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Las relaciones entre la lengua española y los medios de comunicación masivos
son
susceptibles de diversos tratamientos. Tal vez el más estéril de todos ellos sea la
reedición, en cualquiera de sus versiones, del viejo debate entre apocalípticos e
integrados. Me refiero, como puede suponerse, a la polémica sobre la bondad o maldad de
los efectos de los medios audiovisuales sobre los más diversos aspectos de la vida: sobre
la educación, sobre la inteligencia, sobre la cultura, hasta sobre la familia y la
convivencia y, cómo no, sobre el lenguaje.
Resulta más productivo comenzar constatando la presencia y la gigantesca influencia de
los medios. Un papel que lejos de reducirse tiende a incrementarse conforme las sociedades
alcanzan mayores niveles de bienestar y el ocio ocupa una parte creciente en la vida de
los ciudadanos y conforme, también, se amplían las posibilidades técnicas de estos
mismos medios de comunicación. Más fructífero que lamentarse, con o sin motivo, es
pensar en cómo sacar provecho de esta preponderancia de los medios en nuestras
sociedades. Por ejemplo, cómo conseguir que la escuela y los medios no sigan viviendo a
espaldas entre sí como si estos últimos no fueran ya un agente de socialización más
importante que la primera y que la propia familia.
¿Qué pueden hacer los responsables de los medios y las instituciones consagradas a la
protección y difusión de nuestra lengua para lograr que el español salga reforzado de
este trance? Comencemos por los problemas.
La población hispanohablante es, como es bien sabido, la de más intenso crecimiento de
entre todas las occidentales. Y si bien la lengua inglesa destaca claramente por el
número de medios escritos y audiovisuales que se sirven de ella, el francés y el
español se sitúan a continuación. Pero los trescientos millones de hispanohablantes
están dispersos en una veintena de naciones. De suerte que mientras existe un solo
español escrito, hay múltiples modalidades orales, tantas como países e incluso varias
en naciones como España y otras. En estas condiciones no resulta difícil imaginar los
riesgos de dispersión que corre nuestro idioma.
En el mismo año que celebramos el 500 aniversario de la primera Gramática Española no
está de más recordar que en la historia de las lenguas muchas veces ha prevalecido la
dinámica centrífuga sobre la centrípeta y que éste ha sido de hecho el mecanismo que
ha originado todas las lenguas actuales. Frente al peligro de que el español corra tal
suerte, se estará de acuerdo en que el valor de nuestro idioma común multiplica el valor
idiomático de cada nación por el de las restantes integrantes de nuestra Comunidad, en
acertada expresión del profesor Lázaro Carreter.
Una buena manera de encarar la problemática expuesta podría consistir en responder a
preguntas como las siguientes:
¿Cómo podrían los medios de comunicación audiovisual preservar nuestro común idioma en
toda su riqueza venciendo la tentación del periodismo, común a todas las lenguas
especializadas, de refugiarse en un metalenguaje especialmente permeable a los
extranjerismos?
¿Cómo pueden contribuir los medios audiovisuales a la cohesión del idioma español, a
la protección de su unidad? Las modernas tecnologías de las telecomunicaciones, y en
especial las emisiones satelitales, encierran enormes posibilidades en la creación de un
espacio audiovisual común que refuerce los nexos lingüísticos de las naciones
hispanohablantes Y que frene la dispersión de nuestras hablas.
¿No habrá llegado el momento de superar los enfoques publilaterales para pasar a
considerar la posibilidad de proyectos audiovisuales comunes, es decir, realizados de
consuno por teledifusores de nuestras diferentes naciones? A este respecto merece la pena
recordar que desde su mismo diseño el primer sistema español de comunicaciones por
satélite, HISPASAT, incorporó entre sus misiones la denominada Misión América que
integra dos canales con capacidad para difundir sendas señales de televisión en la
integridad de los países de habla hispana de uno y otro lado del Atlántico. Es un paso
efectivo y más que significativo para encarar problemas como los tratados en este
Congreso. |