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LA EDICIÓN EN LENGUA ESPAÑOLA

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La edición en lengua española: aproximación socioeconómica
Daniel E. Jones. Centre dInvestigació de la Comunicació.
Generalitat de Cataluña. Universidad Autónoma de Barcelona


Introducción

Referirse, sin más matizaciones, a «la edición en lengua española» puede acarrear algunos equívocos, ya que ésta incluye tanto la edición de libros, cuanto la edición de prensa, fonogramas o bien cualquier otro tipo de soportes que utilicen la lengua como vehículo de expresión. A pesar de ello, convendrá referirse aquí sólo a la edición de libros y folletos, es decir a la industria editorial, una de las ramas más antiguas e importantes del abanico de industrias culturales contemporáneas.

Asimismo, habría que precisar que la edición en lengua española se refiere a cualquier monografía —libro, folleto, tesis, informe— editada en este idioma. Por ello, se utilizará aquí un criterio lingüístico y no geográfico, aunque a veces sea bastante difícil separar uno de otro; sobre todo en un idioma, como el español, que se encuentra preferentemente asentado en unos territorios específicos: España e Hispanoamérica. Pero, no sólo en este espacio geográfico ni de manera exclusiva. Convive con otras lenguas ibéricas, en España, y con otras lenguas amerindias, al otro lado del Atlántico. También, es de uso oficial en Guinea Ecuatorial y en diversas regiones de Estados Unidos y, como segundo o tercer idioma, es utilizado por miles —acaso millones— de hablantes en diferentes áreas del mundo.

Esta aclaración es importante cuando se hace referencia a la edición en lengua española, porque, en efecto, comprende los libros publicados en España y en Hispanoamérica. Pero no hay que olvidar que en estos países —sobre todo en España— también se editan miles de títulos al año en otras lenguas diferentes del castellano, y en otros Estados —preferentemente europeos— se publican asimismo obras en este idioma.

En esta comunicación, por tanto, se hará un repaso de carácter general al estado actual de la edición de libros y folletos en lengua española en todo el mundo, tratando de tener una visión lo menos hispanocéntrica posible. Se adoptará un punto de vista esencialmente sociológico y económico, y se analizarán las características básicas de los mercados —población, nivel de renta y tasas de analfabetismo—, la relación con otras lenguas y regiones —grandes del exterior y pequeñas del interior—, los mercados nacionales —concentración territorial y económica—, y los flujos de mercancías y de capitales —comercio internacional del libro—, para poder prever cuáles pueden ser las tendencias de futuro. No se entrará, entonces, en cuestiones intrínsecas de la lengua como tal ni se abordarán perspectivas de carácter estético, histórico o de contenido.

Para poder realizar esta aproximación socioeconómica se ha debido recurrir necesariamente a los datos estadísticos suministrados por la UNESCO y por otros organismos del sistema de Naciones Unidas, que, aunque imprecisos e incompletos, constituyen las fuentes más importantes. Asimismo, se ha podido contar con informaciones complementarias de la Unión Internacional de Editores (Suiza), del Instituto Nacional de Estadística y del Centro del Libro y de la Lectura (España) y con las reflexiones de diversos autores que, desde hace varias décadas, se han venido ocupando de analizar algún aspecto de esta cuestión, entre ellos Venegas (193l), Gili Roig (1944), Cendán Pazos (1972), Smith (1977), Hasan (1978), Lagarde (1980), Rispa Márquez (1980), Escolar (1984), Galán Pérez (1986), Martínez (1986) y Subercaseaux (1986).

1. Breve panorama internacional

La edición mundial de libros ha tenido un crecimiento espectacular en las últimas décadas: de 332 000 títulos publicados en 1960 se ha pasado a 715 000 en 1980 y a 842 000 en 1989. Sin embargo, existen unos grandes desequilibrios territoriales, consecuencia de otros desajustes mucho mayores, sobre todo de carácter cultural y económico (véase el cuadro 1).

Para poder hacerse una idea más aproximada de los desequilibrios mundiales en el sector de la edición de libros, conviene tomar en consideración los siguientes indicadores: el número de títulos en relación con los habitantes, la distribución porcentual de la edición de libros y la de la población, y el consumo de papel de imprenta, con datos de 1989 proporcionados por la UNESCO (199l). Pueden verse cada uno de estos elementos por separado:

a)   Distribución mundial de títulos: En el mundo se editaron 164 títulos por cada millón de habitantes, pero mientras en Europa (más la ex Unión Soviética) se publicaron 584 títulos; en Oceanía, 559, y en América del Norte, 366, en los países subdesarrollados se editaron cantidades muy inferiores: en América Latina, 115 títulos; en Asia, 70, y en África, sólo 19.

b)   Relación entre libros y población: Los países desarrollados —Europa (más la ex Unión Soviética), América del Norte y Oceanía— cuentan con un 21 % de la población mundial, pero acapararon un 68 % de la edición de libros, en tanto que los países subdesarrollados —de Asia, África y América Latina—, con un 79 % de la población, sólo editaron un 32 % del total de títulos.

c)   Consumo mundial de papel: En cuanto al consumo de papeles de imprenta y de escritura (excepto papel prensa) —con una media mundial de 11,9 kg por habitante—, los desequilibrios son mucho mayores aún: en América del Norte se adquirieron 82,6 kg; en Oceanía, 28,8 kg; en Europa (más la ex Unión Soviética), 24,9 kg; en América Latina, 5,5 kg; en Asia, 5,1 kg, y en África, apenas 1,2 kg por habitante.

1.1. Las potencias editoras mundiales

Los diez principales países productores de libros y folletos —todos ellos de los polos noratlántico y del sudeste asiático—, controlaban en 1989, según la UNESCO, aproximadamente dos tercios de la edición mundial de títulos, aunque es bastante difícil saber con exactitud lo que representan de la producción y el consumo total de ejemplares (véase el cuadro 2).

Aunque la UNESCO no suministra datos del Reino Unido, hay que ubicar a este país entre los primeros del mundo. De todas maneras, existe un gran desequilibrio entre los países en cabeza —Estados Unidos, ex Unión Soviética, China y Alemania— y el resto de países importantes, entre los que se encuentra España (en sexto o séptimo lugar). Asimismo, existen otros países destacados, tanto por el número de títulos editados anualmente —Holanda, Suiza o India— como por la cantidad de ejemplares impresos: Polonia o Hungría.

Otra fuente —la Unión Internacional de Editores (UIE)— permite conocer la facturación y el número de títulos editados en los países miembros en 1990. Excepto China y la ex Unión Soviética aparecen las mismas potencias editoras que en el cuadro 2, aunque se percibe con claridad la hegemonía de Estados Unidos, Alemania y Japón (véase el cuadro 3).

Finalmente, otro indicador que nos permite constatar cuáles son los principales países del mundo en el campo de la edición de libros y folletos es el del volumen de exportación, en el que vuelven a aparecer, en 1989, prácticamente las mismas potencias —sobre todo las occidentales—, encabezadas por Estados Unidos, con 1 212 millones de dólares, y el Reino Unido, con 1 043 millones. Estos países, además de exportarse libros mutuamente, cuentan con un mercado anglohablante muy extendido por todo el mundo (UNESCO, 1991).

Otros países exportadores destacados son Alemania, con 702 millones de dólares, seguido por Francia, con 457 millones; Italia, con 309 millones; Bélgica, con 287 millones; Holanda, con 284 millones; España, con 257 millones; Hong Kong, con 233 millones, y Japón, con 215 millones de dólares. En general, se trata de países que cuentan con otros mercados importantes en su misma lengua, como es el caso de Alemania, Francia, Bélgica y España.

1. 2. La hegemonía de la lengua inglesa

El número de hablantes —y de lectores— en las diferentes grandes lenguas del mundo es determinante para la edición de libros. Aunque es bastante difícil saber con exactitud el total de hablantes de que disponen las grandes lenguas de la humanidad, según Coyaud (1990), el chino mandarín —dialecto hegemónico en China— dispondría de unos 387 millones de hablantes, seguido del inglés —lingua franca mundial—, con 369 millones; el hindi —junto con el inglés, la más importante de la India—, con 300 millones; el español, con 225 millones; el ruso, con 140 millones; el portugués, con 133 millones; el japonés y el alemán, con 120 millones cada uno; el francés, con 95 millones; el bengalí, con 94 millones, y el árabe, con 85 millones. En conjunto, estas once lenguas son habladas por aproximadamente un 40 % de la humanidad (1).

La hegemonía del inglés en el campo de la edición de libros se percibe en toda su magnitud en el caso de la lengua original de las traducciones, debido al liderazgo científico y cultural de los países anglófonos. En 1985, por ejemplo, del total de 57 374 textos traducidos en el mundo, 26 690 —es decir, un 46%— eran originariamente en inglés. Asimismo, otras 6 337 traducciones a diferentes idiomas eran originariamente en ruso, 6 327 en francés, 4 847 en alemán, 1 581 en italiano, 885 en sueco y 828 en español, entre las más importantes (UNESCO, 1991).

Dentro del mercado de la edición en lengua española puede constatarse un hecho similar: en 1985, del total de 8 302 textos traducidos al español desde otros idiomas, 4 166 estaban originariamente en inglés —un 50 %—, en tanto que otros 1 545 estaban en francés, 841 en alemán, 456 en italiano y 444 en ruso. Sin embargo, la relación del español con las demás lenguas importantes es asimétrica, ya que en 1982, por ejemplo, sólo 533 textos originariamente en este idioma se tradujeron a otros: 160 al alemán, 108 al inglés, 60 al francés, 41 al italiano o 31 al ruso (UNESCO, 1991).


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2. La edición en lengua española

En una primera clasificación, se podría dividir el conjunto de países editores en lengua española en dos grupos: de una parte, los hispanohablantes y, de otra, los que —por motivos políticos o culturales— editan habitualmente títulos en este idioma. Pero conviene no olvidar que dentro de los países hispánicos se publican también muchos libros en otras lenguas (tanto propias como ajenas).

Asimismo, como no podría ser de otra manera, los grandes desequilibrios existentes a nivel mundial se reproducen dentro del mercado editorial hispánico, ya que en este ámbito se encuentra un país con un desarrollo editorial alto, otros siete con un desarrollo medio y el resto con un desarrollo bajo o muy bajo. En general, existe una estrecha correlación entre el desarrollo económico y cultural de los países hispánicos y el potencial de sus respectivas industrias editoriales (véase el cuadro 4).

2.1. Características básicas de los mercados

Para hacerse una idea más acabada de la magnitud e importancia relativa de los diferentes países editores de libros en lengua española conviene distinguir entre los dos tipos citados anteriormente, es decir los hispánicos y los otros países que también editan en español:

a)  Edición en los países hispánicos: Destaca una potencia editorial líder que es España —tanto en producción como en consumo de libros, debido sobre todo a su alta renta per cápita y, a su baja tasa de analfabetismo—, que ha consolidado su posición internacional en la última década. Es seguida por un grupo de países de tipo medio, entre los que se podrían incluir Argentina, México, Chile, Cuba, Colombia, Venezuela y Uruguay —que mantienen sus posiciones con altibajos—, y por el resto, compuesto por Perú, República Dominicana, Ecuador, Paraguay, Guatemala, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Panamá, Bolivia, Nicaragua y Guinea Ecuatorial (véase el cuadro 5). A esta concentración territorial por Estados hay que sumar la de las ciudades, de manera que las principales capitales de la edición en lengua castellana son Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, Caracas, La Habana, Santiago de Chile y Montevideo (2).

b)   Edición en español fuera de los países hispánicos: Dentro de los países de diferentes lenguas que editan libros en español, habría que distinguir entre los del Este europeo, con un 71 % de los 692 títulos editados en total en 1989; los de Europa occidental, con un 27 %, y Australia, con un 2 %. Entre estos países destaca claramente la ex Unión Soviética, con 386 títulos. Probablemente, la mayoría de estos libros hayan sido editados —sobre todo en los países ex comunistas— con una intención esencialmente propagandística, aunque también por otros motivos de prestigio: cultural, técnico o científico (UNESCO, 1991) (3).

Por otra parte, conviene recordar que dentro de los países hispánicos también se editan libros en otras lenguas, tanto propias como ajenas. Aunque no se dispone de datos exhaustivos, en 1989 se publicaron en España, por ejemplo, 34 840 títulos en español y 3 513 títulos en otros idiomas: catalán, gallego y vascuence, además de inglés, francés o alemán; en Cuba se editaron 2 040 títulos en español y 159 en otros idiomas; en Colombia, 1 471 y 15; en Perú, 472 y 9; en Costa Rica, 190 y 8, y en Uruguay, 801 y 4 títulos, respectivamente (UNESCO, 1991) (4).

La primacía de España dentro de los países editores en lengua española ha sido manifiesta prácticamente desde la invención de la imprenta. Ya en la última década del siglo XIX se publicaba en este país una media de 1 071 títulos anuales, cantidad que aumentó a 1 450 títulos en la primera década del XX (Botrel-Desvois, 1991), y este crecimiento fue sostenido hasta la guerra civil: 3 246 títulos en 1935 (Gill Roig, 1944).

Después de la contienda comenzó una lenta recuperación, pues en la primera mitad de los años cuarenta se editaban en España una media de 4 900 títulos anuales, en tanto que en Argentina —el otro gran productor y consumidor de libros en español junto con México— ésta era de unos 1 600 títulos (Cendán Pazos, 1972; UNESCO, 1982).

Durante los años cincuenta la producción de libros en España permaneció más o menos estancada, en tanto que aumentaba en Argentina y en México: 4 812, 2 617 y 923 títulos en 1955, respectivamente. Pero el gran salto hacia adelante de la industria editorial española se produciría durante los años sesenta, cuando logró despegarse definitivamente de sus inmediatos competidores: 19 717, 4 627 y 4 812 títulos en 1970, respectivamente. Esta diferencia aumentó en las dos últimas décadas, y en estos momentos España edita al año entre seis y ocho títulos por cada uno de los que se publican en México y en Argentina (véase el cuadro 4).

2.2. Intercambios internacionales

Precisamente por el elevado número de países de habla española que existen en el mundo —además de los hablantes de esta lengua en otros—, el intercambio de libros de aquéllos entre sí y con terceros ha tenido tradicionalmente cierta importancia. Sin duda, y salvo escasos períodos, la hegemonía de España en este quehacer ha sido manifiesta (Rispa Márquez, 1980; Galán Pérez, 1986) (véase el cuadro 6) (5).

Hasta la guerra civil (1936-1939), los mercados hispanoamericanos fueron muy importantes para España y representaban aproximadamente un «39 % de la cifra total de consumo de nuestra producción editorial», pero después de la contienda ésta descendió hasta un 10 % (Gili Roig, 1944: 90). La antorcha española fue recogida sobre todo por países como Argentina, México y Chile, pero lentamente España fue recuperando su liderazgo, como se acaba de apuntar.

Los intercambios editoriales entre España y el resto de países hispánicos han sido, y continúan siendo, muy desiguales. Los flujos son casi unidireccionales desde la Península Ibérica hacia Hispanoamérica. Sin embargo, en la última década, estos mercados han disminuido considerablemente. Debido a la grave crisis económica por la que han atravesado, países tradicionalmente importantes en el comercio internacional del libro en español, como Argentina y México (6), han reducido drásticamente sus actividades exteriores —compra de libros a España y venta de las propias ediciones a otros países hispánicos—, al tiempo que otros bastante nuevos en esta actividad, como Colombia y Venezuela, han adquirido un papel relevante, sobre todo como exportador e importador, respectivamente.

Para hacerse una idea de la evolución del comercio del libro entre España e Hispanoamérica en la última década conviene referirse a las cifras facilitadas por el Centro del Libro y de la Lectura (1992): en 1980 las exportaciones del sector editorial español —libros más artes gráficas ascendieron a 27 869 millones de pesetas, de las cuales un 68,5 % se dirigió a Hispanoamérica, pero en 1991 sólo un 40,6 % de las exportaciones (32 897 millones de pesetas, es decir unos 12 731 millones en pesetas constantes (de 1980) se dirigió a aquella región, la mitad del total a Argentina y México.

Como puede apreciarse fácilmente, la disminución es bastante drástica, porque las exportaciones reales han bajado a una cuarta parte en once años. Este hecho, que ha provocado una seria crisis en algunas empresas editoriales españolas, ha favorecido un cierto cambio en las exportaciones, que se orientan en estos momentos hacia otras regiones más ricas —fundamentalmente Europa y Estados Unidos—, y adquieren un papel cada vez más relevante los «encargos de imprenta» para terceros países más que la venta de libros propios (véase el cuadro 7).

Por su parte, las exportaciones de libros hispanoamericanos hacia España son muy inferiores a las importaciones, ya que representan apenas un 3,5 % de éstas. Sólo llegan a España algunos pocos libros procedentes de México, Argentina y Colombia, pero en este país se les tiene un escaso aprecio debido, sobre todo, a la baja calidad del papel, de la impresión y de la encuadernación.

2.3. Algunas tendencias de futuro

Con todas las precauciones debidas, se advierten en estos momentos algunas tendencias dentro de la edición en lengua española —oferta y demanda— que probablemente se irán concretando en un futuro más o menos cercano, entre las cuales podríamos destacar las siguientes:

a)  Concentración y transnacionalización: Aumento de la concentración territorial de la edición, en las ciudades y regiones más desarrolladas, sobre todo las españolas. De forma paralela, aumento de la concentración económica entre las empresas más importantes —todas ellas españolas pero con plantas de producción y agencias de comercialización en Hispanoamérica—, aunque están pasando a manos de corporaciones transnacionales europeas más potentes.

b)  Hegemonía audiovisual: El nivel de equipamiento de los hogares hispánicos se orienta preferentemente hacia los bienes y servicios electrónicos, en perjuicio de los impresos, en especial los libros. Consecuentemente, los habitantes de estos países prestan cada vez más atención y dedican mucho más tiempo de ocio a los medios audiovisuales de masas, en particular la radio, la televisión o el vídeo, según su nivel de renta.

c)   Aumento de los desequilibrios: Es bajísima la proporción de hogares hispánicos con bibliotecas y es escaso el interés por la lectura o la compra de nuevos libros. Esto es debido, en algunos casos, al alto coste de los libros para muchas economías familiares y, paralelamente, a la alta tasa de analfabetismo que existe todavía en muchos de estos países, pero, sobre todo, a la falta de hábito del lector. Los países y regiones más desarrollados, con una tasa de analfabetismo baja y, de población urbana alta —sobre todo España y los del Cono Sur americano—, cuentan con más bibliotecas públicas y privadas, y en el extremo opuesto se hallan los más deprimidos: países andinos, centroamericanos y Guinea Ecuatorial.

d)   Esperanzas en la juventud: Los jóvenes suelen tener unos mayores hábitos de lectura y de compra de libros que los adultos y viejos, y los universitarios más que los de menos estudios. Por ello, todo hace suponer que la erradicación paulatina del analfabetismo y el desarrollo armónico de los pueblos hispánicos propiciará la edición y lectura de libros en los próximos años.


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Referencias bibliográficas

BOTREL, Jean-François y Jean-Michel DESVOIS (1991), «Las condiciones de la producción cultural», en Serge Salaun y Carlos Serrano (eds.), 1900 en España, Madrid, Espasa-Calpe, págs. 33-58.

CENDÁN PAZOS, Fernando (1972), Edición y comercio del libro español, 1900-1972, Madrid, Editora Nacional, 445 págs.

CENTRO DEL LIBRO Y DE LA LECTURA (1992), Panorámica de la edición española de libros: 1991, Madrid, Ministerio de Cultura, 246 págs.

COYAUD, Maurice (1990), «Linguistique», en Encyclopaedia Universalis, París, Encyclopaedia Universalis France, vol. 13, págs. 842-855.

EL PAÍS (1992), Anuario El País 1992, Madrid, Ediciones El País, 504 págs.

ESCOLAR, Hipólito (1984), Historia del libro, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 524 págs.

GALÁN PÉREZ, José Manuel (1986), Análisis estructural del sector editorial español, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 392 págs.

GILI ROIG, Gustavo (1944), Bosquejo de una política del libro, Barcelona, Imp. Hispano Americana, 142 págs.

HASAN, Abul (1978), El libro en los países plurilingües, París, UNESCO, 44 págs.

INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA (1989), Estadística de la producción editorial: año 1987, Madrid, INE, 34 págs.

JONES, Daniel (1991), «Hábitos de lectura y compra de libros en España: análisis comparativo de encuestas públicas, 1978-1990», ponencia en el curso Presente y futuro de la edición: Retos y oportunidades, Santander, FGEE/UIMP, 17-19 de julio, 21 hojas.

LAGARDE, Pierre (1980), La politique de l'édition du livre en Argentine, Toulouse, Service des Publications de L'Université de Toulouse/Le Mirail, 219 págs.

MARTÍNEZ, José Luis (1986), El libro en Hispanoamérica: origen y desarrollo, 2. ª ed., Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 99 págs.

RISPA MÁRQUEZ, Raúl (1980), «La exportación, componente estructural del mercado del libro español», en Análisis e Investigaciones Culturales, núm. 5, Madrid, Ministerio de Cultura, octubre-diciembre, págs. 29-48.

SMITH, Datus (1977), La economía de la edición de libros en los países en desarrollo, París, UNESCO, 46 págs.

SUBERCASEAUX, Bernardo et al. (¿1986?), El libro en Chile: presente y futuro, Santiago, CENECA/Cámara Chilena del Libro/CED, 126 págs.

UNESCO (1982), An International Survey of Book Production During the Last Decades, París, UNESCO, 87 págs.

UNESCO (1983), Statistical digest =Résumé statistique, París, UNESCO, 334 págs.

UNESCO (1990), Compendio de estadísticas relativas al analfabetismo: edición 1990, París. UNESCO, 103 págs.

UNESCO (1991), Anuario estadístico de la UNESCO 1991, París, UNESCO.

VENEGAS, José (1931), Los problemas del libro en lengua castellana, Madrid, Imp. de Galo Sáez, 119 págs.

VV. AA. (1984), «La industria editorial», en Diálogos: Artes/Letras/Ciencias Humanas, núm. 116, México, El Colegio de México, págs. 42-109.


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Notas:
  1. Sin embargo, estas cifras no parecen demasiado precisas. En el caso del español, por ejemplo, si se suma el número de habitantes de los diferentes países que tienen este idioma como oficial —los hispánicos—, se superan ampliamente los 300 millones de hablantes.Volver al texto
  2. Aunque se tienen datos más o menos completos del número de títulos editados en los diferentes países hispánicos, se sabe menos del total de ejemplares impresos. En 1989, por ejemplo, en España se imprimieron 199,7 millones de ejemplares; en Cuba, 50,5 millones; en Uruguay, un millón; en Nicaragua, 463 000; en Bolivia, 411 000; en El Salvador, 63 000, y en Guinea Ecuatorial, 17 000 ejemplares (UNESCO, 1989). Según otra fuente, en 1987, del total de 223,3 millones de ejemplares impresos en España, 176,5 millones eran en español; 14,4 millones en catalán; 13,2 millones en inglés; 6,6 millones en francés; 1,7 millones en alemán; 1,7 millones en vascuence; 1,3 millones en gallego, y 7,8 millones en otros idiomas (Instituto Nacional de Estadística, 1989).Volver al texto
  3. Los otros países editores en español en 1989 han sido Francia, con 62 títulos; Bulgaria, 54; Italia, 41; Bélgica, 34; Checoslovaquia, 32; Estado del Vaticano, 17; Suecia, 16; Hungría, 13; Austria, 12; Australia, 10; Polonia, 7; Finlandia, 5, y Andorra, 3 títulos.Volver al texto
  4. Según otra fuente, en 1989 se habrían editado en España 33 316 títulos en español, además de 4.327 en catalán, 583 en vascuence y 489 en gallego (Centro del Libro y de la Lectura, 1992).Volver al texto
  5. Como puede comprobarse por las afirmaciones del editor Venegas (1931-32): «El único libro que puede aspirar a su difusión en todas las naciones castellanizadas es el libro español. No podrá estar nunca en igualdad de condiciones económicas —y de toda índole— con el libro de cualquier otro país».Volver al texto
  6. En 1981, por ejemplo, México importó libros por un valor total de 3.613 millones de pesos (un 58 % de España y un 12 % de Hispanoamérica) y exportó por valor de 1. 171 millones (un 10 % a España y un 80 % a Hispanoamérica) (VV. AA., 1984: 62).Volver al texto
 

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