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Los proyectos
transfrontera: el nuevo lenguaje de la comunicación
en América Latina
Fernando Reyes Matta. Universidad Nacional Andrés Bello. Chile
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La década de los 90 trajo a los latinoamericanos un nuevo tiempo político y, económico.
Y en consecuencia, los lenguajes cambiaron. Ya nadie grita la palabra libertad para luego
salir corriendo. Se habla de derechos, de modernidad, de democracia, de institucionalidad,
de mediación de ciudadanía.
Y si un sistema se remece hasta las raíces como acaba de suceder en Brasil
ello se hace en transmisión directa por radio y televisión, con las opiniones de todo el
mundo, mientras el proceso sigue por las vías constitucionales.
Si en lo político se recuperó la democracia como sistema de gobierno, en lo económico,
predomina la economía de libre mercado, con un papel subsidiario del Estado y, un
protagonismo principal de las empresas privadas.
Ninguna de estas metas está lograda plenamente. Haití, Perú, el intento de golpe en
Venezuela son indicaciones de la fragilidad de la democracia en ciertos países. Muchos se
preguntan qué va a pasar en Cuba. La pobreza en el continente afecta a 180 millones de
habitantes en una población total de 420 millones. Pero, en términos de
«megatendencias», democracia y economía abierta constituyen el proyecto impulsado por
los gobernantes y grupos de decisión de América Latina.
Este marco es determinante para entender la evolución del periodismo y la industria
comunicacional en América Latina. Tanto el carácter de su mediación, como el tipo de
gestión empresarial y los formatos de producción informativa están cambiando a partir
de esa transición regional. Por lo menos, pueden marcarse tres efectos esenciales:
a) Fin de la influencia o circulación de
aquellos medios que se jugaron por los derechos humanos, la caída de los gobiernos
militares y el retorno a la democracia (Diarios: Fortín, en Chile;
La Hora, en
Uruguay; Radio Ñandutí, en Paraguay).
b) Privatización de medios estatales o ampliación de la autonomía en los medios
públicos (Diario: La Nación, en Chile; Televisión: ATC Color, en Argentina;
IMEVISION, en México).
c) Desarrollo de nuevos medios, autoproclamados como
«modernos», con fuertes vinculaciones internacionales y redes propias
de corresponsales (Radio Caracol, Colombia; diarios: Folha de São Paulo, en Brasil;
Página 12, en Argentina; La Prensa,
en Colombia).
Con este marco de situaciones, se ha producido el fenómeno más, importante en la
industria comunicacional de América Latina en el último tiempo: la
«transfronterización».
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Difusión transfronteras
Con este concepto hacemos el registro de una serie de experiencias nuevas por las cuales
América Latina en su conjunto, o alguna de sus subregiones, están produciendo y
consumiendo programas, reportajes, telenovelas y transmisiones especiales que se sostienen
en un dato esencial: una lengua común en el caso de los países hispano
hablantes y una sensibilidad cultural compartida, por la cual Brasil despliega sus
productos culturales por el resto del continente.
La transfronterización se sostiene en dos hechos claves de comienzos de esta década: la
fuerte expansión de la Transmisión Directa Vía Satélite (DBS, en inglés) y el gran
desarrollo del mercado de cable, tanto legal como ilegal.
Es gracias a la inauguración de las transmisiones de Televisión Española Internacional,
a fines de 1988, hacia América Latina, de ECO (o GALA) desde Televisa, México, casi en
igual fecha, más la distribución a países vecinos de TV Nacional de Chile, de Globo y
Bandeirante, de Brasil; de Televen, de Venezuela, que este proceso de cruce de fronteras y
simultaneidad ha transformado los consumos de imagen en América Latina, con efectos
múltiples en los medios de la región, tanto en el campo electrónico como escrito.
El lanzamiento del satélite Panamsat 1 abrió nuevas posibilidades de «transponder». A
ello se han agregado satélites nacionales de gran poder, como el Brasilsat 1. Ellos se
han unido a la nueva generación de Inselsat, siempre con fuerte influencia en América
Latina. Así y todo, «existe una lista de espera para obtener transponders y
emitir programas por tierras latinoamericanas» (1).
Las barreras tradicionales están siendo eliminadas en América Latina con la expansión
del DBS en inglés, español y portugués. HBO, TNT, ESPN han logrado entrar en acuerdos
con las grandes cadenas de Azcárraga, en México, y Cisneros, en Venezuela, «quienes a
su vez están expandiendo sus empresas más allá de su área nacional» señaló Variety,
en su «Global Report» sobre América Latina.
El más importante crecimiento de los sistemas de cable se ha producido en Argentina, con
un estimado de 1 000 sistemas en operación, la mitad aún ilegales. La mayoría aún
tiene ofertas de cinco a diez canales. Algunos de los nuevos canales privados UHF, como
Canal 11-Telefé, han creado sus propias empresas de cable para el interior de Argentina,
donde se estima que 850 000 hogares están recibiendo programación por cable.
En 1992 se crearon dos empresas en Santiago de Chile, que reactivaron la lenta marcha de
Intercom, un sistema de cable ligado al diario El Mercurio, que venía instalándose
en uno o dos barrios de altos ingresos de Santiago. Metropol y Tevemax, transmitiendo
señal codificada por aire a US$ 15 por mes, cambiaron las posibilidades de consumo en la
capital chilena.
Lo mismo pasa en Perú, Paraguay, Colombia y Brasil. La mayor cadena de televisión de
Brasil, Globo (ganancias de US$ 800 en 1991, con el 60 % del mercado publicitario
de Brasil) se lanzó al mercado del cable con la empresa Globosat. Con el lanzamiento del
satélite Brasilsat 2, en noviembre próximo esperan llegar a 250 000 suscriptores.
Hoy sólo tienen 2 000 en São Paulo y 5 000 en Rio de Janeiro (2).
La mayor presencia de producción informativa transfrontera puso al periodismo frente a la
gran disyuntiva que le marcará en su desarrollo de los años 90; la interrelación entre
un proceso expansivo de cultura global con las manifestaciones propias de una cultura
local.
Según un estudio preparado en 1989 por un experto venezolano, en América Latina y el
Caribe existían en ese año 516 estaciones de TV (VHF Y UHF), excluyendo los servicios de
televisión por cable. México y Brasil, con el 54 % de la población
latinoamericana poseen también el 54 % de las emisoras de TV, se dijo
allí (3).
La situación descrita en ese estudio registró importantes cambios al iniciarse la
década de los 90. En Chile llegó la televisión privada en 1990 (hasta esa fecha
existía una singular estructura de estaciones universitarias y una corporación pública,
con publicidad comercial), y se inauguraron dos cadenas importantes en VHF, con impacto
nacional. En Argentina, además de la privatización de la mayoría de los canales
estatales, se crearon nuevos canales privados. A ello se agrega una política de
autorización de estaciones de UHF y de SHF, que han incrementado la oferta audiovisual,
especialmente en las grandes capitales.
Hace poco la cadena mexicana (Televisa) se fue a meter en el corazón de la otra gran
cadena (Globo). Así lo consignó un cable de la agencia española EFE del 25 de enero
pasado:
«Televisa, la principal productora de
televisión mexicana y una de las mayores del mundo, está montando una sede en São
Paulo (Brasil) para realizar miniseries y telenovelas en portugués,
según informa el diario Folha, de São Paulo.
Televisa tiene la intención de realizar producciones en portugués, con técnicos y
artistas brasileños, para venderlas a los canales privados de Brasil y a otros del
exterior, reveló al diario Augusto Marzagao, asesor de la presidencia de la productora
mexicana.
El montaje de la sucursal brasileña estará concluido en el mes de junio de este año,
cuando se iniciará la producción. El año pasado, Televisa también creó productoras
paralelas en Chile y Argentina debido a que tiene como objetivo latinoamericanizar al
máximo su producción.
Televisa es actualmente un conglomerado empresarial que agrupa a 169 productoras de
televisión, diez emisoras de radio y la mayor empresa editorial de México. La crisis
económica que enfrenta desde hace cinco años, sin embargo, ha obligado a la importante
productora a conquistar mayores mercados en el exterior».
El 20 de abril de 1992 comenzó «Cadena de las
Américas», un proyecto conjunto de 20 países encabezado por Televisa de México, para
producir 704 horas de programas, en el marco de los 500 años. La experiencia, sin
embargo, ha abierto el interés para seguir más allá de este plan. |
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Prensa y publicidad
Por otra parte, desde el 5 de abril inició sus tareas el «Grupo de Diarios de
América», integrado por La Nación (Argentina), El Mercurio (Chile),
El
Tiempo (Colombia), El Comercio (Ecuador), a los cuales se
han agregado otros periódicos recientemente. El acuerdo del grupo establece la
publicación simultánea de un reportaje hecho por alguno de los miembros del acuerdo. A
la vez están promoviendo un mercado común publicitario. Al momento de iniciar sus
trabajos, los cinco diarios sumaban un total de 860 000 ejemplares, según cifras del
«Anuario Iberoamericano 1991».
Otros proyectos de este carácter comienzan a ser alentados por los procesos de
integración en marcha. El Mercosur, conformado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay
ha creado más allá de las posibilidades reales de eliminar sus barreras en corto
plazo una identidad. En esa nueva pertenencia se inscriben acciones ligadas a lo
político, a lo estratégico-militar, lo económico, lo cultural y lo periodístico.
Desde 1991 se publica la revista informativa mensual «Mercosur» (con producción
simultánea en Río de Janeiro y Montevideo). En un seminario de expertos en comunicación
realizado en noviembre de 1991, se definió una agenda de posibilidades en los campos de
la publicidad, la programación televisiva y la producción de noticias para el
«Mercosur».
A todo este proceso no son ajenas las Agencias de Publicidad. McCannErickson Worldwide, la
agencia de mayor presencia en América Latina (facturó US$ 565 mil millones en 1991, con
ganancias brutas de US$ 84.800 millones) realizó una reunión en junio de este año, para
diseñar las estrategias de manejo de cuentas transfronteras.
«Desde ahora estamos pensando en las estrategias latinoamericanas, para un continente que
regionaliza sus economías. Tendremos una oficina en São Paulo a cargo
del Mercosur,
Ciudad de México atenderá ese país y Centro América, Caracas dirigirá el 'Pacto
Andino', y estamos pensando en abrir otra oficina en Santiago para otros acuerdos
regionales» señaló Jens Olesen, vicepresidente ejecutivo de McCann y director regional
para América Latina y el Caribe (4).
Los ejecutivos de publicidad ven un incremento en los avisos que son exhibidos en dos o
más países. A las experiencias ya clásicas de Coca-Cola y Pepsi-Cola se han agregado
otras campañas. Un aviso del desodorante Axe de Unislever, hecho en Argentina, se
presenta en Colombia y México, mientras un aviso de Exxon, producido por J. Walter
Thompson Argentina, se difunde en Chile.
«La compra y venta pan-geográfica se está moviendo en la dirección correcta, pero un
poco lento para lo que las agencias quisieran» dijo Les Margulis, Vicepresidente de
Medios de BBDO (5).
Dimensiones del mercado
En la América Latina hispano hablante existen 854 periódicos, según cifras de 1991, de
los cuales en México se editan 312 y en Argentina 227. Si a ellos agregamos los 313 de
Brasil, los 118 de España y los 25 de Portugal, el total de periódicos que se editan en
el mundo iberoamericano llega a 1310.
Sin embargo, estas cifras entran en otro estadio de comparación cuando cruzamos el
número de periódicos con los tirajes que ellos alcanzan.
España, con 118 periódicos, tiene una difusión total en ejemplares por día de 3 573
000. Por su parte, Argentina, con 227 periódicos, sólo llega a 2 748 400 ejemplares.
Dentro de América Latina hay diferencias significativas, ligadas también al consumo de
periódicos y a la influencia mayor o menor de la lengua escrita en importantes sectores
de la sociedad. En Bolivia se registra la edición de 19 diarios con una circulación
total de 340 000 ejemplares. A su vez, Ecuador sólo con 16 diarios alcanza un tiraje de
637 000.
Al hacer el estudio del número de periódicos por cada 1000 habitantes, encontramos
también diversas conductas de consumo. En Uruguay se llega a 171 diarios por cada 1000
habitantes, mientras, en Chile y México la cifra alcanza los 120. En otro extremo, no
obstante la alta cifra de edición, Colombia tiene 45,1 por cada 1000 habitantes y Perú
42,3.
Aunque los medios impresos llegan a porciones muy limitadas de la población, su peso
simbólico y referencial es muy alto. La llamada «gran prensa» de la región se sustenta
en una larga experiencia, ligada a la consolidación de la independencia a mitad del siglo
pasado y a los procesos de modernización política e industrial registrados en América
Latina en las dos primeras décadas de este siglo. Una lista de algunos de esos periódicos y
sus fechas de fundación orienta al respecto.
Pero el mayor
proceso de crecimiento en el consumo lo aportan los medios electrónicos. Es allí donde
se ha expandido la «transfronterización» con mayor fuerza, teniendo la pantalla del
televisor como terminal de una diversidad de productos industriales: local TV, televisión
vía satélite, vídeo casete, cable, pay-per-view, etc.
En el total de países iberoamericanos (sin contar España y Portugal) existen 600 900 000
televisores, a cifras de 1991. De estos las mayores cantidades en números absolutos se
encuentran en:
Argentina: 6 750
000 tvs
Brasil: 24 942 000 tvs
Colombia: 3 250 000 tvs
Chile: 5 100 000 tvs
México: 9 490 000 tvs
(Fuente: Anuario Hispano, 1991)
Pero si se hace un
análisis de televisores por cada 1 000 habitantes, aparece una muestra diversificada del
impacto del medio y su incidencia social.
Argentina: 337
tv-set cada 1 000 habitantes
Brasil: 178 tv-set cada 1 000 habitantes
Colombia: 98 tv-set cada 1 000 habitantes
Chile: 370 tv-set cada 1 000 habitantes
México: 120 tv-set cada 1 000 habitantes
La radio, con su
gran flexibilidad y capacidad de crear estrecha relación con las audiencias por la vía
de la información inmediata, la conversación, la música y los servicios sigue siendo un
medio de alta influencia en la región.
Los programas noticiosos con enlaces directos con todo el mundo, especialmente en la
mañana, configuran un referente tanto o más importante que la televisión. La
participación directa de políticos y autoridades en los programas informativos de la
mañana de Buenos Aires, Santiago o Bogotá conforman un modelo singular de actividad
periodística.
Los aparatos de radio llegan a un total de 140 000 000 en el universo de países
iberoamericanos. Las cifras totales
más altas se concentran en estos países. |
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Medios para
una nueva etapa
Todo lo antes dicho señala que, a los factores dramáticos de los 80, la década actual
trajo la otra cara en el desarrollo del periodismo: el desafío de la modernidad. Ello
significa, esencialmente, entender la nueva agenda y sus repercusiones en la realidad del
continente.
Hoy, con el término de la Guerra Fría, el afianzamiento democrático, la crisis y la
renovación en las izquierdas, más la reformulación de las estrategias económicas en
las cuales se deja atrás el Estado productor y la economía protegida, comienza a emerger
un proyecto de grandes empresas comunicacionales independientes.
A la vez, los medios tradicionales (como El Mercurio, en Chile;
El Nacional, en
Venezuela; o El Tiempo, en Colombia) ponen toda su estructura en revisión, para
dirigirse a segmentos diversos de público y redoblar su misión interpretativa. En los
dos últimos años estos y otros periódicos de la «gran prensa» regional han
incorporado la producción de, a lo menos, una revista por día. Los temas dominantes:
mujer, juventud, ecología, informática, economía y negocios, turismo.
En otros casos (como Hoy, en Ecuador, o Folha de São Paulo,
en Brasil) se postula
una fórmula de modernidad periodística con expresión de algo singular:
«Lo que queremos hacer es una mezcla del US Today, con el New York Times',
más algo de El País, de España», describió el edítor internacional del
diario brasileño al consultársele sobre sus planes de trabajo (6).
La traducción de esa descripción es el afán de hacer periódicos donde estén
presentes: brevedad+ imagen + análisis + docunientación + intelectualidad.
En ese marco la primera página ya no es portadora sólo de los titulares principales de
un periódico. También es el inicio de un reportaje central interpretativo sobre algún
tema de los campos señalados. Así lo demuestran El Mercurio, de Chile; o
El
Espectador, de Colombia, para indicar algunos ejemplos.
Si las clásicas preguntas del periodismo siguen siendo el referente profesional
ineludible, en los diarios «modernos» emerge una fórmula que pretende equilibrar tres
campos: Dato + Relato + Contexto. |
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Dato, relato y contexto
No siempre estos tres campos fueron considerados en igualdad de condiciones para la
construcción de un relato periodístico adecuado en los medios de la región. Claramente,
se privilegió el ámbito del «Relato».
Hoy se constata que la entrega de los «datos» puede asumir expresiones gráficas y
formas de lenguaje que le son propias, al margen del texto. A su vez, el «contexto» lo
explicitan columnas de especialistas, documentos con historia o juegos de presentación,
por ejemplo, en preguntas y respuestas.
Es el tiempo de la «cita textual», del «documento exclusivo» (aportes de la fotocopia
y el fax); de la presentación audaz de las «cifras y los datos». Esto reclama un
periodista que sepa construir y buscar esos recursos. Además de saber preguntar, debe
saber imaginar fuentes nuevas y manejarse con el instrumental informativo de las bases de
datos y la información procesada.
Si la capacidad de indagar, preguntar, comparar datos, analizar a fondo se perdió durante
los años de gobiernos militares, también hay que decir que con la democracia el péndulo
se fue, en muchos casos, hacia el otro extremo, con mayor preocupación por el
«espectáculo de romper normas» que por la seriedad del producto periodístico.
Las autoridades de gobierno no siempre están cómodas con los resultados de ese
periodismo acusioso. Jacobo Timmerman y Horacio Verbitsky son dos periodistas argentinos
que han debido soportar varias citas obligadas ante los tribunales, por el hecho de
investigar a fondo y ser sólidos en sus reportajes sobre corrupción y malos manejos
gubernamentales.
Cambios en la noticia internacional
Otro de los fenómenos significativos en las nuevas condiciones del periodismo en América
Latina se refleja en el cambio registrado en la influencia de las agencias internacionales
de noticias.
Los estudios de hace veinte años demostraban un dominio de casi el 80 % de las
agencias AP y UPI en el total de la información publicada por los diarios de América
Latina.
En un estudio realizado en 1990 sobre una muestra de 33 diarios de capitales y
ciudades importantes, con un amplio arco ideológico, y tornando un período de dos
semanas distribuidas en cuatro cortes en el año, se constató una creciente
influencia de las agencias europeas, especialmente de la española EFE, en la circulación
de los países latinoamericanos entre sí (7).
A partir de los cambios políticos en España, con su democratización e incorporación a
la Comunidad Europea, la Agencia EFE ha crecido en credibilidad y presencia dentro de los
medios impresos y audiovisuales de América Latina. También hay una cercanía de lenguaje
y sensibilidad cultural.
En el total de 742 820,2 cm²
fichados (correspondientes a 7 295 notas publicadas) el primer lugar lo ocupa AP con 131
591,2 cm² y el 17,7 % del total, mientras EFE se ubica en segundo lugar con 126
895,2 cm² 17,1 % atribuidos. Aquí se aprecia cómo la distancia de superficie
publicada entre AP y EFE es muy cercana. Luego, las otras agencias se ubican cuatro cifras
más abajo en la escala porcentual.
A partir de los datos generales recogidos en 1990, se hizo un estudio más concentrado,
tomando en cuenta una muestra de 15 diarios generalmente considerados de alta referencia o
influyentes en sus respectivos países.
Son periódicos formadores de opinión pública nacional y regional, de larga tradición
en su país y en América Latina, con diversidad de agencias internacionales, y amplio
espacio dedicado a la información exterior. De ello derivó este cuadro.Lista de periódicos (más el Diario de las Américas (Miami, EE.
UU.), de : consumo hispano:
La Nación (Argentina)
Excelsior (México)
Presencia (Bolivia)
La Estrella (Panamá)
El Tiempo (Colombia)
ABC Color (Paraguay)
La Nación (Costa Rica)
El Comercio (Perú)
El Mercurio (Chile)
Listín Diario (R. Dominicana)
El Comercio (Ecuador)
El País (Uruguay)
La Prensa (Honduras)
El Universal (Venezuela)
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Nuevos desafíos, nuevos
recursos
Con periódicos que deben responder mucho más al «por qué» de los hechos, mientras la
televisión se despliega en un espectáculo constante sobre el «qué» de la actualidad,
el periodismo latinoamericano se ve enfrentado a buscar nuevos métodos de formación y
capacitación. El cambio tecnológico es mucho más que «tirar la máquina de escribir
por la ventana», se dijo en un Seminario sobre «Nuevas tecnologías y Periodismo»
organizado por el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, ILET, en 1989.
Hoy aparecen desafíos objetivos:
Saber buscar los datos
para «vestir» la noticia, sea en los bancos de noticias del Norte o del Sur, en bases
propias o ajenas.
Recuperar la capacidad de indagación, relación y análisis de la
actualidad, perdida entre las limitaciones impuestas por la censura militar y un sisterna
productivo de competitividad superficial.
Expandir las fuentes de la noticia, segmentando los «sectores de la actualidad»,
y los actores y bases de información que los respaldan.
Descubrir el enorme potencial informativo de las «redes ciudadanas» (en especial
ligadas a las ONG) construidas vía computadores en torno a grandes temas de interés
global (ejemplos, la ecología, la vida urbana, el armamentismo, la salud) y su acción
por encima de las fronteras.
Construir la relación entre «élites políticas» y ciudadanía, cada vez más distante
como consecuencia de la «video-política» en que han caído los dirigentes durante la
democracia.
Las Escuelas de Comunicación y,
Periodismo de la región están profundamente preocupadas de cuál es la formación que
deben dar para esta etapa. En septiembre de 1991, al cumplir diez años de existencia, el
presidente de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación (FELAFACS),
señalaba: «Es necesario seguir investigando. Insisto: investigar, en el campo de la
formación profesional. Es necesario revestirnos de imaginación y creatividad suficiente
para explorar otros campos, otros espacios, otras metodologías, otras salidas
profesionales y no contentarnos sencillamente con lo que tenemos».
En 1950 existían 13 facultades donde se impartían estudios de Comunicación Social y,
Periodismo en América Latina. En 1990 la cifra llegaba a 227. Dos años después estaba
cercana a las 250.
¿Hacia dónde va toda esa gente? Existe una atracción fascinante en los jóvenes por las
diversas formas de la comunicación social. Confiésenlo o no, en la gran mayoría de
ellos está el sueño de ser un «Peter Arnet en Bagdad» o un hombre ancla en el
principal noticiario del país.
El peligro está en que tal fascinación deje irse por entre los dedos la realidad de una
América Latina cada vez más latina en un mundo cada vez más global. Y a la vez no
llegar a entender que los latinoamericanos sólo tendrán «una nueva oportunidad sobre la
tierra», como dijo García Márquez al recibir su premio, si se hacen parte del mundo y
de una modernidad donde se construyan los equilibrios de la libertad con la igualdad. |
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Notas:
- Variety (23 de marzo de 1992), Nueva York, Estados
Unidos, «GIobal Report: The Latin Americas».
- Variety, op. cit.
- ALFONZO, A. (1990), Televisión de servicio público y
televisión lucrativa en América Latina, Caracas; Ministerio de Cultura de Venezuela.
- Advertising Age (27 de abril de 1992), Nueva York,
Estados Unidos, «Shops see uinity of Latin América».
- Advertising Age, op.
- Entrevista personal con el autor.
- REYES MATTA, F. (1992), Las Agencias lnternacionales de
Noticias en la prensa latinoamericana. Documento de Trabajo, núm. 3, Universidad
Nacional Andrés Bello.
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