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Mesa redonda
Adolfo Elizaincín.
Universidad de la República. Uruguay |
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Entiendo mi participación en esta mesa redonda como una presentación de los principales
problemas que, en primer lugar desde el punto de vista socio-histórico-lingüístico y en
segundo lugar desde el punto de vista educativo, caracterizan la zona bilingüe fronteriza
español-portugués en Uruguay. Desde una perspectiva histórica amplia la situación
actual es el resultado de las luchas y conflictos entre España y Portugal a partir de
1492 en relación al reparto de los territorios conquistados. Lo que hoy es Uruguay fue,
durante la época colonial, territorio disputado por portugueses y españoles en una larga
(y a veces cruenta) historia que, en forma institucional, podría fecharse en la
fundación por parte de los portugueses de la ciudad de Colonia del Sacramento en 1680,
seguida por la fundación por parte de España de la ciudad de Montevideo en 1726. Estas
dos fundaciones (fines del XVII, comienzos del XVIII) adquieren, a mi entender, el
valor simbólico de la presencia y del conflicto hispano-lusitano en el territorio.
En consecuencia, y como lo he dicho en otras oportunidades, el perfil histórico (por
ende, actual) del Uruguay surge del equilibrio, de las tensiones, establecidas entre esos
dos polos colonizadores: el lusitano que actúa desde el NE y el hispánico desde el SW.
Si a esta situación se suma la poca o nula influencia que, por lo menos en el campo de la
lengua, han dejado las poblaciones indígenas autóctonas (exterminadas en la primera
mitad del siglo pasado) queda claro que la peculiaridad uruguaya en el ámbito de la
lengua sólo podrá encontrarse en esta complementación de lo hispano con lo lusitano.
Esta complementación, en realidad, siempre existió de manera natural y muy fluida: fue
siempre positiva y pacífica. Al no existir fronteras rígidas, la población de la zona
NE, en su mayoría originalmente portuguesa, comenzó un proceso de mezcla biológica y de
interrelación cultural que a la larga desembocó en el estado actual de la zona, donde
una de las variedades a disposición de la población es, precisamente, el portugués
regional (con fuerte influencia y notorias intereferencias del español de la zona).
Natural como todo proceso de contacto, la situación no puede llevar a nadie al asombro;
quiero decir que lo que sucedió es lo que normalmente sucede en situaciones semejantes de
contacto de lenguas y culturas. Lo extraño, en rigor, hubiera sido que no sucediera lo
que sucedió, que no se hubiera dado esa conmixtión pacífica de las dos circunstancias
culturales.
Sin embargo, el naciente estado nacional uruguayo de mediados y fines del siglo
XIX no
pudo aceptar ni comprender esta situación y en aras de una unidad necesaria para la
consolidación del país como tal se embarcó en la peligrosa aventura de combatir el
portugués, mediante una serie de medidas de toda índole, desde las demográficas
(fundación de núcleos urbanos sobre la misma línea de frontera) y políticas
(centralización cada vez más aguzada de los niveles de decisión en la ciudad capital,
Montevideo), hasta las educativas (establecimiento de una red de escuelas rurales, uno de
cuyos objetivos educativos más importantes fue el de hacer retroceder el portugués).
Así planteadas las cosas, el conflicto fue inminente. El portugués, considerado
oficialmente como la lengua enemiga (en realidad, varios y dolorosos episodios de la
historia uruguaya daban razón a que se le asignara ese rol) fue progresivamente
arrinconado, desprestigiado, considerado como lengua indigna que sólo podía tolerarse en
el ámbito privado del hogar y de la intimidad. La escuela tenía un deber supremo:
hispanizar. Eso era absolutamente necesario ya que privaba la idea de que un
Estado no
era sólo un territorio, sino también (entre otras cosas), una lengua común. En
definitiva, una ideología unificante y homogeneizadora.
Sobre esta base (ya que la política antes aludida antes que homogeneizar más bien
acentuó las diferencias) se construye el bilingüismo de la zona en la que coexiste una
lengua prestigiosa, el español, y una desprestigiada, las variedades del portugués.
Con relación a los habitantes de la zona, es necesario también hacer algunas
precisiones. En primer lugar, es menester atender a una dicotomía rural/urbano de
incidencia decisiva en la conformación de la situación. Las zonas rurales (y las más
aisladas con mayor intensidad) presentan un portugués con poca interferencia del
español; las zonas urbanas, por el contrario, presentan al portugués como una de las
variedades disponibles del repertorio de los hablantes. |
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En segundo lugar, debe atenderse también al nivel educativo (por ende, en general,
socioeconómico): a mayor escolarización, mayor dominio del español. Por último, la
edad cumple un papel fundamental: las personas mayores de 60 años, a diferencia de las
generaciones más jóvenes, suelen presentar un manejo escaso o nulo del español. No por
último debe considerarse también el tipo y la densidad de las redes sociales. Un mayor
contacto con ámbitos institucionales en los que se maneja sólo el español favorece,
desde luego, el mantenimiento de esta lengua.
Corresponde ahora precisar que las variedades del portugués hablado en Uruguay se
relacionan con (provienen de) el portugués popular de Rio Grande do Sul. El portugués
uruguayo, confinado, como única lengua, a ciertos sectores de la población, es, por esta
razón, una lengua que se manifiesta en la oralidad. Al no existir ningún tipo de
educación que la tome como base o vehículo, al no poseer (en general) sus usuarios la
posibilidad de lectura en portugués, se establece una realidad que no sabe de presiones
de la lengua escrita que, como se sabe, es ejercida fundamentalmente por el sistema
escolar. Desde luego, tampoco tienen posibilidad estas variedades orales de acercarse y/o
asimilarse con las variedades estándar del portugués, más cercanas al portugués
escrito. Dada esta situación, las variedades del portugués uruguayo evolucionan, cambian
y varían por su propia dinámica y por el contacto (en algunos casos) con el español.
El español de la zona puede ubicarse, con algunas variantes, en el rioplatense general,
con algunos rasgos arcaicos más notorios que en las variedades urbanas del sur y con una
presencia no tan acentuada (siempre con respecto al sur) de algunos cambios recientes como
el ensordecimiento de // en //.
El contacto de dos lenguas, genética y estructuralmente tan semejantes, tiene como
contrapartida una confusión grande en los habitantes de la zona en contacto, confusión
que, mutatis mutandis, es también característica de la politíca de enseñanza del
español en esas regiones. Como dije antes, los esfuerzos de la administración de la
educación en el siglo XIX fue la de hispanizar, homogeneizar. Dicha política (aun
cuando manifestada a través de discursos diferentes) no ha sido modificada a lo largo del
siglo que está culminando, aun cuando desde diversos ámbitos fueron surgiendo voces que
alertaron sobre la difícil situación que, en materia de pedagogía lingüística, se le
presentaba al educando de la zona.
La primera voz fue la de la Universidad, quien comenzó a estudiar el problema desde un
punto de vista estrictamente lingüístico, luego de tipo sociolingüístico, para
desembocar en consideraciones de tipo educativo. Dichas reflexiones y recomendaciones
fueron en parte influidas por el auge de los programas de educación bilingüe que,
motivados en el famoso informe de la UNESCO de 1951 sobre el uso de las lenguas
vernáculas en la educación, tuvo su auge en la década de los 60. De esta manera, la
Universidad, en algún momento de acuerdo con algún jerarca de la administración
primaria, propuso la aplicación de un plan piloto de enseñanza bilingüe en la frontera.
Lamentablemente dicha iniciativa fue abortada por el Parlamento, donde el problema se
politizó (en el mal sentido de la palabra) al confundirse el sentido de la propuesta
inicial con un asunto de soberanía.
Como se sabe, la forma de enseñar una lengua (y hasta qué lengua se enseña) es un
asunto de planificación educativa. A este respecto puede decirse que el estado no ha
tenido ninguna inquietud que demuestre algún tipo de sensibilidad hacia las situaciones
diferentes de los educandos de esa zona, ya que, obviamente, las condiciones en ese
ámbito no son las mismas que caracterizan a otras zonas del país, monolingüe español.
Ni en los planes de estudio de la lengua española de primaria, ni en los de secundaria,
hay la menor referencia a un tratamiento diferencial de los estudiantes, y, en
consecuencia, de aplicación de una didáctica de la lengua acorde con ese estado de
cosas.
En los últimos dos años, sin embargo, al haberse embarcado el país en un proyecto de
integración regional con Argentina, Brasil y Paraguay (integración concebida
originalmente para asuntos económicos y comerciales), ha surgido la idea, en el ámbito
educativo primario y secundario, de implantar la enseñanza del portugués como segunda
lengua. Por el momento, esto no pasa de ser un deseo expresado muchas veces por razones
protocolares (Brasil implantó ya hace algún tiempo la enseñanza del español en las
escuelas de las zonas fronterizas) ya que, según la información que ha trascendido,
tampoco se sabe muy bien cómo implantar esa enseñanza para la cual el país no está
preparado. De todos modos, con o sin enseñanza del portugués como materia curricular,
pienso que la enseñanza del español en esta zona no debería ser del mismo tipo que la
que se aplica en otras zonas. En principio, debería comenzarse por una formación
especial de los propios docentes que fueran a trabajar en la zona a través de un programa
que tendiera a ponerlos en conocimiento de las características demográficas, históricas
y lingüísticas de la controvertida zona. Esa inmersión en la realidad de la región
debería incluir la enseñanza del portugués con nociones claras y seguras sobre las
diferenciaciones regionales y sociales del mismo. Sin este tipo de conocimientos, que
aportan la dialectología y la sociolingüística actuales del portugués y español, no
es posible llegar a una comprensión del fenómeno del bilingüismo y del contacto. Por
otro lado, habría que ensayar métodos de enseñanza del español donde los enfoques
contrastivos estén siempre presentes, minimizando aquellas zonas de la gramática de
ambas lenguas donde las reglas son similares y enfatizando aquellas otras zonas donde bajo
apariencias superficiales similares se esconden diferencias importantes de significación
o de construcción de sentidos. De esta manera, y aunque más no fuere parcialmente, la
enseñanza del español se beneficiaría en gran medida ya que la incesante fuente de
confusión que se da entre ambas lenguas podría desaparecer.
En resumen, la posición que sostenemos es la de defender el español, propendiendo a un
dominio efectivo del mismo en sus variedades cultas regionales pero sin que ello
signifique ir en detrimento o represión de las variedades portuguesas que viven en la
zona. No se me escapa que, de alguna manera, debería pasar por una coordinación de las
diferentes agencias que se sienten involucradas o comprometidas en el proceso, a saber, la
Universidad, el Ministerio de Educación, etc.
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