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La investigación
en enseñanza del español como lengua materna: vocabulario y léxico
Paz Battaner. Universidad de
Barcelona |
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Investigación en enseñanza del español como lengua materna
La enseñanza del español a los que lo tienen por lengua materna constituye hoy un objeto
de estudio y análisis, además de una práctica secular.
Tenemos historia, materiales, líneas de investigación, ahora publicaciones y revistas,
pero se podría decir que faltan unas referencias científicas objetivas y generalizadas
que cohesionen estos trabajos como una disciplina reconocida (1), canalizada en escuelas.
La interdisciplinariedad de la didáctica resulta un inconveniente para la fijación de
uno o varios paradigmas, y la enseñanza de la lengua, hoy por hoy, depende de la
tradición escolar de la comunidad en que se desarrolle. Sabemos por experiencia que la
práctica dirigida y la reflexión metódica ayudan a desarrollar la competencia
lingüística y ésta es la tradición que vertebra unos estudios que principalmente se
definen por la profesionalízación que llevan aneja. Pero esta tradición se ve
frecuentemente alterada por las teorías lingüísticas en continuo cambio; por las
teorías psicológicas de aprendizaje; por los datos, cada día más numerosos, sobre la
adquisición de lenguas dentro de la psicolingüística; en fin, por las tendencias que
dominan en la política educativa.
La investigación básica en lingüística y en otras ciencias del comportamiento se viene
ocupando desde hace unos años del problema teórico de la adquisición, procesamiento y
desarrollo de la capacidad lingüística humana, lo que suministra hoy a los estudios de
didáctica de la lengua materna un marco necesario para avanzar (2). Se podrían empezar a tener pues ya unas bases epistemológicas comunes,
lo que ayudaría a establecer estos estudios como disciplina. |
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El léxico como unidades fijas y no
analizables de las lenguas naturales
El léxico está siendo centro de atención desde todos los puntos problemáticos del
estudio de la lengua. Tener un modelo de léxico es tan necesario para los gramáticos y
semanticistas como para antropólogos, psicólogos, los que trabajan en el procesamiento
del lenguaje natural por computador y los educadores.
Se podría partir de que las expresiones de la lengua se perciben en bloques, se memorizan
(sonido y significado global), admiten estar disponibles, ser usadas. Estos bloques pueden
luego ser analizados hasta un cierto punto, ser segmentados y ser relacionados con otros;
el reducto no segmentable, idiosincrásico, es lo que los lingüistas califican como
propiamente léxico en sus análisis y es el que queda disponible tal cual en la memoria
del hablante para la recepción y producción: morfemas y unidades léxicas tanto simples
como expresiones idiomáticas.
Partiendo de estos supuestos (Pinker: 1984) podríamos establecer que lo que se llama
léxico de una lengua (unidades léxicas simples y complejas, idiosincrásicas) es la
entrada normal (input) de toda ampliación de competencia lingüística. De esta
entrada surgen después estructuras, construcciones o relaciones sintagmáticas por un
proceso de inducción (favorecido por una disposición innata), es decir, se
gramaticalizan; y en cambio otras entradas o segmentos de ellas quedan fijas tal cual, es
decir, serán unidades en diverso grado de lexicalización; al conjunto de estas unidades
lo llamamos vocabulario, léxico, objeto del diccionario, lexicón.
Como otros muchos objetos y actividades mentales, el léxico tiene un uso inconsciente en
la comunicación habitual, pero este uso se hace consciente en muchas ocasiones
(Johnson-Laird: 1983). |
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La investigación educativa en vocabulario y
en léxico
Se podrían establecer tres grandes objetivos en la preocupación por la enseñanza del
léxico y del vocabulario: a) proveer a la comunidad hispanohablante de
instrumentos que refuercen la cohesión de la propia comunidad y que sirvan de referencia,
b) investigar modelos de funcionamiento y estructura del léxico en los niños y
adolescentes de nuestra lengua, y c) responder a los interrogantes específicos que
los dos puntos anteriores plantean en la docencia y en la adquisición y desarrollo
lingüísticos (3).
1. La comunidad hispanohablante y el vocabulario escolar.
La institución educativa, la escuela, transmite fundamentalmente valores de los adultos a
los miembros más jóvenes de la sociedad; este aspecto queda patente en las unidades
léxicas que la sociedad adulta exige a los jóvenes. Los vocabularios básicos,
determinados por jueces o por frecuencias, son una muestra de ello (4).
El español está necesitado de algún esfuerzo investigativo más en este aspecto.
Tenemos por estudiar el vocabulario de un corpus fijado por consenso entre la
totalidad de la comunidad hispánica. Este esfuerzo se ha hecho parcialmente desde
diferentes circunstancias y con distinta eficacia; falta, sin embargo, un trabajo colectivo
y de envergadura que le haga generalizable para todo el dominio del español. Falta
tenerlo dispuesto por rangos que atiendan a la frecuencia-dispersión principalmente (5).
La fijación del corpus es lo fundamental en trabajos de este tipo. Sugeriríamos
para él: literatura infantil y juvenil, libros de lectura escolar y de texto (6), y muestras de lengua oral de los centros de
irradiación de la lengua española en el mundo, por ejemplo (7). Fijar qué obras pueden entrar, desde cuándo se tienen en cuenta, con
qué criterios se seleccionan, qué corpus de lengua oral es el introducido, etc.,
son puntos fundamentales y conflictivos de esta investigación que requiere una
participación plural y un equipo amplio. Las dificultades materiales para concretarla y
tenerla al día son hoy más fáciles de superar con la ayuda de la informática.
Una vez determinado el corpus la labor es recoger el vocabulario que contiene,
analizarlo, estudiarlo y disponerlo con arreglo a diferentes criterios (concordancias,
frecuencias y dispersión, especifidad de ciertos textos, adecuación por niveles
escolares, índices por clases morfológicas o sintácticas de palabras, etc.) y en
diferentes presentaciones (edición convencional, soporte magnético).
Este tipo de investigación parece tener principalmente aplicación en una de las
destrezas lingüísticas fundamentales: la lectura. La enseñanza del vocabulario se ha
relacionado con la comprensión lectora. Es decir, la lectura es el objetivo, el
vocabulario es un instrumento para conseguirlo; las primeras investigaciones tomaron esta
dirección (8).
Sin embargo, la calidad de la enseñanza exige comprension pero también expresión, y en
ella uso personal del vocabulario.
Por ello, aunque tenemos trabajos cualificados de vocabulario
disponible (palabras aisladas) en escolares, recogidos por centros de interés, nos falta
también un vocabulario recogido en textos producidos por los escolares (por centros de
interés, marcos o escenarios convencionales y en diferentes tipos de texto cultivados en
la escuela), lo que daría el nivel de uso en producción real de los escolares y
representaría un conocimiento más exacto que el del vocabulario disponible (9) virtualmente.
En una recogida de datos, entre estudiantes de 2.º de B.U.P. en institutos de
bachillerato de Barcelona, que pretendía conocer qué forma era más usual entre algunas
series etimológicas del castellano que presentan sustantivo, verbo y adjetivo, al ser
propuesta la base léxica soseg-/sosieg-, alumnos que reconocieron bien sosiego,
sosegar, sosegado, propusieron: me corre un sosiego por todo el cuerpo;
sosegado
por el gran esfuerzo que hizo.
Los estudiantes son conscientes de su grado de dominio, por ejemplo: Desaliento es para
mí una palabra desconocida, fue la frase de un alumno que, aunque reconoció el
sustantivo a partir de una base desalent-desalient, era consciente de que no podía
usarla (10).
La técnica estadística que se suele utilizar en estos estudios no
satisface por sí misma las necesidades que los docentes tienen para calibrar el
vocabulario necesario en una enseñanza de calidad. El tipo de trabajos que se viene
proponiendo hasta aquí tiene un fin concreto que es servir de guía, norma y referencia a
los docentes en cuanto al grado de competencia léxica que un alumno tiene o debe tener y
de la dificultad de comprensión que un texto requiere. Son trabajos instrumentales de
referencia y de inventario de las voces que llegan, oralmente o por escrito, al grupo de
niños y adolescentes, o que los propios escolares tienen (disponibilidad). Los estudios
de recuentos y cuantificación de palabras aisladas son útiles para establecer el
vocabulario que los alumnos deberían tener, tanto en recepción (frecuencia-dispersión)
como en producción (frecuencia-disponibilidad).
Las posibilidades de la informática harían ahora posible valerse de forma personal y ad
hoc de estos datos si se tuvieran informatizados y a disposición de los
investigadores y docentes: vocabularios de textos científicos que llegan a los escolares,
de clásicos leídos en la escuela, de americanismos o regionalismos de ciertas lecturas,
de diversidad dialectal, etc. Ello dotaría a la enseñanza del español de un instrumento
utilísimo de referencia tanto en la enseñanza de la lengua materna como de lengua
extranjera. |
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2. Las relaciones léxicas en el vocabulario
escolar
Un segundo aspecto que incide directamente en la docencia y que presenta muchas facetas
desconocidas es la competencia individual del hablante en cuanto a vocabulario, lo que
suele llamarse en los trabajos de didáctica competencia léxica. No sólo la competencia
adquirida sino el proceso de adquisición, aprendizaje y dominio léxico de los propios
individuos. Representa el polo del aprendiz, del escolar.
La comunidad puede tener un inventario de voces que se consideren las recomendables y
esperables en los niños y adolescentes; pero una palabra aislada dice poco del dominio
del hablante sobre ella. El dominio depende del establecimiento de relaciones de la voz
con otras, tanto en su aspecto semántico como en la capacidad combinatoria que la voz
permita.
Hace años que se viene reconociendo que hay grados de calidad en el dominio que de las
voces tienen los hablantes: no se ha oído, se ha oído pero se desconoce el significado,
se conoce el significado y se usa, se tienen establecidas relaciones de diferente tipo
entre esa voz y otras (asociaciones, metáforas, polisemia, registros, etc.) (Dale: 1973).
Es este último grado el que llamamos calidad del vocabulario.
Trabajar en clase la calidad requiere tener un modelo mental del léxico aspecto
investigado estos años a partir de definiciones léxicográficas, datos antropológicos,
restricciones sintagmáticas, etc que dé razón de las relaciones
léxico-semánticas, de las relaciones conceptuales (Evens, 1988) y de las relaciones
sintácticas.
Una colección de explicaciones-definiciones de los escolares sobre
unidades léxicas dominadas por ellos nos proporcionaría una perspectiva de las relaciones
léxico-semánticas que funcionan en la cabeza de nuestros alumnos. Requiere esta
investigación, si quiere llegar a conclusiones útiles, una metodología longitudinal
para observar la formación progresiva de dominios, la presencia de atributos, el
enriquecimiento y diversidad de prototipos (flexibilidad y rigor en la categorización),
el uso de palabras-concepto, el dominio perceptivo y productivo de las metáforas, etc.
(Markowitz: 1982).
La semántica cognitiva, en su intento de unir significado (fundamentalmente léxico) con
conocimiento del mundo, apuesta por estudiar los dominios (marcos), los atributos tenidos
en cuenta, los prototipos, la categorización o taxonomías de las culturas, de las
lenguas y de los hablantes, la capacidad metonímica y metafórica, y el acceso de los
niños al dominio de los adultos (Taylor: 1989; Tsohatzidis: 1990). Este enfoque
psicológico y etnográfico puede aportar a la docencia un conocimiento más adecuado del
proceso que ocurre en la escuela, en donde se supone que los alumnos han de seguir
aprendiendo vocabulario y añadiendo calidad al ya adquirido (Keil: 1979).
Quizás sea
útil en este contexto el cambio de paradigma de la semántica estructural a la cognitiva,
pues esta última tiene en cuenta los procesos de adquisición y aprendizaje
(Marslen-Wilson: 1989).
Sería conveniente tener bases de datos léxicas sobre actuaciones lingüísticas
escolares para poder estudiar y conformar descripción lingüística e investigación
educativa. A partir de ellas se podrían estudiar las relaciones conceptuales implícitas
en el uso de la lengua y en la capacidad cognitiva de los jóvenes (Markowitz: 1988) (11), en este caso habría que detectarlas a partir de
explicaciones y definiciones espontáneas.
Todo ello pide unos estudios longitudinales, difíciles de ser llevados a la práctica por
el tiempo requerido y las variaciones en la población estudiada, si no se establecen
equipos de investigación sólidos y estables. Las instituciones que pueden aportar más
facilidades a tipos de investigación como éstos son precisamente la escuela y la
formación de profesores (12).
Poder establecer las carencias de vocabulario de los escolares, en qué
marcos conceptuales se producen, en qué zonas geográficas o en qué estratos sociales se
propician, qué responsabilidad tiene en ello la escuela, etc., sería un trabajo de
orientación para la proyección de currículos y la confección de materiales
pedagógicos.
Junto a la determinación de las carencias de vocabulario necesitamos
también un trabajo sobre errores de vocabulario producidos en actuaciones escolares,
desde los seis a los dieciseis años, que pueda generar a posteriori una didáctica
concreta y que representaría, por defecto, lo indagado en las relaciones semánticas o
estructura del léxico.
Si el estudio del enriquecimiento semántico progresivo la
calidad semántica del vocabulario es importante, no lo es menos conocer todos los
rasgos conscientes del vocabulario: identidad de la palabra en la adquisición de la
escritura, capacidad analítica morfológica, relaciones temáticas de las palabras
predicativas (Marslen-Wilson: 1989).
La antropología, la semántica estructural (Nida: 1975; Lyons: 1977),
la semántica cognitiva (Taylor: 1989; Langacker: 1987; Tsohatzidls: 1990), han dejado
claro que el nivel más accesible, el primero en adquirirse, de una taxonomía de tres
niveles es el intermedio; pero no conocemos cuáles son las dificultades concretas para
acceder a la voz de significado más general (silla> asiento,
paciencia> virtud).
Hay que trabajar con los escolares precisamente en el afianzamiento de voces para
categorías conceptuales muy altas; las de precisión y nivel conceptual bajo han llamado
siempre más la atención.
La orientación de la lingüística teórica hoy requiere
experimentación en la adquisición del lenguaje natural. Los docentes podrían servirse
de ella y aplicarla en lo que puede realmente ayudar. ¿Cuántas veces, cómo, con qué
ayuda, a partir de qué material un alumno accede al dominio de calidad de una voz y a su
utilización correcta?
No todas las voces pueden ser presentadas en la educación formal [hay cálculos
norteamericanos sobre recuentos de voces que un adolescente debe tener al finalizar los
estudios secundarios (Nagy y Anderson: 1984) que hacen pensar en que el mayor número de
voces se adquiere informalmente, por la lectura principalmente], pero ¿cuándo accede un
adolescente a extraer significado de una voz por contexto escrito? ¿Cómo traspasa la
calidad adquirida en unas voces a otras? ¿Qué tipo de hipótesis tiene que saber hacer?
Este tipo de investigaciones son más puntuales y fáciles de llevar a cabo sin tener una
infraestructura importante. Se necesitan muchas observaciones metódicas en didáctica si
se quiere conseguir la formación de una disciplina y una enseñanza eficaz, como la
medicina tuvo que recopilar muchas observaciones cuando pasó a ser una ciencia
experimental.
Sobrepasaría lo específico del área de lengua para entrar en otros
aspectos humanos el estudio de terminologías científicas, conceptos teóricos, modos de
sentir históricos (Toulmin: 1981). Son otras posibilidades abiertas de esta propuesta. El
léxico es el componente lingüístico que traba mejor el conocimiento del mundo y la
competencia lingüística de un hablante, y estudiar léxico supone entrar en todos los
campos de la educación y de la vida (por ello quizás no se deba abandonar la enseñanza
del vocabulario al solo azar). |
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3.3. Necesidades específicas de la docencia en
la escuela primaria y secundaria
Las tendencias que hoy se observan en algunas propuestas de reforma dejan la reflexión y
el trabajo concreto sobre vocabulario en un lugar muy secundario del currículo patente en
la enseñanza de la lengua (13).
La reforma se inclina por propiciar el uso (las cuatro destrezas), apoyada en las nuevas
disciplinas sobre el texto y el discurso, y deja bien sentado que ello es el objetivo
primordial del área.
No es nuevo el énfasis en el uso, puesto que es evidente que si el ciudadano medio
aprende lenguas son para ser usadas; pero dando su justo valor a este énfasis, que se
podría rastrear en muchos programas oficiales, conviene tener presente que el mayor
cambio que se percibe en los documentos de la reforma atañe a la reflexión que se ha
venido cultivando en la escuela. Parece ser una huida hacia adelante: de la reflexión
sobre la palabra se pasó a la reflexión sobre la oración sintaxis y conceptos de
teoría lingüística; ahora, gramática de texto y conceptos sobre pragmática y
discurso.
Puede pensarse que cuanto más elevado sea el nivel de análisis adoptado, más riesgos
puede haber de que la reflexión sea menos rigurosa, más ecléctica y mucho más difícil
conceptualmente. Es verdad que la pragmática y el nivel discursivo son más explicativos
del uso de la lengua y del desarrollo de la competencia comunicativa que la reflexión
sobre la unidad léxica y los estudios, siempre dispersos aunque concretos, de ciertas
áreas del vocabulario. Sin embargo lo que es explicativo para los adultos, puede no ser
apropiado para el inicio de la reflexión lingüística en la adolescencia.
Todo lo anterior tiene como objetivo fundamentar las propuestas de investigación sobre
diferentes tipos de instrucción y de actividades.
La hipótesis de que en la adolescencia primera y segunda la reflexión
sobre el léxico es más efectiva que la realizada sobre otros niveles lingüísticos
sería la que vertebrara el estudio. El léxico y la unidad léxica pueden ser el nivel
idóneo para iniciar, continuar y profundizar en esta reflexión.
La reflexión sobre las unidades léxicas es más abarcable, más fácil de
homogeneización y más cercana a la zona de desarrollo próximo. Los adultos no
especialistas discuten fundamentalmente sobre significado y buen uso de voces, menos sobre
construcciones sintácticas y muy esporádicamente y sin análisis fino sobre propiedad,
adecuación y eficiencia de los discursos. El nivel de percepción es mayor en el nivel
léxico.
Puede ser el momento de hacer una investigación educativa sobre un currículo de lengua
en el que la reflexión tuviera como eje de desarrollo, aunque no exclusivo, el
conocimiento del vocabulario y la reflexión lingüística sobre el léxico.
El proyecto tendría que considerar todas las relaciones que las unidades léxicas pueden
mantener (fónicas, gráficas, morfológicas, sintácticas, semánticas, pragmáticas,
etc.), y los alumnos llegarían a un análisis detallado de la lengua hecho desde el nivel
léxico con un horizonte integrador oracional y discursivo. El proyecto habría de
comportar una ampliación del vocabulario receptivo y productivo, así como un incremento
de su calidad.
Sería necesario confrontar la competencia adquirida con la conseguida por un grupo de
control de similares características que recibiera otro tipo de instrucción gramatical.
La edad aconsejable para experimentarlo sería la de 12-14, o bien la de 14-16 para
alumnos con ciertas dificultades.
En la investigación sobre léxico en la enseñanza de la lengua queda
pendiente todo un apartado de lexicografía: otro «diccionario ideal».
Aunque se ha empezado a estudiar este punto (14),
estamos todavía lejos de tener una base estable para proyectar y llevar a cabo un
diccionario para escolares (8-14 años principalmente) realmente útil y pedagógico. Los
interrogantes son muchos.
Un recuento de frecuencias-dispersión sobre un corpus consensuado solucionaría el
listado de lemas; los estudios sobre las relaciones léxicas, las establecidas en los
adolescentes y las más extendidas y convencionales del español (15), aclararían parte de la macroestructura del diccionario, pero habría
que decidir con experimentación la orientación del diccionario: hacia la
descodificación o hacia descodificación y codificación conjuntamente, tipo de
información ofrecida, orden de esta información, papel de las ilustraciones, etc.;
decidir para la estructura de los artículos el tipo de definiciones, el orden de la
información, relaciones entre artículos e ilustraciones, los rasgos de grafismo más
eficaces, las características de los ejemplos, las remisiones, etc.
Aparte de los requisitos del diccionario escolar ideal, carecemos, hoy por hoy, de una
investigación sobre el manejo real del diccionario tanto en el aula como por parte de los
escolares individualmente. La investigación que hay hecha gira sobre el uso de los
diccionarios por estudiantes de lenguas extranjeras y valoración de los diccionarios por
estudiantes y profesores de L2 (16).
Necesitamos tener datos fiables de la habilidad en el manejo y extracción de información
de diccionarios (semasiológica, onomasiológica, gramatical, pragmática); de la lectura
y comprensión de las definiciones, de su operatividad, del valor real de la presencia de
ejemplos, de los varios tipos de ejemplificación, del papel de la información gramatical
en los diccionarios escolares y su uso real, del grado de normatividad que el diccionario
puede promover, etc.
Convendría tener protocolos de usos reales de diccionarios escolares para poder hablar
con seguridad de estos puntos; si no, los proyectos de nuevos diccionarios se harán sobre
bases no experimentadas.
Al mismo tiempo que indagación sobre los diccionarios escolares necesitamos
materiales didácticos sobre vocabulario sometidos a experimentación en los diversos
niveles escolares. Como para otros aspectos de la docencia, los materiales más
satisfactorios y más variados los encontramos en la educación preescolar o infantil;
para los niveles superiores los materiales sugerentes escasean; no deberían quedarse en
lo convencional de los primeros libros de palabras ni en la monotonía de ejercicios
normativos, y tendrían que sustentarse para ello en textos atractivos e interesantes (a
poder ser de excelente calidad literaria) (17).
No parece tan interesante un material (ejercicios, actividades, reflexión) sobre
vocabulario en general, sino el que se hiciera sobre el vocabulario de una obra literaria
infantil, juvenil o clásica escolar concreta, que puede presentar unas características
determinadas; o bien el necesario para la producción de determinados textos (por escenarios,
funciones, estilos, etc.) (18); y todo lo que
suponga conocer, relacionar, calibrar, usar (en un discurso) vocabulario que no sea
productivo espontáneamente en los adolescentes. Y estos materiales habría que
presentarlos contrastados de forma experimental, con descripción minuciosa del proceso
docente y de los resultados, tanto de los previstos de aprendizaje como de los realmente
conseguidos (19).
En este tipo de investigación pueden caber todos los enfoques lexicológicos:
etimología, morfología derivativa, relaciones sintagmáticas, solidaridades léxicas,
frases hechas, relaciones de hiponimia, oposiciones semánticas, capacidad metafórica (20), registro, etc.
El vocabulario presenta de la manera más sincrética posible la relación conocimiento
enciclopédico/conocimiento lingüístico. Si el uso del vocabulario sirve a los
psicólogos para introducirse en el funcionamiento cognitivo de los individuos, a los
historiadores y antropólogos para determinar los valores de una cultura, a los estudiosos
del procesamiento del lenguaje natural para solucionar algunos de los atolladeros que
encuentran; sería esperable que la investigación sobre lo que supone aprender y enseñar
vocabulario español ayudara a la mejora de la enseñanza de la lengua materna en los
próximos años. Y ello en las tres vertientes aquí atendidas: las exigencias de la
comunidad lingüística, las necesidades del hablante y los materiales propiamente
didácticos que incidan en los escolares y en los profesores. |
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M.I.T. Press.
THORNDIKE, E. L. e I. LORGE (1944): The Teachers Word Book of 30.000 Words, Nueva
York, Teachers College-Columbia University.
TOULMIN, S. (1972): La comprensión humana, I. El uso colectivo y la evolución de los
conceptos, trad. española, Madrid, Alianza Ed., 1977.
TSOHATZIDIS, S. L. (coord.) (1990): Meanings & Prototypes, Londres-Nueva York,
Routledge. |
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Notas:
- Se podría citar entre las corrientes establecidas que
tienen alguna influencia en España, la escuela de la «Pedagogie du texte» de Bronckart
(1989) en Ginebra, así como los trabajos de Galisson (1986) para el francés como Ll y L2
respectivamente; en Gran Bretaña la orientación sociolingüística de fuerte tradición,
auspiciada por M. Stubs (1980) en la enseñanza del inglés como lengua materna y que ha
tenido eco en España; en EE. UU. hay varias asociaciones de profesores y expertos con sus
publicaciones periódicas correspondientes, caracterizadas por centrarse principalmente en
las destrezas de lectura y composición escrita. Y es precisamente en el aspecto lector,
en el que más influyen en el ámbito hispánico, por ejemplo, a través de la revista de
divulgación, Lectura y vida, de la International Reading Association; o en los
trabajos reproducidos en Infancia y aprendizaje y Comunicación, lenguaje y educación.
Es interesante el número 84 (octubre-diciembre 1991) de la revista francesa Études
de Linguistique Appliquée sobre los últimos quince años de la investigación en
didáctica y adquisición del francés en los países en que es primera lengua: Bélgica,
Canadá, Francia y Suiza.
- La comprensión y la adquisición de la primera lengua han
estado alejadas de las preocupaciones de los lingüistas teóricos. Las excepciones son
pocas (Goodluck: 1981; Goodluck y Tavakolian: 1982; Pinker: 1984). Lo teorizado es
principalmente la adquisición de la gramática. Hoy la orientación está cambiando
(Frazier y Villiers: 1990).
- Estos tres enfoques pueden rastrearse en M.E.C., 1989b,
aunque el modelo no está explícito y las bases teóricas sobre las que se sustentan
los tres trabajos reproducidos datan de los años setenta. La publicación, sin embargo,
plantea un buen número de cuestiones por investigar.
- Desde 1980 y dentro de la perspectiva de la enseñanza de
lengua materna se han publicado: Diccionario fundamental del español de México (1982),
Diccionario básico del español de México (1986), MORALES (1986), Vocabulario
básico para la E., M.E.C. (1989). Hay trabajos en curso en la Universidad de la
Laguna llevados por los profesores Samper y Hernández, y en la Universidad de Alcalá de
Henares por el profesor Benítez.
- El trabajo de Thorndike fue modélico en este aspecto.
Desde la primera edición (192l), hasta la tercera (1944), fue ampliando el corpus y
por tanto el vocabulario ofrecido a los docentes; las treinta mil voces recogidas las
dispuso en grupos de quinientas para poder tener una referencia objetiva de gradación.
- En el Institut fur
Übersetzen und Dolmetschen de la
Universidad Ruprecht Karis de Heidelberg se lleva a cabo desde hace tres años, bajo la
dirección del Dr. Nelson Cartagena, la creación de un corpus de textos escolares
(EGB y BUP) en archivo electrónico. Listas de frecuencias y concordancias de las voces
del corpus así como una base de datos de términos del área de ciencias naturales
son los trabajos realizados hasta la fecha.
- A este criterio responden los diccionarios mexicanos
citados en nota anterior y los trabajos de R. Ávila.
- Un volumen colectivo reciente para el inglés sigue
teniendo este objetivo (McKEOWN y CURTIS: 1987). Los trabajos doctorales ya muy avanzados
de Montserrat Morera Escarré, sobre la comprensión de la metáfora, y de Josepa
Vilurbina Font, sobre cierto léxico de tipo abstracto (Universidad Autónoma de
Barcelona) comportan también una valoración de la mejora en la comprensión lectora de
los estudiantes sobre los que se experimenta.
- El recuento realizado por Rodríguez Bou (1952) sí tuvo
en cuenta entre sus más de siete millones de palabras el vocabulario en producción de
estudiantes.
- Datos recogidos por los alumnos del programa de doctorado
del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de
Barcelona, Encarnación Atienza, Isabel Civera y Wenceslao Pérez (bienio 1990-1992).
- Bases léxicas del Gruppo di Pisa (DMI/DB), Cobuild
(Sinclair: 1987) y otros diccionarios informatizados pueden ofrecer las relaciones
establecidas en diferentes tradiciones lexicográficas; como las de los estudios
americanos sobre el Merriam-Webster Pocket Dictionary (Amsler: 1980) y
Websters
Seventh Collegiate Dictionary (Ahlswede: 1988); en una dirección similar aunque sin
base informatizada, Battaner (en prensa).
- Propósito, procedimiento, motivación, etc., son palabras
que en actividades de enseñanza formal se resisten a ser utilizadas por alumnos de
secundaria; las relaciones temáticas de verbos que reproducen un texto o remiten a un
discurso, como asentir, calificar, divulgar, etc., cuestan en un primer curso
universitario, según investigación en marcha del Departamento de Didáctica de la Lengua
y la Literatura, Universidad de Barcelona.
- Ropé (1991), al analizar el inventario analítico de
investigaciones en didáctica del francés como lengua materna (Gagné et alii:
1989), contabiliza los trabajos centrados en el vocabulario, que sufren una baja
progresiva en los tres últimos lustros.
- Hernández (1989), Garrido (199l), Martínez Marín (1991)
aportan un análisis interesante; Battaner, Cantero y Lahuerta (1992), en prensa, definen
algunos requisitos del diccionario escolar.
- Las relaciones léxico-semánticas que figuran en los
diccionarios más comunes en el área del español y que hoy están por investigar.
- Hartman (1987) recoge unas cuantas investigaciones sobre
acceso de los adultos a la información contenida en diccionarios en el aprendizaje de L2.
Del Research Project into Dictionary Use hay una breve alusión en H. Hernández
(1989), págs. 110-111, aunque este proyecto también está enfocado para estudiantes de
inglés como lengua extranjera (Battenburg: 1991). Está por hacer todo lo concerniente al
uso del diccionario monolingüe de lengua materna por escolares y usuarios en general.
- M. T. Barbadillo de la Fuente (1991) presenta en un
cuidadoso estudio una visión tradicional de la concepción de la enseñanza del
vocabulario. J. Romera Castillo (1991) ha publicado un esbozo de bibliografía sobre la
didáctica del vocabulario, en el que recoge también estudios aislados de
psicolingüística y algunas investigaciones en otras lenguas, sin explicitar el criterio
de selección.
- Un tipo de diccionario escolar ideológico con alto
número de voces para que sea realmente eficaz, está por hacer.
- La tesis de Josepa Vilurbina, en estado muy avanzado, es
una investigación doctoral centrada en el conocimiento, adquisición y dominio de un tipo
de vocabulario que aparece en una novela de Miguel Delibes.
- Cuando salgan a la luz estas páginas habrá concluido el
trabajo doctoral (Universidad Autónoma de Barcelona) de Montserrat Morera sobre la
comprensión metafórica (metáfora léxica) en la educación secundaria, con la
experimentación y la consiguiente evaluación de un material didáctico.
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