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LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA

Congreso de Sevilla
 

Atando cabos: pedagogía y ciencias cognitivas en el estudio de la adquisición del español como segunda lengua
Juana M. Liceras *. Universidad de Otawa


Introducción

El hecho de que en esta publicación haya un trabajo dedicado a discutir hacia dónde debe dirigirse la investigación de la adquisición del español como lengua segunda es significativo no sólo porque refleja el reconocimiento de la importancia y la autonomía de esta disciplina sino, y de forma especial, porque muestra que los estudiosos de la lengua española han tomado conciencia de que existe toda una rama de las ciencias cognitivas que se dedica al estudio de la adquisición de lenguas segundas y que es independiente de la metodología y de la didáctica de las lenguas extranjeras.

La tarea, sin embargo, no es fácil porque para hablar de la investigación que está por hacer, otros estudiosos del español se han referido a los trabajos que se presentaron en el congreso anterior, el de diciembre de 1991, y que se dedicaron a presentar el estado de la cuestión, algo que no podemos hacer en el caso de la adquisición de lenguas segundas porque no se trató este tema. Esta limitación nos ha llevado a organizar el trabajo de forma que nos permita establecer una relación entre la investigación que se ha llevado a cabo en los últimos quince años y la que se debe emprender. Por otro lado, las restricciones de tiempo y nuestros propios intereses nos han llevado a centrarnos en el estudio de la adquisición como representación lingüística y como proceso psicológico, sin entrar en la problemática psicosocial u otras problemáticas relacionadas más o menos directamente con la adquisición del lenguaje.

El título que hemos elegido refleja, por un lado, la historia de la disciplina y, por otro, la pregunta que lógicamente se plantean los que aprenden y enseñan lenguas segundas con respecto a la dimensión práctica de la investigación. Es decir, nos sugiere que el interés por el proceso de adquisición de lenguas segundas se ha gestado dentro del campo de la didáctica y ha evolucionado hasta llegar a formar parte de las ciencias cognitivas, y nos sugiere también que pueden existir lazos entre la investigación y la pedagogía. El distanciamiento entre ambas se hace mayor a medida que se abandona la problemática didáctica para dar paso a lo que podríamos llamar «investigación básica». Sin embargo, no tenemos por qué distanciarnos de lo que se conoce como investigación en el aula o del estudio de la adquisición del lenguaje en contextos institucionales. Y lo que está claro, es que del desarrollo de la investigación se beneficiarán si no directa, sí indirectamente, las disciplinas relacionadas con la enseñanza de idiomas.

Entre las características que son representativas de la situación actual de los estudios de la adquisición del lenguaje nos gustaría destacar tres:

1)   El acercamiento entre los modelos cuyo interés fundamental era dar cuenta de la representación gramatical que subyace a la producción y el de aquellos que tenían como objetivo explicar los mecanismos de adquisición o procesamiento a partir de los datos y, de alguna forma, independientemente de una propuesta concreta de representación lingüística dada. Nos referiremos, en el primer caso, a los trabajos que se realizaban dentro del modelo chomskiano de adquisición del lenguaje, conocido desde principios de los ochenta como el modelo de Principios y Parámetros y, por lo que respecta a la representación gramatical, como Rección y Ligamiento (Chomsky: 1981, 1986, 1988, 1992); y, en el segundo caso, a los que seguían la línea de los llamados principios operativos de Slobin (1986) o los mecanismos y el modelo de la competición de MacWhinney (1987). Este acercamiento se refleja en el interés de los primeros por los datos y en la incorporación de principios de procesamiento (Frazier y de Villiers: 1990), así como en la llamada de atención de Bowerman (1986) para que se recurra a un modelo de representación gramatical y se tengan en cuenta no sólo los datos obtenidos en situaciones naturales sino también los de «laboratorio». De hecho, y salvando lo salvable, lo que Slobin (1986) denomina «Gramática Infantil Primitiva» recuerda, de alguna manera, a la «Gramática Universal» de Chomsky (1981).

2)   La importancia de los estudios de patología del lenguaje que, antes de que la diferenciación entre categorías léxicas y categorías funcionales ocupara un papel central en los estudios de adquisición, ya nos proporcionaba ejemplos claros de cómo esa división estaba patente en el lenguaje de los afásicos (Kean: 1985), algunos de los cuales ignoran los artículos y las cópulas pero nunca los pronombres interrogativos, y también en como dicha diferenciación no es crucial en la comprensión pero sí en la producción.

3)   La posibilidad de iniciar un diálogo entre los estudios de diacronía y los de adquisición del lenguaje, diálogo que, si bien de él ha habido algunos atisbos, nunca se ha llegado a consolidar. El modelo de representación gramatical de corte chomskiano contiene el componente universal que hace posible no sólo la comparación interlingüística a nivel sincrónico sino también el estudio del proceso de adquisición del lenguaje y de la evolución de las distintas lenguas. Por ejemplo, una propuesta como la de Rivero (1986) sobre el diferente valor de los clíticos en dos etapas del desarrollo del español, sirvió de base (Liceras: 1985b) para investigar las diferencias entre la competencia nativa y la no nativa con respecto a dichas unidades léxicas.

El español y el estudio de la adquisición de lenguas segundas

La investigación del aprendizaje de lenguas segundas (L2) se convierte en una de las ramas de la psicolingüística en los años setenta ligada sobre todo a la visión del lenguaje como actividad creativa. Si bien la semilla de los estudios que van a llevarse a cabo, tanto en lo que se refiere a la metodología como a una serie de propuestas específicas sobre el papel de la lengua materna, se encuentra ya en los trabajos de análisis contrastivo que se venían realizando, va a ser en los setenta cuando se plantee la posible existencia de un sistema autónomo: el de la L2 o interlengua (IL). Esta asociación con la psicolingüística va a llevar a los estudios de L2 al distanciamiento de la teoría lingüística típico de los años setenta y, posteriormente, a la reconciliación de la psicología del lenguaje con la teoría lingüística chomskiana, a mediados de los ochenta. En los noventa, tras una serie de estudios muy apegados a la teoría lingüística que, aunque hayan proporcionado mayor rigor a la investigación de L2, no estaban claramente enmarcados en el dominio de la psicolingüística, asistimos a una toma de conciencia de la necesidad de investigar el proceso de adquisición de L2 en el contexto más amplio en que se sitúan ahora tanto la psicolingüística como la teoría lingüística de corte chomskiano: el de las ciencias cognitivas. Esta perspectiva que, en principio, supone una separación de los objetivos de la investigación básica y de los de la pedagógica, puede proporcionar, y de hecho ya empieza a hacerlo, resultados de gran utilidad para la enseñanza de L2. En otras palabras, podemos ser optimistas en lo que se refiere a aplicar los resultados de la investigación del aprendizaje de L2 a la enseñanza.

Los estudios de adquisición del español como lengua segunda (EL2) han seguido, de forma incipiente y con algún retraso, la trayectoria que se ha descrito arriba. Si bien podríamos decir que, en muchas áreas, está todo por hacer, existen una serie de trabajos que se deben tener en cuenta a la hora de formular, o reformular, la problemática concreta de la adquisición del EL2. Huelga aclarar que tanto nuestras referencias a los trabajos que se han realizado como las propuestas de nuevas líneas de investigación abarcan solamente algunos de los enfoques posibles del estudio del EL2. De hecho, de lo dicho anteriormente, y de la forma en que hemos presentado la trayectoria de la investigación de L2, se desprende que vamos a centrarnos en la problemática de corte lingüístico y psicolingüístico e, incluso dentro de estas perspectivas, sólo podemos hacer referencia a algunos trabajos y plantear aspectos parciales de la investigación que se debe realizar. Este estudio refleja no sólo nuestros intereses concretos sino también, en gran medida, la realidad de los estudios de adquisición de L2 en general y del EL2 en particular, los cuales, desde finales de los setenta y especialmente en la década de los ochenta, han girado fundamentalmente en torno a problemas de la gramática en una de sus acepciones: es decir, en torno a la adquisición de la morfología y de la sintaxis (Liceras: 1990). Problemas clásicos como el del papel de la Ll en la adquisición de la L2, la diferencia o similitud entre esas dos formas de aprendizaje, la idiosincrasia de los sistemas no nativos, la diferencia entre la adquisición de L2 por niños y por adultos, o la universalidad de los principios y los mecanismos de adquisición y de procesamiento, se plantean a partir de la adquisición del EL2 para señalar los aspectos que, en nuestra opinión, deberían formar parte de los programas de investigación de la disciplina que nos ocupa (White: 1989; Liceras: 1991a, 1991b). En nuestra propuesta de líneas concretas de investigación hemos tratado de reconciliar el estudio del desarrollo del lenguaje entendido como proceso y el de la adquisición entendida como representación mental (Lebeaux: 1990) y, por lo que se refiere a la problemática que, en nuestra opinion, debería formar parte de la investigación del EL2 en los próximos años, vamos a presentarla desde tres perspectivas diferentes: la de los modelos de adquisición, la de los problemas concretos que se han de solucionar y la de los datos que se pueden utilizar.


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Los modelos de adquisión del lenguaje y el análisis de la IL española

La idea fundamental de la que vamos a partir para dar cuenta de los trabajos realizados y para hacer propuestas de investigación es que un modelo de adquisición debe considerar la relación que existe entre la adquisición como representación mental y los mecanismos de procesamiento y de producción que originan esa representación e interactúan con ella. Los problemas concretos de que vamos a ocuparnos pueden agruparse en tres grandes apartados: 1) las relaciones entre la adquisición del lenguaje nativo y no nativo; 2) la dicotomía competencia/producción; 3) la distancia objetiva entre el lenguaje nativo y el no nativo. En el primer caso nos ocuparemos de la posible idiosincrasia de los sistemas no nativos en lo que respecta a la representación gramatical y al procesamiento de los datos, con objeto de redefinir el concepto de permeabilidad dentro de la teoría modular del lenguaje. La necesidad de diferenciar competencia y producción surgirá una y otra vez a la hora de enfrentarnos a la interpretación de los datos y, por último, el tema de la distancia entre el sistema nativo y el no nativo se discutirá en el contexto de las diferencias entre las construcciones que forman parte de la gramática nuclear y las que constituyen aspectos periféricos de la gramática.

1.1. El monitor

Uno de los modelos que, a principios de los setenta, sirve de marco a la mayor parte de la investigación de L2 y ve su ocaso al final de esa misma década, es el llamado modelo del «monitor» formulado por Krashen (1977), que ha sufrido una serie de modificaciones posteriores (Krashen: 1985). Dos aspectos de la primera formulación del modelo, la dicotomía adquisición/aprendizaje y la propuesta de orden universal de adquisición de morfemas, se aplican al estudio del orden de morfemas del español en Terrell, Gómez y Mariscal (1978), Van Naerssen (1978, 1986) y Doman (1982).

Terrell, Gómez y Mariscal (1978), se proponen determinar si el orden de palabras «se adquiere» o «se aprende», siguiendo la terminología de Krashen (1977). Parten del supuesto de que el orden de palabras se adquiere si la lengua se usa en contextos comunicativos. Los autores recogen datos sobre el orden de palabras en la formación de interrogativas porque éste no se había enseñado ni practicado formalmente en la clase sino que los profesores simplemente se habían limitado a formular preguntas a los alumnos; es decir, formaban parte del input (1). Los resultados de la prueba oral parecen indicar que el orden de palabras de las interrogativas del español se ha adquirido sin enseñanza explícita. El problema que presenta este tipo de conclusión, por muy sugerente y obvia que pueda parecer, es la trivialización del potencial del modelo. En otras palabras, la producción correcta no nos dice nada sobre los mecanismos que han intervenido en la formación de una representación gramatical ni tampoco aclara si estamos ante un caso de contenidos «adquiridos» o «aprendidos», ya que no se trata sólo de diferenciar procesos controlados y automáticos, por un lado, y almacenamiento de datos en la memoria a largo y a corto plazo —como planteaba McLaughlin (1978) en sus precisiones al modelo de Krashen— sino, además, de refinar la metodología de obtención de datos y los modelos de representación lingüística con objeto de buscar la relación entre la toma de datos por parte del analizador y la representación gramatical. En otras palabras, necesitamos explicar de qué datos disponen los hablantes de español como lengua segunda para llegar a qué representación del orden de palabras de las interrogativas. En este sentido, propuestas como la de Carroll (1989) en relación con la adquisición del género en francés por nativos y no nativos, aunque no exentas de problemas, constituyen una fuente importante de inspiración para realizar una serie de trabajos —muy necesarios— comparando la adquisición de distintos aspectos del español como lengua materna y como lengua segunda. La hipótesis de Carroll (1989) es que, en la L1, el género se adquiere a partir de la representación fonológica del artículo como un elemento proclítico, algo que no sucede en el caso de la L2. La asignación de género masculino o femenino a los sustantivos, independientemente del artículo, se realiza gracias a éste, en una etapa posterior. Esta propuesta tiene importantes implicaciones para la didáctica del español como lengua segunda porque, si aceptamos que la toma de datos del adulto no se produce necesariamente como la del niño, la situación comunicativa como tal, por muy ««natural» que sea, no conducirá a la adquisición nativa. Para solucionar este problema, tendremos que manipular el input de forma que el adulto se vea obligado a procesar los datos como lo hace el niño. En el caso que nos ocupa, se trataría de llevarle a asignar género a los sustantivos a partir de una primera representación del artículo como elemento proclítico.

Doman (1982), en una línea de trabajo similar a la del trabajo de Terrell, Gómez y Mariscal (1978), realiza un análisis de errores con objeto de determinar si el aprendizaje consciente se convierte en adquisición. Según Krashen (1977), los sistemas de conocimiento adquirido y aprendido son diferentes y se usan de forma diferente. La autora concluye que los errores de los estudiantes avanzados, a quienes no ayudan ni las reglas de base semántica de Bergen (1979) ni las de base fonológica de Bull (1965), prueban que el input «aprendido» no se convierte en intake «adquirido». De nuevo, esta conclusión debería situarse en el contexto de las diferencias en el modelo concreto de representación gramatical de las distintas construcciones en la L2. No se trata simplemente de constatar que no hay competencia nativa sino de explicar por qué no la hay. Sólo si podemos explicarlo, tendremos la posibilidad de buscar formas de rectificar el proceso que lleva a esa representación gramatical no nativa.

Van Naerssen (1986) propone que el monitor interviene en la adquisición de morfemas ligados pero no de morfemas libres, donde la L1 y la L2 siguen pasos similares. Sin entrar en la crítica de los problemas metodológicos que subyacen a la mayoría de los estudios sobre el orden de adquisición de morfemas (Hatch: 1983; Ellis: 1986), queremos simplemente constatar que, a nivel pedagógico, es importante conocer si hay diferencias entre el orden de adquisición de la L1 y la L2 porque, si el input y el contexto comunicativo son radicalmente diferentes y el resultado es similar, podemos concluir que determinadas construcciones se adquieren a partir de un mecanismo universal. Ahora bien, de lo que se trata es de explicar en qué consiste ese mecanismo y por qué existe esta diferencia entre los dos tipos de morfemas. En otras palabras, se trata de investigar qué aspectos de la gramática pueden formularse en términos de principios de la gramática universal (Chomsky: 1981, 1986, 1988).

Frantzen y Rissel (1987), partiendo de las características que se le atribuyen al uso del monitor (tiempo, concentración en la forma y conocimiento de reglas), investigan en qué medida la autocorrección con éxito redunda en una mejor competencia en el nivel de la producción. Los autores concluyen que la estrategia dominante en la autocorrección es la de «resolución de problemas», que les permite rectificar determinados errores con distintos niveles de éxito, pero que no representa una mejora de la producción espontánea. El problema que no discuten los autores es el del papel de las estrategias cognitivas de corte general, tales como la resolución de problemas, en la automatización del lenguaje. No justifican, por ejemplo, por qué dichas estrategias han de tener una influencia directa en lugar de estar mediatizadas por los mecanismos de procesamiento del lenguaje y por la forma en que se han interiorizado los distintos niveles o estructuras de la L2. Los trabajos dirigidos a determinar el papel autónomo o no de los distintos módulos del lenguaje, que existen no sólo en el caso de L1 sino también en el de L2 (Zobl: 1989,1990; White: 1991), son también los que deben servir de base para los estudios de adquisición del español que se han de realizar en los próximos años. Esta problemática, aunque no se formula así, se sugiere ya en los trabajos de Adjémian y Liceras (1984) y Liceras (1985a), donde, de hecho, y sin hacer referencia al modelo de Krashen (1977), se propone un modelo tripartito de adquisición (L1, Gramática Universal y habilidades metalingüísticas), en el que son concretamente las habilidades metalingüísticas las que parecen jugar el papel del monitor pero, además, son capaces de actuar a nivel inconsciente, lo cual permite que se puedan establecer conexiones entre el intake consciente y el inconsciente, sin necesidad de establecer la separación radical del modelo de Krashen (1977). El problema de los módulos del lenguaje está planteado ahí con ejemplos del EL2 y las propuestas posteriores, a que hacemos referencia arriba, permiten reformularlo con mucha más precisión.

1.2. Universales lingüísticos

Van Naerssen (1978) y Andersen (1986) han tratado de probar la existencia de un universal de base semántico-pragmática que daría cuenta de la precedencia de la adquisición del aspecto sobre el tiempo. La semántica, según este planteamiento, precede a la sintaxis en la adquisicion de L1 y, salvo que exista interferencia por parte de la L1, lo mismo debería decirse para la L2. Nos encontramos de nuevo con estudios sobre adquisición de morfemas donde no está claro si realmente podemos hablar de un universal semántico-pragmático o de la relación entre la adquisición de categorías léxicas y categorías funcionales. De hecho, yo propongo que la problemática de la adquisición de las categorías de tiempo y aspecto se reformule de acuerdo con las líneas de investigación que proponen Lebeaux (1990) y Radford (1990) en relación con la diferencia entre categorías léxicas y funcionales (Zobl y Liceras: 1993), porque, si bien es cierto que en el plano del análisis lingüístico existe muy poca comunicación entre los modelos de universales tipológicos y el de Rección y Ligamiento, trabajos como el de Liceras (1986) y Lantolf (1988) permiten detectar la utilidad de unos y otros modelos a la hora de realizar hipótesis concretas sobre la adquisición de principios sintácticos o léxicos del EL2. Por lo que se refiere a la relación sintaxis/pragmática en la adquisición del L2, los trabajos de Liceras (1991b), Liceras, Soloaga y Carballo (1992) y el de Bini, de Miguel y Liceras (1992), apuntan hacia toda una problemática teórica y metodológica que los estudios de EL2 pueden ayudar a resolver. De hecho, esta línea de investigación de las relaciones entre sintaxis y pragmática ofrece un amplio espectro de posibilidades de aplicación didáctica.

1.3. El modelo chomskiano de adquisición del lenguaje

Liceras (1985a, 1986a) defiende la validez del concepto de «competencia homogénea» con que Tarone (1984) denomina la propuesta de Adjémian de utilizar la noción de chomskiana de competencia en el análisis de la IL. Para hacer valer el modelo, Liceras mantiene que, de lo que se trata, es de buscar un marco que permita delimitar la naturaleza y la relación entre la permeabilidad y la variabilidad de las ILs, en concreto de la IL española de hablantes ingleses en lo que se refiere a la gramática de las relativas especificativas. La «competencia homogénea» existe, pese a la variabilidad de la IL, porque la permeabilidad da cuenta de la variedad de intuiciones del hablante no nativo y, las diferentes producciones en varias pruebas o en una misma prueba (o situación comunicativa) han de responder a esa «competencia homogénea» que es eminentemente permeable. Liceras mantiene también que una producción similar de dos hablantes del EL2 no responde necesariamente a una misma competencia y que, sin embargo, aunque la producción se vea afectada de forma cuantitativa por los mecanismos de procesamiento, la IL de un mismo sujeto en diferentes situaciones comunicativas debería ser reflejo de una misma competencia. En otras palabras, la variabilidad debida a los mecanismos de producción debe diferenciarse de las intuiciones variables que entran en juego en la realización de una prueba dada o en las locuciones emitidas por un mismo individuo. Es evidente que esta problemática tiene que reformularse en el contexto del papel que juega el analizador en la creación de una representación de las relativas, y que trabajos como el de Lebeaux (1990) deben constituir la base de nuevos estudios sobre la relativización en español.

Por lo que se refiere a la teoría de lo marcado, y aunque, de alguna forma, haya pasado a formar parte del baúl de los recuerdos dentro de los círculos chomskianos, tanto la intuición en sí como los resultados que se han obtenido dentro de ese marco merecen estar presentes en los trabajos que se realicen en el futuro (2). En primer lugar, cualquier trabajo que parta de las propuestas de la teoría lingüística tendrá que plantearse, como se hace en Liceras (1986, 1988a), las contradicciones que existen entre los distintos autores a la hora de proponer modelos que permitan determinar qué reglas, construcciones o parámetros forman parte de la gramática nuclear y cuáles son periféricos. Liceras opta por los análisis que parecen más «realistas» —los que provocan la aprobación espontánea del nativo— a la hora de describir qué se ha de adquirir y defiende que la conflictividad superficial de los datos de la lengua objeto y las diferencias individuales neutralizan el poder de la teoría de lo marcado en el caso de la adquisición de la L2. Volvemos de nuevo a la necesidad de explorar, como propone Carroll (1989), si la representación gramatical nativa y no nativa difieren.

En este sentido, Liceras (1981, 1985a, 1986, 1988a) propone que las construcciones marcadas en la L1 no se transfieren a la IL (el caso de las preposiciones colgadas y los complementales vacíos del inglés), mientras que las no marcadas en la L1 sí se transfieren y dificultan la adquisición de las opciones marcadas de la L2 (la obligatoriedad de que en las relativas especificativas SU y OD). Liceras (1988a) mantiene que, para dar cuenta del proceso de adquisición de esa obligatoriedad en las relativas especificativas SU y OD y la obligatoriedad que lleva a situar el sintagma preposicional (OP) en la posición de complementante en las relativas oblicuas, se deben tener en cuenta tres principios de la teoría de lo marcado que proporcionan un excelente marco para el análisis de la IL: 1) la dicotomía parámetros/subconjuntos; 2) la dicotomía nuclear/no nuclear; 3) las formulaciones de las reglas o principios. La autora se pregunta si la teoría de la adquisición de la L2 necesita apoyarse en la teoría de lo marcado que propone la lingüística chomskiana y concluye que es posible que dicha teoría no tenga una influencia directa en la adquisición de la L2 y que, si tiene alguna influencia, la compartirá con otros factores. Por lo que se refiere al principio del subsistema (Berwick: 1985; Roeper y Williams: 1987), Liceras (1988a) mantiene que no funciona en el caso de la adquisición de la L2 porque la IL contiene construcciones marcadas, sobre todo en los estadios iniciales, tales como preposiciones colgadas y pronombres relativos en posiciones no oblicuas. Sin embargo, en el caso de los estudiantes avanzados y de los intermedios, las preposiciones colgadas desaparecen, pero no los pronombres relativos en posiciones no oblicuas. Liceras atribuye este hecho a los datos contradictorios que ofrece la estructura superficial del español (3). Si bien es cierto que en estos trabajos se echa de menos una propuesta específica de cómo se adquieren las relativas especificativas en la LI, se sugiere sin embargo que, por un lado, la adquisición es diferente aún en casos en que la producción del EL2 sea igual a la nativa y, por otro, que los distintos módulos del lenguaje se combinan de forma compleja para crear una representación gramatical. Lo que se desprende de estos trabajos es que debemos desarrollar técnicas más elaboradas de obtención y análisis de datos de EL2.

El principio del subconjunto vuelve a aparecer en la literatura en torno al parámetro del sujeto nulo. Su aplicación en el caso de dicho parámetro lleva a White (1985) a proponer que la opción [—sujeto nulo] del inglés y del francés es menos marcada que la del español porque las lenguas que sólo puden tener sujetos pronominales, constituyen un subconjunto de las que, como el español y el italiano, pueden tener sujetos nulos y sujetos pronominales lexicalizados. Sin embargo, Hyams (1986) mantiene que la opción no marcada la representaría el español porque todos los niños eliden sujetos al comenzar a aprender su lengua nativa (tanto si es posible como si no lo es) y que esta propuesta no viola el principio del subconjunto porque no existe ese tipo de relación (subconjunto/ superconjunto) entre las lenguas [+ sujeto nulo] y [— sujeto nulo], ya que sólo las últimas tienen expletivos (el it del inglés o el il del francés). Los datos de Phinney (1987), Liceras (1988b, 1989a) y Almogueras y Lagunas (1993) de adquisición del español parecen avalar el estatuto no marcado de la opción [+ sujeto nulo] por la facilidad con que los adultos fijan esta opción del parámetro, aunque parece existir una tendencia universal, de tipo semántico-pragmático (Bini: 1993) a abusar de los sujetos pronominales en los primerísimos estadios de la adquisición de la L2. Los estudios recientes sobre el tema del sujeto nulo y su reformulación a partir de la categoría funcional AGR (Jaeggli y Safir: 1989) no sólo permiten hacer preguntas mucho más específicas sobre la adquisición de las categorías funcionales en relación con el parámetro del sujeto nulo (Tsimpli y Roussou: 1991), sino también plantearnos este problema en el contexto de la hipótesis funcional de la parametrización que proponen Chomsky (1988) y Lebeaux (1990). De hecho, es de esperar que, si propuestas de este tipo se aplican al análisis de los datos del EL2 con que contamos, problemas como el de la variabilidad de los datos o el de la diferencia entre competitiva nativa y no nativa (Coppieters: 1987; Liceras: 1991 c) puedan abordarse con mayor rigor y profundidad.

1.4. El procesamiento de datos

De lo expuesto anteriormente esperamos que haya quedado claro que, en nuestra opinión, las investigaciones futuras de la adquisición del EL2 deberían basarse en los modelos que, al mismo tiempo que diferencian representación gramatical y procesamiento, recurren simultáneamente a ambos para explicar el proceso de adquisición porque, como se desprende de los apartados anteriores, este planteamiento no estaba claro en los trabajos que podríamos llamar de «adquisición» per se y tampoco lo está en los que agrupamos ahora bajo la rúbrica de «procesamiento».

En general, es más fácil establecer una relación entre los trabajos que denominamos de «procesamiento» y su aplicación didáctica, que entre dicha aplicación y los trabajos que hemos agrupado dentro de «adquisición». Y esto se debe, en parte, al carácter estático de los últimos y al rechazo —no necesariamente justificado— de la teoría lingüística por parte tanto de los estudiosos del procesamiento (Carlson y Tenenhaus: 1989) como de los autores de gramáticas pedagógicas (Liceras: 1989b). Otra razón por la cual la aplicación didáctica y los trabajos que agrupamos bajo «procesamiento» del EL2 aparecen ligados, es el hecho de que la mayoría de los que se han realizado tienen un objetivo claramente pedagógico. Este es el caso de los trabajos de Glisan (1985), Van Patten (1989), Cameron Bacon (1987) o Cain, Weber-Olsen y Smith (1987).

Glisan (1985), en su estudio sobre retención de tres órdenes superficiales posibles de palabras en español —SVO, VSO y OVS—, concluye que la capacidad de retención del orden superficial es diferente según se trate de nativos o de no nativos y que esa diferencia es de orden tanto cuantitativo como cualitativo.

Van Patten (1989) investiga en qué medida los que aprenden una L2 pueden procesar simultáneamente la forma y el contenido del input. Se confirman sus hipótesis en lo que se refiere a que: 1) la atención consciente a la forma gramatical afecta negativamente a la comprensión si los sujetos tienen dificultades para dirigir la atención a la forma y al contenido; 2) si dirigen primero la atención al significado, una prueba que requiera fijar la atención de forma consciente en elementos léxicos no afectará a la comprensión del contenido. Sin embargo, el autor no encuentra diferencia alguna relacionada con el nivel de conocimiento de español de los sujetos, e interpreta los resultados como prueba de que la atención consciente a la forma del input compite con la atención consciente al significado.

Cameron Bacon (1987) parte de la hipótesis de que dado que existen dos estilos cognitivos, el FI (independiente del contexto) y el FD (dependiente del contexto), a los FI que aprenden una L2 les será más fácil detectar la ambigüedad con las señales escritas y orales, mientras que los FD tendrán más facilidades en el ámbito social. Además, se supone que los que tienen éxito en la adquisición de la L2 son aquellos que compaginan los dos estilos cognitivos. Una de las formas de determinar si el estilo cognitivo influye en el aprendizaje consiste en ver la interrelación entre el estilo cognitivo y la actitud de apoyo o no apoyo del entrevistador. La hipótesis de que los sujetos de estilo cognitivo FD se apoyarían en la actitud del entrevistador (apoyo/no apoyo) no se confirmó. Los de estilo FI no hablaban más ni mejor, lo cual también se aleja de la hipótesis general que plantea el estudio. Estas conclusiones, sin embargo, deben interpretarse con cautela porque los sujetos eran principiantes cuya IL apenas permitía la comunicación.

Según Cain, Weber-Olsen y Smith (1987), en el desarrollo de la adquisición de la L1 y la L2 no se usan las mismas estrategias cognitivas para interiorizar la categoría género y sus funciones, sobre todo en el caso del género. Los datos sugieren que: 1) la estrategia fonológica precede a la semántica en los niños y que, a partir de los doce años usan la semántica. Los adultos utilizan la estrategia semántica desde el principio; 2) los niños no son mejores que los adultos, como es de esperar, si se tiene en cuenta que los adultos poseen una capacidad cognitiva mayor, así como un mayor conocimiento del mundo. No está claro el por qué los autores hacen tanto hincapié en el hecho de que los adultos sean mejores que los niños. Una actividad que implique un determinado nivel de desarrollo cognitivo no les puede ser más fácil a los niños si no han alcanzado ese nivel de desarrollo.

Independientemente de los problemas que plantea la metodología de las investigaciones citadas, es evidente que este tipo de trabajo resulta atractivo para el profesor de lenguas porque le permite sacar conclusiones directas sobre cómo puede intervenir en el proceso de adquisición. Es decir, que no sólo sería conveniente contar con réplicas de esos trabajos, sino también con nuevas formas de tratar esa problemática. La investigación puramente psicológica dedicada a hablantes de segundas lenguas no sólo es deseable sino que es necesaria. Es un campo que los estudiosos de EL2 tenemos que explorar porque, como hemos indicado repetidamente refiriéndonos al bilingüismo en general (Liceras: 199la, 1992), la falta de comunicación entre los estudios de bilingüismo —y en concreto de la psicología del bilingüe— y los estudiosos de la adquisición de L2 no está justificada. Como punto de partida en lo que se refiere al español, podemos remitirnos, por ejemplo, a trabajos como el de Cuetos y Mitchel (1991).


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La contribución de los datos del L2 español a la teoría de la adquisición de la L2

El problema de la relación entre la adquisición de la Ll y la L2, y en concreto la determinación de las diferencias y similitudes entre ambos procesos y representaciones gramaticales, ocupa un lugar central en los estudios de la L2. En los estudios de adquisición del EL2 este tema también se ha tratado desde los distintos modelos, como se ha sugerido arriba. En concreto, Van Naerssen (1978), en su artículo sobre el orden de adquisición de morfemas, y basándose en datos de adquisición del español L1 obtenidos por otros investigadores (González: 1970; Brisk: 1972; Gili Gaya: 1972; Montes Giraldo: 1976; Burt, Dulay, Hernández: 1976) y en datos del EL2 de quince sujetos de la Universidad de California, da cuenta de una serie de diferencias y similitudes entre ambos tipos de adquisición. Se constata, por ejemplo, que en los dos casos se produce un sobreúso del imperfecto pero que, sin embargo, eso sólo es válido para la forma del verbo y no para el contenido, porque el pretérito suele tomar el valor de imperfecto. En otras palabras, no se establece una diferencia entre «morfema de aspecto» y «concepto de aspecto» y su realización en la L1 frente a la L2. Este es precisamente el problema conceptual mayor del trabajo, y a él debe añadirse que no se tienen en cuenta las diferencias en la obtención de datos en el caso de los estudios sobre L1 y L2.

Jacobsen (1986) estudia la adquisición del tiempo y el aspecto por niños que aprenden EL2 y concluye que, independientemente de las marcas morfológicas, el aspecto se adquiere antes que el tiempo porque el niño que estudia matiza la forma en que se realizan las acciones sin ponerlo en relación con el tiempo, y utiliza formas que corresponden al uso adulto, como por ejemplo el pretérito, tanto con valor de puntualidad como para expresar una acción en proceso. El trabajo de Andersen (1986) se puede comparar con el anterior porque también es un niño (un adolescente) el sujeto del estudio. Como en el estudio de Jacobsen, en éste también el aspecto precede al tiempo, lo cual, según Andersen, refleja la tendencia universal a que la morfología aspectual preceda a la temporal. Dado que el estudio indica un 50 % de uso del pretérito, falta de imperfectos y uso de presentes para narrar el pasado, podríamos fácilmente concluir que no existen pruebas obvias de la primacía del aspecto sobre el tiempo, así como también parece desprenderse la similitud entre la L1 y la L2, algo muy en consonancia con una visión concreta de la adquisición de L2 (4). El estudio sobre el orden de adquisición de morfemas en el español L2, que se describe en Van Naerssen (1986), sugiere que dicho orden es igual en L1 y L2 en lo que se refiere a los morfemas ligados pero es diferente en el caso de los morfemas libres. Aunque la crítica a la metodología permanece en pie, el hecho de que la autora se limite a constatar si se ha adquirido la morfología y pueda establecer una diferencia entre morfemas libres y ligados, es una conclusión interesante que nos permite salir de la mera anatomía morfológica hacia la fisiología que supondría el replantearnos el estudio en términos de los parámetros y principios con que los distintos morfemas entran en relación. En esta línea de trabajo, Zobl y Liceras (1993) se basan en las propuestas recientes de la teoría lingüística para tratar de dar una explicación de las diferencias entre el orden de adquisición de morfemas del inglés como L1 y como L2.

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2.2. Las características específicas de la IL y el papel de la L1

Aunque este problema se trate en detalle en los trabajos sobre análisis de errores, a los cuales vamos a referirnos sólo de forma marginal, no podemos dejar de mencionar los conceptos de transferencia, permeabilidad y simplificación porque constituyen el eje en torno al que podemos hablar del carácter idiosincrático o no de los sistemas no nativos.

Los estudios sobre transferencia son muchos, y de forma más o menos explícita, están, en su mayoría, directamente ligados a alguna forma de análisis contrastivo y a la determinación de errores, como es el caso del estudio de formación de interrogativas de Terrell, Gómez y Mariscal (1978). Estos autores consideran que la IL española de los anglohablantes contiene casos de simplificación del sistema inglés transferido al español ya que sólo invierten con los auxiliares y no invierten ni traducen el do inglés con los otros verbos.

En un trabajo también de corte tradicional en cuanto a que parte del análisis contrastivo a posteriori, García Gurtiérrez (1993) analiza de forma exhaustiva la IL española de una italiana para investigar cómo opera la transferencia en el caso de una hablante que percibe una distancia lingüística mínima entre las dos lenguas (el italiano, L1, y español, L2). La autora concluye que el aprendizaje de lenguas cercanas a la L1 puede resultar sencillo en las primeras etapas, pero bastante complejo una vez alcanzado cierto dominio de la L2, y en ambas etapas, la interferencia parece jugar un papel importante. Para afirmarlo con seguridadd necesitamos realizar, por ejemplo, trabajos en los que se compare esta IL con las de base no indoeuropea (chinos o japoneses que hablan español como L2 y que han alcanzado un nivel semejante de capacidad comunicativa) y, de nuevo, situarlo en el contexto del tipo de categorías y de mecanismos sintacticos que favorecen la interferencia.

La diferencia entre el número de errores aceptados y producidos por angloparlantes adultos aprendiendo español en el caso de las relativas especificativas en posición SU y OD, la explica Liceras (1986a) a partir de la transferencia sutil del inglés. El hecho de que produzcan y acepten pronombres en la posición SU pero no acepten ni produzcan complementantes vacíos o SSNN en el caso del OD se explica por la tendencia a usar that («que») en esa posición en inglés. El complementante vacío parece ser una estructura no marcada en la L1 que no se transfiere a la L2. Lo mismo ocurre en el caso de las preposiciones colgadas, como se explica también en Liceras (1985a, 1986 y 1988a). Es obvio que la reformulación de la teoría paramétrica a que nos hemos referido (Chomsky: 1988; Lebeaux: 1990) y la especificación de cuál sea la diferencia entre principios y parámetros (Tsimpli y Roussou: 199l), están directamente ligadas a las categorías funcionales y, en el caso de Lebeaux (1990), ejemplificadas a partir de las construcciones relativas y formuladas en relación con el procesamiento de los datos del input. Este desarrollo de la teoría abre nuevos horizontes que pueden llevarnos a paliar tanto la falta de rigor en lo que se refiere a la formulación de lo que constituye un parámetro como las contradicciones relativas a lo que pueden ser aspectos marcados de la gramática, hechos éstos a los que hemos aludido repetidamente (Liceras: 1986, 1988a).

El tema de la permeabilidad lo hemos discutido asimismo en varios trabajos. En Liceras (1981) proponemos que se investigue la relación entre la teoría de lo marcado y la permeabilidad de las ILs. La permeabilidad, siguiendo a Adjémian (1976, 1982), se define como una propiedad específica de las ILs que permite la penetración en ellas de reglas de la L1 y la sobregeneralización de las de la L2. Aunque esta definición parezca una reformulación de los conceptos de transferencia y sobregeneralización, no lo es en realidad debido al planteamiento teórico de los autores. Liceras se aleja del planteamiento de Adjémian en el sentido de que no considera que la permeabilidad como tal deba ser específica de las ILs, sino que lo que las caracteriza son las formas específicas en que son permeables. Tras proponer un nuevo acercamiento al análisis contrastivo basado en los universales definidos por la Teoría Estándar Extendida (Chomsky: 1977; Chomsky y Lasnik: 1977), aísla dos propuestas de la misma en lo que se refiere a la diferenciación entre reglas que pertenecen a la gramática nuclear y reglas periféricas, y concluye que las reglas marcadas de la L2 aparecen en la IL en los primeros estadios, pero no las de la L1. Sin embargo, en el caso de los llamados filtros de la estructura superficial (Chomsky y Lasnik: 1977; Baker: 1979), la IL apenas es permeable a los valores marcados de los filtros en la Ll y no lo es en absoluto a los de la L2 (Liceras: 1981). La permeabilidad se opone a la variabilidad (Liceras: 1985a) en que la primera pertenece a la gramática no nativa (a la competencia) y es el resultado de la fijación variable, o de la no fijación, de reglas de la gramática nuclear. La variabilidad se sitúa en el plano de la IL (la producción como tal) y es el reflejo de la aplicación de los mecanismos de producción en las distintas situaciones comunicativas. En Liceras (1985b) se propone que las ILs son permeables en lo que respecta a la localización de un proceso dado en los distintos componentes de la gramática. En este sentido, los datos de la IL española de francohablantes y anglohablantes parecen indicar que los clíticos forman parte del componente léxico (los afijos morfofonológicos) o del componente postléxico (las palabras de la sintaxis) de dicha IL, y no se limitan a tener un valor único, como sucede en el español nativo. Esta propuesta está ligada totalmente a la teoría modular del lenguaje en lo que se refiere a la representación gramatical. El problema radica en explicar si es la representación gramatical como tal o bien los mecanismos de procesamiento los que actúan de forma diferente en el caso de los nativos y los no nativos.

El concepto de fosilización se define en Liceras (1986) como el resultado de la existencia de permeabilidad permanente. Reglas como la obligatoriedad del uso de que en las relativas especificativas no oblicuas van a ser susceptibles de fosilización, sea por su carácter marcado, sea por la conflictividad que presentan los datos del español. Ese parece ser también el caso de las construcciones hendidas. Los datos de Liceras (1986) con respecto a la producción errónea de sintagmas nominales en las relativas especificativas no oblicuas muestran que los estudiantes avanzados no sólo no cometen menos errores sino que, algunos, cometen más que los principiantes. La autora sugiere dos formas posibles de interpretar estos datos: a) como casos de fosilización derivada de las características de estas construcciones; b) como casos de regresión causada por la reestructuración de la gramática no nativa cuando los sujetos tienen acceso a más datos. En ambas opciones, aunque la producción de los principiantes y la de los avanzados sea similar, la competencia no se considera necesariamente igual. Los principiantes producen que correctamente y la forma incorrecta quien porque no conocen otras unidades léxicas, ni han tenido contacto formal con las relativas del español. Los estudiantes avanzados, por el contrario, tienen varias opciones porque han tenido contacto con las construcciones hendidas y las relativas explicativas —superficialmente similares—, pero no han fijado la distribución de las distintas unidades léxicas de acuerdo con el español nativo.

De nuevo, y como venimos indicando repetidamente, la reformulación de los parámetros dentro de las categorías funcionales y la separación parámetros/principios abre horizontes concretos para la investigación de la problemática que acabamos de esbozar, así como para la explicación de los datos de las ILs en relación con los de la L1. Es posible que, como podría concluirse a partir de la propuesta de Tsimpli y Roussou (199l), lo que habíamos denominado permeabilidad responda al hecho de que en unos casos no se pueda volver a fijar un parámetro ya fijado y se produzca transferencia de la Ll, y, en otros, se recurra a principios de la GU que no lleven, necesariamente, a la producción nativa. Tampoco descartamos la posibilidad de que la misma producción responda a la aplicación de distintos principios y viceversa, como se sugiere en Liceras (1988a).

Desde una perspectiva muy diferente, Van Patten (1987) aborda el tema de la simplificación en el contexto de los estadios de desarrollo en la adquisición de las cópulas en español. Presupone cinco etapas y discrepa de Van Naerssen (1981) y Smith (1982) porque, según él, las cópulas no aparecen interiorizadas ni aun después del primer año de instrucción formal en español. Un factor que, según Van Patten, domina la adquisición de la L2 es la simplificación que conduce al sobreúso de ser. La omisión de la cópula se produce en las primeras etapas porque la necesidad de comunicarse favorece la simplificación. De nuevo, estos trabajos, en la línea del análisis de errores, tienen una relación muy estrecha con la didáctica. Ahora bien, si abordamos el problema desde el punto de vista de los mecanismos psicolingüísticos que dan forma a la IL, nuestras posibilidades de intervenir en el proceso de adquisición a largo plazo serán mayores, como lo será también la eficacia. El problema es que la investigación que lleva a conocer esos mecanismos está en la infancia, mientras que la investigación de los errores y su remedio tiene una larga historia y no puede ni debe detenerse a la espera de obtener respuestas de la psicolingüística.

Una propiedad que se ha atribuido a las ILs y que no queremos dejar de mencionar es la inhibición. Para Smith (1982), la inhibición aporta tanta información como los errores o las producciones orales. En la clasificación de errores que presenta, la inhibición se manifiesta en el uso de construcciones con las que los hablantes de L2 no se sienten cómodos y persisten hasta el tercer año de estudio del español. Las construcciones con subjuntivo, pasiva e impersonal con se, relativas y pronominales —que se consideran difíciles en las gramáticas del español— son las menos usadas en las composiciones de los estudiantes. En Liceras (1986) se discute el problema de la inhibición y se plantea que, si bien es una estrategia consciente a la que recurre el que adquiere una L2, no puede utilizarse como explicación de los datos espontáneos de la IL —como hace Schachter (1974)salvo que se obtengan datos paralelos que procedan de pruebas en las que los sujetos se vean obligados a producir las construcciones en cuestión. La dificultad que resulta en inhibición no tiene las mismas características que la que lleva a producir construcciones no nativas. En este sentido, uno de los problemas que debemos tratar de solucionar es el de qué construcciones, reglas o unidades léxicas del español nativo no forman parte de la IL española. Los conceptos de simplificación e inhibición se usan a veces para referirse a la ausencia de algo, sin proporcionar una visión de conjunto de la IL en concreto. En otros trabajos hemos propuesto (Liceras: 1986, 1988c) que la distancia entre el sistema nativo y no nativo —sea o no el resultado de una estrategia cognitiva de simplificación que consiste en identificar forma y función— no refleja en realidad un sistema más simple sino un sistema diferente. El hecho de que en las relativas especificativas oblicuas (con preposición) del español no nativo de los ingleses abunden los casos de preposición+quien, mientras que el nativo muestre una clara preferencia por preposición+el que en los mismos contextos, responde a la elección de unas unidades léxicas para determinadas funciones y a la ausencia casi total de otras, pero no nos dice nada sobre la posibilidad de que nos encontremos ante casos de inhibición, ni tampoco refleja la existencia de un sistema simplificado. Lo mismo podría decirse de un sistema en el que falta la cópula, como el que describe Van Patten (1987). En este sentido, la necesidad de recurrir a los análisis que propone la teoría lingüística reciente es un imperativo para cualquier estudio de adquisición en general y para la adquisición del EL2 en particular.

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La IL del español

Una de las grandes carencias con que nos enfrentamos a la hora de estudiar la gramática del español no nativo es la falta de estudios longitudinales que nos permitan analizar un corpus de datos suficiente (5). En este sentido, la situación es aún más precaria que la que tenemos en el caso del lenguaje infantil, donde, si bien no podemos disponer de datos como los del inglés (Radford: 1990), sí que contamos con algunos estudios, como se ha indicado arriba.

Para cualquier investigador que se plantee recurrir a bancos de datos que le permitan analizar la IL del español y dar cuenta así del proceso de adquisición del EL2, el resultado de la búsqueda puede resultar decepcionante también en el caso de los estudios interseccionales o «de laboratorio» porque, con la excepción de los trabajos relacionados específicamente con el análisis contrastivo y el análisis de errores, nos encontramos con muy pocos datos sobre muy pocos problemas. Ni que decir tiene que la repetición de estudios que nos permitan validar o ratificar los resultados es inexistente. Y esto es así incluso el caso de la sintaxis, que constituye el objeto de análisis de la casi totalidad de los trabajos realizados (Liceras: 1990).

Por lo que se refiere a la obtención de muestras de la IL española, y aunque existen estudios en que se han utilizado datos casi espontáneos (entrevistas, narraciones, etc.) y otros que se han servido de datos «de laboratorio» (los juicios de gramaticalidad, las traducciones o los espacios en blanco, entre otros), lo que encontramos es una falta casi total de estudios longitudinales)(6). Tampoco tenemos datos de adquisición de EL2 en contextos naturales ni de niños y adolescentes (salvo los que se hayan realizado dentro del campo del bilingüismo y que sería importante analizar). Así pues, una de las tareas importantes que debemos emprender es la de obtener datos longitudinales del EL2 de niños, adultos y adolescentes que aprenden el español en contextos naturales e institucionales. Es una tarea difícil, pero no imposible, ya que no se trata de contar con un gran número de sujetos sino con varios individuos de diferentes edades y lenguas maternas. La metodología de la obtención de este tipo de datos está ampliamente documentada para la L1, en general, en trabajos como los de Slobin (1986) y MacWhinney (1987) o estudios recientes como el de Houwer (1990) y el de Pierce (1992), y, para el español, en trabajos como el de Hernández Pina (1984). El hecho de disponer de este tipo de datos nos permitirá, por ejemplo, investigar el desarrollo de las categorías léxicas en la IL española en comparación con la L1 con objeto de explicar las diferencias y proponer formas de aplicación a la enseñanza del EL2.

Otra carencia importante es la de estudios de procesamiento del EL2 que en este caso no es patrimonio de la interlengua española, carencia que se constata en el campo de la adquisición de la L2 en general. Trabajos en la línea de los de Carlson y Tanenhaus (1989), Frazier y de Villiers (1990) o Goodluck y Rochemont (1992), aplicados al estudio del EL2, constituirían una fuente importante de inspiración para la didáctica del español como lengua extranjera (ELE), al mismo tiempo que supondrían una contribución importante al campo de la psicolingüística (7).

Entre las construcciones del español que se han estudiado (Liceras: 1990), existen una serie de trabajos sobre la adquisición de: el orden de palabras (Glisan: 1985; LoCoco: 1987; VanPatten: 1984); los clíticos (Klee: 1989; Liceras: 1985a); las relativas (Durán: 1993; Lantolf: 1988; Liceras: 1981, 1985a, 1986, 1986b, 1988a, 1989c); los sujetos nulos (Almoguera y Lagunas: 1993; Emberson: 1986; Fernández Soriano: 1993; Liceras: 1988b, 1989a; Phinney: 1987); la inversión o posposición del sujeto (Liceras: 1988 b, 1988c; De Miguel: 1993; Marcos: 1993), entre otros. También hemos mencionado arriba los estudios sobre la adquisición de morfemas y, para algunos de carácter eminentemente pedagógico, véase Liceras (1990). En muy pocos casos ha habido réplicas con datos del español, aunque también existen datos sobre la adquisición de estas construcciones en otras lenguas que pueden servir, hasta cierto punto, para ratificar o refutar los resultados.

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Conclusión

De lo expuesto en los apartados anteriores se desprende que, en el ámbito teórico, los estudios de adquisición del EL2 deberían situarse en la línea de las propuestas que tratan de dar cuenta de las representaciones gramaticales en estrecha relación con los mecanismos de procesamiento (Lebeaux: 1990; Valian: 1990, 1991), así como de aquellas que se plantean abordar la determinación de los parámetros en el contexto de las categorías léxicas y de la diferencia entre parámetros y principios en la teoría gramatical (Chomsky: 1988).

En el ámbito metodológico, tanto los datos longitudinales como los obtenidos mediante las técnicas aplicadas en los trabajos de procesamiento de datos deberían ocupar un lugar central en la investigación de los próximos años. Aquí queremos destacar, también, la necesidad de contar con datos del EL2 de niños, adolescentes y adultos no sólo en contextos institucionales, sino también en contextos naturales y la de compararlos con los de los nativos de la misma edad y en situaciones comunicativas y con técnicas similares de obtención de datos.

Este tipo de estudios es importante no sólo a nivel metodológico sino también por lo que se refiere a la problemática de la adquisición en sí, ya que temas como el del período crítico de la adquisición del lenguaje y el del factor edad han vuelto a plantearse ahora, probablemente debido a los descubrimientos recientes en el campo de la neurología y de la psicología. Además, contamos con trabajos empíricos recientes sobre adquisición del lenguaje por adultos, muchos de los cuales, o bien parecen confirmar la existencia de dicho período crítico (Hurford: 1991; Johnson y Newport: 1991; Johnson: 1992) o, en todo caso, dan cuenta de las diferencias que existen en función de la edad (Flynn y Manuel: 1991; Birdsong: 199l). Tanto para investigar este problema, como para todos los otros que se han mencionado, sería deseable utilizar marcos teóricos actualizados. Sin embargo, la repetición de una serie de estudios sería también deseable en aquellos casos en los que es importante dar respuesta a las preguntas que los trabajos en cuestión no han sido capaces de contestar. La responsabilidad última de las aplicaciones e implicaciones didácticas de los trabajos de adquisición la tienen los pedagogos, y son ellos los que deben filtrar los resultados de los distintos estudios con objeto de tenerlos en cuenta a la hora de hacer propuestas metodológicas o de preparar u organizar los materiales de enseñanza. Estamos convencidos de que una colaboración estrecha entre los estudiosos de la adquisición y los centros de enseñanza de español como lengua extranjera nos beneficiará a todos.

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Notas:

* Quiero agradecer al Consejo de Universidades del Ministerio de Educación de España y al Centro de Enseñanza Universitaria de la Universidad de Ottawa las becas que han hecho posible la realización de este trabajo.Volver al texto
  1. Vamos a utilizar los términos input y output porque, si bien en otras ocasiones (LICERAS: 1992) los hemos traducido como aducto y educto respectivamente, creemos que esa adaptación latina resulta confusa porque es una mera vocal inicial la que marca la diferencia entre los dos conceptos y porque los términos ingleses se han impuesto. Por un problema de consistencia, y aunque el término «toma de datos» que traduciría el de intake nos parece más aceptable, vamos a utilizar también este último.Volver al texto
  2. Lo cual no quiere decir que la propuesta de que existe una opción no marcada para cada uno de los parámetros posibles se pueda mantener (ATKINSON: 1992).Volver al texto
  3. Las posibles contradicciones en los datos de la L1 están siendo objeto de mucha atención en la literatura reciente, como se desprende de los trabajos de VALIAN (1990) y ROEPER y WEISSENBORN (1990).Volver al texto
  4. Parece, sin embargo, que ese orden aparece nuevamente en los estudios recientes de adquisición de la lengua materna por bilingües (MEISEL: 1993).Volver al texto
  5. Creemos que se han efectuado una serie de recogidas de datos para el proyecto del Consejo de Europa, pero no nos consta que se pueda tener acceso a ellos.Volver al texto
  6. Existen datos de la IL escrita de estudiantes de diferentes lenguas maternas que se han analizado para proporcionar tipologías de errores. Los más representativos, que sepamos, son los de VÁZQUEZ (1991) y FERNÁNDEZ (1990). Pero estos trabajos no contemplan el análisis longitudinal de los datos.Volver al texto
  7. También sería necesario tener acceso a los trabajos que se llevan a cabo en los departamentos de psicología y que, en muchos casos, utilizan datos de bilingües. La falta de comunicación entre los estudiosos de las lenguas segundas y los estudiosos del bilingüismo, como hemos repetido muchas veces, puede llevarnos a duplicar trabajos de forma innecesaría.Volver al texto
 

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