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Ernesto
Zedillo Ponce de León.
Secretario de Educación Pública de México
Majestades:
Es un altísimo honor el poder dirigirme a esta distinguida congregación. Agradezco esta
oportunidad para transmitir a todos ustedes un saludo afectuoso del Presidente Carlos
Salinas de Gortari, así como su satisfacción por los vigorosos lazos de amistad que unen
a España y México.
Los países de la comunidad hispanoamericana compartimos, entre muchos otros, un tesoro de
singular trascendencia: el de la lengua española. Al cumplirse 500 años de la primera
travesía atlántica de Cristóbal Colón, la lengua española se halla firmemente
arraigada y en fecunda existencia en ambos lados del Océano.
Un hecho singular que pone de relieve el valor de nuestra literatura reside en la
distinción obtenida en el lapso de los últimos diez años por Gabriel García Márquez,
Camilo José Cela y Octavio Paz.
La literatura es el documento por excelencia de la historia de una lengua. Y la nuestra,
la que nos une, sobresale por la belleza con que nos acerca a un pasado mutuo. El teatro,
la poesía, la novela, la prosa de los tratados, de los ensayos y de las historias, han
iluminado a generación tras generación acerca de esa interminable aventura que ha sido
la configuración de la comunidad hispanoamericana.
Justamente por ser la nuestra, en México, concedemos la mayor importancia a la lengua
española en las diversas manifestaciones culturales, al lado de un hondo orgullo por las
raíces prehispánicas de nuestra civilización. Justamente por ser la lengua española
una de las más extendidas del mundo y poseer un acervo de primerísima magnitud es loable
el que exista un organismo como el Instituto Cervantes, dedicado a su enseñanza, estudio
y difusión.
En nombre del Gobierno de México, expreso la más sincera felicitación al Pabellón de
España, al Instituto Cervantes y a la Real Academia Española por la organización, en la
bella Sevilla, de este exitoso Congreso de la Lengua. He sido informado que los
congresistas, por unanimidad, recomendaron al Instituto Cervantes la celebración del
Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en 1994, y propusieron que su sede
sea México. |
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Para México entrañaría
una muy señalada distinción el fungir como anfitrión de dicho acontecimiento. Por ello,
tengo la encomienda del Presidente Salinas de Gortari de ofrecer, en nombre de México,
toda nuestra colaboración y experiencia organizativa para asegurar un muy fructífero
Primer Congreso Internacional de la Lengua Española. Nos anima la certeza de que esa
reunión habrá de contribuir a reafirmar los vínculos de cooperación fraternal, de
respeto y aprecio recíproco entre los países hispanohablantes de todo el mundo.
Muchas gracias.
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