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Mesa redonda
Juan M. Lope Blanch. Director
del Centro de Lingüística Hispánica. Universidad Nacional Autónoma de México |
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Se pasará hoy breve revista aquí a lo que se ha hecho y está haciendo en torno al
estudio de la lengua española en tres países del mundo hispanohablante. En primer lugar,
el profesor Antonio Quilis informará sobre las actividades que se llevan a cabo fuera de
España; a continuación el Dr. José Moreno de Alba hará mención de lo que se está
haciendo en México, y finalmente la profesora Rocío Caravedo presentará un informe
sobre lo hecho en el Perú y algunas consideraciones sobre lo que cabe hacer en el futuro.
Yo sólo quiero, a manera de breve introducción, expresar mi visión, un tanto pesimista,
sobre la situación que guardan, en general, tales investigaciones. Creo, en efecto, que
no es mucho, al menos relativamente, lo que se está haciendo en Hispanoamérica en torno
a la lengua española, sin olvidar, por supuesto, los innegables avances que en algunos
países se han llevado a cabo. Poco o insuficiente me parece lo hecho últimamente si
consideramos dos cosas: Una, lo que se había alcanzado décadas atrás; otra, lo que
hubiera cabido esperar del progreso reciente de la lingüística mundial. |
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Lo primero lleva a recordar que algunas de las instituciones filológicas que hace
unos cuantos lustros realizaban muchos trabajos de gran importancia como el
Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo han entrado
últimamente en evidente receso, disminuyendo el ritmo de su actividad. Cierto es que han
surgido otras instituciones en países que, durante la primera mitad de nuestro siglo, no
contaban con centros firmes de trabajo, como México o Puerto Rico, donde, en la
actualidad, existen ya, en el caso del primero, un Centro de Lingüística Hispánica de
la Universidad Nacional y un centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de
México, y , en el caso de Puerto Rico, un centro de Lingüística en su Universidad, de
alta calidad. Pero no ha sucedido lo mismo en otros países hispanoamericanos. Lo cual
contrasta negativamente con el enorme desarrollo alcanzado por la lingüística mundial a
partir, sobre todo, del fin de la segunda guerra mundial. No es que en Hispanoamérica no
se haya progresado; es que no se ha avanzado tanto, en proporción relativa, como hubiera
sido posible imaginar.
Un ejemplo: Hace más de un cuarto de siglo propuse a mis colegas de Hispanoamérica
España inclusive el proyecto de estudiar la norma lingüística culta del
habla de las principales ciudades hispánicas. En éste el proyecto colectivo que más ha
progresado y, sin embargo, hay ciudades en que apenas se han podido dar los primeros
pasos. Faltan recursos y, sobre todo, faltan investigadores debidamente capacitados.
Pero tal vez los informes que ahora vamos a escuchar presenten unos resultados más
esperanzadores y permitan ver el futuro con mayor optimismo. Acaso mi relativo pesimismo
sea sólo fruto de mis vehementes deseos de que la lingüística hispanoamericana alcance
muy pronto el vigor que la lengua española merece.
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