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El concepto de
error: estado de la cuestión y posibles investigaciones
Graciela Vázquez. Freie
Universität. Berlín |
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Introducción
El objetivo de la siguiente ponencia consiste en presentar de manera escueta
el estado de la cuestión en el campo del Análisis de Errores y reflexionar sobre el
rumbo posible que deberían tomar las investigaciones a partir del estado actual de los
conocimientos. Para hacerlo hemos tomado como punto de referencia dos trabajos realizados
en este campo (1).
Damos por sabido que la evolución
del concepto de error a lo largo de los últimos veinticinco años ha dado por resultado
a la luz de las investigaciones existentes un concepto con características
positivas, desprovisto de connotaciones estigmatizantes, por lo menos en el contexto de la
clase.
Consideramos concluida la
discusión a nuestro criterio superada entre una orientación
psicolingüística vs. una orientación pedagógica en el marco de la Teoría del
Análisis de Errores, puesto que si la primera se aplica al aprendizaje formal, no
constituye sino la base teórica de la segunda.
Creemos que
independientemente de la terminología utilizada nociones tales como
«interlengua», «estrategias», «estadios aproximados», y, en consecuencia, «errores
transitorios, fosilizables y fosilizados» resultan conceptos lo suficientemente anclados
en la bibliografía pertinente como para prescindir en esta ocasión de una discusión de
los mismos.
Insistimos sobre el hecho que
independientemente de la luz que arrojan sobre la comprensión de los procesos de
adquisición/aprendizaje de lenguas extranjeras todas las investigaciones
realizadas en torno al castellano u otras lenguas resultan insuficientes si no se
concretan en métodos, enfoques, técnicas y materiales de enseñanza que con
economía y eficacia conduzcan al aprendizaje de una o varias lenguas extranjeras en
un tiempo limitado y como componente insoslayable de la competencia intercultural.
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El estado de la cuestión
Los trabajos realizados hasta el momento, que recogen los resultados de las
investigaciones llevadas a cabo en las décadas de los setenta y ochenta y aplicados al
aprendizaje del castellano han demostrado que:
Analizar y
clasificar errores constituye un método eficaz para evaluar el proceso de aprendizaje y
las metodologías de enseñanza, así como también para determinar los factores que
influyen sobre el éxito o fracaso de los mismos.
Indagar sobre las causas y el origen de los errores es la condición
indispensable para diferenciar entre procesos naturales de aprendizaje y las consecuencias
de la instrucción formal.
Determinar la existencia de un error, es decir, emitir
juicios de gramaticalidad, supone, por un lado, reconocer la validez de una norma
lingüística, pero por otro, también significa aceptar los límites naturales y sociales
de la misma, dada la riqueza de normas lingüísticas que conviven en el mundo
hispanohablante.
Es posible desmitificar la importancia de ciertos errores en áreas
consideradas tradicionalmente complejas.
Es conveniente aplicar la noción de error transitorio, fosilizable y
fosilizado a la organización del currículum, puesto que facilitaría la determinación
de niveles dentro de los cuales tomar decisiones en cuanto a qué, cómo y cuándo
corregir.
El Análisis de Errores contribuye
a:
Esclarecer el
concepto de «dificultad real» en el aprendizaje.
Determinar con mayor rigor el concepto de «nivel».
Precisar la definición de «error grave».
El Análisis Contrastivo, bajo la
dura crítica de los años setenta y las consecuentes restricciones de los años ochenta,
tuvo que limitar su valor explicativo, especialmente en lo que se refiere a la importancia
de los errores de interferencia (2). También el
Análisis de Errores sufrió limitaciones ante la insuficiencia de los análisis
lingüísticos basados en las formas independientemente de la función (Taylor: 1986) (3).
Sin embargo, esto no significa que uno u otro enfoque no haya seguido cumpliendo su
función, como lo prueban las publicaciones de fines de la década del ochenta y principio
de los noventa (4). Es más: constituye una prueba de
lo peligroso que es defender la existencia de enfoques únicos en la comprensión de
actividades tan complejas como lo es el aprendizaje de una lengua extranjera, visto como
proceso o como producto. Esto nos permite afirmar que versiones más amplias del Análisis
de Errores, como las que pueden observarse en los trabajos citados más arriba, siguen
siendo útiles a la hora de categorizar formas idiosincrásicas. No obstante, nuestros
esfuerzos deben concentrarse en la definición de algunas áreas concretas de
investigación cuyos objetivos, a corto y largo plazo, puedan cumplirse si pretendemos
garantizar:
a) Un equilibrio
en el desarrollo alcanzado en la investigación de otras lenguas.
b) Estrechar la brecha existente entre la realidad de la clase y los
estudios de adquisición de lenguas extranjeras.
Dichos esfuerzos podrían resumirse
así:
a) La
incorporación de los resultados de las investigaciones a los materiales didácticos.
b) La ampliación del campo del Análisis de Errores a otras áreas que
no se reduzcan a la fonética y a la morfosintaxis y que incluyan tanto la producción
como recepción de muestras de discurso oral y escrito.
c) La observación sistemática de la relación que existe entre las
metodologías aplicadas y el desarrollo de la competencia comunicativa (lingüística,
pragmática y social).
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Posibles áreas de
investigación
1. Los materiales
Quienes escriban materiales deberían tener presente algunos de los siguientes principios:
a) La transparencia.
b) La existencia de Gramáticas Mínimas de Errores.
c) La automatización a partir de la práctica funcional.
d) La autonomía para formular y verificar hipótesis.
e) La necesidad de materiales que promuevan el aprendizaje autónomo.
1a) El principio de la
transparencia se basa en la evidencia demostrada de que las personas adultas se benefician de
la presentación y explicación de reglas, siempre y cuando los objetivos planteados
resulten explícitos. Dicho de otro modo: el organizador cognitivo puede llevar a cabo su
función monitorizadora si resulta transparente la finalidad de las actividades
planteadas. En este campo carecemos de investigaciones que se refieran a las consecuencias
de las metodologías en boga sobre el aprendizaje formal. En un terreno muy concreto
sería importante investigar de qué manera contribuyen a facilitar la estrategia de la
transferencia positiva y en qué medida contribuyen a bloquear la interferencia, sobre
todo teniendo en cuenta que ésta última suele ser la causa más frecuente de los errores
fosilizables y fosilizados.
1b) Las Gramáticas Mínimas de Errores deberían constituir elementos
indispensables. Puesto que no contamos con gramáticas similares para todas las lenguas o
familias lingüísticas, deberían apoyarse investigaciones en este sentido. Una
gramática minima garantiza el principio de la economía en el aprendizaje y constituye un
componente importante de una Gramática Pedagógica del Castellano/Lengua Extranjera.
1c) La noción de gravedad no está ligada necesariamente a
criterios lingüísticos formales sino más bien a criterios pragmáticos y retóricos. Un
área de investigación lingüística importante sería aquella que indagara en los
procesos de la ambigüedad lingüística y de la competencia discursiva y social. La
distinción entre errores globales y locales no parece ser aplicable a todos los
componentes de la competencia comunicativa.
1d) Los materiales deberían garantizar espacios de libertad para la
formulación de hipótesis. Puesto que sabemos de la existencia de errores transitorios,
no deberíamos intimidarnos en este sentido. Espacios de libertad es un concepto que no
debe confundirse con actividades que requieran de la persona que aprende comportamientos
lingüísticos para los cuales no está preparada; se trata más bien de contextos
variados que les permitan experimentar con la lengua extranjera dentro de los parámetros
conocidos.
le) Algunos aspectos del Análisis de Errores encuentran un terreno
fructífero de aplicación en los materiales destinados al aprendizaje autónomo. Cabría
pensar en el desarrollo de programas, apoyados por sistemas de computación, donde una
parte del aprendizaje (aspectos rutinarios) pudiera tener lugar fuera de la clase. La
explicación de los errores podría integrarse en dichos programas sin dificultad.
En un sentido más amplio, las instituciones podrían plantearse la necesidad de
diversificar las mediotecas para ubicar materiales tendientes a favorecer el aprendizaje
individual basado también en necesidades individuales. (Sobre las ventajas y problemas
que plantean la organización de centros de esta naturaleza, ver Sheerin: 1991) (5). |
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2. Más allá del componente morfosintáctico
2a) En el campo del E/LE carecemos de estudios comparables a los
iniciados en Alemania en los años ochenta (6)
referidos al discurso oral. Con excepción de un trabajo esporádico (Feldmann, 1984) (7), no conocemos aplicaciones a nuestra lengua como los
que se refieren al alemán o al polaco (8). Dejando de
lado los problemas metodológicos que dichas investigaciones plantean (la equivalencia
pragmática, por ejemplo), y el hecho de que la lengua con la que se contrastan los actos del
habla es el inglés (lo cual ha sido interpretado como un signo de etnocentrismo) (9), sería aconsejable contar con repertorios de actos
del habla que sirvieran como señas de identidad de una determinada comunidad y que
pudieran ser utilizables como punto de referencia, sin pretensiones normativas.
Si contáramos con datos contrastivos en lo que respecta al discurso oral, no sólo en
relación con otras lenguas sino dentro de la vasta comunidad hispanohablante, nuestros
enfoques comunicativos se enriquecerían con la presencia de datos que hasta el
momento son asistemáticos y producto de la experiencia individual o la intuición
de quienes escriben libros de enseñanza.
En cuanto a la recepción del discurso oral, necesitamos análisis que provean las bases
teóricas para un entrenamiento sistemático de profesionales en las especialidades de
Interpretación y Traducción Espontánea, así como también en el entrenamiento de la
comprensión auditiva dentro del marco académico, no necesariamente a los fines de la
evaluación sino como destreza indispensable para acceder a la información en cualquiera
de sus múltiples formas: desde la provista por los medios de comunicación hasta las
clases, conferencias, ponencias y modalidades afines que caracterizan la actividad
universitaria. Indirectamente relacionada con el tema que nos preocupa estaría la
evaluación de las prácticas corrientes en los seminarios de las universidades europeas
(10).
2b) El discurso escrito desde un punto de vista exclusivamente
profesional está ligado a una cultura dominante: el inglés. Escribir textos
científicos en castellano no es un área rentable, a no ser en las ciencias sociales, y
esto con serias limitaciones.
En cuanto a las necesidades institucionales debemos distinguir la producción de textos
como recurso didáctico (no entraremos aquí en este tema) y la entendida como requisito
formal ligado a pruebas de evaluación (exámenes, monografías, informes, etc.).
Es un hecho conocido que con excepción de los errores de léxico y
entonación el resto de los errores que afectan el componente morfosintáctico no
ponen en peligro la comunicación entre hablantes nativos y extranjeros. Son precisamente
los errores pragmáticos, aquellos que nos impiden decir lo que queremos decir, los que
paralizan los procesos de comunicación. En los intercambios personales los errores
pragmáticos pueden «subsanarse» en la renegociación del significado. No ocurre lo
mismo con el discurso escrito. Los resultados de las investigaciones en este campo son
discutidas extensamente en Marie Paule Péry-Woodley (11),
y a ella remitimos para quienes se interesen en la cuestión.
En nuestra opinión la pregunta clave alrededor de la cual debería girar la
investigación sería: ¿qué características debe reunir un texto para que sea
inequívocamente castellano? Dicho de otro modo: ¿cuáles son los recursos
retóricos que determinan la organización de un texto en español? Y especificando más
la pregunta: ¿existen diferencias culturales observables en la organización de los
textos académicos en castellano?
En este sentido resulta interesante el estudio llevado a cabo por Clyne (12), quien llegó a la conclusión de que las normas culturales que
determinan la organización de textos académicos en inglés y en alemán varían, y la
consecuencia de esta variación es la estigmatización tanto de una como de otra cultura,
cuando no la simple y llana incomprensión debida a la impresión de que, mientras en la
cultura sajona se escriben textos que «sean fáciles de leer», en la teutónica los
textos no persiguen esta finalidad. Entender es la responsabilidad de la persona que lee, y
quien escribe no está necesariamente obligada/o a hacerse entender.
Analizar el discurso académico castellano puede resultar de utilidad si la tolerancia
frente a estilos retóricos ajenos colabora con una mayor comprensión de lo que se quiere
decir. Lamentablemente en este sentido sólo contamos con ejemplos
anecdóticos sobre el modo de hacer ciencia. Quizás deberíamos remitirnos a otro tipo de
investigaciones, por ejemplo, aquellas que ponen en tela de juicio «el estilo femenino de
hacer ciencia», y plantearnos con seriedad la cuestión de si no son las estructuras de poder
las que aniquilan la diversidad de estilos y no los estilos los que aniquilan el saber.
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3. Estrechar vínculos entre la investigación
Para superar la convicción más o menos establecida de que desde una perspectiva
práctica la investigación de los procesos de aprendizaje de lenguas extranjeras
sigue un camino cada vez más alejado de la realidad cotidiana de aprender y enseñar (13), parece indispensable plantearse la necesidad de
estudios longitudinales para evaluar el aprendizaje en condiciones formales y dentro del
marco institucional.
No se trata aquí simplemente de implementar instrumentos para evaluar enfoques, métodos
o técnicas, sino más bien reflexionar sobre el lugar que debiera ocupar el aprendizaje de
una lengua extranjera dentro de los programas de formación de nuevas generaciones en el
ámbito natural en que ésta se lleva a cabo, a falta de alternativas: la clase.
Un análisis de las políticas seguidas por los estados europeos escapa a los límites de
esta ponencia. Sin embargo merece la pena detenerse a pensar cuánto encierra de verdad y
de practicabilidad una frase tal como «una Europa sin fronteras» vista a la luz de las
inversiones económicas que los Estados están dispuestos a realizar en proyectos de
carácter lingüístico, sea lengua materna o extranjera.
La clase siempre fue y seguirá siendo el laboratorio ideal para experimentar. Lo que
sucede fuera de ella puede acelerar el proceso de aprendizaje (o no) e incrementar (o no)
la motivación, hechos, por otro lado, fácilmente comprobables; pero si no
logramos desentrañar y sistematizar los comportamientos que emanan de sus variables,
seguiremos sin los datos indispensables para tomar decisiones en el momento de decidir
sobre lineamientos curriculares que podrían garantizar un aprendizaje efectivo y
económico. Ya no se trata de aprender una lengua extranjera sino manejar varias
en
diversos niveles de competencia, entre las cuales el castellano ocupa un lugar
privilegiado en términos de hablantes. |
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Conclusiones
Las investigaciones lingüísticas que guardarían relación estrecha entre el rumbo que
deberían tomar las investigaciones y la enseñanza del castellano como lengua extranjera
se refieren especialmente a:
La necesidad de seguir estudiando el problema de la ambigüedad y la
dificultad para responder a la pregunta: ¿qué características tiene un elemento o
estructura del sistema que los hace resistentes a la aplicación de reglas, más allá del
sincretismo, la polisemia, la redundancia, la distribución y la correspondencia cero? Una
consecuencia directa de dichas investigaciones sería una gramática pedagógica del
castellano como lengua extranjera.
En ambos casos deben apoyarse proyectos de investigación que impulsen a jóvenes de ambos
sexos a escribir tesis doctorales en castellano y sobre el castellano, independientemente
de la universidad donde tales estudios se realicen. Las instituciones a uno y otro lado del
Atlántico deberían invertir fondos y energías en proyectos destinados a analizar el
concepto de norma lingüística cuyo resultado serían diccionarios de normas
lingüísticas del castellano que abarcaran áreas más allá del léxico.
Deberían apoyarse proyectos de investigación interdisciplinarios en
todos los niveles educativos para que el aprendizaje y la enseñanza de las lenguas
extranjeras pudiera llevarse a cabo de manera óptima y como componente de una formación
más humana y humanista. Concretamente: analizar el porqué de las cuotas de fracaso,
especialmente en la enseñanza a personas adultas, que se revelan en el abandono de las
clases de lengua y en la sensación tristemente cierta de que lo único que
sabemos del aprendizaje de lenguas por parte de adultos/as es que éstos/as fracasan en su
empeño.
Parece conveniente modernizar nuestro concepto de biblioteca para
incorporar la informática y diversificar la enseñanza atendiendo a las necesidades
individuales de quienes aprenden (aprendizaje autónomo) y la de quienes investigan (bancos de datos). |
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Notas:
-
Graciela VÁZQUEZ: «Análisis de Errores y aprendizaje de
español/lengua extranjera. Análisis, explicación y terapia de errores transitorios y
fosilizables en el proceso de aprendizaje de español como lengua extranjera en cursos
universitarios para hablantes nativos de alemán». Tesis doctoral. Universidad de Bremen,
1989. Publicada por Peter Lang, Frankfurt a. Main, 1991.
María Sonsoles FERNÁNDEZ LÓPEZ: «Análisis de errores e interlengua en el aprendizaje
del español como lengua extranjera». Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid,
1990.
-
Ver Carl JAMES (1990): «State of the art article, Learner
Language». Language Teaching Abstracts, 205-213.
- Ver G. TAYLOR (1986): «Errors and Explanations», Applied
Linguistics, 7, 2: 144-166.
-
L. SELINKER (1989): «CA/EA/IL: The earliest experimental
record», IRAL 27, 4:267-291. G. NICKEL (1989): «Some controversies in present-day
error analysis: contrastive vs. noncontrastive errors», IRAL
27, 4: 293-305. M. P. PÉRY-WOODLEY (1990): «State of the article: Contrasting
discourses: contrastive analysis and a discourse approach to writting», Language
Teaching Abstracts, 143-152. P. LENNON (1991): «Error: Some Problems of Definition,
Identification, and Distinction», Applied Linguistics, 12, 2: 180-196. (1992):
«Error and the very advanced learner», IRAL, 29, 1: 31-44.
- Susan SHEERIN (1991): «State of the art
article. Self-access», Language Teaching Abstracts, 143-157.
- Ver en la bibliografía de Marie Paule PÉRY-WOODLEY:
Contrasting discourses: contrastive analysis and a discouse approach
to writting los trabajos de Faerch, Fillmore, Kasper y House.
-
U. FELDMANN (1984): «Pragmatische Aspekte im
fremdsprachlichen Diskurs: Zur Verwendung von Gambits bei Spanier und bei
fortgeschrittenen Spanischlerner», Manuskripte zur Sprachlehrforschung 24. Bochum.
- Fourth International Conference on Contrastive Projects at
Charzykowy, Polonia, 1980.
- Ver A. WIERZBICKA (1985):
«Different cultures, different languages, different speech acts. Polish vs. English», Journal
of Pragmatics, 9, 145-178.
-
G. BAUMGRAU-GANGL (1989): «Neue Bedigungen und
Möglichkeiten des allgemeinen und fachbezogenen Fremdsprachenerwerbs im Rahen von
Hochschulkooperationsprogrammen», Jahrbuch Deutsch als Fremdsprache.
- M. PÉRY-WOODLEY (1991): «State of the art article.
Writing in Ll and L2 analysing and evaluating learners texts», Language Teaching
Abstracts, 24: 69-83.
-
M. CLYNE (1987): «Cultural differences in the
organization of academic texts. English and German», Journal of Pragmatics, 11:
211-247.
- Ver J. MCDONOUGH y S. MCDONOUGH (1990): «Whats the use
of research?», ELT Journal, 44, 2: 102-109.
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