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El español de
América a partir de 1650
María Beatriz Fontanella de
Weinberg. Universidad Nacional del Sur. Argentina CONICET |
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1. Hasta mediados del siglo XX, los trabajos referidos a la historia del español de
América se centraron especialmente en la discusión de diversas teorías sobre el origen
de sus rasgos característicos. Sólo hacia fines de la década de 1960 comienza una nueva
etapa que se caracteriza por la realización de estudios documentales sobre el desarrollo
de rasgos específicos en determinadas regiones americanas. Se puede estimar que esta
segunda etapa se inicia con el trabajo de Olga Cock (1969) sobre la evolución de las
sibilantes en el Nuevo Reino de Granada, que constituye aún hoy, a más de veinte años
de su publicación, un modelo por su seriedad y rigor metodológico1.
Si bien las investigaciones que caracterizan a esta segunda etapa varían mucho en cuanto
a la cantidad de autores considerados (que van desde el alto número empleado por Cock,
hasta estudios basados en epistolarios familiares o de un único autor) y en el tipo de
fenómenos analizados (fonológicos, morfológicos o sintácticos), todas tienen en común
el haberse basado en documentos de época, centrarse en la evolución de un rasgo
específico, limitarse a una etapa relativamente breve y utilizar una rigurosa
metodología lingüística. En lo cronológico, la amplia mayoría de estos estudios se
refieren al desarrollo de distintos fenómenos lingüísticos anteriores a 1650. En
efecto, éste es el límite temporal que fija para su estudio Olga Clock (1969) y dentro
de esta misma delimitación cronológica se incluyen los trabajos de Lope Blanch sobre
Diego de Ordaz (1970, 1972, 1973, 1976 y 1984a, 1984b entre otros), de
Claudia Parodi y Elizabeth Luna Trail sobre distintos aspectos del español de México
(Parodi, 1976 y 1979; Luna Trail y Parodi, 1974) y el de Claudia Parodi sobre el yeísmo
en América durante el siglo XVI (1974).
Pese al predominio entre estos estudios específicos de los que se centran en la etapa
previa a 1650, algunos trabajos de ese tipo escapan a tal límite, como el artículo de
Guitarte sobre el yeísmo (1971) y un conjunto de estudios sobre la evolución de la
lengua en distintas regiones argentinas, entre los que se encuentran los nuestros sobre el
voseo y yeísmo en la región bonaerense (Fontanella de Weinberg, 1968, 1971, 1973, 1977,
1985, 1989a y 1989b), el de Prevedello (1984) sobre el voseo en Córdoba y
el de Abadía de Quant (1987) sobre la evolución de /-s / en el español de
Corrientes.
La década de 1980 se caracteriza por el comienzo de una nueva etapa en los estudios sobre
la historia del español americano. En efecto, a lo largo de esta década comienzan a
publicarse trabajos más amplios que, por su objetivo, significan no sólo una diferencia
cuantitativa sino también cualitativa con los estudios sobre temas específicos a los que
nos hemos estado refiriendo. En esta línea de trabajos de conjunto sobre el desarrollo de
la lengua en distintas regiones americanas se ubican los trabajos de Álvarez Nazario
sobre Puerto Rico (1982), Elena Rojas sobre el español de Tucumán (1985), Fontanella de
Weinberg sobre el español bonaerense (1982, 1984 y 1987) y Miguel Á. Quesada Pacheco
sobre el español colonial en Costa Rica (1990). Estos libros tienen en común el estar
basados en extensa documentación y analizar los distintos componentes del lenguaje, si
bien difieren en cuanto a su comprensión temporal, ya que Álvarez Nazario (1982) y
Fontanella de Weinberg (1982 y 1984) cubren sólo dos siglos de la evolución de sus
respectivas regiones, mientras que Quesada (1990), Rojas (1985) y Fontanella de Weinberg
(1987) abarcan la evolución lingüística desde el asentamiento estable de los pobladores
en cada región hasta principios del siglo XIX, fines de ese siglo y 1980, respectivamente. A estos
trabajos deben sumarse dos estudios más breves, pero también de conjunto, de Abadía de
Quant (1990) y Donni de Mirande (1990) sobre la evolución del español de Corrientes y
Santa Fe (Argentina). |

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2. El breve panorama bibliográfico
que hemos presentado permite observar la existencia de un conjunto de estudios
documentales realizados en las dos últimas décadas, que si bien dejan enormes
lagunas tanto en lo que hace a la cobertura geográfica como a la temporal
significan un decisivo avance, con respecto a etapas anteriores. Aunque el número de
estudios dedicados al análisis de la evolución lingüística posterior a 1650 es
sensiblemente inferior al de los que se centran en los años previos, la existencia de
trabajos extensos de conjunto sobre cuatro regiones americanas si bien uno de ellos
llega sólo hasta 1700 y de estudios parciales sobre distintos temas, posibilitan
observar diferentes aspectos en que la evolución en las distintas regiones es paralela y
otros en los que difieren, así como postular diferentes etapas no necesariamente
coincidentes que se dieron en el desarrollo del español en América.
En este último aspecto, podemos considerar que hacia 1650, en gran parte de las regiones
americanas, la lengua había superado ya la etapa inicial que se caracterizaba por un
fuerte multidialectismo determinado por la afluencia de colonizadores procedentes de las
diversas regiones peninsulares. Esta coexistencia dialectal propia de la primera etapa se
observa fácilmente por la coexistencia durante el primer siglo de colonización de
distintos sistemas fonológicos, ya que había hablantes con seseo y otros con oposición
entre sibilantes dentales y alveolares y hablantes que mantenían una aspiración inicial
como resultado de la /f-/ medieval y otros que la habían perdido totalmente (Cock,
1969; Álvarez Nazario, 1982; Rojas, 1985; Fontanella de Weinberg, 1987; Quesada, 1990).
En cambio, hacia 1650, en todas las regiones estudiadas se nota ya la existencia de una
variedad propia que posee determinados rasgos característicos.
El surgimiento de distintas variedades regionales fue, sin duda, el resultado de procesos
de koinización que se fueron produciendo en las diferentes regiones americanas.
Pese a que koiné es un término de larga tradición lingüística, que fue
aplicado con anterioridad al español de América (véase, entre otros, Catalán, 1958;
Boyd Bowman, 1956, y Guitarte, 1959), el término koinización y su estudio
como proceso es reciente en la bibliografía lingüística, ya que fue introducido
por Siegel (1985) y aplicado por primera vez al español de América dos años después
por Fontanella de Weinberg (1987b)2.
Siegel considera que una koiné «es el resultado estabilizado de la mezcla de
subsistemas lingüísticos, tales como dialectos regionales o literarios» (1985: 363).
Estos procesos, de acuerdo con los estudios y descripciones de los últimos años, son
particularmente característicos de las situaciones en las que inmigrantes procedentes de
distintas regiones dialectales confluyen en nuevos territorios (Hock, 1984: 128) tal como
ocurrió en las distintas zonas americanas.
En una revisión de estudios previos en los que se han considerado diferentes procesos de koinización,
Siegel extrae los siguientes rasgos como característicos de estos procesos: confluencias
de distintas variedades de una misma lengua aunque se base primordialmente en una
variedad, reducción y simplificación de rasgos, uso como lingua franca regional,
surgimiento de hablantes nativos y estandarización. Todos estos procesos se habían dado
ya hacia 1650 en el español de la mayor parte de las regiones americanas, con excepción
de la estandarización que, si bien en algunas regiones de temprano desarrollo político y
cultural, como México, se da muy rápidamente, en otras como el Río de la Plata o
Paraguay es tardía. En efecto, no cabe duda de que en las distintas regiones de América
confluyeron hablantes de diferentes dialectos peninsulares de los cuales el andaluz tuvo
un peso muy especial. La constitución de variedades regionales americanas y el
surgimiento de hablantes nativos de las mismas puede observarse claramente porque uno de
sus rasgos básicos, el seseo, se encuentra ya ampliamente difundido en las distintas
regiones americanas hacia 1650 y su uso es general entre los hablantes criollos y
mestizos, es decir que aunque sus padres tuvieran oposición entre sibilantes dentales y
alveolares, los nacidos en América ya usaban la variedad regional koinizada. Por otro
lado, gran parte de los rasgos característicos de las distintas variedades americanas
consisten en simplificaciones, tal el caso del seseo, el yeísmo, la confusión o caída
de /-l/ y /-r/ y la caída de ldl.
En cuanto a las características que posee el español de América a partir de 1650, es
necesario tener en cuenta que los procesos de koinización que se producen en las
distintas regiones son particularizados, por lo que a partir de esa etapa podemos detectar
ya diferentes rasgos en las diversas variedades regionales. |

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3. A continuación pasaremos una
breve revista de algunos de los principales rasgos del español de América posterior a
1650, a fin de observar cómo se fueron desarrollando en los distintos territorios3.
3.1. En el aspecto fonológico, como ya hemos señalado, el seseo que
estaba ya totalmente generalizado para esa fecha entre criollos, mestizos e indígenas,
siguió un desarrollo paralelo en todas las regiones. En cambio, la evolución del /y,? /-r, - l/, /-s/ y /d/ presenta diferencias.
En lo que hace a la confusión entre /y/ y /?/, en Costa Rica aparece
este fenómeno tanto en la zona costera como en la central desde mediados del siglo XVII, como
lo muestran las siguientes grafías: lleguas, lluntas de vuellez (1682), llo,
poliya, hayo (1704). En los documentos bonaerenses encontramos reiteradas muestras
de yeísmo, a partir de 1700, tanto en autores criollos como peninsulares. En las últimas
décadas del siglo XVIII estas confusiones alcanzaron a criollos del más alto
nivel cultural, ya que uno de ellos escribe g-: hallan mirado tan poco (1776)
y se haya mui deteriorada (1790). En cambio, en Tucumán las confusiones fueron
menos frecuentes que en el habla bonaerense en el siglo XVIII y
recién se generalizan en el siglo XIX, mientras que algunas regiones americanas, como Paraguay,
permanecen al margen del fenómeno hasta la actualidad y en otras, como la región de
Bogotá y la ciudad argentina de Corrientes, la confusión se encuentra actualmente en
avance.
En cuanto a la pérdida y aspiración de /-s/, es fenómeno vastamente difundido en
el siglo XVI (Boyd Bowman, 1975). En la segunda mitad del siglo XVII se daba
tanto en Puerto Rico (Álvarez Nazario, 1982) como en Buenos Aires, ciudad en la que
avanza luego notoriamente durante el siglo XVIII, cuando aparece extendido a las capas más altas de la
población y permanece hasta la actualidad con amplia variación sociolingüística.
En Tucumán, en cambio, el fenómeno durante los siglos XVII al XIX estaba
restringido a los hablantes de menor nivel cultural. En Costa Rica, por su parte, las
omisiones de /-s/ son frecuentes a partir del siglo XVII, en
especial en la región costera.
Con respecto a la confusión y caída de /-l/ y /-r/, se daban durante el
siglo XVI en distintas zonas de América, en algunas de las cuales posteriormente no
permanecieron. En Puerto Rico el fenómeno era frecuente en los siglos XVI y XVII y
continúa hasta la actualidad (Álvarez Nazario, 1982). En Costa Rica se encuentran
confusiones en los siglos XVI y XVII y un gran avance en el siglo XVIII.
Actualmente sólo aparece «fosilizado en algunas palabras» (Quesada, 1990: 48). Una
situación similar existe en Buenos Aires, donde las distintas alteraciones de /-1/ y
/- r/ aparecen en los siglos XVI y XVII y avanzan notoriamente en el siglo XVIII, cuando
alcanzaron una alta frecuencia, ya sea la confusión de fonemas Belmudez,
melcachifle, cormena la pérdida de líquida ato alto, enfemero,
natura natural o la confusión con otros fonemas: Costasar. Sin
embargo, en la primera mitad del siglo XIX, el fenómeno retrocede notablemente, de tal modo que a
fines de ese siglo ya se lo encuentra sólo en el habla rural. En Tucumán, en cambio,
este fenómeno no arraigó en ningún momento.
A partir de 1650 avanza también la caída de /d/ en varias regiones americanas,
tanto en posición intervocálica como final, según se puede observar en los siguientes
ejemplos bonaerenses del siglo XVIII: salao, jubilao, Unibercida, res
redes, Mercés Mercedes, Arriondo Arredondo.
Quesada observa pérdida de /d/ en Costa Rica en posición final desde principios
del siglo XVII y en posición intervocálica en el sufijo -ado
desde 1720. Sin embargo, el fenómeno, que ya había sido señalado en distintos puntos en
el siglo XVI por Boyd Bowinan, no fue encontrado por
Álvarez Nazario en
Puerto Rico hasta 1700, ni por Rojas en documentos tucumanos de los siglos XVII y XVIII, aunque
esta autora los halla en poesías costumbristas de principios del siglo XIX.
En la segunda mitad del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII son muy frecuentes el refuerzo
velar o labial del diptongo /ue-/ y la confusión de /b/ y /g/ en contacto
con vocal posterior. Este fenómeno ha sido señalado tanto en la región bonaerense como
en Costa Rica (Quesada, 1990: 35-36). Los siguientes son ejemplos bonaerenses del siglo XVIII: guerta,
guerfanos, buerfanos, Ugaldo, Taguada, Abujero. En la región bonaerense el fenómeno
retrocede en el siglo XIX en el habla estándar, aunque perdura en el ámbito
rural.
En el sistema vocálico se mantienen en América durante la segunda mitad del siglo XVII y todo
el siglo XVIII las fluctuaciones en las vocales átonas
especialmente entre e ~ i y o ~ u, que Lapesa considera que en el territorio
peninsular van disminuyendo a lo largo del siglo XVI y son ya poco frecuentes en el
siglo XVII. Si bien es posible que estas fechas se retrasen para la península a medida que
se avance en los estudios documentales del español peninsular, por el momento parece que
el fenómeno perduró más en el habla americana4.
En efecto, tanto en el español bonaerense como en el de Tucumán, las fluctuaciones
vocálicas persisten con gran vitalidad hasta fines del siglo XVIII. Así,
por ejemplo, en documentos bonaerenses de 1744 de autores criollos encontramos, entre
otros, los siguientes casos: filipe, Getrudes, Selidonio, deligencia, sepoltura,
dispobladas, eregidas e incontrarse. El fenómeno retrocede a principios del
siglo XIX, en el que pasa a ser característico del habla subestándar y en especial del
habla rural. Boyd Bowman, en su vocabulario del siglo XVIII, también recoge numerosos
términos con fluctuaciones vocálicas en diferentes regiones hispanoamericanas, entre los
que podemos citar escondidizo (Potosí, 1705), invió (Guatemala, 1716), desertar
(Venezuela, 1723), ensolarse (México, 1780), buguichico y procidencia (Lima,
1792), impírico (Santo Domingo, 1763) y torcidura (Lima, 1791). Por su
parte Quesada da, entre otros, los siguientes ejemplos de Costa Rica en el siglo XVIII: sigunda,
vicina, trenidad, gubernación, morciélago.
En cuanto a los grupos vocálicos, existía la tendencia a cerrar /e/ y /o/ ante o
tras vocal, lo que se pone de manifiesto tanto por las grafías i, u, en lugar
de e, o, como por las ultracorrecciones contrarias. Este fenómeno va
acompañado a veces por desplazamientos acentuales, como en [maéstrol>[máistro]. Las
siguientes grafías muestran estos hechos: Juaquina, Maistro, Piones, deonisio,
Lauriano (Buenos Aires, 1744). Son frecuentes, asimismo, las confusiones de las
grafías ei y ai, que revelan que para muchos hablantes /ei/>/ai/,
como se observa en Reymundo (Buenos Aires, 1778) y Raynal (íd., 1785).
El diptongo /eu-/ presentaba realizaciones monoptongadas, puestas de manifiesto por
reiteradas representaciones gráficas en u, o y e, así como por
ultracorrecciones: Ulalia, Eubaldo, Olaria, Eudivigis, Ostacia, Ojenia (Buenos
Aires, 1778); Oropa, usebio, esebio (Costa Rica, 1719 y 1720). |

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3.2. En el componente gramatical,
hasta fines del siglo XVII perdura el uso
exclusivo de haber en oraciones temporales, que luego llevarán hacer:
esta población a 30 años que se principio (Puerto Rico, 1679).
Durante el siglo XVIII estas
construcciones compiten con las integradas por hacer, que finalmente se imponen;
sin embargo, las construcciones con haber, perduran hasta la segunda mitad del
siglo XIX, tanto en Buenos Aires como en
Tucumán:
cortádos ha muchos años (Buenos Aires, 1863).
era ha poco un niño mimado (Tucumán, 1883).
Se encuentran, asimismo, usos de haber en función transitiva hasta el siglo XIX, aunque en frases hechas y con frecuencia cada
vez menor:
una casa que hubo por Donación (Buenos Aires, 1804).
una arroba de cafe... para mi amigo H., que há menester muy frecuentemente
(Tucumán, 1882).
Junto a estos usos de haber que son conservación de construcciones
posteriormente desaparecidas de la lengua, encontramos un fenómeno que posee actualmente
gran difusión y arraigo en el español de América: el uso de haber con flexión
de número en construcciones existenciales, que en el habla normativa no flexionan para
plural:
allí havían los libros y todos los papeles del archivo (Costa Rica, 1784).
las calzadas que havian en los lados de las casas (Buenos Aires, 1782).
que hayan leyes (Buenos Aires, 1833).
Entre los casos en los que ha habido cambios en la delimitación de las funciones de
los distintos verbos, debemos incluir el uso de tener + participio, usado con
elevada frecuencia con un valor similar al de la frase verbal de los tiempos compuestos,
formada actualmente por haber + participio. Estos usos se encuentran en distintas
regiones americanas durante los siglos XVII y XVIII, y en el caso de Tucumán perduran hasta fines del siglo XIX:
tiene pobladas las mayores y mejores (Puerto Rico, 1679).
lla me tienen ofresidos dos [perritos] (Buenos Aires, 1787).
El día en que Ud. fue pedida, como se lo tenía anunciado
fue de mucho trabajo (Tucumán, 1896).
En cuanto al uso de tiempos verbales, perdura en la segunda mitad del siglo XVII y a lo
largo del siglo XVIII el empleo del futuro de subjuntivo en todo tipo de
documentos, aunque hacia fines del siglo XVIII va declinando su frecuencia:
todas aquellas personas que fueren requeridas (Buenos Aires, 1726).
en caso que el enemigo yntentare imbadir esta provincia y pidiese socorro (Costa
Rica, 1720).
Quesada Pacheco (1990: 111) afirma al respecto que el futuro de subjuntivo «es un
tiempo totalmente activo» en el período colonial.
Entre las construcciones nominales, hasta principios del siglo XIX se
mantienen aún muchas que luego serán desplazadas:
este mi distrito (Buenos Aires, 1739).
otra su demanda (id. 1738).
Una negra su esclava (id. 1744).
El uso del artículo, también difiere de su empleo moderno en el español estándar,
ya que aparece ante nombre propio, pero se lo omite en otras construcciones en las que
actualmente se lo emplea:
hasta cumplir novenario de missas (Costa Rica, 1680).
en su compañía María de la Trinida y el ynasio (Buenos Aires, 1744).
Ijos de la joaquina (Buenos Aires, 1778).
que se le de un corte de nagua a la María Josef Séspedes (Costa Rica, 1790),
desde primero de marzo (Buenos Aires, 1783).
Durante la segunda mitad del siglo XVII y los siglos siguientes persisten aún clasificaciones
genéricas de los sustantivos que luego fueron abandonadas. Veremos a continuación
algunos ejemplos que muestran estos usos:
hay Mucha desorden (Buenos Aires, 1692).
pagado el dote de mi mujer (Tucumán, 1695).
un aposento cubierto de teja con muy corta frente (Buenos Aires, 1738).
la Sigunda Cobdize (Costa Rica, 1760).
la calor (Costa Rica, 1775).
el superior orden de V. E. (Buenos Aires, 1790).
la presente Monzón (Buenos Aires, 1816).
las modales Y costumbres de Buenos Aires (Buenos Aires, 1834).
A partir de 1650, en las distintas regiones americanas se fue operando un cambio
notable en la frecuencia de los sufijos diminutivos ya que se fue pasando del predominio
de -illo al de -ito. En la región bonaerense, hasta fines del siglo XVII abunda -illo,
seguido de -uelo, mientras que -ito tenía una frecuencia de sólo el 4%.
Esta situación se revierte totalmente en el siglo XVIII, en que -ito presenta
un 86% e -illo un 10%, correspondiendo el resto a -uelo e -ico. |

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El español de Tucumán presenta un uso más
conservador, dado que el avance de -ito sólo se registra ya entrado el siglo XVIII, e -illo mantiene su peso hasta fines
de ese siglo, «época en que alternaba más o menos equitativamente aún con -ito,
-ita», según Elena Rojas.
En cuanto a los usos pronominales y verbales de segunda persona singular, en distintas
regiones americanas se encuentran durante el siglo XVIII
mezclas de paradigmas voseantes y tuteantes:
mi intento no es otro si no el cer buestro esposo... y me abisarés
con tiempo... tu esclabo que tus manos besa (Costa Rica, 1725).
La noticia que me das... vos sois buen testigo... p no molestar vta.
atención.
Dios te guarde entre tanto ms. as, (Buenos Aires, 1786).
En el español bonaerense, durante las últimas décadas del siglo XVIII se
observa ya en algunos hablantes el empleo de formas verbales voseantes diptongadas junto
con el paradigma pronominal mixto propio del voseo actual formado por vos como
sujeto y término de complemento, te como objeto y tu / tuyo como posesivo:
Si te quereis aser cargo... podeis aser el Boleto firmado por vos a ver
si los que corren con otras capellanias quieren transpassar a tu cargo (Buenos
Aires,
1784).
Por su parte, en el español de Tucumán, Elena Rojas (1985:277) afirma:
En los documentos de los siglos XVI al XVIII registramos en función de núcleos del
sujeto, un único pronombre expreso vos para singular y plural, tanto para el
tratamiento solemne como íntimo.
Este uso de vos aparece acompañado en todos los casos de os y del
posesivo vuestro/a. La situación descrita para Tucumán está mostrando un uso
más conservador que la que encontramos en la región bonaerense, ya que en esta última
se observa ya el sistema pronominal moderno del voseo, mientras que en Tucumán se
continúa usando el paradigma tradicional de vos.
En el siglo XIX en Buenos Aires se da ya un paradigma relativamente
estabilizado de segunda persona singular, con vos/ tú como sujeto, te para
objeto, tu/ tuyo, como posesivo, vos como término de complemento y formas
verbales tuteantes: vos/ tú eres, a vos, te miro, tu libro. A partir
de 1860, se elimina el uso de tú como sujeto y las formas verbales son
reemplazadas por formas voseantes monoptongadas: vos sos, cantás, tenés,
partís, en lo que es ya el paradigma moderno del voseo bonaerense. En cambio, en
Tucumán, a lo largo del siglo XIX aún hay una amplia variación de formas voseantes y
tuteantes para cada función, por lo que resulta claro que la estabilización del
paradigma del voseo es mucho más tardía que en Buenos Aires. |

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4. La rápida visión que hemos
ofrecido de un conjunto de cambios que se desarrollan en el español americano posterior a
1650 nos muestra una compleja situación en la que podemos distinguir en primer lugar
entre fenómenos generales y otros que son peculiares de las diferentes regiones y en
segundo lugar entre fenómenos de avance rápido y otros de desarrollo más lento. Entre
los procesos comunes a todo el español americano se destaca el seseo, que en el momento
que tomamos como punto de partida para nuestro estudio ya estaba casi totalmente
generalizado; en cambio, los usos de segunda persona singular, son un excelente ejemplo de
proceso diferenciado, ya que debemos distinguir, por un lado, las regiones en las que
triunfa el tuteo y, por otro, aquellas en las que se impone el voseo y, en segundo lugar,
dentro de estas últimas los distintos sistemas de voseo a los que se arriba, dado que
coexisten actualmente, en las diversas zonas voseantes, sistemas muy diferentes.
En cuanto a la distinción entre rasgos cuyo avance fue rápido y otros más lentos, el
seseo es nuevamente el mejor ejemplo del primer tipo, mientras que el yeísmo y la
evolución de las formas de segunda persona singular son casos claros del segundo tipo.
Es necesario también tener en cuenta que muchas veces los cambios tienen una cronología
diferente en distintas regiones americanas. Esta diferencia resulta claramente perceptible
si comparamos, por ejemplo, la evolución de dos variedades del español de la Argentina,
el de Tucumán y el bonaerense, ya que en varios fenómenos Buenos Aires se adelanta a
Tucumán en su cronología. Así, en el caso del yeísmo, en Buenos Aires ya lo
encontramos difundido desde la segunda mitad del siglo XVIII, mientras que en Tucumán
sólo se difunde en el siguiente siglo. El predominio del sufijo -ito se observa ya
desde principios del siglo XVIII en el español bonaerense mientras que en el español de
Tucumán se da sólo a fines de ese siglo. Por último, en los usos de segunda persona
singular, en Tucumán hasta fines del siglo XVIII
se encuentran exclusivamente formas
pronominales de voseo (vos, os, vuestro) junto a verbos voseantes diptongados,
mientras que en el siglo XIX hay una amplia fluctuación de formas de voseo y tuteo;
en cambio, en Buenos Aires durante el siglo XVIII
coexisten distintas formas voseantes y
tuteantes y ya a fines de ese siglo se perfila la selección de un paradigma pronominal
mixto, similar al actual, junto a formas verbales de voseo diptongado. Si a esto agregamos
que algunos fenómenos innovadores presentes en el español bonaerense del siglo XVIII
como la fluctuación /-l/~/-r/ no se dan en Tucumán, podemos
concluir que, en varios fenómenos el español bonaerense se muestra como una variedad
mucho más innovadora frente a la variedad mediterránea, más conservadora, representada
por Tucumán.
Otro aspecto destacable es el hecho de que los estudios sistemáticos muestran que la
evolución de varios fenómenos es mucho más compleja de lo que se supuso con
anterioridad. De tal modo, en el caso de la confusión y pérdida de /-r/ y /-l/los
estudios realizados tanto en la región bonaerense como en Costa Rica ponen de manifiesto
que en ambas variedades el fenómeno avanzó y luego retrocedió. En el caso del voseo,
por otra parte, el detallado estudio realizado en la región bonaerense ha revelado la
sucesión de varias etapas en que el pronombre vos fue empleado con diferentes
formas verbales. También Quesada (1990) muestra que en Costa Rica las formas empleadas
actualmente no son continuidad de las empleadas en los primeros tiempos en la región.
Por último, podemos señalar el interés que presenta el hecho de que se encuentren
fenómenos lingüísticos paralelos, como los que acabamos de apuntar sobre la evolución
de /-l/ y /-r/ y del voseo, en dos regiones tan distantes como Costa Rica y
el Río de la Plata.
Consideramos que la esquemática revisión de algunos aspectos que se desprenden de los
estudios ya efectuados sobre la historia del español americano pone de manifiesto la
imperiosa necesidad de avanzar en el emprendimiento de nuevas investigaciones
sistemáticas sobre el desarrollo de la lengua en otras regiones hispanoamericanas aún no
estudiadas, único modo de lograr un efectivo panorama de conjunto y de posibilitar la
realización de nuevas comparaciones sobre la evolución de diferentes fenómenos
específicos. En el caso de trabajos parciales, existen temas de especial interés como la
evolución de la segunda persona singular o de /- l/ y /- r/ que, según ya
lo hemos señalado, presentan una gran complejidad en las variedades más estudiadas, por
lo que harían aconsejable incrementar el número de regiones analizadas con el fin de
enriquecer la comparación. En el caso del voseo, dado que las regiones hasta ahora mejor
conocidas Buenos Aires, Tucumán y Costa Rica son todas voseantes, sería de
gran interés el estudio de una región de resultado tuteante, especialmente México o
Lima, por su potencial irradiador, para poder observar cómo se produce allá el
desplazamiento de las formas de voseo.
Por último, estimamos que el atractivo que presenta la investigación de la historia del
español americano, en cuanto representa la expansión de una lengua a lo largo de cinco
siglos por todo un continente y en contacto con cientos de diferentes lenguas amerindias,
africanas y europeas, trasciende nuestro campo, como hispanistas, ya que aporta un
material riquísimo a la lingüística histórica y a la sociolingüística histórica
sobre la evolución de una lengua extendida en una etapa relativamente reciente, lo que
permite contar con un material documental riquísimo, inexistente para nuestros
antecesores indoeuropeístas y aún romanistas. |

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SIEGEL, Jeff (1985): «Koines and koincization», Language in Society, 14: 357-378. |
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Notas:
- El volumen es el resultado de una iniciativa del Guillermo
L. GUITARTE, quien en un seminario dictado en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá en
1962, con participación de alumnos de distintos lugares de América Hispánica, entre los
que tuve la gran satisfacción de contarme, propuso realizar una investigación documental
sobre el seseo en distintas partes de América, de las cuales la única que se concretó
fue la de Colombia, llevada a cabo por Olga COCK.
- Para un análisis más detallado del proceso de
koinización del español de América, véase FONTANELLA DE WEINBERG (1992).
- Cuando no haya otra especificación los ejemplos de Costa
Rica están tomados de QUESADA (1990), los de Puerto Rico de ÁLVAREZ NAZARIO (1982), los
de Tucumán de ROJAS (1985) y los de la región bonaerense de FONTANELLA DE WEINBERG
(1987).
- La carencia de estudios documentales sobre la historia del
español peninsular de los últimos siglos hasta hace poco tiempo fue una de las trabas
existentes para aclarar algunos aspectos de la evolución del español de América. Los
estudios realizados por FRAGO sobre el español de Andalucía en los últimos años, han
sido muy enriquecedores al respecto (véase, entre otros, FRAGO, 1985 y 1986).
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