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SOCIOLINGÜÍSTICA

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Direcciones en los estudios sociolingüísticos de la lengua española
Carmen Silva-Corvalán. University of Southern California

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Introducción

Este trabajo intenta responder a la responsabilidad que se me ha asignado de sugerir posibles avenidas de investigación sociolingüística de la lengua española. Aunque se me ha pedido que no discuta lo ya hecho en nuestro mundo hispánico sino más bien lo que falta por hacer, obviamente esta tarea debe considerar los estudios realizados para poder proponer direcciones futuras. No me referiré, sin embargo, a estudios específicos, hechos o por hacer, sino a líneas generales de investigación.

Adopto aquí una definición relativamente estricta de sociolingüística, según la cual ésta es una disciplina interdependiente, con una metodología propia, que estudia la lengua en su contexto social y se preocupa esencialmente de explicar la variabilidad lingüística de su interrelación con factores sociales y del papel que ésta desempeña en los procesos de cambio lingüístico. La sociolingüística se ubica en el plano de la actuación para estudiar el hecho lingüístico en toda su dimensión social, ya que considera de vital importancia el hecho de que las lenguas se organizan primariamente para cumplir una función comunicativa y social. Al estudiar la lengua como conducta, por tanto, el sociolingüista se concentra en la variedad de formas en que se usa, y la enfoca como objeto complejo en el que se enlazan tanto las reglas del sistema lingüístico como las reglas y factores sociales que interactúan en un acto de comunicación social.

La orientación ideológica del sociolingüista lo lleva a aceptar la compatibilidad del concepto de sistema lingüístico heterogéneo con el de sistema estructurado. Así, se proponen tipos de estudios que consideran sistemáticamente la variación en los datos y que buscan explicaciones tanto dentro como fuera del sistema lingüístico propiamente tal. El sociolingüista adopta un paradigma dinámico de análisis, es decir, un marco pancrónico que incluye el tiempo histórico, el tiempo real o el aparente para dar cuenta de la forma y funcionalidad de la lengua. Se agrega a todo esto un nivel de análisis cuantitativo importante: un componente probabilístico que permite hacer predicciones sobre competencia lingüística.

Este marco teórico de la sociolingüística ha motivado la relativamente reciente publicación de algunas obras que discuten la teoría general desde la perspectiva de la lengua española (e. g. López Morales, 1989, Silva-Corvalán, 1989), o más específicamente la teoría en relación a la metodología sociolingüística (Moreno Fernández, 1990).

Durante los últimos veinte años se han publicado además algunos estudios sociolingüísticos de variación en el español de España, en Hispanoamérica, y en EE. UU. (e. g. Amastae & Elías-Olivares, 1982; Caravedo, 1990; Fontanella de Weinberg, 1979; Lavandera, 1984; López Morales, 1983; Samper Padilla, 1990). A éstos, hay que agregar algunas tesis doctorales (ver referencias en Moreno Fernández y Samper Padilla) y un buen número de artículos que examinan problemas teóricos (Gimeno, 1979; Lavandera, 1978, entre otros) o variables específicos del español (ver referencias en López Morales, Moreno Fernández y Silva-Corvalán). Se han investigado las restricciones a la variación fonológica, morfológica y sintáctica impuestas tanto por factores internos a la lengua (verbigracia, contexto fónico, clase de palabra, función morfemática, función pragmática) como por factores sociales externos (estatus socioeconómico de los hablantes, nivel de escolaridad, estilo de habla, edad, sexo, origen rural o urbano, etc.).

Sin embargo, los esfuerzos realizados con el fin de caracterizar aspectos sociolingüísticos del español han sido dispersos; los estudios han enfocado fragmentos de la lengua y han empleado técnicas diversas de recolección y codificación de los datos. Todo esto hace difícil la comparación de los resultados para establecer un cuadro cohesivo del valor sociolingüístico de las variables examinadas en diferentes comunidades hispanohablantes.

Dada esta situación, me parece que la primera prioridad debería tenerla un estudio sociolingüístico coordinado del español hablado en las principales ciudades de España y de América. Bien conocidos ya son los estudios de la llamada «norma culta» en los grandes centros urbanos a ambos lados del Atlántico, iniciados en 1968 (Lope Blanch, 1977). Es imperativo en este momento ampliar estos estudios de tal manera que se pueda examinar la gama real de variedades manejadas por la mayoría de los individuos de cada uno de estos centros urbanos. Este proyecto tendría como objetivo central describir la dinámica social del español hablado utilizando las metodologías más avanzadas y mejor probadas en sociolingüística. Sería necesario un proyecto interdisciplinario, con un grupo de investigadores construido principalmente por lingüistas, pero que incluyera además al menos un sociólogo y un experto en estadística e informática en cada centro.

Aunque estoy de acuerdo con Moreno Fernández (1990: 47) en su evaluación de que «la sociolingüística se encuentra en un status epistemológico en vías de constitución y con un objeto de estudio cambiante, complejo, que no se deja medir fácilmente», me parece que la innegable necesidad y la importancia de un proyecto sociolingüístico coordinado bien merecen la valentía de proponerlo y de llevarlo a cabo. Veamos algunas de las metas que tal investigación se plantearía:

1) La descripción sociolingüística de los procesos de variación más relevantes en el español según se presentan en los distintos centros urbanos.

2) La identificación de variación lingüística estable. En este caso, los resultados deberían indicar qué factores tanto lingüísticos como externos a la lengua se correlacionan o determinan dicha variación. Tendríamos así una descripción de conductas lingüísticas relacionadas con variación en cuanto a edad, sexo, nivel de educación, red social, acomodación según diferentes parámetros de la situación comunicativa, etc.

3) Un objetivo de crucial relevancia será la identificación de fenómenos de variación que correspondan a cambios en progreso, lo que nos permitiría evaluar el futuro de las variedades de lengua española hablada. Esperaríamos obtener información que haga posible proyectar la dirección de estos cambios, es decir, especificar si se trata de cambios que van alejando a una variedad determinada de patrones más conservadores o si, por el contrario, se trata de la supresión de rasgos innovadores.

4) La descripción de la estructura y lengua de diversos tipos o géneros de discurso, tales como la argumentación, la planificación, la exposición de hechos pasados, la anécdota o narrativa oral, las instrucciones o direcciones, los saludos y despedidas, etc. Este estudio debería extenderse al llamado continuo oral-escrito, lo que significaría incluir además muestras de diferentes géneros de español escrito, desde los tipos de escritura menos planificada (memoranda, notas, cartas) hasta el ensayo planificado y formal. Aunque considero este tipo de investigación de vital importancia, no diré nada más sobre el tema pues es posible que sea desarrollado en algún trabajo similar a éste sobre estudios de pragmática del español.

5) La descripción de los patrones de interacción característicos de las diversas variedades del español, incluyendo el estudio de formas lingüísticas y paralingüísticas que funcionan, por ejemplo, como relleno discursivo o como marcadores discursivos. Los análisis correspondientes informarían, por ejemplo, sobre variación en modelos de toma de turnos de habla, de interrupción, de iniciación, continuación o cambio de tema del discurso. Además, se obtendría información sobre cómo funcionan tales elementos como vale, vamos, tú sabes, este, pues, fíjate, mira, verdad, bueno, etc. Estas materias son también el objeto de estudio de quienes hacen pragmática, disciplina que está íntimamente imbricada con la sociolingüística, aunque no me detendré a discutirla por la razón dada en 4).

6) Finalmente, este proyecto coordinado proporcionaría la base de datos necesaria para escribir gramáticas del español hablado (un proyecto de este tipo se ha puesto en marcha en Caracas, Venezuela, según informan Bentivoglio & Sedano, 1992). En consecuencia, es imprescindible la creación de un centro que se ocupe de la mantención y manejo de un banco de datos informatizados del español hablado.

Además de los seis amplios objetivos aquí planteados, que darían resultados de suma importancia para el avance de nuestro conocimiento de la vida real de la lengua española y sus principales variedades en el mundo, este proyecto sociolingüístico se plantearía la necesidad de examinar y contribuir al esclarecimiento de ciertos aspectos fundamentales para el avance de la teoría sociolingüística. Me refiero aquí a cuestiones tales como la validez de los constructos sociales que hasta ahora se han empleado en el estudio de la variación lingüística, tanto en el plano de la definición del objeto social en estudio (por ejemplo, clase social, comunidad de habla, red de enlaces sociales, grupo étnico), como en relación al valor relativo que pueden tener factores tales como el sexo, la edad, las actitudes lingüísticas de la población, etc., en la determinación de la variación y/o del cambio lingüístico.

Un estudio sociolingüístico coordinado del español hablado en las principales ciudades de España y América exige el desarrollo de una metodología científica adecuada que determine técnicas rigurosas de recogida, análisis e interpretación de los datos. Felizmente, el mundo hispánico cuenta ya con algunos libros y manuales, entre ellos el libro de Moreno Fernández, Metodología Sociolingüística, que pueden servir de base y punto de partida para el diseño de una investigación a gran escala. No entraré aquí en los detalles metodológicos, que variarán y responderán a los fines y preguntas más precisos y específicos que se planteen en el momento oportuno (por ejemplo, decisiones sobre la selección de una muestra representativa de hablantes, la selección de los investigadores encargados de obtener los datos, la puntualización de las técnicas de recogida de datos —grabaciones, cuestionarios de diversos tipos, observación, estudios de actitudes—, la puntualización de las técnicas de análisis), sino que más bien pasaré a ilustrar algunos de los fenómenos lingüísticos que podrían examinarse como parte de este estudio.

En verdad, las preguntas que determinen qué fenómenos específicos se examinarían y los objetivos y resultados listados arriba en 1 a 6 están estrechamente relacionados; sin embargo, las sugerencias que presentaré a continuación los consideran separadamente y se concentran en las primeras tres metas.


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Las variables lingüísticas

La pregunta inmediata que surge en relación con la descripción sociolingüística de los procesos de variación más relevantes en el español es ¿qué hacer primero? ¿Por qué variables empezar? La respuesta está lejos de ser fácil. Así y todo, me parece apropiado sugerir las siguientes líneas prioritarias:

1.1. En cuanto a variación fónica, se podría empezar con aquellas variables que tienen alta funcionalidad (en el sentido estructuralista) y/o que tienen correlaciones morfosintácticas. La fricativización de la palatal sorda //, (-š), y la asibilación y fricativización de las vibrantes, por ejemplo, aunque son variables de gran interés, no parecen tener consecuencias morfosintácticas. Por tanto, mayor prioridad daría yo al estudio de la elisión de /d/ en ciertos contextos intervocálicos, que podría resultar en la formación de un nuevo paradigma de marcación de participio, y al examen de variables que presentan entre sus variantes el cero fonético en posición final de palabra; específicamente, las variables (s), (n) y quizá también la vibrante simple (r), ya que estas variables tienen relación con el desarrollo de procesos compensatorios de marcación de pluralidad y de persona y número verbal. Sólo una comparación interdialectal realizada con metodologías equivalentes nos permitirá evaluar la validez de aquellas hipótesis que plantean el desarrollo de procesos compensatorios tales como el alargamiento, la nasalización o la apertura vocálica, el ensordecimiento de ciertos segmentos, o la mayor frecuencia de expresión de sujetos pronominales.

En cuanto a esta última hipótesis, observamos que algunos resultados globales de expresión de sujetos pronominales indican que éstos se expresan con mayor frecuencia en el español del Caribe y en Santiago de Chile que en otras variedades del español. No resulta fácil hacer esta comparación, pues los estudios examinados han incorporado factores diferentes y no se han propuesto las mismas preguntas. Así y todo, intento dar una idea sobre las diferencias y semejanzas interdialectales en cuanto a la expresión de pronombres sujeto en general y sobre la primera persona en singular y plural en el cuadro 1.

Sabemos, además, que la elisión de /s/ implosiva es más frecuente en la variedad caribeña y en Santiago que en las variedades madrileña y mejicana. Lo que no podemos aseverar es que haya una relación causal entre estos dos fenómenos, como se ha propuesto (Hochberg, 1986), ni que la mayor expresión se deba a una tendencia a fijar el orden de palabras sujeto-verbo-objeto (Morales, 1986). Estas hipótesis, que apuntan hacia la interacción de los niveles fonológico, morfológico y sintáctico, deberían examinarse a través de la comparación de variedades del español que presenten diferentes grados de elisión de /s/ y de /n/, comparación que habría de hacerse utilizando las más avanzadas técnicas de análisis variacionista cualitativo y cuantitativo.

1.2. Con respecto a la variación morfológica y sintáctica, ya hemos apuntado entonces la prioridad de dos fenómenos:

a) la expresión del sujeto, nominal y pronominal, y

b) el orden de los argumentos, asunto que retomaremos brevemente más adelante.

Otros aspectos de la gramática del español que necesitan ser examinados sociolingüísticamente incluyen:

c) Las formas de tratamiento, especialmente los usos de tú-vos, y ustedes vosotros en oposición a ustedes y a vosotros.

d) Los valores y usos del sistema verbal. Es poquísimo lo que sabemos sobre cómo funcionan los «tiempos verbales» en su realidad sociolingüística. Aunque el presente y el pretérito de indicativo no parecieran estar sujetos a grandes diferencias interdialectales, es de esperar que incluso estos tiempos tengan valores y usos diferentes según las formas a las que se opongan dentro de cada dialecto.

Por otra parte, es bien sabido que el resto de las formas finitas de indicativo y subjuntivo, simples y compuestas, el imperativo y las construcciones progresivas presentan bastante variación interdialectal, tanto diatópica como diastrática, pero no hay, que yo sepa, estudios sociolingüísticos sistemáticos de esta variación.

En EE. UU. se han hecho algunos estudios parciales sobre «la pérdida» del subjuntivo, por ejemplo, o la mayor frecuencia de uso de las formas progresivas en el habla de los bilingües español-inglés. Pero, aunque de manera impresionística, procesos similares de «pérdida» del subjuntivo se han notado en otras variedades del español; por ejemplo, en Caracas, Buenos Aires, Asunción, Montevideo, donde el indicativo aparece en cláusulas temporales de futuro (ej. 1) y el presente se usa en vez del imperfecto de subjuntivo cuando la orientación es claramente de tiempo pasado (ej. 2).

  1. Lo voy a ver cuando regreso de Paraguay.
 
  2. Lo hice así para que me resulte más fácil.

Además, «se dice» que las formas progresivas ganan terreno sobre las simples en numerosos dialectos urbanos, entre otros los de Madrid, Lima y Santiago de Chile. En estos dos últimos, se informa de construcciones tales como la que doy en 3.

 3. Te estoy/estaré/estaría viendo mañana.

Finalmente, en 4 se observa el fenómeno de variación entre condicional, imperfecto de indicativo y pluscuamperfecto de subjuntivo, que podría tener relación con la expresión de grados de posibilidad epistémica, asunto que trato brevemente en el apartado siguiente.

  4. a) Si hubiera salido te lo habría comprado.

      b) Si hubiera salido te lo había comprado.

      c) Si hubiera salido te lo hubiera comprado.

Relacionados con el sistema verbal, e imbricados con cuestiones de semántica léxica, se encuentran los semiauxiliares de modalidad epistémica, dinámica y deóntica: haber de/que, tener que, deber (de), poder, ser capaz. De gran interés sería examinar sus significados, sus usos y su interacción con marcación de tiempo y aspecto. Notamos, de manera muy superficial, algunas diferencias en el mundo hispánico, ilustradas en las alternativas dadas en cada uno de los ejemplos 5 al 8. En 5, poder aparece marcado con tiempo pasado y retiene su sentido de modal epistémico en Madrid, mientras que en Chile requiere la construcción con infinitivo compuesto. En 6 se observa el uso variable de deber y deber de en datos de Madrid. El ejemplo 7 ilustra preferencias léxico-morfológicas; mientras que 8 ilustra diferencias léxicas, morfológicas (condicional en oposición a pluscuamperfecto de subjuntivo) y, sintácticas.

5.   a) Pudimos quedarnos, pero no quisimos (Madrid).
      b) Pudimos habernos quedado pero no quisimos (Chile).

6.   a) Debió ser eso de las 10 u 11 de la noche.
      b) Y mi madre debió de nacer en el año once o doce.
      c) Yo exactamente no lo sé. Tendría que ser [el referéndum] a primeros del año que viene o algo así. Debían de solucionarlo antes de terminar la jefatura de ellos.

7.   a) Entonces habías de decírselo (Madrid).
      b) Entonces deberías decírselo (Chile, Perú).

8.   a) Deberías haberla visto; fue excelente la película.
      b) Ojalá la hubieras visto; fue excelente la película.
      c) La hubieras visto; fue excelente la película.

La variación en el uso de construcciones de tipo «reflexivo», tanto en cuanto a los diferentes patrones de concordancia testimoniados (ejs. 9-10), como a la extensión del patrón «reflexivo» (ejs. 11-13).

 9.  Se vende/venden botellas.

10. Se aplaudió/aplaudieron a las muchachas.

11. Juan comunica/se comunica bien en swahili.

12. El niño tomó/se tomó un poquito de leche.

13. Juan demoró/se demoró mucho.

1.3.   Otra área de la gramática que me parece de interés investigar concierne a los conjuntos léxicos gramaticales o cerrados. Obviamente tendrá que hacerse una selección, aunque desde ya sugeriría la inclusión de algunas locuciones adverbiales como absolutamente, en absoluto, ahora, ahorita, no más, poco, un poco, por poco, poquito, un poquito, siempre, de la preposición hasta y de la conjunción que. Todos estos elementos están relacionados con variación diatópica y diastrática y algunos de ellos participan, además, en construcciones sintácticas interesantes sobre las que no contamos con estudios variacionistas detallados.


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Variación estable


Es posible que las variables lingüísticas identificadas y examinadas constituyan una situación de variación continua o estable. Dada la aplicación de técnicas metodológicas apropiadas, esperaríamos que el análisis de los datos permitiera señalar los factores internos y externos a la lengua que determinan o al menos se correlacionan con dicha variación.

En relación con los factores externos, la mayoría de los estudios sociolingüísticos del español hechos hasta ahora han trabajado con muestras de hablantes estratificados de acuerdo con los parámetros ya clásicos de clase social o nivel socioeconómico, nivel de escolaridad (grupo popular en oposición a grupo culto), sexo, edad, y, en un número muy reducido de estudios, el parámetro de estilo. Este último se ha investigado siguiendo el concepto laboviano de estilo como reflejo del grado de atención que el hablante presta a su manera de hablar.

En los últimos años, sin embargo, el empleo de los constructos estilo y clase social en sociolingüística ha sido sometido a minuciosos exámenes y críticas. El proyecto que aquí propongo deberá responder a estas críticas incorporando, por un lado, otras alternativas de estratificación social, y por otro, nuevas formas de examinar la variación lingüística individual de acuerdo con una concepción de estilo que considere tanto el tema y el género discursivo como los participantes en el acto de comunicación.

El concepto unidimensional de estilo, que se extiende de un extremo vernacular a uno formal según el grado de atención prestado a la manera de hablar, medido en su valor de formalidad con la inclusión de pruebas de lectura, ha sido reemplazado por enfoques que enfatizan la relación entre el hablante y sus oyentes y la visión de un hablante que activamente acomoda su conducta lingüística (Giles & Powestand, 1975; Coupland & Coupland, Giles & Henwood, 1988) según el interlocutor. Estos nuevos planteamientos hacen necesario eliminar las pruebas de lectura y crear, en cambio, situaciones de obtención de datos que permitan establecer más correctamente las consecuencias lingüísticas relacionadas con la variación estilística, tales como la presencia de interlocutores con características sociales diversas y la discusión de una amplia gama de temas. De acuerdo con la teoría de la acomodación, se espera que el hablante modifique su conducta lingüística ya sea para acercarse o alejarse de su interlocutor (orientación convergente o divergente), o que mantenga sus patrones lingüísticos sin que haya intentos de acomodación. Las preguntas que esta observación plantea son interesantísimas para un estudio variacionista: ¿qué variables mostrarán orientación convergente, cuáles divergente y cuáles no se acomodarán? ¿Qué características sociales de los interlocutores motivan uno u otro tipo de orientación? ¿Cuál es la relación entre el grado de acomodación y la variación social, es decir, interindividual?

Dos posibles alternativas a la estratificación según clase social la ofrecen el agrupamiento de acuerdo con la densidad de las redes sociales a las que pertenecen los hablantes (Milroy, 1980) y el lugar que éstos ocupan en el «mercado lingüístico» (Sankoff y Laberge, 1978), es decir, la importancia que para el hablante tenga el manejo de la variedad lingüística legitimizada por la ideología social dominante. Estas alternativas no parecen haber sido consideradas de manera sistemática en estudios del español, aunque sabemos que la historia social del individuo y, estrechamente relacionada con ésta, su posición en el mercado lingüístico, determinan en gran medida su conducta lingüística.

Volveremos a considerar la cuestión de la red social y la acomodación en relación con el cambio lingüístico en el apartado siguiente.

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3. Procesos de cambio en marcha

En este apartado, propongo dos proyectos que sólo aparentemente parecen desconectados. El primero se centra en el estudio de variedades del español sin considerar el contacto entre variedades diatópicas como posible fuente de cambio. El segundo, por otra parte, enfoca precisamente el contacto, tanto entre dialectos como entre lenguas diferentes. Ambos proyectos, sin embargo, tienen suficientes bases teóricas comunes que justificarían su unificación.

3.1. Un resultado de crucial relevancia que nos permita evaluar el futuro de las variedades de lengua española hablada será la identificación de fenómenos de variación que correspondan a cambios en marcha, ya sea hacia patrones más conservadores o, por el contrario, alejándose de ellos y por tanto presagiando quizá mayores divergencias interdialectales.

En este contexto, quisiera proponer el desarrollo de un proyecto al que yo le asignaría mi primera prioridad: el análisis del español hablado en dos o más puntos diferentes en el tiempo, con la intención de examinar la interacción entre sexo (Labov, 1991), diversos grupos sociales y cambios en el español en el tiempo real.

Dos de las posibilidades de investigación más provocativas abiertas por el llamado «paradigma laboviano» de estudios sobre la variación han sido el descubrimiento y análisis del cambio en progreso (Labov, 1972), y la perspectiva sociolingüística sobre la evolución de las lenguas (Romaine, 1982).

Labov (1981, 1991), particularmente, ha desarrollado el marco teórico y metodológico necesario para identificar y estudiar la variación lingüística en el tiempo real o en el tiempo aparente (i. e. sincrónicamente a través de diferentes generaciones), demostrando así la factibilidad de verificar nuestras inferencias sobre el cambio.

En este contexto, uno de los temas más debatidos ha sido el postulado de que la variación sincrónica a través de grupos generacionales, sexo y clase social pueda constituir evidencia de cambio. Ciertamente, sin información suplementaria de estudios anteriores sobre el mismo fenómeno, cualquier variación identificada como cambio sobre la base de ditribuciones diferenciales de variantes a través de grupos de edad o clase social podría corresponder también a gradación generacional o a variación estable en los diferentes grupos sociales. Por tanto, la necesidad de examinar el discurso en el tiempo real ha motivado el re-examen de comunidades estudiadas doce o quince años antes (e. g. Cedergren, 1988; Labov, 1981, 1991; Thibault y Daveluy, 1989; Thibault y Vincent, 1990), centrándose principalmente en cambios fonológicos y léxicos.

La principal hipótesis que motivaría nuestra investigación es que el análisis sociolingüístico del discurso producido por individuos caracterizados por diferencias sociales, de sexo y de edad, en la extensión del tiempo real, puede revelar la intersección de estos factores sociales en el campo del cambio sintáctico. Esta hipótesis requiere tanto la aplicación de técnicas de análisis cuantitativo y cualitativo como la inclusión de datos obtenidos en dos o más puntos en el tiempo. Los córpora recogidos para el estudio de la norma culta podrían constituir uno de estos puntos. Sería además de gran valor intentar coordinar investigaciones individuales realizadas en el pasado, ya que servirían como otro punto de referencia en el tiempo real. Finalmente, grabaciones de interacciones espontáneas (es decir, no de aquéllas que siguen un guión ya escrito) hechas por radios o canales de televisión ofrecerían otros puntos de referencia.

Labov (1981) ha notado que los cambios sintácticos pueden seguir un patrón móvil, i. e., el comportamiento individual es relativamente paralelo a los cambios que se van produciendo en la comunidad. La identificación del cambio sintáctico, entonces, requerirá que se utilice una combinación de dos tipos principales de investigación en el tiempo real, un estudio de tendencias (nuevas muestras de hablantes obtenidas en por lo menos dos tiempos, separados quizá por un mínimo de diez años) y un estudio de panel (el examen de al menos algunos de los mismos individuos en estos dos tiempos).

Son muchos los fenómenos de variación que se han propuesto como cambios en progreso en diversos dialectos del español y en todos los niveles de análisis: léxico, fonológico, morfológico y sintáctico. Aunque no es fácil decidir cuáles de ellos habrían de examinarse primero, creo que no sería inapropiado sugerir que se diera prioridad a aquéllos que parecen más generales, es decir, que se presentan en un mayor número de variedades. En cuanto a variables sintácticas, morfosintácticas y léxicas, además de las mencionadas en el apartado 1, que podrían ser variables estables, cabría mencionar otras que frecuentemente se mencionan como fenómenos «en avance»: el (de)queísmo, la pérdida de marcación de caso en las relativas (la casa Ø que viven es grande) y en objetos indirectos topicalizados (yo no me gusta eso), la difusión del leísmo y otras cuestiones relacionadas, la posición de los clíticos en perífrasis verbales y los clíticos redundantes en este mismo contexto (lo quería verlo), la «personalización» de haber (habían varios), los infinitivos con sujeto expreso (lo arreglaron para nosotros usarlo), etc.

Los resultados de este proyecto de estudio del español en el tiempo real que aquí propongo contribuirán a nuestro creciente conocimiento de los mecanismos del cambio lingüístico, es decir, al avance de las teorías sociolingüística y de lingüística histórica. Además, beneficiarán específicamente nuestro conocimiento de la vida real del español en el mundo, ofreciendo descripciones explícitas de un número de fenómenos língüísticos innovadores y de su interacción con factores sociales en los centros urbanos de mayor población.

En el aspecto teórico, me parece indispensable incluir un examen del papel que juega la red de enlaces sociales de los individuos. En este sentido, basándose en los cambios que experimentan dos vocales en el inglés de Ulster, Milroy y Milroy proponen un modelo que sugiere que las innovaciones fluyen de un grupo a otro a través de lazos débiles de contacto y que, por tanto, pone énfasis en el estudio del hablante que está en la intersección de dos o más redes de enlace sociales como portador de innovaciones.

Un punto importante que surge del análisis de las relaciones entre habla y redes de enlace es que esta variable necesita ser considerada en relación con otras variables sociales, a saber: sexo del hablante, status social y localidad geográfica. En verdad, algunas variantes parecen ser sensibles a la densidad de la red social sólo para los hombres; otras sólo para las mujeres, y aún otras para ambos sexos. Estas conductas tienen relación, además, con diferentes connotaciones de prestigio tanto local como general.

En todo caso, son las variantes que tienen menor significación como marcadores de enlaces sociales las que parecen liderar el cambio lingüístico. Además, a pesar del prestigio negativo asociado con alguna variante, ésta se extiende a los grupos de status social más alto.

Milroy y Milroy plantean que los lazos débiles entre grupos proporcionan puentes a través de los cuales se difunden la influencia y la información. Bajo esta perspectiva, los innovadores son tangenciales al grupo que asume la innovación, pero, de otro lado, los primeros que adoptan la innovación son miembros centrales del grupo (i. e. con lazos fuertes hacia el interior del grupo). La hipótesis de los Milroy es compatible con la de Labov (1981, 199l), quien ha mostrado que el origen del cambio está en un punto central de la jerarquía social, donde las redes de enlace social tienden a ser más débiles.

En el nivel macrosocial, si se produce gran movilidad o inestabilidad social (situación que incrementa los lazos débiles) el cambio lingüístico se difunde con mayor rapidez. Esta observación nos lleva naturalmente a proponer que uno de los factores externos importantes a considerar en un estudio sociolingüístico de las «lenguas españolas» en el mundo sea el contacto lingüístico, tanto entre variedades diatópicas como entre el español y otras lenguas.

3.2. Se ha observado que varios procesos del lenguaje, tales como la adquisición de una segunda lengua, la pidginización, la criollización, la reducción de una lengua en situaciones de contacto y el contacto interdialectal dan lugar a variedades lingüísticas que comparten características con la lengua meta o dominante. Se propone que estas semejanzas son el resultado, entre otras cosas, de la transferencia de rasgos de una lengua a otra o de un dialecto a otro, o sea, de procesos que implican lo que Martinet (en su prefacio al libro de Weinreich, Languages in Contact) llama «la permeabilidad de las celdas lingüísticas». El problema de la permeabilidad de las gramáticas a la influencia de sistemas gramaticales diferentes ha sido una preocupación central de la sociolingüística y de la lingüística histórica y es evidente en las discusiones sobre el papel que puedan tener fuerzas sociales externas (incluyendo entre éstas la presencia de otra lengua u otra variedad diatópica) y factores lingüísticos internos en el estímulo o restricción del cambio lingüístico.


Los movimientos migratorios dentro de los países hispanos ofrecen una situación de contacto dialectal que merece ser examinada. Se oye decir, por ejemplo, que la aspiración de /s/ implosiva, que el rotacismo de /s/ final de palabra ([lor dos]) o que el «dequeísmo» parecen estar extendiéndose en Madrid. Una posible explicación a estos avances innovadores podría encontrarse si se examina la conducta lingüística de diferentes grupos regionales llegados a Madrid, tanto de otras regiones de España como de otros países. Este mismo tipo de investigación se podría realizar en otros centros urbanos hacia los cuales se desplazan grandes números de individuos y familias, tales como Barcelona, Bilbao, Ciudad de México, Buenos Aires, etc.

Algunas de las preguntas más específicas que plantea un estudio de este tipo se refieren: a) al grado de cambio o acomodación a la variedad mayoritaria que experimenta el dialecto de los inmigrantes y, viceversa, al grado de acomodación a la variedad hablada por los inmigrantes que podría experimentar el dialecto local; b) a las modificaciones estables, es decir, aquéllas que se transmiten a una segunda o tercera generación de inmigrantes, lo que llevaría paulatinamente a que las modificaciones fueran incorporadas por la mayoría local; c) al comportamiento posiblemente diferenciado hacia distintos aspectos de la variedad mayoritaria. Por ejemplo, nos preguntamos si grupos no leístas llegados a Madrid (andaluces, argentinos, chilenos, etc.) adoptarían tanto el leísmo como el laísmo y con qué grado de difusión en su sistema lingüístico, sí se daría el mismo grado de acomodación en relación al empleo de la segunda persona plural en su forma pronominal y verbal (vosotros habláis), o al uso más «avanzado» de en detrimento de usted, o del pretérito perfecto compuesto en vez del simple, etc. En una palabra, nos preguntamos cuál es el papel que juegan el prestigio y la prominencia perceptual en el grado de acomodación interdialectal.

En cuanto al contacto entre lenguas, se ha observado que elementos gramaticales foráneos pueden penetrar en el habla, pero que muy raras veces son incorporados al código de la lengua. Weinreich (1953: 44), entre otros, coincide con Meillet, Jakobson y Sapir (citados por Weinreich, pág. 25) en apoyar la impermeabilidad de un sistema gramatical a elementos estructurales foráneos excepto cuando éstos corresponden a tendencias internas de desarrollo del sistema, una observación que se ha visto como peligrosamente circular.

Más recientemente, Thomason y Kaufman (1988) notan que algunos lingüistas han desafiado la creencia de que un sistema gramatical es impermeable a la transferencia directa de elementos foráneos. Basándose en datos tomados de diversos estudios, Thomason y Kaufman (págs. 14-16) argumentan que las restricciones puramente lingüísticas a los cambios motivados por contacto simplemente no funcionan y, más aún, añaden que cualquier rasgo lingüístico puede transferirse de una lengua a otra.

Existe consenso general en cuanto a que el contacto intenso entre lenguas es un poderoso promotor externo de cambio lingüístico. La controversia se da con respecto al factor específico que motiva el cambio en este tipo de situación: ¿es este factor la transferencia de elementos de las lenguas en contacto, tal vez presionadas a hacer más similares sus estructuras?; ¿es quizá la falta de educación formal en una de las lenguas?; ¿es, por último, el uso reducido de una de las lenguas y la consecuente adquisición incompleta de la misma?

En un intento por contribuir al examen de la primera pregunta que subyace a esta controversia, es decir, cuán permeable a la incorporación de elementos foráneos es un sistema gramatical, he examinado algunos aspectos del español hablado en Los Ángeles por un grupo de adultos bilingües español-inglés que presentan diferentes grados de reducción del español (Silva-Corvalán, en prensa). Basándome en los resultados de este estudio, he mostrado que los planteamientos de Weinreich parecen ser correctos, por lo menos en una situación sociolingüística de bilingüismo extenso e intenso en la cual están en contacto dos lenguas con status social y funcional desigual.

Mi investigación indica que, incluso bajo condiciones de intenso contacto y de fuerte presión cultural, los hablantes de la lengua secundada simplifican o sobregeneralizan reglas gramaticales, pero no introducen elementos que causen cambios radicales en el sistema de esta lengua. Es posible que algún rasgo lingüístico sea transferido de una lengua a otra de manera pasajera en el habla de un bilingüe (cf. el concepto de nonce-borrowing de Weinrich), pero sólo serán adoptados, difundidos y transferidos a nuevas generaciones, en un estadio dado, aquellos elementos que son compatibles con la estructura de la lengua que los recibe.

Sin embargo, es posible que dados un tiempo y condiciones sociopolíticas favorables, los cambios permitidos, que ocurren gradualmente, lleven al desarrollo de una lengua fundamentalmente diferente del español ancestral. En este momento, la evidencia apoya la siguiente hipótesis: la estructura de las lenguas en contacto gobierna la introducción y dirección de la difusión de elementos innovadores en los sistemas lingüísticos; la historia sociolingüística de los hablantes es el principal determinante tanto del grado de difusión de las innovaciones, como del resultado lingüístico último de la lenguas en contacto (Silva-Corvalán, en prensa).

El español se ha encontrado o todavía se encuentra en situación de contacto intenso con numerosas lenguas: gallego, portugués, euskera, catalán, italiano, quechua, etc. En algunas de estas situaciones de contacto se ha informado sobre fenómenos similares de cambio en el español: el uso de condicional por subjuntivo (lo llevó para que lo vería el doctor);
el uso de indicativo por subjuntivo; la extensión de estar (la gente está muy alta en ese país); la no expresión de clíticos verbales correferenciales con un objeto directo (tenía un perrito y Ø llevaba a todas partes); la duplicación casi categórica de clíticos correferenciales con un objeto directo definido (le llamé a Juan anoche —sistema leísta—; lo trajo al nene a la escuela); tendencias de cambio en el orden de los argumentos en español, de (sujeto)-verbo-objeto a (sujeto)-objeto-verbo, cuando el contacto es con el euskera o el quechua, etc.

Parece que las modificaciones a las reglas semántico-pragmáticas que llevan a la pérdida o sobregeneralización de variantes sintácticas, fenómeno ilustrado en los ejemplos citados, son frecuentes en situaciones de lenguas en contacto (Dorian, 1980 y 1989; Landa, 1992; Silva-Corvalán, 1991). Pero ¿cuán posible es que estas modificaciones en las variedades del español en contacto se difundan y se estabilicen en la comunidad? Sólo una investigación amplia y sistemática, que incluya el parámetro del tiempo real, podría sugerir respuestas adecuadas.

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Conclusión

La sociolingüística es hoy un campo apenas entreabierto en el mundo de habla hispana. Es por esto quizá por lo que las líneas de investigación aquí sugeridas pueden dar la impresión de ser demasiado ambiciosas. Debo señalar, sin embargo, que he dejado posibilidades importantes de investigación en el tintero, como es la aplicación de los métodos sociolingüísticos, especialmente los variacionistas, al estudio del desarrollo histórico de la lengua española.

Los estudios sociolingüísticos propuestos en este trabajo se harían en dos tipos fundamentales de corpus: uno obtenido en el tiempo real, con diez o más años de profundidad temporal, y otro corpus sincrónico, que incorpore parámetros de selección de muestras de habla que reflejen el contexto externo de la lengua española en toda la complejidad de su dimensión social. Los mismos criterios de selección, recolección y análisis de datos deberían ser aplicados en todas las instituciones que adhirieran a este gran proyecto. Un centro general, que recopilaría y organizaría todos los datos usando las más avanzadas técnicas informáticas, tendría la responsabilidad de coordinar los esfuerzos locales y de mantener canales de información y comunicación entre los investigadores. La labor parece titánica. Felizmente, el grupo de lingüistas interesados en la vida del español en el mundo crece continuamente. Un escollo serio que tendrá que considerarse es el financiamiento de estudios tales como los aquí propuestos. En este sentido es posible que yo peque de ser demasiado optimista, pero me parece que todo es posible cuando hay suficiente motivación. La motivación la tenemos, los proyectos se justifican. Espero que no dejemos desvanecerse el entusiasmo que nos mueve hoy a reunirnos y que conjuntamente llevemos adelante los estudios del español en sus variedades sociolingüísticas más representativas.

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