherla, PLANTAGINE > llantén). No interesa saber únicamente de qué lexema latino, árabe, etc. vienen las voces consideradas sino que es fundamental conocer el perfil y la trayectoria de éstas. Entonces la etimología se convierte además en una historia de la palabra. Remedando a Gracián, quien decía que nacemos para saber y sabernos1, puntualizaremos que estudiamos el origen de las palabras para conocer, por un lado, su procedencia, su estructura, etc. pero, por otro, pretendemos que también nos enseñen nuestro propio ser, ya que por el idioma somos.


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2. Descuido

Puesto que los vocablos no representan realidades ideológicamente neutras, fuera del contexto social, político, económico, sino que son un reflejo de la forma cómo la sociedad, nuestra sociedad, ve el mundo, conviene no desdeñarlas, incluso desde una perspectiva utilitaria. La frecuentación de esta subdisciplina lingüística que es la etimología no será un juego de lujo para filólogos desocupados y horros de aficiones trascendentes.

2.1. Ejemplos

Quisiera poner un par de muestras para hacer ver utópicamente el interés que tendría la ampliación del estudio de esta parcela de la lingüística, por ejemplo, a los diplomáticos de esta nueva Europa que se nos viene encima. Quizá así tendríamos algunos argumentos para que no nos «pasaran tantos goles» (perdónenme lo familiar de la expresión).

Los políticos de otra nación han prohibido que se siga utilizando la palabra champagne, champañ o champaña para cierta deliciosa bebida que se fabrica en nuestro país, con la excusa de que ese es el nombre de una región, La Champagne, en donde se inventó el modo de elaboración de un parecido brebaje. Nuestros estadistas han dado por buenas las razones, aceptando la prohibición y sustituido el nombre por otro castizo, cava, que para más «inri» es un galicismo2. Nadie se preocupó de hacer valer que con semejante argumento no habría industria textil por ningún lado, porque, ex. gr., cachemir o casimir también es el nombre de un conocido estado de la India; lo mismo diríamos para tantos paños como los de Arrás, de Brujas, de Cambray, de Londres, de Holanda...3. Por otro lado, impediríamos que se fabricasen mantas de lanas llamadas en muchos sitios cataluña o que comercializaran naranjas no españolas en aquellos países donde el fruto se llama valencia. Si no hay otros motivos escondidos, lo del champaña no tiene razón de ser. Entonces ¿por qué se fabrica jerez (= sherry) en Chipre o en África del Sur, y todo el mundo calla?

Si seguimos con este desconocimiento de nuestras cosas hasta se acabará, pongo por caso, con la peseta sin que nos enteremos de dónde ha venido (¿de pieza o de peso?) y pagaremos con amargos ecus, meciéndonos alegremente con la superficial idea de que la palabra es un acrónimo de «European Currency Unit», cuando en realidad es el nombre francés écu 'escudo'. Es seguro que, de no ser así, alguien —que no nosotros— se hubiera preocupado de que tuviéramos dos designaciones mundiales ecu y *ume, al estilo de OTAN y NATO.


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3. Posibilidades de actuación

Al formular algunos desiderata para el estudio de la etimología española, mi pretensión mayor es mostrarme realista. Los ejemplos que voy a poner aquí proceden naturalmente de mis experiencias y ruego no se vea un afán de protagonismo por aducir de modo predominante casos que tengo estudiados o en estudio.

Hace pocos años, en crítica literaria, con la presión de las ideologías, los estudiosos pretendían dar cuenta del universo y transformar el mundo; lo mismo hasta cierto punto ocurría en el ámbito de la lingüística. Hoy han caído muchos muros, el crítico se ciñe al texto, los autores abandonan géneros considerados de grandes vuelos y el cuento y narración corta sirven para explicarnos mejor nuestro propio y pequeño mundo; también los lingüistas bajan del olimpo chomskyano y miran la realidad inmediata.

Digo esto porque para nuestra etimología tenemos que actuar con lo que hay. No cabe, a mi parecer, partir de cero, y ponerse a realizar una magna obra etimológica por el estilo de la llevada a cabo para Francia por Walther von Wartburg con su Französisches Etymologisches Wörterbuch (= FEW) o como la que está procurando realizar Max Pfister con su Lessico etimologico italiano (= LEI). Tal proyecto hubiese sido deseable antes de los años cincuenta; ahora, con la publicación de dos ediciones del diccionario etimológico de Corominas (el DCELC de 1954-57 y el DECH de Corominas-Pascual de 1980-91), la situación es bastante particular. Este esfuerzo es gigantesco, y todos debemos un gran agradecimiento al autor principal (sin olvidar las mejoras debidas a la perseverante crítica de José A. Pascual). El sentimiento de gratitud no debe ni puede hacernos olvidar que, al lado de aciertos magníficos, la obra contiene lagunas no menos llamativas y errores de monta. Es lo que, con el respeto debido, habríamos de ir enmendando para llegar a poseer un cuerpo de doctrina digno. No digo corregir sólo las voces cuyo étimo resulta a todas luces equivocado4, cambiándolo por otro más plausible, sino trazar de otro modo la historia léxica de los vocablos.

Cuando se llegue a un segundo nivel y se pueda ya columbrar la redacción de un diccionario etimológico, convendría redactar los artículos a partir de los lemas del español, y no (como el FEW y el LEI) desde el idioma de origen. Para paliar el inconveniente metodológico, se impone al final la confección de una lista-repertorio de lo «etyma» latinos mantenidos patrimonialmente en español, de aquellos que son la base de cultismos, etc. Lo mismo cabe decir de los étimos árabes, germánicos, amerindios, etc. Eso evita tener que tomar por cabecera del artículo el lexema de la lengua fuente, lo cual dificulta extraordinariamente la consulta del diccionario.

Asimismo, y siguiendo, en cambio, el buen ejemplo del gran repertorio de von Wartburg y huyendo de lo que tenemos en casa, en la presentación se separarán tajantemente los datos filológicos objetivos de los subjetivos comentarios del redactor y de la discusión: los primeros permanecerán, pero lo que son opiniones, puntos de vista de unos etimólogos en un momento determinado, corren peligro de verse superados por investigaciones ulteriores.

He citado el FEW y el LEI como posibles dechados de una obra etimológica dedicada al acervo español. Pero inmediatamente salta a la vista la terrible carencia de bases en las que apoyarnos.


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4. Carencias, limitaciones

4.1. Estudios etimológicos precursores

Si prescindimos de antiguallas como la obra de Cabrera y de otros aficionados decimonónicos, sólo disponemos al comenzar este siglo XX de algunas notas etimológicas de R. J. Cuervo y del joven R. Menéndez Pidal y algo más adelante de los atisbos de V. García de Diego, interesantes en sí, a menudo sagaces, pero no demasiado útiles para un estudio como el que pretendemos conseguir. Todo lo demás está en las monografías de los últimos cincuenta años de Y. Malkiel y en el citado diccionario de Corominas.

Demos una vista a Francia, y ya sin contar el FEW, tenemos las aportaciones de Gamillscheg, Bloch-Wartburg, Dauzat y sucesores. Todavía mayor es la riqueza de trabajos en Italia. Battisti-Alessio, Prati, CortelazzoZolli son nombres de hitos magníficos, y no debemos soslayar el diccionario etimológico sardo de M. L. Wagner, modelo en su género. Además el propio Meyer-Lübke, autor del REW, alcanza sus mayores logros en el estudio de la etimología italiana.

4.2. Atlas

El FEW y el LEI parten primero de un conocimiento profundo de la realidad dialectal francesa e italiana, con un sistemático aprovechamiento de los atlas lingüísticos (ALF y atlas por regiones en las Galias; AIS y atlas de las islas). El Sr. Corominas no ha abierto un atlas, primero porque al hacer la edición de 1954 apenas los había en el dominio español; y luego, cuando ya empezó a haberlos, porque los ha desdeñado, y punto. Es ése en su obra un hueco metodológico difícil de colmar.

Ni que decir tiene que la lexicografía dialectal es riquísima en Francia e Italia: recordemos los vocabularios de J. Haust para el valón o el Glossaire de la Suisse romande, para el franco-provenzal, como obras señeras entre muchas más; por el lado itálico, tanto en el norte lombardo (Vocabolario della svizzera italiana) como en el sur calabrés (Tre Calabrie de G. Rohlfs), la actividad lexicográfica dialectal es admirable. Nuestras monografías dialectales son más modestas y encima no se utilizan...

4.3. Diccionarios históricos

Los otros diccionarios etimológicos romances poseen unas envidiables fuentes lexicográficas de gran alcance. Para el francés la tradición se remonta por lo menos a Littré, pero ahí se dispone también de obras como Lacurne, Godefroy, Tobler-Lommantzsch, sin mencionar el novísimo TLF, para el occitano o provenzal el Rn y el LevS.

El italiano puede mirar atrás y contemplar el repertorio de la Crusca, Tommaseo-Bellini y luego el GDLIde Battaglia, y una serie muy conspicua de despojos de textos literarios y no literarios.

El español que en este punto se adelantó a otras lenguas con el Diccionario de Autoridades (1726-1737), quedó luego rezagado. El diccionario histórico de lo años 30 sólo llega a la entrada cevil, y no se ciñe a las exigencias de la lexicografía moderna. El nuevo DH, cuyo primer fascículo comenzó a publicarse en 1960, avanza con mucha lentitud debido a que no encuentra los apoyos institucionales necesarios (en la actualidad se ha llegado a antígrafo: fascículo 20.º). El meritísimo Diccionario de Español Medieval que lleva a cabo en Heidelberg el profesor Bodo Müller y su equipo, se halla en sus comienzos; en el momento en que escribo han aparecido nueve fascículos hasta la voz achar5. La desventaja es grande respecto a nuestros vecinos románicos.

 


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5. Vaciado de textos: Banco de datos

Ya he aludido a los despojos electrónicos y de varia índole de que se dispone por otras latitudes. No estamos aquí faltos del todo, pero hasta el momento no se han aprovechado las posibilidades a nuestro alcance6. En el Seminario de Hispánicas de la Universidad de Madison se han publicado despojos electrónicos en microfichas de la ingente obra completa de Alfonso X el Sabio o de la también extensa de Juan Fernández de Heredia, fundamental para el conocimiento del aragonés antiguo7. Prácticamente los estudiosos de etimología españoles han actuado como si esas fuentes no existieran. Sé muy bien por haberlo comprobado, y quizá no soy el primero en proclamarlo, que en esas microfichas hay errores de lectura de toda especie, pero eso no obsta para que primero se tamicen con mucha acribía los materiales con lo que se evitarán voces-fantasma, que es lo único de lo que no estamos necesitados. Los ricos repertorios de Boyd-Bowman sobre léxico hispanoamericano de los siglos
XVI, XVII, XVIII y XIX merecen ser tenidos en consideración y hasta ahora los etimologistas apenas los consultan.

De lo que sí precisamos es, por el momento, de estos requisitos previos: Estudio y vaciado completo de textos: fueros, obras religiosas, biblias (¡Biblia de Alba!), tratados científicos. Hasta los cancioneros poéticos se han de vaciar enteros (por ejemplo, el Wortschatz del Canc. de Baena publicado por Schmidt es muy reducido, basta sólo con compararlo con la selección de textos del s. XV editada por Foulché-Delbosc en la NBAE). La enorme riqueza de los fueros, con las dos grandes familias de Cuenca y de Teruel, es un filón prácticamente sin explotar8. Los diversos diccionarios de Nebrija merecen nuestra atención; por un lado se ha de emprender el estudio diacrónico del Lexicon y el análisis contrastivo de las adaptaciones a otras lenguas9, sin olvidar también el léxico que acarrean las diversas ediciones de las Introductiones latinae (1.ª ed., 1481). Tampoco habría que dejar de lado el material que contienen otras obras científicas, históricas y jurídicas del Nebrisense.

En la situación actual, lo que se necesita es un buen banco de datos, y no tanto un diccionario histórico, ya que están en marcha otras empresas en España y fuera de España, con las que no hay por qué competir.

Repetiré una obviedad: sin el apoyo de los textos, las conjeturas etimológicas más inteligentes no pasarán la mayor parte de las veces de juegos de ingenio. He tenido una nueva ilustración estos días leyendo la nota del Sr. Ruipérez a propósito de la palabra copia ‘traslado, doble de un escrito’ con una propuesta tan curiosa como falsa, debido al desdén de la realidad textual10. Y ese caso, por desgracia, no es único y hay conjeturas etimológicas recientes que más parecen combinaciones malabares, y que piadosamente me abstendré de citar.


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6. Propuestas asequibles

Hoy en día estudiar la etimología española no es una tarea de un solo individuo sino de equipo, equipo de investigadores que es necesario constituir y formar.

El objetivo final nuestro es la redacción de un gran diccionario etimológico español, de una obra de consulta seria y de altos vuelos, a la altura de las otras filologías. Pero en un primer tiempo convendría fijarse una meta más modesta.

Ante la existencia de los repertorios mencionados, no parece adecuado emprender ahora un nuevo diccionario etimológico. El cometido del estudio de la etimología española hoy sería, a mi parecer, trazar la biografía lo más afinada posible de unos centenares de lexemas: voces hispanas de toda índole: (hereditarias, cultismos y «semicultismos», palabras dialectales, jergales, etc.) como trabajo previo para averiguar las grandes líneas de la empresa etimológica. Interesan poco los «nuevos» descubrimientos en este campo. La labor de rastreo ya se ha llevado a cabo en la Romania y son exiguas las contribuciones decisivas que se puedan esperar.

6.1. Inventarios e instrumentos de investigación

Se requiere ahora levantar un inventario de las fuentes lexicográficas (diccionarios, vocabularios: de hablas, dialectos, autores), de las fuentes documentales (documentos históricos), de estudios dialectales con glosarios de las monografías léxicas y de propuestas etimológicas. También se precisa un anejo bibliográfico serio de textos y de literatura crítica. Por ejemplo, disponemos de unos útiles índices de la Revista de Filología Española (tomos I-XLV)11, continuados recientemente (tomos XLVI-LXX )12, pero en otras muchas revistas y en volúmenes misceláneos y de homenaje están enterrados estudios léxicos y etimológicos valiosos, que corremos el riesgo de pasar por alto. Hay que echar una red barredera que recoja todas las aportaciones para, luego, examinar esas propuestas con la mayor atención.

6.2.
Análisis contrastivo

De sumo interés resultaría estudiar contrastivamente, cuando sea posible, los antiguos (medievales y clásicos) textos castellanos, catalanes y portugueses; y también franceses, occitanos, italianos (Romania Hispánica y Romania occidental).

Así, por ejemplo, cito al azar:

La Cárcel de Amor: español, catalán, italiano.
La Celestina: traducciones al italiano, francés.
Poridad de Poridades: redacciones castellana y aragonesa, adaptaciones portuguesa y catalana.
Crónica de Jaume 1 y Gestas: catalán y aragonés.
General Estoria alfonsí: Versión gallega del siglo XIV13.
Partidas de Alfonso el Sabio y versión catalana14.

Lopes de Castanheda, Fernão, História do descobrimento e conquista da India pelos Portugueses, ed. de 1551 portugués vs. traducción castellana contemporánea (Amberes, Martib Nucio, 1554)15 Tirant lo Blanch: original catalán y versiones contemporáneas al italiano y al español16.

Poesías de Ausiàs March: catalán vs. español en varias traducciones17.

Quijote: versiones francesa e italiana del siglo
XVII18.

6.3. Los dialectos y los romanos vecinos

La adecuada consideración contrastada de los vecinos permite avanzar por la vía más segura: de este modo se acabaría de hablar de improcedentes «catalanismos» como, por ejemplo, amainar, pernil, vaivén, rozagante, cantimplora, etc.

El caso murciano es complementario y no se puede estudiar sin conocer lo que pasa en la «vecindad»: casos de marmota de fusta (texto valenciano del siglo
XIV que va en la dirección de las aportaciones murciano-almerienses de Robert Pocklington19 o de azarbe ‘desaguadero’20.

Con el aragonés se presenta el apasionante problema de su relación con el castellano y el catalán21.

6.4. El léxico español en el ancho mundo

Convendría asimismo emprender el estudio de las voces internacionales y el papel del español, tanto en lo que recibe (copia, fresa, parque) como en lo que da (vedette, veleta (?), volcán, junquillo, etc.)22.

Habría que averiguar qué posición adopta el español en la jungla de creaciones internacionales modernas: ferrocarril vs. canúnos de hierro, calefacción, volante-timón, coche-carro, ascensor-elevador, plancha, pantalla, etc.; para no hablar de la terminología de las actuales tecnologías.

6.5. Criterios de elección

Uno de los problemas que se plantean los estudiantes y también los investigadores es saber qué criterios llevan a escoger el estudio de determinado lexema, por qué investigamos la etimología de tal palabra y no de otra. ¿Cómo, dónde y por qué se ha visto el problema? ¿Hay unas reglas para el análisis? Suelo decir, por lo que me atañe, que es el azar el que ha decidido que me haya ocupado de tal tema, puesto que normas de actuación no se pueden dar. Como en todas las ciencias, particularmente en las ciencias humanas, es la curiosidad la que lleva a buscar más allá de las meras apariencias.

Naturalmente, si desde un principio un comité rector fija con cierta flexibilidad una lista de términos por investigar, el campo se irá ampliando y de un problema se pasará a otro, de manera que la red inicial se ampliará extraordinariamente.


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7. Precauciones

He aquí algunos puntos que no estaría de más tener presentes:

a) Examen cuidadoso de las fuentes; cf. los aleccionados ejemplos ornitonímicos de flamenco y martín pescador: la voz flamenco aparece por vez primera en Don Juan Manuel bajo la forma flamenque, que no se tiene en cuenta; con martín pescador procuré señalar en la RLiR de 199023 que usábamos en español documentación cuyo punto de arranque está en calcos de Palmireno, quien plagia desvergonzadamente al naturalista de Zurich Conrad Gesner, lo que hace sospechosa toda argumentación; no obstante, martín pescador surge —y ahora creo que está con todo derecho de ciudadanía en el Cancionero General de Hernando del Castillo— en una composición del sastre Antón Montoro.

Otra suya a vn un portogués que vido vestido de muchas colores

«Decid amigo soys flor
      o obra morisca de esparto
o carlanco, o ruyseñor
    o soys martín pescador
o mariposa, o lagarto
o menestril o faraute ; 
     o tamborino, o trompeta
o tañedor de burleta 
    o cantador de corsaute».

b)    Impónese suma prudencia al adscribir a mozarabismo cualquier voz española cuya transparencia en un primer momento no salta a la vista: cf. collarado/collerat y, olvido de la documentación castellana y leonesa con proyección americana24.

c)    Háse de escrutar en serio el problema del arabismo semántico con participación de semitistas, en una bienvenida colaboración de interdisciplinariedad: cf., por ejemplo, el polémico caso de amanecer-anochecer25 y cat. ensinistrat.

d)    Los cultismos ofrecen también problemas de itinerario y de adaptación; su investigación está algo descuidada: cf. plagio26.

e)    No sólo son importantes las voces centrales, sino asimismo los compuestos derivados con prefijos, sufijos, afijos (entresuelo).

Es fundamental incluir en el cuadro de investigaciones igualmente las unidades léxicas complejas como refranes y sentencias27 (he hecho recientemente la experiencia al analizar la paremia el ojo del amo engorda el caballo)28 . Se impone una crítica de las aportaciones etimológicas realizadas hasta ahora. Será, pues, prematuro todo intento de síntesis: no vale eso de mencionar de carretilla, entre los elementos constitutivos del español, listas de pretendidos lusismos, occitanismos, italianismos, catalanismos, sin estar todavía bien contrastados.

El vaciado de fuentes documentales históricas —ya lo hemos dicho— ayudará extraordinariamente: está muy bien sacudirse de encima aportaciones molestas, cuando se tiene una «solución» etimológica preconcebida, como alguien ha hecho con las dataciones presentadas por B. Pottier, so pretexto de que hay que ser críticos con las ediciones de textos...29. Esto nos lleva a decir que hay que compulsar y comprobar las transcripciones, especialmente las que no están realizadas por filólogos expertos; los intemperantes críticos deberían tomar ejemplo de la viga en el ojo propio antes que de la paja en el ajeno (cf. el caso de asuauar y *amainar. [Para amainar se pondera su arraigo en Valencia y su varillaje semántico, pues incluso se habría aplicado *amainara la acidez de las lechugas, ello sin comprobar si el manuscrito que trae ese pasaje que la lectura es asuauar ‘suavizar’...].

Toda aportación, cualquier nótula, se ha de tomar en cuenta, incluso las de sencillas nuevas dataciones; me apoyo en la autoridad de un latinista como Bengt Löfsted30, comentando un hermoso artículo de Bodo Müller31 y lamentando la desidia en que cae el autor del DECH. Por otro lado, sería muy útil recopilar todas las dataciones que se han ido indicando para completar o rectificar las de Corominas; desde luego, lejos de esa ingenua satisfacción (así la juzga ese autor) de enmendar la plana al prójimo.

Se precisa, y lamento decirlo, un ojo crítico ante la «dictadura» del diccionario de Corominas. Hay demasiados investigadores, en particular jóvenes, que toman los datos de ese repertorio como dogma de fe. He aquí un ejemplo: Alfonso X usa, en el siglo
XIII, la palabra volcán en su Lapidario y, según la editora del texto publicado por la editorial Gredos32, procedería del portugués, porque Corominas mantiene que este presunto lusismo se extendió con los descubrimientos portugueses de los siglos XV y XVI... Lo mismo se puede afirmar de bribón, atestiguado en español en el siglo XVII, del que se pretende hacer el centro de irradiación en Europa, con el singular argumento que la jerga de los pordioseros y gente de mal vivir surge en España: ¿por qué, en vez de gritar fuerte, no se consideran las fuentes medievales (siglos XII y XIII) latinas de procedencia francesa e inglesa? Y en gallofo, las italianas, etc.

8. Conclusión

Mucho queda por realizar antes de emprender una obra de vasto aliento, a la que la lengua española no puede ni debe renunciar. He apuntado unos requisitos e insistido particularmente en el aspecto histórico y documental. Es tarea de buenas voluntades conjuntas, pero no es en modo alguno una utopía. Si la empresa halla un apoyo institucional, no dudo que podría llevarse a cabo en un plazo relativamente corto, procediendo por estas dos etapas que he señalado: monografías previas y luego redacción del ansiado repertorio etimológico español.


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9. Apéndice: Propuesta de lexemas sobre los que convendría comenzar una investigación exhaustiva:

1.   amagar,
2.   amainar,
3.   antífona y tafanario,
4.   apoyar,
5.   arbitrista,
6.   aviso ‘advertencia’, ‘embarcación’
7.   bacalao,
8.   bardomera y gardomera,
9.   borceguí,
10.   bribón,
11.   búcaro,
12.   cansar,
13.   chacinería,
14.   charcutería,
15.   conserva [también voz marítima],
16.   constatar,
17.   cursi,
18.   entelequia,
19.   escenario,
20.   estafa,
21.   éxito,
22.   flamenco (dos sentidos),
23.   fracaso
24.   fulminar,
25.   gallofo,
26.   gastador ‘soldado’,
27.   industria,
28.   marmota ‘congeries’,
30.   pantalla,
31.   pavana,
32.   pantuflo,
33.   regalar (dos acepciones),
34.   revolución,
35.   rodeo,
36.   rozagante,
37.   sobresalto,
38.   tafanario,
39.   témporas,
40.   trasunto,
41.   villancico,
42.   zarabanda.


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Notas:
  1. «Nacemos para saber y sabernos, y los libros con fidelidad nos hacen personas», Baltasar GRACIÁN, Oráculo manual y arte de prudencia, ed. M. Romera Navarro, Madrid, 1954, pág. 445, § 229.Volver al texto
  2. Cuando se empieza a estudiar filología románica uno de los ejemplos primerizos que se aprenden es el contraste entre el lat. CAVA y *COVA, éste origen del castellano cueva, portugués y catalán cova, frente al francés cave.Volver al texto
  3. GAY, Glossaire archéologique du moyen âge et de la renaissance, Paris, 1887-1928, 2 vols. Charles VERLINDEN, «Contribution à l'étude de l'expansion commerciale de la draperie flamande dans la Péninsule Ibérique au XIIIe siècle», Revue du Nord, 22 (1936). Kurt ZANGGER, Contribution à la terminologie des tissus en ancien français attestés dans des textes français, provençaux, italiens, espagnols, allemands et latins, Bienne, 1945. Guy DE POERCK, La draperie médiévale en Flandre et en Artois. Technique et terminologie, 3 vols., Brugge, 1951. Hans Conrad PEYER, Leinwandegewerbe und Fernhandel der Stadt St. Gallen con den Anfängen bis 1520, St. Gallen, 1959. Manfred HÓFLER, Untersuchungen zur Tuch-und Stoffbenennung in der französischen Urkundensprache. Vom Ortsnamen zum Appellativum. Tübingen, 1967 (Beihefte zur Zeitschrift für romanische Philologie, núm. 114). Jesusa ALFAU DE SOLALINDE, Nomenclatura de los tejidos españoles del siglo XIII, Madrid, 1969. Marianne MEYER-SCHÖPPEN, Die Stoffe am Hofe der Katholischen Könige (Diss. Basel, 1979). A. VON BRUNN, Katalanische Stoffe, Kleider und Lederarbeiten orientalischen Ursprungs (diss. Bassel, 1982). María del Carmen MARTÍNEZ MELÉNDEZ, Los nombres de tejidos en castellano medieval, Granada, 1989 («Publicaciones de la cátedra de Historia de la Lengua Española»).Volver al texto
  4. Exempli gratia, pretender que rosicler sea de origen árabe, más o menos pariente de rejalgar, cuando es evidente que estamos ante un préstamo de origen galorrománico.Volver al texto
  5. Carl Winter HEIDELBERG, 1987.Volver al texto
  6. Por los mismos días en que pronunciaba yo esta conferencia (octubre de 1992), se presentó en el Pabellón de España de Sevilla el primer disco CD-ROM del programa ADMYTE, que contiene una gran cantidad de textos medievales y permite trabajar con varias herramientas informáticas.Volver al texto
  7. Concordances and Texts of the Royal Scriptorium Manuscripts of Alfonso X el Sabio (The Hispanic Seminary of Medieval Studies, Madison, 1978, 2 vols. de microfichas), Concordances and'Texts of the Fourteenth-Century Aragonese Manuscripts of Juan Fernández de Heredia (ib. 1982, 1 vol. de microfichas). Otros vaciados importantes se han llevado a cabo en ese taller lexicográfico, como por ejemplo, el de la obra completa de don Juan Manuel o el del ms. esp. 226 de la BN de París.Volver al texto
  8. Véase lo que dije al estudiar la voz encobar, 'impedir'; cf. RLiR, 45 (1981), págs. 138-139.Volver al texto
  9. Véase, como prueba, lo que ocurre con padrastro y su transposición al catalán y al portugués con enemic/immigo.Volver al texto
  10. Martín S. RUIPÉREZ, «Español copia y sus congéneres», en Hvmanitas in honorem Antonio Fontán, Madrid, Gredos, 1992, págs. 85-89, parte despreocupadamente de COPULA a través de un italiano septentrional copia...Volver al texto
  11. Elena ALVAR, Índices de voces de la Revista de Filología Española, Madrid, 1969 (2 vols.).Volver al texto
  12. MARTÍN BUTRAGUEÑO e Isabel MOLINA MARTOS, Índices de la Revista de Filología Española (tomos XLVI-LXX), Madrid, CSIC, 1991.Volver al texto
  13. Ed. Ramón MARTÍNEZ LÓPEZ, Oviedo, 1963.Volver al texto
  14. Cf. Ramón D'ABADAL, «Les "Partidas" a Catalunya», Estudis Universitaris Catalans, VI-VII, 1912-1913.Volver al texto
  15. Hay traducciones antiguas al italiano y al francés. Véase mi ponencia «Les llengües romàniques i llur selecció lexical» en Actes del XVI Congrés Internacional de Lingüística i Filología Romàniques, Palma de Mallorca, 1982, 1, págs. 76-78.Volver al texto
  16. En este año de 1993, Cesáreo CALVO RIGUAL, ha presentado en la Universidad de Valencia una tesis cuyo fin es el Estudi contrastiu del léxic de la Traducció italiana del Tirant lo Blanc (1538). Una tarea urgente de la investigación española consiste en escrutar con el mismo esmero la versión castellana, publicada en Valladolid en 1511.Volver al texto
  17. Martín de RIQUER, Traducciones castellanas de Ausias March en la Edad de Oro, Barcelona, Instituto Español de Estudios Mediterráneos, 1946.Volver al texto
  18. Véanse mis «Materiales para el estudio léxico contrastivo del español, del francés y del italiano: Don Quijote (1605) y sus traducciones coetáneas (1614 y 1622)», Travaux de Linguistique et de Littérature, 23/1 (1985), págs. 249-293.Volver al texto
  19. RFE, 65, 1985, págs. 58-67 sobre bardomera y marmota acumulación de barro y pajas en un río o barranco.Volver al texto
  20. «El arabismo «azarbe»/«assarp» en el Bajo Segura», Miscellanea Gasca Queirazza, Torino, 1988, págs. 145-158 (reproducido en el libro: El español y el catalán, junto y en contraste, Barcelona, Ariel, 1989, págs. 177-190).Volver al texto
  21. Se me ocurren muchos ejemplos, pero me limito a enviar al libro citado en la nota anterior.Volver al texto
  22. Envío a «Voces internacionales en dos direcciones», Actas del Segundo Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Madrid, 1992, 1, págs. 43-72.Volver al texto
  23. «Lexicografía contaminada: a propósito de rnartín pescador y marinete», RLiR, 54 (1990), págs. 361-376.Volver al texto
  24. «Visió romántica sobre alguns "rnossarabismes" del catalá», en Actes del nové Col.loqui internacional de llengua Í literatura catalanes (Alacant-Elx, 1991), Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1993, 11, 253-299.Volver al texto
  25. La Señora Monika Winet, de la Universidad de Basilea, ha terminado un esclarecedor trabajo: «Die arabisches Verben asbaha und amsã und ihre Projektion in die Iberoromania», que esperamos ver publicado pronto.Volver al texto
  26. «Reflejos cultos de plagium y plagiarius en algunas lenguas europeas», en Voces, vol. 3, Université de Caen, Universidad de Salamanca, 1992, págs. 9-20.Volver al texto
  27. Cf. para el francés reciente Dictionnaire des locutions en Moyen Français compilado por Giuseppe DI STEFANO, Montreal, Editions Ceres, 1991.Volver al texto
  28. G. COLÓN DOMÉNECH, «"La gábia gran no fa millor lo aucell". Postil.la als Secrets del prior Agustí», Micel.lània Joan Fuster. Estudis de llengua i literatura, ed. d'Antoni Ferrando i d'Albert G. Hanf, Universitat de València-Abadia de Montserrat, 1993, vol. IV, págs. 117-128, esp. pág. 125 y sigs.Volver al texto
  29. DCEC, IV, pág. 899a.Volver al texto
  30. Vox Romanica, 48 (1989), pág. 263.Volver al texto
  31. «Der Wortschatz des Altspanischen aus der Perspektive des Diccionario del español medieval, en Festschrift H. Kuen zum 90. Geburtstag, ed. G. Ernst u. A. Stefenelli, Wiesbaden (Steiner), 1989, pág. 154 y sigs.Volver al texto
  32. Edición de S. RODRÍGUEZ M. MONTALVO, Madrid, Gredos, 1981, pág. 324a.Volver al texto
 

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