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Mesa redonda
José Luis Rivarola. Pontificia Universidad Católica del Perú |
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Nuestro tema es la compleja situación de contacto de lenguas en la América
española, en
la perspectiva de las principales cuestiones lingüísticas, sociolingüísticas,
glotopolíticas y educativas que afectan al español en dicha situación. Se trata
fundamentalmente de la constante histórica representada por las conflictivas relaciones
del español con las lenguas indígenas, relaciones que siguen constituyendo un reto para
el desarrollo sociocultural de muchas sociedades americanas. Pero se trata también de
otras situaciones de contacto en zonas de frontera, donde se encuentran dos lenguas
ibéricas, el español y el portugués, situaciones que plantean problemas distintos.
Participa en esta mesa un conjunto de especialistas que van a enfocar estos asuntos desde
la perspectiva de sus respectivas regiones. La selección no es casual ni arbitraria:
aparte las calidades personales, ellos representan a regiones en las cuales los problemas
bajo examen son de envergadura, y han tenido y tienen una importante gravitación en el
desarrollo de su vida social y política. Asimismo, esos mismos problemas presentan en
cada una de ellas, más allá del denominador común que tienen las situaciones de
contacto de lenguas, perfiles propios y particulares que nos permiten acceder a ámbitos
distintos de retos y respuestas. Esto quiere decir que si bien no hay nación
hispanoamericana en la cual los problemas derivados del contacto de lenguas no representen
un asunto atendible desde el punto de vista social y político, es evidente que la
dimensión de su carácter problemático es diversa.
En primer lugar, en dirección norte-sur, tenemos el caso de México, principal heredero
del virreinato de Nueva España, con su extenso y diverso territorio compartido por el
español y por aproximadamene cinco decenas de lenguas indígenas pertenecientes a siete
familias, que cuentan con una cantidad de hablantes de más o menos 12 % de la población
total. En segundo lugar, el caso del Perú, representante de gran parte de la región
andina (esp. Ecuador y Bolivia) y heredero del antiguo virreinato del mismo nombre con un
27 % de hablantes de lenguas indígenas, dentro del cual hay un 11 % de hablantes
monolingües mayoritariamente de quechua y minoritariamente de aimara y de lenguas
amazónicas. En tercer lugar, el caso del Paraguay, caso sui generis de
bilingüismo generalizado español-guaraní, que tiene sus raíces en los orígenes mismos
de la sociedad paraguaya. En cuarto lugar, nos confrontaremos con una situación de
contacto español-portugués en la zona fronteriza entre Uruguay y Brasil.
Con respecto a los tres primeros casos, ¿cuál es la matriz histórica de las
mencionadas relaciones conflictivas y sobre qué nos corresponde reflexionar en este
contexto? Permítaseme una muy breve presentación introductoria. La lengua española es
parte constitutiva de la historia americana postcolombina, que se inició y se desarrolló
bajo su signo de idioma colonial, con todo lo que esto implica. Ahora bien, la realidad
lingüística previa era de extrema complejidad, con multitud de lenguas generales y
regionales de diversa extensión, las cuales eran expresión de distintos tipos de cultura
y del diverso grado de desarrollo de las sociedades indígenas. Situaciones de
bilingüismo, de plurilingüismo, de diglosia, de una estratificación lingüística que
reflejaba distintos niveles sociales, caracterizan a la América precolombina. Sobre esta
realidad lingüística muy diversificada, que no alcanzó a expresarse en un medio
gráfico comparable al de la cultura occidental, advino el español, que a partir de la
conquista fue vehículo de un nuevo orden de cosas y expresión de una nueva estructura
social. |

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En algunas zonas se produjo un proceso relativamente rápido de sustitución
lingüística, por causas y bajo circunstancias que no es del caso analizar ahora,
mientras que en otras la castellanización se enfrentó a una fuerte resistencia de las
lenguas autóctonas. La política lingüística colonial osciló en los primeros siglos
entre un propósito castellanizador difícil de realizar y la utilización de las lenguas
indígenas para los fines de la evangelización. A esta segunda opción se debe la
codificación de las lenguas autóctonas, iniciada por los frailes lingüistas en el siglo
XVI. El español se enseñaba fundamentalmente a las élites locales, mientras el
común sólo accedía a esta lengua por simple exposición. De uno u otro modo, fue
surgiendo una clase mediadora bilingüe que adquirió con el tiempo gran importancia
social. La diversidad de los condicionamientos, el diferente proceso de formación de las
clases dirigentes, la diferente actuación de las órdenes religiosas son factores que,
sin lugar a dudas, deben tenerse en cuenta al considerar la peculiariedad de situaciones
regionales. Pero, de modo general, la difusión del español estuvo asociada a situaciones
de diglosia que, con distintos matices, se mantiene hasta hoy.
Las nuevas naciones surgidas de las guerras de la independencia no afrontaron de modo
orgánico en el siglo XIX el problema de la relación entre el español y las
lenguas indígenas; por el contrario, se agravó la situación de dependencia de éstas,
con un sistema educativo que tenía el español como lengua única. Con el surgimiento de
los movimientos indigenistas en este siglo, se fue expresando la conciencia de los
desajustes sociales asociados a los problemas lingüísticos. La educación bilingüe de
los últimos decenios en algunas naciones es una consecuencia mediata de este movimiento
intelectual.
En la actualidad, y en particular en las naciones con mayor componente indígena, va
cobrando fuerza el concepto de una educación bilingüe intercultural, que además de
favorecer la difusión del español garantice la permanencia y el desarrollo de las
lenguas autóctonas, fundamentalmente de las mayores, así como la identidad sociocultural
de sus hablantes. En este contexto de ideas, se entiende que al español le cabe ser
instrumento de un progreso social que no esté asociado a la autonegación
lingüisticocultural y al desarraigo psicosocial de los hablantes de las lenguas
indígenas, sino que signifique integración armónica y democratización de los
fundamentos lingüísticos mismos sobre los que se han constituido las sociedades
americanas.
«Como yo quiera que
sea vos haveis de
hablar en lengua de Toledo, y aun francesa,
si fuere menester, antes que os dexe de açotar.»
PEDRO DE QUIROGA
(1562) |
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