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Mesa redonda
Yolanda Lastra. Universidad
Nacional Autónoma de México |
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Al encarar el problema de la enseñanza del español en contextos bilingües en México,
me referiré a los individuos bilingües en alguna lengua indígena y el español, que
como todos sabemos empezó a introducirse con la conquista española a principios del
siglo XVI.
La lista de lenguas indígenas que se hablan en territorio mexicano es larga e incluye
entre 60 y 100 lenguas, dependiendo de cómo se definan «lengua» y «dialecto»; pero al
primer contacto se hablaban muchas más, que se han ido extinguiendo. La lista de las
extinguidas sería también extensa, pudiéndose afirmar que han sido más de
cien y que
muchas de las existentes pueden llegar a desaparecer si los hablantes no las transmiten a
sus hijos (Garza y Lastra, 1992).
Los antecedentes históricos de la situación lingüística actual se remontan a la época
precortesiana (Heath, 1972; Aguirre Beltrán, 1982). Al primer contacto, los aztecas, que
hablaban náhuatl, formaban la tribu más poderosa de la triple alianza constituida por
ellos, los tepanecas de Tlacopan y los acolhua de Texcoco. Dominaban todo el centro de
México, incluso a muchos grupos que no hablaban náhuatl y que les rendían tributo,
tales como los otomíes, popolocas, chontales y mixtecos. El náhuatl era la lengua
oficial. La administración estaba en manos de hablantes de esta lengua y había
intérpretes en todos los territorios dominados.
Para los conquistadores españoles el catolicismo se identificaba con el castellano. Sin
embargo, al encontrarse frente a la complejidad lingüística de lo que habían de
denominar la Nueva España no les fue fácil imponer su idioma, aunque lo fueron logrando
paulatinamente. No es posible, en tan corto espacio, describir la política lingüística
española, pero en resumen digamos que siempre hubo discrepancias entre la teoría y la
práctica, entre la ley y lo que realmente sucedía, y que además la política en unos
períodos enfatizó más la enseñanza del español y en otros más el uso de las lenguas
indígenas. En todo caso, durante la colonia, se emplearon las lenguas nativas para la
evangelización, y a pesar de que algunos de los reyes, sobre todo Carlos III, insistieron
sobre la conveniencia de la castellanización, ésta no fue muy efectiva ni muy completa.
Además de la preferencia de los misioneros por las lenguas nativas, durante el virreinato
se mantuvo un sistema legal diferente para los indígenas en el que se empleaban sus
lenguas o por lo menos el náhuatl, el maya y algunas de las otras con mayor número de
hablantes. Otro factor muy importante para el mantenimiento de las lenguas fue el que la
gente indígena viviera en comunidades distintas de las de personas procedentes de
España: había pueblos exclusivamente de indios donde los españoles podían ir de
visita pero no residir. En esos siglos la población indígena tuvo muy poca
movilidad geográfica y esto contribuyó a la diversificación lingüística. Por lo
general, hoy en día cada pueblo indígena tiene su propio dialecto, aunque naturalmente
la diversificación es mayor en unos grupos que en otros. El zapoteco es el ejemplo
clásico de la diversidad dialectal.
En el siglo XVII los indígenas constituían el 83 % de la población y a
principios del XIX, en la época de la independencia, el 63 %. Para fines de
siglo este porcentaje ya había bajado al 13 %. Esto se debió al aumento del mestizaje,
ya que se terminó la segregación, y al esfuerzo consciente por parte del gobierno
mexicano de homogeneizar al país. También las guerras contra las fuerzas de Estados
Unidos y Francia contribuyeron a que los soldados indios que hablaban distintas lenguas
aprendieran la lengua oficial para poderse comunicar entre sí y con los hablantes de
español.
La Revolución produjo el mismo efecto. Muchos indígenas se unían a las fuerzas
revolucionarias; dejaban sus pueblos y como consecuencia aprendían el español. Los
gobiernos que siguieron deseaban incorporar a los indígenas a la vida nacional. Durante
muchos años estuvo prohibido el uso de las lenguas indias en las escuelas. El español se
expandió considerablemente entre los años de 1910 a 1930.
En la época del presidente Cárdenas la actitud hacia la cultura y las lenguas indígenas
empezó a cambiar: México es plurilingüe y pluricultural; los indígenas deben aprender
el español, pero pueden conservar sus lenguas y la educación debe ser bilingüe y
bicultural. |

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Lo anterior no es más que una enunciación de principios porque el tipo de educación
que ha prevalecido en realidad es el de enseñar lo mismo tanto en las ciudades como en
las comunidades indígenas. En efecto, desde los años setenta existe una política, a
nivel nacional, de proporcionar textos gratuitos en la primaria y a estos se les llama
«el texto único» porque se utilizan los mismos libros en todas las regiones
geográficas del país para todos los niños de cualquier procedencia étnica o social.
Naturalmente que esta política está basada teóricamente en el deseo de lograr la
igualdad de todos los mexicanos que, si reciben una misma educación, supuestamente tendrán
las mismas oportunidades de avance social. Pero esta política igualitaria crea problemas
para los niños bilingües, que al mismo tiempo son, en su mayoría, hijos de campesinos
pobres: aquellos niños monolingües en lengua indígena, o aún los que son bilingües
hasta cierto punto y que asisten a la escuela sin que se les enseñe primero el español,
escuchan a su maestro, pero sin entenderle.
En época de Cárdenas y del proyecto Tarasco se vio que era fácil alfabetizar en lengua
indígena y que si los niños aprendían a hablar español ya sabiendo
escribir su lengua, el aprendizaje de la escritura en español se les facilitaba. Esto
llevó a la errónea conclusión de que la alfabetización en la propia lengua ayudaba al
aprendizaje del español. Es decir, se saltaba un paso: 1) alfabetización en lengua
indígena; 2) aprendizaje oral del español; 3) aprendizaje escrito del español. De
alguna manera el paso número dos, es decir, el aprendizaje oral del español, se dejó de
lado y los resultados por supuesto fueron desastrosos. En esas épocas se elaboraron
multitud de cartillas en lenguas indígenas, la mayoría de las cuales se quedaron en
bodegas debido a la mala administración, pero de todos modos no hubieran sido muy útiles
puesto que no había materiales de lectura en lengua indígena (Bravo Ahuja, 1977).
La escolarización no ha sido la causa principal del aprendizaje del español aunque por
supuesto si habrá tenido algún efecto. La necesidad de los campesinos sin tierra
suficiente de emigrar a las ciudades en busca de trabajo y el hecho de que muchos padres
conscientemente les hablen a sus hijos en español para que no tengan dificultades en la
escuela son dos factores fundamentales que contribuyen al aprendizaje de la lengua
oficial. Las cifras de los censos nos indican cómo a pesar de que el número de hablantes
de lenguas indígenas ha aumentado, el porcentaje en comparación con la población total
ha disminuido (véase el cuadro 1).
Durante el período presidencial de 1970 a 1976 se preparó un método para la enseñanza
del español a niños indígenas de nivel preescolar, basado en conocimientos de
lingüística (Bravo Ahuja, 1972; Suárez, 1972). Se apoyaba en la lengua indígena como
medio de comunicación, pero se proponía enseñar el español oral y posteriormente
escrito sin alfabetizar en lengua indígena. No se intentó hacer análisis contrastivo
entre cada lengua y el español, pero sí se observó que hay muchas estructuras de las
lenguas que difieren en común con el español, tales como la falta de género. Para la
enseñanza del español se tomaban en cuenta las diferencias gramaticales entre éste y
las lenguas maternas y se presentaba el material en un orden que consideraba la necesidad
de incluir lo más indispensable para un aprendizaje mínimo.
Había unos libros para el maestro y otros para los niños que no tenían textos sino
únicamente dibujos, puesto que se trataba de enseñanza oral. Estos últimos eran muy
apropiados para el medio indígena (no contenían dibujos de casas citadinas, de niñas
rubias o de ositos de peluche).
Cuando el método se empezaba a aplicar a nivel nacional cambió la administración y
dejó de usarse. Durante los años siguientes se trató más bien de elaborar materiales
en lenguas indígenas y se dejó al arbitrio del maestro la enseñanza del español.
Últimamente la educación del país ha dejado de ser centralista y se ha puesto en manos
de cada estado de la República. Sigue existiendo la Dirección General de Educación
Indígena (DGEI), fundada en 1978, pero cada estado tiene su «programa de desarrollo
integral de la educación indígena».
Por otra parte, es evidente, basándonos en una publicación de esta Dirección, de
septiembre de 1990, que en teoría la educación debe ser bilingüe; que, también en
teoría, se reconoce que hay conflicto de lenguas y de culturas, las cuales tienen entre
sí relaciones económicas y sociales desiguales. Que al niño le llegan en la escuela nociones y valores ajenos; que el conjunto de conocimientos que se le imponen se presentan
como válidos y se constituyen como parámetros a partir de los cuales se desprecia la
cultura propia creando así un conflicto de identidad.
Se propone la elaboración de materiales didácticos y de apoyo para el desarrollo
educativo de las lenguas indígenas que se realice en la comunidad misma.
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El autor de esta publicación, cuyo
nombre no aparece en ella, es consciente de que es muy difícil enseñar en lenguas indígenas
cuando el uso de éstas se ha reducido al ámbito de lo familiar. Dice: «Es evidente que
la escuela... se ha visto rebasada en su capacidad para ofrecerles los medios suficientes
para la adquisición funcional de la lengua nacional a partir de su situación
lingüística, y mucho menos ha podido apoyar la conservación y desarrollo de las
diferentes lenguas étnicas, tareas ambas que se encuentran en el centro del debate sobre
la integración nacional» (pag. 34). Continúa diciendo el autor que para enfrentar los
problemas de la diversidad y unificación lingüística no basta con plantear un
bilingüismo en el que hipotéticamente las lenguas indígenas y el castellano puedan
encontrarse en igualdad de condiciones bajo el amparo de la institución escolar, mientras
que la situación económica, política y sociocultural demanden cada vez más el dominio
del español como lengua de comunicación a nivel nacional. «En efecto, pocos indígenas
saben leer y escribir en su lengua, situación que se agrava aún más por el hecho de que
no existe una forma estándar de las lenguas indias» (pág. 39). La estandarización
habrá de posponerse puesto que es más urgente desarrollar el uso escrito de las lenguas
y porque la estandarización no es comprendida por las poblaciones que, debido a la
fragmentación, prefieren el uso de su propio dialecto, y a veces ni saben de la existencia
de otros grupos que hablan la misma lengua pero de manera diferente. Además, para
desarrollar un estándar siempre se ha partido de un modelo escrito. El autor considera
necesarias la elaboración de alfabetos prácticos y sus reglas de uso y la modernización,
que consta de la expansión del léxico y el desarrollo de estilos y forma de discurso
nuevos. Se da cuenta de que las lenguas son orales y no se siente dentro de las
comunidades la necesidad de escribirlas. La escritura es más bien una imposición de una
tecnología que no se desprende de las formas tradicionales de conservación y recreación
de la cultura. El autor en cuestión comprende muy bien la problemática de la educación
indígena y dice que es aconsejable la enseñanza gradual del español en forma oral
cuidando de la expresión verbal funcional en ambas lenguas. Pero sus consejos hasta ahora
quedan en el papel como tantos otros expresados con anterioridad.
Como ya se dijo, la educación está ahora en manos de los estados. Para indicar lo
precario de la situación, voy a tomar como ejemplo el estado de Chihuahua, que tiene
relativamente pocos indígenas, pero que cuenta con 4 grupos étnicos: tarahumaras,
tepehuanos, pimas y guarijíos. Me baso en un folleto (sin fecha de publicación) llamado Programa
para la modernización de la educación indígena (1990-1994) [en Chihuahua] que es
una publicación de la Secretaría de Educación Pública, la Subsecretaría de Educación
Elemental y la Dirección General de Educación Indígena.
«Para el caso de la educación indígena del estado de Chihuahua se elaboraron libros de
texto primero y segundo grado para el grupo tarahumara en dos variantes dialectales, y
para el grupo tepehuano el texto bilingüe de primer grado; sin embargo el esfuerzo
realizado se perdió por problemas en la distribución y reedición de los textos,
situación que obligó a volver al uso del libro de texto único». Dicho libro de texto
es el empleado en todo el país y está por supuesto en español, o sea, que no se utilizó
en ese año, que supongo fue 1990, ningún material para la enseñanza del español como
segunda lengua.
En el folleto de Chihuahua se indica que el número de escuelas es insuficiente; que a los
niños de nivel preescolar no se les atiende; que los planes y programas para los
distintos niveles no corresponden a las necesidades y expectativas de los grupos étnicos
del Estado; que los libros de texto son insuficientes; que el proceso
enseñanza-aprendizaje en lengua materna se ve truncado a partir del segundo grado por
falta de textos para los siguientes grados y en consecuencia se propicia un bilingüismo
deficiente; que hay carencia de material impreso en la lengua materna y de materiales en
español que favorezcan la formación de hábitos de lectura; y por último que hay rezago
en la investigación debido a la falta de recursos técnicos, humanos y financieros.
Los problemas de la educacion indígena en otros estados son por supuesto semejantes a los
del Estado de Chihuahua, y aun mayores, en estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca, donde
tanto el número de lenguas como el tamaño de la población es más elevado.
En resumen, durante la presente administracion y probablemente desde fines de los 70 se ha
dejado a cada maestro la preparación de materiales didácticos para la enseñanza del
español, pero sí se le ha proporcionado el texto único. Esto significa que en la
práctica el maestro lo que hace es tratar de enseñar en español, pero no el
español. Sin embargo, la Dirección General de Educación Indígena descubrió el método
de enseñanza del español preparado en los años 70, del que hablamos anteriormente, y lo
ha puesto en práctica en cinco zonas indígenas en proyectos piloto. Todavía no se lleva
a cabo la evaluación de esta experiencia por lo que no puedo informar si se decidirá
a utilizarlo a nivel nacional, modificarlo, dejar que lo usen los maestros que así lo
deseen o cuál será la política en los años venideros.
En conclusión, podemos decir que durante la colonia se pretendió difundir el castellano,
pero se utilizaron más las lenguas indígenas que en la práctica, tanto para la
evangelización como para el gobierno, pero que de todas maneras la lengua de los
conquistadores se fue expandiendo a costa de las lenguas nativas. Desde la independencia
el uso del español se ha debido más a la necesidad que tienen los hablantes de las
lenguas dominadas de adquirir la lengua dominante que a la enseñanza sistemática de
dicha lengua. |
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Referencias
AGUIRRE BELTRÁN, Gonzalo (1962): Lenguas
vernáculas. Su uso y desuso en la enseñanza: La experiencia de México. México,
D.F. CIESAS, Cuadernos de la Casa Chata.
BRAVO AHUJA, Gloria R. de (coordinadora) (1972): Método audiovisual para la enseñanza
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Educación Pública e Instituto de Investigación e Integración Social del Estado de
Oaxaca.
_____________: (1977) La enseñanza del español a los indígenas mexicanos, México,
El Colegio de México.
DIRECCIÓN GENERAL DE EDUCACIÓN INDÍGENA (1990): Fundamentos para modernización de
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GARZA CUARÓN, Beatriz y Yolanda LASTRA (1992): «Endagered Languages in México». En Endangered
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HEATH, Shirley Brice (1972): Telling Tongues: Linguistic Polícy, in Mexico. New
York, Teachers College, Columbia University. Traducción al español publicada por el
Instituto Nacional Indigenista, México.
SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PÚBLICA, SUBSECRETARÍA DE EDUCACIÓN ELEMENTAL, DIRECCIÓN
GENERAL DE EDUCACIÓN INDÍGENA Y SERVICIOS COORDINADOS DE, EDUCACIÓN PÚBLICA DEL ESTADO
DE CHIHUAHUA (1990): Programa para la modernización de la educación indígena (1990-
1994). Chihuahua. (Sin pie de imprenta).
SUÁREZ, Jorge A. (1972): Introducción. En BRAVO AHUJA (1972), págs. XV-XXXIII. |
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