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Las otras lenguas de España
Miguel Siguán. Universidad de Barcelona

 

Justificación

La Constitución española de 1978, en su artículo 20, después de afirmar la «indisoluble unidad de la nación española» continúa diciendo que «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas». Y el artículo 30, después de afirmar que «el castellano es la lengua española oficial de España» añade que «las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos» y que «la riqueza de las distintas modalidades hngüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección».

Este reconocimiento de la pluralidad nacional y lingüística de España constituye una innovación completa respecto a la idea de España que ha inspirado sus instituciones políticas en los últimos siglos y su trascendencia no puede disimularse. Y este reconocimiento se combina con el hecho de que aprovechando las posibilidades abiertas por la Constitución todo el territorio español se ha estructurado en 16 comunidades autónomas, cada una de ellas con poderes legislativos y ejecutivos y por tanto con un Parlamento, un Gobierno y un aparato administrativo. En el Estatuto de Autonomía de cinco de estas comunidades: Cataluña, Islas Baleares, Valencia, Galicia y el País Vasco, se atribuye a una lengua distinta del castellano el carácter de lengua propia. En una sexta comunidad, Navarra, esta denominación se atribuye a la vez al castellano/ español y al vascongado. La población del conjunto de estas seis comunidades autónomas donde el castellano o español comparte con otra lengua la consideración de lengua oficial representa algo más del 40 % de la población española.

Los organizadores del Congreso han considerado que para hablar del estado actual del español y anticipar su futuro era necesario también conocer con algún detalle esta situación y las perspectivas de esta convivencia. Personalmente no sólo comparto esta opinión sino que creo que en esta reunión o en futuras reuniones de este orden sería igualmente acertado hablar de las lenguas indígenas que en el continente americano conviven desde hace siglos con el español. Más todavía, creo que la conmemoración del 92 debía haberse aprovechado para tomar iniciativas en favor de estas lenguas que dejasen claro que la defensa y la exaltación del español es perfectamente compatible no sólo con el respeto sino con la protección y la promoción de las otras lenguas que la historia ha hecho convivir en un espacio común.

En este marco de convivencia, las páginas siguientes resumen las políticas lingüísticas puestas en práctica por distintas comunidades autónomas en el ámbito del Estado español en defensa de sus respectivas «lenguas propias» como paso previo para examinar sus posibles repercusiones sobre el futuro de la lengua española.

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Las nuevas políticas lingüísticas

En uso de sus atribuciones, los parlamentos de cada una de las seis comunidades autónomas ya citadas han aprobado leyes que constituyen el fundamento legal de la política lingüística aplicable por los respectivos gobiernos. En junio de 1982 el parlamento vasco aprobó la «Ley de normalización del uso del euskera» y en los cuatro años siguientes se aprobaron las restantes, la «Ley de normalización lingüística de Cataluña» (junio del 83), la «Ley de normalización lingüística de Galicia» (junio 83), la «Ley sobre uso y enseñanza del valenciano» (noviembre 83), la «Ley de normalización lingüística de las Islas Baleares» (junio 86), y en Navarra la «Ley foral del vascuence» (diciembre 1986).

Todas estas leyes tienen, con la única excepción de la navarra, una estructura e incluso unos contenidos similares. Todas comienzan por un preámbulo en el que destacan el papel de la lengua en el pasado histórico y cultural de la comunidad y destacan su significado como signo de identificación colectiva y a partir de aquí justifican la necesidad de su promoción para compensar la situación de inferioridad en la que se encuentra.

Ya en la parte dispositiva todas afirman la cooficialidad de las dos lenguas y su igualdad desde el punto de vista legal, lo que significa que cualquier documento jurídico tiene el mismo valor redactado en cualquiera de las dos lenguas, el derecho de los ciudadanos a utilizar cualquiera de las dos en cualquier circunstancia y la garantía de que nadie será discriminado por razones de lengua.

Entrando en las cuestiones concretas de una política lingüística, todas afirman el derecho de los ciudadanos a relacionarse con la Administración pública en cualquiera de las dos lenguas oficiales, un compromiso que sólo puede asumir la propia Administración autonómica, pero que se plantea como un objetivo deseable para las restantes instituciones.

Respecto a la enseñanza todas coinciden en la necesidad de que la enseñanza de la lengua propia de la comunidad forme parte de los programas de enseñanza en todas las modalidades y en todos los niveles. Y todas ellas, con diferentes formulaciones, afirman el derecho de los alumnos, representados por sus padres, bien a elegir la lengua de enseñanza, bien a recibirla, al menos en los primeros niveles, en la lengua familiar. Y todas establecen como objetivo el que al término de la enseñanza obligatoria los alumnos sean capaces de utilizar las dos lenguas.

Respecto a los productos culturales todas insisten en la responsabilidad de los respectivos gobiernos por promover el empleo de la lengua. Y en el caso de los medios de comunicación además de esta necesaria promoción se afirma la posibilidad de disponer de medios propios (emisoras de radio y TV) que se supone que utilizarán la lengua propia de la comunidad.

Podemos añadir todavía que algunas de estas leyes (Valencia, Navarra) distinguen zonas geográficas en las que la política lingüística se aplica en forma diferenciada. Y que la ley catalana define una política específica de protección del aranés que se aplica en el Valle de Arán. Por otra parte, algunas de estas leyes especifican la institución que es responsable por la norma lingüística mientras que en otras comunidades esta declaración o no se ha hecho o se ha hecho por otros caminos.

Recordemos finalmente que todas estas leyes se aprobaron en los respectivos parlamentos prácticamente por unanimidad, lo que implica que previamente fueron consensuadas entre todos los grupos políticos con representación parlamentaria. La única excepción la constituye la ley navarra, que tuvo el voto contrario de los partidos nacionalistas vascos por considerarla insuficiente. Y que los gobiernos de las seis comunidades autónomas que han promulgado estas leyes han creado algún organismo administrativo, normalmente una dirección general, encargado de impulsar su política lingüística.

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Las distintas situaciones

Pero una cosa es el contenido de las leyes y otra la manera en que se aplican y los resultados que con ellas se consiguen. Y en el caso que comentamos, aunque, como he dicho, las leyes tienen una estructura y unos contenidos parecidos, la forma en que se aplican es muy diversa y más diversos todavía los resultados conseguidos.

La aplicación de una política lingüística está condicionada por la situación previa de las lenguas en presencia en la sociedad en la que pretende aplicarse. Esta situación se define en primer lugar por el nivel de conocimiento y de uso de cada una de las lenguas en presencia y por las actitudes de la población ante ellas. Conocimiento y actitudes que a su vez son el resultado de una historia cultural y política en la que intervienen múltiples factores: el cultivo literario que ha tenido cada una de las lenguas, su valoración como signo de identificación colectiva, el hecho de que la misma lengua se hable también en otras comunidades y en relación con otros proyectos políticos, el clima de consenso o de conflictividad predominante... Es evidente que en cada una de las comunidades autónomas consideradas la dinámica de estos factores es muy distinta.

Además de estos factores de orden cultural y político quiero citar otros dos, más estrictamente lingüísticos e igualmente importantes. El primero es que la lengua posea o no una norma lingüística unitaria y el grado de aceptación que encuentra. También en este sentido las lenguas de la península presentan situaciones muy distintas. El segundo es la distancia entre las lenguas promocionadas y el español. El catalán y el gallego son, como el español, lenguas romances y la distancia entre ellas es pequeña y por tanto la adquisición de una de ellas desde el español o a la inversa es relativamente fácil. Exactamente lo contrario ocurre con el vasco, y esta distancia influye fuertemente sobre la política que puede utilizarse para su promoción.

Por otra parte, la aplicación de una política de normalización o de planificación lingüística depende de la voluntad política de los gobernantes que la aplican; incluso una misma ley no será aplicada de la misma forma por un gobierno nacionalista que por uno que no tenga esta connotación. Aunque también hay que recordar que el voluntarismo político no es ilimitado y que aunque en principio un sistema democrático asegura una cierta correspondencia entre las opciones gubernamentales y las opiniones predominantes en la sociedad, de todos modos la realidad siempre es más compleja y el gobernante debe tener en cuenta esta complejidad. Pero antes de comentar estas políticas y los resultados de su aplicación es necesario ofrecer alguna información sobre la situación de partida en cada caso.

Cataluña

En Cataluña la lengua catalana tiene muchas circunstancias en su favor que hacen que su situación pueda considerarse como muy favorable. Tiene en primer lugar una larga y brillante tradición literaria que remonta a la Edad Media y los catalanes se han mantenido notablemente fieles a su lengua a lo largo de los tiempos. Y no sólo a nivel familiar y coloquial, siempre se ha mantenido algún tipo de uso culto y literario, y a partir de la «renaixença» en el siglo pasado y hasta la actualidad estos usos se han multiplicado. Y hay que contar entre los factores favorables el que, a diferencia de otras lenguas no estatales, ya a comienzos de este siglo se codificase o normativizase con una norma que casi inmediatamente fue aceptada sin discusión.

Pero el factor positivo más importante es que coincidiendo con la «renaixença» del siglo pasado la lengua se convirtió en símbolo de identificacion colectiva con lo que las reclamaciones de autonomía se acompañaban de reclamaciones en favor del uso de la lengua y así ésta recibía un intenso apoyo político. En la actualidad, prácticamente todos los partidos políticos coinciden en su apoyo a la lengua, aunque el hecho de que sea un partido explícitamente nacionalista el que detenta la mayoría absoluta en el parlamento y con ello ocupe el gobierno asegura que la política lingüística recibe un apoyo decidido desde el gobierno.

Al lado de estos factores favorables a la expansión de la lengua los hay también de signo contrario.

La industrialización de Cataluña iniciada en el siglo pasado, al mismo tiempo que ha hecho de Cataluña una región económicamente próspera, ha producido una intensa inmigración a sus zonas industrializadas, una emigración que primero vació las montañas catalanas, luego atrajo población de Aragón y de Valencia y más adelante de toda España, pero muy especialmente de las zonas pobres del sur: Murcia primero y Andalucía Oriental después. Naturalmente, estos inmigrantes, al menos a su llegada, desconocen el catalán. Del volumen de esta emigración puede dar idea el hecho de que la población total de Cataluña la mitad aproximadamente han nacido fuera de sus límites. Aunque con el tiempo muchos de los inmigrados son capaces de entender el catalán y una cierta proporción incluso de usarlo.

El censo lingüístico que desde hace diez años se realiza al mismo tiempo que el censo de población no indica cuál es la lengua primera o principal de los censados aunque diversas encuestas nos permiten suponer que aproximadamente la mitad de los habitantes de Cataluña tiene el castellano como primera lengua y la mitad el catalán. Su distribución es sin embargo muy desigual. Los que tienen el castellano como primera lengua se concentran en el cinturón industrial de Barcelona y la cuenca del Llobregat y en Tarragona, o sea en las zonas más industriales, y los que tienen el catalán como primera lengua son predominantes en el resto de la geografía catalana, mientras que en la ciudad de Barcelona las proporciones se equilibran.

Lo que sí nos dice el censo lingüístico es que del total de los habitantes de Cataluña el 90 % lo entienden y el 64 % son capaces de hablarlo. Y si aceptamos como he dicho que la mitad tienen el castellano como primera lengua, podemos deducir que de ellos el 80 % entienden el catalán y el 28 % se consideran capaces de hablarlo. En el censo efectuado cinco años antes, el 50 % de los castellanohablantes se consideraban capaces de entenderlo y el 6 % capaces de hablarlo. Si se mantiene esta tendencia dentro de un tiempo, el conocimiento del catalán se habrá generalizado. Aunque también hay que contar con la llegada en el futuro de nuevos inmigrantes probablemente de más al sur, y por tanto africanos.

Islas Baleares

El catalán llegó a las Islas en el siglo
XII con la conquista por las huestes de Jaime I, y desde entonces se ha mantenido como la lengua hablada por la mayoría de los habitantes, aunque a partir del siglo XVIII el castellano se convierta progresivamente en la lengua de los usos cultos y administrativos en los estratos altos de la sociedad. A finales del siglo pasado y comienzos de éste se inició un renacimiento literario paralelo al que se producía en Cataluña, aunque a diferencia de lo que ocurrió en Cataluña no se acompañó de implicaciones políticas ni de reivindicaciones nacionalistas. En la actualidad las fuerzas políticas predominantes en el parlamento balear son partidos de implantación estatal y el gobierno es de signo conservador con intervención de liberales y autonomistas. A partir de la autonomía existe sin embargo una reivindicación constante de mayores competencias, una reivindicación que ha de tener de todos modos en cuenta el hecho de que, como acostumbra a ocurrir en los archipiélagos, las tres islas tienen sensibilidades e intereses distintos. Mallorca, la mayor de las islas y la más poblada, ha representado un tipo de sociedad agrícola y señorial a la que se añade el hecho de ser la capital administrativa; Menorca, ocupada durante bastantes años primero por los franceses y luego por los ingleses, tenía un nivel cultural más alto y una clase media artesana, al mismo tiempo que una inclinación política más liberal; mientras Ibiza era una sociedad, más que tradicional, primitiva, con un nivel de analfabetismo muy alto y formas de vida que se mantenían intactas desde una remota antigüedad. Pero por encima de estas diferencias y de las susceptibilidades de las islas menores frente a la capitalidad de la mayor, las Islas Baleares conocen desde hace unos años un desarrollo vertiginoso basado en el turismo que destruye a la vez el paisaje y las formas de vida tradicionales pero que produce beneficios económicos indiscutibles.

Aunque los habitantes de las Islas acostumbran a calificar a la lengua que hablan de mallorquín, menorquín o ibicenco según los casos, en general no tienen inconveniente en admitir que se trata de variedades del catalán. La ausencia, o casi ausencia de reivindicaciones nacionalistas hace que la lengua no provoque conflictos lingüísticos graves. Y aunque la «Ley de normalización lingüística de las Baleares» es muy similar a la catalana, el compromiso político del gobierno con la lengua es lógicamente menor. Aunque es cierto que desde hace un tiempo el gobierno balear ha adoptado una postura más decidida en este sentido. En estas circunstancias el mayor peligro para la lengua habrá que verlo en una relativa indiferencia de buena parte de la población. Un peligro sobre todo grave por las consecuencias demográficas del boom turístico en un doble sentido: por un lado la llegada de una población inmigrada procedente de la península para trabajar en la construcción y en los servicios relacionados con el turismo, y paralelamente el establecimiento de una población extranjera, jubilados o no, atraídos por la bondad de su clima. Como consecuencia de este cambio demográfico, Ibiza, en cuarenta años, ha doblado su población y al mismo tiempo la proporción de habitantes nacidos fuera de la isla ha pasado de ser insignificante a superar el 30 % del total. A los que habría que añadir todavía una población flotante, más o menos estable, imposible de precisar.

Según los datos del censo de 1986, del total de los habitantes de las Baleares, el 90 % afirman entender el catalán y el 72 % se declaran capaces de hablarlo. La proporción es menor en Ibiza y mayor en Menorca, lo que claramente hay que poner en relación con la mayor proporción de personas nacidas fuera que residen en Ibiza.

Valencia

A la actual Comunidad Autónoma de Valencia, también conocida como País Valenciano o antiguo Reino de Valencia, el catalán llegó, igual que a las Islas Baleares, con la conquista por Jaime I. Pero en este caso, en la conquista y en la posterior colonización participaron caballeros catalanes y caballeros aragoneses, lo que provocó la aparición de dos zonas lingüísticas, una litoral y más extensa de lengua catalana y otra interior y más reducida de lengua castellana, aunque en ambos casos las dos lenguas estuviesen sometidas a la influencia del sustrato lingüístico anterior representado por una población mozárabe que hablaría un latín evolucionado. También en Valencia la lengua se ha mantenido a lo largo de los siglos, aunque el uso del castellano como lengua culta y urbana fuese más temprano y se generalizase más que en Cataluña o en las Baleares. El renacimiento literario del siglo pasado en Valencia fue casi insignificante y tampoco hubo una reclamación política ligada a la lengua. Algunos intentos de reclamar un estatuto de autonomía para Valencia en tiempos de la República apenas encontraron eco. Fue sólo en el marco de la lucha contra el franquismo cuando el tema empezó a despertar interés. Y en este momento se formuló la propuesta de que si Valencia compartía con Cataluña una misma lengua debía compartir también su proyecto cultural y político, lo que equivalía a proponer la integración en el nacionalismo catalán como futuro colectivo para Valencia. La propuesta fue acogida con entusiasmo por algunos grupos intelectuales, especialmente los más sensibles a los problemas de la lengua, pero al mismo tiempo provocó un rechazo apasionado de muchos otros que entendían que esto significaba una subordinación a Cataluña, con lo que la lengua se convirtió en un problema político de primer orden. En el Estatuto y en la posterior ley de política lingüística se obvió la controversia llamando a la lengua propia «valenciano» y prescindiendo de cualquier referencia que pudiese implicar una toma de posición en cualquier sentido.

Pero la controversia sigue en pie entre los que afirman explícitamente la identidad de la lengua y simpatizan con sus implicaciones políticas y los que para negar estas implicaciones afirman que se trata de dos lenguas distintas incluso en su origen, por lo que el valenciano debe recibir una normativa distinta. Y el gobierno de la comunidad, que políticamente ostenta el PSOE, manteniendo una postura intermedia que acepta que se trata de la misma lengua aunque con modalidades propias, mantiene el nombre de valenciano y, sobre todo, niega que la comunidad de lengua implique ninguna dependencia política. Y de acuerdo con ello aplica la política lingüística con una gran prudencia para no herir susceptibilidades en ninguna dirección, aunque en la práctica es criticada desde los dos lados. Ya se comprende que en estas circunstancias la política de defensa y promoción de la lengua no puede ser muy intensa.

Según los datos del censo de 1986, de la población total de la Comunidad Valenciana un 73 % entiende el valenciano y un 50 % se considera capaz de hablarlo. Si en la estadística se prescinde de la zona castellanoparlante las proporciones son algo superiores: un 84 % que lo entiende y un 55 % que es capaz de hablarlo. Incluso así las proporciones son, como se advierte, más bajas que en Cataluña y que en las Baleares. A lo que hay que añadir que el conocimiento es mucho menor en las ciudades que en el campo, y en conjunto menor en los niveles sociales medios y altos; todo lo cual apunta a una situación típicamente diglósica. Añadamos todavía que hay claras diferencias según las provincias: más alto en Castellón y más bajo en Alicante; y también grandes diferencias entre las comarcas, incluso en el interior de una misma provincia.

Galicia

También la lengua gallega tuvo en la Edad Media un cultivo literario brillante y también, a pesar de que la introducción del castellano como lengua administrativa y como lengua culta fue muy temprana, su uso como lengua familiar y coloquial se ha mantenido a través de los tiempos y hasta nuestros días.

A mediados del siglo pasado se produjo un cierto renacimiento literario del gallego paralelo al que por el mismo tiempo tenía lugar en Cataluña, y como allí, se intentó pasar del cultivo de la lengua como señal de identidad colectiva a reivindicaciones políticas e incluso a formular un nacionalismo gallego; pero, a diferencia de lo ocurrido en Cataluña, no consiguió un apoyo popular importante, probablemente debido a la falta de una burguesía emprendedora. Sólo algunos núcleos intelectuales se comprometieron activamente con la lengua, pero para la mayoría de la población el gallego aparecía indisolublemente unido a la pobreza y a la ignorancia y a la vida rural, mientras el castellano era la lengua del poder, de la cultura y, por tanto, del ascenso social.

Desde hace algún tiempo esta situación típicamente diglósica está cambiando por varias razones, entre otras porque el gobierno, que no es nacionalista sino de signo conservador, desde hace un tiempo asume una política de defensa y promoción del gallego que, aun considerada insuficiente por los núcleos nacionalistas, de todos modos está teniendo consecuencias. El solo hecho de que se publiquen leyes y disposiciones oficiales en gallego y que exista una TV gallega en la que personalidades de la vida pública se expresan normalmente en gallego ha roto algunos de los esquemas tradicionales sobre el significado social del gallego.

La promoción del gallego tropieza entre otros obstáculos con la disputa sobre la norma lingüística. El gobierno hace suya la norma de la Academia de la Lengua Gallega, que es, por otra parte, la utilizada por las principales editoriales. Pero hace un tiempo se produjo una propuesta distinta, conocida como reintegracionismo o lusitanismo, que defiende una norma más cercana a la norma portuguesa. No es posible entrar aquí en la controversia que así se plantea y que fácilmente adquiere connotaciones políticas, pues entre los defensores del reintegracionismo figuran nacionalistas radicales, y lo único que aquí puedo hacer constar es que la controversia obstaculiza a menudo los esfuerzos para promocionar la lengua.

A diferencia de las restantes comunidades autónomas objeto de este comentario, en Galicia no se aprovecharon los censos de población de 1981 y 1986 para hacer un censo lingüístico. Sí se ha hecho en el censo de 1991, pero los resultados no están todavía disponibles, de manera que no es posible ofrecer cifras fehacientes sobre el nivel de conocimiento de la lengua gallega en Galicia. Pero bastan las pocas encuestas existentes para poner de relieve que la proporción de habitantes capaces de entender y de hablar la lengua del territorio en Galicia es más alta que en cualquier otra comunidad autónoma. Las razones no son difíciles de dar: el conservadurismo de una sociedad rural, la ausencia de una inmigración importante —pues Galicia, al contrario que Cataluña, ha sido tradicionalmente tierra de emigración— e incluso la escasa distancia lingüística entre el gallego y el castellano bastan para explicar la generalidad de su conocimiento. Un conocimiento que por otra parte sigue siendo mayor en las poblaciones rurales que en las ciudades.

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País Vasco


La lengua vasca o euskera es anterior a la llegada de los romanos a la península y anterior incluso a la llegada de los indogermanos al continente europeo. Al comienzo de los tiempos históricos ocupaba una zona extensa entre los Pirineos y el Ebro pero desde entonces su área se ha ido reduciendo paulatinamente. De hecho el castellano se originó en un territorio donde antes de la romanización se hablaba vasco. A diferencia de los distintos romances peninsulares el vasco no participó en la expansión hacia el sur como consecuencia de la reconquista sino que perduró aislado y con un mínimo cultivo escrito, en gran parte de carácter religioso. A mediados del siglo
XIX, el príncipe Bonaparte, iniciador de los estudios sobre la lengua vasca, consideraba que pasados cincuenta años prácticamente habría desaparecido.

Si no ha ocurrido así sino que, por el contrario, conoce una etapa de expansión, hay que atribuirlo al impulso del nacionalismo. Pero mientras en Cataluña y en Galicia la recuperación de la lengua se inició con su cultivo literario y de éste se pasó a reivindicaciones políticas progresivamente más ambiciosas, en el País Vasco ocurrió más bien lo contrario. Se comenzó con una formulación maximalista del nacionalismo que en un comienzo se entendía con una defensa de los valores tradicionales de la sociedad vasca amenazados por la modernidad, y la defensa de la lengua se asumió como uno de los signos de identidad de esta sociedad amenazada.

Y fue a partir de la voluntad de recuperar la identidad vasca, especialmente fuerte durante el régimen franquista, cuando se produjeron las movilizaciones populares en favor de la recuperación de una lengua que parecía al borde de la extinción. De esta época son el movimiento de las ikastolas y el de los cursos de euskera para adultos.

La existencia a partir de la autonomía de instituciones políticas propias, unas instituciones en las que los partidos de signo nacionalista ostentan la mayoría, ha permitido que desde el propio gobierno se ponga en práctica una política enérgica de defensa de la lengua. Una política que exige un mayor esfuerzo y unos medios muy superiores a los requeridos en otras comunidades autónomas, y ello por varias razones: porque en muchas partes del territorio la mayoría de la población efectivamente había perdido la lengua hace ya tiempo, pero sobre todo porque la distancia lingüística entre el euskera y el castellano es muy grande. Esta mayor distancia hace que no se pueda confiar en una adquisición simplemente por contacto o por ósmosis a partir del castellano, como ocurre a menudo con el catalán o el gallego, sino que es necesario un esfuerzo consciente mantenido durante mucho tiempo.

La política de promoción del vasco ha debido enfrentarse además con otra dificultad. A lo largo de los siglos, el euskera ha evolucionado profundamente y además se ha diversificado, diversificación agravada por el hecho de que su uso escrito ha sido muy limitado. El resultado final ha sido una variedad dialectal tan grande que llega a dificultar la comprensión mutua. Pero es evidente que para que una lengua pueda ser enseñada y pueda ser utilizada institucionalmente ha de disponer de una normativa común. Las primeras generaciones nacionalistas eran conscientes de este problema, pero no se vieron capaces de abordarlo, y solo cuando la existencia de unas instituciones de gobierno y de unas redes de centros de enseñanza hicieron inaplazable su resolución, fue cuando se propuso un vasco unificado, euskera batua, que si de entrada provocó muchas reticencias hoy está generalmente aceptado.
 

De los datos del censo de 1986 se deduce que el 25 % de la población del País Vasco se declara capaz de hablar en vasco, a los que se agrega otro 18 % que lo entiende, al menos parcialmente. Más de la mitad de la población, por tanto, lo ignora totalmente. Estas proporciones son además muy distintas según los lugares: los capaces de hablarlo se reducen a un 6 % en la provincia de Álava mientras ascienden a un 43 % en la de Guipúzcoa. Aunque comparando estos datos con los del censo efectuado cinco años antes se advierte un claro progreso, la proporción de los que se consideran capaces de hablarlo ha aumentado en cinco puntos y la de los que sólo se consideran capaces de entenderlo parcialmente en cuatro puntos. Pero además de este aumento, la comparación de los datos del censo con encuestas más antiguas revela otro hecho significativo: hace cincuenta años el vasco estaba concentrado en zonas rurales y marineras y hablado por una población poco instruida y que a veces ignoraba totalmente el castellano. En la actualidad en estos mismos lugares el conocimiento del castellano ha aumentado, pero simultáneamente ha aumentado el conocimiento del euskera en lugares en las que antes era prácticamente inexistente: zonas urbanas y niveles sociales medios y altos.

Navarra

Inmediatamente antes de la romanización en todo el territorio de la Navarra actual se hablaba euskera, y aunque, como ya queda dicho, su área se restringió progresivamente, en ciertas comarcas del norte de Navarra se ha mantenido hasta nuestros días como lengua habitual e incluso en muchos casos como lengua única. Y aunque el reino de Navarra en la Edad Media no adoptó el vasco como lengua administrativa, sin embargo en Navarra siempre se ha considerado que el vasco formaba parte de su patrimonio histórico. La aparición del nacionalismo vasco complicó esta consideración.

Mientras el nacionalismo catalán de la unidad de la lengua ha deducido la unidad de una comunidad cultural, pero sólo en algunas épocas y por algunos sectores se ha deducido de ello un proyecto político común, el nacionalismo vasco, por el contrario, desde el primer momento, afirmó la unidad indisoluble de los siete territorios, lo que hoy son las tres provincias del País Vasco, y Navarra en el Estado español y los tres departamentos del País Vasco francés. Este punto de vista es compartido por todos los nacionalistas vascos, y de acuerdo con ello, cuando en la época franquista se generalizó el movimiento en favor de la recuperación del euskera, se crearon ikastolas y cursos para adultos en todos estos territorios, y por tanto también en Navarra. Pero con la estructuración del territorio del Estado español en un conjunto de comunidades autónomas ,esta opinión se convirtió en un problema político de considerable envergadura. En el País Vasco, los nacionalistas, ampliamente mayoritarios, consideraban que Navarra debía integrarse en la misma comunidad que el País Vasco, o al menos federarse con ella. Pero en Navarra los nacionalistas vascos representaban sólo una minoría del electorado, alrededor de la tercera parte, y los partidos mayoritarios propugnaban la independencia de Navarra. Como es comprensible, esta diferencia de puntos de vista debía repercutir sobre las actitudes ante la lengua, y buena prueba de ello es que la ley lingüística adoptada por el parlamento foral de Navarra es la única que no fue votada prácticamente por unanimidad sino que tuvo el voto en contra de los nacionalistas, que la consideraron insuficiente. Y es cierto que durante un tiempo los mayores esfuerzos en favor de la lengua se seguían haciendo desde organizaciones populares inspiradas por los nacionalistas. En la actualidad el enfrentamiento se ha suavizado, los esfuerzos de las organizaciones populares parecen haber tocado techo, y paralelamente el Gobierno navarro es más activo en la promoción de la lengua vasca, especialmente desde que recientemente se ha hecho cargo de la administración de la educación.

Según el censo de 1986 sólo el 10 % de los habitantes de Navarra se consideran capaces de hablar en vasco, a lo que se puede añadir un 5 % que dice entenderlo en alguna medida. Estas proporciones varían mucho según la localización geográfica. En la llamada zona vascófona el conjunto de los que hablan euskera o lo entienden se acerca al 70 % de la población. En la denominada zona mixta se acerca al 13 %. En la denominada zona castellanófona se acerca al 2 % y en la ciudad de Pamplona se eleva al 15 %. Igual que en el País Vasco se advierte una doble tendencia: por un lado, en la zona propiamente vascófona el euskera desciende, quizás simplemente por emigración, y en cambio en zonas donde el euskera había desaparecido hace tiempo empieza a volver a estar presente como consecuencia de los esfuerzos por difundir su conocimiento.

Otras diferenciaciones lingüísticas

De los cinco núcleos lingüísticos que se originaron en el norte de la península a partir de la descomposicion del latín quedan todavía dos a los que no se ha hecho alusión en los comentarios anteriores: el asturianoleonés y el aragonés.

Bable. A pesar de que tanto Asturias como León tuvieron durante un tiempo estructuras políticas autónomas e influyentes, el asturiano-leonés quedó bloqueado en su desarrollo por la expansión del castellano, de manera que sólo ha sobrevivido en forma de dialectos del castellano o como hablas locales conocidas en su conjunto como «bable». Ya en el siglo pasado hubo intentos de promover su uso literario, y más modernamente, y a ejemplo de lo ocurrido con otras lenguas, se han hecho esfuerzos por difundir su uso y por establecer unas normas unificadas, esfuerzos que simbolizan la existencia de una Academia de la Lengua Asturiana y que, por otra parte, levantan ásperas críticas por parte de sectores que consideran utópico intentar rehacer ahora lo que pudo haber ocurrido hace unos siglos.

Estos esfuerzos no consiguieron de todos modos el apoyo político suficiente para que en el Estatuto de Autonomía se diese al asturiano carácter de oficialidad, y el texto del estatuto se limita a decir: «El bable gozará de protección. Se promoverá su uso, su difusión en los medios de comunicación y su enseñanza respetando en todo caso las variedades locales y la voluntariedad de su enseñanza». Cumpliendo estas recomendaciones, el gobierno asturiano ha creado un servicio para la difusión del bable que asegura su enseñanza a todos los escolares que la desean y que estimula su utilización en otros aspectos de la vida social. Y es posible que el ejemplo de lo que ocurre en otras comunidades donde la lengua se ha convertido tan claramente en un signo de identidad colectiva refuerce en el futuro esta precaria situación.

Aragonés. Más modesta es todavía la pervivencia del aragonés, prácticamente reducido a hablas locales en varios valles pirenaicos. Los esfuerzos por revitalizarlos se concretaron en el Conselho de la Fabla Aragonesa, pero tampoco en este caso se consiguió el respaldo político suficiente y el Estatuto de Autonomía de Aragón se limita a decir: «Las diversas modalidades lingüísticas de Aragón gozarán de protección como elementos integrantes de su patrimonio cultural e histórico».

Aunque el texto no especifica a qué modalidades se refiere, es evidente que se trata del catalán hablado en varios lugares de la llamada Franja; Fraga en primer lugar, y del aragonés de la zona pirenaica. Pero aunque el gobierno de Aragón ha patrocinado diversas actuaciones en favor del aragonés y el Conselho ha publicado algunos libros, la respuesta popular ha sido hasta ahora escasa.
 

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Las políticas lingüísticas en la práctica

Uso institucional

Todos los gobiernos de las comunidades autónomas implicadas utilizan la lengua propia como signo de identidad en su denominación, en la de sus instituciones y en la de sus cargos públicos, lo que se pone de manifiesto en la señalización y en la correspondencia oficial. Al mismo tiempo todos han hecho esfuerzos por rectificar la toponimia (nombres de lugares) en la medida en que habían sido castellanizados.

Asimismo las autoridades y miembros de las instituciones autonómicas utilizan en mayor o menor medida la lengua en sus actuaciones institucionales y públicas. Un ejemplo que puede considerarse significativo lo constituyen los parlamentos. En el parlamento catalán todas las intervenciones se hacen en catalán. En el de las Islas Baleares, la mayoría en catalán y otras en castellano, y en el de Valencia, a la inversa: la mayoría en castellano y algunas en valenciano. El parlamento gallego es el único en el que se ha producido una evolución: en los primeros años la mayoría de las intervenciones se hacía en castellano, mientras que ahora la mayoría son en gallego. En todos estos parlamentos se da por supuesto que cualquier diputado puede hablar en cualquiera de las dos lenguas oficiales porque todos comprenden las dos. Esta suposición no es posible en el País Vasco, donde para que los parlamentarios que lo desean, que no son más de la cuarta parte del total, puedan expresarse en euskera, funciona permanentemente un sistema de traducción automática.

Administración pública. De acuerdo con el texto de las leyes lingüísticas, en todas las comunidades es posible dirigirse a la Administración en la lengua propia igual que en español o castellano. Aunque en la práctica la posibilidad está limitada por el conocimiento de la lengua que tenga el empleado de la ventanilla y por el escaso hábito de la mayoría de los ciudadanos de usarla, y menos por escrito. Y en todas las comunidades la Administración autonómica ofrece información de todo tipo (reglamentos, instrucciones, formularios... ), en las dos lenguas, aunque en unas comunidades se ofrece en primer lugar la información en la lengua propia y se reserva la información en castellano para quien la solicita expresamente y en otras ocurre más bien lo contrario.

Más significativo es todavía la lengua del funcionamiento interno. Sólo en Cataluña se ha hecho un esfuerzo sistemático para hacer del catalán la lengua de funcionamiento interno de la Administración. En las restantes comunidades, el español sigue siendo predominante, aunque en ciertos casos, así en Galicia, la penetración empieza ya a ser importante. En otras comunidades, la presencia de la lengua propia se limita a determinados departamentos.

En las instituciones y servicios que no dependen de los gobiernos autónomos, la presencia de la lengua es menor. Incluso en Cataluña, la presencia del catalán en la administración de justicia es pequeña, y a pesar de los esfuerzos que se realizan el progreso es lento. En general, las delegaciones de los ministerios y las grandes empresas de servicios públicos (Telefónica, RENFE, Iberia...) ofrecen en forma bilingüe algunos instrumentos básicos (guías telefónicas, formularios e instrucciones para la declaración de la renta y otros impuestos muy generales...) y en alguna medida la señalización pública.

Sistema educativo

La obligación de enseñar la lengua local en cada uno de los cursos del período de enseñanza obligatoria es anterior a las leyes lingüísticas y arranca de los llamados decretos de bilingüismo de 1978, aunque durante años su cumplimiento fue muy desigual. En la actualidad se puede decir que en general se cumplen efectivamente en todas las comunidades aunque existan excepciones. ¿Con qué resultados? Los alumnos de lengua familiar castellana que viven en un ambiente en el que esta lengua predomina y que reciben durante años clases de catalán o de gallego sin que su motivación para aprenderlo sea alta acaban por conseguir una cierta familiaridad con la lengua enseñada y un cierto nivel de competencia pasiva, entenderla oralmente o por escrito, pero no una competencia activa, la capacidad de hablar. La comprobación de este hecho llevó al gobierno de Cataluña a añadir a la obligación de la enseñanza de la lengua la obligación de que en cada curso del período de enseñanza obligatoria una asignatura debía profesarse en catalán. Con la exigencia complementaria de que en las escuelas donde el catalán fuese la lengua de enseñanza, una asignatura debía enseñarse en castellano. Poco después en Galicia se adoptó la misma norma aunque su cumplimiento dista de ser general.

Las leyes lingüísticas establecen también la posibilidad de la lengua propia de la comunidad no sólo sea enseñada sino que, con el acuerdo de los padres, se utilice como lengua de enseñanza. También en este caso es en Cataluña donde se han dado los pasos más decididos en esta dirección proponiendo una progresiva catalanización de la enseñanza que incluye cursos de inmersión para los escolares de familias castellanoparlantes. En la actualidad, aproximadamente la mitad de los escolares de Cataluña reciben la enseñanza en catalán y la proporción aumenta paulatinamente. En el País Vasco las escuelas en euskera —ikastolas— son anteriores a la Transición, y llegaron a acoger a un 10 % de la población escolar vasca, una proporción que prácticamente se mantiene inalterable desde hace años. Lo que actualmente pretende el Gobierno vasco es que en las escuelas donde el castellano es la lengua de enseñanza, el euskera no sea sólo lengua enseñada sino que tenga también alguna presencia como vehículo de enseñanza. En otras comunidades la enseñanza en lengua propia o lengua local afecta a menos del 10 %, y en Valencia, además, la utilización del valenciano como lengua de enseñanza se hace sólo en centros escolares que simultáneamente ofrecen también la posibilidad de recibir la enseñanza en castellano, de modo que las familias puedan optar entre las dos «líneas».

Con escasas excepciones, las universidades de estas comunidades, en sus estatutos, no sólo han establecido la coficialidad de las dos lenguas, sino que han afirmado su solidaridad con la lengua y la cultura de la comunidad. Aunque la traducción de estas afirmaciones en la práctica docente e investigadora es muy variada según los casos. Aunque no existan datos contrastables, se puede admitir que en las universidades de Cataluña las clases profesadas en catalán, en conjunto, representan el 50 % del total, con grandes diferencias de centro a centro; en Galicia pueden llegar al 20 %, y una proporción parecida en las Islas Baleares, mientras es más pequeña en Valencia y Castellón y casi inexistente en Alicante. En la Universidad del País Vasco se profesan hasta un 10 % de clases en euskera, pero siempre que se establece una clase en euskera existe otra de la misma denominación en castellano, de modo que los alumnos puedan optar.

Medios de comunicación

Sólo en Cataluña existen varios periódicos diarios en catalán aunque el volumen total de su difusión no sobrepase el 20 % de la difusión total de la prensa en Cataluña. En el País Vasco se anuncia como inminente la aparición de algún diario en euskera. Y en todas las comunidades los periódicos locales redactados en español incluyen en mayor o menor medida colaboraciones en la lengua propia. Tanto en la radio como en la televisión, las distintas comunidades han procurado contar con emisoras propias que en principio emiten en la lengua de la comunidad. Aunque la medición de las audiencias es siempre aleatoria, puede decirse que la presencia de las lenguas en la radio es superior a su presencia en la prensa. Pero la mayor presencia y la mayor influencia tanto en la difusión de las lenguas como en su prestigio se da en la TV. Cuatro comunidades: Cataluña, País Vasco, Galicia y Valencia, disponen de emisoras propias que emiten en sus lenguas respectivas, a lo que puede añadirse que las emisoras regionales de TVE las utilizan también en alguna medida. Es cierto, por otra parte, que en la actualidad todas las cadenas privadas emiten exclusivamente en castellano y que la popularización de la transmisión por satélite facilitará la presencia de otras lenguas, el inglés en primer lugar.

Productos culturales

La publicación de libros en lenguas distintas del español o castellano, que a raíz de la guerra estuvo prohibida, fue aumentando lentamente y hace cinco años los títulos editados en estas lenguas representaban una fracción apreciable del total de los títulos publicados en España (10 % en catalán, 2 % en euskera, 1 % en gallego), una proporción que parece haberse estabilizado. Al comienzo, esta producción se reducía a temas literarios, pero progresivamente se ha ampliado a otros campos, aunque siga predominando la temática literaria y lingüística. La innovación más importante ha sido el aumento espectacular de los libros pedagógicos para uso de los escolares, como resultado de la presencia de estas lenguas en el sistema educativo. Paralelamente se advierte también un ascenso de la literatura juvenil, lo que parece anunciar un aumento en los hábitos lectores en estas lenguas.

En otros productos culturales la presencia es más débil debido, en primer lugar, a la estrechez del mercado al que pueden acceder estas lenguas, lo que obliga a acudir a ayudas institucionales como parte de la política lingüística. Si incluso el cine en lengua castellana requiere una importante protección oficial, se puede imaginar lo que ocurre con el cine en estas lenguas. Y algo parecido puede decirse para las representaciones teatrales con ambiciones literarias. En este campo se pueden destacar los apreciables resultados conseguidos por la política de promoción del teatro catalán y también la excelente calidad de algunas películas en lengua vasca.

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Valoración de conjunto

Aun a conciencia de que no es posible resumir en unas frases el conjunto de estos procesos y anticipar su futuro, resulta inevitable intentarlo.

En los últimos años, en todas las comunidades consideradas, el conocimiento de la «lengua propia» ha aumentado y parece probable que siga aumentando en un futuro inmediato.

En cuanto al uso, las consideraciones han de ser mucho más matizadas. En todas partes ha aumentado, y en forma muy sustancial, su uso público institucional. Ha aumentado igualmente la presencia pública de estas lenguas; por ejemplo, en la señalización, y ha aumentado también su presencia en los medios de comunicación y en los productos culturales y, lo que probablemente es todavía más importante, ha aumentado su presencia en los sistemas educativos aunque sea en forma muy diferenciada. Menos claro es en cambio que haya aumentado su uso social en los intercambios verbales de todo tipo, porque las personas que tienen el castellano como primera lengua lo siguen utilizando en primer lugar y porque hay sectores de la vida social en los que la penetración de estas lenguas sigue siendo pequeña. En todo caso, es en este aspecto donde las diferencias entre comunidades son mayores; y mientras en ciertos lugares el aumento en el uso social parece claro, en otros el mayor conocimiento y la mayor presencia pública puede coincidir con un retroceso en el uso efectivo.

En todo caso, lo que resulta importante notar es que a pesar de que la promoción de estas lenguas implica cambios tan profundos y que afectan a zonas tan sensibles de la sensibilidad colectiva, la verdad es que hasta ahora el proceso ha transcurrido sin conflictos graves. Por supuesto se pueden notar opiniones contrapuestas y resistencias y conflictos, pero que hasta ahora no han puesto en peligro la convivencia pacífica ni parece que la amenacen. Algo que al comienzo de ningún modo parecía seguro. E incluso puede añadirse que el consenso político en el que se apoyó la promulgación de las leves lingüísticas se mantiene plenamente y por tanto que el proceso parece, en un futuro previsible, irreversible.

Y por otra parte, es un hecho que a pesar de los cambios ocurridos, el español continúa siendo la lengua predominante en la mayoría de comunidades y que incluso en aquéllas que practican una política lingüística más enérgica, el español sigue siendo la lengua más usada en determinadas actividades, por ejemplo en los medios de comunicación, y la primera lengua de una parte sustancial o incluso mayoritaria de la población. A lo que debe añadirse que la expansión de estas lenguas encuentra unos límites relativamente estrechos no sólo por razones políticas institucionales sino también y, sobre todo, por razones demográficas y económicas derivadas del pequeño número de hablantes de estas lenguas en comparación con el peso demográfico del español y de la amplitud del mercado económico al que sirve de medio de expresión.

Digamos en conclusión que los procesos sociolingüísticos desencadenados por la situación legal derivada de la constitución actual no deben entenderse como procesos de sustitución lingüística del castellano por «las otras lenguas», cuyo objetivo sería un utópico monolingüismo catalán, gallego o vasco, sino como una reformulación de la coexistencia basada en una nueva división de funciones y apoyada en un conocimiento generalizado de las lenguas en presencia. Un tipo de situación y de convivencia que en una Europa plurinacional y plurilingüe y cada vez más interrelacionada será cada vez más frecuente.

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Apéndice: propuestas de investigaciones con vistas a un futuro congreso


Entiendo que sería útil y necesario realizar tres tipos de investigaciones:

I. Un estudio sociolingüístico sobre el conocimiento y el uso de las lenguas y las actitudes ante ellas en cada una de las comunidades autónomas en la que el respectivo estatuto se refiere a su singularidad lingüística.

Este estudio debería basarse en una encuesta amplia y directa (entrevista) a una muestra representativa de la población de estas comunidades. Podría completarse con una encuesta más reducida que estudiase a fondo las implicaciones de las actitudes. Y esta encuesta reducida, limitada a las actitudes, podría aplicarse también en las comunidades monolingües.

Una encuesta de esta magnitud debería encargarse a una institución pública (p. ej. el Centro de Investigaciones Sociológicas...) o privada con la competencia y los medios adecuados para llevarla a cabo.

II. Un estudio pedagógico lingüístico para apreciar las consecuencias que la presencia de otras lenguas en el sistema educativo tienen sobre la competencia en español de los alumnos.

En este caso, la metodología se apoya también en un muestreo, pero en este caso la muestra es de escuelas con distintos modelos lingüísticos; por ejemplo, en el País Vasco: escuelas con el español como lengua de enseñanza, escuelas con el euskera como lengua de enseñanza y escuelas mixtas.

Un estudio de este tipo ha de encargarse a equipos universitarios competentes en este tema o a una institución dedicada a la investigación pedagógica como el CIDE (Centro de Investigación y Documentación) del Ministerio de Educación.

III. Un estudio lingüístico sobre las influencias mutuas de las distintas lenguas sobre el español y del español sobre éstas, como consecuencia de su coexistencia prolongada. Aunque existen ya estudios de este orden, parece que sería útil emprender uno nuevo atendiendo a las distintas lenguas pero con un enfoque común y teniendo en cuenta las circunstancias actuales.

Estos estudios podrían encargarse a investigadores universitarios independientes pero con una coordinación común.
 

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