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DICCIONARIOS ELECTRÓNICOS

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Problemas lingüísticos e informáticos en los diccionarios
de construcción y régimen

Guillermo Rojo. Universidad de Santiago de Compostela

 

1.   Diccionario de construcción y régimen es la denominación que, hace ya algo más de cien años, utilizó Rufino José Cuervo para un magno y ambicioso proyecto todavía no completado y mucho menos superado con el que se adelantó considerablemente a su época. Según Cuervo, la Gramática estudia las leyes y los fenómenos generales de una lengua, mientras que la Lexicografía se centra en las características particulares de cada palabra. Hay, pues, dos formas de acometer el estudio de una lengua:

«el resultado del primer estudio constituye la gramática propiamente dicha, que no desciende a puntos individuales sino cuando trata de accidentes que completan el cuadro morfológico de la lengua ó de voces destinadas por el uso á funciones especiales; mientras que el fijar lo que podemos llamar sintaxis individual, tomando como base el desarrollo ideológico del concepto que informa cada palabra y explicando circunstanciadamente todas las combinaciones que le son peculiares, corresponde de lleno al diccionario del idioma» (Cuervo: 1886, 1).

La diferencia entre los enfoques propios de gramáticos y lexicógrafos no se refiere, como puede deducirse, tanto a los aspectos estudiados como al nivel en que los tratan.

Los diccionarios de construcción, lógicamente, se ocupan del eje sintagmático, en el que nos interesan las combinaciones de unos elementos con otros, las unidades de nivel superior en que entran, la compatibilidad que muestran con otros elementos o clases de elementos, etc.1. Se trata de una información diferente de la que constituye el objeto de la semántica léxica, pero no incompatible con ella. De hecho, los diccionarios convencionales han venido prestando en general cada vez mayor atención a los aspectos sintácticos.

A pesar de lo postulado por Cuervo, no es eso lo que ha ocurrido habitualmente en la tradición hispánica. Por citar un ejemplo que he empleado en otras ocasiones, la última edición del DRAE (me refiero todavía a la de 1984) diferencia cuatro acepciones de compadecer del modo siguiente:

compadecer (del lat. compati) tr. Compartir la desgracia ajena, sentirla, dolerse de ella. // 2. Sentir lástima o pena por la desgracia o el sufrimiento ajenos. U.t.c.prnl. // 3. Venir bien una cosa con otra, componerse bien, convenir con ella. //4. Conformarse o unirse (DRAE, 1984, s.v.).

Sin entrar en cuestiones que no afectan a nuestro objetivo presente, se observa que las precisiones gramaticales se limitan a la indicación del carácter transitivo o intransitivo y la alusión a los empleos pronominales cuando corresponde. No hay en cambio, ninguna indicación acerca de las construcciones posibles en cada acepción, con lo que el usuario que va a consultar esta entrada (he elegido una que puede plantear ciertas dudas al usuario corriente) no puede ver que la construcción correspondiente a la primera acepción es alguien compadece a alguien, la segunda responde al tipo alguien se compadece de alguien y la tercera, a algo (no) se compadece con algo. No hay ninguna alusión a las dos preposiciones distintas, que son, claro está, un elemento fundamental en la configuración del significado de las expresiones correspondientes2. Algo parecido se puede encontrar en la mayor parte de los diccionarios españoles publicados hasta ahora mismo. Dejando a un lado el Diccionario de uso del español de María Moliner, que constituye más la excepción que la regla, el resto de los más importantes se caracteriza por la falta de atención a los aspectos sintagmáticos correspondientes a los lexemas que incluyen3.

Buena parte de las corrientes teóricas predominantes en los últimos años han puesto de relieve las conexiones entre léxico y gramática y, por tanto, han insistido en una dirección similar a la propuesta por Cuervo. La gramática de casos, la léxico- gramática y, muy especialmente, la gramática de dependencias (que es la corriente en la que surgen los diccionarios de valencias) son algunas de las más destacadas en esta dirección4. Como consecuencia del influjo que estas y otras corrientes tienen sobre el quehacer de los lexicógrafos, en los últimos años se ha ido haciendo cada vez más importante la presencia de información gramatical en los diccionarios. Por citar un caso bastante reciente, pero ya bien conocido, el COBUILD English Language Dictionary proporciona, además de la referente al significado léxico en sentido estricto, información acerca de la clase y subclase gramatical a que pertenece cada palabra en cada uno de sus diferentes empleos y de sus posibilidades combinatorias. En concreto, en el caso de los verbos se indica el esquema o los esquemas sintácticos en que son utilizados en sus diferentes acepciones5. Muchísimo más ambicioso es el Dictionnaire explicatif et combinatoire du français contemporain dirigido por Igor Mel’cuk6, que pretende proporcionar todos los datos semánticos y combinatorios de cada lexema. El DEC trata de «servir de source complète d’informations sur les mots d’une langue donnée, telle qu’en principe on puisse y trouver tout ce qui est nécessaire pour construire toutes les expressions correctes de n’importe quelle pensée considérée» (Mel’cuk: 1984, 4). Es, pues, un diccionario total, al menos en su concepción.


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2.   Tratando de eliminar esta carencia de la Lingüística española, hace ya varios años que unos cuantos profesores e investigadores vinculados a la Universidad de Santiago de Compostela y con intereses científicos en la Gramática, no en la Lexicografía, concebimos la idea de confeccionar un diccionario de construcciones verbales del español actual7. Pretendíamos con ello poner a disposición de los investigadores un instrumento que paliara tanto la falta de estudios gramaticales detallados sobre el comportamiento de los verbos como la carencia de información en los diccionarios acerca de las peculiaridades constructivas de los mismos. Tras unos meses de preparación, comenzamos el trabajo en octubre de 1988 y nos encontramos ahora mismo en un punto desde el que resulta posible vislumbrar ya el final de esta etapa8.

Para lograr ese objetivo general, hemos configurado un corpus formado por treinta y cuatro textos narrativos, ensayísticos, orales, periodísticos y teatrales, siempre de nivel culto, procedentes tanto de España como de Hispanoamérica y publicados (estrenados en el caso de las obras de teatro) con posterioridad a 1980. Salvo en dos casos, el corpus está formado por los textos íntegros. Se ha intentado conseguir con todo ello una muestra representativa del español culto actual, tanto de España como de Hispanoamérica, aunque no en todos los casos ha sido posible conseguir textos hispanoamericanos que resultasen fáciles de manejar para su introducción en el ordenador a través de scanner. Existe, pues, un cierto desequilibrio cuantitativo, absoluto en zonas como los textos teatrales o periodísticos, que, de todas formas, no afecta de modo importante al carácter representativo del corpus en el terreno en que nosotros estamos directamente interesados (la sintaxis).

Para estudiar la sintaxis verbal en los textos reales y con datos cuantitativamente relevantes hemos hecho una ficha de cada una de las aproximadamente 150 000 cláusulas que contiene el corpus. En cada caso se anotan los rasgos generales que estimamos oportunos (tipo de cláusula, función que desempeña, modalidad, polaridad, forma verbal empleada, etc.) y los aspectos pertinentes de cada uno de los elementos funcionales que existen en su interior (tipo de unidad a que pertenece la secuencia que desempeña la función, animación, determinación, marca, etc.).

Esta ficha, bastante compleja (61 campos posibles), es introducida luego en el ordenador y almacenada en una base de datos. Una serie de programas, diseñados y escritos por nosotros mismos, revisa y organiza todo ese conjunto. En primer lugar, un programa incorpora a la ficha, leyendo los datos que figuran en ciertos campos, el esquema sintáctico y el subesquema que corresponde a cada ejemplo. El esquema es, por ejemplo, el compuesto de funciones sintácticas (esto es, sujeto-predicado-complemento directo, sujeto-predicado-suplemento, etc.). Llamamos subesquema al resultado de añadir a lo anterior ciertas características formales o semánticas que consideramos de interés. Por ejemplo, para un verbo que se construye con el esquema sujeto-predicado-suplemento se indica luego si las cadenas que funcionan como sujeto y suplemento son una frase nominal de carácter animado o inanimado, una cláusula de infinitivo, una cláusula con que en indicativo o subjuntivo, etc. y, por supuesto, la preposición que actúa como marca cuando la hay. En este paso se produce una útil e interesante concentración de la información, que nos permite siempre trabajar a varios niveles de detalle. Por poner un ejemplo rápido, a la hora de indicar la clase a la que pertenece la cadena que realiza una determinada función en la cláusula, la persona que hace la ficha tiene a su disposición cincuenta y cuatro posibilidades distintas. Ello significa que luego, si resulta de interés, podemos dar las referencias y todos los datos de las cláusulas en las que aparece el relativo quien, el pronombre tú, una cláusula de infinitivo cuyo sujeto coincide con el sujeto de la cláusula alta, una cláusula de relativo, etc. Ahora bien, cuando se trata de estudiar las posibilidades construccionales de un verbo carece de interés diferenciar entre cadenas como las directoras, los que llegaron tarde, ellos, quienes, aquellos, etc., de modo que el programa que atribuye los subesquemas agrupa todos estos casos bajo la etiqueta común «frase nominal» a la que añade luego la indicación, procedente de otro campo, que se refiere a su carácter animado o inanimado.

Otros programas sintetizan la información que tenemos para cada verbo en ficheros derivados que proporcionan información resumida de modo inmediato. Algo semejante se hace con los esquemas y los subesquemas sintácticos. De este modo, nuestra base de datos sintácticos permite en este momento obtener todos los esquemas y los subesquemas que hemos registrado en un verbo, así como las frecuencias con que ha sido localizado en cada caso. Los mismos datos, organizados de otro modo, nos permiten saber qué verbos han sido fichados en un determinado esquema sintáctico, cuáles presentan un cierto subesquema, dos esquemas distintos, etc., siempre con las indicaciones cuantitativas pertinentes.

Como es fácil deducir de lo anterior, el futuro Diccionario de construcciones verbales del español actual (DICVEA) no es más que una de las posibilidades de explotación de esta base de datos sintácticos. Cada una de sus entradas contendrá los diferentes esquemas sintácticos en que hemos localizado cada verbo (con indicación de la frecuencia con que aparece) y, bajo cada esquema, la relación de subesquemas documentados (también con la frecuencia). Cada subesquema irá acompañado de uno o más ejemplos ilustrativos de la construcción correspondiente.


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3.   El trabajo realizado y la experiencia acumulada hasta el momento muestra muchos más problemas lingüísticos que informáticos. No es sorprendente, puesto que, como han debido dejar claro los párrafos anteriores, empleamos el ordenador como un simple instrumento que nos permite manejar de modo cómodo grandes cantidades de datos a partir de cualquiera de las características previamente introducidas en la ficha, pero no, de momento, como el medio para realizar el análisis de las cláusulas.

El primer problema lingüístico es, por supuesto, el que deriva del hecho mismo de haber tomado la decisión de trabajar con los datos obtenidos en el análisis de un corpus textual. No creo que sea necesario ya invertir tiempo en defender la validez de un modo de trabajar que tan útil se ha mostrado en los últimos años9, pero es evidente que el DICVEA va a contener sólo una pequeña parte de los verbos que figuran en los diccionarios españoles, aunque, eso sí, serán los más frecuentes10. A cambio, el DICVEA tendrá todas las ventajas derivables de la información estadística que se puede obtener al trabajar sobre un corpus. Evidentemente, no es lo mismo decir que un verbo como animar(se) puede aparecer en siete esquemas sintácticos distintos que añadir a lo anterior la indicación de que el esquema correspondiente al tipo alguien/algo anima algo/a alguien supone el 51 % de los casos localizados, mientras que el 49 % restante se lo reparten los otros seis esquemas. Además de su interés intrínseco como dato puramente sintáctico, ese porcentaje puede resultar de suma importancia para, por ejemplo, la gradación de la introducción de usos en la enseñanza de la lengua.

Encontramos luego el conjunto de problemas inherentes a la confección, sea cual sea el sistema empleado, de un diccionario de construcciones verbales. En primer lugar, la cuestión misma de qué funciones sintácticas reconocer y emplear. El DICVEA ha sido planteado desde el funcionalismo que deriva de los puntos de vista defendidos por Emilio Alarcos y no sería lógico renunciar a la que nosotros consideramos estructura organizativa de la cláusula ni a ninguno de los elementos que empleamos habitualmente para su explicitación. No obstante, se ha hecho todo el esfuerzo necesario para que la descripción de los esfuerzos sintácticos localizados prime sobre los aspectos más teóricos, de tal modo que los datos resulten útiles para cualquier investigador, independientemente de su adscripción.

A pesar de esa intención explícita, resulta continuamente necesario tomar decisiones que arrastran consigo implicaciones teóricas. De una parte, todo lo relacionado con el reconocimiento de las diferentes funciones sintácticas y la delimitación entre ellas. Hay que decidir si el complemento de aburrir a alguien o de aconsejar a alguien es directo o indirecto. Algo semejante ocurre entre complementos indirectos y adverbiales (se acercó a una persona = se acercó a ella / se le acercó, pero se acercó a una pared = se acercó a ella /se le acercó). A todo ello hay que añadir el hecho de que el corpus ha sido diseñado de tal modo que, aunque siempre sean de nivel culto, contiene textos de distintas variedades diatópicas del español actual, con lo que hay que enfrentarse también con verbos que aparecen en esquemas y construcciones diferentes en textos de distintas procedencias geográficas. Es una variabilidad buscada y sin duda enriquecedora, pero que obliga a ser todavía más prudentes en las decisiones.

En segundo lugar, puesto que parece claro que un diccionario de construcción no debe contener todas las combinaciones sintácticas en que puede entrar un verbo, tropezamos con el conocido problema de la delimitación entre elementos valenciales o argumentos y elementos no valenciales. Después de los numerosos intentos que se han hecho para encontrar remedios seguros y mecánicos de delimitación entre los dos tipos de complementos11, no cabe tener excesiva confianza en los resultados obtenidos, de forma que es necesario tomar decisiones individualizadas o, como mucho, por bloques de verbos o complementos. Dado que el DICVEA busca la enumeración de todos aquellos elementos y combinaciones que puedan ser significativos para la comprensión de las construcciones en que entra cada verbo, se ha optado desde el principio por adoptar una postura amplia a este respecto, aunque ello pueda suponer que en ciertos casos se hace figurar algún elemento cuyo carácter argumental resulte dudoso.

Como es lógico, realizar una obra de estas características en un período razonable de tiempo exige la colaboración de un grupo amplio de personas12, con lo que las posibilidades de divergencia se multiplican. Para reducir al mínimo estos riesgos inevitables, hemos preparado una especie de manual de instrucciones para el fichado de las cláusulas, al cual nos hemos sujetado todos, y además, por supuesto, los ejemplos son revisados varias veces por distintas personas. En muchas ocasiones, esa guía se limita a imponer una de las varias soluciones teóricamente defendibles, pero nos parece que, en este momento, lo verdaderamente importante es saber como se ha considerado cada combinación, aunque pueda haber divergencias con respecto a su adecuación.

Por fin, todo diccionario de construcciones verbales tropieza con el problema de la organización de las acepciones (como cualquier diccionario) y su relación con las construcciones sintácticas y semánticas detectadas13. Puesto que nuestro objetivo es más modesto que la confección de un diccionario de valencias, la entrada correspondiente a cada verbo estará organizada por construcciones, esto es, por esquemas y subesquemas sintácticos. Cada subesquema registrado llevará, además de los datos cuantitativos, uno o más ejemplos ilustrativos tomados de los textos. Ahí figurará, cuando parezca útil o necesario, la indicación de la acepción en que es empleado con esa construcción, tomando como punto de referencia alguno de los diccionarios españoles más conocidos.


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4. En el aspecto informático los problemas han sido de entidad mucho menor. En realidad, como ya he adelantado, el ordenador nos ha permitido manejar de modo cómodo y rápido grandes cantidades de ejemplos empleando los más distintos parámetros.

La base de datos ha sido construida en dBASE (comenzamos en dBASE III y funciona ahora mismo en versión 1.5 de dBASE IV)14 y en su lenguaje de programación hemos escrito todos los programas que captan los datos de las fichas, añaden información de esquemas y subesquemas, organizan los ejemplos de cada verbo, esquema y subesquema y permiten que sea utilizada por usuarios sin conocimientos de informática. Lo mismo vale, por supuesto, para el DICVEA. Ha habido que dedicar un buen número de horas a la programación, pero el haberlo hecho todo nosotros mismos nos ha permitido crear un sistema muy flexible y abierto al que siempre es posible incorporar nuevos programas que respondan a las nuevas necesidades de las personas que trabajan con la base de datos sintácticos.

Desde hace unos cuantos meses, la base que contiene las fichas de los ejemplos y todos los archivos derivados, está conectada también a los textos, que han sido introducidos en el ordenador mediante escáner en la mayoría de los casos. Eso nos permite trabajar simultáneamente con la ficha y, el texto de cada ejemplo, con lo que el análisis se enriquece enormemente. Tal conexión permite, si llega a considerarse útil y económicamente viable, dar las referencias o incluso el texto correspondiente a las apariciones de cada verbo en los diferentes esquemas o subesquemas en que ha sido localizado.

Mayor alcance en el desarrollo de nuestros conocimientos sobre la sintaxis del español tiene la otra línea de trabajo que la informatización de los datos ha hecho posible. Además de estudiar los esquemas y subesquemas en que entra cada verbo, podemos ahora invertir la relación y estudiar los verbos que entran en cada esquema o subesquema (en nuestro corpus, por supuesto), los que pueden aparecer con una cierta función con independencia de todo lo demás, los que han sido registrados en dos esquemas o subesquemas determinados, etc. Si las servidumbres económicas lo permitieran, el DICVEA podría constar de una segunda parte en la que los esquemas sintácticos y no los verbos constituyesen el principio organizador. Ello supondría, en cierto modo, volviendo a la visión anticipadora de Rufino José Cuervo, pasar del nivel individual al que se mueve el diccionario al general en que se sitúa la gramática.

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Referencias bibliográficas

ACADEMIA, REAL ESPAÑOLA (1931): Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa- Calpe 1931.

ACADEMIA, REAL ESPAÑOLA (1984): Diccionario de la lengua española, Madrid, 1984.

AIJMER, Karin & Bengt ALTENBERG (eds.) (1991): English Corpus Linguistics. Studies in Honour of Jan Svartvik, Londres, Longman, 1991.

BAÉZ SAN JOSÉ, Valerio (1990): «Diccionario informatizado de construcciones oracionales y el proyecto Esquemas sintáctico-semánticos del español, en WOTJAK, G. y A. VEIGA (coords.): La descripción del verbo español, Universidad de Santiago, 1990, 33-70.

CUERVO, Rufino José (1886-1893): Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, tomo I, A-B, París, 1886; tomo II, C-D, París, 1893. Hay reediciones facsimilares de estos volúmenes publicados por el Instituto Caro y, Cuervo (Herder, Friburgo, I, 1953; II, 1954). Desde 1959 hasta la actualidad, el Instituto Caro y Cuervo ha publicado, a cargo de diferentes redactores, el tomo III, correspondiente a la letra E.

DEPHASE, Luc & K. VAN DEN EYNDE (1991): «The Pronominal Approach to Verbal Valency: A formal description of speak, say, tell and talk», en KLEIN, E. et al. (eds.): Betriebslinguistik und Linguistikbetrieb, Tübingen, Max Niemeyer, 199 1, 273-280.

EGGERMONT, Carmen: «El sistema pronominal y la valencia verbal», en WOTJAK, G. y A. VEIGA (eds.), La descripción del verbo español, Universidad de Santiago, 1990, 113-126.

FOLGAR, Carlos (1989): «Algunos problemas relativos a la confección de un diccionario de valencias verbales del español actual», comunicación presentada a la VI Conferencia lingüístico-literaria de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, febrero de 1989. En prensa.

HAENSCH, Günther (1991): «La situación de la Lexicografía española en el umbral del siglo XXI», ponencia presentada en el Simposio Internacional de de la lengua española, Sevilla, diciembre de 1991. En prensa.

HALLIDAY, M. A. K. (1991): «Corpus Studies and probabilistic grammar», en Aijmer & Altenberg: 1991, 30-43.

HELBIG, Gerhard y Wolfang Schenkel (1975): Wörterbuch zur Valenz und Distribution deutscher Verben, Tübingen, Max Niemeyer, 1983, 1969.

LEECH, Geoffrey (1991): «The state of the art in corpus Linguistics», en Aijmer & Altenberg: 1991, 8-29.

MEL ’ CUK, Igor (con N. Arbatchewsky-Jumarie, Léo Elnitsky Lidija Iordanskaja y Adéle Lessard) (1984): Dictionnaire explicatif et combinatoire du français contemporain, Les Presses de L’Université de Montréal, vol. I, 1984; vol. II, 1988.

PORTO DAPENA, Álvaro (1988): «Notas lexicográficas: la información sintáctica en los diccionarios comunes», LEA, 10/1, 1988, 133-151.

SINCLAIR, J. (ed.) (1987): Looking Up. An account of the COBUILD Project in lexical computing, Londres, Collins, 1987.

ZOFGEN, Ekkehard (1989): «Das Konstruktionswörterbuch», en Hausmman, Franz Josef, Oskar Reichmann, Herbert E. Weigand, Ladislav Zgusta (eds.): Wörterbucher, Dictionaires, Dictionnaires. Ein iniernationales Handbuch zur Lexikographie. An International Encyclopédie of Lexicography. Encyc1opédie internalionale de lexicographie, Berlín, W. de Gruyter, tomo I, 1989, 1000-1010.


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Notas:
  1. Para una caracterización general de este tipo de diccionarios, vid. Zöfgen (1989); para una detalladísima visión general de la lexicografía en el ámbito hispánico, vid. Haensch (1991).Volver al texto
  2. Utilizo este ejemplo porque es precisamente el que la propia Academia usa en la Gramática para demostrar que «una misma preposición indica distintas relaciones según el verbo con que se construya, y un mismo verbo toma a veces distintas acepciones según la preposición que le acompañe» (Grae: 1931, § 254). Las dos construcciones aparecen, en cambio, en la lista de palabras con preposición que constituye el capítulo XVIH de la Gramática (cf. Grae: 193 1, pág. 219 y sigs.).Volver al texto
  3. Me refiero a la información sintáctica explícita y, por supuesto, que supere la simple indicación de la clase de palabra, carácter transitivo o intransitivo del verbo, etc. Esto es, una información que marque, por ejemplo, la preposición regida por el verbo. En Porto (1988) puede encontrarse una útil panorámica general de la información sintáctica contenida en los diccionarios españoles.Volver al texto
  4. Desde una orientación diferente, Halliday acaba de reafirmar su creencia en la necesidad de considerar léxico y gramática como un continuum, como «a unified phenomenon, a single level of «wording», of which lexis is the most delicate resolutiom (HALLIDAY, 1991, págs. 31-32).Volver al texto
  5. Para detalles de la confección de este diccionario y, en general, de todo el proyecto COBUILD, véase, por ejemplo, Sinclair (1987).Volver al texto
  6. Cf. Mel’cuk (1984 y 1988). En Alonso Ramos (1989) puede encontrarse un amplio resumen de los objetivos y organización del DEC.Volver al texto
  7. No es el único proyecto de este tipo. Valerio Báez ha anunciado la próxima publicación de un Diccionario de construcciones sintácticas del español (cf., por ejemplo, Bácz, 1990).Volver al texto
  8. Además de una ayuda para la adquisición de la infraestructura necesaria concedida por la Junta de Galicia, el proyecto ha disfrutado de subvenciones concedidas por la Consejería de Educación de la Junta de Galicia entre 1988 y 1991 (XUGA 82710088) y por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia entre 1991 y 1994 (PB90-0376).Volver al texto
  9. Para una perspectiva de conjunto, vid. Leech (1991).Volver al texto
  10. A la altura de los aproximadamente 120 000 ejemplos que han sido introducidos hasta este momento (septiembre de 1992) en el ordenador, tenemos datos de unos 3.300 verbos diferentes (que entran en 11.500 combinaciones distintas de verbos y esquemas sintácticos), de modo que parece razonable calcular que, en su estado final, el DICVEA tendrá datos de aproximadamente 3.500 verbos distintos. Ciertamente, no son demasiados, puesto que el número de verbos que figuran en la última edición del DRAE (me refiero todavía a las de 1984) debe de oscilar alrededor de los 12.000.
    En general, los diccionarios de valencias estudian un número reducido de verbos. Helbig y Schenkel (1975, 66) incluyen en su diccionario los verbos alemanes más difíciles y más usuales. Con un método distinto, sin embargo, es posible estudiar muchos más verbos. Así, con la aproximación pronominal, desarrollada principalmente por Claire Blanche-Benveniste y Karel van den Eynde, se han elaborado diccionarios de valencias de 6.200 entradas para el holandés y 8.500 para el francés. Cf. Dehaspe y van del Eynde (1991) y la bibliografía allí mencionada. Para una presentación rápida y accesible del método, cf. Eggermont (1990).Volver al texto
  11. Para una revisión general de pruebas y resultados alcanzados, vid. por ejemplo, Somers (1984), Báez (1990). Como medio de superar estas dificultades algunos autores, como el propio Somers y, entre nosotros, Valerio Báez, proponen trabajar no con dos, sino con seis (Somers) o siete (Báez, 1990). En realidad, la multiplicación de clases de complementos no resuelve nada y, por el contrario, complica todavía más la cuestión central.Volver al texto
  12. Además de un numeroso y entusiasta grupo de estudiantes de licenciatura y tercer ciclo que no me es posible citar aquí, han colaborado en la formación de la base de datos: Carmen Cabeza Pereiro, Milagros Fernández Pérez, Francisco García Gondar, José María García-Miguel, Tomás Jiménez Juliá, Dolores López Sánchez, Belén López Meirama, María del Carmen Losada Aldrey, María José Rodríguez Espiñeira, Guillermo Rojo (investigador principal) y Victoria Vázquez Rozas. Se encargan actualmente de la confección del DICVEA, además del autor de esta ponencia, Carmen Cabeza Pereiro, Francisco García Gondar, José María García-Miguel, Tomás Jiménez Juliá, Belén López Meirama, María del Carmen Losada Aldrey, Teresa Moure Pereiro, María José Rodríguez Espiñeira y Victoria Vázquez Rozas.Volver al texto
  13. Para un estudio de estas cuestiones con interesantes propuestas de solución, cf. Folgar (1989).Volver al texto
  14. De Borland (originalmente, de Ashton-Tate).Volver al texto
 

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