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LA LENGUA ESPAÑOLA Y LOS MEDIOS AUDIOVISUALES

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Mesa redonda
Elena Salgado. Secretaría General de Comunicación


Las relaciones entre la lengua española y los medios de comunicación masivos son susceptibles de diversos tratamientos. Tal vez el más estéril de todos ellos sea la reedición, en cualquiera de sus versiones, del viejo debate entre apocalípticos e integrados. Me refiero, como puede suponerse, a la polémica sobre la bondad o maldad de los efectos de los medios audiovisuales sobre los más diversos aspectos de la vida: sobre la educación, sobre la inteligencia, sobre la cultura, hasta sobre la familia y la convivencia y, cómo no, sobre el lenguaje.

Resulta más productivo comenzar constatando la presencia y la gigantesca influencia de los medios. Un papel que lejos de reducirse tiende a incrementarse conforme las sociedades alcanzan mayores niveles de bienestar y el ocio ocupa una parte creciente en la vida de los ciudadanos y conforme, también, se amplían las posibilidades técnicas de estos mismos medios de comunicación. Más fructífero que lamentarse, con o sin motivo, es pensar en cómo sacar provecho de esta preponderancia de los medios en nuestras sociedades. Por ejemplo, cómo conseguir que la escuela y los medios no sigan viviendo a espaldas entre sí como si estos últimos no fueran ya un agente de socialización más importante que la primera y que la propia familia.

¿Qué pueden hacer los responsables de los medios y las instituciones consagradas a la protección y difusión de nuestra lengua para lograr que el español salga reforzado de este trance? Comencemos por los problemas.

La población hispanohablante es, como es bien sabido, la de más intenso crecimiento de entre todas las occidentales. Y si bien la lengua inglesa destaca claramente por el número de medios escritos y audiovisuales que se sirven de ella, el francés y el español se sitúan a continuación. Pero los trescientos millones de hispanohablantes están dispersos en una veintena de naciones. De suerte que mientras existe un solo español escrito, hay múltiples modalidades orales, tantas como países e incluso varias en naciones como España y otras. En estas condiciones no resulta difícil imaginar los riesgos de dispersión que corre nuestro idioma.

En el mismo año que celebramos el 500 aniversario de la primera Gramática Española no está de más recordar que en la historia de las lenguas muchas veces ha prevalecido la dinámica centrífuga sobre la centrípeta y que éste ha sido de hecho el mecanismo que ha originado todas las lenguas actuales. Frente al peligro de que el español corra tal suerte, se estará de acuerdo en que el valor de nuestro idioma común multiplica el valor idiomático de cada nación por el de las restantes integrantes de nuestra Comunidad, en acertada expresión del profesor Lázaro Carreter.

Una buena manera de encarar la problemática expuesta podría consistir en responder a preguntas como las siguientes:

¿Cómo podrían los medios de comunicación audiovisual preservar nuestro común idioma en toda su riqueza venciendo la tentación del periodismo, común a todas las lenguas especializadas, de refugiarse en un metalenguaje especialmente permeable a los extranjerismos?

¿Cómo pueden contribuir los medios audiovisuales a la cohesión del idioma español, a la protección de su unidad? Las modernas tecnologías de las telecomunicaciones, y en especial las emisiones satelitales, encierran enormes posibilidades en la creación de un espacio audiovisual común que refuerce los nexos lingüísticos de las naciones hispanohablantes Y que frene la dispersión de nuestras hablas.

¿No habrá llegado el momento de superar los enfoques publilaterales para pasar a considerar la posibilidad de proyectos audiovisuales comunes, es decir, realizados de consuno por teledifusores de nuestras diferentes naciones? A este respecto merece la pena recordar que desde su mismo diseño el primer sistema español de comunicaciones por satélite, HISPASAT, incorporó entre sus misiones la denominada Misión América que integra dos canales con capacidad para difundir sendas señales de televisión en la integridad de los países de habla hispana de uno y otro lado del Atlántico. Es un paso efectivo y más que significativo para encarar problemas como los tratados en este Congreso.
 

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