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 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

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Sintaxis histórica
Emilio Ridruejo. Universidad de Valladolid

 

1. Es casi un lugar común la afirmación de que los estudios de sintaxis histórica del español presentan un desarrollo muy limitado. Y aunque se ha publicado una bibliografía de sintaxis histórica con 548 títulos (Narbona, 1984-1985), lo cierto es que, si se comparan los estudios de sintaxis con los de fonética o morfología históricas, son obvios tanto el retraso metodológico como la escasez de los trabajos sintácticos. Prueba de ello podría ser el hecho de que en un reciente manual introductorio de lingüística hispánica (Dietrich/Geckeler, 1990: 87), en general prudente e informado, la única obra de sintaxis diacrónica que se cita es el muy discutible tratado de Martín Alonso (1962).

2. Este retraso de la sintaxis histórica hay que buscarlo en varias de las circunstancias en que se desarrolla la lingüística en el presente siglo así como en algunas de sus deficiencias metodológicas.

Desde el punto de vista de la gramática tradicional, dominante en los estudios históricos sobre el español hasta hace apenas veinte años, el equipaje teórico era poco apropiado para elaborar una sintaxis histórica. La separación habitual entre morfología y sintaxis limitaba en gran medida el estudio de las categorías gramaticales al ámbito de la palabra y dejaba a la sintaxis en una posición muy marginal, dado que se excluían de su tratamiento todos aquellos aspectos que en la combinatoria eran resultado del funcionamiento de esas categorías gramaticales. Un ejemplo especialmente relevante de la distorsión que introduce el planteamiento tradicional en la sintaxis histórica se da en la obra central de Keniston (1938). Excepcionalmente rico en datos y riguroso en su clasificación, el estudio de Keniston es una fuente inagotable de materiales y hay que lamentar que no se publicara en su totalidad; pero Keniston (1930: 169), que establece su taxonomía desde las partes tradicionales de la oración, quiere prescindir de cualquier explicación o interpretación del funcionamiento de éstas por considerarlo propio de la psicología social del lenguaje (una disciplina filosófica a la manera de Wundt). El resultado es un repertorio de combinaciones que no se explican ni como resultado del funcionamiento sincrónico de sus componentes, ni en virtud de su evolución.

La postura del estructuralismo saussuriano inicial, que relegaba a la parole las combinaciones sintácticas y concebía el sistema como un inventario de unidades lingüísticas, conllevaba igualmente el desinterés por la sintaxis, sin atender que en la langue también son contenidos los procedimientos de combinación de tales unidades. Sumado a este planteamiento el desinterés inicial de los estructuralismos por la diacronía, es explicable que la sintaxis histórica apenas sea objeto de su atención. Así, no hay sobre el español nada comparable en sintaxis a la parte diacrónica de la Fonología de Alarcos o a los capítulos correspondientes de la Economie des changements phonétiques de Martinet.

La gramática generativa, que, por el contrario, centra su objeto de estudio en la sintaxis y concibe ésta como un conjunto de reglas de combinación, hasta muy recientemente se ha desentendido de los cambios gramaticales, fundamentalmente porque su interés primordial consistía en describir la competencia del hablante, lo cual difícilmente podía referirse a etapas anteriores de la lengua. Sólo en escasa medida y desde hace poco tiempo ha aceptado una orientación diacrónica, que todavía ha sido menos aplicada al español.

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3. Algunas de las dificultades que obstaculizaron el desarrollo de la sintaxis histórica han quedado obviadas como consecuencia de cambios metodológicos ulteriores. De una parte, en el estructuralismo se ha percibido con claridad que la combinación de las unidades lingüísticas no es un simple hecho de habla, que el sistema no consiste únicamente en un repertorio de unidades, sino que también forman parte de él los procedimientos de combinación de tales unidades (Coseriu, 1989). Este principio que siempre fue asumido por la gramática generativa y aun por alguna corriente estructural como la representada por Guillaume y su escuela, viene siendo aceptado con carácter muy general.

También la gramática generativa se interesa cada vez más por la diacronía. Dentro de esta dirección, se ha pasado a reconocer en las lenguas naturales un extenso conjunto de propiedades variables de acuerdo con ciertas escalas y, en consecuencia, ha surgido un gran interés por las variaciones en tales escalas así como por buscar mecanismos generales de los cambios que sean aplicables a diferentes fenómenos en distintos momentos y lenguas (Lightfoot, 1979).

Con estos planteamientos más flexibles, hay una renovación de los estudios de diacronía, mediante aportaciones de la teoría de la información (Lüdtke, 1979) y de la percepción (Hernández Sacristán, 1992: 160-167) y, se produce, sobre todo, una mayor aplicación a la sintaxis a la vez que emergen nuevos problemas y nuevos enfoques en cuestiones que se consideraban clásicas de la sintaxis histórica.

En el ámbito de la lingüística española, estas innovaciones también han facilitado el desarrollo de la sintaxis histórica, aunque no con la extensión y profundidad que serían deseables. Con todo, si estableciéramos un orden de prioridades respecto a las tareas que es necesario emprender, hay una que parece que deba preceder incluso a la renovación metodológica: el proyecto que se proponían realizar, primero Keniston en 1930 y luego Lapesa en 1970, esto es el establecimiento de una sintaxis histórica del español, general y sistemática, sigue sin haberse llevado a término y es, sin duda, la obra que resultaría más necesaria a corto plazo, aunque, obviamente, hoy tendría que ser planteada de manera diversa.

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4. Una obra general de sintaxis histórica puede ser configurada bien como recopilación de estudios previos de carácter parcial, sumados y fundidos, o bien, como un estudio nuevo a partir de datos, más o menos extensos, de primera mano, extrayendo de ellos las descripciones y las hipótesis sobre los cambios sintácticos que han tenido lugar. Naturalmente, también es posible seguir un camino intermedio, que conjugue la integración de datos nuevos con la referencia a estudios previos. De hecho, los intentos de una sintaxis basada sobre datos recogidos expresamente para la obra, como fue el proyecto de Keniston (o la Gramática de Fernández Ramírez, en sincronía), no pretenden ignorar los estudios anteriores.

En la actualidad hay diferencias marcadas con respecto al estado de la investigación tal como ésta se hallaba en 1930 y también en 1970 tanto en lo que atañe a la bibliografía existente como con respecto a los medios auxiliares con que puede contar el investigador. El panorama, a pesar del retraso en los trabajos, es mucho más alentador. No existe aquella carencia casi total, que, sobre todo, en comparación con el francés, encontraba Keniston, sino que han sido muy diversos los aspectos de sintaxis histórica investigados, y no pocos por Keniston y, sobre todo, por Lapesa. Por tal razón, hoy no sería imposible plantear una sintaxis histórica como recopilación de los trabajos hasta ahora publicados. Hasta cierto punto, es lo que ha sido realizado en la Morfosintaxis histórica de Urrutia y Álvarez (1983), con una finalidad predominantemente didáctica. Se trata de una obra que resume y coordina diferentes estudios y que alcanza un notable nivel en aquellos aspectos de la sintaxis en los que ha recaído más la atención de los investigadores, fundamentalmente el sintagma nominal.

Ahora bien, para una obra de síntesis a partir de trabajos anteriores que intentara sobrepasar la finalidad exclusivamente didáctica, la dificultad radicaría fundamentalmente en la existencia de lagunas extensas que previamente sería preciso colmar. Por otra parte, los estudios existentes son metodológicamente muy heterogéneos, pues van desde simples descripciones del funcionamiento o de la combinatoria de alguna categoría gramatical en obras concretas, realizadas con los instrumentos de la gramática greco-latina más tradicional, hasta algunas investigaciones de gramática generativa transformacional que utilizan las descripciones como instrumentos de contraste de hipótesis teóricas sobre los cambios sintácticos. Una parte importante de los trabajos publicados, y, entre ellos, algunos de los fundamentales, como el Diccionario de construcción y régimen, de Cuervo, son estudios descriptivos con instrumentos gramaticales tradicionales en los que no se distingue lo que son simples cambios en los significantes de lo que son cambios funcionales, a la vez que se presta atención, como innovaciones relevantes, a lo que no son sino efectos de sentido, sin pertinencia funcional. Hay que añadir que muchas veces los datos aportados pueden ser inseguros, no tanto por la infidelidad de los estudiosos con respecto a los textos que sirven de fuente, sino, sobre todo, por errores en la interpretación. Todo ello ha hecho que algún lingüista recientemente se muestre muy desconfiado sobre la validez de los trabajos previos de gramática histórica y proponga, en campos como el del verbo, poco menos que comenzar de cero (Pountain, 1983: 238).

Como consecuencia de tales problemas, una obra que decidiera partir de un corpus propio puede tener la ventaja de la selección homogénea de éste, de interpretaciones más depuradas, así como de una metodología coherente, pero también el inconveniente de que necesariamente tal corpus habría de ser limitado. Ciertamente la limitación de la muestra no es un obstáculo teórico a priori, pues en principio cualquier hecho de habla, por muy extenso que sea, no es sino una muestra de un universo teórico constituido por las virtuales realizaciones de un sistema, nunca emitidas y, claro, nunca recogidas. La dificultad de un corpus completamente nuevo, tal como propuso Keniston, no es teórica, sino práctica: para que la muestra fuera suficientemente representativa debería ser muy extensa y variada, y ello entraña grandes dificultades, no ya para un solo investigador, sino para todo un equipo. El recurso a instrumentos informáticos, que son decisivos en el ámbito de la lexicología y aun de la morfología, está mucho más limitado en sintaxis, pues el análisis automático de estructuras sintácticas es viable en una medida muy escasa. Ciertamente, la informática puede y debe ser utilizada razonablemente como un auxiliar importante: a partir de corpora informatizados es posible localizar y cuantificar estructuras que tengan una base formal clara.

De las dos opciones posibles para la realización de una obra general sobre sintaxis histórica, nos inclinamos a pensar que el modelo más fácilmente realizable en un plazo corto o medio sería el primero: procurar una síntesis de los estudios realizados, intentando integrarlos en un marco uniforme, a la vez que se colme una parte, al menos, de las lagunas existentes en la investigación. En esta segunda labor, sí que debería ser útil disponer de un corpus, si no muy extenso al menos suficientemente representativo, y acceder a él, en lo posible, mediante los instrumentos informáticos adecuados.

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5. En esa elaboración de una sintaxis histórica que aspire a ser algo más que un simple agregado de trabajos previos, dos serían las tareas que es obligado plantear. Una consiste en completar, dentro de lo que cabe, las carencias existentes, y otra en plantear un plan o programa lo suficientemente flexible en su orientación metodológica, de tal manera que permita dar cuenta en él, con las adaptaciones precisas, de las cuestiones estudiadas previamente, pero también con el suficiente rigor, exhaustividad y coherencia para dar cabida a investigaciones sobre distintos problemas recientemente recogidos por las teorías sintácticas. Es decir, un programa que sin renunciar a la modernidad, posibilite acoger lo hecho hasta el momento.

No hay que olvidar, además, que se trata de realizar un estudio histórico. Ciertamente muchos de los estudios existentes vienen a ser descripciones sintácticas relativas a un problema en una reducida etapa temporal (o, generalmente en una obra o en el conjunto de obras de un autor), con escasa atención a la evolución que ha llegado a producir el funcionamiento descrito y todavía menos a las consecuencias ulteriores. En nuestra opinión, es preciso superar este planteamiento limitado y no sólo trazar las líneas maestras de la descripción sintáctica de una o varias etapas sucesivas indicando sus diferencias, sino, como Mondéjar propugnaba en 1985, procurar también, a partir del contraste entre tales etapas, describir la evolución y formular propuestas explicativas de los cambios. Es decir, creemos que es preciso trazar una sintaxis histórica orientada hacia la explicación de los cambios, sobre todo aunque no exclusivamente, a partir de los mecanismos intralingüísticos de éstos.

La dificultad más ardua radica en la elección de un modelo teórico que se pueda aplicar a la investigación de la sintaxis. Naturalmente, propugnar un modelo teórico concreto para tal obra de síntesis es imprudente, pues dependerá de la formación y capacidad de sus autores. No obstante, parece que pueden señalarse algunas características que tal modelo ha de poseer si se desean aprovechar suficientemente los estudios previos.

Hay que asumir que la evolución sintáctica desde el latín hasta las lenguas románicas actuales supone —en el conjunto de las lenguas conocidas— una diversificación pequeña (hasta tal punto que, en opinión de Dietrich (1988), hay tal grado de estabilidad que ni siquiera llegan a producirse cambios funcionales sino tan sólo normativos). Ello implica que no será necesario recurrir a conceptos e instrumentos de análisis que son exigidos para dar cuenta de lenguas muy alejadas histórica y tipológicamente. Debemos aceptar también que tal obra se ocupará de problemas lingüísticos sobre los que ha recaído el mayor número de estudios en la tradición gramatical. Por eso, el aparato conceptual de esta tradición, adaptado y perfeccionado como se desee, necesariamente habrá de ser tomado en consideración. Habrá que emplear nociones categoriales como nombre, adjetivo, verbo, sintagma nominal, sintagma verbal, etc.; nociones sintácticas como sujeto, objeto, circunstancial, etc. y nociones semánticas, agente, instrumento, etc. Un aparato conceptual como el indicado es suficientemente apropiado para el estudio de la sintaxis latina y su evolución hasta las lenguas romances actuales, si bien ello no supone, desde luego, que no se pueda perfeccionar mediante la introducción de instrumentos teóricos más precisos o más ajustados al objeto que se analiza. Por ejemplo, la categoría orden o taxis, que Bloomfield introdujo inicialmente en la descripción del algónquino (apud Jakobson, 1957/1975: 315), similar a la que Coseriu denomina «perspectiva secundaria» es mucho más apropiada para describir el significado que aparece en los tiempos compuestos a partir del perfectum latino; nociones como la de conectores de preservación temática, descritos en nambiquara, dan cuenta de la parataxis en la prosa española medieval mucho mejor que las propuestas descriptivas tradicionales sobre la coordinación oracional.

Una cuestión previa en los trabajos de sintaxis consiste en determinar cómo se fijan los límites de ésta. Si queremos dar cuenta con suficiente generalidad de los cambios que han tenido lugar desde el latín hasta el español actual, hemos de interpretar de una manera muy amplia el ámbito de la sintaxis, pues deberíamos incluir en ella todo lo referente al funcionamiento de las unidades gramaticales, reduciendo la morfología a lo relativo a la forma de tales unidades gramaticales. Efectivamente, sólo se pueden describir adecuadamente las unidades gramaticales teniendo en cuenta su funcionamiento (Bosque, 1989: 20), pues es a partir de las propiedades sintácticas de las categorías gramaticales como se extraen conclusiones sobre las estructuras de las que se integran (Pountain, 1983: 14). Además, un importante número de estudios de sintaxis histórica parten del análisis de la evolución de las categorías gramaticales, la desaparición de las marcas nominales de caso, la creación del artículo, el reajuste de las categorías de tiempo, aspecto y modo en el verbo, etc. Por otra parte, una función gramatical es siempre expresada por una combinación de elementos y no por elementos únicos. Como señala Coseriu (1989, 14), en el sintagma el hombre, no es el artículo el lo que transporta el significado «determinado», sino todo el sintagma, mientras que el no es sino el instrumento o la marca. También se advierte que es imposible concebir una sintaxis totalmente autónoma, desvinculada de la semántica, porque, en definitiva, lo que el componente sintáctico de una gramática supone es la capacidad para crear, a partir de expresiones simples, otras expresiones complejas que son susceptibles de transmitir significados complejos.

En el contraste entre las distintas etapas de la lengua han de ser fijados en cada una de ellas los significados que son funcionales, es decir, los significados que tienen una contrapartida en la expresión, bien por la existencia de marcas morfológicas asociadas o bien por diferencias en la combinatoria de las unidades que, en su conjunto, aportan tal significado. A partir de estas comparaciones se podrán determinar los cambios funcionales que puedan haberse sucedido. En estudios históricos de carácter descriptivo suelen reconocerse, como hemos indicado arriba, significados gramaticales que no son sino variantes sin contrapartida en la expresión.

El registro de tales variaciones, aunque no funcionales, no deja de ser con frecuencia conveniente, pues es a partir de ella como se han podido desarrollar oposiciones nuevas.

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6. La sintaxis histórica así planteada debería ser también lo más general y completa posible. En ella quedarían incluidos aspectos relativos a la evolución de las categorías gramaticales, caso, género, número, diátesis, modo, tiempo, aspecto, etc. y a la evolución de los procedimientos de referencia (determinación, cuantificación). Han de examinarse los cambios en los esquemas de modalidad oracional: los que son funcionales en cada momento y los procedimientos de expresión que asocian a ellos; la evolución de las estructuras predicativas, las clases funcionales de adscripción de argumentos a predicados; la evolución de los procedimientos de creación de predicados complejos, esto es, los tipos de combinación de oraciones que reciben formas de expresión propias; los cambios en el orden de palabras y en la función comunicativa de éste e incluso la evolución de los procedimientos de organización discursiva cuando éstos están constituidos por instrumentos gramaticales (no léxicos o pragmáticos): anáforas, elementos conjuntivos, consecutio temporum y procedimientos de concordancia.

7. Es obligado tratar, porque es una cuestión siempre vigente en la lingüística española, si una sintaxis histórica debe incluir el estudio de los rasgos estilísticos. Frente a la respuesta de Keniston en 1930, la de Lapesa (1970: 208) es claramente afirmativa y se funda en tres razones: a) supuesto el origen individual de toda innovación lingüística, el investigador no debe prescindir de estos datos, si le es posible averiguarlos; b) no se puede renunciar a la descripción de las peculiaridades de la variedad literaria, y c) «es sumamente difícil establecer la divisoria entre hechos de estilo y hechos sintácticos».

La solución del maestro valenciano se conforma plenamente con los presupuestos enraizados en el idealismo lingüístico de la llamada Escuela de Madrid. Pero, probablemente hoy en día, la mayoría de los lingüistas serían partidarios de marcar con mayor claridad las fronteras entre una estilística y una sintaxis históricas. En la estilística han de quedar incluidos, no sólo las peculiaridades individuales (como señalaba Keniston), sino también numerosos aspectos propios de la lengua literaria general, de una escuela o incluso de una época, que se acomodan plenamente a las determinaciones sistemáticas, es decir, que por no suponer cambio alguno no pueden ser objeto de la lingüística diacrónica: recurrencias léxicas o de giros sintácticos, empleos de las figuras retóricas, mayor o menor recurso a la adjetivación, etc.

Esta separación entre sintaxis y estilística no implica el desdén por la lengua literaria, que, en el estudio histórico del español proporciona siempre fuentes documentales privilegiadas. Es cierto además, claro está, que toda innovación nace de un hecho de habla individual y que en determinadas ocasiones algunos rasgos de estilo configuran innovaciones; pero al investigador no le es posible estudiar tal hecho de habla innovador más que en cuanto tenga una ulterior transcendencia como cambio en la lengua, es decir, cuando la innovación haya sido adoptada por un grupo de hablantes.

Hay, por último, aspectos de la sintaxis histórica del español en que sí se entrecruzan las investigaciones estilísticas y las sintácticas. Sucede ello porque en algunos momentos de la historia, con la finalidad de acomodarse a determinadas directrices estilísticas, se han producido innovaciones que han podido servir de fundamento a ciertos cambios sintácticos generalizados (por ejemplo, la introducción de latinismos sintácticos en los siglos
XV y XVI), o, al contrario, la presión literaria ha servido de freno a la difusión de cambios previos.

8. Finalmente, además de preparar ese programa general y coherente, lo cual no carece, ni mucho menos, de dificultad, es necesario intentar colmar las grandes lagunas descriptivas todavía existentes en la investigación diacrónica sobre el español. Lapesa ha estudiado los cambios en las marcas de adscripción casual, tanto en el nombre como en el pronombre; igualmente han sido suficientemente estudiadas las maneras de establecer la referencia, la historia de los procedimientos de actualizar ésta lingüísticamente, el origen del artículo y la evolución de los procedimientos de cuantificación. Sin embargo, no ha sido agotado el análisis de otros procedimientos alternativos de actualización, así como la historia de las relaciones entre actualizadores y cuantificadores, en particular en lo que atañe a un.

Está mucho menos estudiada la evolución de las clases léxicas de nombres, la desaparición de clases o aparición de otras nuevas con repercusión sintáctica (ej. nombres animados vs. inanimados). Tampoco han sido investigadas las relaciones entre los casos semánticos y las funciones sintácticas. Sí que hay estudios parciales sobre los cambios en el régimen de los verbos al menos en ciertas épocas.

Apenas han sido examinados los cambios en la estructura de algunos tipos de oraciones, por ejemplo, las locativas y existenciales no han sido estudiadas, salvo en lo que atañe a los procesos de constitución de complejos de auxiliaridad en los que entran verbos originariamente especializados para la expresión de tales procesos.

Falta casi por completo el estudio de las funciones comunicativas, la evolución de los procedimientos de aserción y sus clases, de la negación y de la pregunta.

La expresión sintáctica de las relaciones entre acontecimientos sólo parcialmente ha sido analizada. Se han publicado estudios sobre las estructuras oracionales complejas de ciertos tipos y en algunos autores (oraciones causales en Berceo, condicionales y causales en las Siete Partidas, etc.) o incluso en toda una etapa cronológica (condicionales en la lengua medieval), pero no han sido descritos suficientemente los cambios que, con carácter general, han tenido lugar en cada estructura compleja, ni los problemas relativos a la transición de unas estructuras a otras (por ejemplo, el desarrollo de construcciones subordinadas a partir de parataxis anafórica o catafórica).La expresión sintáctica de las relaciones entre acontecimientos sólo parcialmente ha sido analizada. Se han publicado estudios sobre las estructuras oracionales complejas de ciertos tipos y en algunos autores (oraciones causales en Berceo, condicionales y causales en las Siete Partidas, etc.) o incluso en toda una etapa cronológica (condicionales en la lengua medieval), pero no han sido descritos suficientemente los cambios que, con carácter general, han tenido lugar en cada estructura compleja, ni los problemas relativos a la transición de unas estructuras a otras (por ejemplo, el desarrollo de construcciones subordinadas a partir de parataxis anafórica o catafórica).

La historia de la elipsis apenas ha sido rozada. No se han fijado los cambios que han tenido lugar con respecto a la recuperabilidad de diferentes variables (tiempo, persona, lugar, etc.) y, por tanto, de las condiciones que hacen aceptable la elipsis en cada etapa de la lengua. Tampoco han sido examinados los procedimientos de tematización y sus variedades, con excepción hecha de algunos trabajos parciales sobre el orden de palabras.

En resumen, queda un extenso conjunto de problemas de sintaxis que aún no se han tocado, sin abordar los cuales es prácticamente imposible emprender la elaboración de una obra general. Pero la redacción de ésta última no sólo es conveniente, sino que, con relación al grado de desarrollo que en otras parcelas ya ha alcanzado la diacronía del español, resulta imprescindible.

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Bibliografía

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